rehaciendo el tejido de los acontecimientos

AGENCIA INFORMATIVA DE LA RESISTENCIA

 

PRESENTACION

Muchas cosas han ocurrido estos últimos años. Nuestro boletín tiene como principal objetivo rehacer el tejido de los acontecimientos que se han ido sucediendo en el país, retomando sus muchas hebras interesada o descuidadamente dispersas. En ese sentido, la selección de prensa que hacemos, no pretendiendo ser exhaustiva, busca situar algunos temas que son tanto continuidades de nuestro pasado reciente, como elementos configuradores de un futuro en el que buscamos intervenir.

A siete años de iniciada esta transición a la democracia podemos comenzar a examinar juntos sus resultados; sus éxitos y sus fracasos; sus mentiras y verdades, sin que este diálogo sea, como a finales de los 80’s, descartado de plano por quiénes centraban sus esperanzas en este proceso. Ha sido tiempo más que suficiente para que esta transición se muestre tal como es, más allá de toda la propaganda que aún circula. Queremos proporcionar la información básica a todos nuestros compañeros que todavia permanecen en el exterior, a los que rehicieron sus vidas fuera, en los distintos países que les dieron acogida. Queremos que sepan lo que aqui pasa y, si todavía sienten un vínculo con nosotros, busquemos formas de diálogo, de cooperación, de solidaridad.

Queremos que todos los amigos y compañeros de otras nacionalidades, que alguna vez se interesaron por lo que le pasaba a nuestro pueblo bajo la Dictadura de Pinochet, sepan como nos fue con la democracia. Que puedan saber como funciona este modelo, porque es muy probable que en sus países se vayan introduciendo reformas del mismo tipo de las aquí implantadas. Queremos hacer evidente las situaciones sistemáticamente ocultadas por la política comunicacional de los gobiernos de la transición, las caras ocultas del éxito económico, de la estabilidad institucional.

Queremos mostrar y demostrar la necesidad de seguir resistiendo, porque la represión desplegada por los militares en nuestro país no fueron excesos, ni casualidades ni primitivismo de los uniformados, sino que fue condición necesaria para imponerle al pueblo un determinado sistema económico, el capitalismo neoliberal centrado en un modelo de crecimiento primario exportador. Asi mismo, el objetivo de nuestra lucha de Resistencia a la dictadura no fue simplemente sacar a los militares para volver a poner la clase política corrúpta que los había alentado en su aventura golpista, nuestro interés era acabar con un sistema social explotador e injusto y abrir paso a una efectiva democratización de la sociedad, que entendíamos y seguimos entendiendo como el desarrollo del Poder Popular.

Fue la crisis del viejo capitalismo industrializador, el acorralamiento ideológico del pensamiento reaccionario, la debilidad relativa del imperialismo norteamericano junto a la potencialidad de un movimiento popular que venía acumulando fuerzas desde las primeras décadas del siglo lo que torna necesario un Golpe. Cuando la Marina llega a tener en sus manos una alternativa de refundación capitalista, un proyecto, só1o resta ponerle fecha al derrocamiento de Allende.

Los 17 años de Dictadura son los necesarios para cerrar el ciclo de la República liberal, del Estado de Bienestar, del Capitalismo industrial sustituidor de importaciones y del Movimiento Obrero como eje del Movimiento Popular. Son 17 años necesarios para desarmar al pueblo, aniquilar a los núcleos revolucionarios, refundar el capitalismo, construir un Estado Contrainsurgente y una Democracia Restringida y Policíal, e institucionalizarlos.

La “transición” no se abre paso a partir de los requerimientos del movimiento popular, muy por el contrario, su diseño responde a la necesidad de profundizar y legitimar las reformas económicas y finiquitar la institucionalización de todo el sistema, sobre todo en lo relativo a su aceptación ideológica por parte de la población.

Derrotada una salida “por abajo” (hacia 1986), centrada en la movilización popular rupturista y el enfrentamiento armado, se plantea como única alternativa viable la aceptación del itinerario de democratización impuesto por la Dictadura. Es la alternativa “por arriba”, pacífica e institucional, que se basa en un consenso en torno a las reglas del juego, esto es, la legitimidad del orden constitucional diseñado por los militares, sus normas y su modelo de “democracia protegida” (la Constitución Política chilena no fue formulada por una asamblea constituyente representativa de distintos sectores de la sociedad a través de sus partidos, como en la mayoría de las transiciones latinoamericanas, sino que fue redactada en su totalidad por funcionarios de la dictadura).

