Frente de Mujeres Revolucionarias. Marta Zabaleta, argentina militante del MIR chileno y feminista latinoamericana

Frente de Mujeres Revolucionarias. Marta Zabaleta, argentina militante del MIR chileno y feminista latinoamericana

Marta R. Zabaleta* del Frente de Mujeres Revolucionarias del MIR chileno, años 70

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Publicado el 14 septiembre 2010 por Daniela @lasdiosas

Marta R. Zabaleta* del Frente de Mujeres Revolucionarias del MIR chileno, años 70
“NO ME ARREPIENTO DE NADA”
La escuché hablar sobre el ”trabajo doméstico invisible” en Villarrica, el verano de 1971. Fue una charla muy sencilla en vocabulario. Recuerdo que las mujeres quedaron encantadas por escuchar a alguien que le ponía palabras a lo que ellas no podían decir… existía un alto grado de analfabetismo, timidez, humildad y violencia intrafamiliar, tanto, que ni siquiera se atrevieron a contarle a sus maridos lo que escucharon en esa reunión… Fue hace casi 40 años.
La hija de una dirigenta regional de Villarrica (sur de Chile), Cecilia Burgos Conejeros, escuchó ese día el mensaje del Frente de Mujeres Revolucionarias -Organización que ni siquiera parece haber registrado el historiador Luis Vitale, también militante del MIR, en su Cronología Comentada del Movimiento de Mujeres en Chile-.
Era Marta Zabaleta la que hablaba, argentina, militante del MIR chileno y feminista latinoamericana ya en ese tiempo. Fue en la época de la UP, Unidad Popular, la coalición de partidos de izquierda que hizo posible los 3 años de Allende en el gobierno chileno.
“IDEAS RARAS”
“Imagina mi emoción con la carta de esta persona. Ahora ella vive en el exilio, creo que ya es abuela… Yo tampoco he olvidado cuando fuimos a la población en Villarrica. Con unas casitas de 4 x 4 metros cuadrados, no más, no tenían ni vidrios y sólo piso de tierra, era gente trabajadora, pero sin recursos, que vivían en condiciones muy precarias. Eso no lo tomaban en cuenta las visitadoras sociales de ese tiempo, que culpabilizaban a las mujeres diciéndoles que sus guaguas se enfermaban de diarreas e infecciones porque ellas no desinfectaban bien las mamaderas… El trato clasista, racista y machista típico, también entre nosotros. Yo un día me quedé hasta el final en una reunión vecinal convocada por esas compañeras de los servicios de asistencia social y de repente, me paré, me presente y hablé de los derechos de las mujeres, pero alguien dijo: ¡Por qué habla ella si es argentina! ¡Les viene a poner ideas raras a “nuestras” mujeres en la cabeza!… el acostumbrado discurso de la UP, xenófobo además… querían evolución, pero con las mujeres sometidas”.
Fuiste cofundadora en Concepción del Frente de Mujeres Revolucionarias ¿Cómo fue ese feminismo?
Sí, tres de las fundadoras no éramos chilenas, dos argentinas y una francesa que se suicidó no mucho después cuando murió su amante, Luciano Cruz (1), ella era muy buena persona, feminista y socialista también. Me prestó muy importante bibliografía.
De acuerdo a mi concepción de lo que es el feminismo como movimiento, entre el 70 y el 73, sólo se puede hablar de que había algunas mujeres feministas en Chile, y tal vez también, un puñado de hombres pro-feministas. Nuestro grupo, por ejemplo, constaba de 13 mujeres como mucho, en sus inicios. Fue creado en 1971 y empezó con clases vespertinas gratis, dadas por mí en la escuela de Economía y Administración de la Universidad de Concepción.
¿Cómo eran esas clases?
Eran en la Universidad. Iban dirigidas a estudiantes de ambos sexos. Asistía quien quería, pero básicamente lo hacían integrantes del Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), que era el frente de masas universitario del MIR. Un artículo que recuerdo de la bibliografía elegida fue sobre la invisibilidad del trabajo doméstico, escrito por la socióloga argentina Isabel Larguía y que publicó “Monthly Review Press”, en Nueva York. Esa revista era excelente, producida por los mejores economistas marxistas de la época, como Paul Barán y Paul Sweezy, salía también en versión castellana, y era distribuida en Chile por Lucho Benado, militante del Partido Socialista.También discutíamos en esas clases, el manifiesto constitutivo del Frente de Mujeres Revolucionarias, FMR que habíamos redactado en reuniones de mujeres hechas en mi casa.
¿Iban dirigidas a sólo estudiantes de Universidad?
Las de la Universidad, sí, pero un equipo de dos hombres, estudiantes de medicina, un abogado, y dos mujeres, Cristina Haydee Araya y yo, dábamos clases y asesorábamos al Sindicato de Empleadas Domésticas de Concepción, Chillán y Temuco, en temas propuestos por ellas mismas. Temas legales, de vivienda, sexuales y laborales. Llegaban muchas a estas clases. Al margen del Frente de Mujeres, en mi base de cuadros del MIR escribíamos con tres colegas varones, charlas de educación política para el frente de masas trabajadoras del MIR, el Frente de Trabajadores Revolucionarios, FTR. Luego las dábamos en los sindicatos, en las minas de Lota y Coronel, en las fábricas estatizadas, en los astilleros de Talcahuano, entre otros. Yo decidí ponerles diálogo y quedaron bastante amenas. Escribimos unas 25, y cuatro de ellas fueron dedicadas por mí al tema de la mujer, incluyendo los problemas de discriminación en el lugar de trabajo, de pareja y de violencia del marido, generalmente asociada al alcoholismo.
¿Tuvieron repercusión?
Sí, esas clases hasta las reimprimió el PS y llegaron a difundirse en más de 25 mil ejemplares. En suma: cuatro fueron dedicadas a problemas e intereses específicos de las mujeres obreras, pobladoras, esposas de mineros, de obreros, etcétera. Los compañeros les llamaban: “Sobre la cuestión femenina”, siguiendo la vieja tradición marxista. Yo también daba estas clases a las personas afiliadas a las Juntas de Abastecimiento y Precios (JAPs) de la región, pero muy especialmente a las de la JAP de Concepción Centro, que era la que yo pertenecía y donde residía. Fui sumamente activa en el desarrollo comunitario de las JAPs y en su vertebración con los trabajos extracurriculares de los estudiantes de mi Escuela, trabajo que estaba a mi cargo.
“EL COMITÉ REGIONAL NOS HIZO ACOMPAÑAR POR UN VARÓN”…
Marta cuenta que preparaba sus clases a partir de sus lecturas del “Segundo Sexo” de Simone de Beauvoir. Había traído el libro en español desde Argentina “porque en Chile, en esos tiempos era muy difícil conseguir ese tipo de bibliografía. Mi idea era que las estudiantes reflexionaran sobre las posiciones existencialistas -que aún no eran feministas- de Simona. Además yo las contrastaba con los principales aportes a la ‘cuestión femenina’ del marxismo ortodoxo y con los nuevos aportes críticos del marxismo feminista de los años 60”…
¿Qué decía el MIR de todo eso?
Contábamos con el total apoyo del Comité Regional y del Comité Central, aunque curiosamente cuando viajamos al Sur nos hicieron acompañar con un joven varón que escuchaba todo lo que hablábamos con ojos muy asustados. Se llamaba el Mechón Castro, y era estudiante, creo, de Sociología de la Universidad, y muy metido en la Federación de Estudiantes de Concepción, FEC. Era también gran entusiasta de la Revolución Cubana, un poco a diferencia mía, que siempre tuve grandes reservas con la manera en que se conceptualizaba a las mujeres en el doctrinario cubano, y con el trato secundario que se les daba en el PC de Cuba, básicamente a través de la Federación de Mujeres Cubanas. Pero Mechón instaba a las mujeres del Sur “a esforzarse, porque hasta podrían viajar a Cuba”. Estas intervenciones suyas me daban más pena que enojo. Las mujeres, en todo caso, tenían sus reivindicaciones muy claras: no pedían nada para sí, todo para sus hijas e hijos; en especial, educación.
No hablaban de ir a Cuba, ni de sí mismas…
No. Eso ocurría en nuestros trabajos del FMR desde Concepción al Sur. Un común denominador que he observado en muchos países del mundo entre las mujeres de las clases o estratos menos favorecidos.
Me acompañaron en ese viaje varias compañeras que estudiaban para ser matronas, y dentistas. También trabajé a nombre del Frente de Mujeres Revolucionarias entre las mujeres mapuche del Frente Campesino Revolucionario (MCR). Y en los alrededores de Concepción, entre las pobladoras que participaban en tomas de terrenos, y fábricas. Yo ya tenía buena experiencia previa en ese trabajo, pues cuando trabajaba como investigadora del Instituto de Educación y Capacitación para la Reforma Agraria (ICIRA), en Santiago, estuve encargada de evaluar el impacto del método de alfabetización y concientización de adultos dePaulo Freire entre el campesinado organizado y el del Instituto de Educación Rural de la Iglesia Católica.
¿Había mujeres en el CC del MIR?
En 1971, una de las integrantes del Comité Central del MIR, que vivía en Santiago, era Gladys Díaz -sobreviviente de la dictadura de Pinochet- (2), nos visitó en mi casa una o dos veces. Ella era dirigenta también del Frente de Trabajadores Revolucionarios del MIR y de su propio sindicato profesional. Se había hecho bien conocida en ese tiempo porque rechazó públicamente un premio de una empresa de productos de belleza, parece que de Helen Rubenstein. Me acuerdo siempre de que ella nos insistió en que debíamos impulsar a las mujeres de los trabajadores que habían ocupado entonces fábricas en Rengo -donde trabajaban con apoyo del MIR y pedían su expropiación- a salir de sus casas, a acostumbrarse a ser independientes de sus hombres, y que para eso, nos dijo, debíamos ir nosotras a reemplazarlas, a cuidar de sus hijos, a cocinarles a ellos y a sus maridos… cosa que sólo algunas veces y con ciertas dudas, acepté hacer, creo…
¿Sabía de feminismo el gobierno de la UP?
Mira, bien poco o nada. Pero cuando Fidel Castro visitó Chile, en 1971, se alarmó muchísimo porque la UP no podía movilizar a las mujeres y convenció a Allende a convocarlas al Estadio Nacional y ambos les hablaron allí a las asistentes, que fueron miles. “Punto Final”, esa misma semana sacó una separata con el discurso de Fidel a las mujeres de Chile. A raíz de todo eso, Allende decidió hacerse asesorar con mujeres feministas de los diversos partidos de su coalición, la UP. Creo que sólo consiguió a cuatro o cinco, según me contó una médica trotskista pro mirista, que fue invitada, la doctora Neomicia (Micha) Lagos que por entonces era esposa de Luis Vitale – el historiador, miembro fundador del MIR y del Comité Central-. Pero no lo sé exactamente porque yo nunca fui invitada a ninguna reunión de las feministas asesoras de la UP. Tal vez Gladys Díaz, sí lo haya sido porque al llegar al exilio, ella escribió un documento feminista del MIR, razonable para esa época. Hubo también dos brasileras feministas, ambas sociólogas y profesoras universitarias, Vania Bambirra, del PS, y Evelyn Page, del MIR, que escribían y hablaban sobre los derechos de las mujeres y sobre la mujer. Algunas mujeres del MUI de Concepción, con nuestro apoyo, lucharon por conseguir el derecho a aborto seguro, legal y electivo de las estudiantes.
