“El Negro se esta muriendo”. Daniel Silverman

El Negro se esta muriendo

Daniel Silberman

Ayer llego un mensaje en mi casilla electrónica: ‘El Negro’, Armando, el hermano de mi mama, está agonizando. De cáncer, ha perdido 11 kilos en la última semana. A lo mejor tiene una semana más, dicen los doctores. Es el mismo Negro que nos dio la espalda el 73, después del golpe. El era un oficial en el ejército, y my papa, David Silberman, estaba preso y después desaparecido por sus funciones y conexiones en el gobierno anterior de Allende.

  My mama no había dejado una piedra sin darla vuelta en sus esfuerzos de encontrar algún trozo de información sobre su destino. Obviamente le había pedido también la ayuda a su hermano, a ver si el puede averiguar algo dentro de sus círculos militares. Pero el mantuvo su silencio y corto todas las comunicaciones con nosotros. Mi mama incluso llego una vez a una base militaría donde el por causalidad estaba. Desde la distancia la vio y se alejo como del fuego. Ahora, entiendan, yo no lo juzgo. El temía, por si mismo, por su familia, y probablemente que su carrera militaría se paro en ese momento exacto, pues él era ahora un soldado ‘marcado’, el hermano de esa izquierdista. Quizás si él hubiera tratado de encontrar alguna información o ayudar de alguna manera práctica, el podría haber pagado con su propia vida, pues el régimen de terror de Pinochet no mostro piedad ni siquiera a su propia gente, soldados o oficiales que estaban en contra de las torturas y las Matanzas que ocurrían. Pero en la vida a veces hay que hacer decisiones difíciles y el ciertamente eligió darnos la espalda. Sin explicación alguna. O algún atento de mantener alguna forma de relación. Nada. En vez se desconecto lo más posible de su hermana y su familia. Ahora quieren que mi mama lo llame, después de 39 años, en su lecho de muerte, para consolarlo, para hacer la paz con él. Para perdonarlo a lo mejor. Para mandarlo a su ultima jornada con una bendición. Generalmente no me abro así no más con este capítulo de mi vida públicamente. Casi nunca, pero esta llamada de teléfono movió algo en mi vientre. En relación a nuestro carácter humano. Realmente no lo juzgo, ¿pues quien puede garantizarme que yo hubiera actuado diferente? En cualquier caso, creo que los códigos morales de uno cambian en el minuto que tienen hijos y familia que proteger. ¿Cuánta gente se levantó durante el holocausto para defender a sus vecinos judíos cuando se los llevaron, robaron, o asesinaron? Y los experimentos de Milgram vienen a la mente, cuando el nos demostró que un monstro chiquitito (¿o grande?) existe en cada uno de nosotros y solo espera la oportunidad de levantar su cabezota. Que todos tenemos esa capacidad de transformarnos en un segundo de prisionero a carcelero. Basta darles una mirada a los mejores jóvenes que acá en mi nuevo país mandamos a los 18 años a jugar gato y ratón en los territorios ocupados. Pero el hizo su elección y nos desconecto durante una época en la cual quizás necesitábamos ayuda más que nunca – por algún trocito de información, algo. My papa estaba desaparecido y mi mama la echaron de su trabajo en la universidad y ni un empleador, no en el sector privado o público, no podía tomar el riesgo de emplearla, así que también nuestra situación económica cambio en un instante de excelente, estable, a caerse “sobre la cara” como se dice por acá, sobre la orilla de la vereda, con las manos amarradas por atrás. Así que no tengan ninguna expectativa alguna que lo llame tío ahora. Realmente, como niño años después cuando ya vivíamos seguramente en Israel, le urgía a mi mama que renovara el contacto con el, ” pues es su hermano, mama, hágalo para la abueli”, pero mi mama, con una firmeza no típica a ella se negó y rechazo todos mis ruegos. Nos dolía mayormente por la abueli, que vivio a ver a sus propios hijos desconectados, después de haber construido una unión familiar toda su vida. El 91, cuando volvimos de visita por primera vez a Chile, tratando de hacer paz con el pasado, de entender el proceso que ocurrió en el país, mi hermano mayor, Claudio y yo nos alojamos en casa de mi abuelita y ella invito a almorzar al hijo mayor del Negro, Armando también se llama, que también siguió carrera en el ejército y se había transformado en un joven prominente oficial. Nos mordimos los labios y aceptamos, por el bien de la abueli. El hijo de puta llego al almuerzo en su uniforme representante, con su chaqueta blanca y botones dorados y su enorme espada brillante dentro de su funda colgando de su cadera. Qué lindo, felicitaciones por la falta de tacto. Pero mantengamos la corteza. Pero el insistió en hablar sobre la política, a meter sus dedos gruesos dentro de nuestras heridas inflamadas, en vez de interesarse, por ejemplo, sobre nuestra vida en Israel, nuestros hobbies, nuestros amores. Nada. Y ahí libero una declaración, que “Incluso hoy” (en 91 el país estaba en proceso de volver a la democracia, ya que la junta militar había devuelto los reinos de gobierno a manos civiles), “Incluso hoy, una palabra de nuestro General, y nosotros todos lo seguiremos con los ojos cerrados, bajo agua y fuego, y vamos a matar a cualquier persona que él nos comande”. Bueno, en ese momento Claudio y yo cambiamos miradas y dejamos juntos la mesa, un segundo antes de que se arme una pelea a combos, por respeto a la abueli. Y eso termino y completo cualquier atento que hubo de reconciliación familiar. Ayer, cuando llegaron los mensajes en el inbox, le recordé a Claudio el incidente, y a mi sorpresa el lo había borrado totalmente de su memoria. Mi querido hermano, eres una persona mejor que yo. Yo, aparentemente, guardo rencor. Obviamente, mi mama lo llamo. El estaba demasiado débil y su mente borrosa para poder hablar, después de todos los exámenes y medicaciones. Pero entendía y realizaba que estaba en el teléfono con su hermana y se acomodo con escucharla. Después mi mama hablo con Anita, su hija, y ella le conto cuanto su papa siempre hablaba alto de su hermana, y cuanto la quiere y cuanto le dolía está quebrada bla bla bla. Es una verdad universal que cuando un hombre se acerca a su ultimo respiro, trata de hacer paz con si mismo, con sus pecados, sus errores. Y esa paz se puede conseguir en una manera real, de reparación y examinar su alma o de otra manera al negar totalmente o “reparar” eventos de su vida. Yo no tengo la menor idea que corre en sus pensamientos hoy, o en los pensamientos de sus hijos, como ellos recuerdan o cuentan nuestra historia de esos días. Tampoco me importa saber. Mi papa desapareció y hasta hoy no sabemos cómo y cuándo exactamente lo asesinaron, donde está enterrado o por donde tiraron su cadáver, y tu, Negro, nunca moviste un dedo por nosotros, no para encontrarlo, no para ayudarle a tu hermana, ni para ofrecer apoyo moral, a lo menos. Y tuviste 39 años bastante tiempo para hacer esa llamada y decir, Mariana, reconciliemos. Y en eso si paso juicio. Asi que no me pidan que lo llame tio ahora

Tu comentario es parte de nuestro artículo.Gracias.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s