Escribir Desde La Otra Orilla …

Escribir Desde La Otra Orilla …

ESCRIBIR EN LA OTRA ORILLA.

Autor Omar Saavedra*
Foto. Rossana Carcamo Belgica **

Para decirlo de un comienzo, hablar de mi veteranía como autor de migración y exilio es algo que lejos de entusiasmarme, me empuja con mano aviesa al foso alquitranado de la melancolía. Así ocurre, porque hacerlo equivale a hacer un arqueo de un largo tiempo de vida. Un balance que, en mi caso particular, arroja un “Haber” harto dudoso y un “Debe” más que respetable. Este ejercicio contable adquiere una connotación especial cuando se realiza bajo las coordenadas de la lejanía y la otredad, constantes axiales en torno a las que se realiza el exilio. Curiosamente, lejanía y otredad se prolongan en su país de origen aún después del regreso -definitivo o transitorio- del ausente. El exiliado que regresa descubre que es muy distinto al que salió, y que el lugar al que regresa ya no es el mismo que dejó. Heráclito dixit.

Al hablar de exilio estoy refiriéndome también, y no precisamente de forma tangencial, a lo que suele llamarse migración, ese fenómeno usado y abusado desde siempre por la política contingente en los países huéspedes. A mi juicio son exiliado y migrante astillas de un mismo palo. Su presencia y suerte son comunes. Son demasiadas las venturas y desventuras que ambos comparten, como para separarlos en su mención. Sobre todo en su variante latinoamericana, que sabemos está lejos de ser la única sobre el tema. Por lo demás y en lo que a mí respecta, nunca me ha interesado mucho definir el status exacto de mi ausencia y otredad en el país en que vivo. Si preferencialmente hablo de exilio, es porque es la circunstancia inicial y política de mi existencia en la lejanía.

Incontables son los intentos de acercamiento interpretacional al tema del exilio. En los primeros que se conocen predomina naturalmente, como es de esperar, el ducto literario por sobre el analítico. Las primeras menciones sobre el abandono forzado del hombre de su lugar de origen y sobre el complejo estado posterior que tal alejamiento determina en ese hombre, son de data muy antigua. Muy anteriormente al epos del libro segundo del Pentateuco donde se describe la errancia del pueblo del Libro, ya se sabía de Sinuhé, el cortesano egipcio de Amenemhet I, cuya vivencia en el destierro palestino, dos mil años antes de Cristo, constituye acaso el primer paradigma del exilio. Si miramos hacia atrás, reconoceremos que el destino de Sinuhé está presente a todo lo largo, ancho y hondo en la biografía del Hombre. Tal vez sea esa persistencia siempre renovada la que hace del exilio una condición humana extrema, como lo pensaba Rabbi Löw, el creador del Golem, en la Praga del siglo XVI.

Tan variopintas son ellas que sería lato y azaroso pretender enumerar aquí las causas iniciáticas del exilio, pero cualquiera que ellas sean, sus consecuencias -igualmente variopintas- van siempre mucho más allá del límite individual del que lo vive y siempre terminan proyectándose, de manera insoslayable, en el tiempo cultural del país de asilo y también en el de origen. Es obvio entonces que en cada una de las llamadas literaturas nacionales se perciba el aliento del exilio, llegando a ser muchas veces determinantes en su gestación y desarrollo. No existen las literaturas, y por ende tampoco las llamadas culturas nacionales, que hayan permanecido impermeables a la influencia de lo exiliar, para usar el giro de Juan Gelman.

Nada más lejos de mi intención es pretender aquí aventurarme en la espesura de una teoría cultural de la migración o de una hermenéutica del exilio. Mucho menos me arriesgaría a pronunciar alguna palabra doctrinal sobre el tema. Porque aunque sea destino común de muchos, el exilio es una forma instransferible de vida individual. Mis acotaciones, por lo tanto, no son más que fugaces referencias a mi práctica de exilio como autor y consumidor de literatura en y desde la lejanía.

