Con la memoria herida…retraumatizaciones

Con la memoria herida…retraumatizaciones

Por el dolor de Daniela y de los hijos e hijas de Freddy- mi amigo, compañero y colega- Juan Antonio,Rodolfo y  José , ejecutados , y todos los hijos que deben vivir permanentemente el horror reeditado exijo justicia.

El día 29 de octubre se constituyó un Consejo de Guerra que decretó pena de muerte para cuatro personas, las cuales fueron ejecutadas, a las 06:00 horas del día 30 de octubre de 1973 en el Campo de Prisioneros de Pisagua.

En el diario «El Tarapacá» del día 31 de octubre de 1973, se informó la ejecución, haciendo referencia a la supuesta participación de los condenados en un plan destinado a provocar la guerra civil en Chile y la rebelión de las Fuerzas Armadas.

Fueron ejecutadas así, las siguientes personas:

Rodolfo Jacinto FUENZALIDA FERNANDEZ, 43 años, piloto civil, Secretario Regional del Partido Socialista. Detenido el 11 de septiembre de 1973, en su domicilio, trasladado al Regimiento Carampangue, luego al Regimiento de Telecomunicaciones y desde allí al Campamento de Prisioneros de Pisagua.

Juan Antonio RUZ DIAZ, 32 años, militante del Partido Socialista, funcionario de Aduanas en Iquique. Se presentó voluntariamente al Regimiento de Telecomunicaciones.

José Demóstenes Rosier SAMPSON OCARANZA, 33 años, Relacionador Público de la Municipalidad de Iquique, militante socialista. Se presentó voluntariamente a Carabineros de Iquique el 21 de septiembre de 1973.

Freddy Marcelo TABERNA GALLEGOS, 30 años, Director de la Oficina Regional de Planificación (ORPLAN, actualmente MIDEPLAN) en Iquique, militante socialista. Se presentó voluntariamente el día 16 de septiembre de 1973 en el Regimiento de Telecomunicaciones.

Respecto de todos los condenados en este Consejo, a esta Comisión le asiste convicción de la falta de legalidad en la tramitación del proceso. Fundamentan esta convicción los elementos que se indican, sin perjuicio de aquellos que revisten el carácter de generales para todos los procesos:

– No hubo unanimidad de los jueces que concurrieron en el fallo. En la sentencia se deja especial constancia que el Auditor Ad hoc «estuvo por imponer a los citados reos la pena de diez años de presidio mayor en su grado medio, estimando que cabe hacer aplicación al respecto de las normas del artículo 107 de Código Penal, en grado de tentativa, y que los favorece la atenuante de su anterior conducta irreprochable». Así, en este Consejo, no se cumplió un principio básico establecido en la legislación: que la pena de muerte sólo puede aplicarse cuando concuerdan en ella la totalidad de los sentenciadores.
– Se condenó a los prisioneros por delitos que no fueron debidamente probados y que legalmente no procedía imputárseles: los cuatro procesados fueron condenados como autores del delito previsto en el Nº2 del artículo 245, en relación con el artículo 246, del Código de Justicia Militar. La primera de esas normas, a esa fecha disponía: «será castigado con la pena de presidio militar mayor en su grado máximo a muerte:… El militar que sedujere tropa chilena o que se hallare al servicio de la República para que se pase a las filas enemigas o deserte las banderas en tiempos de guerra»; El artículo 246 del mismo Código establecía que: «si en los crímenes indicados en el artículo anterior incurriere un chileno no militar o individuo de la clase de tropa la pena podrá rebajarse en uno o dos grados según las circunstancias, …»;
– Las conductas por las cuales se condenó a los procesados, de haber sido efectivas, se cometieron con anterioridad al ll de septiembre de l973, contrariando la exigencia de la conducta jurídica imputada, cual es que ocurran en tiempos de guerra;
– De haberse cometido estos hechos, ellos no fueron consumados. La propia sentencia se encarga de establecerlo en su considerando 3º: «Que estos hechos, a juicio del Consejo de Guerra, constituyen el delito referido en los artículos 245 Nº2, en relación al artículo 246 del Código de Justicia Militar, en grado de frustración»;
– El único medio de prueba que se cita en la sentencia, para acreditar la participación de los condenados en los delitos señalados, es la supuesta confesión de los procesados. Respecto de las confesiones debe tenerse presente que los antecedentes recibidos por esta Comisión, permiten afirmar que en los interrogatorios practicados en el Campo de Detenidos de Pisagua se utilizó sistemáticamente la tortura, lo cual invalida en la especie este medio de prueba.

