Mujeres Exiliadas: con Chile en la Memoria. 2001

  • Mujeres Exiliadas: con Chile en la Memoria

Resumen

A partir de septiembre de 1973 y a causa del golpe de estado que derrocó al gobierno de Allende y a la persecución política desatada por los militares, miles de hombres y mujeres chilenos debieron salir del país. Algunos lo hicieron como asilados, otros fueron expulsados del país, otros fueron condenados a la pena de extrañamiento y muchos salieron por su cuenta a los países limítrofes para desde allí ubicar un país que los acogiera. Comenzaban así a vivir el exilio.

Mujeres Exiliadas
CON CHILE EN LA MEMORIA 
1

Loreto Rebolledo

A partir de septiembre de 1973 y a causa del golpe de estado que derrocó al gobierno de Allende y a la persecución política desatada por los militares, miles de hombres y mujeres chilenos debieron salir del país. Algunos lo hicieron como asilados, otros fueron expulsados del país, otros fueron condenados a la pena de extrañamiento y muchos salieron por su cuenta a los países limítrofes para desde allí ubicar un país que los acogiera. Comenzaban así a vivir el exilio. 2

Es posible distinguir distintos contingentes de exiliados, el primer contingente es el de los asilados políticos, este se sitúa entre 1973-74, un segundo contingente se sitúa entre 1975-79 y corresponde a los presos políticos expulsados y a los que cambiaron su condena de prisión por extrañamiento, estas cifras son las más confiables, ya que existen los salvoconductos, los decretos de expulsión y de extrañamiento. Simultáneamente a lo largo de estos años hay un flujo masivo y constante de exiliados políticos que salieron por su propia cuenta entre los años 73 y 76 y que se sostiene aunque de manera decreciente hasta 1980 3, estos se ubican en un primer momento en Argentina y Perú esperando ubicar desde allí un lugar donde establecerse, con ayuda o sin de los organismos internacionales preocupados de los refugiados por lo cual se hace difícil cuantificar su magnitud. Entre 1980 y 1990 las salidas de exiliados son episódicas y marchan de acuerdo a los vaivenes de la represión a la resistencia en Chile.

La cifra de exiliados políticos es difícil de establecer ya que existen grandes diferencias entre las cifras oficiales y las de los organismos de derechos humanos. La información oficial da cuenta de alrededor de 20 mil personas incluidos los familiares 4 . Por su parte ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) registró en Argentina por lo menos a 9.000 refugiados políticos chilenos y a otros 2.900 en Perú 5 . Según la Liga Chilena de los Derechos del Hombre fueron 400.000 los chilenos y chilenas que debieron abandonar el país por razones políticas (Bolzman, 1993) cifra que duplica la entregada por otros organismos.

De acuerdo a las cifras manejadas en 1990 por la Oficina Nacional de Retorno (ONR) , Servicio Universitario Mundial y Comité Intergubernamental para los Migraciones ,CIM, (Vaccaro, 1990) los exiliados políticos representaban alrededor de 200 mil personas dispersas entre los cinco continentes y en una diversidad amplia de países. Esta cifra es cercana a la que da la Vicaría de la Solidaridad que calcula que alrededor de 260 .000 personas habían sido obligadas a vivir fuera del país por razones políticas.

El exilio chileno se caracteriza por su masividad, su dispersión geográfica 6 y su pluriclasismo, ya que afectó tanto a ministros de Estado, altos funcionarios del gobierno de la Unidad Popular, dirigentes sindicales, obreros, estudiantes ,campesinos y profesionales que salieron acompañados de sus grupos familiares.

