“Vi el odio desatado por el señor Cheyre y sus acompañantes”: La Responsabilidad de Cheyre, Parte II (“Entrevista a Eliana de Jesús Rodríguez” & “Misión Cumplida”).

“Vi el odio desatado por el señor Cheyre y sus acompañantes”: La Responsabilidad de Cheyre, Parte II (“Entrevista a Eliana de Jesús Rodríguez” & “Misión Cumplida”).

Publicado por: Rodrigo Mundaca Rojas en 25 agosto, 2013 en 40 añosDestacadosForo de IdeasNoticiasDeja un comentario

 

Presentamos la segunda del especial “La Responsabilidad de Cheyre” (ver parte 1), elaborado por nuestro amigo Arnaldo Pérez Guerra (Liberación) sobre las vinculaciones del militar con violaciones a los D.D.H.H. al momento de asumir la comandancia en jefe del ejército¹. Acá nos encontramos de frente al horror, cuando el testimonio de Eliana Rodríguez lo ubica en un contexto violentas detenciones, violación y tortura.

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«Cheyre destruyó nuestras vidas»

El testimonio de Eliana de Jesús Rodríguez Dubó acusa a Juan Emilio Cheyre, el flamante comandante en Jefe del Ejército. Eliana, detenida el 6 de octubre de 1973, señala al entonces teniente Cheyre, junto a otros dos oficiales, como parte del piquete de soldados que allanó su casa, la tomó prisionera y, luego, en el Regimiento Nº 2 Arica de La Serena la torturó y violó por más de un mes.

-¿Por qué la detuvieron? ¿Qué le decían?

“Cheyre me decía que me había ‘buscando en muchos lugares y, por fin, había logrado ubicarme’. Me acusaba de ser comunista. Le hice ver que no lo era. Se enfureció y me golpeó, delante de mis hijos. Los militares entraron a mi casa como en un asalto. Todos eran del Regimiento Nº 2 Arica de La Serena. Por orden de Cheyre, destruyeron la puerta, vidrios de las ventanas, muebles, etcétera. Rodearon la población y la manzana. Juan Emilio Cheyre, en ese entonces teniente, era el jefe del grupo”.

-¿Qué ocurrió durante el allanamiento de su casa?

“En la casa estaba mi familia: mi esposo, mis 5 hijos -sus edades fluctuaban entre 1 y 12 años-, mi madre enferma. Mis hijos lloraban y gritaban, mientras los militares me insultaban tratándome de ‘maraca’, ‘puta’, ‘concha de su madre’. Destrozaban enseres y la loza la tiraban al piso. Con sus metralletas y yataganes rompían ventanas y muebles. Los libros de una pequeña biblioteca junto al comedor, fueron quemados en el patio. No conformes con lo destrozado, procedieron a cavar hoyos en el patio ‘buscando armas’.

Cheyre les dijo: ‘rompan el living porque ahí deben haber armas guardadas’. Les dio la orden para que en el patio quemaran los libros y buscaran armas. Mis hijos estaban totalmente aterrorizados… Vi el odio desatado por el señor Cheyre y sus acompañantes. Junto con los insultos me tiraron al suelo y comenzaron a patearme, me levantaban para volverme a tirar al suelo, mientras esto sucedía a mi esposo también lo golpeaban pero con la parte trasera de las metralletas. A mi madre y a mis hijos los tenían apuntados con sus metralletas, presenciando todo esto.

A mi esposo lo golpearon. Para ellos era ‘un imbecil’ y ‘un huevón’, porque no sabía ‘la puta que tenía por esposa’. A mí me trataron de la peor manera. Estaban furiosos. Él más furioso era Cheyre. Jaime Ojeda Torrent y Fernando Polanco Gallardo le dijeron al teniente que ‘no había nada en la casa’. Eso lo enfureció y arreció sus golpes e insultos en mi contra. La sangre de las narices me saltó y mojó el pecho producto de los golpes. A mi madre no le hicieron nada.

Me llevaron amarrada con las manos en la espalda, la vista vendada. Habían rodeado todo pues pensaban que ‘podía huir hacia otras casas’. Se llevaron a mis dos hijas más pequeñas… Yo quedé detenida en el Regimiento de La Serena que comandaba Ariosto Lapostol Orrego”.