En mi caso, esta lejanía tiene un nombre. Se llama Alemania y dura ya más de treinta años. En otro texto autoreferente sobre el mismo tema daba cuenta hace algún tiempo del raro privilegio que me concedió la historia, al permitirme iniciar mi exilio en un pequeño país alemán que ya no existe y continuarlo después -sin moverme un milímetro del lugar en que estaba parado- en otro país igualmente alemán, pero más grande y en mucho diferente. Como si una vez no fuese suficiente, mi exilio ha sido pues, dos veces alemán. Algunos espíritus demasiado sensibles, tanto en Chile como en Alemania, han llegado a presumir que esta carambola tan rebuscada de la política internacional me ha arrojado de un exilio a otro exilio. Es una presunción equivocada. No es improbable que algunos millones de alemanes provenientes de la fenecida República Democrática Alemana se sientan exiliados en la Alemania actual, pero sería erróneo incluirme entre ellos. Yo fui y me sigo sintiendo lo que soy, un exiliado chileno. Con ese título de viaje me basta y me sobra.

Yo llegué al exilio sabiendo leer y escribir. Pero en castellano. Lo que al comienzo de mi vida en este país equivalía a un perfecto analfabetismo. Este estigma lo llevé por todo el tiempo que me llevó entender el alemán y -lo que es mucho más importante- entenderme con los alemanes. Una ardua empresa personal aún muy lejos de concluir. Entretanto he aprendido, espero, a disimularla bajo una gruesa capa de silenciosa urbanidad. Con esto estoy tratando de responder una de las preguntas estándar que me he acostumbrado a escuchar a lo largo de mi tiempo alemán: ¿En qué idioma escribo?

Confieso que al comienzo, esta era una pregunta que me parecía una tomadura de pelo. Era y es suficiente escuchar mi alemán para darse cuenta que como instrumento de expresión apenas si basta para satisfacer las más simples necesidades de lo cotidiano. Pero todos sabemos que literatura puede y suele ser algo más que cotidianidad o simplicidad. O al menos algo diferente. Mi respuesta por lo tanto a la pregunta por el idioma en que escribo, tenía al comienzo un subtonito de sarcamo e impaciencia. ¿En qué idioma puede articular el escritor sus imaginerías si no es en el propio? era mi réplica. Al decir propio quería decir yo, lengua materna. Un vínculo sanguíneo que en aquel entonces yo consideraba intangible y sagrado. Sin que esto nos haga olvidar, que nunca faltan los hijos que maltratan cruelmente a sus madres. Hoy, transcurridos más de treinta años desde nuestro primer encuentro, no he ganado con el alemán una segunda lengua materna, pero si una primera lengua madrastra. Luego de un muy largo y lento proceso de acercamiento, lejos aún de concluir, pero sin las hostilidades del comienzo, el idioma alemán y yo hemos decidido firmar una suerte de pacto de cooperación y ayuda mutua. Sin embargo, debo reconocer que esta fue también una decisión urgida por la necesidad existencial de acceder, sin la mediación de un traductor, con mis cuentas y abalorios, al cada vez más mórbido bazar mediático alemán, sobre todo el audiovisual. En este contexto me permito citar aquí cuatro versos de un emigrante llamado Bertolt Brecht. Llevan por título el nombre del lugar donde fueron escritos en 1942: „Hollywood“.

„Jeden Morgen, mein Brot zu verdienen
Gehe ich auf den Markt, wo Lügen gekauft werden.
Hoffnungsvoll
Reihe ich mich ein zwischen die Verkäufer.“1

Son versos que traen a colación el ominoso tema de la lucha de los escritores por su susbsistencia diaria. Porque aunque sea como nota al margen habría que agregar que esta lucha, dura de por sí en todo lugar y tiempo, se hace más dura cuando la lengua que habla la lejanía es diferente a la del escritor que la habita.

Así pues, mi alemán de uso propio es más bien -horribili dictu- una lengua instrumental. Verdad es que ella me ha ayudado y ayuda solidariamente a resolver muchos problemas de orden práctico cuando se trata de escribir para la prensa, el teatro, la radio y la televisión. Mi prosa, empero, que constituye el motivo central de mi actividad literaria, sólo puedo realizarla en castellano. Así que no soy un “eingewanderter Autor deutscher Sprache”2, para usar un lapidario término con que la ciencia literaria local intenta definir algunos límites de lo propio. Pero es obvio que mi larga relación con el alemán y los alemanes ha influido, en todo sentido y profundidad en mi literatura. Le debo a la literatura, a la lengua y a las artes alemanas una parte sustancial e irrenunciable de mi mismo.

En otras partes y ocasiones he reiterado la opinión que no existen literaturas inmunes a su tiempo o a su lugar de nacencia. En los caminos encuentra el caminante seduciones demasiado grandes, como para negarse a ellas. Por lo mismo siempre se está produciendo un apareamiento entre lo propio y lo extraño, conciente a veces, inconciente las más, a pleno día o a hurtadillas, que nos deja embarazados de cosas nuevas que vamos dando a luz por ahí, en alguna esquina de lo que escribimos.

