“YO NACI EN UN CAMPO DE CONCENTRACION”

“YO NACI EN UN CAMPO DE CONCENTRACION”

 
Mira yo no vivo pensando en todo lo que paso, pero nací en la cárcel, a mi mamá la torturaron mientras estaba embarazada… Soy la prueba viviente de que todo eso ocurrió, y yo no me voy a olvidar ni me pueden borrar así no más”.  
Isabel es una adolescente normal. Y tal vez eso sea lo extraordinario. Ella nació prisionera, como la Amanda, el José Miguel, el Miguel o el Chinito, que estuvieron en su celda.
Cuenta su historia con la franqueza de sus trece años. No quiere vivir mas “entre paréntesis”. Entre los espacios todavía nuevos de su casa chilena de retornados recientes (“he tenido muchas casas..”), Entrega su testimonio porque quiere que se conozca “también nuestra versión de estos años, la opinión de los niños…que ya hemos crecido y ya no somos los hijos de…”.
Yo lo que sé es que tenía unos tres años y ya contaba que había nacido en la cárcel…
Cuando tenia cinco años contaba en el colegio, en Francia, que a mi mamá la habían torturado. No sabía bien lo que significaba”.
“ Mis padres – Francisco Plaza y Rosa Lizama- se conocieron durante el gobierno de la Unidad Popular. Eran militantes del MIR. Los agarraron en el año 75. Mi mamá ya me estaban esperando a mí. Los llevaron a la Villa Grimaldi y después a Tres Alamos. En esa época nací, el 7 de mayo de 1975…
A mi mamá la sacaron para el parto a un hospital, tuvo una cesárea y después la devolvieron conmigo. Nos tenían a todas en una celda de Madera, amontonadas, sucias, incomodas…A los hombres los tenían separados de las mujeres, a mi papá le pasaron el dato de que yo había nacido. Un guardia lo dejó entrar unos minutitos. A pesar de que estábamos en la cárcel se alegro mucho, mucho de que yo existiera.
Todas las mujeres con hijos se turnaban para lavar pañales y cuidar a las guaguas. Pero había algunas que estaban muy mal…Mi mamá le dió leche también al Miguelito, porque la mamá de ese niño – que era una pobladora de La Bandera- lo rechazaba, el niño lloraba ella no quería amamantarlo, quería como morirse no más. Y a mi mamá le alcanzo la leche para los dos.
“En el exilio supe de niños que fueron torturados o que presenciaron la tortura de sus padres. Eso es terrible…Te ponen de una parte el hacerle daño a tu hijo, y de la otra parte – como si fuera opuesto – te ponen el compromiso con tu partido, con lo que piensas, la lealtad con tus compañeros…Yo le he preguntado a mi mamá si a ella la torturaron estando embarazada. Ella tiene un poco de reserva en cuanto a hablar de ese tema. Pero si me contesto que la torturaron, sin mas detalles. Cuando pienso en estas cosas me cuesta creer que yo estuve allí, en ese infierno. Y me cuesta mas pensar que hay gente capaz de poner a otra persona en la parrilla y que no le importe nada”
El nombre que yo llevo es por una amiga de mi mama que desapareció en esa época. Después de meses fuimos expulsadas del país. Mi papá me volvió a ver cuando yo tenia un año, ya en el exilio. Durante el exilio mis padres trabajaron sin descanso en la solidaridad por Chile, por los que quedaron acá. Y todos esos años fueron cambios y más cambios. Había que dejarlo todo y empezar siempre, otro idioma, otra manera de vivir, otra gente. Cuando nos cambiábamos de país yo ya no quería tener amigos porque para que… si después me tenia que ir…Y todos esos cambios eran porque mi mamá estaba pensando siempre en acercarse a Chile.
“Los entiendo porque ellos nunca se quisieron ir de Chile, a los veinte años tenían muchos planes y no pudieron hacer nada. Como que hicieron una pauta mientras iban y volvían. Y el paréntesis duro quince años.” Ellos creían que llegando a Chile todo iba a cambiar, que formaríamos el hogar que siempre quisimos, que harían algo por su país. Y llegaron aquí y se dieron cuenta de que todo era tan distinto, que la vida había seguido su curso mientras ellos estuvieron entre paréntesis… Durante todos esos años nosotros éramos una familia que andaba repartida, unos por aquí otros por allá…Pero siempre estaba Chile, Chile, Chile. Y cuando les permitieron entrar, y pudimos estar juntos definitivamente, no resulto. Ellos trataron pero tuvieron que separarse.
“A mi no me gusta mucho este país, no me siento chilena ni de ninguna parte. Nosotros los niños que vivimos afuera, estuvimos en países muy solidarios pero donde no siempre nos quisieron. Sufrimos racismo, discriminación por ser morenos y achinados, donde nos acusaron de ladrones por ser mas oscuritos. Pero nosotros no elegimos irnos, nos echaron de nuestro país, no nos quedo otra cosa menos a los niños.”
“Acá en Chile me costó encontrar un lugar para mí, al comienzo me importaba un comino discutir de política. Cuando uno recién llega Pinochet es lo de menos. Pero me fuí dando cuenta de que la dictadura ha sabido utilizar muy bien su poder: Una compañera de curso salió diciendo que ella le iría a desfilar a Pinochet encantada de la vida y que incluso se arrodillaría delante de él. A mí me entro rabia y le dije: ¡Cómo tu le puedes ir a desfilar a un gallo que ha hecho sufrir a un montón de gente!. Porque aquí hay muchos que solo ven cuando secuestran a los coroneles, pero nunca ven cuando aparece gente muerta, cuando queman gente ni nada de eso. ¿No son pocos los que no quieren ver sabes?. Eso me llega a mi …Mira yo no vivo pensando en todo lo que paso, pero yo nací en la cárcel, a mi mama la tuvieron allí presa mientras estaba embarazada, la torturaron cuando me estaba esperando a mí, viví mis primeros meses en un campo de prisioneros, eso pasó, lo viví y lo vivieron otros niños otras mamás, no es imaginario… Nosotros somos la prueba viviente de que todo eso ocurrió y de que seguirá ocurriendo si no somos capaces de ver. Y que yo esté aquí hablando es la confirmación de que no nos vamos a olvidar ni tampoco nos pueden borrar así no más.

( Extracto de una entrevista hecha por la revista ANALISIS en agosto de 1988)

Testimonios

Testimonios: «Estos son escritos de testimonios publicados o autorizados por los autores:

Testimonio de Hugo Chacaltana Si
Testimonio de Adolfo Silva González
Testimonio de Aurora Cornejo
Testimonio de Benjamín Teplisky
Testimonio de Carlos Bongcam Wyss
Testimonio de Carlos Montes
Testimonio de Domingo Cadin
Testimonio de Juan Hilario Bassay Alvear
Testimonio de Luis Fuentes Urra
Testimonio de Manuel Cabieses Donoso
Testimonio de Olinda Elena Mena Alvarado
Testimonio de Orlando Letelier
Testimonio de Oscar Patricio Orellana Figueroa
Testimonio de Raimundo Belarmino Elgueta Pinto
Testimonio de Rosa Gutiérrez Silva
Testimonio de un hermano de un conscripto para el 11 Septiembre
Yo naci en un campo de concentracion
Testimonio acerca de Guillermo Baltazar Kegevic Julio
Estas paginas han sido preparadas y son mantenidas por: Proyecto Internacional de»

YouTube – Grávidas Mariposas de Chile. Madres Detenidas Desaparecidas.