¿Desde la UP, qué medios de comunicación dirigidos a las mujeres había?
Había la revista “Paula”, que yo consideraba muy mediocre, pero lo peor es que era cualquier cosa, menos feminista. En ella trabajaba una periodista desconocida entonces, Isabel Allende -no la hija del presidente, sino la escritora actual-. Yo no le veía ninguna conciencia feminista a ella en sus escritos, aunque he observado que años después declaró que era feminista ya desde entonces… Bueno, es que la UP era un gobierno de centro izquierda, que llegó al gobierno –nunca al poder- con 40 medidas progresistas, que no constituían un programa socialista realmente, al decir de Paul Sweezy. Tampoco lo era en materia de derechos sexuales y reproductivos. Pero la Editorial del Estado, Quimantú saco un interesante librito que solo encontré en un biblioteca de la Universidad de Londres cuando trabajaba en mi tesis doctoral, ya en el exilio, acerca de la situación general de las chilenas. Contiene un resumen de las muertes por violencia de género de las mujeres, que creo que decía que eran más o menos 400 al año.
50 AÑOS, SOCIALISTA y FEMINISTA
Marta en 1989 fue nominada por la British Broadcasting Corporation (BBC) y el Art Council of Great Britain como “Daughter of Simone de Beauvoir” –Hija de Simone de Beauvoir- (3) por la influencia que esa fundamental filósofa existencialista y feminista, ejerciera en su vida y su trabajo. Cuando le hablo de “patriarcado”, Marta me explica: “En mi esquema conceptual no necesito usar el vocablo Patriarcado para explicarme nada. Estoy autoentrenada- dado que soy una intelectual marxista especializada en los estudios sobre las mujeres, los hombres y los géneros, a analizar a la sociedad como sostenida por relaciones sociales caracterizadas por las desigualdades. Por lo tanto, estudio a mujeres y hombres, niñas y niños, como sujetas y sujetos sociales de relaciones derivadas de su clase, raza y género, en su interrelación recíproca, y tomando en cuenta factores biológicos y culturales como la edad, la educación, la sexualidad, las ideologías políticas y las fantasías religiosas, y así siguiendo. En ese enfoque y conceptualmente hablando, ni el patriarcado ni el matriarcado me sirven mucho, por eso, no los uso”…
En el transcurso de nuestra correspondencia comprendo por qué Marta Zabaleta, a menudo subraya la academia y lo intelectual en su vida: “Lo que más me ayudó en la vida, creo, fue el carácter perseverante que me dejó mi padre como herencia. Fui capaz de construirme una sólida carrera profesional a pesar de tantos escollos que me pusieron en el camino, mi familia de origen, mi marido, algunos colegas, principalmente hombres, también militares, policías, soplones y hasta a veces, yo misma”… Percibo que es la historia de las mujeres que luchan, en su caso, más de 50 años de lucha feminista latinoamericana, por abrirse paso en un mundo de hombres bien machos en lo más obvio y también en algo un poco más sutil, las ideas…
Marta, has escrito sobre literatura de mujeres postgolpe y has destacado que escriben muchas veces para sanarse… A veces se piensa que eso no es político…
No puedo ni creo que se debe generalizar así. En todo caso, todo lo que yo hago es político. Y no, no escribo expresamente para sanarme de ningún trauma. Pero si lo consigo, ¡mejor!… Escribo y hablo para dejar constancia histórica de fenómenos sociales relevantes que me ha tocado vivir, y de los cuales fui testiga, y muchas veces, autora y/o víctima. Hay mucha agente aquí en Europa que me considera una privilegiada por el tipo de experiencia que fui capaz de acumular debido a un cúmulo de circunstancias históricamente específicas que me tocó experimentar: el gobierno populista -y popular- de Juan Perón y Eva Duarte, el de Allende, el de Pinochet, el de Videla, y la doble visión que me confirió la obligada vida del otro lado del Atlántico.
¿Cómo has enfrentado esta vida feminista de revoluciones, golpes, exilios…?
Yo crucé los Andes y me fui a Chile –siendo ya feminista en 1963- con la intención de hacer un recorrido similar al del Che que me llevara a ser la Che de las mujeres feministas del continente… Bueno, muchas veces he enfrentado mi vida con enorme dolor, humillación, mucha angustia y siempre con muchas necesidades materiales. Pero, más en general, sin corromperme, ni abandonar mis ideas. También he gozado siempre del enorme apoyo de personas e instituciones relacionadas a mi profesión. Y del de mi hija y mi hijo. Pero tan larga es la lista que es imposible tratar aquí de resumirla.
En más de 50 años de acción feminista militante, debo haber cometido muchos errores; dejo que los critiquen otras y otros. Todas las experiencias vividas, militancia izquierdista, militancia feminista, golpes, exilios, me han enriquecido como mujer y como intelectual, como científica y como escritora, amiga y compañera, madre y amiga. Me han revitalizado como poeta, aunque el trauma del golpe de Chile me impuso un silencio poético de más de 30 años… Creo que lo mejor que hice en mi vida fue decidir ser madre y lo peor, fue enfatuarme a veces con hombres nuevos que existían más en mi imaginación -o ahora último en la pantalla del Internet- que en la cocina, en la oficina o en la cama, pero no me arrepiento de nada, con ellos también se goza.
¿MICHELLE BACHELET, SÍMBOLO DE LA IGUALDAD DE LAS MUJERES?
Le pregunto abiertamente sobre la falsa idea –en mi opinión- de que la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet sería un símbolo de igualdad para las mujeres. Lo han sugerido algunas feministas chilenas como Diamela Eltit –importante escritora- y Teresa Valdés –analista política- en distintos momentos (4). Incluso se hizo un Encuentro Feminista en Olmué el año 2005 en el que -a todas luces- la organización quiso sacar un acuerdo feminista –que no lograron- a favor de Bachelet…
Marta reflexiona: “No sé sobre esas opiniones que mencionas que existen sobre Michelle Bachelet, pero las creería equivocadas. Yo nunca apoyé a Bachelet, una social demócrata, aunque me despierta mucha simpatía a nivel personal porque creo que debe ser una mina inteligente y chora. Pero ¡que símbolo cultural, de qué igualdad!… ¿Se piantaron?… Tal vez se creyeron el cuento de que mejorar la situación personal por ser mujer, es una forma de combatir las causas que generan su subordinación social. Y eso no me extraña: muchos movimientos sociales, muchas escuelas de pensamiento progresista, muchas mujeres y hombres de serios ideales, han caído en las mismas trampas a lo largo del Siglo 20.
Otro problema es como se usan los vocablos: ¿Qué entienden por “igualdad”? Cualquiera se dice socialista o feminista, o cristiano o musulmán, judío o judía. Estas apropiaciones distorsionan el lenguaje, sus inexactitudes generan mucha confusión, y con eso ayudan a perpetuar todas las desigualdades sociales: de clase, de raza y de género, por cuanto ayudan a invisibilizar la realidad.
¿Qué opinas del feminismo autónomo latinoamericano y caribeño?
Creo que en muchas cosas van por buen camino. Admiro en especial el de Honduras. Y en los que tal vez no sea siempre así, no es función mía mirarlas desde afuera y juzgar. Eso debe ser hecho, creo, por ustedes mismas. Porque creo que nunca hay que delegar responsabilidades en política. Ni llevarse por lo que dicen de una, ni de nosotras. Tampoco es bueno perder la perspectiva de lo poco que podemos hacer: la nuestra es una lucha muy, muy, larga y lo que podemos hacer desunidas, es muy poco.
Marta Zabaleta, en el 73, ya “hacía 10 años que tenía una vida y una familia en Chile” y sólo 30 años más tarde, en 2003 regresó “por una semana, por razones de trabajo. Gocé de la compañía de colegas, amigas, amigos y familiares”… El 5 de octubre de 1973 había sido expulsada de Chile con destino a su país de origen, Argentina, junto con 17 adultos y 19 menores de edad –una era su guagua de 9 meses-. Su repatriación fue solicitada por la presidencia argentina “por tratarse de una Científica de Primera Clase”. Esto vino luego de haber sido exonerada de su cargo de Profesora Titular de la Universidad y detenida y torturada en el campo de detención Estadio Regional de Concepción. Más tarde, con la dictadura argentina, Marta fue perseguida por la Operación Cóndor (coordinación del terrorismo de estado de Chile, Argentina y otras dictaduras del cono sur), y finalmente fue expulsada una vez más de un país latinoamericano, esta vez de Argentina “con un único destino: el Reino Unido, aproximadamente el 16 de noviembre de 1976”. Desde 1981 hasta finales de 1989, explica: “fui forzada a aceptar la discriminatoria condición de refugiada de las Naciones Unidas en el Reino Unido”, situación que, a la larga, superó pues está inserta en el mundo académico, social y político de ese país.
Nos quedan más y más preguntas para recuperar historia feminista y de mujeres activistas. La historia de las socialistas feministas, de mujeres que apostaron a las revoluciones no sólo de los hombres, si no de la humanidad completa, militantes izquierdistas que no luchaban por ninguna patria, pero sí por las mujeres y los hombres de los territorios latinoamericanos… Marta Zabaleta es historia viva, pero ante todo una compañera sobreviviente de más de una dictadura, también de la que arrebató la vida en Chile, por ejemplo a Mónica Benaroyo Pencu (5), rumana-uruguaya y a Jane Vanini (6), brasileña, latinoamericanas actuando como Marta en Chile… Marta, que no se arrepiente de nada, poeta que tras el golpe chileno estuvo en “silencio poético” por 30 años, que no se dejó vencer y retomó sus versos, y que –es maravilloso que así sea- hoy está viva para contar parte de esta historia.
Victoria Aldunate Moralesvictoriamoralesaldunate@gmail.com
Feminista autónoma latinoamericana
La Ciudad de las Diosas