Theodor Adorno afirma en su “Minima Moralia” que “Jeder Intellektuelle in der Emigration, ohne Ausnahme, ist beschädigt”3. Sin duda, migración y exilio han estropeado muchas existencias, a veces definitivamente. Con mucha frecuencia la vida en suelo ajeno está sombreada por oscuros sentimientos de desgajadura, pérdida, miedo, soledad y mutismo. La psicopatología del migrante y exiliado es rica en ofertas de todo tipo. Sobre eso rinde informe una amplia escritura testimonial y documental. Pero en algún momento, descubrimos también que por entre el velo gris de esos sentimientos, no sólo podemos ver con más nitidez nuestro lugar de origen, sino vislumbrar además otros insospechados horizontes, en nosotros y en la distancia. Cuando eso ocurre, se abren a nuestra literatura posibilidades inesperadas. Bajo las costras duras de la lejanía y otredad, subyacen fructíferas regiones, donde también es posible sembrar y cosechar. Tal experiencia conforma el momento germinal de lo que podría llamarse una poética de la lejanía y la otredad. Fuente de la que se han nutrido y nacido no pocas obras esenciales de las letras mundiales.

Es dentro de este proceso siempre fluctuante de intercambio mutuo de lo propio y lo ajeno, que mi literatura ha ido tomando forma y cuerpo. Ello ha confluído en el hecho irrevocable de mi cosmopolitismo cultural, aunque yo me empeñe en seguir siendo un autor de chilenizada lengua castellana.

En cuanto a la recepción de mi literatura aquí, allá y acullá es un tema que quizás merecería ser sujet de un cuento negrocómico. Cada autor sueña alguna vez ser publicado en lenguas extranjeras, diferentes a la que él escribe. Para mi este sueño se convirtió hace tiempo en una pesadilla de la que aún no logro despertar. Casi la mayoría de mis cuentos, novelas y piezas de teatro, primero han visto la luz del día en su traducción alemana. Con mucho pudor agrego que varias de mis obras han sido publicadas o estrenadas en Holanda, Inglaterra, Unión Soviética, Bulgaria, Polonia, Estados Unidos, Suecia, Costa Rica, España, Argentina, Italia y hasta en el orientalísimo Japón. Por favor, que no se confunda esta rara divulgación con éxito. La menciono sólo porque sirve para ilustrar el grotesco que para mí significa que muy pocos de mis libros hayan sido publicados en Chile, el lugar al que pertenecen evidentemente por ley natural. Pertenezco pues a ese grupo de escritores parias que ha sido desheredado editorialmente por su propia patria. Las razones de tal repudio pueden suponerse en los caprichos del mercado libresco, donde se ofrece sólo lo que a juicio de los editores tiene posibilidades de ser vendido. Es decir, lo ya conocido o lo epigonal. El libro de “riesgo” no se publica. Y como se sabe, el libro que no se publica no existe. De tal modo, la mayor parte de la recepción literaria sólo tiene lugar con la venia del mercado.

Tal situación refleja el Zeitgeist chileno actual, más atareado que nunca en evitar todo lo que pueda perturbar la ensordecedora trivialidad de la pachanga neoliberal con que el país deconstruye afanoso su identidad e historia. Es un tiempo en que el hambre por cultura y literatura se hace una necesidad cada vez menor, que el mercado satisface con la lectura diet y el fast food absolutamente desechable de la intrascendencia.

Es pues hasta casi comprensible que en las pocas librerías chilenas de hoy, no haya demasiado lugar para literaturas como la mía, que insisten en apelar a la tozudez de la memoria como material temático y hacen del inconformismo acético un método de análisis de la realidad nacional.

