EL MIGRANTE PASCUENSE EN EL CONTINENTE: 1968 – 1970

 

EL MIGRANTE PASCUENSE EN EL CONTINENTE: 1968 – 1970

 

Adriana Goñi

Edición revisada febrero 2013

 

Este trabajo fue realizado siendo la autora ayudante veinteañera en la Sección Antropología del Museo Nacional de Historia Natural, en Santiago de Chile, en sus primeros años previos al ingreso a estudios formales en la carrera de Antropología de la Universidad de Chile.

 

Una lectura desde el siglo XXI de este trabajo de principiante, obligó a una edición estricta, eliminando varios planteamientos que hoy en día son evidentemente pretenciosos, por lo que la lectura de este artículo refleja los datos duros obtenidos y que dan cuenta de una realidad etnográfica, pre-Internet, desconocida para las descripciones de las migraciones Isla-Continente.

 

Por aquellos años 70 del siglo pasado, a los rapanui llamábamos “pascuenses”, (y también vulgarmente se hablaba de “los toromiros”, los “pakarati” y en épocas anteriores nuestros abuelos hablaban de los “kanakas”), habitantes de Isla de Pascua, hoy llamada Rapa Nui.

Estas observaciones surgen de la participación activa, cruzada de afectos, en la comunidad de migrantes rapanui, en actividades sociales, culturales, de ocio y de artesanía, con personas de distintas generaciones. Una amistad estrecha y de por vida motivo posteriormente plasmar las vivencias conjuntas en este trabajo, que fue presentado a un Congreso de Arqueología en Santiago, en 1971.

En aquellos años, en que todo nos era posible, participé como invitada del Dr. William Mulloy en la excavación de la Cueva 85, en el Distrito Tahai, en el proyecto de investigación y reconstrucción que este arqueólogo llevaba a cabo.

Isla de Pascua en los años 70 era un laboratorio donde todos los especialistas en polinesia oriental del mundo probaban sus teorías e hipótesis. El aislamiento de la población y del hábitat generaba procesos únicos en lo social, económico, político-administrativo y las relaciones sociales entre pascuenses y continentales se basaba en modalidades específicas.

En este siglo XXI Rapa Nui es una isla polinésica que subsiste principalmente en base al turismo- nacional, europeo, latinoamericano, norteamericano, y su paisaje humano, social, geográfico y cultural nada tiene en común con lo descrito por mí en este trabajo. Una extensa bibliografía y material de todo formato ponen a disposición del interesado distintos aspectos de la vida en Isla de Pascua. Basta con googlear y podemos saber al instante cuanto nos interese acerca de Rapa Nui, y nos es posible ser amigos cercanos con sus habitantes, que pueblan las redes sociales.

Lo descrito en este texto ya no existe, más que en la memoria de algunos escasos sobrevivientes de ese tiempo o en la transmisión que mis amigos de entonces, navegantes hoy de otros mares, hicieron a sus descendientes. Hoy la globalización, la interconexión digital, los viajes, el turismo, el acceso a estudios superiores, entre otros factores, han creado una identidad rapanui donde se conjugan lo tradicional con lo posmoderno. Realidad compleja que es necesario conocer y que los estudiantes y profesionales de las ciencias sociales de origen rapanui están emprendiendo.

 

 

 

 

“Go to the island of my dreams

and seek for beautiful beach

upon which the king may dwell.”

(Leyenda polinésica rescatada por P. H. Buck).

 

 

EL VÉRTICE DEL TRIANGULO.

 

El rey Hotu Matúa vivía en la tierra de Marae – Renga. Soñó con una bella isla

situada hacía el Este, sobre el horizonte. Mandó hombres en una canoa llamada

“Oraora Miro” para que localizaran esta playa en su isla señalada.

…La doble proa de la canoa real se elevó sobre las arenas de Anakena, y Hotu

Matúa desembarcó sobre la hermosa playa, apropiada para ser la vivienda de un

rey. Es así como Hotu Matúa agregó su nombre al registro de famosos

navegantes polinésicos, al descubrir el vértice oriental del triángulo polinésico

(Buck, Sir P. H. 1967: 228)

El término “ora” en el idioma pascuense actual, significa “salvarse”, entre

otros significados; la palabra “miru” es usada hoy para denominar la madera;

antiguamente significaba “barco”, y así mismo, era el nombre de unan de las

tribus de la Isla. (Fuentes, J. 1960: 259, 279).

Esta canoa polinésica, salvadora para quienes en ella surcaron los mares

desconocidos en búsqueda de un sueño real, inicia las migraciones hacía y desde

Rapa Nui. Basados en la premisa de que Pascua fue poblada desde el Oeste, y

apoyados en fechas de otras Islas, necesariamente más tempranas, se postulan

tentativamente las siguientes fechas para esta primera migración:

 

Metraux siglo XII D.C.

Lavachery siglo XIII D.C.

Routledge siglo XIV D.C.

Englert siglo XVI D.C.

 

Existe consenso entre los investigadores, en base a trabajos etnográficos

y arqueológicos, que la Isla recibió dos migraciones, con un intervalo aproximado

de dos siglos entre una y otra. Estas migraciones prehistóricas tenían

características físicas y culturales diferenciadas.

 

Alrededor de 1575 (Englert 1948: 156) llega un primer grupo étnico, que se

conoce tradicionalmente como “hanau – momoko”, encabezado por el rey Hotu

Matúa. Ellos procedían de algún lugar de la Polinesia llamado Hiva. Luego de esta

primera instalación, en la cuál la tierra fue dividida, se constituyeron las tribus, y

se reprodujo en Pascua la forma de vida polinésica, de cultivadores y

pescadores, había llegado, alrededor del año 1610 d.C. (Englert op. Cit.) otro

grupo de migrantes, al que se conoció con el nombre de “nanau – eepe” . Este

grupo ético era portador de una traición de arte megalítico; eran sólo hombres, y

sus características físicas, culturales y lenguaje diferían de las de los pobladores

iniciales. Como rasgo característico, se señala que los lóbulos de las orejas

estaban deformados, rasgo desconocido hasta entonces en la Isla, pero

practicada en la Melanesia, lo que podría permitir pensar en un posible origen en

esa zona de este segundo grupo

.

El hecho de que este segundo grupo estaba constituido solamente por

individuos varones, favoreció un rápido mestizaje y una integración socio –

cultural. A Von Chamizo, que llegó a la Isla a principios del siglo XIX, cuando el

segundo grupo había sido exterminado y sus escasos sobrevivientes habían sido

absorbidos culturalmente por los “hanau-momoko” , habla de “algunos ancianos

que tenían los lóbulos de las orejas agujereados y dilatados, y por las mismas

aberturas se habían pasado los extremos de los lóbulos de manera de nudo”

(Englert: 89).

 

ANTECEDENTES

 

“Migraciones” será para nosotros, todo movimiento de la población hacía y

desde la Isla de Pascua, tanto las que se realizan a Chile Continental, como las

efectuadas hacia otras islas de la Polinesia. En este trabajo nos ocuparemos

específicamente del carácter que asumen estas migraciones en Chile, que

necesariamente será distinto al de aquellas realizadas hacia ámbitos polinésicos.

 

Estas migraciones, para efectos metodológicos, serán clasificadas de

acuerdo a las siguientes categorías:

 

PRE – EUROPEAS ——– Poblamiento inicial

COLECTIVAS Voluntarias

HISTORICAS Forzosas

Obligatorias

INDIVIDUALES——— HISTORICAS De propósito definidos, voluntarias

De propósito institucional, obligatorias

 

A los movimientos de personas motivados por propósitos institucionales, les

asignamos un carácter de , ‘obligatorias’ y no forzosas, a sólo efecto de

distinguirlas de aquellas en que la fuerza y violencia física fueron el factor que las

produjeron.

 

Pensamos que el problema de las migraciones es lo bastante complejo

como para afinar al máximo los conceptos involucrados. Nos preguntamos: ¿qué

tan ‘voluntarias’ son las migraciones de los jóvenes hacía el continente, cuando

son traídos a cumplir el servicio militar obligatorio; ¿qué tan ‘voluntaria’ es la

estada en el continente de estos mismos jóvenes, que una vez finalizado el

periodo de conscripción quedan en el continente librados a su suerte, sin

preparación para trabajar, sin manejar el idioma y sin medios para retornar?

 

Habrá muchas preguntas que deberemos hacernos. Esperamos que

surjan algunas como producto de este trabajo, aunque las respuestas estén aún

lejos de ser resueltas.

 

FUNDAMENTACIÓN DEL TEMA

 

Nos planteamos como premisa fundamental, que si la realidad social

obedece a leyes generales, tiene necesariamente una teoría general que la

exprese.

 

Si hacemos uso de esta teoría y la aplicamos al objeto propio de la

arqueología, como lo son las sociedades extintas y sus restos materiales como

fuente de información, estamos analizando un segmento de la realidad en un

tiempo y espacio dados.

 

Si aplicamos la teoría, con técnicas y estrategias adecuadas, podemos

aproximarnos a algún nivel de explicación de fenómenos que experimentan las

poblaciones vivas, prolongación o no de aquellas formaciones sociales

arqueológicas.

 

El arqueólogo puede y tiene la posibilidad de usar técnicas propias de la

arqueología para acceder a la data en las poblaciones vivas.