“Cheyre dio la orden de fusilarme”

-En el Regimiento Nº 2 Arica la torturaron…

“Sí. Ahí empezó lo más horrible. Padecí el mismo ‘tratamiento’ que se le dio a miles de personas. Fui violada para que confesara mi militancia y los nombres de la dirección del Partido Comunista en la región. Me aplicaron electricidad en los senos, debajo de las uñas de pies y manos, en la vagina… Fui arrojada a una celda de castigo de donde era sacada para ser llevada a las sesiones de tortura. Permanecía sin alimentos ni agua. Bebía la que se acumulaba en los rincones con orina y restos de fecas. Juan Emilio Cheyre Espinosa dio orden para que se me fusilara ‘en vista que no delataba a nadie’. El falso fusilamiento se efectuó. Dijo ‘saquen a esta maraca afuera y mátenla’. Yo había vivido el infierno y ¿sabes qué pensé? Que la muerte era un alivio. Estaba en medio de toda esa mugre, en un calabozo sucio, húmedo y oscuro, sin ver luz. Salía sólo para ser torturada, golpeada y violada”.

-¿Vio a otros prisioneros políticos? ¿Supo del paso de la Caravana de la Muerte?

“Yo no era la única prisionera en el regimiento. No pude ver a los demás, porque todos estábamos con la vista vendada. Pero escuché a otros, sobre todo hombres. Luego me llevaron a la cárcel de mujeres en El Buen Pastor, de calle Balmaceda a cargo de religiosas. Le pregunté a una de las monjas, qué fecha era. Una monja me miró extrañada. Dijo: ‘¿pero, cómo no sabe el día en que estamos?’. ‘Es noviembre de 1973′, me dijo. Allí me di cuenta que estuve prácticamente un mes siendo torturada. Mientras permanecí en las celdas de castigo ocurrió la Caravana de la Muerte, al mando del general Sergio Arellano Stark. Fue horrible. Escuché que ‘habían ido a buscar a los prisioneros a la cárcel’. Los torturadores hablaban, decían: ‘¿trajeron a los tales por cuales de allá, de la cárcel?’. ‘Sí’, decía uno. ‘¿Y los van a dar de baja?’, decía otro. ‘¡Claro que sí, eso hay que hacer. Hay que matar a todos estos que envenenaron la mente de la gente!’.

-¿Los torturadores eran las mismas personas que la habían detenido?

Sí. Polanco, Ojeda, Osvaldo Pincetti Gac. Cheyre, también, por supuesto. Él estaba ahí… Después me trasladaron a la cárcel de La Serena. Estuve allí incomunicada. Me sacaban amarrada y con la vista vendada para ir otra vez a la tortura en el regimiento”.

-¿Un militar que la custodiaba le entregó un papel con los nombres de los torturadores?

“Me trasladaron a la cárcel en calidad de castigada y aislamiento, sin embargo, siempre era llevada al regimiento para proseguir con los interrogatorios. A la tercera semana de diciembre de 1973, me levantaron la incomunicación. Un militar que me acompañaba me entregó en un papel escrito los nombres de aquellos que me habían torturado. Dijo: ‘alto, alto… Ustedes, córtenle las amarras’. Uno de los custodios le manifestó: ‘No tengo cuchillo’. Me imagino que fue él quien me cortó las amarras. Me puso por escrito el nombre de los torturadores y me dijo: ‘señora, yo no he participado en esto… No olvide nunca esos nombres’”.

-¿Ud. no sabe quién es él?

“Después, con el tiempo, supe quién era. Pero no quiero nombrarlo. No quiero causarle algún problema a él y su familia”.

-Ud. señala que fue violada y le aplicaron electricidad al interior del Regimiento Nº 2 Arica de La Serena…

“Sí. Ese fue el ‘tratamiento’ que me dieron. Me violaron y aplicaron corriente en partes de mi cuerpo por casi un mes. Esas vejaciones las sufrieron muchas mujeres. Lo que sucede es que aún existe el miedo a confesarlo, sobre todo el acto de la violación. Miedo y vergüenza por nuestras familias. Muchas mujeres no quieren que sus esposos sepan algo tan atroz.

Las personas que me torturaron eran las mismas que ‘asaltaron y rompieron’ mi casa y me detuvieron. Ellos integraban el grupo de tortura: Cheyre, Polanco, Ojeda y Pincetti Gac, conocido como el Profesor o doctor Destino. Él hipnotizaba a los prisioneros y participaba de las sesiones de tortura. Pincetti tenía un programa en la radio. En su programa ‘veía el destino y futuro’ de los auditores. La gente lo llamaba para saber cómo les iba a ir ese día o cómo solucionar sus problemas afectivos. Esa era ‘su área’. Por eso se lo conoce como Profesor, Destino o doctor Tormento…”.