Más allá de las discrepancias de las cifras, la magnitud del exilio chileno es importante , al igual que sus efectos en las vidas de múltiples familias y personas .No obstante el exilio es un tema “menor” en el contexto de las violaciones a los derechos humanos ocurridos en Chile, razón por la cual ha tendido a ser invisibilizado . 7

Sin embargo, la experiencia y la memoria del exilio permanece dispersa en los recuerdos de múltiples chilenos y chilenas sin lograr revertirse a una memoria colectiva. A la negación del exilio en el discurso social como una experiencia límite de miles de hombres y mujeres chilenos hay que agregar la carencia de espacios colectivos en que esa experiencia pueda ser reflexionada por quienes la vivieron. Esto es más fuerte aún en el caso de las mujeres, dado su aislamiento y su menor participación en organizaciones políticas 8

Las memorias del exilio

El exilio chileno no fue uno solo, hubo múltiples exilios y sus experiencias, aún teniendo aspectos compartidos, se fragmentan en múltiples diversidades de acuerdo a los países de acogida, la clase social de origen, el género, la edad e incluso, la pertenencia partidaria y las formas de salida del país. Por lo tanto existen múltiples memorias del exilio , tantas como los diversos grupos sociales que vivieron esta experiencia. El lugar social que ocupan las personas es determinante en la estructura de la memoria , ello debido a las esferas sociales en que se desenvuelven.

Sin embargo, esto no impide la existencia de una memoria colectiva , las memorias múltiples y diversas (memorias sueltas al decir de Stern) pueden cristalizar en una memoria emblemática . Stern sostiene que ” la memoria emblemática no es una sola memoria , una ” cosa” concreta y sustantiva, de un solo contenido. Más bien es una especie de marco, una forma de organizar las memorias concretas y sus sentidos” (Stern, 2001:14).

Milos (2001) coincide en que en la memoria colectiva es posible identificar “dos grandes polos en torno a los cuales se ordenan las distintas concepciones o definiciones de la memoria . Se trata del polo de la realidad social cultural y el polo de lo cultural simbólico. Dos polos que atraen simultáneamente al concepto, que lo tensan, pero …que no tienen por qué llegar a desgajarlo. Lo dotan , más bien, de una doble significación, de una equivalencia” (Milos, 2001:58).
Entendemos que la memoria es la capacidad de conservar determinadas informaciones donde entran en juego capacidades de orden psíquico que permiten a los seres humanos actualizar impresiones o informaciones pasadas (Le Goff 1991), es también mecanismo de registro y retención, depósito de informaciones, conocimiento y experiencias (Bezerra de Meneses 1992).

Conceptualizar la memoria obliga, por lo tanto, a referirse tanto al recuerdo como al olvido. La resignificación de la memoria se realiza a través de una selección donde se privilegian algunos aspectos por sobre otros. En este sentido la memoria es un acto de representación selectiva del pasado, un pasado que nunca es sólo de un individuo porque los individuos están insertos en contextos familiares, sociales y nacionales, por lo tanto la memoria es colectiva (Rousso 1996). Toda memoria individual está dentro de un marco social y la memoria colectiva se vale de las memorias individuales

En esta ponencia analizaremos esta doble dimensión de las memorias del exilio, la memoria emblemática sobre el exilio, compartida por hombres y mujeres de diversas edades y clases sociales que residieron en los cincos continentes, y las memorias sueltas, pero que tienden a tener fuertes puntos de convergencia, de mujeres profesionales y universitarias chilenas que vivieron el exilio.

Nos acercamos al tema de mujer y exilio a través de una estrategia metodológica que alguinos autores denominan microhistoria . La microhistoria entrecruza la historia y la antropología , que más que partir de una serie de observaciones e intentar imponer teoría a modo de ley, arranca de un conjunto de signos significativos y procura encajarlos en una estructura inteligible, permitiendo registrar por escrito una serie de sucesos o hechos significativos, que, en caso contrario, resultarían evanescentes, pero que son suceptibles de interpretación al insertarse en un contexto, es decir en el flujo del discurso social.” (Levi,1993: 126). Se trata de develar las vidas y los acontecimientos de los individuos, entendiendo que los hechos mínimos y los casos individuales pueden servir para revelar fenómenos más generales. Por medio de la realización de entrevistas en profundidad que buscaban indagar en los recuerdos personales, entendiendo a éstos como una evidencia oral específica basada en la experiencias vivida que suele ser traspasada a las nuevas generaciones solo como anécdotas privadas de una familia” ( Prins, 1993:.152) buscamos rescatar las memorias sueltas del exilio desde la perspectiva de un grupo especifico de mujeres.

