“Los doblados”. Un tema maldito: la infiltración en la guerrilla de los años 70

Los doblados”, el libro que narra las traiciones en la guerrilla de los años 70.
.Libro Los doblados
En un nuevo trabajo, Ricardo Ragendorfer explora la temática de la infiltración por parte de los militares en Montoneros y ERP

Rafael de Jesús Ranier, alias “El Oso”. Ese nombre es el paradigma de la infiltración militar en los grupos guerrilleros que asolaron el país en los años 70. Desde una posición de escaso relieve -estaba asignado al área de logística del Ejército Revolucionario del Pueblo- Ranier le permitió a las Fuerzas Armadas, entre otras cosas, detectar casas operativas y detener a un nutrido grupo de integrantes de la guerrilla que conducía Roberto Santucho.

El “Oso” también tuvo un papel clave para que el intento más ambicioso del ERP -el ataque al Batallón de Arsenales Domingo Viejobueno de Monte Chingolo- terminase en un verdadero desastre para la guerrilla en diciembre de 1975. Luego de este trágico episodio, la traición de Ranier fue descubierta por la cúpula del ERP y le fue aplicada la “justicia revolucionaria” el 13 de enero de 1976. Este acto fue informado por “Estrella Roja”, el órgano de difusión de la guerrilla marxista.

En su reciente trabajo titulado Los Doblados (Editorial Sudamericana) el experimentado investigador Ricardo Ragendorfer llegó a la conclusión de que el “soplón” Ranier facilitó la caída de más de un centenar de militantes del ERP. El caso de Ranier trabajando para el Batallón 601, unidad especial del Servicio de Inteligencia del Ejército, es uno de los tantos que Ragendorfer utiliza para tratar de modo integral la figura de la traición en la guerrilla de los años 70.

A continuación, la entrevista con Ragendorfer:

¿Cómo surgió la idea de escribir sobre los “doblados” en las organizaciones armadas?

-Fue una constelación de factores, por un lado el puntapié inicial de este trabajo fue una serie de entrevistas que le había hecho a un oficial del Batallón 601, el mayor Carlos Antonio Españadero, que las hice en su momento para la revista Caras y Caretas. Me interesaba de este hombre su condición de responsable operativo del “Oso” Ranier. Incluso lo ubiqué por la guía telefónica. Le dije que me interesaba particularmente este personaje, y su respuesta fue: “Ah, un héroe de guerra”. Y después nos encontramos, fue un encuentro cómico. Pero, repito, el puntapié inicial fue la exploración de ese personaje y las derivaciones que nos llevaron a él. En resumidas cuentas, este inicio me lanzó a uno de los temas “malditos” y nunca abordados de una época de por sí ominosa, que es el tema de la traición. Lógicamente que el tema de la traición en ese ámbito me llevó también a explorar otras cosas que me interesaban mucho y no estaban debidamente abordados por la profusa bibliografía que existe sobre la época de la dictadura, que es la estructura, el funcionamiento y los personajes que estaban en el batallón 601.

Más allá del caso del “Oso” Ranier, ¿cuál fue la incidencia real o cuantitativa de los “filtros” en la guerrilla?

-No se sabe exactamente, tampoco cuántos había. Pero la infiltración de las organizaciones revolucionarias era un recurso que se da previo a la ejecución absoluta del terrorismo de Estado. Todo indica que todas las organizaciones armadas y las organizaciones políticas que planteaban otra forma de estrategia revolucionaria estaban infiltradas. Prueba de ello es por ejemplo el caso Tarifeño. Un dirigente del trotskismo en el sur del país que quedó a la intemperie a raíz de la publicación de los listados del Batallón 601. Es un caso impresionante. También está el caso de Gerardo Martínez, que corresponde a una etapa posterior. Fue reclutado en el 80 u 81, épocas de las huelgas de Ubaldini. Da la impresión de que había filtros en todos lados. Había también en las redacciones de revistas.

Ricardo Ragendorfer

Ricardo Ragendorfer

Usted cuenta que Montoneros le avisa al ERP sobre que tenían un infiltrado apodado “Oso”, pero en principio no lo logran detectar. ¿Montoneros tenía mejor seguridad interna que el ERP?

-Los servicios de inteligencia y de contrainteligencia de las organizaciones armadas eran muy artesanales. En el caso del ERP, el lema era ‘la menor cantidad de personas en los puestos más claves’, o sea que tenían un criterio de calidad, eran muy imaginativos, pero no dejaban de ser aficionados. En en caso de Montoneros también tenían un gran servicio de inteligencia artesanal, con personajes como Rodolfo Walsh, entre otros, pero también los infiltraron, también perdieron en esa puja, que tenía que ver justamente con la inteligencia.
Mientras que el Ejército planteaba que era una guerra de inteligencia, ojo, yo no estoy de acuerdo con el término de ‘guerra’, esto para mí no fue una guerra. Decía que el Ejército se abocó a la inteligencia, pero para las organizaciones armadas, la inteligencia era un hecho más que colateral. Ellos cifraban su desarrollo político en otras áreas de la militancia.

En el libro explica la sorpresa que tuvo Santucho cuando se enteró que Ranier no era un “cuadro político” o un militar infiltrado, sino un “lumpen” de menor jerarquía

Eso es una paradoja. Por empezar, la posición que tenía Santucho ante la posibilidad de que el ERP fuese infiltrado poseía un infantilismo notable, puesto que decía que un filtro puede ingresar a determinada estructura del ERP, pero la discordancia entre su accionar y determinadas pautas de su conducta burguesa lo iban a poner al descubierto. Por otro lado, efectivamente, el Oso no era un cuadro de inteligencia. No era un cuadro político ni militar. No tenía jerarquía en el ERP, pero era un tipo que había sido amaestrado en el arte de ver y oír. Debía contar todo lo que veía y oía. Él traía datos sueltos. Luego todos esos pedazos de información se iban analizando entre sí.

El ERP informó el “ajusticiamiento” del “Oso” Ranier

El ERP informó el “ajusticiamiento” del “Oso” Ranier

A diferencia de otros autores, usted sostiene que el capitán Juan Carlos Leonetti tenía como objetivo encontrar a Santucho y que no fue tan casual el desenlace del 19 de julio de 1976.

-Leonetti estaba con esa única tarea. Incluso él se jactaba de eso. La primera vez que lo escuché fue en boca del capitán Andrea Mohr. Después, hay documentos en su legajo, que si bien no especifican taxativamente esa función, coinciden con su ida al Batallón 601. Antes se desempeñaba en la jefatura 2 de inteligencia en el Edificio Libertador y el coronel Carlos Alberto Martínez lo manda en comisión al 601 en octubre del 75. Desde entonces, hasta la muerte de ambos (Leonetti y Santucho), este militar aparece siempre detrás de los pasos de Santucho. Incluso casi lo agarra en la quinta de Moreno (NdR: en marzo del 76 fue detectada una reunión de la cúpula del ERP en esa localidad bonaerense y Santucho logró escapar por muy poco).

¿Cree que la infiltración fue un factor fundamental para la derrota de la guerrilla?

-Pienso que no, fue un recurso que se puso en práctica al principio, pero creo que no, y no por razones técnicas. Además, las organizaciones armadas ya estaban en crisis en ese momento. Este libro va a generar cierta polémica acerca de si la aplicación del terrorismo de Estado fue una ‘guerra sucia’ o terrorismo de Estado. Para mí fue esto último, pese a que hablamos de organizaciones armadas no hablamos de ‘estado de guerra’. El Ejército en ese momento no hablaba de un ‘estado de guerra’ para no darle status de fuerza beligerante al rival; hablaban de ‘lucha contra la subversión’, no de ‘guerra contra la subversión’. Los enfrentamientos y la cacería que el Ejército emprendió sobre estas organizaciones fueron episodios policiales con ribetes bélicos, pero no una guerra, fue una cacería contra la sociedad civil en su conjunto y no un enfrentamiento entre dos aparatos.