Como mal menor o como apuesta para lograr espacios de poder, la gran mayoría del conjunto de organizaciones políticas de oposición adopta este camino, acallando las críticas de los sectores revolucionarios, que en ese momento nos encontramos sin capacidad organizativa ni militar como para modificar el escenario político. De obtener el triunfo en el plebiscito de 1988 la opción de las FFAA, su gobierno y su modelo económico social se legitimaban, automáticamente, interna y externamente; De triunfar la alternativa opositora, se convocaba a elecciones para el año siguiente, pero siempre en el marco de las leyes electorales de la dictadura, que aseguran la representación parlamentaria de la Derecha por medio de los mecanismos de elección, por una parte, y la refuerzan a través de los llamados “senadores institucionales” ,por otra, designados por el régimen y que actualmente son militares en retiro y connotados colaboradores de la dictadura. Esto permite a la Derecha contar siempre con la mayoría en el congreso lo que impide cualquier cambio de fondo en el esquema.(lo que es usado como vulgar excusa por las nuevas autoridades democráticas para ni siquiera intentar cambiar nada, lo que les permite mantener una imagen progresista ante sus electores)

 

Estos son los nobles de hoy, Frei se alegra junto al tirano

A lo anterior es importante agregar que desde la promulgación de la Constitución, en 1980, las FFAA se atribuyen el rol de “garantes de la institucionalidad”, es decir, se atribuyen la función de proteger el sistema político cuando consideren que este está en peligro. Los encargados de evaluar tal situación son los miembros del Consejo Superior de Seguridad Nacional, un suprapoder que esta por sobre la autoridad de los Poderes Ejecutivo, Judicial y Legislativo. Se añade a esto la enorme autonomía de que gozan los militares en virtud de la Ley Orgánica de las FFAA, que tiene rango constitucional, que entre otras cosas determina la inamovilidad de los Comandantes en Jefe, lo que significa que el Presidente no les puede pedir la renuncia. En lo sustancial todo esto no ha sufrido modificaciones, y es una situación que garantiza a las FFAA seguir controlando el poder en última instancia, sin sobreexponerse y sin obstaculizar la marcha del proceso económico y los intereses de sus alíados.

El resto es historia más o menos conocida: gana la opción opositora en el plebiscito y se convocan elecciones para 1989, en donde resulta elegido presidente el candidato de la “Concertación de Partidos por la Democracia”, Patricio Aylwin Azocar, un demócrata cristiano que tuvo una responsabilidad crucial en la preparación de las condiciones políticas para el derrocamiento del Presidente Allende y uno de los principales legitimadores de la represión inicial ejercida por los militares. Con esto se inicia la normalización del país a ojos de los observadores externos y se inicia el proceso de consolidación del sistema en términos ideológicos, con toda una ofensiva comunicacional destinada a silenciar algunos aspectos de la transición, como el enorme poder que mantienen los militares, y a resaltar otros, como por ejemplo los “éxitos económicos”.

Estando ligados los nuevos gobernantes por una serie de lazos a un conjunto de empresas en que comparten propiedad con grandes trasnacionales y con grandes grupos económicos autóctonos, y habiendo optado por no sólo darle continuidad al modelo económico dictatorial sino también perfeccionarlo y profundizarlo, los nuevos grupos que vienen a compartir el poder ni pueden ni quieren hacer las más mínimas reformas. Al contrario, tal como decíamos anteriormente, vienen a convertirse en los mejores administradores del modelo neoliberal. Ciertamente existen matices, pero la clase política actual opera enteramente sobre la base del consenso en torno al modelo económico. No hay voces disidentes, ni siquiera para la galeria.

En este marco, los dirigentes políticos del nuevo bloque gobernante usan su presencia en distintas organizaciones sociales populares para imponer un pacto social, disolviendo algunas organizaciones “problemáticas” (come los grupos de Derechos Humanos, cuyas reivindicaciones en tiempos de dictadura caen en el olvido hasta hoy) y utilizando otras para frenar las demandas largo tiempo postergadas por la población, come fue el caso de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y otras organizaciones gremiales, donde ni siquiera se planteó una reforma al actual Código Laboral, redactado y promulgado por la dictadura, del que fueron sacadas la mayoría de las conquistas sociales logradas por los trabajadores hasta 1973.