YouTube – Grávidas Mariposas de Chile. Madres Detenidas Desaparecidas.

GRÁVIDAS MARIPOSAS DE CHILE»

Homenaje a las mujeres detenidas desaparecidas que tenían un hijo en sus vientres.

1.- Reinalda Pereira Plaza
2.- Michelle Peña Herreros
3.- Cecilia Miguelina Bojanic Abad
4.- Gloria Ester Lagos Nilsson
5.- Elizabeth Rekas Urra
6.- Gloria Ximena Delard Cabezas
7.- Jacqueline Drouilly Yurich
8.- Maria Cecilia Labrin Sazo
9.- Nalvia Rosa Mena Alvarado

Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de estos abusos. Entre los reportajes y programas especiales que se desarrollaron en el marco de los 30 años del golpe militar de 1973 se echó de menos uno: el que diera cuenta de los niños que fueron asesinados y desaparecidos durante los 17 años de dictadura. No existe ninguna razón política, militar o de Estado que explique o justifique la muerte de un niño. Qué decir sobre los casos de aquellos niños que todavía dentro del vientre materno o sólo con meses fueron hechos desaparecer junto a sus padres.

Quienes aún se empeñan en seguir justificando todos sus ‘excesos’ con el prefabricado Plan Z y el fantasmal ejército guerrillero, debieran decirnos -porque seguramente tienen respuesta- si estas mujeres eran un peligro para la seguridad nacional o eran agentes del comunismo internacional y por eso fueron asesinadas.

La verdad es que no parece posible encontrar una sola razón que justifique el peor de los crímenes que es matar a una madre y a un ser indefenso, con toda la vida por delante. Estos hechos, un poco dejados de lado en este recuento periodístico de los 30 años, son una mancha vergonzosa en la historia y la conciencia colectiva de Chile.

Cuando se abordan estos hechos es posible entender de mejor manera la cultura de respeto y de adoración que se le da en el campo y en los sectores rurales de todo nuestro territorio a la muerte de un angelito, donde se reparte el dolor entre todos los miembros de un pueblo, porque no es posible que tanto sufrimiento lo carguen sólo sus madres y padres. Por eso, el dolor de la muerte de todas estas madres y los angelitos muertos por la dictadura es una carga que debemos aprender a llevarla todos los chilenos.

Si la ayuda y la salvación han de llegar sólo puede ser a través de los niños. Porque los niños son los creadores de la humanidad. Los niños son la esperanza del mundo, y ellos se encargarán que los hijos de sus hijos, no hagan repetir estas historias de horror y terror que enloda y ensucia de sangre la historia de Chile.

Felipe Henríquez Ordenes
30 de Agosto 2010
Dia Internacional del Detenido Desaparecido.

En Youtube :
Mariposas — Silvio Rodriguez.
—————————————-
Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero
desde que sé que no vendrás más nunca
he vuelto a ser aquel caudal del aguacero
que hizo casi legal su abrazo a tu cintura
y tu apareces en mi ventana
suave y pequeña, con alas blancas
yo ni te miro para que duermas
y no te vayas.

Qué maneras más curiosas
de recordar tiene uno.
Qué maneras más curiosas
Hoy recuerdo mariposas
que ayer sólo fueron humo
Mariposas, mariposas,
que emergieron de lo oscuro
bailarinas silenciosas.

Tu tiempo es ahora una mariposa
navecita blanca, delgada, nerviosa
Siglos atrás inundaron un segundo
debajo del cielo, encima del mundo

Así eras tú en aquella tarde, divertida
Así eras tú de furibunda compañera
Eras como esos días en que eres la vida
y todo lo que tocas se hace primavera
¡Ay mariposa!, tú eres el alma
de los guerreros que aman y cantan
y eres el nuevo ser que hoy se asoma
por mi garganta.

Qué maneras más curiosas
de recordar tiene uno.
Qué maneras más curiosas
Hoy recuerdo mariposas
que ayer sólo fueron humo
Mariposas, mariposas,
que emergieron de lo oscuro
bailarinas silenciosas.

Tu tiempo es ahora una mariposa
navecita blanca, delgada, nerviosa
Siglos atrás inundaron un segundo
debajo del cielo, encima del mundo.

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Homenaje a las mujeres detenidas desaparecidas que tenían un hijo en sus vientres.

1.- Reinalda Pereira Plaza
2.- Michelle Peña Herreros
3.- Cecilia Miguelina Bojanic Abad
4.- Gloria Ester Lagos Nilsson
5.- Elizabeth Rekas Urra
6.- Gloria Ximena Delard Cabezas
7.- Jacqueline Drouilly Yurich
8.- Maria Cecilia Labrin Sazo
9.- Nalvia Rosa Mena Alvarado

Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de estos abusos. Entre los reportajes y programas especiales que se desarrollaron en el marco de los 30 años del golpe militar de 1973 se echó de menos uno: el que diera cuenta de los niños que fueron asesinados y desaparecidos durante los 17 años de dictadura. No existe ninguna razón política, militar o de Estado que explique o justifique la muerte de un niño. Qué decir sobre los casos de aquellos niños que todavía dentro del vientre materno o sólo con meses fueron hechos desaparecer junto a sus padres.

Quienes aún se empeñan en seguir justificando todos sus ‘excesos’ con el prefabricado Plan Z y el fantasmal ejército guerrillero, debieran decirnos -porque seguramente tienen respuesta- si estas mujeres eran un peligro para la seguridad nacional o eran agentes del comunismo internacional y por eso fueron asesinadas.

La verdad es que no parece posible encontrar una sola razón que justifique el peor de los crímenes que es matar a una madre y a un ser indefenso, con toda la vida por delante. Estos hechos, un poco dejados de lado en este recuento periodístico de los 30 años, son una mancha vergonzosa en la historia y la conciencia colectiva de Chile.

Cuando se abordan estos hechos es posible entender de mejor manera la cultura de respeto y de adoración que se le da en el campo y en los sectores rurales de todo nuestro territorio a la muerte de un angelito, donde se reparte el dolor entre todos los miembros de un pueblo, porque no es posible que tanto sufrimiento lo carguen sólo sus madres y padres. Por eso, el dolor de la muerte de todas estas madres y los angelitos muertos por la dictadura es una carga que debemos aprender a llevarla todos los chilenos.

Si la ayuda y la salvación han de llegar sólo puede ser a través de los niños. Porque los niños son los creadores de la humanidad. Los niños son la esperanza del mundo, y ellos se encargarán que los hijos de sus hijos, no hagan repetir estas historias de horror y terror que enloda y ensucia de sangre la historia de Chile.

Felipe Henríquez Ordenes
30 de Agosto 2010
Dia Internacional del Detenido Desaparecido.

En Youtube :
Mariposas — Silvio Rodriguez.
—————————————-
Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero
desde que sé que no vendrás más nunca
he vuelto a ser aquel caudal del aguacero
que hizo casi legal su abrazo a tu cintura
y tu apareces en mi ventana
suave y pequeña, con alas blancas
yo ni te miro para que duermas
y no te vayas.

Qué maneras más curiosas
de recordar tiene uno.
Qué maneras más curiosas
Hoy recuerdo mariposas
que ayer sólo fueron humo
Mariposas, mariposas,
que emergieron de lo oscuro
bailarinas silenciosas.