* La Dra. Marta R. Zabaleta vive actualmente en Londres, Inglaterra. Es economista, cientista política y poeta. Madre de Yanina Andrea Hinrichsen -“chilena creciendo en el exilio”-, y del escocés Tomás Alejo Hinrichsen Zabaleta. Pertenece al Comité Editorial de la Publicación periódica que se publica en Londres “Exiled Ink”. Es profesora Honoraria de la Facultad de Letras y Educación de la Universidad de Middlesex, Londres, Inglaterra. Entre otras acciones y elaboraciones creó y coordina la red internacional de “Mujeres y Palabras en el Mundo”, y creó y ha dirigido por casi una década el Grupo de Trabajo “Mujeres, Hombres y Géneros” del Consejo Europeo de Investigaciones Sociales sobre América Latina y El Caribe. Su vida y su trabajo además de todo lo relatado, le han merecido un lugar como científica y escritora en más de treinta publicaciones biográficas del tipo ‘Who’s Who’ de Europa y de EEUU. También ha sido escogida en 2003 como ejemplo de una refugiada política, mujer que triunfó en Europa, y en 2005 entre una de las diez personas becadas por el Council for Assisting Refugee Academics (CARA) desde 1935, para participar de la Historia Oral de Londres por “su valiosa contribución a la cultura de la ciudad”. Su historia personal y sus opiniones sobre temas relevantes fueron grabadas para ese efecto, y permanecerán a disposición del público en el Museo de Londres a perpetuidad.
1. Luciano Cruz Aguayo (1944 – 1971). Dejó la militancia en las juventudes comunistas de manera crítica y junto a otros jóvenes, luchadores sindicales y sociales participó de la fundación del movimiento de Izquierda revolucionaria, MIR. Considerado uno de los intelectuales del movimiento, realizó cursos de formación sindical y política y charlas sobre el manifiesto comunista, también redactó una carta a Jean Paul Sastre en los años 70. Muy reconocido por el MIR. Era de familia acomodada. Hijo de un militar, pasó casi toda su vida en Concepción, sus padres vivían en una parcela a orillas del río Andalién, frente a una población de emergencia llamada J.F. Kennedy (tomado de Archivo Chile. Historia Político Social – Movimiento Popular http://www.archivochile.com/Homenajes/html/luciano_cruz.html).
2. Gladys Díaz, periodista, una de las más conocidas personalidades del MIR. Después del golpe pasó a la clandestinidad y fue detenida el 20 de febrero de 1975 en Santiago, siendo torturada en un centro de detención secreto de la DINA. Gladys Dí­az estuvo incomunicada durante 80 dí­as en el centro de torturas de Villa Grimaldi en Santiago (tomado de “El caso de la chilena Gladys Dí­az, Examen del expediente sobre la liberación de una detenida”, agosto 2008, de Dieter Maier).
3. Penny Foster y Imogen Sutton (editoras), Daughters of de Beauvoir, The Women’s Press, 1989, y el Film de la BBC del mismo título, spot BOOKMARK (1989). http://artsonfilm.wmin.ac.uk/films.php?a=view&recid=180
4. Columna “Mujer y Poder, periscopio urbano” de Diamela Eltit, La Nación (Chile), Domingo 12 de marzo de 2006. Mujer y Poder,periscopio urbano de Diamela Eltit
Columna “PUNTO DE VISTA. Michelle Bachelet y las feministas” de Teresa Valdés. Mujeres Hoy. 7 de diciembre de 2005 http://www.mujereshoy.com/secciones/3485.shtml
5. Mónica Cristina Benaroyo Pencu fue descuartizada por militares en septiembre de 1973. La decapitaron a patadas, enterrada viva hasta el cuello. Su cuerpo momificado apareció en 2008, en un recinto militar correspondiente al sitio denominado “pampa mal paso oeste” ubicado a la entrada sur de Arica (Norte de Chile). Había nacido en Rumania y crecido en Uruguay, vivió en Buenos Aires un tiempo y luego se fue a Arica a trabajar en la Alcaldía. Era militante del Partido Comunista, había estudiado Filosofía, se ganaba la vida como traductora. En septiembre del 73 salió un decreto de la Junta Militar que la expulsaba de Chile, pero era un montaje, ya había sido asesinada.
6. Jane Vanini fue rodeada por un destacamento de Infantería de Marina el año 74 al que ella opuso resistencia sola, disparando desde la casa que compartía con su compañero, el periodista y dirigente del MIR José Carrasco Tapia, pero que había sido detenido ese día por efectivos de la Armada. Jane resistió hasta que agotó sus balas y resultó herida. Los agentes del Centro de Inteligencia Regional (CIRE) la sacaron inconsciente en una camilla y se la llevaron con rumbo desconocido. Hoy se sabe que fue asesinada tres o cuatro días después. Jane era brasileña, estudió ciencias sociales en la Universidad de Sao Paulo y fue parte de Acción Liberadora Nacional (ALN). Luego del golpe de estado en Brasil fue condenada -en ausencia- a 5 años de prisión. En clandestinidad se integró al Movimiento de Liberación Popular –disidente del ALN-. En 1970 se expatrió a Uruguay, posteriormente a Argentina y Cuba, el 71 obtuvo asilo político en Chile y se incorporó al MIR. Trabajaba como secretaria en la revista Punto Final (tomado de “Luz y muerte de Jane Vanini” de Arnaldo Pérez Guerra,http://www.lainsignia.org/2008/enero/ibe_004.htm).
Marta R. Zabaleta, 2010
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Acerca de la Memoria: Voces revolucionarias del Sur 1. Marta R. Zabaleta

Acerca de la Memoria:  Voces revolucionarias del Sur 1. Marta R. Zabaleta

Acerca de la Memoria: voces revolucionarias del Sur 1

MARTA R. ZABALETA *

School of Arts and Education, Middlesex University, Reino Unido

si una ha de resurgir de las cenizas, necesita alas para volar…

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En este articulo se postula que los textos de mujeres sobrevivientes del terrorismo de estado que se presentan a modo de ejemplo, constituyen soportes importantes del proceso de reconstrucción de la memoria social del Cono Sur, al tiempo que su producción ayuda a sus narradoras a superar síndromes postraumáticos, y les otorgan la sensación de pertenecer a una nueva comunidad, etapa esta imprescindible en la recuperación de sus identidades desgarradas.

La variedad de las formas estilísticas utilizadas cuestiona la esencia misma del canon literario y escapa a la lentitud de la crítica. Luego, en la segunda parte, se ofrece un ejemplo concreto de este tipo de escritura, en el afán de reafirmar la necesidad de desechar la rigidez de la escritura científica tradicional, firmemente centrada en el Hombre y adaptada a sus necesidades y dominación social genérica. Con dicho acto de transgresión se invita a repensar las diferencias entre lo así llamado escritura femenina, escritos feministas y textos de mujeres, etc., abogando por el respeto básico a las diferencias inmanentes a cada ser humano, que trascienden la pobreza implícita en aquellas propuestas teóricas que tratan de adaptar la interpretación de una realidad muy cambiante a marcos y normas teóricas preestablecidos, y que las más de las veces funcionan obscureciendo o paralizando la creación científica y /o la crítica literaria de las mujeres que escriben en cuanto mujeres.

Palabras claves: feminismo; machismo; tortura; dictadura; trauma; exilio

Esto pertenece a una zona muy profunda de la identidad, a una zona que no se puede discernir puesto que es más profunda que cualquier identificación sentimental. ¿Qué persona revolucionaria – en arte, política, religión, o en otra cosa – no ha experimentado aquel momento extremo en que él o ella no era nada más que una bestia, en que se sentía responsable, no por las crías que murieron, sino ya antes  de que las crías murieran? ‘

Gilles Deleuze, 1981

Escritos de mujeres

Un fenómeno sacude al mundo, aunque no revolucione al mercado global ni conmueva a la crítica especializada: la escritura de mujeres en cuanto mujeres. Y las mujeres latinoamericanas, lejos de quedar excluidas de esta tendencia que esperamos se prolongue y expanda, han contribuido a ello decididamente. En efecto, un número cada vez más importante de mujeres ha publicado durante las dos o tres últimas décadas novelas, poemas, ensayos, obras de teatro y narrativas testimoniales, (Judy Maloof: 2000), y con ello se habría creado según la autora un cuerpo literario importante, que está lejos de ser homogéneo, dado que en su interior- siempre en su opinión- contrastan estilos altamente estéticos, ‘metaficcionales’, y de prosa hermética como serían por ejemplo los de Diamela Eltit y Julieta Campos, con otros mucho más accesibles.