Al respecto una pequeña anécdota: un amigo, Carlos Orellana, que durante la dictadura militar fue secretario de redacción de “Araucaria”, la revista cultural más importante del exilio chileno, se refiere elogiosamente a mi persona y mi literatura en su libro autobiográfico “Penúltimo Informe”. Olvida sin embargo, mencionar que cuando se desempeñó como jefe de la editorial Planeta en Chile, se negó a publicar un volumen mío de narraciones, que en aquel año 1994 había obtenido el Premio del Fondo Nacional del Libro, un laurel de más significancia económica que moral. El peregrino argumento con que Carlos Orellana reforzó su rechazo, fue que mi escritura era “demasiado política”, que la gente del Chile posdictatorial ya no se interesaba por tal tipo de literatura. Por muy discutible que sea este punto de vista, el contiene una brutal porción de realidad. La potestad cuasiomnímoda del mercado determina desde hace tiempo la mayor parte del quehacer literario y cultural de la aldea global. No solamente en Chile. También en mi país de residencia la industria editorial, aunque de crecimiento constante, se muestra recelosa frente a los autores “de riesgo”, como lo son todos aquellos que escapan o pretenden escapar de la trampa fácil del adocenamiento. Así por ejemplo, la joven lírica alemana es perfectamente inexistente en los catálogos de las grandes casas editoras. Por suerte aún se encuentran en Chile y Alemania algunos lectores y editores que se esfuerzan por mantener, buscar o crear en los vericuetos del mercado unos pocos nichos donde la literatura de arte ejerza su derecho a existir.

Para concluir: creo que es una ocasión de suerte para cada cultura y literatura –propias o ajenas- poder contar con la acción y reacción de autores de la otredad y la lejanía. Ellos ofrecen la inapreciable ayuda óptica de la torre de Babel, aquel viejo inmueble en construcción perenne, desde cuyas alturas es posible avizorar la tierra prometida de las utopías.

1 „Cada mañana, para ganarme el pan / me encamino al mercado donde se compran mentiras. / Lleno de esperanzas / me pongo en la fila de los vendedores”.
2 „Autor emigrante de habla alemana“
3 „Cada intelectual en la emigración, sin excepción, está dañado”

Obras

  • Szenen wider die Nacht, teatro, 1977 – Escenas contra la noche
  • Blonder Tango, novela, 1982 – Tango rubio o qué hago yo en este país donde todos los gatos son rubios
  • Torero, narraciones, 1983
  • Die große Stadt, novela, 1986 – La gran ciudad
  • Felipe kommt wieder, 1990 – El hombre que regresaba
  • Frühling aus der Spieldose, novela – Primavera en caja de música, Aufbau Verlag, Berlin-Weimar, 1990
  • Magna Diva: La ópera de los asesinos, Rhinoverlag, Weimar, 2003
  • Erótica de la resistencia y otras historias de resentidos, cuentos, Ediciones del Escaparate, Concepción, 2003
  • El último. Sumarísima relación de la historia de Samuel Huerta Mardones, novela, Ediciones del Escaparate, Concepción, 2004
  • El legado de Bruno, cuentos, Alcalá, Madrid, 2010
  • Prontuarios y claveles, novela, Simplemente Editores, Santiago, 2011, ISBN 978-9568865085

Colaboración de escritora Rossana Cárcamo desde Bélgica.

*https://es.wikipedia.org/wiki/Omar_Saavedra_Santis

** Rossana Carcamo Serei (1967), escritora chilena residente en Bélgica, columnista en medios alternativos Columna Rossana Carcamo Generación 80.Autora de Y Salimos a la calle...Reseña y desgargar aquí, Cuatro Cóndores ( en preparación),

Marcas de la Memoria. Una generación que marcó la Historia Reciente.

Marcas de la Memoria.   Una generación que marcó la Historia Reciente.

Las baldosas
de Londres 38

Es muy diferente caminar hoy por la calle Londres, en pleno centro de Santiago, que haberlo hecho vendado para ingresar al Nº 38, centro clandestino de detención y tortura de la dictadura. Sin embargo, el memorial que acaba de inaugurarse allí posibilitará apreciar unas placas que repiten el efecto de las baldosas que los detenidos lograban atisbar, por debajo de la venda, al ingresar a “Yucatán”, nombre que la Dina dio a ese cuartel clandestino.
Entre los adoquines de la estrecha calle, frente a la deteriorada casona que hasta el golpe de Estado fue sede del Partido Socialista, fueron instaladas 300 placas de mármol blanco y granito negro. Recuerdan a los 96 chilenos que fueron hechos desaparecer desde allí entre septiembre de 1973 y fines de 1974. Sobrevivientes, familiares y compañeros de los caídos, personalidades, artistas y autoridades asistieron al acto inaugural de este espacio.
El Colectivo Londres 38, impulsor de la iniciativa, enfatizó que el “Nunca más” no es un tema del futuro, sino una tarea actual que, sin embargo, “no está garantizada por el sólo conocimiento del horror. Es necesario promover un juicio racional y político sobre lo que pasó y sobre su relación con este tiempo, en el cual seguimos conviviendo con la impunidad. Hay una demanda de verdad y justicia insatisfecha y mientras no exista una respuesta plena a esa exigencia, el pasado seguirá siendo parte de nuestra actualidad”.
Para los familiares, “la memoria asociada a este recinto tantas veces y por tan largo tiempo ocultada, es dar cuenta de la identidad política y generacional de las víctimas, en su inmensa mayoría militantes del MIR, jóvenes que fueron parte activa de las luchas sociales y políticas de la época. Hombres y mujeres que optaron por resistir a la dictadura, parte de aquellos que desde un principio lucharon por recuperar la democracia. Es por esta razón que hoy no pueden estar ausentes de su construcción: una sociedad que se precia de democrática no puede serlo si olvida a aquellos que lucharon por ella, porque ese olvido no pesa sólo para los secuestrados y desaparecidos, para los omitidos, sino para la sociedad misma que olvida un trozo de su propia vida”.