Tu tiempo es ahora una mariposa
navecita blanca, delgada, nerviosa
Siglos atrás inundaron un segundo
debajo del cielo, encima del mundo

Así eras tú en aquella tarde, divertida
Así eras tú de furibunda compañera
Eras como esos días en que eres la vida
y todo lo que tocas se hace primavera
¡Ay mariposa!, tú eres el alma
de los guerreros que aman y cantan
y eres el nuevo ser que hoy se asoma
por mi garganta.

Qué maneras más curiosas
de recordar tiene uno.
Qué maneras más curiosas
Hoy recuerdo mariposas
que ayer sólo fueron humo
Mariposas, mariposas,
que emergieron de lo oscuro
bailarinas silenciosas.

Tu tiempo es ahora una mariposa
navecita blanca, delgada, nerviosa
Siglos atrás inundaron un segundo
debajo del cielo, encima del mundo.

"Narrando talleres literarios" Pía Barros

Pía Barros

Narrando talleres literarios



Los talleres de Pía se iniciaron en época de dictadura en nuestro país, tiempo  que ella recuerda con muchos talleres literarios, que generaban un ambiente de creación dentro del caos “todo el mundo quería escribir, tal vez porque nadie podía hablar” dice la escritora.
Comenzaron como cursos, donde se escribían cartas a familiares desaparecidos y se juntaban a hacer lo que en ese tiempo estaba prohibido: expresar.
Su memoria cuenta que durante un allanamiento, ella y su curso estaban de guata en el suelo, terminando de escribir los textos acompañados de una vela. Eran tiempos donde se buscaba hacer literatura, sin importar el ambiente adverso y las prohibiciones.
Hoy lleva 33 años haciendo talleres de literatura, los que ha trasladado a Sudamérica, Europa y Australia. Son grupos de 10 alumnos por curso, de todos los estilos posibles, quienes tienen en común el querer escribir. Al juntarse cuentan historias, se critican o halagan, para comenzar a buscar quiénes son y finalmente encontrar “el sonido propio”.
Opina:
Pía Barros, escritora.
Susana Sánchez, alumna
Martín Pérez, alumno.
Más Información en www.piabarros.cl

Política y cultura


Polít. cult.  n.23 México  2005

 

Opresión política y reconfiguración cultural


Migraciones, exilios y traumas síquicos


Enrique Guinsberg*


*Universidad Autónoma Metropolitana, México
gbje1567@correo.xoc.uam.mx



Recepción del original: 27/05/04
Recepción de artículo corregido: 21/01/05



Resumen
Luego de hacer una diferenciación entre migraciones y exilios, se considera que ambos requieren ser estudiados desde una perspectiva transdisciplinaria, lo que muy poco se ha hecho hasta ahora al privilegiarse visiones sociales, políticas, económicas o históricas. Aceptando y reconociendo la importancia central de todas éstas, en este artículo se analizan las consecuencias sicosociales y traumas síquicos que esos fenómenos producen en quienes los viven.
Palabras clave: Migraciones, exilios, sicoanálisis, transculturalidad y traumas síquicos





El tema de exilios, migraciones y todo tipo de cambios de residencia es tan viejo como actual: éstos se han producido desde el inicio de la historia y nunca han dejado de existir, aunque con diferentes vicisitudes. Con las herramientas teóricas y conceptuales de cada época se observaron y estudiaron sus causas —políticas, económicas, sociales, culturales— y sus consecuencias, pero las sicosociales que ellos producen comenzaron a ser analizadas apenas en las últimas décadas por la conjunción del desarrollo de las disciplinas sicológicas y el incremento de situaciones de salidas forzosas de los países de origen en los últimos tiempos. Ambos aspectos alcanzan un nivel importante en la década de los ochenta, periodo de auge del exilio latinoamericano, donde los estudios e investigaciones —este artículo se apoya en ellas y en la práctica concreta realizada— alcanzaron su madurez cuantitativa y cualitativa.1 Es entonces una problemática que debe ser estudiada desde una categórica perspectiva transdisciplinaria, es decir, como un todo que incluye muchas visiones disciplinarias, o sea, como una síntesis de múltiples determinaciones.
En efecto, como correctamente se sintetiza en un reciente trabajo publicado en México, y del que luego se tomarán datos y ejemplos muy expresivos,

hablar de exilio [esto también vale para las migraciones] lleva implícita la figura del exiliado, categoría moldeada por la subjetividad, la ambigüedad e incluso la contradicción. Ante los exilios registrados en un tiempo y espacio precisos, surgen las fases subjetivas de los entes históricos. Entonces, estudiar cualquier éxodo implica también comprender al exiliado, tomar en cuenta dimensiones sicosociales y sociológicas. Ello permitirá entender mejor cómo ha sido vivida la experiencia, pese a las visiones parciales y limitadas […] Todo investigador que se interese por el tema del exilio, inmediatamente habrá de percibir que, para comprenderlo en toda su amplitud, su riqueza y vicisitudes, debe recurrir a las diversas áreas de la sensibilidad y el conocimiento. Asimismo, tendrá que privilegiar lo subjetivo e individual frente a los hechos fríos y precisos. Importa menos saber la cantidad de exiliados que sus motivaciones; las estadísticas y las gráficas que la economía y la sociología tanto exaltan, en este caso deben emplearse como mera referencia. Se trata de llegar al corazón de las experiencias y las vivencias únicas e irrepetibles; de recuperar los sentimientos, las esperanzas, las desilusiones, los alientos y las formas diversas de reconstrucción de las vidas.2