Dinamitado en su casa

-Sus dos hijas más pequeñas también fueron detenidas…

Sí. Natacha, de un año y 9 meses, y Yelena, de 3 años y 6 meses. Luego, permanecí con ellas en la cárcel. Mi familia me buscó durante dos meses, el mes que estuve en el regimiento y, después, el mes de incomunicación. Mi madre, que estaba muy enferma, se agravó y falleció, mientras yo estaba en la cárcel”.

-¿Qué sucedió con su esposo, también lo detuvieron?

“No, a él no. Sólo lo golpearon e insultaron. Le dieron de patadas y culatazos y lo dejaron libre. El propio Cheyre dijo ‘que era un tal por cual, que no sabía nada’”.

-A Ud. la acusaron de pertenecer al Partido Comunista.

“Sí, entre otras cosas. Yo pertenecía a otro partido, el Partido Socialista. Pero nunca, tampoco, se los dije. ¿Sabe por qué?, si les decía mi militancia me habrían torturado más y más. Si les hubiera dicho que pertenecía a un grupo de la dirigencia del Partido Socialista, me habían preguntado muchas más cosas. Nunca les dije a qué pertenecía. Siempre negué la militancia comunista, porque en realidad no la tenía, a pesar de que conocía a muchos compañeros, ninguno de ellos fue por mí a la cárcel. Ninguno fue golpeado por mi culpa”.

-¿Cómo llegaron a su casa?

“No lo sé. Lo único que pienso es que alguien de mi población me delató. Los militares buscaban comunistas. Esa era su ‘tarea’, eliminarlos, destrozarlos”.

-Ud. denuncia que el dirigente socialista Daniel Acuña Sepúlveda fue dinamitado por militares en 1979.

“Sí. Cuando salí de la cárcel. Tres o cuatro años después, fui a la casa de Daniel Acuña, dirigente socialista de 69 años. Vivía en una parcela que estaba a la subida de Tierras Blancas. Fui a saludarlo y proponerle que nos fuéramos al exilio. Él me dijo que no podía hacerlo ‘porque se había casado con la hermana de un capitán del Regimiento’. Le dije a Daniel que eso no lo iba a eximir de que un día vinieran a su casa y lo llevaran detenido. Le hablé de las torturas. Me dijo que ‘nada de eso le iba a suceder’.

Un día de agosto de 1979, de madrugada, el empleado que tenía, un viejito que trabajaba con su hijo la parcela, apareció en mi casa gritando y llorando. Ellos vivían en un rincón bien alejado de la casa principal. Vino a buscarme y me golpeó la puerta desesperado. Me decía ‘señora Eliana, levántese. Asaltaron la casa de don Daniel. Y no sé si está vivo o muerto’. Hay muchas cosas extrañas en la muerte de Daniel Acuña. Su esposa no estaba en la casa, y su hijo huyó herido, aunque después fue detenido al llegar al Hospital. Tenía heridas de bala”.

-Ud. entró a la casa de Acuña. ¿Qué pudo ver?

“Sí, entré a su casa. Estaba todo completamente destrozado. Todo hecho pedazos. Sangre en todas partes. Tuve que pasar por sobre la puerta. La habían sacado a la fuerza. Estaba hecha pedazos, los vidrios, y todo lo que había sido su sueño. Todas sus pertenencias. Los muebles despedazados. Fui al dormitorio y no quedaba nada. Sus restos estaban repartidos en las murallas y piso. Al viejo -tenía 69 años- lo amarraron a su cama y lo dinamitaron”.

– Ud. acusa a Juan Emilio Cheyre en las detenciones de José Rodríguez Torres (1º noviembre 1973), José Rodríguez Acosta, (padre del anterior, 8 noviembre 1973), Bernardo Lejderman Konoyoica y María Ávalos Castañeda (matrimonio argentino-mexicano, 8 diciembre 1973). Ellos fueron asesinados por militares del Regimiento Nº 2 Arica de La Serena. El entonces teniente Cheyre era el “ayudante” del comandante del regimiento Ariosto Lapostol. También Ud. menciona al estudiante de la Universidad de Chile, Bernardo Cortez y a Santoni. Ambos no figuran en el Informe Rettig… y a Jorge Vásquez Matamala (16 septiembre 1973), que sí figura, pero asesinado por carabineros.