Iquique: Papa Francisco recibirá carta sobre Detenidos Desaparecidos

No podía ser más emblemático el lugar donde el Papa Francisco recibirá en sus manos, una carta sobre la defensa y lucha por los derechos humanos, que le entregará la AFEPI, Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos de Iquique y Pisagua, hecho que ocurrirá en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes de la Península de Cavancha, conocida como Gruta de Cavancha. En efecto en los primeros años de la dictadura, un pequeño grupo, que liderara la profesora de Historia y Geografía, Ayleen Campo, ya fallecida, se sumó a la comunidad cristiana, a la cual pertenecían sacerdotes, entre otros, Argimiro Aláez y Ángel Fernández (éste último también fallecido).

Eran los años 74´ y 75´ cuando a instancias de una invitación de la maestra de historia, la entonces liceana adolescente, Ximena Brain, dueña de una privilegiada voz, conformaron un grupo de teatro, que recorría las escuelas;  y luego, un grupo de canto, para acompañar las tradicionales misas. Sus tíos, de la conocida familia Alvarez, también destacados músicos y cantores, se incorporaron al grupo; y así se fueron sumando voluntades, hasta fortalecerse como comunidad. A todos les unía una visión contraria a la dictadura, un tema que tímidamente se abordaba.

Pero a poco andar, fueron constituyendo una comunidad de confianza, donde se hablaba de actualidad y sobre los atropellos a los derechos humanos. Se reunían sagradamente los sábados en la tarde, para leer y analizar colectivamente la Revista Mensaje, de la Iglesia Católica, acto que, en aquella época, era considerado casi subversivo. Las jornadas sabatinas también servían para preparar la eucaristía dominical, las que, además de contar con el apoyo de un coro privilegiado, empezó a incorporar hitos especiales.  Por ejemplo, con motivo de Semana Santa, produjeron la obra “Jesucristo Superestrella” y se hicieron misas por Violeta Parra, por el sacerdote Camilo Torres, por el obispo de El salvador Arnulfo Romero.

El siguiente paso, siempre al alero de la comunidad cristiana, fue el conformar la agrupación, ya con un sello político, de Cristianos por el Socialismo, que empezó a tener eco en la comunidad iquiqueña, más allá del recinto eclesial. Así se empiezan a crear o replicar distintas agrupaciones como el MDP, Movimiento Democrático Popular; Codepu, Consejo de Defensa de los Pueblos. Más tarde, por los años 80´ se suman otras personas, e incluso no creyentes, que conformaron, ya fuera de la iglesia, el CPS, Comité Permanente de Solidaridad, una entidad laica, que lideró el proceso de defensa de los DDHH y resistencia a la dictadura.

TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

Era la época del auge de la Teología de la Liberación, que nace en Latinoamérica, a partir de las comunidades de base y que tiene como eje central del Evangelio, una opción preferencial por los pobres, pero superando la categoría conservadora, de entender a los pobres, como los pobres de espíritu. Esta corriente surge desde las comunidades y se contrapone a las injusticias sociales. La dimensión de “liberación” a la que apela esta teología, apunta a la necesidad de tomar conciencia sobre la realidad social y económica de América Latina, que sume al Continente en la pobreza, la explotación a los más pobres y las injusticias. Las dictaduras y gobiernos autoritarios son parte de ese diagnóstico.  De este modo, la liberación real de los más pobres, era ser parte de este proceso.

Todo lo anterior, era parte de la reflexión profunda que surgía en la Gruta de Lourdes de Cavancha, en Iquique y donde la adolescente Ximena Brain, fortalece su formación cristiana e ideológica. Así, el debate frente a la contingencia, que se daba en esta comunidad cristiana, era en torno a los postulados de los teólogos de la liberación, como el brasileño Leonardo Boff o el peruano Gustavo Gutiérrez, principalmente de este último sacerdote, por ser originario del país vecino, donde desarrollaba su apostolado. Boff fue de la orden franciscana y se doctoró en Teología, pero su diferencia con la iglesia lo llevó a renunciar al sacerdocio.

Fue tal el impacto de la Teología de la Liberación, porque además de los aspectos relativos a la fe, en sus análisis incorpora elementos de las ciencias humanas, que la iglesia oficial, decide contrarrestarla y recrea en 1988 una vieja institución de la Curia Romana, llamada ahora Congregación para la Doctrina de la Fe, pretendiendo anular todo atisbo social de esta teología. Juan Pablo II nombra al cardenal Joseph Ratzinger como Prefecto de esa congregación, el mismo que en julio de 2012, fuera nombrado Papa, bajo el nombre de Benedicto XVI, el antecesor de Francisco; a diferencia del anterior, el actual Papa es un hombre que rompe las reglas del protocolo y que lleva una vida religiosa, bastante más austera y coloquial.

El Papa Francisco, que, con antelación a que se incluyera en el programa oficial que familiares de detenidos desaparecidos le entregaran una misiva, ya contaba con su paso por la Gruta de Cavancha, donde se reunirá con un grupo de enfermos. La renovada residencia, cuyas obras apenas concluyen alberga a los curas oblatos, que llegaron a esta tierra nortina, en la época de la explotación del salitre, para acompañar pastoralmente a los obreros de la pampa, iniciando una gran laboral social. Conformaron movimientos diversos, tuvieron escuelas, e incluso, una radioemisora que llevaba el nombre de Radio León XIII y cuyo eslogan era “Al servicio de Dios y la Comunidad”.

Tras el cierre de las salitreras, los curas oblatos refuerzan su presencia en Iquique y establecen un estudio de grabación radial, donde se preparan los programas que se transmiten por Radio León XIII, con asiento en la comuna de Pozo Almonte y cuyas ondas en amplitud modulada, llegaban a todos los poblados rurales.  Paradojalmente, la Gruta de Lourdes se yergue en uno de los barrios más exclusivos de la ciudad, sector que originalmente fue una caleta de pescadores, pero que fue evolucionando y albergando hermosas y amplias viviendas, cuyos terrenos, tienen el valor más alto por metro cuadrado en toda la región.

Y es allí, donde la profesora Ayleen Campo, llega tras los primeros años de la dictadura para escuchar la palabra de Dios, pero, por su formación y tal como los teólogos de la liberación, entendía que ciencias humanas y religión, tienen zonas achuradas, que se comparten. Sus alumnas la recuerdan como una gran maestra, que contaba la historia y hacía pensar a sus alumnas. Así conoció a Ximena Brain, que la cautivó por su canto y cierta capacidad histriónica; por eso la invitó a ser parte del grupo de teatro y recorrer colegios y poblaciones. El teatro es, claro está, una expresión social.

Luego la invitó a la iglesia y surge toda la historia ya relatada en líneas anteriores, que hace de la Gruta de Cavancha, ser el primer bastión donde se articuló la resistencia y lucha contra la dictadura en Iquique. Por eso, es tan simbólico que el Papa Francisco que pasará por este lugar donde se reunirá con los enfermos, sea también la locación donde recibirá de manos de Héctor Marín Rossel, la misiva que los familiares de los detenidos desaparecidos le entregarán, con la esperanza que pueda interceder para saber sobre el destino de sus seres queridos, a los que buscan hace 44 años.

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LA MISIVA

La carta que el activista de Derechos Humanos, Héctor Marín, depositará en las manos de Francisco, desarrollará tres temas. Primero, agradecer el acompañamiento y el rol de la iglesia católica en tiempos de dictadura. Contarle sobre la lucha inclaudicable que han dado como familiares de detenidos desaparecidos. Finalmente, pedir su intervención ante su alta investidura como jefe del Estado Vaticano y como líder de la Iglesia Católica, para que las Fuerzas Armadas chilenas, rompan el pacto de silencio, y digan dónde están los detenidos desaparecidos; y que además, le pida al Estado chileno, que interceda en esta tarea.

Héctor Marín, dijo que el primer punto contempla también un gran reconocimiento al cardenal Raúl Silva Henríquez, fundador de la Vicaría de la Solidaridad, quien fue un inclaudicable luchador en pro de la defensa de los DDHH y que hizo que la iglesia acogiera a todos quienes padecían los rigores de la dictadura. “Nosotros estamos conscientes y mu agradecidos de lo que hizo el cardenal Silva Henríquez, por eso queremos remarcar este hecho en la carta que entregaremos al Papa. Nosotros hacemos un homenaje al cardenal, porque fue un verdadero pastor que estuvo con nosotros, junto a nuestra lucha”, remarcó.