En la convocatoria para este número de la revista sólo se mencionan las migraciones, por lo que es preciso hacer mención también de los exilios: ambos tienen características similares y diferentes, por lo que es importante comprender las significaciones de cada cual, lo que no siempre resulta fácil. Para la Enciclopedia Británica, exilio es “una ausencia prolongada del propio país impuesta por las autoridades competentes en calidad de medida punitiva”, definición que tiene un sentido histórico —en griegos, romanos, anglosajones— con un valor de castigo para quienes violaban la ley y eran “arrojados fuera”, o sea, condenados al ostracismo. Hoy es diferente, ya que raramente es un castigo impuesto por la ley, sino más bien una elección del exiliado para no sufrir las consecuencias que le acarrearía quedarse en su país, y generalmente se produce en conocidas condiciones de riesgo, inseguridad o clandestinidad.3 Por ello, una de las definiciones posibles sería que “exiliado es aquel que está obligado a expatriarse por imposición (ya sea ésta declarada o no, elegida o no) del poder político dominante, so pena de ser detenido o permanecer indefinidamente en prisión, o ser torturado o eliminado (él y/o sus familiares, allegados o amigos)”.4
Entonces, en los exilios hay un “precario elemento volitivo […] Se opta por exiliarse cuando no se está de acuerdo con el régimen político y económico imperante en donde se ha nacido; cuando se ha intentado sin éxito un cambio y se ha adquirido el carácter de opositor del gobierno y, por ende, de enemigo suyo y perseguido por él”.5 El factor político es por tanto lo central en la diferenciación con las migraciones, fenómeno que responde básicamente a causas socioeconómicas, es decir, a carencias vitales para los hombres y sus familias (alimento, trabajo, etc.) que los impelen u obligan a buscar otros rumbos, y no a imposiciones como las apuntadas. En este sentido, el caso mexicano es un claro ejemplo, donde el traslado de decenas de millones de personas a Estados Unidos —al igual que de centroamericanos y de múltiples naciones— no responde a riesgos políticos, sino a la búsqueda de condiciones de trabajo y de vida negadas en sus países, a un imaginario respecto a posibilidades de “progreso” (reales o fantasiosas), etc. Se trata de una salida que puede ser permanente o momentánea, en la que existen posibilidades de regreso permitidas y sin riesgos.
Pero, como todo intento de definición, lo anterior no es absolutamente claro y son muchas las situaciones en las que ambos fenómenos son comunes. Sin entrar en sutilezas, puede decirse que, en última instancia, las migraciones también responden a causas políticas pero distintas a las del exilio, al ser producto de formas de gobierno o culturales que no ofrecen condiciones de vida satisfactorias a sectores de su población. Por otra parte, puede verse que muchas veces un emigrado o grupos de ellos se convierten en exiliados o, a la inversa, éstos en emigrados cuando desaparece la razón política causante de su situación originaria (sea por razones de tiempo y asentamiento en el país, por ventajas económicas y formas de vida, por establecimiento de un marco familiar, etcétera).
Pero en uno o otro caso es incuestionable que son problemas actuales de gran envergadura en todo el mundo. Sin analizar todos y cada uno de ellos, es posible ver que en nuestro continente existieron y existen los que ya pueden considerarse clásicos de las también clásicas dictaduras de hace pocas décadas: recuérdese que Uruguay llegó a tener 20% de su población fuera de su país (por exilio o migración) y Chile 10%,6 mientras que se mencionaba un porcentaje similar a este último para Argentina en tiempos de la dictadura militar. En cuanto a migraciones —en condiciones de legalidad o ilegales—, también son clásicas las de bolivianos y paraguayos a Argentina, las citadas de centroamericanos y mexicanos a Estados Unidos, etc.; y en estos momentos se producen conocidas mutaciones donde países clásicos de recepción de una inmigración que constituyó parte muy importante de su bagaje cultural, como es el caso de Argentina, se convierte en lo inverso por causas de una crisis económica de larga duración que hace que se incremente la búsqueda de nuevas oportunidades en todos los terrenos (económico en primer lugar, pero sin olvidar el social y cultural).7
Cuando las magnitudes de estos fenómenos alcanzan cierto relieve se convierten también en problemas para los países receptores que, más allá de aprovechar en muchos casos mano de obra barata o en tareas que no realizan sus habitantes, y como uso político en otros (actualmente, y como ejemplo, la de los cubanos en Estados Unidos), los “resuelven” generalmente de dos maneras, cada una de ellas con sus consecuentes aspectos sicosociales para los que buscan ingresar a esos países: la primera, poniendo límites o cuotas, con la significación que esto ocasiona (condiciones de ilegalidad y persecución para los que no entran legalmente, la señalada conversión en mano de obra explotada y sin derechos, etc.); la segunda es una muchas veces no escrita discriminación social y de clase, mediante la cual generalmente se acepta o se prefiere a intelectuales, profesionales, empresarios, inversionistas, deportistas exitosos, etc., mientras se evita el ingreso de obreros, campesinos y sectores populares. Caso claro actualmente en Estados Unidos, y de alguna manera también en México, de modo similar a como ocurre en Europa con turcos, africanos, asiáticos, etc.; en este último caso, con la cada vez mayor xenofobia de algunos países (Francia, Alemania, Austria, España, etc.), donde no pocos consideran que los migrantes les quitan sus trabajos, contaminan sus culturas, etcétera.8
Los cambios que desde hace años están produciéndose en el mundo con la llamada “globalización” y la economía de mercado neoliberal también producen sus efectos en esta problemática. Por sólo mencionar dos, el primero de ellos es tanto el conocido aumento de la brecha riqueza-pobreza entre naciones y sectores internos de cada país, con las cada vez peores condiciones de empleo y subsistencia, así como el deseo de superarlo y alcanzar el “paraíso” que la publicidad del sistema hace de los países desarrollados o más avanzados que el propio, o para al menos poder sobrevivir. El segundo es una cruel paradoja que puede verse como un analizador, en el sentido que le da la sicología institucional a este término: mientras el modelo neoliberal y globalizador propugna una total libertad de entrada y salida de capitales, productivos y financieros, en todos los países del mundo, limita y regula cada vez más la entrada de personas a ellos; en este sentido, la conocida actual ley de inmigración española es un claro ejemplo, y hay que estar muy atento a lo que tal vez muy pronto se produzca en nuestro continente de concretarse el proyectado ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas), tiempo atrás aprobado en la Cumbre de Quebec.
Otra diferencia entre exilio y migración tiene gran importancia para lo que se verá posteriormente: no significa lo mismo para quienes lo viven y sufren como consecuencia de su práctica ideológico-política, que para quienes están obligados a ello por razones económicas y que no siempre entienden a qué obedece el forzado desarraigo de una sociedad en la que se formaron, a la cual estaban integrados y en la que tenían su familia, etc. Situación similar a la de quienes deben exiliarse por la brutalidad de sistemas dictatoriales que no discriminan entre reales opositores y quienes caen por cercanía a éstos y son inocentes del activismo de que se les acusa. En muchos casos esto dificulta o imposibilita la integración al país de refugio, al no tenerse la fuerza que provoca una convicción o una práctica política.
Otro aspecto tiene que ver con el momento en que se produce no la migración sino el exilio: es muy diferente salir en circunstancias de avance y triunfo de un proyecto político que hacerlo cuando predominan el retroceso o la derrota. Si en el primer caso existe casi siempre un deseo de mantenerse en su práctica política, sea buscando el regreso o realizando actividades dentro del país receptor —como ocurrió por ejemplo, con la mayoría de los exiliados nicaragüenses en México a fines de 1978 e inicios de 1979, época de la ofensiva final del sandinismo—; en el otro caso no pocas veces ese deseo desaparece o se relativiza, con sus consecuencias en personas que deben reconstruir su vida sin la base que produjo el exilio: a la pérdida de su país se suma la de su pertenencia ideológico-política (o crisis de ésta), con diversas formas de culpa y angustia consecuentes.
Es innecesario decir que lo anterior podría ser ampliado en gran medida, y es sabido que existen múltiples análisis e investigaciones al respecto, por lo que lo indicado puede servir como formulación general para el estudio de algunos de los problemas de adaptación, transculturalidad, identidad, etcétera.
LOS MÚLTIPLES “TRAUMAS” SICOSOCIALES
Aspectos síquicos y culturales son inseparables, tanto en perspectivas sociales y antropológicas como en el marco teórico sicoanalítico aquí considerado.9 Por ello, todo cambio cultural conlleva inevitablemente modificaciones en la dinámica subjetiva individual, grupal, familiar, etc., en un complejo proceso de continuas readaptaciones que pueden ser resueltas en diferentes medidas y formas, o tener consecuencias patológicas, también en diferentes escalas. Y si esto ocurre permanentemente, es comprensible que los cambios que el sujeto tiene en marcos sociales, políticos, económicos y culturales siempre serán importantes y con efectos considerables en todos los aspectos de su vida. Máxime cuando, en algunos casos, pueden tocar aspectos vitales tan arraigados como formas de vida, costumbres en general, códigos existenciales y éticos, vínculos familiares y amistosos, hábitos alimenticios, idioma, prácticas políticas y posibles restricciones a éstas en virtud de normas legales, limitación en ciertos derechos en relación con los de los habitantes del nuevo país, etcétera.
No corresponde analizar ahora la definición o las significaciones de cultura, término que aquí se utiliza en su amplio sentido antropológico de formas de vida de una sociedad o grupo social. Si a Freud le es suficiente para su formulación teórica señalar que es “toda la suma de operaciones y normas que distancian nuestra vida de la de nuestros antepasados animales, y que sirven a dos fines: la protección del ser humano frente a la naturaleza y la regulación de los vínculos recíprocos entre los hombres”,10 otros autores requieren una mayor precisión. Así, y para los objetivos de esta presentación, es pertinente ofrecer sólo tres de las existentes: la que entiende por cultura “los procesos de producción y transmisión de sentidos que construyen el mundo simbólico de los individuos y la sociedad”;11 la que la define como “esa memoria colectiva que hace posible la comunicación entre los miembros de una colectividad históricamente ubicada, crea entre ellos una comunidad de sentido (función expresiva), les permite adaptarse a un entorno natural (función económica) y, por último, les da la capacidad de argumentar racionalmente los valores implícitos en la forma prevaleciente de sus relaciones sociales (función retórica, de legitimación/desligitimación); 12 y la que la entiende como “…el conjunto de significados que constituye la identidad y las alteridades de un grupo humano [siendo] la visión del mundo y de la vida a partir de lo cual los hombres dan sentido a su quehacer y definen su lugar en la historia”.13
Es así como los considerados sujetos —término que denota una sujeción— son formados y determinados por las múltiples culturas, no estáticas sino en constante cambio, que imprimen en cada uno las características centrales de un marco social, sobre las que cada individuo teje sus variaciones personales. Idea básica que un conocido teórico y político alemán conceptualiza en su tesis de que “la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo, [sino] en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales”,14 y que luego diferentes teóricos del campo sicológico buscan definir en distintas concepciones de identidad común, como son la de carácter social (Fromm), personalidad básica (Kardiner), personalidad aprobada (Benedict), personalidad de status (Linton), de clase (Filloux), etcétera.15
Es entonces incuestionable que todo cambio de marco social implica modificaciones en todas y cada una de las significaciones de las nociones de cultura indicadas. Se modifica, parcial o totalmente, la inscripción en el mundo real y simbólico, con todo lo que esto implica para las diferentes formas de adaptación al mundo nuevo que se abre. Por tal motivo, en todo cambio de residencia —y esto vale tanto para los exiliados como para los migrantes—, y como señalan distintos autores, “se vive una sensación de fragilidad, de ruptura”,16 tratándose de “una situación extrema, en el sentido definido por B. Bettelheim, ineludible, de la cual es imposible escapar, teñida de una gran angustia y sobre la cual no se tiene ningún control; es probablemente una experiencia que marca, quizás definitivamente, a quienes la han vivido”.17 Más concretamente, y desde una perspectiva sicoanalítica kleiniana,