Los individuos que recuerdan, resignifican el pasado y transmiten a otras personas los nuevos o viejos significados. En este proceso están involucrados tanto hombres como mujeres, niños, jóvenes y adultos. Sin embargo, el exilio ha tendido a ser conceptualizado básicamente como una experiencia masculina, debido a que la mayoría de las personas con prohibición de ingreso eran hombres y los altos dirigentes políticos del gobierno anterior cuando regresaron impusieron un discurso hegemónicamente masculino que se difundió a través de los medios de comunicación, desdibujando las experiencias de mujeres y niños.

Como un modo de escapar a la manipulación de la memoria recurrimos… “a los recuerdos familiares….a los recuerdos personales…, a todo aquel vasto complejo de conocimientos no oficiales, no institucionalizados, que no se han cristalizado todavía en tradiciones formales… que representan de algún modo la conciencia colectiva de grupos enteros (familias, aldeas) o de individuos (recuerdos y experiencias personales), contraponiéndose a un conocimiento privado y monopolizado por grupos precisos en defensa de intereses constituídos”. (Triulzi 1977: 477 citado en Le Goff 1991:183).

La combinación de fuentes orales y escritas permite reconstituir una memoria colectiva del exilio, una memoria emblemática que de una u otra manera da un marco para organizar las memorias sueltas. Por otra parte, a partir de una polifonía de voces y recuerdos de mujeres profesionales , más allá de las particularidades de las experiencias vividas por la diversidad de situaciones que caracterizaron al exilio chileno, intentamos encontrar lugares de habla comunes, que pueden erigirse en discursos sociales capaces de solidificarse y objetivarse mas allá de su propia subjetividad.

Este desafío por su amplitud no se puede asumir aquí, sin embargo es posible indagar en algunos de los nudos que convocan la memoria del exilio , es decir recuperar lo simbólico- los lugares de memoria- al tiempo que se rescata la memoria ” hablada” por las mujeres, desde el lugar social que ellas ocupan en tanto actoras.

La memoria emblemática del exilio y las memorias femeninas

Hay dos imágenes muy fuertes que convocan la memoria de todos los exiliados y que es posible rastrearlas en la producción testimonial escrita y oral y que aparece condensada en la poesía. Una de estas imágenes es la del desarraigo, el vivir al mismo tiempo entre dos espacios : allá y acá
( en Chile y el país de exilio), la otra es la del tiempo suspendido (el exilio como entre paréntesis). Estas imágenes se inscriben dentro de la segunda memoria emblemática de la que habla Stern (221), la memoria como una ruptura lacerante , ” Es una memoria emblemática… que simboliza una ruptura de vida no resuelta y tremendamente profunda. Casi transforma a las personas en una especie de doble-persona. Por un lado está la persona cotidiana, que ordena su vida, recordando los trámites, haciendo el trabajo, saludando a la gente y hablando las conversaciones normales y superficiales de la vida ordinaria.Pero también hay un interior donde existe la persona profunda, el ser humano cuyo punto de partida es la memoria viva y lacerante de la herida insoportable, un dolor que quita sentido de la vida ” normal” cotidiana y sus apariencias tan superficiales.” (Stern, 2001:16)

El desarraigo, el sentirse viviendo en el ” país de nadie” al decir del escritor Luis Sepúlveda acentúa la sensación de ajenidad, de no pertenecer al lugar donde se vive y de pertenecer a otro donde no se puede vivir. Esto hace que el exilio se recuerde como un vaivén entre estar allá y acá. Vivir en el país de exilio , pero un vivir a medias porque se piensa y se sueña con estar en Chile.