 

El ‘hombre vivo’, el gran olvidado a veces por los arqueólogos que

estudiamos su pasado, también tiene una cultura material para ser estudiada. Es

posible para nosotros el realizar una arqueología del presente para entender el

pasado, con la ventaja adicional de que nuestra formación nos posibilita el utilizar

los ‘filtros’ para codificar la información que necesitamos. De este modo, podemos

tener un control cruzado de información proveniente de ambos registros:

etnográfico y arqueológico.

 

Es en este cruce de caminos de las diversas disciplinas donde podremos

afinar la calidad de la información necesaria, para entender la realidad de los

grupos en estudio, con su dimensión temporal, que abarca pasado, presente y la

posibilidad de proyección en el futuro.

 

Si trabajamos en función de estudiar el pasado, como medio para

entender el presente y planificar el futuro, es válido el intentar entender el presente

de un grupo derivado de una formación social extinta como tal. Es posible

plantear que las raíces de la situación global actual están en distintos momentos

del tiempo pasado: arqueológico e histórico. Mas aún, en el caso específico de

los migrantes pascuenses en el continente, nuestra responsabilidad trasciende la

responsabilidad del científico. En cierta medida somos históricamente

responsables de que estos fenómenos tomen forma en nuestro territorio y no

estén insertos en la realidad oceánica, su ámbito cultural y territorial. (Goñi 1971:

395)

Nos planteamos, entonces, que el arqueólogo puede hacer un reciclaje de

la información: encuentra en el registro de la sociedades arqueológicas la data que

permite explicar los fenómenos actuales. Creemos que profesionalmente podemos

jugar un rol importante en la auto – afirmación de la identidad étnica de las

poblaciones actuales; llevar a cabo una ‘puesta en valor’ de su pasado, a menudo

desconocido y subvalorado por ellos mismos

.

La arqueología es una ciencia integrativa, siempre en conflicto y sufriendo

fuerzas centrípetas de las disciplinas vecinas, lo que no debe ser motivo para que

olvidemos nuestro objeto de estudio, esto es, el estudio de las relaciones entre el

comportamiento humano y la cultura material en cualquier tiempo y lugar.

 

En una estrategia de enfrentar el análisis desde el presente para explicar el

pasado, se intenta, como objetivo último, la elaboración de leyes explicativas parar

comprender el pasado. Esta estrategia se ocupa de problemas generales para

encontrar leyes en la disciplina. En esta perspectiva se ubica la etnoarqueología,

método por el cual ‘los arqueólogos recaban su propia data etnográfica,

asegurando, de esta manera, que la información del presente se encuentre

expresada en el mismo lenguaje que los restos arqueológicos… La

etnoarqueología puede ser definida como el estudio de la forma, uso y significado

de los objetos y superficies en su propio contexto conductual (Berenguer 1983:

68)

 

La etnoarqueología actuaría observando en sociedades ‘vivas’, actuales, el

significado de elementos culturales, tanto materiales como procesuales que se

presentan en un componente arqueológico.

En una estrategia pasado – presente se estudiara la cultura material del

pasado para explicar el presente. No hay referente tiempo – espacio concreto

(Berenguer, ap. Clases 1981).

 

Es posible, por ejemplo, explicarnos el uso que hace el migrante pascuense

en el continente, de un espacio geográfico, de ciertos cultivos, comidas, juegos,

bailes, artesanías, creencias, tradiciones, lenguaje, como una continuidad

especial; una supervivencia de rasgos que para efectos de los migrantes conllevan

la función de afirmar la identidad étnica y cohesionar el grupo en un contexto

ajeno.

La estrategia presente – presente estudia la cultura material actual para

explicara el presente y entender los problemas actuales. Es por medio de esta

estrategia que se contrata la validez de la cultura material como fuente de data

objetiva. Un ejemplo de este planteamiento lo encontramos al cruzar la

información que nos proporciona un migrante acerca de la cantidad de piezas de

madera que talla en un lapso de tiempo determinado y el análisis cuantitativo, por

ejemplo, de los desechos de las tallas: virutas, trozos, etc. No siempre estos datos

son coincidentes, lo que nos permite una afinación de la data.

 

Cuando el arqueólogo emprende por sí mismo la tarea de

explicar las diferencias entre los patrones arqueológicos

observados y los patrones predichos por los modelos

etnográficos, puede alcanzar data procesada que no obtendría a

través de el uso de la etnología solamente. (Flannery 1967: 121).

 

En el marco de la estrategia presente – presente, y en combinación con el

uso de la estrategia pasado – presente, es que intentaremos el análisis de los

procesos que se producen en el seno de la colonia pascuense residente en el

continente.

 

Como consecuencia de estos planteamientos teórico – metodológicos,

hemos emprendido el estudio por medio de los principios básicos de la

arqueología, que encontramos definidos y extensamente explicitados en el

informe de la Gaceta Arqueológica Andina 1982, y que resumimos:

En el nivel de a acumulación objetiva de datos se trata de verificar o

constatar las circunstancias concretas dentro de las cuales están organizados los

objetos (…) que para el caso del presente trabajo serán las conductas

observables. Estas circunstancias se basan en tres principios que permiten

entender el orden y las condiciones en las que aparecen … y que son: los

principios de ASOCIACIÓN – SUPERPOSICIÓN y el de RECURRENCIA. La

expresión física del principio de asociación es el CONTEXTO, es decir, el conjunto

de elementos y rasgos que aparecen juntos, entendiéndose como ‘elementos’ a

los objetos de la cultura material y como ‘rasgos’ a los aspectos formales que

particularizan su comportamiento. Consecuentemente, la identificación entre

elementos y rasgos, su medición y registro definen un contexto.

 

El principio de SUPERPOSICIÓN es aquel que permite establecer la relación

secuencial de los eventos sociales que registran los contextos.

 

El principio de RECURRENCIA se refiere a la identificación de los patrones

de conducta socialmente aceptados cuya expresión física se encuentra en la

repetición de los rasgos y elementos que permiten establecer contextos

asignables a una misma forma de conducta, a lo largo de un tiempo dado o dentro

de un espacio determinado. (vol. 1, Nº 4-5).

 

Con la aplicación de este marco de referencia, emprenderemos el análisis de

la data obtenida de una década atrás.

 

INFORMACIÓN ETNOGRÁFICA

 

La información etnográfica fue recogido a lo largo de cuatro temporadas de

trabajo de campo, realizadas entre los años 1969 a 1971. Los datos fueron

obtenidos mediante la utilización de la observación participante, la entrevista semi

– estructurada y entrevistas en profundidad. La población de sujetos migrantes

estudiada correspondía a un 10% de la población total de migrantes que en

aquellos años habitaban en el continente (40 personas de 400 residentes

aproximadamente, según estimación de estos mismos).

Pensamos que esta muestra es representativa de un fenómeno homogéneo

y regular en su recurrencia, cuyas características específicas son fácilmente

detectables.

El resultado de esas observaciones se tradujo en un seminario de

Antropología Social que dictaba el profesor Garbulski, en el departamento de

Sociología, durante el cual se analizó la problemática de la aculturación.

Participamos en la elaboración teórica del trabajo de seminario los entonces

alumnos de arqueología Silvia Quevedo K., Sergio Rapu P., Adriana Goñi G y la

alumna de sociología Julia Servat.

 

Posteriormente a este trabajo de seminario, mis observaciones continuaron

de modo discontinúo, aunque sostenidas. No hay publicaciones, salvo fotocopias

de un informe (ms) de 1971, realizado parar ser presentado a las Jornadas sobre

Isla de Pascua (1). Resultado de la presentación de este trabajo a las Primeras

Jornadas de Arqueología y Ciencia, en agosto de 1983, se reinició el contacto con

los migrantes. Actualmente estoy realizando encuestas en profundidad en los hijos

y otros parientes de los sujetos del estudio 1969 – 1971, dado que la casi totalidad

de ellos han retornado a la Isla.

 

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

 

Para entender los procesos que se producen entre los residentes

pascuenses que han migrado al continente, debemos hacer una breve síntesis de

lo que constituyó su medio ambiente natural y cultural hasta el momento de migrar

a Chile continental. Las condiciones que analizaremos son aquellas que

imperaban hasta el año 1970. esta fecha marca un hito en la estructura socio –

económica de la Isla, dado los cambios que se dieron en la estructura socio –

política del país, lo que se tradujo en un cambio de actitud hacía los nativos,

mayor contacto con el continente, aumento de la frecuencia de vuelos y de los

viajes marítimos. El flujo de continentales aumenta, y la conjunción de

funcionarios, turistas nacionales y extranjeros, científicos, fuerzas armadas, y otros

residentes no pascuenses , supera en número a la población nativa. Se producen

modificaciones de hábitos y costumbre al ser retirada la base norteamericana, la

que jugaba un rol en las actividades sociales isleñas.

Hasta esta fecha, solo arribaba un barco anual, el que abastecía de todos

los productos esenciales de a la Isla, y el contacto por vía aérea era quincenal.

Es importante entender que los rasgos de la cultura pascuense actual son

el producto de una larga serie de acontecimientos históricos que imprimen un sello

específico en la dinámica socio – cultural de la Isla.