implica la pérdida de casi todos los objetos externos, y se puede definir como una situación de cambio extremo [donde] la identidad, que se va formando en una cadena de elaboración y asimilación constante de cambios parciales, se tiene que enfrentar con la pérdida de su marco de referencia externo. El proceso de cambio es masivo y profundo, tanto en cantidad como en calidad, e implica la pérdida concomitante de partes del Yo. Las estructuras sicopatológicas, las situaciones de conflicto y las relaciones tempranas de objeto reciben un impacto tal que, al verse el individuo despojado de su marco de referencia y de los instrumentos cotidianos que permiten encubrirlas, afloran con gran intensidad.18

Surgen así conflictos individuales que, por lo señalado, tienen la condición de ser sociales y colectivos. No por casualidad, otros estudiosos de estas situaciones hacen hincapié en la idea de cotidianidad planteada en el último párrafo citado, que J. C. Carrasco entiende de la siguiente manera:

La cotidianidad consiste en la unidad inseparable del hombre y de la calle por la que camina, del café donde toma un trago, de las informaciones que recibe, de las relaciones que establece. Cotidianidad que es a su vez una percepción y vivencia de la experiencia compartida en un mundo compartible grupalmente. Cotidianidad que supone continuidad de tiempo y espacio, repetición de significaciones, reconocimiento de sí y de la propia experiencia sin cortes ni rupturas […] Esta cotidianidad que constituye un modelo global y básico de existencia puede ser expresada a través de categorías sicológicas tales como: las características y naturaleza de las representaciones que el hombre elabora de sí mismo, de las cosas y de su mundo existencial. Se nos traduce también por la cualidad de sus percepciones, por la manera como califica y valora situaciones y cosas, por las relaciones que entre ellas concibe y describe, por las relaciones que establece con dichas cosas y con los hombres, por las cosas en que cree, por el tipo de sentimientos y el estilo de vínculos que desarrolla. 19

Para Lira y Kovalskys “el concepto de identidad no es otra cosa que una conceptualización referida al individuo de lo que hemos venido estudiando bajo el nombre de cotidianidad”, que por supuesto se modifica, a veces radicalmente, en los cambios de residencia como los aquí estudiados, por lo que “reelaborar una nueva identidad significa construir a niveles del Yo una nueva percepción del sí mismo de partida de un cambio en la experiencia de la vida cotidiana”.20 Aunque no se menciona por considerarse parte integrante de la situación, implica el vínculo con una nueva realidad que primero debe reconocerse y luego asimilarse.
Un conjunto de profesionales del Colat (Colectivo Latinoamericano de Trabajo Psicosocial) de Bruselas ilustra la situación con la metáfora de Jano, diosa romana representada con rostros opuestos que le permiten mirar simultáneamente en dos direcciones inversas: uno hacia el pasado, que expresa la ruptura, la pérdida, la separación, la nostalgia, el duelo y cierto grado de fragmentación de su experiencia; esto puede ser vivido como su muerte social, rubricada por la imposibilidad del regreso; el otro, que mira hacia el futuro, confronta al sujeto con un medio desconocido, extraño a sus prácticas sociales e impenetrable a su lenguaje, lleno de peligros reales e imaginarios, pero también un lugar en el que es posible cierta recreación.21
El impacto mayor de esta nueva situación se da en los inicios de vida en otra sociedad, donde son comunes la desconfianza ante las formas de vida y los habitantes del nuevo país, pero también ante compatriotas que los precedieron —desconfianza que puede tener rasgos paranoides—, temor a la soledad y a lo desconocido, etc. Y también es común que a esto siga un periodo de “alivio” al comprenderse que no tiene por qué ser así, lo que brinda un sentimiento de bienestar, búsqueda de nuevas relaciones afectivas y posibilidades de actividad, etcétera.22
Otros autores entienden que el cambio puede ser “catastrófico en la medida en que ciertas estructuras se transforman en otras, a través de los cambios, pasando por momentos de desorganización, dolor y frustración; estas vicisitudes, una vez elaboradas y superadas, darán la posibilidad de un verdadero crecimiento y evolución de la personalidad”. Pero “no siempre sucede así, ya que, a veces, en lugar del ‘cambio catastrófico’, doloroso pero evolutivo, la experiencia puede terminar en catástrofe, pero no sólo para los que emigran, sino para algunos de los que se quedan”.23 Ha sido y es muy general sentir miedo tanto por una salida hacia lo más o menos desconocido, como en muchos casos por tener que hacerse en condiciones de manera inesperada o súbita y dejando todo lo que se tenía (material y social) para ingresar en situaciones que se viven como riesgosas. Un posterior éxito o adaptación no es incompatible con esas vivencias de inicio, desmintiendo ese lugar común de quienes se quedaron en los distintos países y han hablando de “los azares del exilio” respecto a quienes salieron de sus países, sin tener en cuenta que, más allá de las vicisitudes de cada uno, “la terrible experiencia del exilio es imborrable”24 y siempre deja huellas.
Todos los que han trabajado e investigado esta problemática coinciden en que, en diferentes grados, se trata de lo que Freud considera una experiencia traumática, causada por un acontecimiento importante e impresionante o por numerosos sucesos traumáticos parciales. Para los Grinberg,

la migración, justamente, no es una experiencia traumática aislada, que se manifiesta en el momento de la partida-separación del lugar de origen, o en el de llegada al sitio nuevo, desconocido, donde se radicará el individuo. Incluye, por el contrario, una constelación de factores determinantes de ansiedad y de pena […]. Creemos, entonces, que la migración, en cuanto experiencia traumática, podría entrar en la categoría de los así llamados traumatismos “acumulativos” y de “tensión”, con reacciones no siempre ruidosas y aparentes, pero de efectos profundos y duraderos.25

