Cuando vuelve septiembre

Por Antonia García Castro

Septiembre, inevitablemente, invita a recordar. Es una manera de decir. Para recordar, en rigor, primero hay que haber estado, vivido, participado. Si no estuvimos, ¿Podemos recordar? Algunos dirán que sí, otros que no. Me inclino por el no pero con matices.

Pongamos un ejemplo: yo no recuerdo el 4 de septiembre de 1970, no estuve. Por razones literalmente biográficas no me era posible presenciar la victoria de Salvador Allende, la victoria de la Unidad Popular. Sin embargo, puedo evocar ese pasado, hacerlo presente aún en ausencia de recuerdos personales. Primero porque conozco a otros que sí recuerdan: gente que estuvo, que fue parte. Segundo porque más allá de estos recuerdos, hoy disponemos de gran cantidad de documentos a partir de los cuales es posible “volver al pasado”, en el sentido de interrogar, de dialogar, de comprender, de conocer.

Es cierto que recordar y conocer no es lo mismo. Pero no se oponen. Se complementan. El conocimiento autoriza un vínculo específico con el pasado para todos aquellos que carecemos de recuerdos propios. No estuvimos. Sin embargo, somos parte de una historia que nos precede y nos contempla. Por eso debemos conocer. ¿Quién podría sentirse ajeno a ese pasado que conmemoramos –como pueblo– cada mes de septiembre?

Que la palabra haya quedado en la papelera de la Historia no es razón para abandonarla del todo a su suerte. Pueblo. Me resisto a la nota al pie. A entrar en la cuestión de saber si la palabra sigue teniendo validez o si alguna vez la tuvo. Lo bueno de la palabra pueblo es que la entienden los que la tienen que entender. Pero es cierto que ha caído en desuso, junto con otras palabras que cayeron en desuso. Hasta se podría pensar en un glosario de expresiones que tuvieron sentido durante el siglo XX y que a duras penas han llegado a éste. Pueblo. Compañero. Lealtad. Lucha. Justicia. Solidaridad. Igualdad. Compromiso. (Hay otras). Quizás hayan muerto junto con hombres y cosas. Está claro, en todo caso, que las palabras no tienen vida propia. Precisan una boca que las diga. Una mano que las escriba. Un cuerpo, en todo caso, que las presente. De muchos combates, y de muchas renuncias, está hecho este abandono de las palabras y su remplazo por otras.

Pero volvamos a septiembre. A la posibilidad que tenemos de evocar colectivamente el pasado más allá de itinerarios personales. “¿Cuál de todos?” preguntó, una vez, un escritor nacido en tierras lejanas, poco antes de suicidarse. ¿El pasado? ¿Cuál de todos? La disyuntiva era para él un antes de la segunda guerra mundial o un antes de la primera. En Chile, tenemos nuestras propias disyuntivas cuando nos preguntan por el ayer.

Si de septiembre se trata, ayer puede ser “el 11” y todo aquello que se sitúa entre el 11 y nuestro hoy. Una cronología larga. Interminable. Un pasado, como dijera el historiador Henry Rousso, que no termina de pasar. Pero también puede ser “el 4”. Y todo lo que implicaba el 4. Y lo ocurrido entre el 4 y el 11. Un pasado, en este caso, al que hemos dejado de volver de manera colectiva y que sólo en parte está implícito en las diversas actividades conmemorativas que se llevan a cabo cuando vuelve septiembre.

No es uno de los efectos menores de la dictadura de la junta militar haber generado tanto daño, tantas pérdidas, tanto dolor, que hemos vivido y en algunos casos, nacido, crecido, envejecido, con la atención puesta en el espanto. En el momento del crimen, del “hachazo invisible y homicida”. Ciertos días, pareciera que ese ayer se hubiera robado todos nuestros ayeres y dan ganas de salir a la calle a preguntar por ellos. Por un pasado anterior. Rebobinar la película. Llegar al 11 y pasar de largo. Recorrer los mil días. Volver a considerar, no recordar pero sí entender, lo que ahí estuvo en juego. Llegar al 4 y –aún ahí– seguir de largo, preguntar por hechos y personas. ¿Quiénes hicieron la Unidad Popular? ¿Quiénes la promovieron y acompañaron? Más allá de los rostros visibles, conocidos, ¿cómo eran esos hombres y mujeres? Respecto a los materiales de los que hoy disponemos para examinar nuestros pasados hay grandes obras –como pueden ser las películas de Patricio Guzmán– que permiten responder, por lo menos en parte, a esas preguntas. También disponemos cada vez más de lugares, de espacios específicamente dedicados a la evocación, en los que se conjuga de muy diversas maneras lo que implica recordar y conocer. Son espacios dinámicos, abiertos, que están todavía haciéndose, donde se sigue buscando el modo, discutiendo, cuestionando estos asuntos del presente y del pasado. Porque van juntos. Indisociablemente van juntos. E incluso, como dijo uno: “la memoria es siempre la memoria de alguien que tiene proyectos”. Así es. Así parece ser.

