El arte como integrador popular. Luciana Mangó

El arte como integrador popular

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(Luciana Mangó para SURsuelo)

Sus pinceles trazan sueños en colores, marcados en una pared como quien sella un deseo para siempre. Con sus manos moldean el futuro para imprimir en cada obra sus anhelos. Aquellas ilusiones plasmadas como arte son la expresión de un juego de chicos que no dejan de soñar. En Casilda, una vez a la semana, se reúnen niños y adolescentes para hacer explotar la cultura popular.

Guiados por el Movimiento Cultural “La Maza”, estos chicos ponen en práctica sus saberes y los ajenos, los comparten y los hacen propios, en una serie de talleres que tienen como objetivo dar lugar a diferentes expresiones del arte contemporáneo. La iniciativa de conformar este movimiento surgió a partir de la inquietud de un grupo de jóvenes que, por el 2005, sintieron la necesidad de buscar un cambio en la sociedad a partir del arte y la cultura. Contagiados por el estallido social que se había desatado con los sucesos del 2001, decidieron reunirse y pensar juntos una alternativa a la crisis que implicara la integración de los chicos marginados de la zona.

Es así como comenzaron a acercarse a los barrios de Casilda para ofrecer distintos tipos de talleres para que los niños pudieran participar y expresarse. “Vemos que hay un sector de la población al cual no se le ofrece nada o se le ofrece muy poquito. Por eso, nuestra intención fue descentralizar todo lo relacionado con lo recreativo, ya que sólo se encontraban espacios de esta índole en el centro de la ciudad mientras los barrios quedaban exentos”, expresa Manuela Bonis, integrante y miembro fundadora del Movimiento Cultural. En un primer momento, “La Maza” carecía de un espacio físico en el cual poder desarrollarse pero, lejos de ser un obstáculo en su propósito, aprovecharon la situación para generar actividades al aire libre. De esa manera, se fueron instalando en los barrios y los vecinos pudieron conocer su propuesta. La aceptación de la población siempre fue muy buena al punto que colaboró para reunir firmas para conseguir ese lugar tan deseado. Gracias al apoyo de los vecinos y al aval de la Municipalidad de Casilda, que los respaldaba como organización por no tener personería jurídica, lograron que el ferrocarril, el Nuevo Central Argentino, les cediera un espacio en desuso (un cabín), que restauraron y en el que actualmente funcionan los talleres. “Generar una actividad donde el niño puede ir, crear y producir es generador de salud”

El grupo se reúne una vez a la semana para debatir acerca de sus proyectos, en un espacio abierto a todo aquel interesado en participar y que desee sumarse a la iniciativa. Caracterizados por la autogestión, cuentan con la colaboración de la Municipalidad sólo para algunos gastos precisos, cuando se les solicita para determinados eventos. Entre las actividades propuestas por “La Maza” se encuentran talleres de plástica, de arte urbano, de mural y de estampado de remeras, los cuales se brindan en una vecinal y en un centro comunitario municipal de dos barrios periféricos de la ciudad, como lo son el barrio “Yapeyú” y “Nueva Roma C”, donde se concentra la mayor cantidad de gente y con menores recursos económicos. “Para los chicos es muy importante saber que hay alguien que está pensando en ofrecerles algo, un espacio, ya que son chicos que se encuentran en situaciones de pobreza, con vínculos frágiles. Por eso también quisimos salir a los barrios. Si bien hay un centro cultural municipal gratuito, los chicos no se acercan ahí porque conlleva una cuestión de status el tener que ir bien vestidos y con zapatillas sanas”, manifiesta Bonis. Según relata la integrante del Movimiento, el trabajo en el barrio “Yapeyú” comenzó a partir de la inquietud de una docente de primaria que, ante problemas de aprendizaje de sus alumnos, decidió convocarlos para generar un taller como parte del proceso de conocimiento. En ese sentido, Bonis destaca la importancia de hacer sentir a los chicos como protagonistas de los procesos y señala: “Organizar una actividad donde el niño puede ir, crear y producir es generador de salud. Creo que les permite sentirse valorizados como personas. Eso se nota porque te devuelven con afecto, con compromiso con el espacio, al ir todas las semanas, al respetar las normas que se plantean de funcionamiento del taller. De alguna manera, somos referentes en el barrio y nos respetan mucho, ya que lo principal, a mi entender, es tratarlos como lo que son, como personas. Y eso ya impacta en el otro”.

También funciona allí un espacio de género denominado “Mujeres en Movimiento”, conformado por algunas de las mujeres de “La Maza” junto a otras interesadas que se han ido sumando a la propuesta. En el mismo se brindan talleres sobre violencia de género y sexualidad, además de estar trabajando en la actualidad para reunir fondos para viajar al Encuentro Nacional de Mujeres que se realiza en el mes de octubre. “Hay un sector de la población al cual no se le ofrece nada o se le ofrece muy poquito. Por eso, nuestra intención fue descentralizar todo lo relacionado con lo recreativo, ya que sólo se encontraban espacios de esta índole en el centro de la ciudad mientras los barrios quedaban exentos” El grupo que dio origen y lleva adelante el Movimiento Cultural “La Maza” está conformado por unas diez personas aproximadamente, en su mayoría jóvenes que, provenientes de diversas disciplinas, se reunieron por un interés común: hacer algo para cambiar las cosas.

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