Estos y otros factores permiten la continuidad sin discusión del proyecto neoliberal, que hoy, en el segundo gobierno de la Concertación, se asume como un Proyecto de Modernización de largo plazo que nos llevará (se supone) a acercanos a los países desarrollados.

En medio de la fiebre exitista, se llega a hablar de una “oportunidad histórica” para Chile, que se basa en Ilevar el modelo primario exportador de los militares a una “segunda fase”, para lo cual se necesita incorporar valor agregado a las exportaciones y llegar a mercados “grandes” (por eso también la firma frenética de tratados de libre comercio con quién se pueda).

Para que este plan funcione, hay que establecer garantías a los inversionistas extranjeros, que traen capitales y tecnología fresca, lo que se logra a través del firme compromiso de no variar en nada el actual modelo, por una parte, y por otra ejerciendo un control social que ni siquiera la dictadura se atrevió a implementar (se aumentó la dotación de las dos policías; se las dotó de gran cantidad de recursos; se las especializó y reestructuró; se hicieron nuevas leyes de control social; se llegó a instalar cámaras de video de vigilancia en las calles del Centro de Santiago y en las dos comunas más ricas de la capital; se implementaron una serie de planes de “seguridad ciudadana”; se construyó una Cárcel de Alta Seguridad para “delincuentes terroristas”, como se llaman ahora los presos políticos de los mismos grupos que eran defendidos en los foros internacionales durante el gobierno militar; Además, la Concertación crea un organismo de policía política propio, conocido popularmente como la “Oficina”, que fue el encargado de desarticular, en coordinación con las dos policías y los servicios de inteligencia de las FFAA, a los grupos subversives activos (los ex aliados del combate antidictatorial), por la vía de reclutar revolucionarios arrepentidos y utilizarlos como informantes infiltrados, a la orden de demócrata cristíanos y socialistas miembros de los grupos paramilitares y de seguridad de ambos partidos -como Marcelo schilling, Lenin Guardia, Jorge Burgos o Mariano Fernández, entre varios otros-. En un caso, el de los compañeros del Complejo Partidario MAPU-Lautaro, los resultados de la política de seguridad de la Concertación se resumen en más de 70 encarcelados y 13 muertos, la mayoría en enfrentamientos, en un trabajo de sólo cuatro años (1991-1994). El MIR, hasta el momento, y por las características actuales de esta organización, no ha sido tan golpeada e íncluso hemos podido sortear con éxito intentos represivos, que nos han llevado a abrir nuevos trabajos.

Contando con una serie de mecanismos legales e ilegales de inteligencia, con una extensa red de militantes en distintas organizaciones sociales, que les permiten ejercer importantes grados de control político sobre las formas y contenidos de las luchas del pueblo, con un Estado diseñado bajo la lógica contrainsurgente, junto a una oposición política de derecha que comparte criterios fundamentales en una serie de temas fundamentales, y que se perfila como tal sólo cuando se trata de defender su cultura conservadora, el periódo de Dictadura, al General Pinochet (que continúa como Comandante en Jefe del Ejército)y su tropa de asesinos, los gobiernos de transición han podido exhibir internacionalmente una imagen de paz social, de estabilidad económica e institucional y de concertación social, en donde empresarios, gobierno y trabajadores, derechas e izquierdas, civiles y militares, trabajan unidos. Es esta imagen de reconciliación y desarrollo la que se utiliza para comparar nuestro país con el resto de los países latinoamericanos y que sirve para autodefinirnos come los “jaguares” de America Latina.