Isla de Pascua no está abandonada en el medio del pacífico, aunque el

territorio firme mas próximo esté a 3.200 Km. Está y estuvo, inserta en la dinámica

el continente americano y de las potencias europeas. Por lo tanto, la historia de

Rapa Nui, a partir de su descubrimiento para el mundo europeo por el holandés

Jacobo Roggeveen, en 1772, está inmerso en la historia del siglo XVIII, adquiere

sus características específicas como resultado de factores externos, que actúan

de modo tal, que los cambios se manifiestan en todos los sistemas del sistema

socio – económico:

 

Antes de la introducción de la moneda en Pascua, y la

consecuente venta del trabajo, no hay división en el trabajo,

más que la natural; los pascuenses trabajan indistintamente la

tierra y el mar; después es cuando se produce la división del

trabajo y se ramifica en la agricultura y la pesca. Se crean

cooperativas agrícolas y pesqueras, al parecer derivadas de

pautas culturales que no permitían el comercio entre familiares

(Núñez, P. 1971, com. Pers.)

 

Los cambios en profundidad continúan hasta hoy, con no escasos conflictos;

en aspectos como el lenguaje, en el que podemos encontrar huellas de la

mayoría de las lenguas occidentales, “no solo en su vocabulario, sino también en

formas de sintaxis ajenas al verdadero pascuense” (Fuentes, J. 1969: 37); en su

religión, que fue substituida por la que llevaron los misioneros católicos, lo que

introduce valores y normas ajenas a las propias. No obstante, así como en la

lengua sobreviven palabras ‘antiguas’, también lo hacen ciertas creencias, que

para algunos investigadores, se transforman en ‘manifestaciones folclóricas’.

Al introducirse la moneda, el sistema económico experimento un viraje

radical, que se manifiestas en el arte, en su organización social, en los roles y

status: e factor del ‘lucro’ y la ‘riqueza’, se transforman en valores alternativos a la

solidaridad, reciprocidad e intercambio.

 

Históricamente, las ‘migraciones colectivas e individuales’ comienzan en:

1774. El Capitán Cook embarca la pascuense Hidi Hidi en una isla polinésica

y se transforma en su intérprete.

 

1805Scooner norteamericano “Nancy” arribó a Pascua con el objetivo de

embarcar un buen numero de nativos y trasladarlos a las Islas de Más

Afuera, a fin de ser ocupados como mano de obra esclava en la caza de

focas… Los piratas sólo lograron capturar 12 hombres y 10 mujeres.

 

1859 – 1961 Se acercaron a la Isla varios barcos procedentes del Callao a

Paita, que fueron a buscar centenares de canacas, a fin

de venderlos en el Perú.

Muchos de estos indios fueron destinados a las guaneras de

las Islas Chinchas y otros son internados para el trabajo de las

minas.

Se ha llegado a calcular hasta el 1.500 el número de canacas así

sacados a la fuerza (Vergara, V. 1939: 23). Entre éstos se halaba

el rey Maurata, su hijo y dos hijas.

 

Eyraud se hace cargo de seis indígenas, entre los que se contaba

Tepito, hijo y sucesor del rey, y los repatrió a la Isla (Chauvet,

1965:31).

 

1863 A fines de este año, los primeros misioneros encuentran la Isla

casi despoblada por la acción de los piratas… El Hno. Eyraud

desembarca con un pascuense.

 

1864 En Tahití había cuatro hombres, una mujer y un niño de los

cautivos de Pascua, el misionero Hno. Eyraud desembarca del 2

de enero de 1864 con uno de estos indígenas pascuenses.

 

De los mil quinientos cautivos de los piratas peruanos, un centenar

son repatriados a su Isla. Portan el virus de la viruela. Mueren 75

de éstos en el viaje; los 15 sobrevivientes contagian a la

población de la Isla.

 

1866 Hno. Eyraud vuelve a la Isla acompañado de tres indígenas

de Mangareva (Vergara, Op. Cit. : 25)

 

1869 Los colonos Dutrou – Bornier y Brander llevan unos 300 indígenas, en

estado de semi esclavitud a otra explotación agrícola en Haapáu,

donde murió la mayoría de ellos (Chauvet: 42).

 

1870 El Padre Hipólito Roussel “habría tenido que partir con unos cuantos

pascuenses (50) a Mangareva, a causa de la animosidad del

colono frances Dutrou – Bornier” (Chauvet, Op. Cit. 32).

 

Hasta 1860, los últimos pascuenses, entonces numerosos ( “la isla

parecía fértil y con numerosa población; parecía haber hasta un millar de

indígenas en la playa” (Cap. Lejeune, comandante del velero francés

“Cassini”, quien estudia los insulares en un viaje en 1862″ (Chauvet: 30) ).

Todavía estaban indemnes a los múltiples mestizajes que después

sobrevinieron.

 

Los primeros contactos prolongados con no – insulares, y que inciden en

la formación étnica y cultural de los pascuenses actuales, sus descendientes, son:

 

– 1770 Navío español “San Lorenzo”. Mapa de Agüera de Isla San

Carlos.

– 1770 Navío español “Santa Rosalía”. Relato de aquella estada en la

Isla.

– 1771 Fragata española “Águila”, parte de Chiloé. Se completa el mapa

hecho por Agüera y reunieron un vocabulario el lenguaje de los

“Indígenas de San Carlos” (Es factible que viajara en esta

fragata algún marinero chilote?).

 

– 1774 A partir del 11 de marzo, el capitán inglés James Cook pasó

ocho días en la Isla. Nos hace saber que los indígenas lo

llamaban Vaihu (éste nombre existe y es un toponímico actual)

.

– 1786 La Perouse, al mando de dos navíos desembarcó, estudió la

isla y los insulares, establece los contornos del litoral y

determina su exacta posición geográfica.

 

– 1804 Visita de buque ruso “Neva”. Lisiansky publicó un informe de

los 4 días de su permanencia en la Isla.

 

Después, muchos aventureros y balleneros llegaron a la Isla, y ejercieron

violencia sobre sus habitantes. Ya mencionamos estas incursiones y otras, en las

cuales fueron traídos o llevados isleños, voluntaria o forzadamente y en forma

colectiva (más de un individuo) o individual.

 

Entre estas incursiones esclavistas y el año 1862, en que desembarca el

Capitán Lejeune, ya citado, muchos barcos hacen escala, o navegan a la cuadra

de Hanga Roa, pero la hostilidad de los pascuenses les hace imposible el

desembarco.

 

– 1868 Desembarco el primer misionero católico, Hno. Eugenio Eyraud,

con seis indígenas. Se inicia la acción evangelizadora. El

religioso francés escribe a su superior en Francia informes o

cartas que son el valioso testimonio del primer testigo, no –

insular, que vive entre ellos.

 

El Hno. Eyraud lleva como herramienta de trabajo un “Catecismo

Tahitiense”. Escribe que su pérdida lo “priva de todos los medios de poder hablar

de religión a esos infelices.

“El primer hombre que desembarca, llevando a los

pascuenses rescatados de Perú (5) vuelve al barco presa de pánico…” lo que ha

visto le ha dado miedo: una muchedumbre de indios semi – desnudos, armados

con lanzas, con las narices horadadas, los rostros pintados de rojo, que danzan y

gritan en actitud de amenaza. Le refieren que la viruela sigue haciendo estragos

entre ellos”.

Desembarca Eyraud, en este primer viaje, que se prolongará por nueve

meses, con un “Kanaka” llamado Paná. Este individuo es uno de los

sobrevivientes de las incursiones esclavistas, y al parecer no es muy bien recibido

en la Isla, ya que se desata contra él la violencia al igual que contra el misionero.

 

El lugar de desembarco era Hanga Roa. Después Paná va a Anakena y

trae a su gente para ayudar y defender al Hno. Eyraud (Ramírez: 56 – 65).

 

– 1864 Eyraud se queda definitivamente en la Isla, en compañía del

padre Hipólito Roussel, también francés. (Hasta entonces en la

Isla se habla el idioma pascuense, tahitiano y francés, Vergara,

Op. Cit.) .

 

– 1866 El velero “Tampico” llevó desde Chile, dos misioneros más, los

Padres Gastón Zumbohm y Teodulo Escolan.

Los relatos y cartas de los misioneros a sus superiores en Francia son valiosos

documentos para conocer la situación socio – cultural de la Isla en este primer

contacto prolongado y significativo con la cultura occidental y cristiana. La mayoría

de los visitantes en todo tiempo, se han sentido obligados a narrar su viaje y

estada en la Isla, por lo que son numerosos estos relatos escritos, aunque no muy

accesibles.

 

– 1868 La “Topaze” se lleva una gran estatua de piedra al British

Museum, y queda un interesante relato del médico de bordo.

 

– 1868 En este año los misioneros introducen los primeros animales

domésticos de origen extra – continental: vacas, terneros,

conejos, árboles frutales.

 

– 1868 Llegada de Dutrou – Bornier, ex capitán de “Tampico”, quien

mas tarde adquiriera gran parte de las tierras de los isleños y

ejerciera la más inicua de las explotaciones en las personas de

los indígenas a quienes redujo a una verdadera esclavitud

(Edwards Salas 1918).

 

– 1870 El 22 de enero la corbeta chilena “O’Higgins”, mandada por el

capitán de navío José Anacleto Goñi, toco en las costas de

Pascua. Por encargo del Comandante Goñi, el capitán de

corbeta don Ignacio L. Gana (Vergara: 25) y sus oficiales,

aprovecharon la escala para estudiar a los pascuenses, sus

usos y costumbres y trazaron, por primera vez el plano

detallado de la Isla. El médico de a bordo, don Tomás Gmo.

