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Cerca de 200 suboficiales de la Armada, forman parte de un episodio de la historia pre y post golpe militar que tuvo por escenario Valparaíso, otros puertos chilenos, unidades navales y hasta la escuadra, y que aún muchos ciudadanos ignoran. Se trata de los denominados “Marinos Constitucionalistas”, que intentaron contrarrestar el golpe militar semanas antes del 11 de septiembre, pero fueron detenidos y reprimidos por sus propios compañeros de armas. El porteño Ricardo Tobar es uno de ellos. Por Claudia Carreño.

Ricardo Tobar Toledo, tiene 63 años, dos hijos y está separado, se desempeña como electrónico automotriz. Sin embargo, arrastra una historia que hasta ahora, pocos chilenos conocen a ciencia cierta: fue testigo, protagonista y víctima de los hechos que se desencadenaron antes y después del golpe militar.

En esa época, era cabo segundo de la Escuela de Armamentos de la Armada en las Salinas y por los acontecimientos, se transformó en uno de los denominados “Marinos Constitucionalistas”, que se rebelaron contra los inminentes preparativos del golpe militar. Como resultado, no sólo fueron víctimas de torturas de sus propios compañeros de armas, sino también de juicios militares, exoneraciones y exilio, algunos. Acusados de sedición, amotinamiento y traición. El caso cubierto para muchos de un hálito de confusión y datos cruzados, resucitó luego que la Corte Suprema determinara reabrir la causa que había cerrado definitivamente la Corte de Apelaciones porteña y obliga a realizar nuevas diligencias.

El investigador Jorge Magasich realizó una acuciosa investigación de aquellos meses y la confusa historia que aún permanece ignorada u olvidada para muchos, en su libro: “Los que dijeron que no”, Ricardo Tobar Toledo fue una de sus fuentes de investigación.

¿Cómo ingresa usted a la Armada?

Yo vengo de una familia muy esforzada, mi máximo anhelo era ser uniformado, además yo aspiraba en grande, quería ser Oficial de Mar, es decir pasar a la oficialidad, que no es fácil dada la estructura de la Armada, esa vía se puede hacer por tener una conducta intachable, méritos académicos y humanos. Incluso yo quería ser Capitán de Navío! Era mi sueño…tenía conducta intachable, buenas notas, si hasta pensaba ir a Inglaterra a estudiar!.

¿Cómo se gesta el convertirse en “marinos rebeldes” ?

Nosotros éramos de distintas reparticiones, estoy hablando antes de 1973, y veíamos movimientos raros, conversaciones de altos oficiales a puertas cerradas, empezamos a sentir que algo pasaba. Los “ordenanzas”, por ejemplo, que debían esperar a su oficial respectivo afuera de las reuniones, escuchaban cosas, datos. Así fuimos armando un poco el puzzle y entendimos que se estaba gestando un golpe al Gobierno de Allende. En otras bases como en Talcahuano, donde estaba la Escuadra, los suboficiales también detectaron cosas raras, y como muchos nos conocíamos, pues muchos teníamos pensamiento político afín, fuimos juntándonos para ver de qué manera podíamos contrarrestar lo que se venía, que iba a ser muy duro.

¿Cómo intentan denunciar lo que sabían?

Nos juntamos varias veces a escondidas con mucho cuidado y recelo para que no se filtrara, había que tener cuidado de no avisarle a gente que no era de nuestra confianza, pero como no podíamos llegar directamente al Presidente Allende, intentamos buscar a personeros políticos de la época para que le transmitieran el mensaje. Así contactamos nosotros a Oscar Garretón, a Miguel Henríquez, a Carlos Altamirano, para que le llevaran nuestro mensaje al Presidente que se venía el golpe…y que nosotros le íbamos a ser leal a él, no a los oficiales que organizaban el golpe.

Ustedes fueron acusados en su momento que estaban infiltrados por el MIR y el MAPU en la Armada y que estaban armando un motín….una sublevación.

¡No fue así!!! Nosotros los contactamos a ellos, porque no sabíamos a quién recurrir, nosotros éramos marinos que querían advertirle al Presidente lo que venía, que había una conspiración…muy bien organizada. De hecho, existe una carta que se le envió al Presidente, escrita al interior de la cárcel por mis compañeros que habían sido detenidos en el mes de agosto.

¿Pero ustedes eran activistas de estas organizaciones?

Yo no, y muchos de mis compañeros tampoco, algunos tenían ideas afines con el pensamiento de izquierda, pero nada más, nunca hubo un plan conjunto ni nada. Sólo queríamos anteponernos a los hechos que se venían.