“Todos ellos son personas que detuvo el grupo formado por Cheyre, Ojeda, Polanco, Pincetti y otros. Los militares actuaban muchas veces en conjunto con Carabineros de la zona. Ellos detuvieron a estas personas. Santoni y Bernardo Cortez, me imagino que fueron ejecutados. Ellos no figuran en el Informe Rettig, es cierto. Lo único que sé de ellos dos es que fueron detenidos por ese grupo comandando por Cheyre.

Santoni era un profesional. No recuerdo su nombre. De Bernardo sí me recuerdo. Era estudiante de la Universidad de Chile, y un joven muy participativo. Fue detenido por este mismo grupo.

Pienso que Cheyre y sus dos ayudantes, Polanco y Ojeda, se dedicaron a eliminar las cabezas de los partidos de la izquierda, para que nunca más se volvieran a reestructurar, para sembrar el miedo. Sin duda existen muchos más casos que no conocemos aún”.

-¿Qué opina que Juan Emilio Cheyre sea hoy el nuevo comandante en Jefe del Ejército? Su denuncia pública, Ud. la realizó hace varios años.

“A mí me parece realmente horroroso que un ser tan siniestro como él sea capaz de dirigir el Ejército de Chile. Es cierto que Augusto Pinochet ya lo hizo, por lo que no es extraño. Es asqueroso. No sé cuándo el Ejército va a lograr sacar a todos esos criminales. El dictador lo premió con una estadía en Sudáfrica y Europa, porque Cheyre hizo su trabajo a cabalidad. Él destruyó nuestras vidas”.

 

 
 

«Misión cumplida»

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El cuestionado comandante en Jefe del ejército, Juan Emilio Cheyre Espinosa, proviene de una familia militar. Su padre, Emilio Cheyre Toutin, se desempeñó como director de la Escuela Militar, de Inteligencia y, como civil, en Investigaciones, siendo, además, embajador de Chile en Portugal, durante la Unidad Popular.

La familia militar mantiene su tradición. Cheyre está casado con María Isabel Forestier Ebensperger, hija del general (r), ex vice comandante en jefe y ministro de Defensa de Pinochet, Carlos Forestier Haensgen, quien fuera comandante de la VI División del Ejército en 1973. Forestier está acusado de graves violaciones a los derechos humanos, siendo responsable de fusilamientos, desapariciones, y actos represivos en la I Región. Procesado por Caravana de la Muerte y Pisagua; el suegro de Cheyre sigue siendo “socio” del ex director de la DINA, Manuel Contreras Sepúlveda, en una empresa de seguridad.

Cheyre Espinosa ha seguido una meteórica carrera militar y académica. Es licenciado en Ciencias Militares y magister en Ciencias Políticas, con mención en Relaciones Internacionales, además posee un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Augusto Pinochet le destinó en la Escuela de Infantería, en la Militar, y fue comisionado a Sudáfrica y en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos. Durante la dictadura ejerció el mando en los regimientos de Infantería Nº 4 Rancagua y Nº 23 Copiapó, y en la Academia de Guerra del Ejército.

En 1987, al mando del Regimiento Copiapó, Cheyre fue nombrado por Pinochet, Intendente de la III Región, cargo que desempeñó hasta el fin de la dictadura. Fue allí donde estrechó vínculos con el círculo político del dictador. En 1996, también por instrucciones de Pinochet, coordinó el “encuentro académico” realizado en El Escorial, España, donde se reunió una delegación militar, representantes del PS y asesores del ex dictador -en ese momento comandante en Jefe del ejército-, próximo a asumir como Senador Vitalicio. Esa reunión de “diplomacia secreta y garantías”, sin duda selló el destino de Pinochet y de las violaciones a los derechos humanos, la institucionalidad y la presidencia de Lagos. Allí terminó el veto del ejército a los políticos socialistas.

Durante la detención del ex dictador Augusto Pinochet Ugarte en Londres, el comandante en Jefe, Ricardo Izurieta Caffarena lo destinó a cumplir la misión de “enlace” entre Pinochet y el ejército. Juan Emilio mantuvo un aplicado contacto con Pinochet durante el proceso. Pocos recuerdan que fue mencionado como uno de los redactores de al menos una de las cartas que el ex dictador envió a los chilenos mientras se encontraba detenido.