Las víctimas

Los asistentes -muchos con la voz ahogada por la emoción- corearon “presente” cuando se leyeron los nombres de los caídos, grabados en las placas que señalan también la fecha de detención, edad y militancia de ellos.

Los detenidos desaparecidos que pasaron por ese centro clandestino fueron Elena Díaz Agüero y Cecilia Labrín Saso (ambas embarazadas), M. Inés Alvarado Borgel, M. Angélica Andreoli Bravo, Sonia Bustos Reyes, Muriel Dockendorff Navarrete, Ruth Escobar Salinas, María Elena González Inostroza, Elsa Leuthner Muñoz, Violeta López Díaz, Rosetta Pallini González, Marcela Sepúlveda Troncoso y Bárbara Uribe Tamblay. También Miguel Angel Acuña Castillo, Carlos Adler Zulueta, Eduardo Alarcón Jara, Dignaldo Araneda Pizzini, Alberto Arias Vega, Víctor Arévalo Muñoz, Juan Bautista Barrios Barros, Alvaro Barrios Duque, Jaime Buzio Lorca, Jaime Cádiz Norambuena, Luis Alberto Canales Vivanco, Iván Carreño Aguilera, Manuel Carreño Navarro, Manuel Castro Videla, Juan Chacón Olivares, René Chanfreau Oyarce, Darío Chávez Lobos, Hugo Concha Villegas, Abundio Contreras González, Carlos Cubillos Gálvez, Carlos Cuevas Moya, Martín Elgueta Pinto, Rodolfo Espejo Gómez, Jorge Espinoza Méndez, Modesto Espinoza Pozo, Albano Fioraso Chau, Sergio Flores Ponce, Francisco Fuentealba Fuentealba, Gregorio Gaete Farías, Andrés Galdámez Muñoz, Héctor Garay Hermosilla, Víctor Garretón Romero, Máximo Gedda Ortiz (redactor de Punto Final), Galo González Inostroza, Jorge Grez Aburto, Luis Guajardo Zamorano, Segundo Gutiérrez Avila, Patricio Gómez Vega, Joel Huaiquiñir Benavides, Juan Ibarra Toledo, Mauricio Jorquera Encina, Eduardo Lara Petrovich, Aroldo Laurie Luengo, Ofelio Lazo Lazo, Gumercindo Machuca Morales, Zacarías Machuca Muñoz, Juan Maturana Pérez, Washington Maturana Pérez, Juan Meneses Reyes, Sergio Montecinos Alfaro, Ricardo Montecinos Slaughter, Newton Morales Saavedra, Germán Moreno Fuenzalida, Juan Mura Morales, Leopoldo Muñoz Andrade, Ramón Núñez Espinoza, Jorge Olivares Graindorge, José Orellana Meza, Luis Orellana Pérez, Alejandro Parada González, Pedro Poblete Córdova, Marcos Quiñones Lembach, José Ramírez Rosales, Agustín Reyes González, Daniel Reyes Piña, Sergio Riveros Villavicencio, Patricio Rojas Castro, Gerardo Rubilar Morales, Julio Saa Pizarro, Ernesto Salamanca Morales, Jorge Salas Paradisi, Carlos Salcedo Morales, Hernán Sarmiento Sabater, Sergio Tormen Méndez, Enrique Toro Romero, Ricardo Troncoso Muñoz, Luis Valenzuela Figueroa, Modesto Vallejos Villagrán, Ewin van Yurik Altamirano y Sergio Vera Figueroa.

