A 40 AÑOS. AHORA TODOS ESTAN CON LA MEMORIA Y LOS DD. HH.

30 DE AGOSTO DE 2013

Reportaje destaca inéditos relatos a 40 años del golpe

Los testimonios de niños que fueron torturados en dictadura

Han sido reconocidos como víctimas de prisión política y tortura 2.200 menores. Fueron usados para hacer hablar a los padres presos o como moneda de cambio. Algunos fueron privados de libertad en cuarteles y tuvieron que vivir clandestinamente; otros fueron quemados con cigarrillos para hacer hablar a sus progenitores. Un reportaje de Revista Paula revela la cara más desconocida de la dictadura de Pinochet.

La última edición de Revista Paula contiene un reportaje que detalla una de las caras más brutales y desconocidas de la dictadura: la forma en que se torturó niños y se los convirtió en prisioneros políticos, después del 11 de septiembre de 1973.

El texto detalla, por ejemplo, la  historia de Patricio Ibacache, quien en la actualidad tiene 42 años y un presente que le debe mucho a su pasado: le ha costado tener pareja por temor a que le pregunten quien es. “Tenía 2 años y seis meses cuando fue detenido junto a su padre. Su madre lo buscó por 14 días en hospitales, la Cruz Roja y la Intendencia de Valparaíso. Cuando lo encontró, tenía quemaduras de cigarrillos en los brazos. Así sus captores hicieron hablar a su padre”, describe el reportaje que ya tiene una versión on-line y este sábado publica la impresa.

El reportaje también cuenta la historia de Ninoska Henríquez. “Tenía 9 años cuando fue detenida junto a sus abuelos. Recuerda haber dormido en literas, haber sido obligada a ingerir unas pastillas celestes y a contestar preguntas. También recuerda una imagen que hasta hoy la atormenta: ‘Vi que a mi abuelo lo tenían colgando de los brazos, pendiendo de un palo. A mi abuela la tenían sentada en una silla’”, dice el reportaje. Ella vio a su abuelo torturado. Después de eso su familia fue perseguida y ella debió vivir con un nombre de “chapa” a pesar de su corta edad. Su testimonio ayudó a registrar otro centro de torturas: el cuartel Venecia.

El reportaje también destaca la historia de la documentalista Macarena Aguiló. “En febrero de 1975 ella estaba en El Tambo, en San Vicente de Tagua Tagua, en casa de unos tíos –pues su madre estaba detenida– cuando la DINA irrumpió violentamente: querían saber sobre su padre, Hernán Aguiló, jefe militar del MIR y clandestino desde el Golpe. Como su tío no colaboró se lo llevaron detenido. Y tomaron al resto de los integrantes de la casa como rehenes en su propio domicilio: Macarena, su tía embarazada y su primo de dos años, convivieron durante tres semanas con los militares en condiciones que ella no logra recordar con nitidez…”, relata uno de los párrafos del reportaje, que cuenta de la calificación que hizo la Comisión Valech de estos menores y en la versión on-line también da cuenta de menores que no calificaron como víctimas.

“Por eso cuando no calificaron, sentí mucha culpa de haberlos expuesto. Mi intención de insertarlos como niños normales en la sociedad, de practicar el olvido no funcionó”, dice Patricia en el reportaje; la madre de uno de los menores que no calificó.

Nota de Hijxs Voces

Y aquellos niños que nacieron en prisión,hijos e hijas de jóvenes mujeres estudiantes, trabajadoras,campesinas,empleadas que fueron detenidas, torturadas y que pagaron con prisión el adherir a un proyecto histórico que el planeta entero segía con admiración y respeto, llevado a cabo en este Chile, eterno laboratorio de políticas económicas y sociales?

Aquellos niños nacidos en campos de prisioneros, criados en prisiones , -con fecha de vencimiento- una vez que cumplían los años que la ley permitía a sus madres tenerlos con ellos, debían enfrentar  aún balbuceantes, un destino incierto.

Aquellos niños en el vientre materno que sufrían las descargas eléctricas, los puños de hombres fuertes, las ratas subiendo por las vaginas maternas…Niños que sabiendo acerca de éso han vivido trastornos mentales serios y permanentes, niños hoy en la mitad de su vida, que son un sujeto social que al parecer recién son descubiertos por quienes los negaron, invisibilizaron, que han esperado 40 años para solicitar les perdonen…

Niñas violadas, drogadas, estigmatizadas, niñas y niños producto de violaciones por los torturadores de sus madres, niños, rechazados, estigmatizados, apátridas, con familias fracturadas, niños chilenos nacidos en Africa, Europa, Australia y América toda…negados por el país de orígen de sus padres que ni el derecho voto les otorga…

Niños resentidos, niños alienados de su identidad latinoamericana, niños sudaka,niños cabeza negra, niños escoria de los países ricos…niños que no hablan castellano, niños sin abuelos ni primos,niños mapuche en Holanda, Suecia, Canadá,Mozambique,Camberra, niños que sin conocer la Historia de Chile no logran respetar ni entender a sus padres…niños chilenos con ira y desgarro. Niños-jóvenes sentados durante 40 años en las puertas de la Villa Francia esperando el regreso del padre que se llevaron una noche. Niños- jóvenes que han parido hijos que hoy son reprimidos en las calles de un país que pide dar vuelta la página.

Y la civilidad cómplice pide hoy perdón. Todos y todas al parecer estaban defendiendo- muy disimuladamente- los derechos humanos de las víctimas…

Estos 40 años son 40 años de shock post traumático, que solo las víctimas experimentan, ellos y sus descendientes, porque para los que vencieron por las armas, y escribieron la Historia Oficial en un largo lapso de tiempo- el suficiente como para que una generación completa perdiera su memoria contingente-  están indemnes.

A los hijos de la memoria de Chile le duelen estos 40 años en que todos recuerdan, todos equiparan dolores, todos hacen hipócritas mea culpa y solicitan perdón y reconciliación, aquellos que parean las colas para conseguir mercadería con las muertes a ráfaga de metralleta…

Los Anselmo, Marcos, Anita, América, Manuel, Amandas, Tanias y Tamaras, los Lenin y los Ilich, Wladimir y Camilos, las Libertad y las Victoria, los portadores de los nombres políticos de sus padres asesinados, los que dan a sus hijos los nombres de sus madres torturadas, no perdonan, no olvidan, no se reconcilian.

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