Tal vez es por eso que, valdría la pena formular, sólo un pequeño grupo de estas autoras ha logrado premios importantes y fama internacional. ¿O será acaso que lo que ocurre es más bien, como dice Jean Franco (Franco, 1992: 73), que esta nueva apertura del mercado literario se debe en cambio a la proliferación de los estudios sobre la mujer (¿adónde, en el Primer Mundo?, valdría la pena que Jean hubiera especificado), y a la incorporación de mujeres escritoras del Tercer Mundo en el currículo, lo que repentinamente ha provisto a estas con esa masa de lectores internacionales que los escritores del ‘boom’ ya han venido gozando desde hace bastante tiempo? 2

Sea verdad lo uno o lo otro, o una combinación de ambos, cabría sin embargo preguntarse algo más , y es por qué es que existe todavía toda una serie de escritos de mujeres que no sólo no han sido en su mayoría todavía estudiados sistemáticamente ni siquiera por la crítica literaria feminista – ni por ninguna otra tampoco para ese efecto, que yo lo sepa -, sino que además en su mayoría no han sido tampoco incorporados a los programas de Literatura Comparada ni a las cursos de Estudios sobre las mujeres y /o de género, ni a los de Historia de la izquierda de América Latina; no ciertamente aquí, en el Reino Unido.

No obstante todo lo anterior, es precisamente por la importancia implícita que creo que revisten  para el proceso de construcción de la memoria social este conjunto todavía ‘segregado’ y ‘marginado‘ de ciertos textos producidos por mujeres, que algunos de los mismos han sido objeto del presente artículo, al que para ese efecto se ha dividido en dos partes. La primera, estará destinada a presentarlos y a tratar de explicar por qué considero que estos textos contienen la materia prima esencial de que puede nutrirse la memoria social. Son estos escritos todos producidos por víctimas directas del reciente terrorismo de estado en el Cono Sur de América Latina, fuentes primarias que contribuyen a la reconstrucción de la memoria fragmentada por el trauma, a la cristalización de un cierto sentido aunque todavía larvado de pertenencia a una comunidad, etapa esta última que es importante para la recuperación de las identidades desgarradas. En la segunda parte, se ofrece un (auto) ejemplo de recopilación y uso que hacemos las mujeres de las memorias traumáticas, más vale con el afán de hacer a las lectoras y  lectores testigos y cómplices de un estilo expositivo ‘no académico’ que trata de apelar a sus valores éticos en cuanto personas, más que a alcanzar la tradicional formalidad heredada en materia de metodología de las Ciencias Sociales, aquella que tiene tan férreamente por centro al Hombre, tal cual como con reiterada insistencia lo reiterara hasta un hombre, el filósofo Foucault.

Los escritos en cuestión

Cabe antes de empezar agregar que los textos que nos ocupan son escritos que tienen en común algo más que el mero hecho de haber sido escritos por mujeres y ser por tanto y por definición, casi siempre marginados o periféricos. Pues, además, han sido producidos por personas que en el momento de su producción, casi siempre carecían de antecedentes literarios publicados, pero que en cambio habían sido casi todas militantes o simpatizantes de movimientos o partidos de la izquierda revolucionaria latinoamericana, aquella surgida como sub producto de la guerra en Vietman, vertebrada y /o fuertemente influenciada por el pensamiento y la práctica universalista de un socialista argentino. Ernesto Guevara, el Che.

Variados en sus formatos y estilos, los textos producidos por estas ex militantes toman desde la forma de tesis de doctorado y maestría, pasando por novelas y obras de teatro, poemas, ensayos, argumentos para documentales, y llegan hasta diarios íntimos, cartas, memorias, todos los cuales actúan -en mi opinión -como verdaderos soportes para garantir la sobrevivencia material y / o emocional de quien escribe luego de recobrar su libertad ciudadana. Si dejamos de lado por ahora, por razones de espacio, a aquellos escritos científicos que se deben ajustar- en verdaderos partos con fórceps y sin siquiera anestesia local- a los requerimientos de las tesis de doctorado universitario y /o a los libros que las ‘popularizan’, arribamos a aquellos que sirven para expresarse más libremente. ‘Emocionalmente’, podríamos decir. Es que en estos textos se va pasando del rol de autora al de narradora. Como toda transición, es ese un proceso conflictivo, quebradizo y muchas veces, impulsivo y doloroso. Pero al final, necesario en su inevitabilidad histórica; si una ha de resurgir de las cenizas, necesita alas para volar.

Así, pues, creo que nuestros escritos cumplen una verdadera función terapéutica, en la medida en que nos permiten rehacer y volver a vivenciar eventos y emociones del pasado y con ello ayudar, a través de la reactivación de la memoria de nuestra historia personal y colectiva, a la rearticulación de los distintos elementos del trauma que queremos tratar de superar.

Es decir, que se estaría en presencia de una especie de auto cura a través del hablar, y /o del escribir, en el acto de forzarse a pensar para sí y en sí, y si es posible (d)escribir ese dolor. Pero con eso solo, claro está  – y como ocurriría con cualquier otra técnica terapéutica – no se concluye el proceso de recuperación. Es decir, que se necesita también de alguien que nos escuche y / o que al menos, nos lea. O sea, que es preciso tener, como en el psicoanálisis, por ejemplo, una interlocutora o un interlocutor válida /o. No tanto para efectuar la trasferencia sino más vale para reflejarse integrándose en el otro, o la otra. Para tratar de adquirir conciencia de una misma en ese salirse de sí misma, de ese  pozo casi inagotable de desconfianza del prójimo, salirse digo con pasos de libélula de la identidad destrozada y rehacerla con la coherencia que exige quien nos escucha al leernos, pero que al mismo tiempo prefabrica nuestra nueva identidad con la identificación fragmentaria de aspectos de la suya. He ahí el centro de nuestro universo, desde ese ‘allí’ desde donde volamos por fin liberadas, como mariposas que mimetizan su ancianidad en el reencuentro con la nueva existencia. En la que, en mi caso, seré para siempre joven, inmadura y tan dispuesta al cambio, aunque o porque ya, por mi edad cronológica, me acerque cada vez más a la pampa de mi infancia en Argentina., en donde quisiera esparcirme al morir.

De modo que decíamos, es posible volver a ser, sentir lo nuevo que somos en lo viejo, sin despojarnos por ello de nuestro papel protagónico en lo que hicimos. Volver a ser, a pesar de todo lo que nos hicieron, en suma, pero sin por ello dejar de ser lo que fuimos. Este escribir nuestro es  también un retorno a aquellas primeras lecturas que nos proveyeron raíces multiculturales en la adolescencia, y nos constituyeron como sujetos pensantes e independientes.

Es un apresar este mundo que parece ser cada día menos nuestro. En mi caso, entonces, es regresar a la escritura existencialista a la Beavour, feminista a la Wolf, de viaje a la Tristán, y con ello retornar mas atrás, adentrándonos en la psiquis de nuestra madre a quien cargamos a cuesta en el brutal  momento de su muerte para hacerla volver: posEvitiana, posGardeliana, posJuana de Ibarburu, más Mistral, o una Storni. Más yo a la posPizarnik, y ciertamente, posCarlos Marx. Rosa Luxemburgo y Paulo Freire, pero hija siempre. Y a la memoria más pareja de nuestro padre, muerto en ausencia mía y con el gran vacío dejado por mi exilio durante la última dictadura militar de Argentina (1976-1984. O sea, que mi canto es por supuesto el suyo, el de Martín Fierro y Una excursión a las Indios Ranqueles, el de la Desilusión de un Sacerdote y el desprecio a El hombre mediocre, a lo José Ingenieros y a lo Lisandro de la Torre, como nuestro ritmo es su tango, la milonga, su chacarera, el malambo, la zamba, todo lo que nos enseñara  a bailar cuando teníamos cuatro o cinco años. Las marchas de los circos de pueblo alrededor de la plaza, el olor de la alfalfa cortada, el girar de los girasoles marcando el paso del radioteatro de la hora de la siesta y yo conversando con las iguanas, alimentada por mis niñeras, que me llenaban la panza con mate amargo y los días de fiesta mi padre de nuevo con asado con cuero. Y mis perros y mi caballo, y las nutrias salvajes y los miles de vacas, muchas vacas con sus toros puestos y luego sus crías y los caranchos y las liebres y los zorrinos y las víboras yarará y los bagres sapo y los escorpiones, las vinchucas, los teros, tornasoles de un sol que se quedaba dormido sobre las vías del tren que regresaba de la gran ciudad, Rosario, en un atardecer de verano caminado. Y pan para la mano hambrienta, vino y agua para el sediento, derechos igualitarios  para las mujeres y hombres de trabajo de la ciudad y el campo… Y volver, volver, volver, que sesenta años no es nada, que febril la memoria os guarda y os nombra. Volver a casa. Por fin, volver.

Es que siendo nosotras todos frutos de determinados discursos históricamente determinados, y muchas veces objetos y casi nunca sujetos de prácticas discursivas debido al carácter autoritario de (casi) todas las ideologías políticas imperantes, nos reconstruimos a conciencia o no, pero a partir de nuestros escritos, como hacedoras de nuestra nueva práctica discursiva a la que nos habilita la memoria y las responsabilidades emanadas de nuestra situación de mujeres y condición de ex revolucionarias. Y esto es en sí mismo una función que algunas como feministas antiguas nos hemos propuesto realizar; o sea, auto evaluar y asumir nuestro nuevo rol social. Roles sociales que son tan variados y numerosos como casos hay de mujeres u hombres sobrevivientes que viven / escriben basándose en su traumático pasado. Nos cabe a algunas en cuanto mujeres, actuar reactuando nuestro pasado a través de nuestra propia experiencia de científicas y hacerlo en el seno de asociaciones nacionales, regionales e internacionales en las que interactuamos para ampliar el poder de nuestro discurso (Zabaleta: 2000) por decisión colectiva,3 pero esencialmente preservando y ampliando en  todas las áreas de nuestro diario vivir nuestra total independencia, única garantía real del ejercicio prístino de la libertad – aun condicionada como está por las limitaciones implícitas del modo de producción dominante.