Tanto así fue el compromiso del cardenal, que enterado que en la Gruta de Cavancha de Iquique había una comunidad cristiana activa y con un gran sentido social; que asumía compromisos y riesgos, visitó la diócesis en los inicios de los 80´y se reunió con estos jóvenes y adultos, que daban sus primeros pasos en la resistencia.

Muchos de ellos fueron detenidos y enviados a Pisagua, en una “segunda lanchada”, mientras que otros debieron pasar a la clandestinidad o irse de la ciudad. Hay fotografías que registran el momento en que Silva Henríquez está en la Gruta de Cavancha y posa con los integrantes de la comunidad.

 

 

EL PADRE ÁNGEL

Los efectos de la represión no sólo lo padecieron los laicos; también los sacerdotes que asesoraban pastoralmente a la comunidad. Quizás el caso más emblemático sea el del padre Ángel Fernández, el oblato a quienes todos llamaban cariñosamente “angelito”, es que era considerado verdaderamente un ángel.

En el diario local, fue fuertemente difamado como proselitista de izquierda, de utilizar a la iglesia; además, en la crónica se inmiscuyeron en su vida privada, enlodando su imagen sacerdotal y personal. Fue una dura persecución, pero el cura Ángel dio la lucha presentando una denuncia judicial que le dio la razón. La justicia obligó al matutino a desmentir la información, en las mismas grandes dimensiones en que acusó al sacerdote.

Sin embargo, como consecuencia, Ángel Fernández, debió abandonar Iquique, ya que fue trasladado a otra ciudad, por sus superiores de Congregación. Cuando partió, se llevó el recuerdo del apoyo incondicional recibido por la comunidad, que, como un acto de máxima osadía y luego que el diario publicara las acusaciones en su contra, laicos y fieles se reunieron en el frontis de la Gruta de Lourdes de Cavancha, para quemar decenas de ejemplares del diario.

Así, en los ochenta, el grupo se empieza a desperdigar. Algunos emigran o retoman ya, directamente una actividad política en otras organizaciones o se suman a la comunidad de la parroquia Inmaculada Concepción, en la Catedral de Iquique, donde también se realiza desde la iglesia, actividades de resistencia a la dictadura.

El estudio de grabación de Radio León XIII, que funcionaba en las instalaciones de la Gruta de Lourdes, es un lugar donde, además de grabar los programas habituales de la emisora, empieza a grabar programas radiales sobre derechos humanos, derechos laborales, educación cívica, reforzando su compromiso con la lucha social. Eran los años 80 a 90, cuyo director de la Radio León XIII y su estudio de grabación en Iquique, era el padre oblato, José María Tramblay, con quien, la autora de este relato, trabajó durante muchos años, bajo un enfoque de comunicación popular y participativo. Surgen corresponsales populares en todos los pueblos y comunidades rurales, la mayoría vinculados a comunidades cristianas, quienes difunden lo que acontece en sus poblados.

La encargada del estudio era Isabel Fúster, que hacía un trabajo de lujo en la grabación de los programas, buscando los temas musicales adecuados, para acompañar los textos. Los programas, grabado en cassette, eran enviados a la Radio león XIII en Pozo Almonte. También se producían los programas de la Comisión de Derechos Humanos, que dirigía el abogado Germán Valenzuela y que eran emitidos por Radio Iquique; y la producción Tribuna Laboral y Primera Línea, producidos por la ONG Cepaat, que dirigía Luis Caucoto.

Fueron muchas las personas que colaboraron con esta producción, donde tenían difusión todos aquellos temas de derechos humanos, que no eran difundidos por la prensa local. Por ejemplo, se informó acerca del caso de los detenidos desaparecidos, incluyendo el de Jorge Marín Rossel, apresado a los 19 años, hermano de Héctor Marín, quien depositará en manos de Francisco, la misiva de la AFEPI.

El rol que cumplió la Gruta de Cavancha, a través de su estudio de grabación, constituyó un claro compromiso con los postulados de la doctrina social de la Iglesia, dando voz a los que no la tenían a través de los canales oficiales. Muchas personas pasaron por estos estudios. Sólo por nombrar a algunos, Consuelo Quinteros, Manuel Rojas, Hugo Reyes, Luis Ponce, Daniel Kiblisky, Francisco Pinto, Rosa Tassara. Muchos fueron los entrevistados, desde dirigentes comunitarios y políticos, hasta artistas locales y nacionales; Gervasio estuvo en esos estudios, apoyando el proceso de recuperación democrática.

REACCIONES

Las organizaciones de derechos humanos son autónomas entre sí, es decir, cada cual realiza sus actividades de acuerdo a lo que sus respectivas asambleas deciden. Y si bien, la misiva que entregará la AFEPI al Papa Francisco, se basa en un tema común a todas; no todas están de acuerdo.

Dice Marín: “Somos muy respetuosos y entendemos a quienes no están de acuerdo. Pero nuestra agrupación y muchas otras, creemos que ésta es una oportunidad, por lo que significa el Papa y nuestra demanda se pueda visibilizar. Esperamos que acoja nuestra solicitud e interceda por nuestra justa demanda de verdad, justicia y memoria”.

Ximena Brain, hoy trabajadora social y con residencia en Santiago, dice que es un poco incrédula ante los resultados de la gestión; teme que el Papa finalmente no haga, o no logre nada respecto a que se abra la posibilidad de saber el paradero de los detenidos desaparecidos. Sin embargo, valora que la AFEPI entregue la misiva y que lo haga en la emblemática Gruta de Cavancha. “Me parece que es un hecho simbólico, más allá de los resultados; como simbólico es, que esto se produzca donde se inició la resistencia. Es loable lo que hace lo que hace la AFEPI; como es loable lo que hizo tanta gente que se sumó a la lucha que se dio desde la Gruta y la postura que tuvo el Cardenal Raúl Silva Henríquez, frente a hechos cruentos que vivimos los chilenos”, señala.

Ximena Brain, guarda como máximo tesoro, las fotos que se sacaron con el Cardenal en la Gruta de Cavancha. Y la que le evoca los mejores recuerdos, es una en la que luce con el pastor, tomándolo del brazo.

JORGE MARIN ROSSEL

Conoce en e link siguiente, la historia de Jorge Marín Rossel, últimado y hecho desaparecer cuando sólo tenía 19 años, hecho que motivo la lucha por décadas que ha dado su hermano Héctor  Marín, que estos días se prepara para estar junto al Papa Francisco y entregar la postura de los familiares por los DDDD.

Lo que sigue es un reportaje producido el 2013, para los 40 años del golpe,  por RTC Televisión, canal municipal de Iquique y este Portal EdicionCero.

-La autora, Anyelina Rojas Valdés, es Periodista  y editora de Edición Cero

Artículo enviado a piensaChile y publicado también en Edición Cero

“Rezábamos, para que mi papá se muriera”

“Rezábamos, para que mi papá se muriera”

“Rezábamos, para que mi papá se muriera” testimonio de Mariana Dopazo, ex hija del genocida Etchecolatz.


10 de enero de 2018

La Garganta Poderosa

El repudio a la prisión domiciliaria de Miguel Etchecolatz en Mar del Plata suma más voces. Compartimos el testimonio de Mariana Dopazo, ex hija del genocida, publicado en La Garganta Poderosa.

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Crear una vida propia, a las sombras de mi progenitor, uno de los genocidas más siniestros de nuestra historia, fue muy difícil. Siempre rodeados de armas, acompañados de custodia policial y metidos en una burbuja. Mi vieja hacía lo que podía, amenazada recurrentemente por él: “Si te vas, te pego un tiro a vos y a los chicos”. De hecho, mi recuerdo más crudo de la infancia da cuenta del sufrimiento permanente: cada vez que él volvía de la Jefatura de Policía de La Plata, nos encerrábamos a rezar en el armario con mi hermano Juan, para pedir que se muriera en el viaje.

Sí, eso sentíamos, todos los días de nuestras vidas.