Los cadáveres de las víctimas jamás fueron entregados a sus familiares, no obstante que resultaba moral y jurídicamente obligatorio hacerlo así. Algunos familiares de los condenados recibieron el 30 de octubre de l973 una carta de la VI división del Ejército en la cual se les comunicaba que: «… en el día de hoy se ajustició en Pisagua a…, por resolución acordada por los Tribunales Militares en Tiempo de Guerra. Se les dio cristiana sepultura en el Cementerio de Pisagua». Nunca se dijo a los deudos cuál era el lugar preciso dónde se encontraban enterrados. Hasta la fecha, sus cuerpos no han sido encontrados.

Esta Comisión tiene así la convicción que Rodolfo Fuenzalida, Freddy Taberna, Juan Ruz y José Sampson fueron ejecutados por agentes del Estado en un proceso que por no haberse ajustado a derecho, vulneró las reglas de resguardo a los derechos humanos de los procesados.

Informe Rettig

juan antonio ruzEn un sórdido relato que hizo en el programa del Rumpy, un ex conscripto ya identificado como Guillermo  Reyes Rammsy ,quien desempeñó funciones en el regimiento Carampangue de Iquique, reconoció haber participado en el asesinato y posteriormente haber  dinamitado a ex prisioneros políticos. Los hechos ocurrieron en el campo de Prisioneros de Pisagua, mientras que en su relato alude a Juan Antonio Ruz, el único regidor que figura en la lista de detenidos desaparecidos de Iquique.

En su crudo y grotesco relato el ex concripto, cuyo centro es la historia “de amor” con la novia y luego esposa del ex regidor de Iquique, va contando los entretelones, usando un despreciable lenguaje. Todo ello sin reparar que lo realmente importante, era la entrega de importantes antecedentes en la búsqueda de los detenidos desaparecidos, una incansable lucha que han dado sus familiares sobrevivientes.

guillermo rodriguez reyesY sin darse cuenta revela que estuvo en el “operativo”  en el que terminó dinamitado Juan Antonio Ruz, quien era casado a la fecha de su asesinato, con una dama de apellido italiano y que integraba una familia iquiqueña, de buena situación económica. En la entonces joven descendiente de italianos, el ex conscripto, cuando cursaba cuarto año medio, antes del golpe militar, había puesto sus ojos.

Hasta el día de hoy, el joven regidor socialista, mantiene la calidad de detenido desaparecido, al igual que otros compañeros de esa colectividad, todos altos jerarcas del PS. En la búsqueda permanente, siempre corrió un rumor en el sentido que los integrantes de la plana mayor socialista, podrían haber sido dinamitados, como máximo  castigo y para no dejar vestigios.

Hay que recordar que tras el hallazgo de la fosa clandestina de Pisagua, donde se encontraron a 29 ejecutados, no apareció ni Ruz, ni sus compañeros dirigentes del Partido Socialista.

De ser efectivo los hechos que relató Guillermo  Reyes Rammsy, hechos que ya son investigados por la Unidad de DDHH del Ministerio del Interior, la PDI y las organizaciones de Derechos Humanos, junto a Ruz, podrían haber ocurrido similar suerte, José Sampson, Rodolfo Fuenzalida y Freddy Taberna.

CONSEJO DE GUERRA

Recordando la triste historia de los ejecutados y de acuerdo a los antecedentes que obran en poder de las instancias de derechos humanos, el 29 de octubre de produjo en Pisagua un consejo de guerra donde se acusa a altos jerarcas del Partido Socialista Rodolfo Fuenzalida, Juan Antonio Ruz, José Sampson y Freddy Taberna.