De las narradoras  y sus estilos ¿un nuevo género o necesidad de un nuevo canon?

Así entonces, estoy de acuerdo con otras autoras en cuanto creo que debemos referirnos a esta nueva forma de escribir como si fuera un nuevo estilo, literario o no, en un sentido amplio, pues se trata como se he dicho, de textos con formas confesionales, de diarios, auto ficciones, autobiografía, o lo que fuese; pero todas modalidades, en suma, de escritura básicamente para sí, en que la autora procura dar a su narrativa la forma pública de un testimonio y al mismo tiempo comprenderse en su propia auto revelación, para establecerse frente al mundo y en el mundo con un nuevo sentido de agencia, y al hacerlo ayudarse a desenterrar, y forzarse a desmadejar un ovillo de temas que le interesan a ella misma ‘qua woman’, por cuanto implican valorizar su subjetividad como hembra. Estoy de acuerdo, por tanto, con los hallazgos pioneros de Suzette A. Henke en materia de lectura de escritos de mujeres. Y ellos me han estimulado a construir mi propia interpretación que aquí brindo. Al hacerlo no sólo me inmerso en la cuna proporcionada por mis congéneres desde los años ochenta en adelante, sino que como tantas otras me convierto en una narradora más, remo a la proa en busca de un nuevo paraíso en donde no aspiro a compartir manzanas mágicas con ningún hombre desnudo sino más bien con mi conciencia. Es decir, creo con Suzette (Henke: 2000) que procuramos reinscribir nuestro derecho al deseo femenino en el marco de los textos prescriptos por la cultura patriarcal tradicional.

En un punto, al celebrar nuestra propia manera de decir y nuestra propia manera de experimentarnos en cuanto frutas maduradas que somos en sociedades muy machistas, me permito disentir con Henke. O dicho de otro modo, vía la antivalidación de parte de una propuesta suya de la cual de todas maneras en términos generales como he dicho partí, para ofrecer las ideas abigarradas en este artículo como en chaleco de fuerza. Yo creo que este artículo me ha servido  como plataforma de algo que me parece que es igual en lo diferente. Me explico. Henke afirma haber dejado a propósito afuera de su fascinante estudio acerca del valor terapéutico de la escritura de vida de las mujeres que sufren de síndromes postraumáticos, la experiencia de las víctimas del holocausto por tratarse, nos dice, de ejemplos provenientes de un contexto histórico muy especifico. Pues bien: en lo que sigo yo me propongo en cambio, aunque ciertamente con la debida cautela, dar un anticipo de una investigación más amplia, en la que me oriento a tratar de demostrar que al mostrarnos a nosotras mismas como víctimas del terrorismo estatal, estamos de alguna manera tratando de decir (nos) que esas nuestras experiencias traumáticas producto de ese tipo de terrorismo, el de estado, tienen efectos similares y ocasionan sin duda síndromes post traumáticos casi idénticos a los que ella, Henke, describe en las autoras que analiza, que son mujeres narradoras que han sido víctimas de incesto, violación, etc, tales como Collette, Anais Nain, por ejemplo. O sea, de formas habituales del terrorismo doméstico.4

Pero nosotras, a diferencia de las autoras de Henke, no necesariamente somos escritoras de ficción. Más vale, escribimos como mujeres ex revolucionarias víctimas de prácticas extremas y diversificadas por género, raza y sexualidad, de los aparatos represivos del estado en que se apoyaran las corporaciones multinacionales para expandir la acumulación de capital en los países de la periferia  en la etapa salvaje del capitalismo industrial, financiándose con la extracción de la deuda privada y pública, que ahora asfixia a las debilitadas economías nacionales de nuestros países. Y sin duda que sufrimos de stress postraumático y que conciente o inconscientemente, queremos curarnos. He tomado esta línea interpretativa, que en esta oportunidad no aplicaré a los escritos de autoras ideológicamente más cercanas a la izquierda tradicional. La hubiera hecho extensiva a su obra y a la de hombres sobrevivientes que escriben sobre su vida, de haber podido tener acceso también a sus escritos, tarea que espero cumplir con posterioridad.5

Los textos, que habré prácticamente casi sólo mencionar, han sido producidos, pues, solamente por mujeres que fueron brutalizadas por las últimas dictaduras del Cono Sur, y que lo fueron por haber sido militantes (o a veces sólo simpatizantes, y en un caso inclusive sólo pariente de una persona militante) de movimientos o partidos de la izquierda revolucionaria durante las dictaduras de Uruguay, Brasil, Chile y Argentina. de los setenta.

Desde la novela, la poesía, el ensayo, el hilo argumental de un documental, una obra de teatro, hasta el diario que apoya a memorias de estilo pseudo ficcional unas veces, o ’factional’ otras, pasando por cartas y emails, son éstos textos que funcionan como verdaderos mecanismos de sobre vivencia, a mi juicio, de manera similar a los escritos de vida de otras mujeres sobrevivientes de violencia doméstica o institucional analizados por Suzette A. Henke, como he dicho. Estamos entonces enfrentando ejercicios del derecho a volver a vivir, y por tanto ante escrituras que  cumplen también con el rol de comunicarnos con la utopía. Y operan por ello también como manera de desafiar a la desesperanza y evitar a veces su forma más extrema, el suicidio.

A solas con el Trauma

¿Cómo recordamos nosotras mismas nuestra experiencia?, eso es hablar de una cosa. Pero lo que qué dicen, o qué no se dice, acerca de nosotras, eso es otra cosa. Y concibo a la nuestra como una manera de militar en la vida como obreras que somos del futuro, y por eso a nuestro género / estilo  le llamo la literatura de los pasos hablados. Y esto es así, porque nuestras palabras son como pasos, y nuestras emociones se insinúan como si quisieran a veces ser como puentes desde la muerte a la vida, desde el odio al amor, desde el miedo al dolor, desde la culpa al renacer, nuestras palabras son ecos del pasado pero pretenden ser ladrillos de un futuro, son cemento de los castillos que ya habitamos pero en donde todavía cabe muy poco la explicitación del gozo de nuestros semejantes como deseo. Nuestro pasaje del grito a la sonrisa.y de allí al grito de placer.

Pero nosotras: ¿quiénes somos nosotras? ¿Cuántas somos? ¿Dónde estamos? ¿Y por qué, y qué fuimos? ¿Y qué puesto tuvimos – o no tuvimos- en nuestras organizaciones políticas? ¿Y qué hacemos, y adónde estamos treinta o más años después? Y por qué todavía no escribimos nada cerca de nuestra sexualidad. Ni de la ajena. ¿Y no será por eso que no vendemos? ¿Quién (es), y/o por qué nos sigue(n) excluyendo? ¿O no, no se nos excluye?  Nosotras, ¿no seremos apenas las (no) excluidas, sino las incluidas que no estamos, aunque vivimos, como esos monstruos sin caras y esos cuerpos sin cabeza y esos gritos persistentes ese para no dormir silencio en medio de la noche que nos reclaman?

Y como ayer reclamábamos que se legitimara la lucha de clases para hacer posible nuestra emancipación y liberación para poder transformarnos en personas, hoy sabemos ya que la etapa de los 1960 y los 1970 debe quedar atrás. O sea, que perdimos batallas importantes en frentes tales como los de Guatemala, República Dominicana, en México, en Brasil, en Perú, en Bolivia, en El Salvador, en Chile, en Uruguay y en Argentina. Y aprendimos mucho de lo que pasó en Nicaragua, y en Paraguay. Y comprendimos de lo que le pasó a la Revolución en la Habana. Y qué en Colombia, ¿y en Venezuela? … Pero los pueblos siguen estando cargados de futuro. Uno que podría ser más justo. Para todas y todos. Por cierto lo seguimos deseando.

Un porcentaje de nosotras, especialmente en Brasil y Argentina, ya era feminista cuando militábamos en movimientos y partidos de izquierda hostiles, ignorantes y / o ciegos a la problemática específica de los géneros sociales y de las razas, feministas, y aunque estuviéramos muy alertas acerca de las experiencias internacionales tales como las de Rusia, China y Vietnam, adonde el proyecto revolucionario original al que tan definitivamente contribuyeron nuestras congéneres, no había redituado los cambios a los que aspirábamos, tampoco ‘de eso’se hablaba oficialmente en nuestras organizaciones. La inmensa mayoría de nuestras compañeras y compañeros consideraba a mis preocupaciones ‘cosas de mujeres’. No obstante eso, o por eso, el vacío nos condujo a buscar nuestras propias formas de organización y acción. Por ejemplo, en Chile apelamos a crear un grupo feminista con apoyo en las masas, al que llamamos Frente de Mujeres Revolucionarias del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria). Este se forjó en foros vespertinos en las cabinas y se extendió a la práctica extra mural universitaria de la Universidad de Concepción y zonas de nuestra influencia hasta mas allá de Temuco por el Sur y el valle de Chile Central por el Norte (durante las vacaciones de verano), y como ya me he referido someramente a lo que hacíamos entonces en cuanto mujeres militantes, a ello me remito (Zabaleta: 1997)

Claro está que las nuestras constituyen sistematizaciones fragmentadas, parciales, normalmente no publicadas por miedo, y me animaría a afirmar que también bastante sesgadas. Porque nuestra memoria es muy selectiva. Yo prefiero acordarme de lo que construimos, de lo que logramos, de la alegría que todo lo circundaba, cuando partíamos casi de la nada, moviéndonos entre el no ser y lo infinito. No había en Cuba ni en Argentina ni en Uruguay ni en Brasil, ni sabemos si en alguna otra parte, teoría marxista alguna que se pudiera aprovechar en todo o en parte para nuestro trabajo como mujeres concientes de la opresión de serlo; no había práctica a la cual valiera la pena imitar; como no había tampoco ni héroes ni heroínas que hubieran sabido combinar la teoría revolucionaria con los muchos conflictos ínter genéricos e intra genéricos que la prerrevolución ponía al rojo vivo, y ciertamente en Chile se vivía intensamente pero a ciegas en varias materias – no sólo en esta – durante el período en que gobernara la coalición de siete partidos/ movimientos de la izquierda (Unidad Popular, 1970-1973). No existía, en suma, sino por excepción, una búsqueda sistemática, sostenida, abierta y valiente de una comprensión nueva de la relación mujer-hombre, ni en la teoría ni en la práctica, ni siquiera en los espacios terapéuticos o confesionales, o sea, ni siquiera entre quienes se habían entrenado como terapeutas, sacerdotes o monjas, o visitadoras sociales, etc., que ayudara a aliviar el conflicto y resolverlo de nueva forma a nivel individual.