Crecí entre situaciones traumáticas, en plena soledad, porque vivir con Etchecolatz significaba no tener paz, hacer lo que decía y acostumbrarse al miedo de abrir la boca, porque podría venirse la respuesta más terrible. Aun así, desde chiquita fui bastante rebelde, tanto que mi familia me apodó “estrellita roja”. Lo desobedecía, sí, tanto como era posible. Y a ese ritmo, se repetían sus golpes. Era cruel, castigaba muy fuerte y después se preocupaba: “Mirá lo que me hacés hacerte”, decía. Cuando oía sus pasos, sentía el perfume del terror. Y sí, haber convivido con un genocida me permitió conocer su esencia, su faz más verdadera.

Siempre fue narcisista, una persona sin bondad, impenetrable, que nunca dio lugar para que sus hijos pudieran preguntar. Nunca nos explicó nada. Hay asesinos que le han contado algo a su círculo íntimo, pero Etchecolatz no. Y es un contrapunto interesante: no habló con su familia ni frente a la Justicia, sosteniendo un doble silencio. O sea, corporizó lo más terrible en todo momento, sin importarle jamás el otro y convirtiéndose en el símbolo más cruento del aparato represivo.

Cuando el Juzgado de Familia autorizó a deshacerme del apellido teñido de sangre, en 2016, para suplantarlo por el de mi abuelo materno, creí que había terminado una etapa. Sin embargo, la intención de beneficiar a los genocidas con el 2×1 me angustió y me impulsó a marchar por primera vez. Sentí que la Justicia había dejado de ser justa en materia de crímenes de lesa humanidad y empezaba a desampararnos. Pero incluso podía ser peor… Días atrás, mientras visitaba a mi familia me enteré que ahora tendrá el privilegio de irse a su casa. “Es imposible que le den la domiciliaria”, me aseguraba mi mamá, para tranquilizarme. Hasta que nos llamaron para avisarnos. Todo se convirtió en silencio. No pude pensar, ni hablar más. Así estuve la noche entera, tratando de salir de la oscuridad.

Ante semejante noticia, no puedo imaginarme lo que sentirán quienes lo sufrieron y menos todavía quienes deberán convivir con él, en el mismo barrio marplatense. Sólo dos tipos de personas conocen verdaderamente a un sujeto como él: sus víctimas y sus hijos. Por eso, a mí que no me lo vengan a contar. Nadie puede venderme el discurso de la reconciliación, ni el cuento del viejito enfermo que merece irse a su casa. Quienes conocemos su mirada, sabemos de qué se trata. Hay centenares de genocidas con prisión domiciliaria, pero él nos hierve la sangre porque representa lo peor de esa época, tras haber sido la cabeza de 21 centros clandestinos y no haberse arrepentido ni un centímetro de sus acciones, fiel e incondicional a las mentes que planificaron ideológicamente la masacre.

Justo y reparador sería que Miguel Osvaldo Etchecolatz estuviera para siempre en una cárcel común, hasta el final de sus días. Pues las marcas en el cuerpo, las marcas en la memoria, las marcas del espanto, las marcas del no saber, no se borran nunca, pero nunca más… Como sociedad, debemos luchar para que vuelvan atrás con esta decisión inadmisible y, aún en el sufrimiento, celebro que sigamos saliendo a la calle, aunque nos lo quieran prohibir. A mis 47 años, jamás creí que sufriríamos tal retroceso en Derechos Humanos, pero la fortaleza popular es enorme y debe seguir creciendo hasta meter a cada una de las bestias tras las rejas.

No se tranza con el dolor, ni se silencia el horror.
No pudieron vernos retroceder. Y tampoco van a poder.

Ver Vecinos protestan frente a casa del genocida

 

Jaime Castillo Petruzzi, el retorno de un sobreviviente

Se ha dicho de él que es un terrorista, un combatiente, un asesino. Uno de tres líderes del MRTA. Un guerrillero. Un héroe. Se han dicho muchas cosas, pero hasta ahora Castillo Petruzzi no había tenido la oportunidad de contar su versión

Crónica|
Jaime Castillo Petruzzi,
el retorno de un sobreviviente

Yasna Mussa |Martes 15 de noviembre 2016 12:09 hrs.

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El acusado de traición a la patria en Perú cuenta su retorno después de 23 años de prisión. Amor, odio, pasión y lucha, el relato de una prisión.

 Claves: 

Hace justo un mes, a la media noche del 15 de octubre, Jaime Castillo Petruzzi pasó el control internacional del aeropuerto Arturo Merino Benítez. Decenas de personas lo esperaban entre aplausos y  banderas después de una controvertida expulsión del Perú.

Se ha dicho de él que es un terrorista, un combatiente, un asesino, uno de los tres líderes del MRTA. Un guerrillero. Un héroe. Se han dicho muchas cosas, pero hasta ahora Castillo Petruzzi no había tenido la oportunidad de contar su versión. Este es el resultado de tres encuentros en los primeros 30 días de libertad del último chileno del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) preso en una cárcel peruana.

Cuando faltaban 116 días para su liberación, el chileno Jaime Castillo Petruzzi, ex militante del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) y sindicado como parte de la cúpula del MRTA de Perú, comenzó a anotar en una agenda roja la cuenta regresiva. Era la primera vez que ponía atención a cuánto faltaba para salir tras las rejas.  Lo hizo sin pensarlo. Abrió la libreta un día lunes y contó en el calendario cuánto faltaba para el 14 de octubre de 2016, fecha en que terminaba su sentencia.

Hace exactos 23 años, el 14 de octubre de 1993, Castillo Petruzzi apareció en la prensa y televisión peruana al ser capturado tras un intenso enfrentamiento con las fuerzas del régimen fujimorista. Lo que parecían escenas de una película era más bien la operación policial que puso fin al secuestro del empresario Raúl Hirakoa Torres  y a la que le sucederían una decena de hechos irregulares que terminaron con 6 chilenos pertenecientes al MRTA condenados a cadena perpetua por traición a una patria que no era la suya. Aunque la condena parecía absurda, las reglas del juego tenían la arbitrariedad que definen a las dictaduras.

Ese año comenzó un camino de más de dos décadas privado de libertad. En él temió por su vida más que ninguna otra vez, recorrió 5 cárceles peruanas, conoció el amor, rompió un corazón, se distanció de uno de sus hijos y tuvo otros dos. Vivió de manera intensa, como si los barrotes no fueran un límite ni el tiempo una resolución.

Ahora camina por las calles de su Santiago natal mirando asombrado los autos de último modelo, los nuevos edificios, los viajeros del metro pegados a sus teléfonos inteligentes, las librerías cargadas de publicaciones que tiene pendiente leer. Está de regreso, poniéndose al día con su familia, con manifestaciones de movimientos sociales que demandan No Más AFP o Ni Una Menos, con amigos entrañables con los que nunca perdió el contacto. con sobrinos que sólo conocía por fotos, con la actualidad social del país y  una crisis de legitimidad política que protagonizan muchos de los que antes fueron sus compañeros de militancia.

Primer encuentro: Alan nunca fue mi amigo

Jaime Castillo Petruzzi es alto y fornido, aunque su presencia imponente contrasta con una amplia sonrisa. De esa fisonomía proviene el sobrenombre “torito”, con que sus compañeros del MIR lo llamaban cariñosamente cuando apenas tenía 16 años y no dudaba en aplicar las técnicas de kárate que aprendió desde pequeño, cuando la ocasión así lo ameritaba.

Este viernes de primavera, Castillo Petruzzi elige el menú del almuerzo con el entusiasmo de quien había olvidado lo que era elegir una ensalada, un café y mirar por la ventana a los transeúntes. Cada 10 minutos toma una pausa para acariciar a su segunda hija, de 32 años, quien lo acompaña a la entrevista y lo observa sin creer lo que ve.

-“Tuve que salir de Chile el año 1974 porque a dos vecinos y compañeros de militancia los fueron a detener una noche. Ambos son ahora detenidos desaparecidos”, dice para explicar por qué tuvo que salir del país a los 17 años con permiso notarial rumbo a París, Francia.