Bate, dejó comenzado un minucioso examen personal de los

indígenas, anotando los resultados obtenidos.

 

– 1872 Fragata francesa “La Flore” . A bordo viajaba Pierre Loti, quien

describe en un interesante relato este viaje.

 

– 1877 Adolfo Pinart, en el navío “Seignelay”. Estudia la Isla y sus

habitantes, y recoge entre otros materiales, unos esqueletos,

donados al Museo de Trocadero. Publicó un estudio sintético

con dibujos; señalados son los petroglifos.

 

– 1879 Salmón sustituye a Dutrou – Bornier en la sociedad de éste con

J. Brander. Comienza cría de ganado y la caza de objetos

arcaicos en gran escala.

 

– 1882 El buque de guerra inglés “Sappho” , que practicaba

investigaciones batimétricas, estuvo varios días en la Isla.

 

– 1882 Arriba el “Hyaene” de la Marina Imperial Alemana, comandada

por el capitán Geiseler, con la misión de estudiar los restos de

la cultura pascuense. Sacaron dibujos de la casa de Orongo y

compraron objetos antiguos (Chauvet, Op. Cit.: 34)

 

– 1886 Arribo del “Mohican”, que llevaba a bordo a W. Thompson, quien

publicara un libro (3) muy profundo de sus estudios. (Un

ejemplar se encontraría en la Biblioteca del Museo Nacional de

Historia Natural, según com.pers. de don Carlos Charlín Ojeda.

 

Heyerdahl, en su publicación de los resultados de la expedición

Noruega de 1956, transcribe parcialmente estos estudios (4).

 

– 1886 En el mes de Julio, el capitán de corbeta chileno don Policarpo

Toro, llegó a bordo de la corbeta “Abtao”. En esa oportunidad

confecciono una interesante memoria sobre la importancia que

para Chile tenía la anexión de Pascua.

 

– 1888 El capitán Policarpo Toro toma posesión, en nombre del

Gobierno chileno, de la Isla de Pascua, el 9 de septiembre. En

documento de esa fecha, los Jefes de la Isla de Pascua, firman

un documento por medio del cual “declaramos ceder para

siempre y sin reserva al Gobierno de la República de Chile la

soberanía plena y entera de la citada Isla, reservándonos al

mismo tiempo nuestros títulos de Jefes de que estamos

investidos y de que gozamos actualmente”. Firman con una “X”

los Jefes Ioano Zoopa – Totena, Hito, Utino, Ruta Zoopal;

Rupereto; Atamu Arü; Peteriko Tadorna; Pava Zoopal; Leremuti,

Vachere e Ika Zoopal. Testigos fueron A. Plotmer, John Brander

y J. Frederick.

 

La Toma de posesión y la cesión de la Isla desata una serie de procesos

con “una velocidad uniformemente acelerada”.

 

A partir de esta fecha se suceden distintas visitas de navíos de diversas

nacionalidades. Desde septiembre de 1892 los buques – escuela de la Armada

visitan frecuentemente la Isla de Pascua.

 

En 1895, el Fisco suscribe un contrato de arriendo con el Sr. Enrique

Merlet, por un lapso de 20 años. Merlet debe mantener por su cuenta a lo menos

tres familias chilenas, como base de colonización y dejar al fin de este período,

como dotación 5.600 cabezas de ganado lanar; 250 animales vacunos; 40

caballos y 4 asnales (Vergara: 157 – 158).

 

Hasta esta fecha, el patrón de asentamiento básicamente era disperso, o

concentrado cerca de los misioneros.

 

El 20.7.1903 se constituye la Sociedad Explotadora de Isla de Pascua, con

Enrique Merlet como accionista mayoritario; varios accionistas menores y la

sociedad Williamson Balfour y Cía.

El objeto de la sociedad “adquirir los terrenos

de propiedad particular que existen en la Isla de Pascua, adquirir o tomar en

arrendamiento los que pertenecieron al Estado de la misma Isla, explotar unos y

otros… la duración de la sociedad será de 25 años”.

 

En 1916, tras demandas y alegatos, el Fisco decreta, en virtud “que las

abundantes informaciones recientemente reunidas ponen de manifiesto que el

régimen imperante en la Isla de Pascua ha sumido en la miseria a sus habitantes,

es rémora para su progreso y será causa de mayores males si no se le pone

término… declárese caducado el contrato de arrendamiento de la Isla de

Pascua…” (Vergara: anexo XXXV).

 

En 1917 el Gobierno acuerda provisoriamente con la Cía. Explotadora de

Isla de Pascua, que:

“La Compañía continuará en posición de la isla y del ganado existente en

ella y encargada d la administración general de los terrenos y de la

conveniente conservación del ganado. Se compromete la compañía a no

sacar de las isla los monumentos que existen y a no permitir por ningún

motivo la salida de ellos. De los terrenos de la isla se destinarán hasta

2000 hct. (de un total d 15.697 hct.) para los servicios públicos y la

radicación de los naturales. Estas 2000 hct., estarán en las inmediaciones

de Hanga Roa, prolongándose las pircas que hay actualmente… se destina

igualmente una extensión de terreno para la instalación del Lazareto de

Leprosos, que se ubicará en la región que sea más apropiada, y que de

acuerdo con la Compañía, se determinará. El sub –delegado marítimo de

la Isla, oyendo al administrador de la Cía., señalará las horas y la forma

como los naturales sin lesionar los intereses del fundo, puedan ir a la

pesca, no apartándose de la ribera del mar en sus faenas de la pesca y

dejando claras las aguadas para que los animales puedan ir a su

demanda; también podrán los naturales recoger y acarrear combustible

animal que hay en la isla, señalándose previamente por el sub –

delegado en la misma forma que en el caso de la pesca, la región

destinada al efecto”. (Vergara, anexo XXXVI).

 

Este documento ilustra gráficamente el despojo que los pascuenses

sufren de su objeto de trabajo. Ya no hay tierra ni mar que les pertenezca.

Están reducidos a una semi – esclavitud.

 

Por decreto del 19.03.1936 se publica el decreto que regula el

Arrendamiento y Cesión del Fisco a la “Compañía Explotadora de Isla de

Pascua”. En este decreto se norman los deberes y derechos de ambas partes

(Vergara: 203). Entre las obligaciones de la Compañía están: efectuar las

construcciones, instalaciones y mejoras tales como una radio onda corta; un

edificio para pabellón de enfermería y botica; instalara dentro del pueblo de

Hanga Roa tres molinos de viento, con sus bombas, pozos, estanques,

arranques y bebederos para una recolección de 40 tons. de agua dulce, e

instalará arranques y bebederos de agua para los animales de estos, y

además un estanque de reserva de capacidad no inferior a 40 tons. Para caso

de carestía de agua; deberá efectuar reparaciones y mejores en el edificio de

la Escuela Mixta de Niños de la Isla; deberá efectuar reparaciones en el edificio

de la actual leprosería de la Isla.

 

La lepra fue importada de Tahití por tres pascuenses repatriados en

1889. En 1913 existían 80 leprosos; en 1916 habían 16 leprosos; en 1917 eran

14 (Vergara: 14); en 1935 total de 20 leprosos (estas cifras son incongruentes,

dado que en 1913 los 80 leprosos vivían diseminados en toda la Isla, viviendo

en cuevas y sin auxilio médico). En 1917 se construye el primer leprosario, a 4

Kms. de Hanga Roa.

 

En 1947 el médico Daniel Camus, publica un cuadro

donde entrega una cifra de 51 leprosos entre los 6 a más de 50 años, hombres

y mujeres. De estos enfermos, 33 eran ambulatorios y convivían con la

población. En el leprosario estaban internados 9 crónicos y 9 incipientes.

Exámenes efectuados a los enfermos ambulatorios mostraron que 22 estaban

enfermos, lo cual constituía un grave peligro de contagio.

 

En un informe presentado al gobierno, decía Camus: “En las

condiciones actuales, la Isla de Pascua es un foco endémico de lepra y un

peligro latente para las comunicaciones con el continente…”

 

Si nos extenderemos en este punto, es porque incidió de forma

importante en las migraciones hacía el continente de los isleños, los que

debían guardar cuarentena; en la actitud de los continentales hacia los

pascuenses: el Gobierno, la Armada, la Beneficencia, el público en general y

los socios de sociedad “Amigos de la Isla de Pascua”, hacen que lo

anteriormente descrito cambie.

En 1950 se construye un nuevo leprosario. Dos

monjas chilenas viajan para hacerse cargo de los enfermos. Se recoge e

interna a todos los enfermos ambulatorios; ahora están distribuidos en tres

pabellones, separados unos de otros. La distribución de los leprosos en 1951

era de 29 incipientes, entre los 10 – más de 40 años y 7 crónicos, entre 15 –

más de 40 años. Señala Camus que hay familias que son más castigadas por

la lepra, entre éstas los Chavez (Tiave), Teao, Veri – Veri, Tuki, Hotu, Pakarati,

Hito y Riroroko (Camus, D. 1951: 24-34).

