MEMORIA DESDE LA OTRA ORILLA DEL MUNDO

Testimonio sobre Juan Waldemar Henríquez -“Comandante Arturo” uno de los 12 asesinados en Corpus Christi…

por Colectivo Rodriguista Bélgica (Notas) el viernes, 15 de junio de 2012

Homenaje a Juan Waldemar Henríquez -“Comandante Arturo”

 

Arturo compa,

 

A 25 años de tu caída en combate, en lo que hoy se conoce como matanza de “Corpus Christi”, quisiera recordarte y de alguna manera, testimoniar de tu entrega en aquellos  terribles- pero cuan intensos años- de la dictadura en Chile.

 

Arturo era un joven de origen popular, de 28 años, sagaz y osado. De profesión ingeniero y con  instrucción militar en Alemania y Cuba, lo que le valió el grado de Oficial al interior del FPMR.

 

El primer recuerdo que guardo de Arturo es producto de una pura casualidad. En plena clandestinidad, le vi pasar – junto a otro compañero- por los campos de Pudahuel. Ellos trataban de hacerse pasar por jóvenes deportistas que solo querían darse un baño en la  laguna de Pudahuel.  Dorso desnudo,  ambos jóvenes, caminaban  atentos y observando, minuciosamente, los campos que rodeaban la comuna. Tiempo más tarde, supe que el verdadero objetivo de aquel paseo era el estudio del funcionamiento del tendido eléctrico de “Alto de Jahuel”.

 

La escena descrita más arriba, la pude ver desde mi posición de observador camuflado en los matorrales del sector. Ese día con mi amigo y compañero  “Hernán” ( Mauricio Cancino quién murió el 14  de Diciembre de 1991 en una acción de propaganda de conmemoración del aniversario número 8 del FPMR en José Joaquín Pérez con Neptuno), construíamos un barretin o tatú para esconder materiales comprometedores que no debíamos, bajo ningún motivo, guardar en nuestras casas. A pesar de nuestro infatigable entusiasmo y perseverancia, nuestra poca experiencia se hacía notar y avanzábamos laboriosamente en aquella construcción: el terreno estaba muy húmedo y tendía a desmoronarse  cada vez que cavábamos la tierra. La presencia de los dos jóvenes deportistas nos perturbó profundamente pues esos territorios de matorrales, de alguna forma, nos los habíamos apropiado para hacer de ellos un punto de descanso y refugio en nuestra labor de “guerrilleros urbanos populares”.

 

Tiempo después, en otras circunstancias, le conté a Arturo que le habíamos divisado en esos peladeros. El respondió riendo que  él nos podría haber orientado en la construcción de ese tipo de escondites, sin ningún problema!. Con mucho orgullo, Arturo me contó que dentro de algunos días tendría lugar una campaña nacional de corte de luz y que él había contribuido a su preparación…Efectivamente, ahí me di por enterado del objetivo de la extraña misión que los dos jóvenes deportistas estaban efectuando en los matorrales de Pudahuel  y cuya conducta y actitud, Hernán y yo, habíamos observado con tanto recelo desde nuestro puesto de vigilancia en aquella tarde de verano de 1987.  La anecdótica situación fue motivo de mucha  risa y un gran sentimiento de complicidad y fraternidad surgió entre nosotros.

 

El día previsto para ell apagón, Arturo y otro compañero, salieron alrededor de las 18H en dirección de San Pablo con La Estrella y fueron hasta el final de la avenida San Pablo con el objetivo de recuperar un vehículo para llevar a cabo aquella tarea. En ese lugar y al borde de la ruta existían  unos peladeros que habitualmente abrigaban a  parejas que acarameladamente se daban al juego del amor. Es así que después de haber observado el lugar, los rodriguistas eligieron el auto que se acercaba más a los requerimientos. Lamentablemente, se vieron en la obligación de interrumpir a una joven pareja, reduciéndola y pidiéndole que se bajaran del auto ya que lo necesitaban  para una acción de sabotaje del FPMR contra las empresas que representaban la política de la dictadura de Pinochet. Los jóvenes enamorados se asustaron mucho pero se les hizo entender que no les pasaría nada y que sólo se necesitaba el vehículo por algunas horas pero que luego lo dejarían en algún lugar del mismo barrio. Se les aclaró que ellos eran rodriguistas que luchaban por la justicia y la libertad de su país y que no tenían nada que temer. Seguramente que estas palabras actuaron como un calmante sobre el  pánico que cundió en los enamorados quienes entendieron por fin que no estaban frente a delincuentes comunes y que nada malo les iba a suceder a ellos.