Cheyre es Profesor Militar de Escuela, en las asignaturas de “Técnica y Táctica de Infantería”, y Profesor Militar de Academia, en las asignaturas de “Historia Militar y Estrategia” y “Táctica y Operaciones”. Como oficial subalterno se le destinó a diversas Unidades militares entre ellas: el regimiento de Infantería de Montaña Nº 11 Caupolicán, la Escuela de Infantería, la Escuela Militar y el Regimiento de Artillería Nº 2 Arica. Es en este último, que se le nombra como uno de los oficiales que remató a los ejecutados de la Caravana de la Muerte, al mando del general (r) Sergio Arellano Stark.

En 1981, Cheyre fue destinado a Sudáfrica, donde se graduó como Oficial de Estado Mayor del Staff College del Ejército Sudafricano. Regresando a Chile se desempeñó como Profesor de la Academia de Guerra del Ejército, donde permaneció hasta 1986. Al año siguiente, ejerció el mando del regimiento de Infantería Nº 4 Rancagua en Arica, y hasta 1990, comandó el regimiento de Infantería Nº 23 Copiapó. Se desempeñó como Director de la Academia de Guerra del Ejército durante el gobierno de Patricio Aylwin.

Durante 1995 y 1996, Cheyre asumió como Jefe de la Misión Militar de Chile en España y Agregado Militar y de Defensa en ese país, bajo el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

El año 2001 asume la Jefatura del Estado Mayor General del Ejército. Es miembro de la Academia de Historia Militar y del Instituto Geopolítico de Chile. Entre sus publicaciones se menciona: “Interpretación Político-Estratégica” y “Medidas de Confianza Mutua, Casos de América Latina y el Mediterráneo”. Como docente ha dictado las asignaturas de “Estrategia”, “Teoría del Conflicto” y temas vinculados a Seguridad y Defensa en las Academias de Guerra del Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos, además de clases en la Universidad Católica y Gabriela Mistral. Se le considera un “intelectual” y un “modernizador” en el Ejército.

Entre sus “condecoraciones y medallas” destaca la del Presidente de la República de Chile en los grados de “Oficial” y “Caballero”, Estrella Militar de las Fuerzas Armadas en el grado de “Gran Estrella al Mérito Militar” y la soberbia “Misión Cumplida”, otorgada de manos del propio Pinochet. ¿Misión cumplida de qué?

 

 
 

(¹) Los artículos son del año 2002 y fueron publicados en El Siglo.

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LA IMPUNIDAD PROTEGE A LOS TORTURADORES Y VIOLADORES DE LOS DDHH.

La impunidad protege a los torturadores y violadores de los DDHH

por Enrique Villanueva M. (Chile)
Jueves, 09 de Agosto de 2012

http://www.piensachile.com

El autor, Enrique Villanueva M, es Vicepresidente CEEFA-73, Centro  de Estudios Exonerados Fuerza Aérea

La sentencia condenatoria contra 24 de los mas altos representantes del régimen nazi, puso un final al régimen que construyeron y defendieron y, en el caso de las 12 sentencias a muerte, también un término real a la vida de aquellos responsables del holocausto. En la percepción de nosotros los ciudadanos comunes y corrientes, el significado histórico del proceso de Núremberg está relacionado con el cierre de una etapa histórica, porque el juicio fue para los nazis, la continuación de la derrota militar en el escenario de la justicia. En este sentido el Tribunal de Nüremberg abrió camino para una nueva etapa del derecho internacional, de derechos humanos.

En nuestro país sucedió todo lo contrario, la derrota de la dictadura abrió paso a negociaciones de las cuales salieron virtualmente vencedores, a tal punto de imponer la condiciones que al final de cuentas regularon el proceso de transición a la democracia: mantener la constitución de 1980, no alterar las bases del sistema económico, Justicia en la medida de lo posible, mantener la ley  de amnistía de 1978 entre otros.

A pesar de ello para muchas personas, sobre todo en época de elecciones, hablar de la memoria histórica es una cuestión del pasado y que no aporta o sólo representa el pasado. Para nosotros en cambio, representa el pasado, presente y el futuro de este país, como una continuidad histórica, porque así es posible entender las razones por las cuales los civiles y militares actuaron en defensa de una clase social, de grupos económicos y defendieron a conciencia el sistema económico y su ideología.

Es un hecho probado que políticos nacionales, grupos económicos norteamericanos y militares, de la iglesia, actuaron para impedir el cambio social, elegido por voluntad popular y de mayor envergadura de la historia de Chile. Estos se sintieron amenazados en sus intereses económicos y no trepidaron, tal cual lo habían hecho antes en nuestra historia como país, en eliminar toda oposición política, esta vez por medio del terrorismo de estado, para diseñar la refundación del país y su futuro, que es el que estamos viviendo.

