EL MIGUEL,ELLOS,NOSOTROS Y LA CAROLITA 2004 http://www.archivochile.com

El Miguel,
ellos, nosotros y la Carolita
Gabriela. 2004

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¡Teníamos tanto miedo! Enfundados en ropas elegantes, olvidados el bluyin y los
bototos, contábamos los días que habían pasado desde entonces. ¿Sólo diez?
Teníamos tanto miedo, desconcierto, furia, y…veintinueve años. Veintinueve años el
Miguel, y Julián y yo.
Entre Julián y yo juntábamos ocho niños; ninguno superaba los diez años, y
dependían absolutamente de nosotros. Pedro Pablo,Cristian V.,Cristian John;Monita,Jessica John;Carola,Harold, Juan José y yo. Octubre 1973De nosotros, quienes aún en medio del
huracán, buscábamos afanosos y sin rumbo a los compañeros, las compañeras,
aquellos de los campamentos, que por tantos meses, ( ¿años? ) fueron nuestra
familia, nuestro habitat, nuestro accionar conjunto.
Sabíamos de nuestros muertos, de los detenidos, de los torturados, de los
escondidos. Sabíamos que si caíamos dejábamos no solo a nuestros hijos a merced
de un futuro temible que sólo podíamos imaginar, sino que nos restaríamos a la
lucha que recién comenzaba.
La magnitud de la pérdida, de la masacre, del desconcierto y la desconexión aún no
afloraban a nuestras mentes, a pesar de tanto análisis y previsión anterior.
Con Julián llevamos ese día a la Carolita, de cinco años, al hospital, dado que su
garganta presentaba un enorme e inexplicable bulto que apenas le permitía
respirar.
Psicosomático, nos dijeron. ¡Y cómo no! En diez días presenció, con sus enormes
ojos, allanamiento tras allanamiento de nuestra casa, buscándonos, ávidos de
armas, de delaciones, de compañeros ocultos. Cada rama de las Fuerzas armadas
exhibió sus armas largas, gritó, pateó los bolsones de los niños en busca de esas
armas que hasta hoy, treinta años después no nos llegan…

El Chanfró marcha en las calles
Nosotros, lejos de ellos nada podíamos hacer. Nunca pudimos.
La enfermedad de la niña era más que justificada.
Al volver del Hospital, llevamos a la Carolita a un lugar que le encantaba. Era
apasionada por el pescado frito. Fuimos al “Venecia”. Sabíamos que el ambiente
familiar la consolaría.

El Venezia

El Venezia
Julián, Gabriela y la Carolita, sentados en una acogedora mesa, bien trajeados y
peinados, ella taco alto y maquillaje, eran la visíón encantadora de una familia de
clase media contenta, sin nada que temer.

Se abre la puerta del restaurante. Penetran varios hombres jóvenes, de aspecto próspero, elegantes, buenos trajes obscuros, peinados a la gomina, caras limpias sin bigotes. Se diría un grupo de abogados celebrando un fallo favorable o un grupo de médicos del Hospital cercano contentos con el resultado de alguna cirugía difícil.

Bastó una mirada de reojo, unos rostros inexpresivos, un intercambio de efluvios, para que nos reconociéramos, y nos ignoraramos. Eran el Miguel, el Bauchi, el Pollo, el Pelao, y algunos otros que mi memoria no ha retenido. Eran ellos. La Dirección clandestina completa. Todos comíamos, conversábamos, sonreíamos con dolor. Ellos en su mesa. Nosotros a sus espaldas. La Carolita se avalanzó sobre su pescado frito. ¿Congrio, merluza? Nunca lo supimos, pero una espina inmensa se incrustó en su garganta hinchada. No podíamos gritar, llorar, llamar la atención. Nuestra vida estaba en peligro, al igual que la de la Carolita.

Nunca supimos cómo, aún no lo entiendo, pero el Miguel, el compañero, el doctor Enríquez, saltó como un felino, tomó a la niña, la tendió en el suelo, maniobró sobre ella, que tenía su carita azulada por la asfixia, extrajo la espina, le hizo respiración boca a boca, nos guiñó un ojo y volvió a su mesa, donde ellos.

Nada había sucedido. El hombre más buscado de Chile en ese momento y hasta el día de su muerte en combate el 5 de octubre del año siguiente, arriesgó su cobertura y la de todos nosotros, siguiendo el imperativo de sus convicciones, de su juramento y de su entrega revolucionaria.

Sin el Miguel ése día, posiblemente la Carolita no habría conocido los treinta y seis años que hoy tiene, y definitivamente no estarían el Sebastian, el Vicente y el Nicolás, mis nietos…

Caroolita, Adriana y niños depto. mamá. 2010
Carolita, Adriana y niños 2010

. ¡ Gracias, Miguel ¡ ¡ Hasta la Victoria Siempre! GABRIELA A 30 años de su muerte en combate 5 Octubre 2004.

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