Camuflaje y silencio

Desde esa casona de Londres 38, ubicada muy cerca de la iglesia de San Francisco, cuyas campanas oían los detenidos, la Dina inició la práctica terrorista de la desaparición de detenidos. La existencia del lugar, cuya ubicación los sobrevivientes identificaban gracias al tañido de las campanas, fue negada por las FF.AA. durante décadas. En democracia persistió el silencio pero los sobrevivientes testimoniaron en tribunales los horrores vividos en Londres 38, careándose con antiguos torturadores y confirmando declaraciones formuladas en tiempos de dictadura. Ello fue fundamental para permitir las condenas de la plana mayor de la Dina.
El ejército -que entregó en comodato la casa al Instituto O’Higginiano- había “camuflado” el lugar dándole el número 40, para dificultar su ubicación. Tras años de esforzada lucha de los colectivos de derechos humanos y agrupaciones de sobrevivientes, en 2005 la casona fue declarada monumento nacional. Las agrupaciones ligadas a esta batalla por la memoria, el Colectivo Londres 38, el Colectivo 119 y Memoria 119, conformaron una mesa de trabajo con el gobierno para discutir los objetivos y el plan para la recuperación integral del inmueble, que se encuentra muy deteriorado. Miembros del Colectivo 119 expresaron su satisfacción por este logro que contribuye a “limpiar la patria de tanto olvido e impunidad, recuperando el valioso testimonio, los sueños y proyectos de tantas y tantos, entre los cuales se encuentran nuestros queridos familiares detenidos desaparecidos de la lista de los 119, ofreciéndolo como enseñanza y patrimonio histórico para toda la sociedad”.
El memorial es un proyecto gestionado por el Colectivo Londres 38, diseñado por María Fernanda Rojas, Macarena Silva, Heike Höpfner y Pablo Moraga con apoyo del programa de derechos humanos del Ministerio del Interior (más información en www.londres38.cl). Los colectivos no sólo debieron luchar porque la propiedad de Londres 38 no fuera vendida a particulares, sino también para revertir la decisión del gobierno de instalar allí la sede del Instituto de Derechos Humanos. La movilización de familiares, sobrevivientes y amigos de los desaparecidos logró romper el olvido tendido sobre esta casa de tortura, la única que no fue materialmente destruida, como ocurrió con Villa Grimaldi o José Domingo Cañas.

LUCIA SEPULVEDA RUIZ
(Publicado en “Punto Final” edición Nº 673, 24 de octubre de 2008)

El corazón en los huesos

El padre de estos jovenes hoy tiene 92 años..Reinaldo Pinto y sus hijos militantes Montoneros..eran Maria Angelica Pinto Ruiz y Reinaldo Pinto chilenos…

ambos hermanos chilenos..lo mismo toda su familia..

Periodismo narrativo en Latinoamérica

No es grande. Cuatro por cuatro apenas, y una ventana por la que entra una luz grumosa, celeste. El techo es alto. Las paredes blancas, sin mucho esmero. El cuarto -un departamento antiguo en pleno Once, un barrio popular y comercial de la ciudad de Buenos Aires- es discreto: nadie llega aquí por equivocación. El piso de madera está cubierto por diarios y, sobre los diarios, hay un suéter a rayas –roto–, un zapato retorcido como una lengua negra –rígida–, algunas medias. Todo lo demás son huesos.

Tibias y fémures, vértebras y cráneos, pelvis, mandíbulas, los dientes, costillas en pedazos. Son las cuatro de la tarde de un jueves de noviembre. Patricia Bernardi está parada en el vano de la puerta. Tiene los ojos grandes, el pelo corto. Toma un fémur lacio y lo apoya sobre su muslo.

—Los huesos de mujer son gráciles.

Y es verdad: los huesos de…

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La participación de civiles en el régimen de Augusto Pinochet . la familia Kast en Paine

La participación de civiles en el régimen de Augusto Pinochet . la familia Kast en Paine

“Los Kast en los crímenes de Paine” El desarrollo de la familia política de derecha a costa de la dictadura

En el libro, los cómplices civiles son nombrados e identificados con el debido respaldo de procesos judiciales en curso, o con condenas establecidas. Varios de ellos participaron directamente en el secuestro, asesinato y ocultamiento de cuerpos. No en términos simbólicos, no por omisión, sino de forma directa.