Ni del mero derecho al aborto por supuesto se hablaba casi, y cuando se lo hacía era en círculos universitarios muy reducidos, que yo sepa, y/ o en el costoso ámbito de la práctica comercial e ilegal, aunque los embarazos fueran secretos a voces que refirmaban el tradicional machismo de hombres y muchas mujeres de Chile. La práctica de interrupción forzada del embarazo no deseado alcanzaba – como el alcoholismo y la violencia doméstica de los que iban firmemente de la mano – proporciones endémicas. La práctica abortiva ilegal ya había sido denunciada con carácter dramático por cineastas mujeres mexicanas del Cine Nuevo, pero no se filtraba en las plataformas políticas de Chile, ni mucho en ninguna parte, salvo en Cuba, aunque fuera la práctica anticonceptiva mejor conocida y tal vez más usada por las mujeres más pobres entre los pobres de la ciudad y el campo. Si un dirigente obrero de una mina de carbón, digamos, le pegaba a su mujer de manera reiterada porque era alcohólico y machista, en el partido eso se callaba, pues eso era ‘cosa de hombres’, se me repetía…

Tampoco se hablaba sino que para ironizar y usando vocablos del más vulgar estereotipo, o ‘en chiste’de un pésimo mal gusto, del lesbianismo y de la homosexualidad o cualquier otra conducta genérica en materia sexual que difiriera de la heterosexual, así como tampoco se discutían en grupo los actos de acoso y abuso sexual y / o racista frecuentes en nuestras propias filas, aunque los libros de Fanon traducidos al castellano fueran parte de nuestro ABC político-cultural y la editorial del estado Quimantú hubiera producido un pequeño libro adonde se mencionaba el número de violaciones sufridas en un año en Chile, que creo que habían sido en 1973 alrededor de 400.6 Una voz en el desierto. Se necesitaba una revolución orientada por el partido del bloque histórico obrero-campesino para que cambiara automáticamente la posición de la mujer en la sociedad capitalista, se nos había explicado, desde Trotsky y Lenin pasando por Engels y repetido en adelante a secas.

Pero el milagro no se alcanzó a producir, ni en Chile ni en ninguna parte. No se denunciaban las violaciones ni el adulterio practicado por compañeros / as del partido, porque regía como sabemos, una moral sospechosamente conocida. La de los dobles estándares. Podría estar dando la impresión, a quién piensa hoy en términos de raza, de género y de sexualidad, que la izquierda de nuestro entonces era aburguesada ¿Y no sería bastante cierto? Las prácticas sociales aludidas bajo el modelo económico neoliberal con predominio de capitales corporativos multinacionales han acentuado después aun más todavía las lacras sociales aludidas en todos los países de América Latina, en donde y por si fuera poco, sigue además creciendo el ataque del SIDA.

Por eso nuestra lucha continúa

Porque para quienes asumimos la lucha de clases en cuanto mujeres, con una concepción marxista de la marcha de la historia, y con una perspectiva feminista para comprender nuestra discriminada posición a través de los siglos y de las ideologías, ayer como hoy, para hacer nuestra historia no tenemos modelos ni roles, no tenemos más que la voluntad de avanzar luchando. Haciendo puente al andar.

Y esa lucha sabemos ahora que continuará tal vez por siglos. Pues están muy lejos, lejísimo, las metas estratégicas que nos propusimos alcanzar. Pero mientras otras y otros crecientemente nos toman a las mujeres latinoamericanas como objeto de sus investigaciones desde 1970 en más, tanto en las Américas como en Europa, en cada nueva década surgimos no obstante con voces propias y habemos más y más latinas que somos el centro de nuestra propia búsqueda científica o artística, o bien de ambas. Más y más trabajamos todas en común, a pesar de las suspicacias lógicas derivadas de choques culturales, conscientes de la perentoria necesidad de aunar fuerzas y del respeto por la diversidad; y nuevas tecnologías como el Internet nos permiten intercambiar puntos de vista surgidos de experiencias de ser mujer en distintas sociedades, varias veces al día, cada día. En suma: somos más. Y todo esto es cada vez más parte substantiva de nuestra militancia feminista de mujeres  de izquierda.

Son las nuestras voces que aun muchas veces atrapadas en la propia autocensura por los constituyentes que estructuran la subordinación genérica, o que son ignoradas, distorsionadas o ridiculizadas, por las personas de ambos sexos y por las instituciones que preservan todos los privilegios sociales; las que aun atrapadas, repito, en la historia secular de la impotencia surgida de nuestra inserción desfavorable en relaciones de género, raza y sexualidad profundamente discriminatorias, tratan de hablar con más fuerza. Y muchas veces detrás de esas voces está la escuela que nos forjara como aguerridas militantes…la irremplazable experiencia que culminó en el trauma.

Y aquí sí que el número se reduce drásticamente. No tanto porque las mujeres no hayamos contribuido en calidad y cantidad -aunque tal vez de manera distinta y más difícil por ello de evaluar-, tan substantivamente como los hombres a los proyectos de cambio impulsados por nuestros partidos, sino porque varios miles de nuestras voces fueron sesgadas por la desaparición, el asesinato, la prisión, el exilio, la locura, el miedo, la frustración. Pero otras quedamos, que escribimos y / o hablamos, como Rigoberta y Domitila. Plasmamos nuestro recuerdo en el quehacer de una memoria que nos honra; leemos, escribimos y colectamos :poemas, cuentos, cartas, emails, autobiografías, documentales, fotografías, agendas, librerías, bibliotecas, cursos, radios, encuentros, paneles, ponencias , artículos, panfletos, revistas, paginas de Internet, libros, o lo que sea.

Nosotras nos construimos así la ilusión de una vida mejor. Tanto como ayudamos a construir la de nuestras hijas e hijos, amigas y amigos y colegas, y a despecho de toda la sombra que nos echara encima tanta persecución arbitraria, tanta crueldad, tanta indiferencia, tanto odio y tanto horror. Por eso tal vez no nos entienden muy bien quienes gustan de simplificar los fenómenos y nos encasillan como meras madristras; aun cuando no tenemos vergüenza de ser también madres, muy amantes madres si hemos decidido tener descendencia. No somos madres ni todas marianistas   simplemente porque lo fuera la Virgen María, o por el hobby de usar los derechos reproductivos. Si no más bien porque nos gusta plasmar la historia con los brazos abiertos, sembrados de libros y amapola s azules, rojos y amarillas, florecidas s y con banderas de colores de amor y muerte, y no como los colores de la firma Benetton que reducen a nuestros pueblos nativos a la extrema pobreza con su compra en gran escala y a precios de liquidación del patrimonio indígena de la Patagonia argentina (950.000 Has.). Ayer lo defendimos con banderas, poemas y fusiles y hoy lo seguimos haciendo con campanas sonando al porvenir, al viento como los cantos de palomas con angustias de paz, haciendo del Internet una nueva arma de futuro y de nuestro cansancio un silencio aborrecido. Con rencor a la muerte prematura, sin consuelo por la muerte de inocentes. Sin perdonar, sin olvidar. Porque amamos la vida. Tuvimos derecho al fusil, como tuvimos derecho al goce libre de nuestro propio cuerpo. Y si nada de todo eso nos fue dado, sino que debimos arrebatarlo, pagamos más encima muy alto el precio de perderlo todo. Y con el descuartizamiento de nuestra psiquis y el dolor extremo del cuerpo.

No desarrollamos por ello desprecio a todos los hombres, ni nos movemos simplemente por primitivos instintos de venganza contra ellos. Ni despreciamos a todos los compañeros, colegas, amigos, hijos, hermanos, solo porque son hombres. No definitivamente a los recuperables, por lo menos. Los quisimos, trabajamos con ellos, gestamos con ellos y con y por ellos y ellas, amamos. Y si entre brisas de retama se asoman los no-me-olvides de la primavera inglesa que inunda los patios y colma de olor mi ventana, ese es el mismo cielo que silencia las brumas de donde sopla el viento desde el mar chileno, el sol que duerme sobre la costra salitrera, cobre y cielo, poncho y azada, trutruca y escoba, media agua levantada en las noches sin sueño, fábricas tomadas en la oscuridad para dar pan al sediento y poner platos en las mesas de los más pobres libros en las manos iletradas cuecas en el corazón y en las piernas ritmo, y así como lo vivimos, así vamos reviviendo, escribiendo lo que nos dicta una memoria abierta, tierna, generosa .Nuestra veces trágica, irrepetible, por eso querida memoria nuestra. Marta Vasallo, hoy muy destacada periodista en El Dipló de Buenos Aires, según Bayer, en las horas de la ignominia se aferraba a los poemas que sabía de memoria. Estuvo en el Club Atlético: “Estábamos con los ojos vendados tiradas en el suelo, en boxes diferentes, esperando que vinieran a buscarnos, escuchando cómo se llevaban y traían a otros, y los gritos de los torturados’.7 Así son las artistas.