Pero el fin del gobierno dictatorial de Pinochet en ningún caso significo el cierre de una etapa histórica, ni los juicios a lideres emblemáticos  de la represión y criminales confesos de crímenes de lesa humanidad, no fue para los pinochetistas una derrota en el escenario político ni de la justicia. Por el contrario, los derrotados se sienten parte de un “grupo de elegidos que salvaron la patria del marxismo”.

Por eso es necesario denunciar de manera permanente lo que sucedió en nuestro país, en nuestro caso, reafirmando que desde el día 11 de Septiembre de 1973 un grupo de oficiales y suboficiales fuimos detenidos y recluidos en la Academia de Guerra Aérea, ( AGA) acusados de traición a la patria, la razón, haber denunciado y oponernos al golpe de estado de 1973. Esta unidad militar, a cargo del General Fernando Mathei, fue transformada por orden del general Gustavo Leigh, en un recinto de reclusión y tortura; La AGA funcionó desde fines Septiembre de 1973 hasta finales de 1974, a cargo de la Fiscalía de Aviación y del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA).

Casi un año después de nuestra detención, en Julio de 1974, el General Leigh decidió la realización de un Consejo de Guerra que resultó ser una verdadera charlatanería judicial, que pronto quedo al descubierto y que fue parte del conocido Plan Z. De esta manera este justificó la persecución, que ordenó, de todos aquellos oficiales y suboficiales que en la Fuerza Aérea fuimos calificados de simpatizantes de la Unidad Popular. Para Leigh éramos la prueba material del descubrimiento del plan de infiltración del comunismo en las Fuerzas Armadas.

Entre los meses de Septiembre y Octubre de 1973 fuimos hechos prisioneros y permanecimos detenidos en el subterráneo y en las salas de clase de la Academia  de Guerra Aérea, habilitadas como celdas, algunos permanecimos allí por varias semanas y meses, siendo sometidos a todo tipo de torturas en el segundo piso o en la capilla de la AGA.

Quienes pasamos por allí sufrimos desde la presión sicológica, golpes de todo tipo, el dolor causado por objetos punzantes en las uñas, el colgamiento desnudos y la aplicación de descargas eléctricas en todo el cuerpo, permanecimos todo el tiempo con una capucha en la cabeza, parados o sentados por largo tiempo y en algunos casos fuimos victimas de los demenciales simulacros de fusilamiento.

En algunos casos nos pegaban letreros manuscritos en el pecho, con instrucciones para los guardias, “sin comida ni agua durante 48 horas”, “una comida al día” o “de pie hasta nueva orden”, entre otros. Algunos de los detenidos como fue el caso del General Bachelet y el mío, se nos envió al Hospital de la Fach, debido al mal estado físico a consecuencia de las torturas y los malos tratos.

Esos fueron momentos de verdadero terror e incertidumbre que vivimos todos quienes estuvimos en la AGA en las manos de los torturadores, que fueron oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea, ellos torturaron y asesinaron a personas. Algunos de ellos como los Coroneles Ceballos, Barahona y el Capitán Víctor Mattig, quienes se comportaron como verdaderos sádicos asesinos, y los demás, como burócratas leales que cumplían servilmente órdenes.

En este contexto el Consejo de Guerra que armó Gustavo Leigh, el cual se realizó entre Julio y Agosto de 1974, se hizo con todo un “arsenal de declaraciones” extraídas  a la fuerza. Se le dio el carácter de  prueba irrefutable de la infiltración marxista en las Fuerzas Armadas, en este caso de la Fuerza Aérea.

Según los antecedentes escritos y públicos entregados por le Fiscalía de Aviación en esa época, el Consejo de Guerra “se inició con motivo de la denuncia, de fecha 14 de septiembre de 1973, formulada por el Presidente del Banco del Estado de Chile, general de Brigada Aérea Enrique González Battle, a la Fiscalía de Aviación, por la que da cuenta de reuniones de carácter político realizadas por civiles y personal de la Fuerza Aérea, en las oficinas del ex Vicepresidente del Banco, Carlos Lazo Frías, y uso indebido de dineros de esa Institución”.