Javier Rebolledo (1976) es periodista, especializado en la investigación y publicación de temas relacionados con violaciones sistemáticas a los derechos humanos en Chile, abusos a menores y denuncias de malas prácticas empresariales y políticas. Su libro “La danza de los cuervos” (Ceibo Ediciones, 2012), que cuenta con una 5ª edición, fue ganador del Premio Municipal de Santiago 2013, constituyéndose en fenómeno editorial y como un referente en su género.

Su segunda obra, “El despertar de los cuervos” (Ceibo Ediciones, 2013), que aborda el nacimiento de la DINA y la tortura en el país, reiteró el impacto editorial, convirtiéndose en un nuevo clásico de la investigación periodística.

“A la sombra de los cuervos. Los cómplices civiles de la dictadura” (Ceibo Ediciones, 2015) es su tercer libro.

http://www.elclarin.cl/web/noticias/cultura/16589-a-la-sombra-de-los-cuervos-devela-la-responsabilidad-de-civiles-en-crimenes-de-la-dictadura.html

11/11/2014 |
Por Verónica Romero

La participación de civiles en el régimen de Augusto Pinochet es un hecho que se ha demostrado en varias ocasiones. Esta vez el escritor y periodista Javier Rebolledo, en su último texto, cuenta cómo se dio paso a esa colaboración y, en ello, relata hechos desconocidos como el de la familia Kast en Paine, lugar donde se encuentra la mayor cantidad de detenidos desaparecidos en relación a su población: 70 personas murieron en forma violenta a manos de militares y civiles

“A la sombra de los cuervos” es la tercera parte y final de la investigación que realizaron los periodistas Javier Rebolledo y Nancy Guzmán, quienes se han destacado en revelar los hechos que significaron violaciones a los derechos humanos en Chile durante la dictadura militar.

La última parte de esta saga saldrá a la venta en 2015, ya que aún se encuentra en proceso de investigación, sin embargo, se dio a conocer un capítulo referido a la participación de la familia Kast en los crímenes que se cometieron en la localidad de Paine después del golpe de Estado de 1973. Los integrantes involucrados en estos hechos comprenden al patriarca Michael Kast y a sus hijos Christian y Miguel (fallecido), éste último fue padre del diputado Felipe Kast (Evópoli) y ministro del Trabajo y Mideplan de Pinochet, hermanos del diputado UDI José Antonio Kast.

La investigación tiene como finalidad revelar la participación de civiles en la dictadura, quienes fueron cómplices pasivos y activos de los crímenes que se cometieron durante esta época.Es en este contexto que aparece el capítulo “Los Kast en los crímenes de Paine”.

En entrevista con Cambio21 el periodista y autor de “A la sombra de los cuervos”, Javier Rebolledo, comentó cómo fue la realización de este proyecto, lo que descubrió durante la investigación y la impresión que se llevó de esta familia.

¿Cómo nace la idea de hacer esta parte de la investigación de tu libro?

Tenía la intención de hacer la tercera parte de Los Cuervos y que me cerraba con el Despertar de los Cuervos, en el aparecen muchos civiles metidos en distintos niveles y me di cuenta que era necesario hacer un libro sobre las personas que estuvieron detrás de los militares, porque esta fue una dictadura cívico-militar y todos nos hemos centrado en lo que hicieron los militares, pero existe un fuerte componente civil que no ha sido tocado.

¿Cómo dirías que era la relación que los Kast tenían con sus empleados?

Era una buena relación paternalista, en la medida en que los empleados aceptaban lo que su patrón les ofrecía y les daba. Cuando Pedro León Vargas Barrientos descubrió que había una serie de cuestiones que estaban impagas en el salario, le costó que Michael Kast lo castigara y lo bajara a rondín y terminara yéndose de ese trabajo.

También construyeron una población al lado de la fábrica con una iglesia y, además estaban las casas grandes de la familia, así que había una especie de feudalismo, donde los trabajadores eran influenciados para que entraran a la religión con esta iglesia a la que todos a asistían a misa todos los días.

¿Qué era lo que celebraban Carabineros y civiles en la comisaría de Paine?

Según las declaraciones de Christian Kast, cuenta que estaban celebrando el golpe militar y que luego fueron a patrullar con integrantes de Carabineros y otros civiles a distintas localidades.

¿Cómo fue la participación que Christian y Michael Kast tuvieron en los crímenes de Paine?

Los de Christian Kast lo considero grave primero porque fue parte de estos patrullajes cívicos-policiales y con vehículos, segundo, estuvo celebrando asados en momentos en que las personas estaban detenidas en la comisaría. Es allí donde estuvo celebrando los asados con personas que están confesas y procesadas de delitos y junto a detenidos que hoy son detenidos desaparecidos. También llevó comida a estos carabineros que tenían una olla común.