Allí se instalaría, estudiaría en la Université Vincennes y conocería a personas clave en su vida, como a Víctor Polay, futuro máximo líder del MRTA, y  Alan García, quien después se convertiría en presidente del Perú, pero que por ese entonces compartía departamento con Polay y por esta relación más tarde se crearía el mito de una amistad que nunca existió.

“Se dijeron muchas cosas, como que éramos amigos, pero Alan García siempre fue un déspota que me decía con desprecio: Hola, chilenito”, dice esta tarde, aclarando el falso vínculo.

En  esos  años en París mantuvo la militancia rodeado de otros latinoamericanos provenientes de Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina, Bolivia y, por supuesto, Perú.

Como muchos otros de sus compañeros de partido, se preparó desde el exilio para volver a Chile en la llamada “Operación Retorno”.

En 1980 ingresó clandestino al país, luego de tres años de recibir instrucción militar en otros países y comenzó de inmediato el trabajo asignado por la orgánica partidista. La situación  era  muy  diferente a lo que recordaba: La ciudad silenciosa, los vecinos desconfiados. Superficialmente parecía que no se hablaba de política y el MIR, su organización, ya contaba con muchos desaparecidos y asesinados, entre ellos, el histórico líder Miguel Enríquez.

”Cuando leí la noticia en la cárcel, sobre algunos ex presos políticos de mi organización  y  de  organizaciones hermanas involucrados en estos escándalos de corrupción, de boletas falsas, me preguntaban: cómo es posible. ¡Incluso el hijo de Miguel! No hay palabras para explicar. Lo único que puedo decir, es que es muy triste”, diría después, al repasar los últimos acontecimientos políticos que involucran a ex militantes de izquierdas que fueron parte de la resistencia a la dictadura de Augusto Pinochet.

Con un nombre de chapa y sin que su familia supiera de su regreso, Castillo Petruzzi permaneció en Chile hasta mediados de 1982, cuando un periódico exhibió su fotografía con una leyenda que anunciaba su muerte.

“Tuve que llamar a mi casa y decir que no era yo el que estaba en la foto. Y mi papá me decía: ¡Hijo ¿estás en Mozambique?!. No papá, estoy acá, le dije. ¿Y las cartas que llegan de Mozambique? Ya te explicaré, pero he estado todos estos años acá”, decía por teléfono a su padre que escuchaba atónito.

Con el plan guerrillero desmantelado y las identidades reveladas, Jaime Castillo se asiló en la embajada  de  Francia.  Esta vez, realizaba el viaje junto a Beatriz, compañera de vida y militancia, quien tenía 4 meses y medio de embarazo.

Se instaló  por segunda vez en París, aunque el panorama era muy distinto a su primera estadía: Ahora hablaba francés, estaba próximo a ser padre y debía dedicar su tiempo y esfuerzo en juntar los recursos para esperar a la primogénita. La estadía duró poco. Al año siguiente partieron destinados a Nicaragua.

-“Ahí teníamos compañeros que colaboraban en la revolución, combatientes que habían estado en la lucha revolucionaria antes, durante y después del triunfo”, recuerda emocionado aquellos años en que el Frente Sandinista de Liberación Nacional le había doblado la mano a la dictadura de Anastasio Somoza.  Hoy ve con desilusión el rumbo que ha tomado el gobierno de Daniel Ortega, recientemente reelegido presidente en unas elecciones sin competencia.

En ese país nacería la segunda hija de la pareja en 1987. Luego, Beatriz decide volver con las niñas a Chile. Jaime se uniría un año después. Mientras, trabajaba con compañeros peruanos con la intención de unificar las luchas. Pero una vez más el plan falló y entre los detenidos cae el líder del MRTA, Víctor Polay Campos, junto a otros dirigentes del movimiento de izquierda. Castillo Petruzzi es convocado a trabajar en la elaboración del plan de rescate que incluía la construcción de un túnel de 300 metros de largo. Entonces, el “torito” arma maletas, se despide de sus hijas y pone fin a la relación amorosa que lo unía con Beatriz. Se incorpora en Lima al trabajo partidario. Para ese entonces, Castillo Petruzzi respondía más al MRTA que al MIR.

Segundo encuentro: 5 minutos al día

La segunda cita transcurre la tarde de un lunes. Jaime está a cargo del negocio donde ha comenzado a trabajar hace apenas una semana y frente a él todo parece novedad. Aunque intentó llevar una vida normal como interno, la cárcel siempre será un paréntesis cuando se trata de tecnología y avances médicos. En este mes de libertad recién aprende a manipular cheques y computadores.

Hoy tiene cita con la oftalmóloga, pues necesita saber en qué estado se encuentra su visión. En la cárcel, hasta lo más básico tiene un impuesto al encierro.  Los lentes ópticos no son la excepción. Por eso, hoy caminamos puntuales hacia la óptica donde más tarde descubrirá que es miope. El ex guerrillero internacionalista tiene una anomalía en los ojos que no le permite ver de forma clara, sino más bien borroso, los objetos lejanos.

“Lo contrario pasa en la política. Con los años vemos más claro los errores”, bromea al salir de la consulta. Y agrega en tono serio: “Objetivamente, nosotros cometimos errores y esos fueron los aciertos del enemigo”.

Uno de esos aciertos del enemigo fue cuando la policía peruana dio con la casa de seguridad donde pasó un mes, luego de detectar que lo estaban siguiendo. Ese mismo día, Castillo Petruzzi pensaba abandonar el Perú.

Aunque los medios lo acusaron de escudarse, con metralleta en mano, detrás de una anciana, Castillo Petruzzi desmiente esta versión. Dice que la policía los acorraló, pero que ellos jamás faltaron a su ética. No traficaban, ni colaboraron con el narcotráfico ni tuvieron blancos civiles. Asegura que vestían uniformes militares en el campo para ser identificados y no ser confundidos con los campesinos. Acepta, que hubo un número menor de víctimas que no pudieron evitar.

-”Nosotros  como  organización  hemos  pedido disculpas a los deudos de esas familias. A diferencia del terrorismo de Estado, que sí afectó directamente a la población civil con sus bombardeos masivos, con sus torturas sistemáticas, con las desapariciones absolutamente masivas”, dice Castillo Petruzzi.

Eran los primeros años gobernados por Alberto Fujimori, ex presidente del Perú que durante una década cometió ilícitos que iban desde lo financiero, con escándalos de corrupción, hasta el terror; con violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad que hoy lo tienen cumpliendo una condena de 25 años.

Pero ese 14 de octubre de 1993, Jaime Castillo pagó el precio de una seguidilla de errores que terminaron con su detención. A eso le continuó un juicio de apenas tres horas frente a un tribunal militar sin rostro. Allí comenzaron varias irregularidades, en donde la arbitrariedad era el denominador común. Los propios abogados no tuvieron acceso a los expedientes.

Hacinados, en las peores condiciones, los prisioneros permanecían aislados, en celdas mínimas sin baño ni luz. Apenas contaban con 5 minutos para salir agachados, en cuclillas y custodiados por dos policías con fusil en mano apuntando sus cabezas. En eso 5 minutos, una vez al día, los prisioneros debían elegir entre ir al baño, cepillar sus dientes o tomar una ducha.

Fue la primera vez que Castillo Petruzzi enfrentaba esas condiciones carcelarias y durante esos tres meses, en los que estuvo detenido en la base aérea Las Palmas de la Fuerza Aérea del Perú (FAP), su cuerpo se acostumbró a permanecer doblado en un espacio que compartía con otros 10 compañeros del MRTA, entre los cuales habían 5 chilenos y 6 peruanos.

Entre la oscuridad y la tortura psicológica, hubo algunos arrepentidos que pedían una segunda oportunidad en medio de sollozos nocturnos. Él, en cambio, permanecía firme, y para no ceder a la locura o al miedo, cantaba Venceremos o el Himno de los trabajadores a viva voz, recitaba poesía o invitaba a sus compañeros a reflexionar sobre distintos momentos de su lucha.

Jaime Castillo está consciente de que su pasaporte chileno alejó la posibilidad de ser torturado físicamente. Aunque sí hubo condiciones que dañaron su estado físico y psicológico.