Cada vez que vuelve septiembre, me acuerdo de Olivia Saso. Olivia Saso murió en el mes de julio de este año. Murió sin haber encontrado a su hija desaparecida, Cecilia Labrín, militante del MIR, detenida el 12 de agosto de 1974. A mediado de los años 90, tuve la ocasión de entrevistarme con ella y durante algunas horas –que sí están en mi memoria y a las que puedo volver sin necesidad de prender ningún grabador– esa madre estuvo hablándome de su hija. Repito: hablando de su hija. O sea: no de la muerte posible, probable de Cecilia sino de su vida. De Cecilia niña, adolescente. De Cecilia hija, estudiante, profesional. De Cecilia militante también. Respecto a esto último, Olivia Saso señaló que era una dimensión que había descubierto tardíamente y gran parte de su búsqueda pasaba por la posibilidad de encontrarse con antiguos compañeros de su hija para que éstos pudieran narrarle cómo había sido Cecilia en esa parte de su vida de la que ella, su madre, no había sido testigo: la militancia. A su modo, y a sus años, Doña Olivia Saso no sólo quería recordar, también quería conocer. Y en ese conocer estaba la posibilidad de un ínfimo reencuentro.

Por eso, en este mes de septiembre imagino una movilización distinta. Una liturgia de otro tipo. Imagino que todos aquellos que rinden en estos días homenaje a sus seres queridos, amigos, familiares, compañeros, pudieran concurrir a los lugares a los que se suele concurrir –quiero creer que no siempre serán los cementerios– con un algo en la mano. ¿Cuál era el libro preferido de Juan? ¿La película preferida de Cecilia? ¿Qué música escuchaba Vicente? Algo que se pudiera compartir. Algo que nos hablara de otra manera de las vidas que fueron vividas.

Es que cuando vuelve septiembre, lo que más duele es la vida. Es saber que detrás de esas muertes hubo mucha vida. Y hubo más. Hubo una forma de vida… Hubo una forma de vida… Eso es también lo que en estos días –y en otros días– no deberíamos olvidar.

Viernes 7 de septiembre 2012

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Comentarios

9 Comentarios en “Cuando vuelve septiembre”

  1. Michael Madison dice:

    Hubo mucha vida, Antonia. Claro que sí. Y también un proyecto de país socialmente justo y políticamente soberano. Esto es lo que nos robaron. Cuando lo olvidemos, los enemigos de la vida nos habrán derrotado definitivamente.

  2. Santiago dice:

    …escuchar este Bello artículo es, leer al mismo tiempo “Elegía” de Joan Manuel Serrat(y otros) y un continentes de Ramones Sijé y…de Desaparecidos aún presentes, que nos contemplan. ☺

  3. Jorge Araneda dice:

    Excelente artículo. Bastante explícito y aunque no recuerdes “ese pasado”, tienes una tremenda historia familiar que te acompaña, te asesora, te nutre y te insta a reactivar las conciencias de quienes todavía no se atreven a pronunciarse sobre el dolor que septiembre significa en millones de chilenos.
    Lo unico que no comparto es cuando dices “Lo que mas duele es la vida”. La existencia humana lleva implicito el dolor y la alegria. Lo que nos duele son los recuerdos de lo que no pudimos lograr, de los sueños inalcanzables y el designio que se implementó desde la Casa Blanca sobre el gobierno y la existencia de nuestro presidente martir.
    Saludos desde California

  4. Estuario Lazo dice:

    Reencontrarse con septiembre es necesariamente mirar atrás, por lo tanto esa marca indeleble que significo aquel “septiembre” en el alma no se puede borrar. Recuerdo claramente lo sucedido desde mi infancia y mi inocencia de niño, para luego, muchos años después, descubrir un mundo de maldad y dolor… del cual sin querer fui cómplice ya que no hice nada por ayudar a los que sufrían… aunque era ignorante de la maldad… esa pena la llevo y la llevaré por siempre en mi corazón.