“En mi ventana de aquí y en mi ventana de allá
cuánta malquerencia, cuánta disputa de paisajes” escribe Efrain Barquero ( Arteche, 1984)

“En Holanda yo viví como en dos mundos, en la casa el mundo y la cultura chilena, hablábamos español, y fuera de la casa el mundo holandés”, cuenta una chilena.
.
Otro lugar de memoria del exilio, compartido por hombres y mujeres, es que el tiempo del exilio fue un tiempo transitorio, un tiempo vivido entre paréntesis a la espera del regreso, un tiempo en el que se vivió ” con la maleta lista para volver” / 9. Se recuerda el exilio como una especie de no-tiempo, vivido con la casi certeza de que la vida real estaba esperando en otra parte.

El exilio rompe la linealidad temporal y espacial, en la memoria colectiva se representa como un tiempo suspendido en que se vivió en un lugar ajeno a la espera de volver.
,
“El exilio siendo tan triste, no fue tan malo. Pero cuando tu piensas que vas a volver luego…, son 16 años de tu vida que te han robado, porque tu viviste una vida ajena, una vida prestada. Tuviste que vivir una vida que no era tu vida” , recuerda Carmen , que vivió su exilio en Colombia (Rodríguez 1990: ).

” Los exiliados nos conservamos en el tiempo como los muertos bajo la arena del desierto ” escribe Mili Rodríguez (1990), exiliada en Ecuador, dando cuenta de esta sensación del exilio como una ruptura del tiempo.

La falta de un referente de lo que implicaba el exilio en la memoria colectiva nacional indudablemente contribuyó a que éste fuera vivido con ” la maleta lista” para regresar, sin considerar que ese regreso, en la medida que dependía de otros, podía demorar muchos años y que el tiempo transcurrido entre la salida y el retorno era un tiempo real y había que vivirlo como tal.

Es una imagen recurrente en la memoria colectiva de los exiliados la de haber vivido constante y simultáneamente entre dos mundos y entre dos tiempos. Haber vivido escindidos entre el acá y el allá, el presente y el pasado. Desdoblándose entre vivir en el país de exilio y habitar en sueños en Chile. Sin embargo, más allá que la memoria colectiva haya construido un imaginario del exilio donde el caos parece haberse instalado en el cotidiano, el tiempo transcurrido en el exilio y los lugares en que los exiliado vivieron fueron reales y hubo necesidad de dar respuesta a situaciones concretas de subsistencia material y afectivas,aaprender los idiomas ajenos, encontrar trabajo, retomar los estudios organizar, aunque fuera de modo precario ,un espacio donde vivir, enviar los hijos al colegio, enamorarse, casarse, separarse , establecer nuevas amistades, y por supuesto, colaborar con las labores de resistencia y apoyo a Chile.

Los diferentes modos de afrontar la resolución de la vida cotidiana, los diversos países de acogida, los distintos orígenes sociales, étnicos y de género de los exiliados dieron lugar a una variedad de experiencias y por tanto a una multiplicidad de recuerdos, de memorias sueltas . No obstante , pese a la fragmentación es posible solidificar algunos discursos. Desde el habla de los sujetos en el acto de recordar es posible establecer ciertos puntos de encuentro, ciertos nudos comunes que convocan los recuerdos.

Así, desde el habla de las mujeres es posible establecer su lugar social y el peso – mayor o menor- que jugaron los mandatos culturales de género en su vivencia y memoria del exilio. Entre mujeres de clase media, universitarias o profesionales es recurrente la idea que fueron ellas, antes que sus congéneres masculinos, las primeras en asumir que el tiempo del exilio podía ser largo, y por tanto había que asumirlo y enfrentarlo.

” El estaba deprimido y pensando que en realidad esto iba a ser para corto tiempo, pero yo sentí que eso iba a ser para largo y había que prepararse, había que saber el idioma, había que revalidar título, había que trabajar ” recuerda una profesional que vivó en Dinamarca y estuvo entre los primeros chilenos en hacer gestiones para revalidar su título y poder ejercer allá.
.
El sentido práctico femenino, su necesidad de ponerle anclas a la vida y amoblar el cotidiano de sus familias derivado de su responsabilidad en la reproducción, las hace ubicarse más rápidamente en el país de exilio.