Según se establece por la Comisión Rettig, el procedimiento estuvo  revestido de una serie de irregularidades. La principal tesis es que no había estado de guerra en Chile, sino que un golpe de estado.

Tampoco hubo unanimidad de los sentenciadores, como se requiere en el proceso legal. Además, los delitos no fueron debidamente aprobados.  Y lo más contundente, es que se reconoce la tortura sistemática como método para obtener información.

La Comisión establece que los 4 acusados fueron “ejecutados por agentes del Estado en un proceso, que por no haberse ajustado a derecho, vulneró las reglas de resguardo a los DDHH de los procesados”.

*Información competa de este caso, en el Tomo 1 del Informe Verdad y Reconciliación, páginas 240 y 241.

 ¿QUIÉNES ERAN?

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Rodolfo Fuenzalida Fernández,  43 años, piloto civil, detenido el mismo 11. Era militante del Partido socialista. Como casi todos los detenidos, hizo el periplo desde su lugar de detención al Regimiento de Telecomunicaciones y de allí a Pisagua.

Juan Antonio Ruz, 32 años. Se desempeñaba como funcionario de Aduanas y se entregó voluntariamente en el Telecomunicaciones.

José Sampson Ocaranza,  33 años, quien se desempeñaba como Relacionador Público de la municipalidad de Iquique, También se presentó voluntariamente. Lo hizo ante Carabineros.

Freddy Taberna Gallegos era el más joven de este grupo, con sólo 30 años y como los otros, se presentó voluntariamente, sin presagiar que esa decisión sería sin vuelta atrás. Hoy, una calle de su barrio El Morro, le recuerda con su nombre.

Escuchar audio completo

https://www.facebook.com/GrupoWurtlitzer/videos/1064234260339667/?video_source=pages_finch_main_video&theater

Libro: El desperdicio militar obligatorio, de autoría de Guillermo Reyes:

http://desperdiciomilitarobligatorio.blogspot.cl/search?updated-max=2007-10-26T15:32:00-07:00&max-results=7

Prontuario deBárbara Tosi, argentina de 1 año de edad…

Hay al menos otros 25 casos que ocurrieron durante el terrorismo de Estado

La dictadura le armó un prontuario policial cuando era una beba de un año

El 2 de enero de 1977, las fuerzas represivas rosarinas mataron a la madre de Bárbara Peters Tosi. A ella la llevaron detenida después del operativo a la Jefatura de Policía de Rosario. Allí le hicieron un prontuario: “Me tomaron como huellas las patitas”, dice hoy en una entrevista con Infojus Noticias. Ese documento fue presentado como prueba para que su caso y el crimen de su mamá sean juzgados en la megacausa Feced.

  • Fotos: Matías Sarlo.

Por: Julieta Benedetto

“Me tomaron como huellas las patitas, son del tamaño de las de Simón, mi hijo, que tiene la misma edad que yo en ese momento”. Bárbara Peters Tosi es hija de militantes montoneros desaparecidos. No se refiere a su partida de nacimiento, sino al prontuario policial que le hicieron cuando tenía poco más de un año, el 2 de enero de 1977. Fue después de presenciar, en la casa de la calle 2 del Barrio Gráfico de Rosario, entre festejos de Año Nuevo, el asesinato de su mamá, Clotilde Rosa Tosi, y de tres compañeros de militancia: Cristina y Leonardo Bettanin y Roque Julio Maggio.

La caratula dice “Prontuario de Tosi Bárbara”. Impresiona ver las huellas de sus pies chiquitos: ocupan menos de la mitad del espacio destinado para el registro de las huellas dactilares. “Imagino que es la huella que se les toma a los bebés, no sé”, dice Bárbara en una entrevista con Infojus Noticias.  La siguiente página tiene información de su mamá y datos personales de la beba: “Estatura: 0.60 cmts”. Al lado hay un detalle de rasgos faciales -cutis, pelo, cejas, nariz- señalados sobre opciones preimpresas. A los recién nacidos, en las nurseries les toman las huellas de sus pies como registro de nacido vivo. Queda como marca de identidad, en las historias clínicas de los niños, y de las madres. En estos legajos, ¿cuál habrá sido el objetivo?

