Es hacerte un paria, un sin tierra. Es el desarraigo: Aún tenemos chilenos desterrados
Hasta hoy, injustamente, existen compañeros impedidos de volver y vivir en nuestro país, porque cometieron la osadía y el “delito” de luchar contra la sanguinaria dictadura de Pinochet y por los derechos de nuestro pueblo.
La palabra destierro y su función tiene una larga trayectoria en la historia de la humanidad. La encontramos en la biblia y en la mitología greco-romana ya con el sentido de castigo instrumental al poder, que aplicada a través del tiempo, no perdió su connotación de práctica política e ideológica para deshacerse de los adversarios; manteniendo su valor de ser una pena inmediatamente inferior a la pena de muerte.
Se percibe que no se trata de una pena menor y la fuerza de su aplicación reside -fundamentalmente- en el castigo psicológico que habrá de sufrir el apenado, por causa de su ausencia terrenal; del no poder estar presente, del no poder actuar, participar, quitándole el sentido de pertenencia. Esa es la pena.
Destierro ya lo dice: Es sacarte de tu tierra, del lugar donde te construiste, donde criaste tus lazos afectivos, es arrancarte el paisaje, es alejarte de tu lengua, de tu imaginario, de tu cultura, de tu lucha diaria, de tus sueños, de tu vida; destierro es hacerte un paria, un sin tierra; destierro es el desarraigo.
Es una pena inhumana, condenada por la Declaración Universal de Derechos Humanos (ONU) en su carta fundamental, hasta hoy practicada en varios países del mundo y, aunque no lo creas, entre éstos se cuenta Chile con el nombre de “extrañamiento”.
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