Eloísa González, la mujer que vive en pie.

Dinos, Elo, si aún estás en el retén. Si oyes los ecos de las voces de los presos del setenta y tres, si las huellas de las manos que nos enseñaron a levantar el puño siguen en las paredes, si un paco cómplice te ofreció un vaso de leche caliente, si te susurró aguante Elo, que vamos a ganar. Dime, Elo, si ya encabezas de nuevo las marchas, cubriendo los huecos de Diego y Ezequiel. Dime, Elo, cuando podré abrazarte, cuando podremos recitar a Huidobro, citar a Miguel Enríquez, reconocernos en la matriz Mirista, como este Enero en Asunción-.

ESCOMBRO TENAZ

elo

Debe usted mirar esta fotografía con más detenimiento: una primera visión puede hacerle pensar que esta mujer  es arrastrada por cuatro pacas, en posición horizontal: es imposible, Elo González vive de pie.  En pie de guerra en un país donde la dictadura convirtió la educación en lucro.  En pie de guerra en un país donde los estudiantes toman  los liceos, las facultades, las instituciones, dando. Dando lecciones de que la única pelea que se pierde es la que no se da. De que la única lucha que está condenada a la derrota es la que no se abre paso confrontando la injusticia. Ya lo sabíamos, desde los setenta, por Víctor Jara: Los estudiantes chilenos, y latinoamericanos, se tomaron de la mano, sin guanaco, ni pacos, ni bombas paralizantes capaces de impedir que dijeran basta por fin.

Y así estamos: viendo a esta niña que…

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Miguel Enríquez: en la esquiva de la derrota.

Lector, lectora, no te derrotes de antemano. No te asiles en la incómoda comodidad del sofá de tu salón. Sal a pisar las calles nuevamente. En el recuerdo a Miguel, al Bauchi, a Edgardo,…, Gladys, Carmen, Lumi; a todxs lxs miristas, vivos, heridos, desaparecidos, muertos, que marcaron el callejero por donde vale la pena el deambular de nuestras vidas.

ESCOMBRO TENAZ

miguel-enriquez

Mientras  La era estaba pariendo un corazón y en cada esquina del Mundo, en los sesenta, en los setenta,  las fuerzas de la Historia  avanzaban por las calles de París, por las selvas de Latinoamérica, por los arrozales de Indochina; la mejor juventud empuñaba las armas, hacía el amor libre por primera vez, leía a Kerouac o tarareaba acordes de Violeta Parra.

Si Gil de Biedma nos avisó de que no es la impaciencia del buscador de orgasmos el que nos tira del cuerpo hacia otros cuerpos, sino que también perseguimos el tierno amor, y que para aprenderle es necesario haber estado solo y son necesarias cuatrocientas noches y cuatrocientos cuerpos diferentes; también fue el amor el que empujó a los mejores, a las mejores, a un itinerario de combate y de utopía.  Como el que llevó a Miguel Enríquez a liderar adolescente el movimiento estudiantil, a fundar…

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