 

Una vez que la pareja  se bajó del vehículo, los milicianos subieron a él y partieron en dirección del  aeropuerto “Arturo Merino Benítez” donde se encontraba el tendido eléctrico con varias torres que iluminaban toda la comuna y parte de  la zona Norte de Santiago. Antes de llegar a la torre prevista,  se encontraron con una caseta y unos guardias responsables de la vigilancia del sector y  que, de paso, debían también cuidar el tendido eléctrico. El comando rodriguista contaba con 4 fusiles M16 y 2 armas cortas y estaba compuesto por 2 grupos: un equipo de contención compuesto por 4 compas y 1 equipo de asalto compuesto por otros 3 compas que debían subir a la torre y poner las cargas. Ellos marcharon silenciosamente hasta las casetas, incluso- para burlar la vigilancia- se arrastraron sigilosamente hasta llegar al lado de ella. Una vez ahí, los guardias fueron  inmediatamente reducidos y amarrados. Los guardias se sorprendieron y  entraron en pánico al ver varios jóvenes con ” pasa- montañas” y armados. Se les pidió que se calmaran y se les explicó que una vez terminada la acción se le dejaría libres y salvos. Más aún, se les informó sobre las razones que empujaban al FPMR a luchar contra el tirano y ellos dijeron entender pero que no querían tener problemas con sus superiores.

 

Enseguida se procedió a dejar un compañero vigilando a los guardias y el resto de los milicianos  partieron rumbo a la torre que se encontraba a unos 500 metros del lugar. El equipo de contención hizo un círculo alrededor de la torre con los fusiles  M16. La torre estaba protegida por un alambrado de púas que obstaculizaba su acercamiento. Justo cuando el equipo empezaba a cortar la alambrada, un helicóptero militar apareció en el cielo y comenzó a sobrevolar la torre.  A través de los chequeos previos que Arturo y otros compañeros habían hecho en el sector, los milicianos sabían que el helicóptero sobrevolaba, habitualmente, el emplazamiento de las torres con los focos encendidos y que una vez terminado el control se retiraba y seguía con su  guardia a través del resto de la zona. Por esta razón, al ver llegar el helicóptero y ante la posibilidad de ser descubiertos, rápidamente,  la milicia rodriguista opta por camuflarse en medio de los matorrales. Los milicianos estaban al acecho y  prestos para ripostar con sus armas en caso de ataque desde la altura. El helicóptero con su foco de luz pasó muy cerca de donde se encontraban los compañeros y tras haber dado varias vueltas por encima de la torre procedió a retirarse y seguir su ruta. Tras un intenso suspiro de alivio, los compañeros salieron de entre los matorrales para seguir rompiendo el cerco que protegía el acceso a la torre. Mientras una parte del comando protegía a unos 100 metros a la redonda (en caso de un ataque sorpresivo), los 3 compañeros designados empezaron a subir a lo  largo de la torre: uno quedo a los pies de la torre haciendo contención. El responsable operativo de la misión  subió 10 metros y amarró  las dos cargas con un elástico con garfios en dos costados para asegurar de la mejor forma las cargas e introdujo el cordón detonante en la dinamita y lo lanzó hacia abajo. El otro compa que se encontraba 5 metros más abajo, a causa del estrés y la poca experiencia, no lograba amarrar las cargas y sostenerse al mismo tiempo; el responsable de la misión decide entonces, bajar unos metros para apoyarle y finalmente, amarraron las cuatro cargas a los fierros de la torre y lanzaron los 2 cordones detonantes de las 2 cargas restantes hasta el pié de la torre. En medio de toda la carga adrenalínica que el cumplimiento de una misión de esa envergadura supone, ellos no pudieron impedirse de lanzar una mirada desde lo alto a todo Santiago y pensaron en lo linda que se veía la ciudad: tan extensa y vestida de tantas luces de colores; sin embargo, que tristeza el hecho que tenían que mirarlo desde la clandestinidad y en plena misión miliciana.

 

El apremio del cumplimiento de la acción les hizo volver rápidamente a la realidad y una vez asegurada la colocación de la dinamita, bajaron y procedieron a unir los 4 cordones detonantes a una mecha lenta que tenía como tiempo de duración alrededor de 20 minutos. Es decir, un espacio de  tiempo suficiente para evacuar la zona. El compa responsable de la acción prendió la mecha y los 2 equipos abandonaron el sector hasta a los lejos sentir las fuertes detonaciones y poco a poco, la zona quedó sin luz. En medio de la oscuridad que les protegía en su larga retirada, el ruido ensordecedor de la explosión, les resonó como un jolgorio de petardos gigantes. Al saber que habían cumplido exitosamente la misión encomendada, una gran alegría les invadió y un hermoso sentimiento de fraternidad surgió entre ellos; creando un lazo de respeto y reconocimiento mutuo indisoluble. Sentimiento que quizás no es fácil comprender cuando no se ha pasado por esa situación.

 

En la misma noche se enteraron que había sido un apagón a nivel nacional y que casi todo Chile había quedado a oscuras.