-”Ahí comprobamos que el hombre es un animal de costumbre. El cuerpo se acostumbró, entonces cuando salias en posición de rana, hacías tus necesidades en un minuto, y después te bañabas y volvías”, reconoce Castillo.

Luego de tres meses detenido entre la Dirección Nacional contra el Terrorismo (Dircote) y la FAP, de decenas de interrogatorios y presión psicológica, fue  trasladado a un penal civil. La condena fue una decisión política del Estado: cadena perpetua para todos por traición a la patria.

“Chileno, te voy a matar”, amenazaban a Jaime Castillo, quien luego de 23 años recluido en prisiones peruanas tiene un inconfundible acento peruano. Tres de sus hijos comparten esa nacionalidad y varias palabras recurrentes en su vocabulario reflejan la fusión cultural después de años de convivencia.

Castillo  compara  las  irregularidades  con  que fue juzgado con lo que sucede con la Ley Antiterrorista chilena, donde existen testigos protegidos. “Es lo mismo, no ha cambiado nada en todos  estos  años.  En  el  Perú  hasta  el  dia  de  hoy,    así  como  en  Chile,  tenemos  las constituciones dictatoriales. Eso es inconcebible, hermana”, señala incrédulo. Y agrega: “En Chile tenemos 26 años de democracia y seguimos con la misma constitución. En Perú tenemos desde el año 2000, y todo el que levante asamblea constituyente o nueva constitución ha sido estigmatizado”, dice con la certeza de quien sabe de estigmas.

Al MRTA se le acusó de todo. Sus años de acción coincidieron con los de la organización Sendero Luminoso (PCP-SL, en su sigla oficial), con la que siempre han mantenido distancia y han marcado sus profundas diferencias en cuanto a estrategia y procedimientos. Pero los medios de comunicación, en medio de la vorágine de enfrentamientos entre uno y otro bando, señaló al MRTA como responsable del asesinato a civiles y de sembrar el terror entre la población. También fueron acusados de homofóbicos y de perpetrar crímenes u ataques a homosexuales.

”Nunca fue política de la organización el asesinar a gente por su orientación sexual. Nunca lo fue ni en los documentos ni en la actitud de los dirigentes. Ha sido una metida de pata de mandos locales, enceguecidos, y esto lo han utilizado para decir que el MRTA es homofóbico”, aclara ante la pregunta y asegura que dentro del MRTA hubo varios compañeros y compañeras homosexuales  a  quienes jamás se les juzgó por esa razón y sólo se les evaluó por su desempeño y compromiso político.

En este segundo encuentro, Jaime Castillo, se acerca a la grabadora y aprovecha de despejar otro  aspecto que, según su versión, no es más que un mito: “Yo nunca fui uno de los tres líderes.   Fui un cuadro medio. Tenía responsabilidades, pero no era ninguno de los tres primeros”, dice para luego señalar a Víctor Polay Campos, Miguel Rincón Rincón y Néstor Cerpa Cartolini como los tres primeros en orden jerárquico del MRTA:

De su paso por la cárcel de Lima, penal Miguel Castro Castro, recuerda las condiciones en que encontraron el recinto con apenas 600 personas de su capacidad para 1200 presos.  Fue poco después del ataque por tierra y aire que terminó con la vida de más de 200 prisioneros políticos de Sendero Luminoso y del MRTA, en una matanza en la que se responsabiliza a Fujimori.

En esas condiciones de reapertura, recién comenzaba una batalla judicial que tuvo varios reveses durante los 23 años de reclusión.  Aunque sabían que la cadena perpetua no se concretaría,  los emerretistas   confiaban   sobre   todo   en  que  sus  compañeros  no  los abandonarían y más temprano que tarde iban a planificar un rescate.

Jaime Castillo, el hombre macizo y de sonrisa recurrente, se emociona al recordar el bullado episodio de la toma de la residencia del embajador japonés en Lima, el 17 de diciembre de 1996. Ese día, miembros del MRTA tomaron como rehenes a diplomáticos, militares y funcionarios de alto rango del gobierno de Fujimori. Luego de 125 días, la toma terminó con un rescate protagonizado por las Fuerzas Armadas de Perú en la que murieron todos los militantes del MRTA.

Derrotada la vía del rescate, la estrategia de liberación se enfocó en el derecho internacional. Con  la ayuda de un grupo de abogados, entre ellos los chilenos Verónica Reyna, de la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas  (Fasic), y Nelson Caucoto, Corporación de Promoción y Defensa  de los Derechos del Pueblo (Codepu), presentaron el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, una vez que se agotaron todas las instancias nacionales. En mayo de 1999, el caso pasó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), donde se atestigua que no había ningún tipo de voluntad política ni jurídica de parte del Estado peruano.

Pidieron su libertad inmedia por todos los vicios procesales,  por la tipificación del delito y,  sobre  todo,, por considerarlos  traidores a la patria,  una cosa ilógica, considerando su nacionalidad chilena. Todo esto sin una defensa  adecuada, sin un proceso legal bajo los estándares internacionales y sometidos a fuertes presiones psicológicas, incluídos los abogados, quienes recibieron presión política y acoso.

El 2003 comenzaron los nuevos juicios, en un momento en que el país vivía una transición política post era fujimorista y tras un breve gobierno de Valentín Paniagua. Con Alejandro Toledo en la presidencia, se realizó un nuevo juicio que duró 4 meses. A uno de los compañeros lo condenaron a 15 años, a otro a 18, a uno a 20 y a Jaime Castillo Petruzzi, a 23 años. Gracias a un movimiento político importante, apoyado por organizaciones de izquierdas y progresistas, el Partido Comunista logra recolectar medio millón de firmas, gracias a una iniciativa ciudadana, con las que el Congreso aprueba beneficios penitenciarios para todos los presos políticos del Perú. Esa nueva condición, le otorga a Castillo Petruzzi la posibilidad de salir en libertad a los 17 años de pena, es decir, en 2010.

Todos los chilenos consiguieron la salida en menos años gracias a los beneficios, salvo Castillo Petruzzi. Ahí aparecería nuevamente en la historia Alan García Pérez, quien bajo su segundo mandato como presidente cortó todos los beneficios, el 14 de octubre de 2009. Con un decreto de ley, el mismo que según los medios era amigo de Castillo Petruzzi, postergó su posibilidad de recuperar la libertad.  No importó su buena conducta, las horas de estudios universitarios certificados dentro del penal, ni las horas de trabajo. Los días en la cárcel continuaron con la esperanza puesta en el 2016.

El arte y el amor

Aunque Jaime Castillo Petruzzi asegura que donde más temió por su vida fue en la cárcel, en su encierro también supo de amor y pasión. Allí conoció a su actual pareja, Maite, quien por esos días visitaba a su padre, Walter Palacios, periodista y también preso político. De esos encuentros nació una pasión incontrolable que los convenció de terminar con sus respectivas relaciones y enfrentar el futuro juntos.

Maite Palacios dejaba su vida en Italia, mientras intercambiaba mensajes de texto con su nuevo enamorado. Jaime Castillo, al otro lado del océano y tras las rejas, transcribió en una libreta cada una de las respuestas de Maite. Mientras el tiempo transcurría entre mensajes telefónicos y días de visita conyugal, nacieron sus dos hijos, Paula y Rocco, de 11 y 6 años respectivamente.

Esta tarde, en el café, Jaime Castillo Petruzzi, cambia el tono alegre y optimista con que se expresa. Su voz se quiebra al recordar el nacimiento de sus hijos, los que sólo pudo seguir por teléfono desde la cárcel, alentando a su compañera y escuchando el primer llanto de los más pequeños de sus 5 hijos. Dice que desde los 15 días de nacidos Maite los llevaba al penal para comenzar una rutina que jamás cesó. Dice, también, que los niños siempre han sabido por qué su padre estaba preso, a qué grupo pertenecía y por qué vivían esa situación.