Ciertamente, en términos de cifras macroeconómicas, para el tamaño de nuestro país, la economía se encuentra en mejor pie que la de los países vecinos. En estos momentos el modelo chileno es la vedette entre todos aquellos que prestan más atención a las cifras e indicadores económicos que a la calidad de vida de las personas o a las formas que hacen posibles esas cifras. Tanto el FMI como el Banco Mundial aplauden la experiencia chilena, se escriben libros y se la pone como ejemplo. Se exaltan los manejos del Banco Central de Chile, (que hoy es un ente “técnico” independizado del gobierno -otra ley de dictadura-, lo que impide cualquier intento de variación en la política económica neoliberal, por mayorías electorales circunstanciales, por cuanto el nombramiento de sus miembros directivos debe ser aprobado en el congreso por mayoría absoluta, lo que es imposible sin el consentimiento de los congresales de derecha) y del Ministro de Hacienda, que incluso fué el anfitrión de la conferencia anual del FMI realizada en octubre de 1996 , en los EEUU, símbolo que no deja de tener implicancias políticas.

Esto no sería malo o no sería problema, si los beneficios de estos “logros” económicos se distribuyeran de forma que todos los sectores tuvieran acceso a parte de ellos. Lo que sucede es exactamente lo contrario, rompiéndose el mito del publicitado “desarrollo con equidad” de la Concertación. El actual esquema no sólo márgina sino que excluye estructuralmente a una parte de la población, que ni siquiera tiene la alternativa de ser explotada por algún capitalista. Son estas las razones de fondo por las cuales durante los siete años de gobierno de la Concertación no só1o no ha disminuído significativamente el número de pobres, sino que se ha profundizado esta pobreza al aumentar la brecha en la distribución del ingreso. Actualmente, el 20 por ciento socioeconómicamente más rico de la población (quintil más alto) percibe el 51,8 por ciento del ingreso total del país. El quintil más bajo, el 20 por ciento socioeconómicamente más pobre de la población, percibe só1o un 6,5 por ciento del ingreso total del país. Son estas cifras las que han Ilevado a reconocer al mismo Banco Mundial que Chile tiene una distribución del ingreso que se acerca a las de algunos países africanos.

Sin embargo, no sólo se trata de un problema de ingreso. La exclusión tiene que ver, por ejemplo, con la existencia de una educación y salud diferencial: una buena, privada, para quiénes tienen los recursos suficientes, y una de mala calidad para los que no, que incluso debe ser subsidiada por el Estado porque de lo contrario menos gente podría acceder a ella. También tiene que ver con la posibilidad de acceder a trabajos dentro del sector “competitivo” o quedarse en trabajos que en el corto o mediano plazo son “inviables”, como por ejemplo la faena minera en la Cuenca del Carbón o la pequeña producción campesina, donde al menos la mitad de los cerca de 250.000 productores no tienen la capacidad de “reconvertirse” para sobrevivir a los acuerdos de libre comercio.

Abundan cientos de ejemplos en distintas areas: el cerco cultural que los planes de “modernización” están tendiendo a los pueblos originarios como los Mapuche o Huilliche, que no só1o se ven obligados a una occidentalización en virtud del proceso educativo y económico, sino que también son expulsados de sus tierras ancestrales en aras del progreso de las empresas de la energía con sus grandes centrales hidroeléctricas (Ralco, Pangue, Alto Bio-Bio, Proyecto Alumysa); Los miles de campesinos que se quedaron sin tierras después de la contrarreforma Agraria de los militares, que se ven obligados a recorrer diferentes regiones en busca del trabajo temporal que ofrecen las agroindustrias, u optar por la emigración a las ciudades donde van a engrosar los anillos de pobreza que las rodean; La situación de los jóvenes populares urbanos, que muestran un 17% de cesantía y donde es común la penetración de la droga y/o la alternativa delictual, que además son los siempre sospechosos para policías tan jóvenes como ellos, que bien adoctrinados no reconocen los tonos de piel ni las marcas de ropa comunes a los ciudadanos respetables, como lo demuestran los 129.187 jóvenes de hasta 20 años, detenidos “por sospecha” en 1993, donde 19.659 resultaron ser menores de 16 años. ¿ Cómo negar el clasismo de la policía cuando del total de detenidos “por sospecha” aquel año (720.654), 405.099 resultaron ser obreros, 56.154 estudiantes y 55.731 no pudieron comprobar tener ni profesión ní oficio ? (Fuente: Dirección de Orden y Seguridad de Carabineros de Chile, citado por el periódico La Tercera, del Martes 4 de Julio de 1996)

 

La repre sigue… ¿Democracia ?