 

Continuando con las condiciones impuestas por el gobierno chileno a la

Cía. Explotadora de Isla de Pascua, una muy importante es la que obliga a la

Cía. A “conservar los monumentos históricos existentes dentro de los terrenos,

siéndole terminantemente prohibido efectuar en ellos cualquiera modificación o

alteración en su estructura actual, como tampoco trasladarlos… ni permitir que

ellos sean extraídos del lugar en que respectivamente se encuentran…”

 

Muchas otras cláusulas están en este decreto. Todas ellas regulan las

condiciones de vida y trabajo en la Isla de Pascua.

 

Desde la fecha de la toma de posición, hasta hoy, son innumerables los

contactos habidos entre isleños y continentales. Misiones científicas con

tiempo prolongado de estada en la isla contribuyen a que los pascuenses

tomen conciencia de su pasado histórico , el significado de la grandiosidad y

unicidad de sus manifestaciones culturales. Esta actitud continúa reforzándose

a medida que el contacto con extra-isleños se acentúa.

 

Ya en 1956, con la expedición noruega de Thor Heyerdahl, los

pascuenses captan en toda su dimensión la atención que a nivel internacional

s les dispensa. Esta actitud modifica las conductas de los isleños en su

relación con los continentales chilenos.

 

Hay relatos de por lo menos dos insurrecciones en contra el gobierno

chileno:

 

1914 Llegada del buque “General Baquedano”, que viene a reprimir la

revuelta de los pascuenses sublevados por una especie de profetiza llamada

Anata, contra el representante de Chile, Edmunds.

 

1965 “Rebelión de Rapa Nui”, movimiento de la población en protesta

por reiterados atropellos, es sofocada por 46 infantes de marina que viajan en

la escampavía Yelcho. Las quejas de los pascuenses eran de tenores distintos:

a las mujeres se las rapaba por faltas leves; se azotaba como castigo;

acusaban a los gobernadores designados por la Armada (la que desde 1954

administra un predio ganadero) de implantar estas penas, pese a que existe un

“tribunal de notables”, de tres miembros, designados por los habitantes para

imponer justicia.

 

Los pascuenses residentes en Santiago, unos 300 (1.010 en la isla), se

reúnen con el Pdte. Frei y piden solución a sus problemas.

En proceso

está una investigación nuestra acerca de este movimiento, su origen,

causas y las relaciones existentes en la isla en ese entonces. Por ahora

podemos decir que derivado, o simultáneamente con esta “rebelión”, el

gobierno, con carácter e suma urgencia, solicita se despache por la

Cámara el proyecto de ley que crea la Comuna-Subdelegación de

Pascua, dependiente del departamento de Valparaíso.

 


El proyecto

incluye las siguientes medidas fundamentales:

a) Crea la Comuna-Subdelegación de la Isla de Pascua, con

cabecera en la localidad de Hanga Roa;

 

b) establece la Municipalidad de Isla de Pascua, a cargo de la

administración legal de la Comuna del mismo nombre (Primer Alcalde fue el

recién recibido profesor básico Alfonso Rapu);

 

c) dispone una reducción de las tarifas de cabotaje, estadía,

faros y balizas para las naves que hagan escala o que lleven turistas a la isla;

d) preceptúa que las utilidades provenientes de la explotación de

predios fiscales, así como todo otro ingreso, se depositarán en una cuenta

especial destinada a obras de progreso de la Comuna-Subdelegación;

 

e) crea un Juzgado de Letras de Mayor Cuantía, cuyo territorio

jurisdiccional será comprendido entre la Comuna-Subdelegación y señala

normas especiales para el nombramiento de sus funcionarios, para la

substanciación de los asuntos contenciosos y de jurisdicción voluntaria, y para

el oportuno cumplimiento de sus resoluciones;

 

f) contempla una serie de disposiciones que adapta el sistema

electoral vigente en el país a las condiciones peculiares de Isla de Pascua,

permitiendo a sus habitantes el ejercicio del derecho a sufragio;

 

g) consulta la aplicación de las normas generales del Ministerio

de Tierras y Colonización con el objeto de constituir el dominio privado y

regular , el régimen de concesiones de tierras a personas naturales chilenas; y

 

h) autoriza al presidente de la República a que nombre una

Junta de Vecinos que tendrá a su cargo la administración comunal hasta que

entre en funciones la Municipalidad respectiva (Revista Vea, 1965: 16 – 17).

 

 

MIGRACIONES HISTÓRICAS COLECTIVAS E INDIVIDUALES:

 

DIAGNÓSTICO REALIZADO A PARTIR DE OBSERVACIONES EN LOS

AÑOS 1968 – 1971

 

Citando al Padre S. Englert cuando habla sobre los “trasplantados”

señala: “salieron en el transcurso de 15 años, de 1944 a fines de 1958, 41

nativos en pequeñas embarcaciones rumbo a Tahití; 21 de éstos

desaparecieron en la vasta soledad del mar…

Desde que hace ya varios años

la Armada de Chile da a los nativos amplia facilidad de viajar en el buque

anual al continente; ha empezado un continuo y cada año más numeroso

éxodo. Ya son varios centenares los que han abandonado su isla, muchos de

ellos indudablemente para siempre. Aunque van a Chile, que políticamente es

su patria, se les puede llamar emigrantes, porque dejan su tierra natal, donde

tienen otra lengua materna y otra mentalidad racial que la gente del continente.

Unos se van simplemente inducidos por las ansias de cambiar la

monotonía de la vida de la isla, por las distracciones que ofrecen las grandes

ciudades: Santiago y Valparaíso; otros guiados por las más justificadas

aspiraciones de mejorar su situación económica y sobre todo de ofrecer a sus

hijos la posibilidad de proseguir sus estudios después de haber cursado los

seis años de escuela primaria de la isla, y de llegar a ocupar puestos fiscales o

de instituciones de las Fuerzas Armadas” (Englert 1964: 97, 98).

 

PRESENTACIÓN DE LOS DATOS.

 

El migrante pascuense, dado su aislamiento geográfico y cultural, llega

al continente con una visión restringida, de cierta forma distorsionada, de lo

que constituye la estructura socioeconómica y cultural de las ciudades

continentales.

El pascuense ha entrado en contacto con este sistema mediante

diversos conductos, todos ellos parciales, los que no le permiten tener una

visión de conjunto de la estructura social que deberá enfrentar. Esto conduce a

que sus expectativas y metas a lograr estén distorsionadas, y sean a menudo

conflictivas y contradictorias con sus propios valores y costumbres.

Las causas que motivan las migraciones hacia el continente son

diversas, siendo las principales aquellas originadas por la falta de trabajo, la

falta de estudios secundarios o especializados, las escasas oportunidades que

tiene el pascuense, por estos déficit en su preparación como seres

productivos, de acceder a oficios, cargos, y ocupaciones en la isla, que son

cubiertos por continentales.


El pascuense de 1970 tenía escasas posibilidades

de proveerse de bienes de consumo, tanto de primera necesidad como

aquellos que le proporcionarían una calidad de vida distinta, que ellos creen en

el continente lograrán.

Tanto los funcionarios públicos continentales como los turistas y los

norteamericanos de la NASA, crean pautas de consumo que el isleño aspira a

lograr, y la migración surge como única alternativa.

El aislamiento geográfico, una alimentación escasa, monótona, una

retribución del producto artesanal no equitativa, la situación de marginalidad

respecto a los continentales en la isla y las expectativas de que en el “conti”

lograrán satisfacer las necesidades básicas requeridas, parecen ser la

atracción inicial para la migración.

Estos factores están insertos en el hecho de que en Isla de Pascua,

hasta 1970, los isleños sólo podían integrarse a la estructura socio-económica

de la isla en calidad de productores en un nivel de subsistencia; el continente

aparece como el ámbito para lograr niveles más complejos de integración.

 

Los principales canales de difusión de elementos socioculturales

continentales en Isla de Pascua, para el año 1970, eran:

 

a) LA ESCUELA.

Donde se entregan elementos culturales a niños que

provienen de hogares con un bagaje de valores, normas, pautas

de conducta, lenguaje y un pensamiento lógico diferentes en lo

básico a la cultura continental. En 1970 los educación en la

escuela primaria son profesores continentales, mayoritariamente

religiosas, y un reducido número de profesores pascuenses.

Estas personas provienen de hogares de un estrato medio y

medio bajo, y son los valores de este segmento de la sociedad

los que se trasmiten por medio de la educación formal.

 

b) LA RADIO

No tiene una orientación definida ni sus transmisiones

obedecen a una planificación u objetivo determinado. En escasas

horas de transmisión se difunde música bailable, típica chilena y

en general, una serie de elementos no seleccionados, que no

aportan un conocimiento de la realidad continental. Desde Marzo

de 1971, el Museo de la isla está a cargo de un Conservador,

Museólogo Sergio Rapu. Se abre la posibilidad de que éll

programe unas horas semanales de transmisión que tienda a

crear conciencia en los isleños y en los funcionarios

continentales, del valor que encierran los restos arqueológicos y

las medidas necesarias para su protección y conservación.

 

c) EL CINE

Durante un tiempo, funcionó un cine, manejado por

particulares, que exhibía películas escogidas en el continente de

acuerdo a la posibilidad de obtener ganancias. Este cine,

manejado por dos hermanos pascuenses, no tuvo mayor éxito,

dados que el lenguaje verbal y escrito, no eran accesibles para la

población isleña. La distancia también influyó, dados la

imposibilidad de contar con películas a tiempo para ofrecer

cambios en la programación; es así como una película era vista

una y otra vez por el mismo público. En 1984, Televisión Nacional

llega con transmisiones diferidas de su programación habitual,

excepto la publicidad.