Lo primero que se piensa es que no puede ser el prontuario de una beba de un año, que es una equivocación. No lo es. Este registro de ingreso y permanencia en dependencias policiales de niños no es único: lo encontraron y recuperaron de un archivo a punto de ser destruido, junto a otros 25 prontuarios similares. A Clara Anahí Mariani, quien permanece desaparecida, también cuando tenía meses de vida le hicieron, en el Departamento de Investigaciones de la Policía de la provincia de Buenos Aires (DIPBA), un legajo de antecedentes.

“Las detenían, las registraban como hijas de subversivos. Era un procedimiento habitual. Tiene que ver con la ideología de las fuerzas de seguridad en el marco del terrorismo de Estado”, explicó a Infojus Noticias Nadia Schujman, abogada querellante de HIJOS Rosario y directora provincial de Memoria en la Secretaría de Derechos Humanos de Santa Fe.

El prontuario de Bárbara fue presentado como cuerpo de prueba para que su caso y el crimen de su mamá sean juzgados en la megacausa denominada Feced. Bárbara explicó que condenar a los responsables de estos delitos será complejo, porque aún no hay testigos que puedan identificar a quiénes estuvieron involucrados.

Clotilde tenía 25 años cuando fue asesinada. Militó desde adolecente en la UES, después en la JUP y luego en Montoneros. Había ido a Cuba a entrenarse y tenía grado de responsabilidad en la organización. Tuvo a su única hija en diciembre de 1975, fruto de su relación con Carlos Livieres Bank, abogado penalista y oficial montonero. Dos meses después del nacimiento de Bárbara, fue herido y desparecido en la ciudad de Santa Fe.

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Elba Juana Bettanin, una de las sobrevivientes del operativo en el que mataron a la mamá de Bárbara, declaró en diciembre de 1983 en Rosario, una vez restituida la democracia. Contó qué pasó el domingo 2 de enero de 1977 en la casa del Barrio Gráfico. Dijo que estaban festejando el Año Nuevo con su hijo, Leonardo Bettanin, dueño de casa. También  Roque Maggio con su hija Paula, de 2 años. Clotilde y Bárbara. Cristina Bettanin con su esposo Jaime Colmenares. Y María Inés Luchetti, nuera de Elba, embarazada de ocho meses, con sus hijas Mariana, de 3, y Carolina, de 1 año.

“Eran como las 17. Todos dormían la siesta. Yo era la única que estaba despierta. De pronto veo saltar de las casas linderas y de los fondos personas vestidas con ropa tipo café con leche. Al ver eso grité. Jaime salió corriendo hasta la puerta y lo agarró la policía”, dijo Elba en la justicia. Los uniformados les gritaron, a través de megáfonos, que tenían tres minutos para salir. Pasado ese tiempo, empezaron a disparar.

María Inés, en su primera declaración testimonial en 1984, relató que la policía las retuvo en el jardín, en la parte de atrás de la casa. Leonardo salió al patio y empezaron los tiros. “Disparan con armas largas y también dispara un policía que nos estaba custodiando a nosotras, rodilla en tierra, con una pistola. Las criaturas comienzan a llorar por el ruido de los disparos. Nos obligan a saltar un muro que da a calle Los Gráficos. Nos llevan a un carro de asalto, con mi cuñada agonizante”. Cristina murió en el traslado. También fueron asesinados Roque y Clotilde. Jaime sigue desaparecido. María Inés estuvo detenida por casi un año en el centro clandestino del Servicio de Informaciones, en la Jefatura de Policía de Rosario. Parió en cautiverio a su hijita, llamada Cristina Inés, en homenaje a su cuñada.