 

Este tipo de acciones se hicieron reiteradas veces para poner en jaque a la dictadura que no entendía las razones de rebeldía del pueblo chileno cansado de tanta tiranía.

 

Las ganas de sacar a la dictadura eran inmensas  y Arturo nos contaba que otros sectores de las resistencias anti-dictatoriales y provenientes de otras vertientes políticas – incluso sectores de la DC-  querían unirse en algunas poblaciones al FPMR para echar abajo al dictador. También analizaba, con entusiasmo y optimismo, que lo que estábamos haciendo como militantes de Izquierda era inédito en la Historia Chile y que seguramente, esta experiencia de autodefensa popular sería un ejemplo para las futuras generaciones de luchadores sociales y políticos.

 

Al poco tiempo después, Arturo  participó en una de las tomas de las nueves radios que el FPMR tomó en la ciudad de Santiago con el objetivo de dar a conocer sus planteamientos. Este tipo de acción nace ante la censura comunicacional que la dictadura militar imponía con sangre y fuego a los periodistas y a todos aquellos que se atrevieran a romper la censura y contar la realidad de opresión, represión  y miseria que castigaba a los sectores populares chilenos.

 

Ese mismo año, en Junio del 1987, en un enfrentamiento en calle Varas Mena – donde se estaba realizando una escuela de instrucción teórica y militar para enfrentar la dictadura-  muere nuestro querido y entrañable compañero Arturo quién era el responsable de la escuela de cuadros. Juan (Arturo) murió junto a Wilson Henríquez; ambos camaradas  se quedaron cubriendo la retirada de sus compañeros. Gracias a la valentía de estos héroes populares, 10 de los compañeros que se encontraban en ese lugar escaparon con vida de ese tenebroso atentado terrorista perpetrado por los servicios secretos de la dictadura. La casa de calle Varas Mena fue  el único lugar donde hubo enfrentamiento en la llamada matanza de “Corpus Christi” que costó la vida a 12 militantes del FPMR

 

La muerte de Arturo además de representar una gran tristeza, también representó un duro revés para las milicias rodriguistas del sector. Como prescindir de su asertividad y “saber- hacer” que nos transmitía con simpleza, espontaneidad y decisión. Sin embargo, los días venideros a la matanza de “Corpus Christi” varias unidades del FPMR en Pudahuel atacaron vehículos policiales y militares en represalia por la muerte de sus camaradas en Pudahuel y otras comunas de Santiago. En la comuna de “Herminda de la Victoria” se prendieron numerosas barricadas en repudio y en reconocimiento de los rodriguistas que eran muy conocidos en aquella población por sus trabajos organizativos y de defensa territorial en las jornadas de protesta.

 

Sin lugar a dudas, Arturo quedará en la memoria popular, al igual que los 11 otros compañeros asesinados el día de “Corpus Cristi” y que dieron generosamente sus vidas por un Chile con justicia social para todos. Seguramente que hoy, ellos estarían muy desilusionados de lo que vino después y que no corresponde para nada a lo que ellos querían para Chile: la designación de Pinochet como senador vitalicio, la existencia de comandantes en jefes designados, la impunidad para  los criminales,  la perduración-hasta nuestros días- de la constitución pinochetista y la aplicación de un modelo neoliberal a ultranza que castiga, sin piedad, a los sectores populares. A pesar de esto, nadie puede negar que gracias al esfuerzo y entrega de compañeros como Arturo y tantos otros, el dictador se vio forzado a partir.

 

La  generosa actitud de vida de Arturo contrasta con la estrechez espiritual  del dictador y de sus secuaces a quién hoy, sus cómplices rinden homenajes públicos e intentan hacerlo pasar como un militar honesto y un personaje ejemplar de la Historia de Chile; tergiversando el sentido de su nefasta obra que no es otro que el saqueo de Chile en pos de  intereses económicos  foráneos, de sus amigos y del suyo propio. El  nombre y ejemplo de nuestros compañeros tiene que ser rescatado y transmitido a las nuevas generaciones. Por eso,  nunca nos cansaremos de homenajearles y escribir – con nuestra pluma simple – sobre ellos, sus hazañas y su fervor revolucionario. La humanidad de los hombres se realiza y se engrandece a través de las luchas colectivas.

 

Recientemente, la hazaña de Alexis y Jorge escapados del Sur Argentino demuestran el testimonio descrito más arriba. Su larga y heróica marcha de resistencia son ejemplo de perseverancia, consecuencia, organización y audacia. Con  felicidad, hemos sabido que se encuentran a salvo en algún lugar de nuestra amada  madre tierra latinoamericana.

 

Y así se forja la Historia…vendrán nuevos momentos y nacerán nuevos Manuel Rodríguez, nuevos Lautaros, nuevos Arturos…

 

Aún tenemos patria ciudadanos ¡

 

Testimonio de un hermano de lucha.

 

 

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