Voces revolucionarias del Sur

‘…en mi cuarto quedó el sol

y una sonrisa de papel…’

Pipo Pescador, 1975

3 noviembre 1976, Parque Palermo, Buenos Aires

Quedé casi sin respiración. Y de nuevo miré hacia atrás, con mucho mayor aprehensión esta vez. Es que desde el asiento delantero de un auto desconocido, trataba de adivinar cuál sería el destino final del patito de mi hija Yanina en la Argentina. Lo habíamos dejado solo y librado al azar en la ciudad del terror. Me sentía muy culpable. Me sentía un torturador.

El animalito, sin embargo, caminaba muy rápidamente, casi como de costado. Tendría tal vez una ligera pizca de miedo, pero lo disimulaba asumiendo un aire casi aristocrático, como si desafiara al abandono con ofendido decoro. Al mismo tiempo, parecía como que se le hubieran alargado las patitas. Que a sus alas amarillas con plumitas negras le hubieran crecido otras alas para impulsarlo más rápidamente hacia el lago. Patito estaba, en suma, encarando con coraje y con todo su cuerpo y gran expectación, la libertad. El futuro le daría miedo, sin duda, pero al mismo tiempo, le atraía como un imán.

Patito era, para su suerte, joven y soltero, y aunque nunca supimos de verdad cual era su sexo, le asumimos macho. Nobleza obliga: en el mundo latino respetamos la tradición patriarcal de nuestros antepasados como si fuera algo intrínseco a la condición humana. O natural. Por eso, en una sociedad tan machista como la argentina, este pato tenía sobre mí a su favor ciertos atributos que eran de suyos relevantes para la construcción de la nueva cultura que se estaba imponiendo en el país a resultado de El Proceso, liderado como era por los Superpadres. O sea, por machos al cubo, como diría Sábato (Zabaleta: 1998)

Así pues. Después de la cotidiana valla impuesta por la consabida pregunta con que cualquier extraña se tropieza al apenas abrir la boca aquí, o sea: ‘Where do you come from?’- lo que de ahí en más le hace sentir a una que puede compartir este terreno (ajeno) pero hasta por ahí nomás, dado que los nativos de esta isla pueden ser, como ellos se creen, generosos, magnánimos, amables y compasivos, pero siempre que se acepte, que quede bien en claro, que una refugiada argentina / chilena estará aquí de una vez y para siempre en un estanque ajeno. ¿‘Albión perfidious’, como decía el escocés Donald MacKaskill? O sea, que al arribar al exilio lo primero que automáticamente me hicieron sentir fue que para los seres humanos nativos yo era apenas una sapa de otro charco.

Pero ¿qué era en cambio lo que nos ofrecía para readecuarnos a la nueva etapa la ideología de la izquierda cuando llegamos al exilio? ¿Y qué lo que habíamos aprendido de nuestra entrega por amor a la revolución, las mujeres que militábamos en los partidos y grupos de la izquierda?

La mujer conscientizada y el tratamiento de las diferencia

‘Sí, las madres salimos y gritamos y hablamos y protestamos. Y los padres más concentrados, a los 5 años fueron muriendo casi todos. De cáncer o de ataque al corazón. Lamentablemente somos casi todas viudas las Madres’.

Hebe Bonafini, junio 2004

Duelo interno que a mí solamente me produce dolores de estómago, pero que a mujeres más calladas y más discriminadas en Europa que yo (por no ser ‘tan’ blancas), las ha matado prematuramente de cáncer estomacal como a Marta Fuentes, mi amiga, colega y compañera exilada en Holanda. A mí – a quien a diferencia suya aquí en Europa al menos no me tratan como si fuera una ‘mujer de color’- los recuerdos no me producen por ahora sino vómitos o diarreas de sangre y sólo de tanto en tanto. No sufro dolores como Consuelo Rivera-Fuentes (Rivera Fuentes y Burke: 2001), a quien una enfermedad desconocida pero que yo creo que es consecuencia directa de las brutales torturas que ha sufrido ella en Chile, la ataca aun ahora con terribles dolores, aunque de eso no se escriba. Y no hay mejor prueba de esos dolores – que para ella son ‘cosa de todos los días’- que sus tan sentidos, brillantes cuentos, como aquel con que ganó el primer Premio de la Competencia Letras Lejanas (Díaz  Vallejos: 2002)

Se trata pues, en la mayoría de los casos, de una lucha muy desigual, que a Nora Strejilevich, cuyo único hermano Gerardo está desaparecido en Argentina, y cuyos padres murieron como resultado de tanto dolor, la impulsa a viajar varios miles de miles de kilómetros por año para denunciar permanentemente los crímenes de las dictaduras. Y a escribir:

‘Lanzo mi nombre con pulmones con estómago con el último nervio con piernas con brazos

con furia. Mi nombre se agita salvaje a punto de ser vencido. Los domadores me ordenan saltar del trampolín al vacío. Me empujan. Aterrizo en el piso de un auto. Lluvia de golpes: este por gritar en judío este por patearnos Y otro más.-Judía de mierda, vamos a hacer jabón con vos. Soy un juguete para romper. Pisa pisuela, color de ciruela.’ ( Strejilevich, 2002:179)

Es la misma fuerza argumentativa, la misma sabiduría que impulsa a la periodista Gladys Díaz (Díaz: 1979), la gran dirigente gremial chilena del FTR (Frente de Trabajadores Revolucionarios) del MIR, a explicar por que magnificamos la ‘imagen grandota’ que solemos internalizar de nuestros monstruosos torturadores. Y a Carmencita Castillo Velazco a entrevistarlos y enfrentarlos y testimoniar en un excelente documental (Castillo Velazco: 1992) esas atrocidades, y a la Flaca Alejandra, la ex jovencita mirista luego bestializada en prisión, a recontar la confusión política y moral que la llevó a trabajar para la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional).

O es la convicción dolorida que impulsara a Carmen Rojas que a diferencia de ella no se quebró, a escribir sus viajes a la tortura para ayudar con ello, afirma, a la ‘recreación de una alternativa real de liberación’:

‘A ver flaca concha de tu madre, ahora sí que no te vai a hacer más la blanca paloma. Vai a cantar al tiro nomás, huevona, o te vai a ir cortá como la Lumi 8.Era el Romo, maloliente y furioso, que me venía a buscar para llevarme al interrogatorio’. (Rojas: 23)

De repente, cuando te leía, sentada en el ‘Jardín de Las delicias’ como le llaman los poetas al bello patio de Joan Lindgren en la ciudad de San Diego, comprendí a través de tus palabras, Carmen Rojas, que mi propio pasaje por las mazmorras chilenas no merecía más palabras. Para eso habías escrito tú por todas, y allí estabas con Muriel, y el Trosko Fuentes, esperándome en Villa Grimaldi, y como bien tú lo explicas Carmen, se trata mas vale de vivir:

‘Se trata de ir recopilando y conservando los testimonios… para resguardar todo un proceso político vivido y luchando activa y consecuentemente, en los momentos más duros, de la historia de este país’. Creo como Carmen que es urgente hacerlo, y hacerlo ‘no como un archivo – museo para sacralizar principios y almacenar historias, sino como el rescate de una experiencia viva que debe servir y aportar al fortalecimiento y recreación de una alternativa real de liberación’. 9

Lo que a Orinda Ojeda la llevó a buscar editorial para sus memorias de diez años de cárcel bajo la dictadura chilena.10 Y a Alicia Partnoy a buscar el auxilio de Amnesty Internacional para certificar su material escrito entre rejas y seguir con el resto. (Partnoy: 1986, 1992). Lo mismo que antes a Carmencita (Castillo Velazco: 1980) la había llevado durante su exilio en París a escribir Un jour d’Octobre à Santiago, y así recomponer el asesinato de Miguel Enríquez, Secretario General del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), y el rompecabezas de su amor por un hombre del que estaba embarazada, de su amor por la justicia y por la revolución.

Es aquello que Flávia Schilling recopiló en sus ocho años de cartas desde la prisión en Uruguay. Escritura la nuestra que aun no encuentra un mercado amplio ¿y no será también por falta de interés del gran público en los problemas específicos de las mujeres torturadas por funcionarios /as del estado, a pesar de la similaridad de los síndromes que esto produce con los que ocasiona las múltiples de coerción sexual dentro del área doméstica, lo que pareciera ser mucho más promovida ahora por la industria de lo prensa amarilla?

¿Será la experiencia sufrida en Chile lo que motivara a Mónica Escudero (Escudero: 2002) a reflexionar lúcidamente acerca de la situación realmente existente de las mujeres cubanas después, y a pesar, de la Revolución Cubana? O la intención es más vale darle una voz a la mujer que hombro a hombro con el sexo masculino protagonizó una de las páginas más bellas y trágicas de la historia reciente de Brasil: la resistencia armada en las décadas de los 1960 y 1970 (Ribeiro de Lima: 2000). Es todo, en suma, es esto y eso y es aquello, aquello que a aquel otro gran ejemplo para todas, la gran organizadora de la Tercera Edad en Londres, Ana María Navarrete, no le permite a veces seguir hablando de su hija mayor, una joven alumna de mi curso de Economía Política I a la quise y cuidé en mi casa de Concepción como a una hija, mi joven amiga desaparecida en 1974. Muriel Dockendorff; mientras que su otra hija, Berenice, también salvajemente torturada en Chile, fue dejada en libertad y es pintora, y la madre del pintor chileno disválido a raíz de las torturas infligidas a su madre en prisión Federico Hidalgo. Porque hay veces en que el dolor que la conversación produce nos cierra la garganta. Como le ocurre a Laura Bonaparte, cuando habla de sus nueve desaparecidos y desaparecidas. Y que lo explica así (Laura Bonaparte: 2202):

“Es probable que el segundo paso de la pesadilla, de lo monstruoso que es el secuestro genocida de hijas e hijos y seguida de la negación a entregarnos sus cuerpos, como forma enloquecedora de borrar la realidad de la parición, de la inscripción de sus nombres en los diferentes documentos, laicos y religiosos, presentados, reproducidos hasta el cansancio en los testimonios, remarcado por el borramiento genocida en la palabra ´des-a-parición´, ´desparidos´. La palabra se hace imagen y ambas invocan. Imagen multiplicada, símbolo que limita y a la vez universaliza. Poner en el Teatro estos episodios es poner en una relación especular, desdoblamientos de sentires profundos y pocas veces reconocidos. Qué es el teatro, sino un largo monólogo hablado por diferentes voces. Y esa relación especular, que solo el arte produce, donde las actrices juegan a ser cada una la imagen callada de las personas que formamos el público en una intimidad privadísima, personal y colectiva al mismo tiempo. Las tres actrices se transforman en modelo de relación pasional. Despojadas de pudores muestran la realidad del deseo del ser humano: el infierno. Y es por esto y por ser el arte una expresión sobrenatural, impredecible, todo creatividad, espíritu libre, aquello que es creado y animado es que el arte pacifica. Que aminora los odios, los extremos, civiliza.”