¿Y ese mensaje llegó al Presidente Allende?

Sí claro, le mandamos varios, pero algunos de esos mensajes fueron filtrados por el entonces Jefe de Personal de la Armada, el Almirante Merino, quien señaló que nosotros nos estábamos sublevando….el Presidente Allende respaldó a los oficiales y entonces da la orden de detención…. Más de 60 marinos fueron detenidos….por sublevación, compañeros míos y conocidos. A quienes fui a ver a la cárcel, mis compañeros detenidos me decían “no vuelva, compañero”, para protegernos.

¿Y usted? ¿qué pasa con usted?

Yo por esos días ya había pedido mi renuncia a la Armada y me había conseguido una licencia médica cuando se desencadena el golpe militar, debía reportarme a mi unidad el 15 de septiembre, pero no volví. Me quedé en Quintero, en la casa de otro compañero de armas. Allí me fueron a buscar y me detuvieron, nos allanó un grupo de la Aviación de Quintero, nos vendan y nos atan y nos suben a un camión lleno de otros prisioneros, unos arriba de otros como animales.

¿A dónde lo llevan?

Primero nos llevaron a la base de la Fach en Quintero y nos someten a fuertes interrogatorios, a algunos los hieren con bayonetas, luego me trasladan a mi unidad: la Escuela de Armamentos de Las Salinas, ahí permanecí 3 ó 4 días, porque hay cosas que no recuerdo bien, siendo sometido a fuertes torturas….golpes, culatazos.

¿Por sus propios compañeros de armas?

Así es, nos hirieron con “yataganes” que es una suerte de sable o bayoneta. Fue muy duro y por mis propios compañeros, incluso me engancharon desde la espalda con estos cuchillos y yo comencé a desangrarme, me acosté contra el suelo para tapar el sangramiento, al final me cosieron las heridas sin anestesia, ni nada. Días después, nos taparon la vista, pero de todas maneras escuchaba sus voces que me eran muy familiares, porque eras mis propios compañeros que debieron obedecer órdenes. Luego me trasladaron al Cuartel Silva Palma en Valparaíso, donde estuve un par de meses sometido a tortura física y sicológica, hasta que se me somete a un Consejo de Guerra. Luego de varios meses en la cárcel, y otros más en Colliguay, para definitivamente volver a la cárcel y ahí esperar mi condena impuesta.

¿Cuáles fueron los cargos en su contra?

El mío en particular, fue “Deserción calificada en tiempos de guerra”, pero a otros fue sedición. Fui condenado en Consejo de Guerra en primera instancia a 5 años y luego fue cambiado a tres años y un día, pena que cumplí completa, y por ser más de tres años, me quitaron todo, incluso mis derechos ciudadanos (como el derecho a voto). Me expulsaron de la Armada y del país. Me costó muchísimo encontrar trabajo y aún luchamos porque la Armada y el Estado, nos reconozca como parte de los marinos que nos apegamos a la Constitución y la Ley.

¿Qué significa para usted el dictamen de la Corte Suprema de hace un par de semanas, que ordena reabrir el caso, que había sido sobreseído definitivamente por la Corte de Apelaciones de Valparaíso?

Para nosotros significa mucho, muchísimo, porque queremos que se haga justicia, que nos repongan nuestra dignidad como hombres y como marinos, consideremos que de los 88 marinos procesados por esta causa, seis ya han muerto esperando justicia.

¿Y qué esperan de la Armada?

Que nos reconozca que luchamos por atenernos a la Constitución en aquella época, por ser leales al Gobierno, a la legalidad, que les repare a los degradados sus beneficios como militares. Que seamos reconocidos por el lugar que tuvimos en la historia de este país.

¿Se han reunido con los últimos Comandantes en Jefe?

Sí claro, estuvimos con el Almirante Codina y ahora con el Almirante Edmundo González, pero nos hemos quedado en puras conversaciones, no se concreta nada, de hecho no estamos dispuestos a que nos incluyan en un “acto de reparación” por decirlo de alguna manera, a cambio que nosotros retiremos las querellas, como se nos ha expresado implícitamente.

¿Qué esperan finalmente?

Simplemente que haya justicia y reconocimiento y si no es la justicia chilena, llegaremos a la Corte Interamericana de Derechos Humanos si es necesario. Reitero: creemos que el dictamen de la Corte Suprema está marcando un precedente histórico, porque nuestro caso, antes de septiembre de 1973, fue ampliamente difundido, como lo será esta acción legal que falló en nuestro favor la Corte Suprema.

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