Es interesante destacar el resumen que ofrecen estos autores, sicoanalistas de una línea ortodoxa e institucional clásica en la que los factores políticos, ideológicos y sociales ocupan un nulo o mínimo lugar,26 que pueden ver las consecuencias aunque con lo que esta omisión acarrea en una problemática esencialmente política (al menos en el caso del exilio):

 
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"Deseo y anhelo continuamente irme a mi casa y ver lucir el día de mi vuelta". Ulises en La Odisea.

«Deseo y anhelo continuamente irme a mi casa y ver lucir el día de mi vuelta».  Ulises en La Odisea. 
   La inmigración conlleva una enorme cantidad de pérdidas. No siempre se analiza el fenómeno de la inmigración desde una perspectiva individual, centrándose especialmente en la persona, en los sufrimientos que comporta dejar el país de origen e intentar integrarse en un país de acogida en ocasiones poco hospitalario. El presente artículo pretende analizar este fenómeno desde la perspectiva del duelo, el llamado «duelo migratorio». Se pretende exponer la enorme complejidad del proceso de elaboración y los riesgos de cronicidad que este tipo de duelo comporta. Junto con los aportes teóricos de distintos autores se apuntan secuencias de narrativas de los propios inmigrantes.
    Introducción   El presente artículo intenta abordar el fenómeno de la inmigración desde una perspectiva micro social. En el acercamiento a los movimientos migratorios, se observa que éstos han sido ampliamente estudiados desde miradas muy distintas: economía, demografía, derecho, estadística, empleo, pero pocas veces se contempla en concreto al ser individual, a la persona. No siempre se tienen en cuenta los sufrimientos, los temores, las pérdidas de cada ser como ente individual. El acercamiento a la realidad del inmigrante, desde el fenómeno del duelo migratorio, pretende hacer visible los avatares de la persona en su proceso de adaptación, de integración de lo nuevo que se adopta y de lo dejado atrás.  Este documento se inserta en el marco del estudio de las distintas modalidades de duelo que quien suscribe, lleva a cabo desde hace algunos años desde el ámbito profesional del Trabajo Social. En el contacto con personas que han sufrido pérdidas significativas y en el estudio de las distintas aportaciones teóricas sobre el duelo, he podido aprender lo difícil y complejo de este proceso de elaboración al cual estamos sometidos todos los seres humanos.  En la realidad española apenas si hay estudios sobre este fenómeno que presenten datos concluyentes que inspiren, a su vez, el diseño de planes de acción y la puesta en marcha de servicios especializados (o sensibilizados) hacia este complejo proceso. Vale la pena destacar especialmente, las aportaciones de Joseba Achotegui médico-psiquiatra del SAPPIR (Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados); algunas de sus reflexiones están contenidas en este trabajo.   Los contenidos que a continuación se exponen se han estructurado en dos partes: la primera aborda de manera sintética los aspectos generales de los duelos. La segunda, presenta las características del duelo migratorio, acompañadas éstas de narrativas de personas inmigrantes de distintos países de América Latina que han sufrido o sufren este tipo de duelo (1). Por último, al final del trabajo se extraen conclusiones y propuestas de intervención. El interés en hablar de dos situaciones de duelos distintos estriba en la posibilidad de establecer una comparación entre ambas, resaltar, sobre todo, la enorme complejidad del duelo migratorio y sus dificultades de elaboración.    Al hablar de duelo migratorio, se utilizan distintas denominaciones para hacer referencia a la pérdida que sufren las personas que se ven abocadas a abandonar su país y a emigrar a otro para buscar un futuro mejor:  «Síndrome de Ulises», «duelo migratorio», «mal del inmigrante», «síndrome del emigrante», «morriña», «melancolía», «nostalgia del extranjero», «el bajón de los seis meses», entre otros términos.  Realmente este tipo de duelo sería aplicable no sólo a situaciones de emigración motivadas por precariedad económica y condiciones de subsistencia, sino también a aquellas personas que tienen que salir del territorio donde habitan por motivos de violencia, guerras, persecución. En todos los casos, a los problemas inherentes al proceso migratorio (condiciones del desplazamiento, precariedad, rechazo en el país de destino, etc.) se suma la pérdida extraordinariamente significativa de los vínculos con la tierra y con las gentes que les vieron crecer.    Este proceso de duelo ya fue descrito en el siglo XVII por Harder y por Zwinger al ponerse en relación el fenómeno migratorio con la nostalgia (2); técnicamente recibió distintos nombres: «trastorno distímico», «depresión con manifestaciones somáticas», «trastorno por somatización». Desde el principio se observó esta nostalgia y desarraigo en situaciones diversas: en soldados que tras prolongadas campañas militares sin regresar a su país, se sumían en el decaimiento y la tristeza; o en campesinos que migraban a las ciudades (Tizón, 1993). No es un fenómeno nuevo, todo lo contrario, es tan antiguo como el hombre mismo, en la medida que éste siempre se ha visto atrapado entre dos pulsiones polarizadas: la necesidad-deseo de conocer-explorar nuevos territorios y el deseo-necesidad de echar raíces y afincarse en los territorios conocidos.  En La Odisea, Ulises, el navegante, ya expresa: «Deseo y anhelo continuamente irme a mi casa y ver lucir el día de mi vuelta». Tomando el nombre del mítico héroe, el término «síndrome de Ulises» es una denominación particular empleada para expresar el malestar, la desesperanza, el desánimo, la depresión y el sufrimiento que sienten muchos inmigrantes por estar lejos de los suyos.   En muchas ocasiones, antes de la partida el emigrante suele idealizar (o le idealizan) el destino. Pero al llegar no todo es como se imaginaba. Se encuentra frecuentemente con condiciones difíciles de vida, con problemas para encontrar trabajo, problemas de regularización, de vivienda, del idioma, presiones externas, dificultades de adaptación, rechazo, exclusión, en fin. Todo esto dificulta la aceptación de la nueva situación y la integración del distanciamiento respecto de su país de origen.         dijo:      «Es difícil salir de esto, tienes tu pasado, tu país, tu familia… y eso no puedes cambiarlo por nada, por más dinero que tengas aquí, no puedes cambiarlo por nada». (Inmigrante colombiana)        dijo:      «Yo me he encontrado algo diferente de lo que esperaba, lamentablemente hay mentiras de los amigos, no es lo que esperabas…» (Inmigrante ecuatoriana)        dijo:      «El viaje fue muy triste. Conseguí una habitación con tres más, pero estuve los primeros cuatro días sin comer, no tenía para comer, triste por dejar mi familia». (Inmigrante ecuatoriana)        dijo:      «Fue muy duro, más de lo que me habían contado, me sentía vacía, no tenía a nadie». (Inmigrante ecuatoriana)        dijo:      «A Madrid llegamos todos juntos, pero cuando llegamos a Andalucía nos pusieron a cada uno en un lado diferente». (Inmigrante peruana)        dijo:      «Cuando comenzó ese boom que la gente salía y era bonito que algún amigo tenia la suerte de ir a otro país. Me imaginaba que esto era el paraíso, y que sólo venía la gente con un estatus social alto, o que cuando venías para acá era como te tocaba la lotería. Dentro de esas situaciones tuve la experiencia de que mi madre estaba por aquí (ya estaba como inmigrante en España), y cuando mi madre me comentaba cómo era la situación, la visualizaba, pero no me podía imaginar cómo, especialmente cuando la miré y percibí en mis propias carnes, la pude ver…» (Inmigrante ecuatoriana)         dijo:      «Lo que más veo es la discriminación, me chocó. No nos toman como a personas, creen que venimos de la selva, siempre nos aíslan, donde no conocemos nada, me dolió mucho, mucho» (Inmigrante ecuatoriano)        dijo:      «Donde estoy trabajando les dije que somos iguales, que yo soy morena y que tú eres blanca». (Inmigrante dominicana)      Transcurridos los primeros momentos de la novedad, y luego de observar lo distinto del país receptor (un tiempo variable) aparece la nostalgia, generalmente acompañada de tristeza, llanto, cambios de humor, sentimientos de culpa, ideas de muerte, somatizaciones y desórdenes psíquicos varios. El proceso migratorio es un cambio muy drástico. Todos los cambios están llenos de ganancias y pérdidas, de riesgos y beneficios. Integrar las pérdidas requiere un proceso de reorganización interna. Este proceso de reorganización (duelo) no se resuelve sólo con un buen trabajo y una situación legal estable. Sin duda, si los beneficios superan las pérdidas, el duelo resulta menos dificultoso, por cuanto el individuo se inclina a sopesar y reduce sus sufrimientos con aquello que está logrando (Achotegui, 2002).       dijo:      «Los primeros momentos, todo era nuevo, donde estaba estudiando era bonito, tantos monumentos, ver tanta tradición, de repente veía mucha actividad… A mi me dijeron lo de la crisis de los seis meses. Me preguntaba: ¿qué estoy haciendo acá?, ¿para qué he venido?, ¿para qué estoy aquí? (Inmigrante peruana)        dijo:      «Cuando me entra la pena, cuando me da el bajón, pienso en lo que he logrado y eso me anima» (Inmigrante chileno)       En ocasiones el inmigrante sobredimensiona e idealiza el país de origen, cultivando una forma errónea de nostalgia como refugio y resistencia protectora frente a las agresiones del nuevo medio. No se trata de una conservación de las raíces, sino que el nostálgico retrasa la reestructuración de su nueva vida tanto más cuanto más prolonga sus duelos (duelo crónico).  Si las circunstancias de acogida son favorables – integración social y laboral -, la nostalgia de lo perdido se contrarresta con el logro de las metas muy esto ayuda en el proceso reestructurante. El individuo se siente dueño de su libertad y capaz de controlar su destino. Sin embargo, cuando se prolongan las incertidumbres, la inseguridad, la nostalgia aflora de manera más viva debilitando el proyecto de asentarse en una tierra que le es completamente ajena. El proyecto del regreso se hace más presente y el sufrimiento del día a día se hace más insoportable.         Artículo Completo  EL DUELO MIGRATORIO