 

d) LIBROS Y REVISTAS

Los primeros llegan por medio de la biblioteca pública, y las

revistas son obtenidas por diversos medios, como lo son los

envíos de familiares, préstamos de funcionarios continentales y

otras vías no formales. El material que llegaba hasta 1970 era

parcial (sólo El Mercurio, Revista Vea, y de fechas muy

atrasadas). Esta literatura no está adecuada ni a los intereses ni

a las posibilidades de manejo de idioma que los isleños tenían

como para una cabal comprensión.

Es notoria la escasez de material referido a la isla que presenta

la biblioteca pública.

 

e) CONTACTOS CON PASCUENSES RESIDENTES EN EL

CONTINENTE.

Los residentes en el continente mantienen comunicación

constante con sus familiares en la isla, por medio de “fonía“,

grabaciones, envíos y ocasionalmente cartas y viajes.

 

f) CONTACTOS CON TURISTAS NACIONALES Y

EXTRANJEROS

Los primeros escasísimos. Los extranjeros se alojan en

casas de pascuenses que tienen pequeñas residenciales.

 

g) CONTACTOS CON FUNCIONARIOS PÚBLICOS.

Por pertenecer estos funcionarios a un estrato socioeconómico

medio y medio bajo, van a la isla, en su casi totalidad,

motivados por la elevada remuneración que reciben en concepto

de asignación de zona. Estas entradas se ven aumentadas por la

venta de objetos arqueológicos, de los cuales la superficie de la

isla está cubierta. Es corriente que estos funcionarios realicen

“excavaciones” para incrementar sus colecciones privadas (Goñi

1971). De este contacto el pascuense obtiene una visión de la

estructura de la sociedad nacional no sólo parcial, sino

distorsionada y teñida de normas y conductas del estrato de

origen de los continentales residentes en Pascua.

 

MIGRACIONES INDIVIDUALES CON PROPÓSITO DEFINIDO

 

Esta categoría incluye a casi todos los movimientos poblacionales que

se caracterizan por estar sujetos a un plazo o meta a cumplir en el continente,

tras lo cual se produce el retorno.

Esta categoría abarca a los niños que han egresado de la educación

básica y viajan al continente a continuar estudios secundarios y superiores.

Viajan a través de la Junta de Auxilio Escolar y Becas, organismo que les

proporciona alimentación, vestuario, útiles escolares. Durante el año 1971

llegaron de esta forma 30 niños, los que ingresaron al 8ª año en liceos,

escuelas industriales, técnicas y normales. La acomodación de estos

migrantes se lleva a cabo después de estudios realizados por asistentes

sociales de cada caso. Se analiza la personalidad, ambiente familiar, grado de

adaptación del niño. Pueden ser acomodados en casas particulares, dentro o

fuera de Santiago. El rendimiento escolar, al cabo de un año de estudios en el

continente, es similar al de los niños continentales.

Existe una gran cantidad de pascuenses, que dice “venir a conocer la

patria…”, o “a ver este lugar de donde van todas las cosas nuevas a Pascua”.

Algunos de estos turistas se quedan y pasan a engrosar el contingente de

residentes.

 

Otro tipo de migrantes es el conformado por personas que viajan

periódicamente con un fin determinado: negocios, visitas a parientes; por

motivos de salud, de trámites burocráticos u otro similar que requiera una

estada corta durante la cual se cumple un objetivo y retornan a la isla.

Son estos migrantes los que mayoritariamente introducen los nuevos

elementos culturales, tanto materiales como ideo factuales. Actúan a modo de

“sintetizadores”, codificando la información y entregándola traducida a los

futuros migrantes o viajeros.

 

MIGRACIONES INDIVIDUALES O POR GRUPOS DE EDAD CON

PROPÓSITOS INSTITUCIONALES

En este grupo podemos incluir a los jóvenes que son traídos para

cumplir con el servicio militar obligatorio, que lo hacen a bordo de buques de

la Armada. Estos jóvenes, una vez que finalizan su período, no tienen recursos

para volver a la isla, salvo que sean embarcados en el buque que transporta la

carga a Pascua cada cierto tiempo.

Estos jóvenes suelen permanecer en casas de sus familiares

residentes, y un número importante de ellos permanece en las FF.AA.; el

uniforme se transforma en un medio de obtener prestigio dentro de su

comunidad.

 

DESARROLLO

Los migrantes pascuenses en el continente están situados en todos los

segmentos de la estructura socio-económica nacional: los hay en todos los

niveles de estudio, desde básica a universitarios, con énfasis en los técnicos;

en los distintos sectores laborales, desde empleados públicos y particulares,

comerciantes, artesanos y en el área artística (conjuntos de bailes y danzas

polinésicas). Creemos haber detectado, para 1971, por lo menos, una

resistencia a trabajar bajo las órdenes de un patrón, y no conocimos casos de

migrantes obreros. Siempre prefieren acudir al tallado, sin relación de

dependencia, salvo los que dicen relación con los lazos de parentesco, que

pueden asumir un carácter de subordinación en lo laboral.

 

Todos estos migrantes poseen características en común que los hace

constituir una etnia claramente diferenciada del resto de los habitantes de Chile

continental e insular.

Un marcado etnocentrismo caracteriza los elementos

culturales que son reforzados en el continente, y que actúan de modo tal que

cohesiona al grupo, independiente de su inserción en la estructura social

nacional.

Hemos planteado en otro trabajo (Goñi 1980: ms), que se dan ciertas

prácticas tradicionales, relativas a un uso del espacio geográfico, consumo de

alimentos, ceremonias y creencias, actividades lúdicas y religiosas entre los

residentes que actúan en modo de aglutinante en ciertas épocas del año; así

como lugares de reunión donde es posible contactarse con casi la totalidad de

los residentes; es así que los días que sale y llega el avión hacía y desde la

Isla, se pueden encontrar en el aeropuerto muchos pascuenses que reciben y

mandan paquetes, cartas, reciben noticias y recados de sus familiares y

mantienen una estrecha y fluida comunicación entre ellos.

Igual cosa sucede

en el puerto, cuando sale el buque que lleva la carga destinada a la Isla. La

mayor y más importante reunión de los residentes se realiza una vez al año, en

el mes de septiembre, cuando se congregan todos los pascuenses en el

Templo Votivo de Maipú, donde se encuentra el “Cristo de Rapa Nui”,

enteramente tallado en madera por medio del trabajo colectivo. En ocasiones

se reúnen hasta 2.000 pascuenses para esta ocasión (según estimación de

ellos).

Así como encontramos estas manifestaciones visibles de pautas

culturales compartidas y reforzadas por medio de ciertas prácticas, también

podemos plantear las diferencias, en ocasiones extremas, entre los migrantes,

las que dependen del estrato socio – económico al cual se han adscrito en el

momento de su llegada al continente.

Hemos clasificado tentativamente los distintos tipos de contacto e

inserción de los migrantes en la estructura socio – económica continental.

 

1. AMBIENTES FAMILIARES DENTRO DE LA COLONIA PASCUENSE

RESIDENTE.

Este contacto se efectúa cuando el migrante se integra a una familia de

residentes que han experimentado con anterioridad el proceso de

“aculturación” – entendido éste como la adquisición de pautas y normas

culturales que permiten la elaboración de ‘estrategias de subsistencia’ en el

nuevo ambiente socio – cultural – y que son trasmitidas al recién llegado.

 

Este tipo de contacto lo experimentan los jóvenes que vienen a estudiar,

a buscar trabajo, el que sale del servicio militar, el que viene a pasear. Todos

ellos, mientras no se integran a la estructura continental, mientras no

encuentran un trabajo o ubicación permanente, mientras no son capaces de

sobrevivir por medio de sus propias habilidades, permanecen en esta “tierra de

nadie” que significa su grupo, donde encuentra un ambiente familiar,

conocido, similar al de su Isla. Allí es acogido bajo ciertas condiciones. Se

puede observar en la actitud de los residentes más antiguos un cambio de

actitud respecto a sus familiares recién llegados.

En la Isla no se ponen trabas al ingreso en el grupo familiar de un nuevo

miembro. Los niños y adolescentes permanecen en casa de sus padres, o de

sus tíos y abuelos, indistintamente, y no se exige de ellos requisito alguno. En

el continente, obligados por las distintas relaciones económicas, condicionan la

aceptación del nuevo miembro a su aporte a la economía familiar. Se le exige

que adopte ciertas normas de conducta, que para el residente – con un grado

distinto de adaptación a la nueva estructura – son las valederas, y no las que

porta el recién llegado.

 

2. AMBIENTES CONTINENTALES SIN CONTACTO FRECUENTE CON LA

COMUNIDAD PASCUENSE.

En estos grupos incluimos a los niños que vienen a estudiar becados y

que son ubicados en lugares continentales, internados o instituciones

similares.

Estos niños, que se integran a un ambiente continental, sean los

hogares de los tutores que los acogen por buena voluntad, sean instituciones

educacionales, son orientados y reciben los valores, normas, tipos de

comportamiento del grupo receptor. Sus aspiraciones serán diferentes de las

de aquellos que se han integrado a hogares pascuenses, ya que se mueven n

distintos estratos sociales y económicos.

