UN MONTAJE TRANSANDINO. ENTREVISTA CON MIGUEL ROBLES.

Este relato trae de inmediato a la memoria el caso de la Lista de los 119, u Operación Colombo- enmarcada  en el Plan Cóndor- y así mismo recordamos el relato de “el Mocito”, asistente de Manuel Contreras , que da su testimonio y revela el horror de los secuestros, tortura, asesinatos y ocultamiento de tantos dirigentes comunistas en el cuartel Simón Bolívar.

ENTREVISTA CON MIGUEL ROBLES.

Ya para el 2009 tenía suficiente cantidad de datos como para suponer con certeza, con alto grado de probabilidad, que mi padre no había sido muerto por Montoneros, sino por la misma Policía de Córdoba.
“Muchos abogados de derechos humanos me hicieron consultas”
Dom, 21/11/2010
Por Eduardo Anguita 

“La Búsqueda”,  Del Pasaje, una editorial del Archivo Provincial de la Memoria cordobés.

Robles, permítame presentarlo. A fines del año ’75, su padre era comisario recién retirado de la policía de Córdoba, estaba cursando Medicina, y policías del D2 (el Departamento de Inteligencia de la Policía cordobesa) le hicieron una emboscada, lo asesinaron e hicieron correr la versión en la prensa de que había sido un comando montonero. Usted en ese entonces era un chico, el tercero de cuatro hermanos; tendría no sé si 5, 6, 7 años. Mucho después, usted decidió estudiar para ser policía (hoy es jefe de División de la Policía Judicial de Córdoba) e investigó la muerte de su padre y con esa investigación acaba de sacar el libro La Búsqueda, con una tirada mínima que se agotó en seguida.
–La introducción es perfecta, Eduardo. Yo tenía 5 años cuando mi padre muere en la Ciudad Universitaria de Córdoba. Una de las organizaciones armadas de la década del ’70 se atribuye el atentado en un supuesto comunicado que llega a los diarios. Crecí creyendo que Montoneros había matado a mi padre. Mi círculo cultural me indujo a ingresar en la policía. Así lo hice no bien tuve la oportunidad. Cuando egresé, bueno, muchos ex compañeros de mi padre me hicieron saber que la historia oficial tal vez no fuera cierta. Fue un shock muy grande. Así que comienzo a juntar elementos de prueba durante muchos años, a comparar, a buscar los comunicados oficiales. Y empiezo a ver que había diferencias con lo que había publicado la revista Evita Montonera, que había reproducido de un modo impreciso lo que ellos mismos habían comunicado. Y así es cuando me encuentro con el homicidio de otro policía en circunstancias más o menos parecidas. Empiezo a compararlo. Paralelamente, me fui especializando en investigación de homicidios. Y en la indagación, encontré que había una mujer que extrañamente había participado en este atentado y otros hechos, como en el asesinato del cabo primero Cirilo Baquinsay, dos meses antes, en el que también había participado una mujer. La forma de las ejecuciones era muy similar.
–Seguramente habrá tenido mil pistas hasta que empezó a ver que una mujer había participado de estos dos homicidios. Tenía que ser una pista importante. 
–Exactamente. Usted sabrá bien, Eduardo, que las mujeres escasamente participaron en las acciones armadas de las organizaciones de los ’70. Eran estructuras muy machistas. Una primera conclusión fue que era muy raro que una mujer hubiera participado de una serie de asesinatos de policías sin que hubiera sido identificada por las fuerzas de seguridad. Aparte Córdoba es mucho más chico que Buenos Aires. En esta infinidad de vueltas que uno va haciendo a lo largo de su vida, empiezo a cambiar información. Muchos abogados vinculados a causas de derechos humanos me hicieron consultas. Abogados que necesitaban una visión no tanto jurídica sino más criminalista. Así que hace aproximadamente diez años cae en mis manos –como producto de una especie de canje informativo– el testimonio de Carlos Raymundo Moore, alias Charlie, un ex integrante del ERP, que había participado del copamiento a la fábrica militar de pólvora y explosivos de Villa María en agosto de 1974. Había sido detenido ilegalmente por el D2 de Córdoba en noviembre de ese año y había sido torturado, según los datos que yo había podido recabar. Finalmente, llega a una especie de acuerdo pero se fuga en abril del ’75.