Otro nudo que convoca la memoria de mujeres estudiantes universitarias y profesionales
es que el exilio fue un espacio y un tiempo en el cual tuvieron mayores oportunidades de ser ellas mismas, de tomar decisiones sobre qué hacer y cómo organizar sus vidas. Esto gracias a los logros obtenidos por las feministas en los países del primer mundo y en el caso de aquellas que se quedaron en latinoamerica y otros países del tercer mundo por las ventajas que representaba el no contar con el control social de la familia.

El exilio, para las mujeres de clase media, especialmente para aquellas con formación superior, representa una posibilidad de autonomía y de avanzar en un proceso de individuación

“Yo salí con mi familia al exilio, los problemas políticos los tenía mi marido y yo lo acompañé, pero a la vuelta de un par de años nos separamos y yo decidí quedarme. No quería perder lo que me había costado construir, tenía un trabajo que me gustaba, había armado una casa, tenía amigos y mis hijos estaban en un buen colegio, Para qué volver a Chile cuando las cosas estaban mal política y económicamente? ” recuerda una mujer que vivió en Europa.

En sus recuerdos privilegia los aspectos positivos de su experiencia de exilio: el poder tomar decisiones por si misma de manera autónoma, valorar lo que ella misma construyó: casa, amistades, un mundo para sus hijos, y minimiza, “olvida”, el precio que pagó por ello, el desarraigo y la ruptura matrimonial.

“Los exiliados vivimos a veces experiencias límites, rupturas que nos permitieron distanciarnos de lo que se nos aparecía como natural y aprender a ser más reflexivos. Gracias a las rupturas y a esa vivencia ambigua que se mueve entre el amor al terruño de origen y a la sociedad mexicana, debimos trabajar subjetivamente sobre nosotros y sobre los otros para adaptarnos y reelaborar nuestras identidades. También estuvimos y estamos obligados a pensar en lo queríamos ser y hacer. Curiosamente cuando el sistema de hábitos y patrones propios se rompe, los seres humanos reconocemos las limitaciones y la necesidad de generar otros sentidos y nuevas pautas de comportamiento, que implican la reflexión e indican procesos de individualización y por ende de crecimiento. Los exilios han sido diversos, pero probablemente significaron para muchos de nosotros pasar a los umbrales de la modernidad, superando la concepción de la vida como costumbre.” : La reflexión anterior es de una socióloga chilena que hizo la opción de quedarse en su país de acogida .
(Tarrés, s.f.)

A modo de conclusiones:

lo que existe es la memoria de un extrañamiento de la cultura propia, en el segundo son las Hemos revisado dos tipos de memoria del exilio , una en que convergen los recuerdos de hombres y mujeres y que se enmarca dentro de una memoria emblemática que da cuenta de rupturas lacerantes. Los nudos que la convocan son el desarraigo , la ajenidad , vivenciada como el no pertenecer; y el tiempo suspendido , que se lo evoca como un no ser y no estar, como vivir la vida de otro en un tiempo prestado . Esto da cuenta de lo negativo de la experiencia del exilio.

Hay otras memorias sueltas, ancladas en un grupo específico de mujeres profesionales de clase media, que si bien no cristaliza en un discurso unívoco tienen cierta solidez y convergen en algunos aspectos. A diferencia de la memoria emblemática, dan cuenta del exilio desde una perspectiva positiva, relevando lo que se ganó en tanto mujeres : avanzar en un proceso de individuación, con mayor capacidad reflexiva, con más posibilidades de ser ellas mismas; y, la autonomía como posibilidad de ser, hacer y decidir .En otras palabras ,crecer como personas..