Según esta “denuncia” se trataba de “un grupo formado por personal de la Fuerza Aérea de Chile, dirigentes de los ex partidos socialista, comunista, movimiento de acción popular unitaria (MAPU) y por personas pertenecientes al movimiento de izquierda revolucionario (MIR), inició una labor de proselitismo y penetración marxista dentro de las filas de la Institución, ocultando sus verdaderos propósitos bajo el pretexto de defender al gobierno marxista de un presunto golpe de Estado en su contra. Esta acción formaba parte de un objetivo más amplio, cual era efectuar idéntica penetración en las demás ramas de las Fuerzas Armadas y Carabineros, todo ello con el propósito real de destruir su actual estructura y de crear una Fuerza Armada Popular, para el logro definitivo de las metas demostradas, a través de la historia en todos los países en que el marxismo ha logrado dominar, esto es, el poder absoluto a base de la dictadura del proletariado”.

Todas estas elucubraciones eran parte de una estrategia publicitaria que en Octubre de 1973 la Junta Militar hizo publicar en el “Libro Blanco” para explicar por qué las Fuerzas Armadas derrocaron al presidente Salvador Allende”. En este libro como un apéndice de documentos se presentó el  “plan Z” que al final  de cuentas se transformó en la línea de orientación para que los jefes militares en todo el país lo enriquecieran descubriendo su propia versión y publicaran las listas de posibles candidatos de ser “asesinados por  los comunistas y extremistas”.

A estas alturas no muchos se acordarán del “plan Z”, que fue un vulgar montaje para justificar el golpe de Estado y que se constituyó en la “consigna” de los militares golpistas para eliminar al “enemigo interno”, que según su historia, pretendían asesinarles a ellos. Esto significó que los organizadores de la represión civiles y militares ordenaran reprimir sin  piedad y que consideraran a los perseguidos no como ciudadanos, eventualmente con ideas diferentes, sino como asesinos que proyectaban eliminarlos, a ellos y sus familias.

Esas fueron las bases jurídicas que esgrimieron nuestros acusadores para iniciar el Consejo  de Guerra evento que cualquier persona pueda encontrar en los diarios y revistas de la época. Un proceso anómalo que se baso en pruebas, declaraciones, sacadas por medio de torturas y en casos haciéndonos firmar, después de semanas de malos tratos físicos y sicológicos, hojas totalmente en blanco que luego llenaban según el libreto orientado por los fiscales encargados del proceso.

Durante el Consejo  de Guerra los abogados tuvieron acceso al expediente de mas de 2500 fojas en solo 5 días y la defensa podía ser presentada de manera escrita y sujeta a una censura previa, que los encargados del Consejo de Guerra se encargaban de hacer, eliminando todas aquellas afirmaciones que estimaban no adecuadas.

Los delitos de traición a la patria, de faltar a los deberes militares y las condenas que nos aplicaron se fundamentaron en la premisa de la existencia de un Estado de Guerra con anterioridad al 11 de septiembre de 1973, sin establecer la fecha de su iniciación. Adjudicándole además el carácter de enemigos del Presidente de la Republica, a los Ministros de Estado y partidos políticos, jurídicamente reconocidos como tales; En base a estos supuestos se tipificó el delito de traición a la Patria en Tiempo de Guerra  según el Código de Justicia Militar.

Por todo esto es muy difícil creer en un discurso como el de Mathei y de todos los torturadores que permanecieron enquistados en las FFAA, hoy jubilados, o de los funcionarios del gobierno de Pinochet, que no sabían que en sus instituciones sucedían hechos que significaban la tortura o la muerte de personas.  Vale la pena hacer un paralelo con lo sucedido en la ciudad alemana de Weimar, cuyos habitantes argumentaban que no tenían idea que el polvillo gris que caía diariamente sobre sus casas desde la chimenea del campo de prisioneros de Buchenwald, provenía de los hornos crematorios.

En esos años en Alemania sucedía lo mismo que en el Chile de hoy, nadie sabía nada, pero omitían que los prisioneros llegaban en tren hasta la estación de la ciudad, ubicada en plena plaza, y la atravesaban caminando hasta el campo de concentración ante la mirada de todo el pueblo.

Estos relatos se han hecho en innumerables oportunidades, pero mientras siga vigente la ley de amnistía de 1978, continuarán siendo solo narraciones que podrán hacer reflexionar a algunos, que no alterarán la indiferencia o simplemente provocaran el rechazo de otros. Pero nuestro objetivo es sensibilizar a los chilenos para que alguna vez podamos los ciudadanos decidir en una consulta nacional, si anulamos o dejamos que la ley que obstaculiza el enjuiciamiento de los casos de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar siga vigente.