María Inés le contó a Bárbara que, al subir al carro de la policía, la alzó y empezó a gritar “acá está Barbarita, acá está Barbarita”, para ver si la reconocía alguno de los vecinos. Sabía que Clotilde tenía familia en el Barrio Gráfico. Así era: Olga Noemí Tosi, Mery, una hermana, vivía en la manzana contigua. “Era cosa de mandinga: en ese momento, como ellos estaban clandestinos, no le blanquearon a la familia donde estaban. Mi mamá estaba conmigo, a metros de donde vivía su hermana, sin decirle”, explica hoy Bárbara.

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Una de las hojas del prontuario, tipiada a máquina, dice: “Rosario, 3 de enero de 1977 (…) se recepciona en la Sección Femenina de esta dependencia a la menor Bárbara Tosi, argentina de 1 año de edad”. Y debajo, con fecha 5 de enero, “fue entregada a su tía, Olga Noemí Tosi de Peters”. Y luego una hoja más, donde su abuelo Jacinto relata que “el 3 de enero de 1977 procedieron a reconocer el cadáver de su hija y desde entonces practican diligencias para dar con la niña a la que hallaron el día de la fecha en esta sección”.

Los chicos que quedaron huérfanos por el terrorismo de Estado tuvieron contextos y destinos familiares diferentes. En muchos casos fueron los tíos quienes quedaron a cargo de ellos. Es el caso de Bárbara: su tía Mery y su esposo Carlos Peters se convirtieron en su familia adoptiva. Bárbara cuenta que no hace tanto ató cabos y se dio cuenta que vivió hasta sus 12 años en el barrio donde había perdido a su mamá, a pocos metros de donde había sido secuestrada. “No en la misma manzana, sino en la de enfrente. Siempre digo que voy a ir a reconocer la casa y no lo hago. Es loco que yo viví ahí siempre. Y como bien barrio que era, estábamos todo el tiempo en la calle, jugábamos y nos metíamos en las casas abandonadas, yo sé que esa casa estuvo abandonada. Capaz jugué ahí y todo”.

En 1988, Bárbara empezó a escribir un diario íntimo con letra redonda y garabateada que aún conserva. En esas páginas hizo dibujos, corazones, y pegó figuritas, calcomanías. Hay relatos de sus aventuras con amigas del barrio. Escribe sobre sus primeros amores. Luego la letra se pone alargada, trágica, triste, y dice “a un día de enterarme de la verdadera muerte de mis padres”. “A los 11 años me contaron que a mis padres los habían matado. No me dieron detalles, pero nunca me mintieron al respecto. Pero yo no sabía de la dictadura ni que había desaparecidos. Proceso de Reorganización Nacional enseñaban en el Adoratrices, el colegio de monjas al que me mandaron, que detesto prácticamente como a los militares. Recién cuando entré en la Facultad me enteré de la dictadura”, relata hoy Bárbara.

En la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Rosario conoció a Valeria Brech, con quien descubrió que su papá estaba desaparecido. Con ella se acercó a HIJOS, que estaba en plena formación, en 1996. Allí también conoció a Loli Araya: se hicieron amigas y después descubrieron que sus madres también lo habían sido. La militancia en HIJOS estuvo atravesada por el arte. En 1998 Bárbara se encontró con el teatro y su vida se articuló alrededor de ese núcleo. Desde entonces forma parte del grupo de teatro “Hijos de Roche”, que dirige Romina Mazzadi Arró. “El teatro me ha dado un lugar de pertenencia, desde que empecé a actuar tengo el mismo grupo, que me contuvo y me permitió transitar todos estos lugares sin tener que gritar a la nada. Gritando desde determinados lugares. Sabiendo hacia donde gritaba, por lo menos”, dice.

Bárbara reflexiona sobre el lugar que ocupa el arte en su vida. Dice que de chica se “encerraba y escribía”. Cuenta: “Escribía las cosas que me pasaban, tremendas. Víctimas fuimos generaciones completas. Creo que me salvó el arte, mis amigos, mi marido. Lo artístico es para mí un refugio y un modo de vivir. Eso, creo, me puso en otro lugar, me salvó del lugar de víctima, tan feo. Que nunca quise tener, que no tengo.”

JB/RA