Se producen en estos migrantes, a medida que transcurre el tiempo,

dificultad para relacionarse con los miembros del grupo pascuense. Manejan

elementos culturales distintos. Su lengua será el español, su gente los

continentales, sus aspiraciones las que impone el grupo receptor. El producto,

generalmente, en un empleado o intelectual de “cuello y corbata”, que

comparte los valores de su nuevo ámbito, modelado por la sociedad de

consumo, que aspira a poseer variados bienes materiales y se siente realizado

en la medida que posee dinero, muchos artefactos, automóvil, casa propia y

“buen colegio” para sus hijos.

Generalmente está desvinculado de la realidad de la Isla, de su gente.

 

Generalmente les cuesta mantener contactó con el resto de los pascuenses, él

es el que se siente diferente, y por un lado desea pertenecer al grupo y por

otro ve que le es casi en la mejor relación que este último mantiene con el

grupo de residentes y la aceptación de parte de este grupo para con él.

 

No es raro que miembros de la colonia acudan a este tipo de migrante

como mediador en sus pleitos. En cierta forma podríamos decir que se

convierten en “brújula” que indica al resto el rumbo a seguir en el ambiente

continental, en cuanto a conductas, actitudes y respuestas apropiadas.

 

Por exigencias de espacio no nos extenderemos sobre actividades

realizadas en el seno del grupo pascuense en el continente. Referimos al lector

al trabajo ya citado (Goñi, Op. Cit. 1980),

 

DISCUSIÓN

 

Hemos intentado ordenar de algún modo el abundante material que

hemos podido reunir desde 1968 relacionado con la problemática de los

migrantes pascuenses.

 

En este artículo se intentó dar formas a datos acerca

de la incidencia que conlleva el factor ‘inserción en un estrato socio –

económico, o clase social’ del migrante en relación a un mayor o menor grado

de adaptación al sistema social continental.

 

Como hipótesis de trabajo nos hemos planteado que la sociedad

clasista a la que ha ingresado el migrante, conforma de distinta manera las

relaciones entre los hombres: los pascuenses entre sí y los pascuenses con

los continentales. De ahí que postulamos relaciones “horizontales” – por usar

un criterio prestado de la arqueología – entre migrantes y continentales, que

serían las que se dan en un mismo segmento socio – económico, con

préstamo cultural y adopción de nuevas pautas por el pascuense.

 

Se dan relaciones “verticales” cuando los migrantes están estratificados

socialmente, y tanto el liderazgo, como la dinámica de los cambios, están

perfilados por los sujetos adscritos a los estratos socio – económicos más

altos, que serían determinantes de roles y status.

Ya no rigen, entre los

migrantes, las categorías tradicionales en cuanto a prestigio y autoridad

basados en lazos de parentescos, propios de la polinesia.

La funcionalidad de

las instituciones, tales como la familia, la religión, la división del trabajo,

cambian al dejar el ámbito isleño; los roles tradicionales de cada sexo, de cada

pariente, de los grupos de pares, de los productores, los derechos y

obligaciones son todos aspectos culturales que se ven alterados en el

continente.

 

No podemos olvidar, para una cabal comprensión de estos hechos, que

estamos tratando con un grupo de personas tan pequeño, para efectos de los

estudios, que sumando los 1.800 nativos que viven en la Isla, más una

cantidad aproximada de 500 residentes en el continente y otro tanto disperso

en las Islas de la Polinesia Oriental, arrojan cifras que apenas se asoman a las

3.000 personas, en una estimación bastante optimista.

La validez de las

investigaciones llevadas a cabo entre ellos está sujeta a permanente revisión,

dada la acelerada dinámica del cambio que se produce en Pascua, y por ende,

en los pascuenses que viajan al continente, y que permanecen en él por un

tiempo más o menos prolongado.

 

Un aspecto importante en este sentido lo constituye el hecho del cambio

de actitud que el continental ha experimentado en relación al pascuense y a

Isla de Pascua. La última década ha traído una ‘puesta en valor’ de lo

polinésico: el turismo, la extensión cultural, los medios de comunicación

audiovisuales, las investigaciones científicas, la apertura de la ruta aérea hacía

el oriente vía islas del pacífico, entre otros factores, a más del manifiesto

interés tanto de turistas como científicos extranjeros por la Isla, ha llevado a un

conocimiento de este grupo a nivel masivo. Y los pascuenses, obligados,

habituados y dependientes de elegir las estrategias de subsistencia más

eficaces en cada momento histórico, han comprendido que esta ‘plusvalía’, que

hoy significa ser nativo de la Isla de Pascua, y por lo tanto los únicos, al

mismo tiempo les reditúa una ganancia en el aspecto económico. Es así como

acentúan su carácter polinésico; vuelven a la Isla después de años de intenso

trabajo en el ‘conti’, y que se insertan en la infraestructura relacionada con el

turismo, principal y diría, única fuente de trabajo bien remunerado.

No es extraño que hoy, en 1983, Isla de Pascua cuente con:

 

HABITANTES

Nativos Continentales Total

1.866 634 2.500

 

INFRAESTRUCTURA TURÍSTICA

Hoteles Residenciales Discotheques Agencia de Viajes

 

2 20 2 6

 

 

Es de imaginar el impacto de la actividad turística en este pequeño

territorio aislado, y su repercusión en la motivación del migrante en el

continente para regresar.

 

Hanga Roa está tomando características de ciudad turística:

 

Para esta población de 2500 personas, más una población flotante alta, hay, además de

la infraestructura hotelera,

350 viviendas particulares.

 

Escuela,

 

Museo,

 

Iglesia Católica

 

Administración Comunal,

 

Gobernación,

 

Aeropuerto,

 

Puerto (proyectado para 1989)

 

 

,

Locales comerciales que surten toda clase de mercaderías,

 

 

7 supermercados,

 

un Complejo Deportivo con canchas de tenis, (3), de fútbol,

 

Gimnasio,

 

Este equipamiento hace que las condiciones objetivas para el retorno sean las más

favorables que los migrantes han tenido jamás.

 

CONCLUSIONES.

 

De nuestra observación participante en la colonia pascuense , nos ha sido posible distinguir

en los migrantes residentes en el continente, que constituyeron

nuestra muestra:

 

a) Cambios en la estructura familiar, especialmente en los roles

desempeñados por la mujer y las relaciones padre-hijo. La diferencia el rol

femenino creemos que ha variado fundamentalmente debido al nuevo tipo de

economía que adopta la familia en el continente.

 

La mujer tiene un papel activo

dentro de la economía del grupo, es económicamente útil. La mujer

pascuense en el continente puede decidir y actuar en igualdad de condiciones

que el varón. Se observa en la mayoría de las familias, cuando practican la

artesanía, que es el hombre el que talla las figuras y ella se dedica a

venderlas, ya sea en puestos ambulantes, ferias o locales comerciales.

 

Mientras permanece en estos sitios, se ocupa en fabricar adornos de conchas

que ha recibido de sus familiares de la isla ( al parecer este es un trabajo eminentemente femenino)

Podemos decir que la mujer goza

de independencia respecto de su marido, y siempre está respaldada por su

grupo familiar, al que acude libremente cuando se producen desavenencias

conyugales.

 

También recibe mucha consideración de parte del marido,

reconociéndosele su participación efectiva en la dirección y economía del

grupo familiar.

 

La relación padres-hijos nos parece radicalmente opuesta a la

observada en la isla. Acá hay mayor restricción por parte de los padres; las

niñas tienen muy poca libertad para realizar actividades sociales con gente

de su edad y fuera de su grupo; deben cumplir horarios estrictos y se les exige

un alto rendimiento escolar.

 

En general el adolescente debe trabajar junto a sus padres

cuando no está estudiando, y los días festivos los pasan en

compañía de sus padres, realizando diversos paseos o

reuniones dentro de la colonia residente.

 

Parece ser una constante que el pascuense siempre realiza sus actividades

sociales, deportivas, religiosas, políticas y económicas, como

grupo.

 

Residen en barrios cercanos, tienen “playas para

pascuenses” (seleccionadas por ellos mismos, buscando una

geografía similar al de la isla).

 

b) Otro aspecto que pensamos debe ser causa de conflicto en el

migrante, sobre todo entre los niños y jóvenes, es la actividad sexual.

 

Al decir de nuestros informantes y por los datos extraídos de diversos autores, la

actividad y primeras experiencias sexuales comienzan a temprana edad en la

isla.

Un migrante nos decía que “a los once años de edad, un muchachito ya

ha tenido relaciones sexuales con todas sus primas”, a manera de juego, sin

que los adultos lo consideren impropio. Este migrante llegó de once años al

continente en el año 1960, por lo que no sabemos si lo dicho anteriormente

tiene la misma vigencia hoy día. De todas maneras, es un aspecto que varía en la vida del migrante en el continente.

 

Estos aspectos que inciden en la adaptación, son contrarrestados por

las conductas reforzadoras de su etnocentrismo: comidas, danza y música,

lenguaje, juegos, paseos y trabajo en grupo, dan a los distintos individuos un

ámbito familiar.

 

En la ciudad de Quilpué existía hasta hace unos años, un número de

migrantes agrupados en torno a don Pedro Atan, ex-Alcalde de la isla, líder

en el continente por su edad, prestigio y relaciones de parentesco.

 

Don Pedro fue el más reputado tallador isleño de figuras de madera, y,

como lo comprobó Heyerdahl (1956), conocía la clave del arte de esculpir

estatuas y erigirlas en sus plataformas.