Es la situación también de los cientos de miles de jubilados, que después de haber entregado una vida al enriquecimiento de los de siempre, no tienen acceso a la salud ni a pensiones que cubran ni mínima ni dignamente sus necesidades. Problema que se agudiza en la perspectiva de los próximos años con una población que envejece en términos demográficos y que actualmente se encuentra sujeta a un sistema de previsión privatizado, que ya presenta algunos problemas con los pagos de pensiones. Sistema que está siendo implementado en varies países de la región, pues los dineros acumulados del ahorro previsional en entes privados, puede ser invertido en otras empresas y negocios, solucionando en parte el déficit crónico de capitales de inversión. Tanto es así, que en Chile todos los grupos económicos importantes poseen alguna administradora de fondos previsionales.

En el ámbito laboral y en relación a la entrada a la segunda fase de desarrollo exportador y los tratados de libre comercio, Chile exhibe el promedio de horas/hombre trabajadas anualmente más alto del mundo, con 2.400 horas (per encima de Corea, Malasia, Tailandia y China), pero con una productividad considerablemente baja en relación a ese indicador. Entre 1990 y 1994 la productividad aumentó sólo un 3,2 por ciento en el sector manufacturero. (Fuente: The World Competitiveness report 1995 y datos elaborados por la OIT, respectivamente) En estas condiciones, una insersión exitosa en los bloques comerciales come Mercosur, APEC o NAFTA pasa por aumentar la productividad, y esto se logra incorporando tecnología -que puede eliminar puestos laborales- o aumentando los niveles de explotación, que ya son altos.

Estos son algunos de los elementos sobre los que se funda el actual éxito económico, la cara que se oculta. Son las bases que nos impulsan a seguir resistiendo y son las causas de fondo que impiden que el proyecto revolucionario desaparezca. El poder estatal se da cuenta de ello y anualmente destina importantes sumas de dinero a los sectores potencialmente más conflíctivos, pero ni su poderío económico ni militar pueden impedir que la rebeldía se extienda y que también cada año sean más los decepcionados del sistema, los que perciben dolorosamente las contradicciones evidentes entre el discurso triunfalista de los medios de comunicación y sus miserables condiciones de vida.

Todavía no podemos hablar de la constitución de un movimiento popular fuerte y potencialmente revolucionario, pero es innegable que el gigante popular despierta. No tiene otra alternativa y así lo demuestran sus últimas movilizaciones reivindicativas, en las que la permanente recurrencia a formas radicales de protesta y la continúa referencia crítica a los planes de “modernización” estatales nos hacen pensar que no hay mejor escuela de aprendizaje político que la historia misma, y que si bien el poder ideológico de los medios de comunicación es enorme, no puede borrar el peso de la conciencia colectiva del pueblo.

En perspectiva no hay muchas alternativas: o el actual modelo continúa profundizándose excluyendo a una parte creciente de la población, lo que obliga a militarizar más una sociedad ya militarizada para proteger a los pocos que se benefician del sistema, o logramos articular formas de resistencia que hagan saltar el actual esquema. Los revolucionarios hace ya 31 años que optamos por lo segundo.

Al resistir hoy día, queremos por sobre todas las cosas vivir y vivir en dignidad, queremos vivir y no sobrevivir, queremos tener la posibilidad de completar el ciclo de la felicidad; al resistir hoy día en Chile optamos por ver el trigo cuándo y cómo crece, contemplar la cordillera como nuestra, recorrer las alamedas sabiendo que albergarón esperanzas completas; al resistir hoy dia queremos rectificar, retomar lazos, reactivar cariños, queremos mirarnos cara a cara y volver a conocernos y reencontrarnos en una lucha que continúa.

El resistir aqui y ahora, nos demuestra y convence en la necesidad de plantearnos una sociedad distinta, en trabajar un espacio para todos, verdaderamente pluralista, humano e integrador, un espacio para todos y no sólo para algunos; al resistir seguimos creyendo en la posibilidad de una América Latina sanada de heridas, un continente de pie y no de rodillas, un momento en que dejemos de ser parte del tercer mundo en relación a otros y seamos capaces de fortalecer un mundo para todos.

 

La lucha sigue, Santiago de Chile Septiembre 1996

 

¡¡ Solo la lucha nos hara libres !!

Adelante con todas las fuerzas de la historia

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