  5. Lobosolitario dice:

    Los que no nacían aún, los que lo hicieron durante el gobierno de la concertación. Muchas personas se extrañan de los sentimientos que les convoca la memoración de aquella época. Sentir algo que no vivieron.
    Muchos sienten y reaccionan ante algo que no vivieron, pero que ven cada día.
    La solidaridad que empieza a regerminar en el sentimiento colectivo.
    Pero la injusticia de vivir en un país segregado, desigual, sin equidad.
    Según el modelo, hay chilenos de varias categorías como en un sistema de castas.
    Y así son repartidos por las ciudades de Chile. Los sudafricanos actuales, se sonrojan ante la realidad chilena.
    Injusticia por doquier, cuando el ejecutivo manipula al poder judicial, las cárceles se repletan.
    El abuso en toda las relaciones humanas, y en contra de la naturaleza en su explotación. El abuso sexual de mujeres y niños. Todo eso se ve, no pasa desapercibido, como muchas veces pareciera. Pero la intensidad en la reacción de nuestros sentimiento, la llevamos en nuestro ADN, en las vivencias que nuestros antepasados, hasta nuestros padres han vivido.
    La historia la falsean, pero nuestros sentimiento y percepciones, no pueden. Hay una frase muy ingeniosa de nuestro pueblo, que es: “Tener cachativa”, tener cachativa pa’rriba y tener cachativa pa’bajo. Y que es eso? Si no las percepciones heredadas?
    Pido disculpas por estar dándomelas de C.C Ljung. Pero es que la hermosa página de la columnista me arrastró por ese sendero…..

  6. Mónica Miller dice:

    Cuando se vive con una profunda sensibilidad social, los datos biográficos personales no impiden recordar-presentificar las atrocidades cometidas a lo largo de la historia, sin dejar de estremecerse por eso.
    En la inmensa trama de vidas actuales y pasadas hay personas como usted, que con su obra contribuyen a mantener viva la memoria colectiva, tomando la antorcha olímpica de los recuerdos para no dejar que se apaguen las individualidades que hicieron la historia.
    Sea su voz la materia viva de esas existencias que no serán olvido.

  7. Victor Celis dice:

    linda columna….
    Cecilia Labrìn y tantas…(os)…kdaran en la memoria….
    en el Museo de la Memoria….x los siglos de los siglos ?…
    existe la Demencia senil, el Alkzeimar social…civico…?…
    atte…

  8. Adriana dice:

    Estimada Antonia, tus palabras hicieron que algunas lagrimas rodaran por mis mejillas…a mi aún me duele esa historia…tal vez por eso no me gusta Septiembre…aún tengo en mi memoria el 04 de Septiembre del 70, cuando Allende fue electo, recuerdo haber sentido un vacío en mi estómago, era una mezcla de orgullo e incertidumbre, tal vez un presentimento de lo que se venía…también recuerdo los 1000 días en los que participé activamente, en los que también me hice mujer, el 70 solo tenía 16…la Universidad y claro el final del sueño…con sus aprontes y todo (el Tacnazo del 29 de Junio)…los miedos, las balaceras, los allanamientos, las expulsiones, los desparecidos, los que la pasaron peor que yo, los que nunca volvieron…son tantas cosas, que no hemos tenido siquiera tiempo de procesar…porque la vida es imparable…continúa y te obliga a enterrar bajo capas de cera, las tristezas y también las alegrías, pero llega Septiembre y el calorcito derrite esa capa cerosa dejando a flor de piel las emociones…

  9. Claudio Sanchez dice:

    yo tenia 13 años , y me recuerdo como fura hoy dia en el techo de la casa de mis padres ver fuego disparado por chilenos hacia chilenos; creo que nunca me saldra de la memoria eses fatidico dia 11 de septiembre, donde las libertades individuales terminaron ….soy un resultado de tantas y tantas estupideces colocadas al pueblo chileno….vuelve septiembre todos los años y me recuerda siempre tantas cosas…. definitivamente hay que arreglar el alma chilena en muchos dolores….no soy un desaparecido o exilado politico…apenas soy un extrangero en mi tierra, a vivir en un pais ajeno….

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