Pero lo que esta sucediendo es un hecho que debemos reconocer como positivo, primero el que se reconociera en un proceso judicial que el General Alberto Bachelet murió por efecto de las torturas que recibió en la Academia  de Guerra Aérea. Segundo que el General Fernando Mathei quien fuera director del recinto militar donde le infringieron las torturas al General Bachelet, a todos lo militares que nos opusimos al golpe de estado y a miles de chilenos y chilenas, sea llamado a declarar ante un juez por las responsabilidades que tiene en todos estos hechos.

Es un paso que debiera caminar en la dirección de descubrir de manera definitiva el manto de impunidad que protege a los civiles y militares de su complicidad o de sus responsabilidades en los crímenes cometidos durante la dictadura militar. Son acciones que debieran terminar con la mentira de que con sus acciones contribuyeron a “salvar la patria del comunismo”,

Todos sabemos que el Decreto Ley de Amnistía dictada en el año 1978 por el gobierno dictatorial de Pinochet, significó el auto perdón por las peores violaciones a los derechos humanos cometidas en el régimen militar. Esta ley no se consideró durante las negociaciones políticas con la dictadura, la excusa fue “para asegurar la estabilidad de la transición”, a pesar de que extingue la responsabilidad de todas las personas que en calidad de autores, cómplices o encubridores incurrieron en hechos delictuosos durante la vigencia de la situación de Estado de Sitio, comprendida entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1978.

Hoy en día no hay razón para mantener el manto de impunidad que facilita la protección no solo a los militares, también a políticos y empresarios involucrados, desde quienes diseñaron la base política y constitucional en 1980, a los que ubicados en los distintos ministerios de la dictadura crearon y diseñaron políticas para perseguir a los chilenos.

Sin este marco legal que les favorece, varios de estos personajes que se dan hoy el lujo de negar todo, como es el caso del general Mathei, diciéndose a ellos mismos “arrepentidos”, dejarían de avalar y defender el sistema que crearon, “los logros” económicos y la “estabilidad” política que según ellos nos brindó a los chilenos Pinochet. Sostengo que la preocupación por la memoria histórica de nuestro país es un tema político ligado a la ética y que si bien es cierto que esta ultima es una praxis íntima, personal, en nuestros días no siempre se junta con la política.

Finalmente hay denuncias recientes que no pueden pasar inadvertidas, la publicación periodística que puso al descubierto la participación del diputado Alberto Cardemil en una red de espionaje para identificar y perseguir a chilenos contrarios al régimen de Pinochet. Y la denuncia el ex Capitán de la Fuerza Aérea de Chile Jorge Silva a CIPER, que la inteligencia de la FACH planeaba asesinar a Salvador Allende una vez que este asumió la presidencia del país.

En la medida que se continúe por el camino de la indiferencia o de mantener la política de la justicia de lo posible, cada uno de estos hechos son hitos que de una manera u otra remecen los cimientos de la democracia, los cuales dejan al descubierto que todo ese proceso siempre tuvo como base el olvido y la impunidad. La justicia de lo posible no podía orientarse a identificar culpables y castigarlos, salvo algunos casos emblemáticos, lo que es lo mismo que decir que ha sido una forma de lograr la amnesia pública.

La impunidad en nuestro país se construyó, a esto contribuyeron no solo militares sino que también civiles, de esto existen archivos históricos y suficientes argumentos, así como pruebas documentales de la participación de empresarios, de la directiva de la DC en la conspiración del golpe de estado y que la derecha no llamó jamás a los militares a la prudencia.

Al contrario, algunos rechazaron la moderación y descartaron una “dictablanda”. Existe una minuta de Jaime Guzmán Errázuriz, días después del golpe que dice: “El éxito de la Junta está directamente ligado a la dureza y energía que el país aplaude. Todo complejo o vacilación en este propósito será nefasto. El país sabe que enfrentará una dictadura y la acepta”. El mismo Guzmán fue el autor de la doctrina “la Junta de Gobierno no responde ante nadie, sino ante Dios y la historia”, consagrada en la sesión de la Comisión Constituyente del 5 de septiembre de 1974. (“Diecisiete años de horror y crímenes de Luis Alberto Mansilla. Punto Final  Nº546)

– El autor, Enrique Villanueva M, es Vicepresidente CEEFA-73, Centro  de Estudios Exonerados Fuerza Aérea