Tercer encuentro: La lucha sigue

La  última  cita  se  produce  un  poco  más  alejada  del  centro de Santiago, en una de las dependencias de su nuevo trabajo. Jaime prepara café de grano, dispone dátiles y pistachos para desayunar. El ritual, es parte de los pequeños placeres que adquirió cuando se instaló solo y menor de edad en París, sin hablar ni una palabra de francés. Allí aprendió la lengua de Molière de la mano de argelinos, marroquíes y palestinos, con un marcado acento árabe,

Jaime  Castillo comenzó  a  dominar  un  idioma  que  años  más  tarde  se transformaría en su gran distracción, pues se dedicó por mucho tiempo a impartir talleres de francés a sus compañeros internos y funcionarios de la policía. También domina el italiano y dice orgulloso algunas frases en árabe que, pese a los años, jamás olvidó.

En la cárcel el tiempo es lo único que sobra. Con la disciplina de la militancia aprovechó las horas, los días y los años en aprender a trabajar la cerámica, creando obras que después serían las protagonistas de exposiciones en España, Francia, Italia y Chile. Una entrada de dinero que no venía mal.

Aprendió también a tejer en macramé. Una cura para el estrés que conlleva la espera. Un recuerdo que hoy luce en su muñeca derecha en una pulsera que combina hilos en rojo y negro, los colores oficiales del MIR y del MRTA.

Además, realizó talleres de kárate y mantuvo constantes encuentros con políticos, periodistas, miembros de la Cruz Roja y una larga fila de visitantes. En esas circunstancias fue que conoció a Víctor Hugo de la Fuente, director del periódico francés Le Monde Diplomatique-Chile, quien en un viaje a Lima se animó a visitarlo en la cárcel. Durante años de la Fuente le envió correspondencia y material literario, pero sólo en ese viaje comenzó una amistad que se afianzó en el tiempo. Por eso, cuando supo que se había confirmado la fecha de su liberación, no dudó en comprar un pasaje a Lima y acompañar a su amigo Jaime en el esperado retorno a su país.

-“Me parecía necesario que no viajara solo. Emocionalmente, creo que era mejor que estuviera acompañado y fue asi como nos encontramos minutos antes de abordar el avión”, relata un mes después Víctor Hugo de la Fuente.

El director de Le Monde Diplomatique fue testigo privilegiado de las últimas horas de Castillo Petruzzi en Perú, justo antes de su expulsión de por vida del vecino país. En el avión, la entusiasta conversación hizo que el viaje se hiciera corto y que pese a la importancia del acontecimiento, Castillo Petruzzi se mostró  “fuerte, entero, alegre y, por supuesto, emocionado”.

Aunque fue retenido por la Policía de Investigaciones apenas pisó el salón internacional del aeropuerto Arturo Merino Benítez, el interrogatorio que parece ser parte de la rutina habitual tras una deportación, fue en un tono amable y respetuoso.

Cuando  se  abrieron  las  puertas  automáticas  de  la salida de pasajeros de vuelos internacionales,  se  escuchó  una  ovación. Decenas de personas lo esperaban con cantos, banderas, guitarras y aplausos.

Quien había sido expulsado como terrorista por las autoridades peruanas, era recibido como héroe por sus compañeros de vida y de lucha. Eran las dos caras de una misma moneda que, en ambos casos, confirmaban una manifestación política  que no dejaba lugar a interpretaciones.

-“Hice lo que tenía que hacer,  que era acompañarlo. Ya  lo había ido a ver muchas veces desde hace como 15 años”, recuerda emocionado de la Fuente, quien dice que el resto no necesita descripción pues las imágenes hablan por sí solas.

-“Realmente emocionado a decir basta. Imposible describir este momento con palabras”, decía esa noche Castillo Petruzzi.

Un mes después Jaime Castillo describe con palabras lo que fue ese día, pero se quiebra al recordarlo.

-“Ha  sido  un  periodo  de  nuestra  vidas,   de todos, de prueba, de poner adelante nuestras convicciones. Nos consideramos sobrevivientes a la dictadura, al militarismo. Hemos mantenido la dignidad de los presos políticos revolucionarios del continente, de Chile, del Perú. Venimos con la más amplia voluntad de juntarnos a la construcción del mundo  nuevo,  para  seguir  empujando el carrito de la Historia, con humildad, con mucha humildad.   Ser uno más”, decía Castillo ante los medios que se congregaron ese 15 de octubre en el aeropuerto.

Hoy, como uno más, analiza el acontecer político y social mientras sorbe su café. Confiesa que no deja de sorprenderse cómo los medios de comunicación han manipulado tanto la información. Destaca la figura de Nelson Mandela, de quien dice admirar la convicción de sus actos, los sacrificios personales que tuvo que asumir y cómo la Historia terminó reconociendo su recorrido, cuya lucha armada fue tachada de terrorista, para ser merecedor finalmente del Premio Nobel de la Paz.

Es difícil no hacer la comparación con quien fuera considerado el preso político más famoso del mundo, luego de 27 años de prisión. Por eso, lo instala junto al Che, a Trotsky, Lenin, Ho Chi Minh y Fidel Castro, dentro de los revolucionarios que más admira.

Ha sido un mes de actividades intensas. Antes de eso, los últimos 15 días de sus 23 años en prisión fueron frenéticos. Aprovechó de participar en todas las actividades y homenajes en su honor. Hizo correr un cuadernos donde sus compañeros estamparon mensajes con buenos deseos, números y direcciones para no perder el contacto. En él se leen dedicatorias en francés e italiano de quienes por años fueron sus alumnos.

-¿Valió la pena?, le pregunto.

-”Por supuesto. Estoy vivo. Soy sobreviviente. Y tenemos mucho por hacer todavía. La lucha sigue compañera”, me responde con su sonrisa plena, mientras sigue repasando los mensajes que escribieron sus compañeros.

En la página del “día cero”, apuntado en su agenda roja donde llevaba la cuenta regresiva , aparece  escrito  en  mayúsculas  la  palabra  Nascere,  que  en italiano significa nacer. Está anotada justo debajo de donde se lee “14 de octubre”. Ese día, a los 60 años, Jaime Castillo Petruzzi dice que volvió a nacer.

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http://www.puntofinal.cl/781/peru781.php

Transmisión del trauma Político.

Transmisión del trauma Político.

http://m.elmostrador.cl/noticias/opinion/2018/01/04/transmision-del-trauma-politico/

 

Transmisión del trauma político

por FELIPE MATAMALA

4 de enero de 2018

Las investigaciones en torno a la transmisión del trauma, surgen después de la Segunda guerra mundial, analizan el impacto de la población judía a raíz del holocausto y llegan a la conclusión que el trauma se transmite a las generaciones fundamentalmente por el lenguaje. La transmisión, tiene múltiples efectos a nivel individual y familiar, implican, que se desarrollen a nivel psicopatológico neurosis traumáticas, síntomas psicosomáticos, tendencias suicidas, entre otras. El silencio y el secreto en la familia de las víctimas implican que la generación siguiente, lo exprese bajo miedos inexplicables, angustias e inclusive bajo una patología psíquica o somática, incidiendo en la relación entre padres e hijos/jas.

En Latinoamérica, los países del Cono sur y Chile. Han abordado la problemática de la violación a los derechos humanos a través de Programas de Reparación y la instalación de leyes asociadas a garantizar la salud mental de las víctimas. Sin embargo, los efectos psicológicos en los hijos y nietos, aún se mantienen en desarrollo llevando a nuevas formas de manifestación de síntomas psicológicos que requieren de nuevas perspectivas investigativas y de reparación Estatal.

Por ejemplo, el trabajo en las terapias hacia las personas que vivieron directamente los crímenes de lesa humanidad como la tortura y las detenciones, se han centrado en una reducción de la sintomatología del estrés post traumático, en la conocida resiliencia que eventualmente debiesen tener las personas y en leyes de reparación ante comisiones de Prisión Política y tortura como son las comisiones Valech. Sin embargo, un gran número de personas ha quedado fuera por falta de documentos que certifiquen la tortura y/o detención por parte de agentes del Estado en la Dictadura de Pinochet. Siendo el punto más conflictivo ya que al quedar fuera una gran cantidad de las personas que se presentó, dejó en evidencia la falencia para creer en las personas y en su testimonio. Lo anterior, abre cuestionamientos metodológicos para la veracidad del testimonio, pero también, para poder comprender el impacto que tiene el no validar un testimonio al cual las personas confiaron nuevamente a un Estado que de alguna manera los excluyó de la “legalidad”.