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El desarraigo es uno de los principales retos para quien decide emigrar hacia otro país. Es como una ruptura: dejan parte de su vida, sus lazos, afectos, costumbres y, muchas veces, su idioma materno. Y si el país que los recibe tiene, como actualmente España, una difícil situación económica, el esfuerzo es doble. Historias sobre los que están entre las dos orillas: la que dejaron y a la que llegaron.

Nina llegó a Madrid en un buen momento. La economía española iba bien, el país acababa de ingresar a la zona euro y el boom del fenómeno migratorio estaba empezando. Al poco tiempo de estar en la ciudad trabajaba cuidando a una señora y su esposo se había colocado en un sector que crecía como la espuma: la construcción. El proyecto en común era favorable. Cada mes enviaban sin retraso dinero a su familiar. Sin embargo, ella estaba triste, extrañaba a sus hijos, se sentía cansada, padecía dolores de cabeza y dormía poco. No había cumplido un año de estar aquí cuando decidió que retornaba a Rumania. Su marido en cambio se quedó.
ulises1Han pasado doce años desde entonces, Nina es feliz viviendo a las afueras de Bucarest y Nicolae, su marido, se siente muy cómodo en Coslada. La mayoría de las personas que han dejado su país, para buscar mejores oportunidades, han sentido la misma ansiedad, tristeza y melancolía. Extrañar el lugar de origen es normal, pero hay a quienes les golpea de una manera más contundente. Esta situación es conocida como Síndrome de Ulises o del emigrante con estrés crónico y múltiple. El nombre del padecimiento hace referencia al héroe griego que pasó innumerables penurias y adversidades al estar lejos de sus seres queridos.
El psiquiatra vasco, Joseba Achotegui, fue el primero en acuñar el término, en 2002, cuando presentó un estudio científico sobre los efectos en la salud mental en las migraciones del siglo XXI. El médico descubrió que el extranjero padece unos determinados estresores o duelos durante la etapa inicial de su nueva vida. Éstos están relacionados con dejar a la familia y amigos lejos, con tener que aprender la lengua y cultura del país, las diferencias geográficas con el lugar de origen, su estatus social en la sociedad de acogida, el contacto con el grupo de pertenencia y los riesgos para la integridad física. Para el investigador, el sentimiento de desesperanza y fracaso surge cuando el inmigrante no logra ni siquiera las mínimas opciones para salir adelante, al tener dificultades de acceso a los papeles, al mercado de trabajo, o hacerlo en condiciones de explotación. “Para estas personas, que han realizado un ingente esfuerzo migratorio, ver que no se consigue salir adelante es extremadamente penoso”, recalca.

“Muy pocos españoles saben por lo que pasan los inmigrantes. Pocos se ponen en su piel”

Los inmigrantes en situación irregular están más expuestos a estos síntomas porque pasan situaciones dramáticas para conseguir un mejor futuro. El camerunés Daouda lo sabe bien. Llegó a España en patera hace tres años, una experiencia de la cual no le gusta hablar. Una vez aquí ha tenido que luchar para encontrar trabajos ocasionales y evitar ser cogido por la Policía por estar indocumentado. “Me gustaría tener un curro. No vine aquí a molestar a nadie, quiero estar tranquilo”, comenta el joven. Él es un ejemplo de una persona que lucha por sobrevivir y que tiene un miedo terrible a salir a la calle.
“Los fenómenos migratorios hoy son diferentes. Hace 10 o 15 años las personas podían cambiar de país y llevar a la familia. Pero desde 2001 se han cerrado las fronteras. Entonces nos encontramos con el drama de los sin papeles. El problema es que esto va a peor, y no sabemos muy bien cómo irá evolucionando. Ahora hay un estrés de supervivencia. Hablamos de personas que no saben de sus hijos durante años, que viven escondidas y se enfrentan a constantes abusos”, describe Achotegui.