Christian Kast dice que vio a detenidos entrar a ese lugar y salir rapados en camiones. Además dice haber escuchado que había un detenido conocido como el “Harina Seca” quien es un detenido desaparecido y eso Christian Kast nunca fue a confesarlo a la justicia.

Christian Kast firmó en 2008 un certificado de honorabilidad a favor de Rubén Darío González, que es un civil de Paine que está confeso de su participación del crimen de Cristián Víctor Cartagena Pérez, un profesor del partido comunista, a quien tomaron en su casa, lo amarraron a un auto y lo arrastraron hasta la comisaría por un camino de tierra.

Hay una parte delictiva propiamente tal y una parte moral donde falla este caballero Christian Kast.

En el caso de Michael es que una de las cosas que no se han logrado determinar en la causa son exactamente qué vehículos se ocuparon en qué episodio en estas caravanas de la muerte que conformaron los civiles. Este caballero reconoció a la justicia, haber prestado uno de sus camiones a Carabineros, que según él era usado para trasladar a los agentes, pero uno de los jefes de este grupo, Francisco Luzoro, reconoció que los vehículos se ocupaban para patrullaje nocturno.

¿Cómo fue el caso de Alejandro del Carmen Bustos González contra Christian Kast?

Alejandro del Carmen Bustos González (quien sobrevivió al fusilamiento), contó que le dieron una paliza entre civiles y que le tiraban huesos al piso y lo dejaron tirado en el patio de la comisaría. Una de las personas que integraba este conjunto de civiles que lo golpearon estaba Christian Kast.

Estos carabineros están procesados por haber cometido los crímenes de Paine, que tiene la mayor concentración de detenidos desaparecidos por densidad de habitantes de todo Chile.

¿Cómo ha avanzado este caso de “Paine” en la justicia?

Michael Kast se murió en calidad de inculpado. Christian Kast alegó que en ese tiempo era menor de edad, pero se solicitó, por el abogado Luciano Fouillioux, que se le practicaran exámenes sicológicos de discernimiento para determinar si a esa edad estaba o no consiente de los hechos, pero entiendo que la justicia no accedió a esos exámenes.

¿Cómo dirías que la familia Kast se fortaleció políticamente en este periodo?

Cuando comienza la dictadura ellos ya tenían un negocio emergente, pero con la llegada al gobierno de Miguel Kast como ministro del Trabajo de Pinochet, se les abren las puertas. Claramente, si uno ve solamente los números, la dictadura para ellos fue un muy buen negocio, o sea, tuvieron un auge. En los hechos se ve como creció la empresa.

¿Qué conexión tuvo Miguel Kast para llegar al gobierno?

Miguel Kast llega a través de Jaime Guzmán al gobierno. Miguel es uno de los fundadores del gremialismo que luego derivó en la Unión Demócrata Independiente (UDI), de la que es parte el diputado José Antonio Kast y de la cual fue parte el diputado Felipe Kast (Evópoli).

Esto hace que Felipe tenga una posición ambivalente frente a los derechos humanos al señalar que se bien condena enérgicamente las violaciones a los derechos humanos, no tendría problema, por otro lado, en ser ministro de Estado, al igual como lo fue su padre, para ayudar dentro de lo que se pudiera en la dictadura militar, ya que como él dice, no le tocó vivir las violaciones a los derechos humanos, lo que lo hace ponerse en una actitud absolutamente situacionista.

¿Cómo crees que se percibe a esta familia política?

Son una familia muy respetada, los fundadores en parte de la primera dinastía y los orígenes de la Unión Demócrata Independiente. Son parte de los cimientos ideológicos del brazo político que creó la dictadura bajo el alero de Jaime Guzmán y de Miguel Kast para darle una valides a este sistema. Ellos son el corazón de la UDI, como lo hemos visto en casos como Penta.

En lo que corresponde o compete a la familia Kast por las violaciones a los derechos humanos de Paine, tengo la impresión que las responsabilidades que perseguía la justicia quedaron hasta ahí.

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Relacionado

http://cnnchile.com/noticia/2015/08/25/javier-rebolledo-entrego-detalles-de-su-libro-a-la-sombra-de-los-cuervos

http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-V/pedro_leon_vargas_barrientos.htm

http://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-A/adasme_nunez_jose.htm