Es necesario pensar en el trabajo que se realiza tanto para las víctimas como para sus familias, las cuales llevan en silencio la violencia ejercida por el Estado, quien, si bien reconoce las situaciones ocurridas, no genera a nivel legal instancias aún más claras de reparación y apertura al diálogo de secretos de la dictadura que deben ser abiertos de manera pública.

Podríamos pensar entonces, en el impacto que tuvo esta secuencia en el trauma, pero también a las familias de quienes sufrieron violencia política. Inclusive, los efectos también aparecen en familias cuyo miembro es ejecutado político y detenido desaparecido. Viéndose en muchos casos la situación de sintomatología, por ejemplo: de una depresión grave, angustia y sueños traumáticos entre otros. Esto, lleva a que los hijos y nietos, sientan que no pueden preguntar a sus familiares por la situación ocurrida, dando cuenta del impacto familiar en los modos de maternidad o paternidad ante este tipo de situaciones. Es decir, en que el trauma afecta también los modos de crianza en el cual las familias crían y conciben el desarrollo de sus hijos y nietos, sus miedos, temores, vergüenzas e inclusive la idea de que, si se habla de la vivencia traumática, la familia caerá en un dolor del cual no podrá salir y los llevará a la destrucción familiar.

Es necesario pensar en el trabajo que se realiza tanto para las víctimas como para sus familias, las cuales llevan en silencio la violencia ejercida por el Estado, quien, si bien reconoce las situaciones ocurridas, no genera a nivel legal instancias aún más claras de reparación y apertura al diálogo de secretos de la dictadura que deben ser abiertos de manera pública. Por ende, si se dejan de lado nuevas políticas de salud mental relacionados con la transmisión del trauma y no son acompañadas de líneas de reparación legal como, por ejemplo: el cierre del Penal Punta de Peuco que mantiene la idea de ciertos privilegios a los torturadores y asesinos. Si no abrimos nuevamente la discusión en la sociedad Chilena, seguiremos pensando en silencio una situación que sabemos que no debe ocurrir más en Chile, propiciando el dolor y nuevas sintomatologías psicológicas en las futuras generaciones.

Recomendado: [Libro] “Una Larga cola de acero”. Historia del FPMR 1984-1988.

Ricardo Palma Salamanca.No tengo conciencia de mi muerte porque de tanto verla dejé de creer en ella. Lo seguro es que en algún momento me extinguí como todos mis hermanos. No me ví tumbado ni en una montaña ni en una calle, no caí gritando consignas ni acerando un compromiso. Tal vez solo fui el sueño de alguien o el presentimiento de un perro. Pude haber sido cualquier cosa, sin embargo viví lo más asombroso de la vida y esto es saberse vivo en cualquier sitio…..”

Una larga cola de hacer, Historia del FPMR 1984-1988

De la sección Política recomendada escogimos un potente texto para sugerir. Se trata de “La larga cola de acero”, escrito por Ricardo Palma Salamanca.

El libro da cuenta de la vivencia personal de un muchacho durante la dictadura militar chilena, pero a fin de cuentas abre la puerta sobre un momento de la historia de la lucha armada contra la dictadura primero, para luego continuar los pasos en los primeros años de la democracia.

Este libro es clave para entender, desmitificar, conocer, aprender y reflexionar. Este libro hace trabajar la mente y el corazón. Se empatiza con la sensación de pérdida y angustia, a la vez que se analiza el como las cosas se podrían haber dado de otra manera. Rompe ídolos y devela posiciones frente a la autoridad. Es un recorrido profundo sobre combatientes y sobre la aparición, auge y…

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UN PERFIL TRANSPARENTE: Información recolectada en facebook acerca de un Hijo de la Memoria.oriapor un sujeto de la muestra

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Manuel y sus amigosInformación básica

Acerca de Manuel
Nací en 1970 en Ñuñoa, Lo Plaza con Grecia. Crecí mis primeros seis años en la Villa Los Presidentes, en el jardín infantil del ex Pedagógico (Grecia esquina Dr. Johow) y el primero básico en “el Gallinero”, con un director paco que nos hacía marchar todos los lunes acompañados de una banda militar. El 76 el Comando Conjunto baleó y secuestró mi viejo en plena vía pública. Mi hermana nació mientras él estaba en el campo de concentración de Tres Alamos, luego de haber pasado por “La Firma”, Villa Grimaldi, Puchuncaví, Fuerte Silva Palma y Cuatro Alamos. Tenía 27 años.

A fines del 76 salimos cascando al exilio a Suecia, luego a Hungría donde hice la escuela hasta quinto básico y comencé estudios de guitarra clásica. El 82 mi viejo decidió volver a Chile, tuvimos un paso por Barcelona donde hice el séptimo básico (¿y el sexto?). Recuerdo el regreso a Ñuñoa, pasar por el lado del Estadio Nacional, llegar a Lo Plaza con Grecia, y en el muro blanco de la casa de mi abuela había un rayado que decía “10 de diciembre, Marcha del Hambre”.

Mientras comenzaban las protestas nacionales entré al Instituto de Estudios Secundarios de la Universidad de Chile (ISUCH) donde hice el octavo y el primero medio, al tiempo que seguí con guitarra clásica en el Conservatorio de la Chile. Por mi mezcla de acentos (húngaro, catalán, español de España) me decían “el francés” (?!).

Me enamoré perdidamente de una estudiante de danza, en una especie de “amor perro”, de esos sufridos: su familia pinochetista y la mía “izquierdista”; ella hija de dueños de casas que arrendaban y con un pequeño negocio que les daba un estatus de (micro)empresarios, y yo hijo de profes que vivíamos al tres y al cuatro. Nos amamos como locos, pero ¿quién dijo que la “lucha de clases” es un invento? Bueno, no Shakespeare, porque ahí está su Romeo y Julieta. Me pasó lo mismo: su familia le prohibió seguir conmigo, y el mundo sentí que se me vino abajo. El malestar en la cultura, le llama Freud. Tal cual.

Salí del ISUCH y entré al Colegio Latinoamericano de Integración, colegio privado alternativo, donde entré por un cupo que logró el sindicato de profes y funcionarios para los hijos de los trabajadores. Mi viejo era el inspector del colegio. Llegué con el pelo corto a lo milico, de uniforme escolar, a un ambiente donde todos eran como Charly García y Nito Mestre, cuya música conocí en mi primer día de clases. Los profes no eran “Sr. X” y “Srta. Z”, sino el tío y la tía. Fue un cambio brutal, pero lo disfruté mucho. Me dejé crecer el pelo (mi pelito!!), me puse blue jeans, seguí con la guitarra clásica al tiempo que sacaba como loco los temas de Silvio que oía en cassette (“Al final de este viaje en la vida”, cuántas veces disfruté ese cassete una y otra vez!). Conocí a los cabros de la Jota, y entré a militar a los 13 en la base Mario Benedetti, y ahí descubrí el maravilloso mundo de la Coordinadora de Enseñanza Media (Coem), que luego se convirtió en el Comité Pro Feses, hasta lograr la ansiada (y prohibida por los milicos y los civiles de derecha) Federación de Estudiantes Secundarios. Recuerdo la primera asamblea a la que asistí, en el Don Bosco en Cumming con Alameda. Un casi niño Laurence Maxwell hablándole a una sala atiborrada de secundarios de todas las clases sociales decididos a tomarse el mundo por asalto, discutiendo con pasión, con morrales llenos de libros de Marx, Althusser, oyendo a Jim Morrison, Soda Stereo y Callejón. Hice amigos para toda la vida, me volví a enamorar, ocupamos liceos, tomas, marchas, trabajos voluntarios, chocolatadas en las poblaciones, formación en “autodefensa de masas”, me convertí de a poco en “dirigente público” de la jota, junto a un equipo de primera de compañeros/as valiosísimos, como Juanito Alfaro, Carlita Insunza, el Lolo, el Orión más adelante, y tantos otros.

Llegó el terremoto de inicios de marzo del 85

(sigo después, me tengo que ir a trabajar!)

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