–Y luego se entrega.
–Sí, negocia: el ERP lo había condenado a muerte. A partir del momento en que se entrega, Moore comienza una especie de colaboración con la patota del D2. Así que, bueno, sacando mis cálculos mi padre había muerto en el mes de noviembre del ’75. Es decir, cuando Moore ya estaba plenamente integrado al D2. Y si toda esta serie de datos era cierta, Moore era una de las pocas personas en el mundo que me iban a poder confirmar lo que había pasado en realidad. Moore había permanecido seis años en el centro clandestino de detención, en “libertad”, con un régimen de movimiento. Colaboraba, hacía informes, hasta que se fuga en 1980 a Brasil, hace una declaración extensísima apenas llega y pide asilo político.
•Caín y Abel se visten de azul
–Moore recurre a la Iglesia brasileña, ¿no es cierto?
–Sí, al arzobispado de Brasil, que después lo conecta con el Acnur, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Como tenía ascendencia inglesa, le dan el refugio en Inglaterra y allí se pierde la historia… Año 1996: Moore vuelve a tomar contacto con el diario La Voz del Interior. Publican algo así como que era un traidor. Se enoja muchísimo. Vuelve a perderse todo contacto. Año 2008: estaba en curso un juicio por la causa del asesinato del subcomisario Fermín Albareda, un policía que fue muerto en 1979 por el mismo integrante de la policía. Comienzan a surgir nuevos datos. Ahí se empieza a revolver todo ese tabú de “matar a los hermanos”. Un comisario inspector que había sido pasado a retiro cuenta que efectivamente había muchos policías asesinados por la misma Policía. Cuando se le indagó sobre este aspecto, él comenta el caso de mi padre, que luego es retomado en los fundamentos de la sentencia…
–Y usted indaga en su hipótesis.
Ya para el 2009 tenía suficiente cantidad de datos como para suponer con certeza, con alto grado de probabilidad, que mi padre no había sido muerto por Montoneros, sino por la misma Policía de Córdoba. Así que empecé ya decididamente a buscar a Moore. Y, bueno, una mano empezó a tomarse de otra mano y de otra hasta que un teléfono llega mi puerta. En noviembre de 2009, llamo y así comienza el libro: “–Hello, hello Mr. Moore? I’am Miguel Robles”.
–Ese preciso instante usted lo debe tener tan grabado en su memoria. Qué hacer en una situación así, como investigador digo. Debió haber tenido que pensar como un ajedrecista, hacer un estudio de todas las variantes. ¿Presentarse como un vendedor de seguros? ¿Como el hijo de un asesinado? ¿Como un policía? 
–Sí, es así. Yo había estado estudiando un poco la personalidad de Moore y él se había convertido en un analista. No tenía ningún sentido que tratara de decirle que era otra persona. Directamente me presenté, le dije qué era lo que me estaba motivando, cuál era la intención de contarle cuál era el objetivo de esta llamada. La reproduzco porque lo tengo presente:
“–Hello?
–Hello
–Mr. Moore?
–Yes, I’am.
–Hello Mr. Moore. My name is Miguel Robles. I’m from Córdoba, Argentina. Speak Spanish, Mr. Moore?… Mr. Moore? Mr. Moore?
–Sí, macho, hablo español. Ya me imagino por qué me llamás.”

