“Yo soy madre sin hijo en Santiago de Chile”

 

Soy madre sin hijo en Santiago de Chile. 

Me puedes ver en el Memorial de los Detenidos Desaparecidos, en actos que desarrollan mi propia política por la memoria que incluye visitar también la Fuente Alemana, cerca de la Plaza Baquedano, donde Andrés en su infancia jugaba, mi propia política de la memoria que incluye recordarle a mi país que el terror y la ignominia social de una dictadura se extiende por décadas, que hoy no tengo al hijo que me habría venido a saludar con una canción y un abrazo, a mi hijo el consecuente, por eso mi amor de madre se dirige a no olvidar, se dirige a levantarse diariamente con el recuerdo fresco de su sonrisa, verme a mí detrás de él quitándole pelusas de su chaleco, obligándolo a comer antes de salir de la casa, y a incitarlo a que me trajera a esa chiquilla que yo sabía que existía pero que no conocí. Mi propia política por la memoria incluye comer pan con palta los domingos en la mañana y café con leche, su desayuno favorito, y prometer que en los trajines de la semana siguiente por mi boca hablará de su ideario, esas ideas que a inicios de la década del setenta no conocía en profundidad y que en este camino por intentar entender por qué se mata a un hijo conozco en historia extensa e intensa. 

Me veo a mí misma en las locas de la Plaza de Mayo, esa locura que tiene que ver con estar a la altura de lo que hemos perdido, esta locura que tiene que ver con intentar que ninguna otra pase por esto que, para ser las mujeres que hoy somos, primero nos destruyó completamente y nos obligó a reconstruirnos en un sueño colectivo de justicia.

Me veo a mí misma en el sueño de una sangre que perdura, en haber podido abrazar una chiquita que tuviera los ojos profundos de mi hijo y quizás el pelo ensortijado de su madre, la misma niñita que nunca jugó en mi patio y cuyas canciones no escuché. Por eso miro a todas las niñas con esta boca rota y les sonrío.

Me veo a mí misma, frente al espejo, sesenta años después de haberlo parido, pariéndolo todas las mañanas. Treinta y nueve años sin mi hijo es una vida muy larga. 

Yo soy madre sin hijo en Santiago de Chile y hoy no celebro: conmemoro.

                                                       

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