 

En casa de él, llamada “la Universidad” por los pascuenses, dado que el

maestro adiestra a varios jóvenes en el oficio de tallar (copiando los diseños

del libro con excelentes fotografías de Stephen Chauvet), se reúnen con frecuencia

migrantes que vienen de otras ciudades en períodos de vacaciones.

Es un

grupo de aproximadamente 8 personas, dirigidos por el anciano, el que les

enseña desde el tratamiento de la madera recién cortada, hasta el producto

final. Los productos son de alta calidad, así como los precios. Venden las

figuras en grandes tiendas de Santiago, a los turistas que llegan al puerto, y

realizan trabajos que les son encargados incluso desde el exterior.

Don

Pedro falleció años atrás, y su ausencia se refleja en la calidad de las tallas

actuales.

 

Para que los padres trabajen con más tranquilidad, generalmente los

miembros más ancianos de la colonia, abuelos y tíos, son los encargados de

acoger en sus hogares a los menores, quienes a su vez los ayudan en sus

quehaceres.

 

Existe entre los pascuenses una división natural el trabajo: ésta asume

el carácter de división sexual, hay productos tales como los adornos de

conchas que son elaborados solamente por mujeres, de cualquier edad; las

tallas en madera o piedra volcánica la realizan los hombres, generalmente

muchachos, y los mayores los comercializan en locales o puestos

artesanales.

 

Para 1970 detectamos que prácticamente no existía compraventa entre

los pascuenses residentes. Los objetos que unos elaboraban eran

entregados a otros para su comercialización. No había en este proceso afán

de lucro, y el sobreprecio obtenido llegaba finalmente al productor.

 

El pascuense siempre talla. Sea cual sea su condición socioeconómica,

el varón siempre está tallando, con mayor o menor dedicación, según sea la

necesidad. La artesanía es su defensa ante el permanente temor a la

cesantía, no del todo injustificado, dados su escasa o nula preparación, o

especialización y su deficiente manejo del idioma español.

 

La no-continuidad de la práctica de la artesanía, se evidencia en la baja

calidad de los productos, a diferencia de los especialistas de tiempo

completo, perfectamente identificables. De una veintena de varones

pascuenses, se dieron dos casos que no saben tallar. Ambos llegaron

siendo niños e ingresaron al seno de familias continentales de clase media.

 

Hoy en día, muerto el patriarca de Quilpué, que es sucedido por un

sobrino ( Joaquín Rapu) quien basa su liderazgo en su posición económica muy buena,

además de su edad, el panorama parece perfilarse distinto.

 

En la artesanía se han introducido cambios, a veces aberrantes,

después de la muerte de don Pedro Atán.

Los motivos cambian, la técnica

decae, y las mezclas con elementos estilísticos no polinésicos, son notorios

(en Villarrica se destaca un grupo de talladores que unen formas mapuches

con motivos pascuenses. Fueron llevados años atrás a la zona por un

aficionado a la artesanía, que comercializa estos productos híbridos).

 

Los matrimonios mixtos son muchos más frecuentes; los hijos se hacen

cargo de los negocios, mientras los padres regresan a Pascua a explotar el

rubro comercio y turismo.

 

El contacto es muy fluido entre la isla y el continente; la población

flotante de pascuenses en el continente es elevada, y ya no le es problema,

a la mayoría, venir una vez al mes de visita o por necesidades de salud o

institucionales.

La autoafirmación de su identidad étnica, en correspondencia con la discriminación positiva del continental, es beneficiosa en lo

económico para los pascuenses de la Isla y el continente, lo que pasa a

constituir un factor moderador de los conflictos de los emigrantes.

 

Es cuando el contacto se da fuera de su grupo cuando estos conflictos

afloran.

 

Los pascuenses están en evidente desventaja respecto a los

continentales en las actividades que no estén relacionadas con comercio de

artesanía, espectáculos de danzas y música o turismo.

 

Aunque existen profesionales y estudiantes avanzados, y técnicos,

siempre son escasos. En estas actividades el ser pascuense no les reporta

beneficio alguno, sino muy por el contrario.

 

A menudo el lenguaje es barrera infranqueable para estudiantes universitarios que

migraron adolescentes. Igual fenómeno se produce cuando un niño regresa

a la isla con sus padres migrantes. La adaptación es difícil, y tarda un año

en adquirir un lenguaje que le permita darse a entender más o menos

fluidamente.

 

Pareciera ser que la mayor fluidez en el contacto isla-continente hace

menos necesaria la existencia de líderes formales, que antes representaban

a los pascuenses ante las autoridades nacionales y regionales. Estos

líderes eran elegidos, normalmente, de entre los residentes en la capital.

 

Un aspecto a analizar y que queremos dejar planteado en este trabajo, es el

relacionado con los lazos de parentesco y las prohibiciones de unión

conyugal entre ciertos parientes en Isla de Pascua, y por ende entre los

migrantes.

 

Aunque entre ellos todos se designan y designan a los demás con

el apelativo de “primo – prima” y “sobrino – sobrina”, de hecho existen dos

grupos de familias que practicaban la exogamia entre sus miembros.

Dado el escaso tamaño de la población, se está produciendo

actualmente, a una velocidad uniformemente acelerada, un proceso en el

seno de las relaciones de parentesco: las familias pascuenses, de las cuáles

66 personas son polinésicos puros (Sergio Rapu, com.pers., 1983) están

divididas en dos grupos o mitades exogámicas. Un estudio en curso me

permite adelantar que es ésta la última generación de pascuenses que puede

contraer lazos de matrimonio entre isleños. Los cruces entre las familias

están agotados, y obligatoriamente todos los niños de hoy , tendrán que

vincularse a extra –isleños, ya que “deben guardarse respeto” todos, dado

que son parientes consanguíneos y están bajo el tabú que regula las

uniones. Y podemos asegurar, que se respetan muy rígidamente los tabúes.

 

Hay al menos un ejemplo de unión entre consanguíneos muy cercanos que

engendraron hijos seriamente impedidos y que representan la encarnación de la

prohibición y sus efectos.

 

Isla de Pascua es un “laboratorio antropológico”. No el sentido de

contar con un lugar donde experimentar, sino uno donde nos es posible

observar, registrar, medir, comparar, distintos procesos factibles de ser

estudiados. Podemos medir las innumerables variables que inciden en los

hechos sociales.

 

La rapidez del cambio y el impacto de los factores exógenos, se traduce

a veces en un vertiginoso suceder de procesos que inciden directamente en

las vidas de la población.

La etnia de hoy es eminentemente mestiza, Cada barco, cada misión

científica, cada colono, base militar, funcionarios públicos, turistas, y algún

relegado, dejaron sus genes coloridos como testimonio de su paso.

 

Este es un hecho irrebatible, y también lo es el que los pascuenses, así

de mestizados, han mantenido una uniformidad cultural que trasciende esa

mezcla, y se expresa en conductas específicas que definen su etnicidad:

lenguaje -que contaminado, como todos los del mundo- se mantiene

polinésico en gramática y sintaxis; sus hábitos alimenticios, sus juegos,

arte, modo de subsistencia, creencias, tradiciones, relaciones parentales, y

grupales, refuerzan la identidad étnica de este grupo.

Los pascuenses se reconocen entre sí y se saben distintos de los

continentales, aunque tengamos una nacionalidad común.

 

RESUMEN:

 

Nuestro objetivo ha sido el mostrar una realidad que no ha sido

estudiada aún; en su complejidad esta realidad exige un conocimiento del

ámbito oceánico tanto como el nuestro continental, occidental, andino y

latinoamericano. Es difícil encontrar otro caso similar, en América, donde

estas características se aúnen.

 

Tenemos que volvernos al Pacífico y buscar allá situaciones similares:

nativos en Nueva Zelandia; conflicto indio-melanésio-británico en las islas Fidji;

polinésico – francés en la Islas de la sociedad; conflictos polinésicos –

norteamericano en Hawai. Cada una de estas situaciones tiene como

protagonistas a grupos oceánicos y los que un día fueron sus colonizadores.

 

Nuestra historia al respecto está lejos de ser análoga, pero las diferencias

entre los pascuenses y los chilenos son casi tan variadas como los ejemplos

mencionados.

 

Esperamos que las variadas líneas de investigación que se puede

derivar de este trabajo, sean puestas al servicio del pueblo pascuense y de su

identidad como tal.

 

NOTAS

(1) Estas jornadas organizadas por la Universidad Católica de

Valparaíso no se realizaron, por lo tanto este trabajo sólo

circuló restringidamente.

 

(2) Se construyó una casa en Mataveri, y se había casado con

la reina de la isla, llamada Koreto, de la que había tenido

dos hijas, Carolina y Enriqueta. En derredor de su casa, se

alzaban treinta chozas que servían de albergue a los

indígenas por él empleados en el cultivo de la caña de

azúcar y la vid.

 

(3) ‘Te Pito Te Henúa’ (Smithsonian Institution Annual Report

for 1889, pp. 447 – 553 – Washington 1899).

 

(4) The Norvegian Archaelogical Expedition Eastern Island and

the East pacific, vol. 1, 1965.

 

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VERGARA, V. (1939) “La Isla de Pascua. Dominación y

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Un comentario en “EL MIGRANTE PASCUENSE EN EL CONTINENTE: 1968 – 1970

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