Es de destacar que pese a su apariencia contradictoria, estos dos memorias no se desencuentran, mas bien son complementarias y están hablando de dos dimensiones del sujeto, ambas relacionadas con la cultura. En el primer caso lo que existe es la memoria de un extrañamiento de la cultura propia, en el segundo son las ganancias que se obtiene cuando la cultura propia es transformada por la cultura del país al que se llega, o por un proceso de crecimiento personal, cuyo costo, tiende a ser silenciado.

Bibliografía

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Notas

1 Proyecto DID Nº SO12-99/2 “El exilio y el retorno en la experiencia de hombres y mujeres chilenos: del recuerdo individual a la memoria colectiva”.
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2 El exilio, según los diccionarios es sinónimo de expatriación por razones políticas, deportación, relegación, salida, destierro . Según la RAE exilio viene del latín exillium y da cuenta tanto de la separación de una persona del lugar donde vive, del efecto de estar exiliado, así como del lugar en que vive el exiliado .En francés es sinónimo de “banissement”, cuyo significado refiere al acto de borrar, sacar a un ser humano de su mundo habitual.
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3 Es necesario aclarar que la cifra de exiliados políticos es decreciente, pero no la cifra total de chilenos que salen del país por otras razones, básicamente económicas. El exilio económico experimenta un incremento notable a partir de 1981 debido a la crisis, lo que lleva a INCAMI y otros organismos a calcular que un millón de chilenos, alrededor del 10% de la población vivía fuera del país ya fuera por razones económicas o políticas. En 1999 la información manejada por los consulados de Chile en el exterior daba cuenta de alrededor de 900.00 chilenos viviendo fuera del país y la cancillería estimaba que la cifra real podía alcanzar el millón 1000 mil. (Pereda, 1999),
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4 Según información oficial, el gobierno chileno otorgó desde septiembre de 1973 hasta 1976, once mil salvoconductos.
” De ellos, unos 7.500 fueron dados a personas que estaban asiladas en embajadas (Solidaridad, 1977:11). A ellos se agregan 600 detenidos por Estado de Sitio que fueron expulsados del país o liberados con la condición de abandonarlo y más de 800 condenados por tribunales militares que obtuvieron el extrañamiento a través del decreto Supremo 504 a los que se suman 54 personas condenadas por estos tribunales a la pena de extrañamiento
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5 La Comisión Ecuménica Argentina de Fugitivos entrega una información más precisa, en febrero de 1976 plantea ” la cifra global de chilenos que huyeron de su país y buscaron refugio en Argentina se eleva a 150.000 ” y que en ese momento continuaban llegando mensualmente un mínimo de 400 fugitivos chilenos
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6 Esta dispersión se puede dimensionar con la existencia de suscriptores en 60 países de la revista Chile-América que circulaba entre los exiliados chilenos
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7 El exilio fue un tema importante que se puso en la discusión política en la época de dictadura, la demanda por levantar las restricciones al regreso de los exiliados fue constantemente planteada por abogados ligados al tema de derechos humanos, las Iglesias y la Vicaría de la Solidaridad. Sin embargo una vez que todos los exiliados pudieron volver al país tendió a olvidarse como una de las violaciones a los derechos humanos .
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8 En general no es muy abundante la investigación que de cuenta de los procesos de exilio-retorno desde la perspectiva de las mujeres, sin embargo es posible encontrar algunas indagaciones que hacen referencia a situaciones específicas que las involucran de manera particular. Así, la situación de violencia que vivieron mujeres exiliadas en Dinamarca, entre otras, chilenas y uruguayas ha sido analizada por Agger (1993) quien ha contextualizado esta violencia que se inscribe en los cuerpos femeninos relacionándola con un marco más amplio de violencia social que permite que esto ocurra. Por otra parte, se ha reflexionado sobre cómo las habilidades
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9 Lo que la maleta representa simbólicamente es reforzado por el aeropuerto como lugar de memoria del exilio y el retorno. Los entrevistados (as) y los exiliados que escriben sobre esa experiencia suelen iniciar su relato situándose en el aeropuerto.
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