•Un escapado que habla 

–Moore tiene una forma muy coloquial de hablar. Me dice: “Mirá, macho, a tu papá lo mató el D2, es un hecho, pero no voy a hablar por acá porque no confío en los teléfonos. Así que cuando quieras te espero en mi casa, tenés las puertas abiertas”.
Evidentemente era un desafío, una prueba y una muestra de confianza, todo junto. No lo dudé: en menos de dos semanas ya estaba arriba del avión viajando a Inglaterra a entrevistar a Charlie Moore. Todo un mito, una persona odiada, resistida, pero también consultada, porque su testimonio del año ’80 termina formando una especie de columna vertebral de todas las causas de derechos humanos en Córdoba. Me di cuenta de que para ese documento él había agarrado una máquina de escribir y había escrito lo que había querido. Pero nunca nadie le había preguntado nada.
–Había mucha más información por develar.
–Es que muchas veces se pierde información no intencionalmente, información que a lo mejor él mismo no valoró en su momento, pero que uno como investigador puede darle otra óptica. Así que llegué al norte de Inglaterra, y me encuentro con esta persona en el aeropuerto de Manchester. Así como lo describo en el libro: camisa de gasa color verde, remera color verde oliva, jeans gastados, botas de montaña. Era Charlie Moore uniformado como en aquellos años, con el pelo semilargo como lo mostraban las fotos de su juventud. Subimos a su Land Rover, fuimos a su casa, estuvimos dos días. Hablamos de temas generales, él primero preguntándome sobre mi trabajo. Después, en una cabaña que tiene más al norte de Inglaterra, ya cerca de Escocia, un lugar muy solitario, muy pequeño, empecé a preguntarle. Allí nos encerramos diez días a hablar de los ’70.
–¿Él no tuvo inconveniente en que usted llevara grabador?
–No, no. Esto lo cuento en el libro… ¿Por qué Moore no había sido encontrado antes? Fue una cuestión del momento y la oportunidad. Digo, porque el ERP todavía no había levantado su condena a muerte. Creo que el hecho de haber sido hijo de una víctima y que él me veía como un policía, ayudó. En el libro discuto con él sobre si él había desarrollado una especie de “síndrome de Estocolmo”, esto de amar a sus captores. Creo que esto le dio una legitimidad especial. Así que me permitió grabar. De todos modos, cuando terminé el libro se lo hice llegar para que lo viera y le pareció perfecto. Él finalmente declara en los juicios en los que se está enjuiciando a Videla, Menéndez y otros 29 policías y militares en Córdoba. Y allí surge la primera sorpresa para mí: el alto valor que el tribunal le da al libro incorporándolo al debate.
–¿O sea que después de esto, él viajó a hacer declaraciones?
–No, no, le pregunté si ratificaba su declaración del ’80 y si él vendría a la Argentina y él lo que me dice es que no. Era un hombre parado en los ’70, Eduardo… “Declararía por videoconferencia”, me dijo. Y es así como él declara por videoconferencia en los juicios que se están llevando en estos momentos aquí en Córdoba.

•En la dimensión diabólica

–Los especialistas en violaciones a los Derechos Humanos dicen que quién está preso pierde la dimensión del tiempo y quien se exilia pierde la dimensión del espacio. Pero quien sufrió prisión, encierro y después exilio sufre las dos cosas. Y por lo que usted relata, una persona que estuvo seis años viviendo en esa situación de esclavo, pero al mismo tiempo fue colaborador, tiene todos los rasgos de alguien que sufrió la detención. 
–Exactamente. Me encontré con un hombre congelado en los ’70. Que hablaba de los ’70 como si estuviera hablando de cuestiones actuales. Hablaba de muertos como si estuviera hablando con ellos directamente. Si usted me pide que dé así, en dos palabras, una síntesis de La Búsqueda o de la entrevista con él concretamente, sería básicamente llegar a las entrañas de la bestia, comprender desde adentro cómo funciona esta dimensión diabólica de los centros de exterminio, de lugares que eran plenamente diseñados para destruir a las personas. Bueno, en el libro esto está contado con un relato diáfano, porque Moore se relaja muchísimo, se entusiasma. Digamos que es alguien que tal vez estaba cansado de vivir tantos años como en una isla.
–Lo escucho con esa seguridad con la que habla y me digo que seguramente se la ganó con su historia de vida, pero también con estos aires que están recorriendo la Argentina. 
–Sin dudas. Creo que el haber podido cristalizar esta historia tiene que ver concretamente con los tiempos que corren. De otra forma esta búsqueda no hubiera sido posible.

• El libro se agranda 

Miguel Robles trabaja en la Dirección General de la Policía Judicial de Córdoba. Sin embargo, no usa uniforme, tampoco armas. Luego de la extensa investigación que lo llevó a dilucidar el asesinato de su padre policía en 1975 a manos de los propios compañeros, Robles reafirmó su pertenencia policial al servicio de los derechos humanos. Cuando sacó La Búsqueda se agotó en un santiamén. “Fue una edición íntima, que tuvo una repercusión increíble… Hasta la mismísima Presidenta de la Nación se hizo eco del libro”, dice. La repercusión de este relato ha motivado a que el Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba creara la Editorial del Pasaje. La Búsqueda será el primer libro, tendrá una tirada de 2 mil ejemplares. La pesquisa expone por primera vez, luego de 30 años, un detallado relato de Carlos Raimundo “Charlie” Moore, ex militante del ERP, detenido desde 1974 a 1980. Desde su declaración a la Acnur ese mismo año, no se conocía su paradero, hasta que Robles lo encontró.
Fuente:MiradasalSur                                                                           
Publicado por Colectivo Ex P. Pol. Sobrev. Rosario

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