ADAPTACIÓN.- Los primeros meses fueron los más difíciles para el costarricense Federico Núñez. Él vino a España a estudiar fotografía y recuerda que extrañaba muchísimo la naturaleza. “Cuando salía del piso me hacía falta ver el verde de los árboles y la montaña. Costa Rica es un país donde, aunque uno esté en la ciudad siempre se ve la naturaleza. Aquí no. Para estar rodeado de árboles hay que ir a la Sierra o a los parques”, cuenta el joven estudiante. Según Achotegui, el duelo por el que pasa el inmigrante varía dependiendo de su situación: “Para una mujer que deja atrás a hijos pequeños es más complicado adaptarse a su nueva realidad que para el joven sin grandes responsabilidades en su país origen”. El médico enfatiza que este síndrome no es una enfermedad mental clásica y que no requiere una atención farmacológica tradicional.
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Por otro lado, el psicólogo Ángel Castro, autor del libro SOS… Soy inmigrante: El Síndrome de Ulises, considera que pueden relacionarse los síntomas con similares patologías como la ansiedad o la depresión. O otros físicos, como las cefaleas, o la fatiga, ambas que minan la salud. Ambos expertos coinciden en que cualquier persona se expone a ellos, sin importar su lugar de procedencia.
Sin embargo, la investigación Proyectos migratorios y bienestar psicosocial, realizada por el Observatorio de Inmigración Vasco, concluyó que los rumanos, los subsaharianos, los bolivianos y los marroquíes son más sensibles a situaciones de mayor estrés. Sienten que no tiene control de su entorno, sensación de exclusión, insatisfacción económica y emocional, y pocas posibilidades de integrarse en la sociedad receptora.
En Catalunya, el sistema médico autonómico ha detectado que la depresión y la ansiedad provocadas por la soledad y la frustración son los principales problemas de la comunidad inmigrante. “El desarraigo, el estar alejados de la familia y no cumplir las expectativas que tenían cuando llegaron a España son las principales causas de estos problemas de salud mental, que se han incrementado con la crisis económica”, afirma la coordinadora de la Jornada sobre Inmigración y Salud del Hospital General de L’Hospitalet, Cristina Cortés. Además, ha destacado el problema de tratar estos aspectos por las dificultades de comunicación con colectivos como el marroquí o el africano. En la Comunidad de Madrid, un 22% de los extranjeros presenta un trastorno mental crónico de ansiedad y depresión; mientras que un 78% reportan los síntomas de manera más gradual, según el estudio Salud e inmigración.

Los sin papeles son quienes pueden presentar más los síntomas del Síndrome de Ulises

Uno de los nuevos agravantes para los extranjeros, son las nuevas restricciones de ingreso a Europa. Según Médicos Sin Fronteras, estas políticas migratorias están afectando a la salud física y mental de los inmigrantes y solicitantes de asilo: “Deben soportar peligrosas travesías por el desierto y por mar, en las que son objeto de actos de violencia y abusos, son encarcelados y explotados, o caen presas de traficantes y contrabandistas. Los que consiguen llegar suelen tener que hacer frente a detenciones sistemáticas y prolongadas en condiciones terribles. Además de que su acceso a la atención médica es limitado y el apoyo psicológico suele ser inexistente”.

VOLVER AL INICIO.- El ecuatoriano Raúl Larrea tiene más de una década viviendo en España. Sus primeros años fueron los más duros. Estuvo en pisos patera, se sentía muy solo e hizo un gran esfuerzo para alejarse de las “malas amistades”. “Conocí a muchas personas que recurrían a la bebida para tratar de llevar mejor la situación tan dura en la que estaban”, comenta. Él se concentró en su trabajo y, tras cinco años, consiguió reagrupar a su familia. “Las cosas iban bien. Mi esposa consiguió un empleo y los hijos estudiaban. El paso que seguía era comprarse un piso. Era lo lógico”, dice. Pero llegó la crisis y todo lo que tenía en España se derrumbó. Perdió su casa, y su esposa e hijos tuvieron que regresar a Ecuador. Estaba otra vez solo. Al igual que Raúl, muchos inmigrantes pasan por momentos difíciles ya que en poco tiempo su proyecto migratorio ha pasado a estar en riesgo de fracasar debido a la situación económica española.
Esto genera que el Síndrome de Ulises se presente de nuevo en sus vidas. “Los síntomas se definen por los estresores y estos se pueden presentar al principio de la inmigración o, como ahora, que hay una vuelta atrás, porque han perdido su estabilidad económica e incluso su documentación. No tienen dinero para mantener a la familia en España. Estas circunstancias hacen que se repita el ciclo del síndrome”, recalca el psiquiatra, Joseba Achotegui. Para el psicólogo Ángel Castro, hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de los inmigrantes tiene un empleo no demasiado estable, y en peores condiciones que los autóctonos, con lo que se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad. “Sufren más los efectos de la crisis y son los que lo tienen más difícil para salir adelante”, asegura Castro.
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TRATAMIENTO.- Debido a que el Síndrome de Ulises es una enfermedad que tiene poco tiempo diagnosticado, la forma de tratar a los pacientes varía. Hay médicos que no recomiendan el uso de fármacos, dado que no se trata de una enfermedad. Mientras que para otros es una opción válida para brindarle tranquilidad al inmigrante. Además hay que añadir que los síntomas por los que pasa la persona disminuyen si logran crecer y adaptarse a su nueva realidad. El africano Daouda asegura sentirse peor que cuando llegó, dado que su esperanza de mejorar disminuye cada día que pasa. Federico, el estudiante costarricense, dice que disfruta viviendo en Madrid y, sobre todo, ahora que tiene una novia española. El ecuatoriano Raúl no oculta su tristeza por no tener más a su familia, pero espera para 2012 volver a traerlos.
El tipo de ayuda que puede recibir el inmigrante varía según los síntomas que presente. “No es lo mismo el que sólo tiene pena, que el que presenta fuertes dolores de cabeza, falta de sueño y apetito. La primera es esencial y consiste, básicamente, en dejar hablar a la persona, que cuente qué le pasa y que, de la forma más sincera posible, narre sus experiencias. Soltando las penas se mejora mucho. El síndrome se cura, por supuesto, con esfuerzo, tanto de los propios inmigrantes como de los que los atienden. A base de confianza, de desahogarse y de expresarse”, concluye el psicólogo, Ángel Castro.

ESTERTORES
>> Soledad.
Es un gran sufrimiento. Se vive más por las noches cuando afloran los recuerdos de los seres queridos y los amigos.
>> Fracaso. Aparece cuando el inmigrante no logra ni siquiera las mínimas oportunidades para salir adelante, al tener dificultades para encontrar un empleo, los papeles o al acceder a condiciones de explotación. No conseguir los objetivos es extremadamente penoso.
>> Supervivencia. En alimentación, cuando la persona encuentra problemas para comer. En general, el inmigrante se alimenta mal porque envía la mayoría del dinero a su país de origen. El otro ámbito es la vivienda, ya que todos los extranjeros -con o sin papeles- tienen grandes dificultades para encontrar un lugar donde vivir. Es frecuente que recurran a los pisos patera porque son los únicos a los que pueden acceder, pese al hacinamiento y el abuso que eleva el estrés. En los casos más extremos se recurre a la calle.
>> Miedo. El estrés crónico potencia el miedo a las detenciones, las expulsiones, las coacciones de las mafias para quienes viajan en patera o camiones. A esto se une que los periplos son cada vez más largos, caros y peligrosos.