Laura que, al igual que casi todas las otras autoras citadas aquí, también se asiló por los largos ocho años de la dictadura y que escribe sobre recuerdos de su vida; cuentos para su galería de las malas mujeres, las transgresoras. También más y más lo hace basándose en su propia vida la médica psiquiatra Clelia Myriam Garbulsky, expulsada de su cargo de la Universidad de Concepción el 11 de septiembre de1973 y luego repatriada a Argentina el 5 de octubre de 1973, salida de un campo de detención de la dictadura, en donde estaba condenada a muerte.

Resulta, eso sí, que a veces una como que se cansa de ser víctima, o de que se nos piense y se nos trate aquí en el otro mundo sólo como víctimas. O ‘survivor’. Yo no solo sobrevivo, porque también trato de vivir y estoy en el mundo para amar y ser amada y para auto amarme. Y eso creo que eso es mucho más que una mera sobre vivencia  Y por eso escribo y camino con la poesía. O leo que otra escritora rosarina, profusa autora, Alicia Kosameh recuerda como:

‘Juliana, de desplegados dulces ojos color d e cielo, había llegado con otras sesenta y nueve, entre ellas yo, a la cárcel de Villa Devoto, cómodamente emplazada en el barrio del mismo nombre de la ciudad de Buenos Aires. Había sido engrillada, de la misma manera que el resto, a la plataforma sin asientos del avión militar en el que se realizó el traslado desde el sótano de la jefatura de Rosario. Había sido desnudada para una sorprendente revisada médica al ser ingresada a la nueva cárcel, como todas las demás. Y había sido asignada al mismo pabellón que otras veintinueve, entre ellas, yo. Todo eso después de haber pasado por las manos de los torturadores de rigor que intentaron obtener de ella la información característica sobre sus actividades políticas, y las de quienes más, siempre valiéndose, ellos, de los métodos no necesariamente infalibles de la picana eléctrica, los golpes sabiamente distribuidos por las zonas sensibles del cuerpo. Y las violaciones en cadena. Cositas .Esto para decirlo rapidito, para dar cuenta del contexto’…’Y recuerdo el momento, recuerdo el momento, sus huecos’. (Kosameh: 2000: 96)

La lorita iletrada

El exilio me convirtió automáticamente otra vez, pero ahora primero que ninguna otra cosa  a los ojos de los habitantes aborígenes del Reino Unido, en esposa. Eso sería como un infierno para mí. Había subido a ese avión en que iba a Europa casi a la fuerza, una mujer de clase media, bien alimentada y blanca, muy calificada. Con el título ganado en buena ley cuando muy pequeña, de ‘Piquito de Oro’. O de ‘Jesús Memoria’, también dado por mi papá. ¿Sería que el ‘Juan Gaviota’ no estaba en sus estanterías? La lorita hablaba hasta por los codos, y ganaba casi todas las lides de la palabra. Con el tiempo y con los diplomas, fue hasta capaz de discutir en términos ‘legales’, por ejemplo, con altos oficiales golpistas del Ejército Argentino, inéditos procesos de cómo hacer aparecer con vida a un desaparecido político ( el entonces su marido) en 1976, sentando con cada uno de esos expedientes nuevos precedentes prácticos.

“Larga vida a la cotorrita”, dijiste una vez, gauchito, y desde ese día trato de no amarte más que mucho, chinito requetelindo (aunque vos no me creas: ‘y tú lo sabes’). En 1976 el país estaba ya en estricto estado de sitio, como en 1943, 1955, 1962, 1966, y la legalidad había sido suspendida automáticamente con el ascenso de la nueva Junta de Gobierno de facto presidida por el General de Ejército, Videla. No podía saberse de antemano cuando escuchamos la noticia del golpe mientras tomábamos el desayuno y la oímos por la radio, que estaba yo predestinada a tener que empezar a actuar por la libertad con la misma mezcla de desparpajo, candidez y determinación que tipifica a casi todos mis actos, especialmente los más errados. Ese día esperamos a la nanita Silvia, le servimos desayuno, y en lugar de preparar a Yanina para ir a su guardería, ‘La escuelita’, le pedí a Alberto que fuéramos a comprarle ropa de invierno a la nena. Así lo hicimos. Solo una quincena después, yo ya estaba dedicada de tiempo completo a tratar de encontrar y devolver con vida el padre a mi hija.

En el aeropuerto de Heathrow el 16 de noviembre de 1976, adonde llegamos los tres  expulsados de Argentina, descubrí también a una nueva persona: a mi esposo, del que había estado involuntariamente separada por cerca de los ocho meses que pasó prisionero sin cargo de la dictadura, y del que no tenía noción clara de que hablaba tan bien en inglés. Ese mero hecho práctico selló mi nueva y odiosa dependencia genérica de él en el exilio. Por años fue él quien tuvo que hacerse cargo de las compras de la comida  porque yo no sabía expresarme en inglés, ni manejaba nuestro auto. Y eso no creo que lo hubiera hecho, precisamente, muy feliz. Porque siendo una pareja de revolucionarios,- tanto en Buenos Aires, como cuando vivíamos en Chile- de esas ‘pequeñeces’ y todas las demás pequeñeces domésticas me encargaba yo. Además de militar y trabajar también de tiempo completo en la Universidad de Concepción, yo participaba muy activamente en la administración popular de la JAP (Junta de Abastecimiento y Precios) del barrio, central de Concepción  en donde vivíamos (siendo esa aparentemente una de las razones por las que me iban a matar en Chile después del golpe, lo que no se dio porque la Chancillería de Argentina me repatrió a tiempo. Es decir, antes que llegara al estadio de fútbol convertido en campo de detención la maldita Cabalgata de la Muerte).11

Pato huérfano recién salido del cascarón en el campo, pero con un hermanita o hermanito (hembra o macho), lo llevaron a la ciudad. Allí pasó a una caja en donde esperó ser vendido, en las afueras de la estación de trenes de Retiro (ahora hecha famosa en el exterior por el film de Parker a la Madonna), y de allí pasó a estar en mi bolsa el día que compré a los dos patitos. Eran tan pequeños que cabían en mis manos. Parecían más bien huevos peludos con sus plumitas de un amarillo suave. Verlos me hizo olvidar del horror que había vivido esa misma tarde de sol dentro de las paredes del Palacio Presidencial. La famosa Casa Rosada, lugar del que Evita se convirtiera en vida en la única reina. Bueno, eso claro hasta que llegó la Madonna y convenció a Menem que le prestara el balcón para hacer la película, con lo que hasta el bello balcón quedó corrupto…

Esa tarde iba caminando cabizbaja hacia el tren interurbano que me llevaba a casa, adonde Silvia Ugalde y Yanina me esperaban. Yo me sentía un poco como ‘El Patito Feo’en uno de los poemas más tristes que leí en mi infancia. Había una vez una pata con siete patitos, todos amarillos menos uno que era negro y chiquito:

Todos los patitos se fueron a nadar

y el más chiquitito se quiso quedar.

La madre enojada le quiso pegar

Y el pobre patito ¡se puso a llorar!…

Patito malo, ya vas a ver / negrito y joven, qué vas a hacer…/Te llaman el clandestino/

por no tener papel /Pato vago, clandestino /Terrorista, clandestino./Manu Chao, terrorista…/ Y  para los blancos’ benditos’ / Bush y Blair candidatos al Novel.?!….(MZ).

Volvía a casa. Una nuevo día entero más haciendo gestiones agotadoras para que mi marido, que apareció finalmente en la prisión de Villa Devoto pero que había ya sido trasladado a la Alta Seguridad de la Plata, y nuestra hijita también extranjera, pudieran salir del país. Videla ya había firmado gracias a mis interminables presiones legales la orden de su expulsión, el 10 de agosto. Pero a nadie le interesaba hacerla efectiva, excepto a mí. Yo mientras tanto ya había empezado a ser interrogada sistemáticamente, como hoy, por él y en su despacho, Jefe de Información Política Secreta de la Presidencia, adscripta directamente al Ministerio del Interior. Al frente estaba de Ministro el hijo adoptivo de una de las mejores amigas de mi madre, el Gral. Harguindegui. Valga la diferencia. Dependía el alto oficial del Ejército que me interrogaba, según él, directamente del General Videla, el Jefe de la Junta Militar, pero informaba al General Harguindegui. No obstante,  nunca me sentí en familia…

Fue uno de eso días en que volvía de uno de los interrogatorios cuando los dos patos campesinos pasaron a convertirse en patitos burgueses: los vi y los compré cerca de la Estación Retiro. Yanina se enamoró de sus mascotas a primera vista. Uno era amarillito, el otro negrito. Ambos tenían ‘picos y alitas y patitas de pato’, comentó la nena, ‘como en el poema’.Unos meses después ya en el exilio, cuando Yanina con cuatro años y medio entró en la escuela primaria de Bearsden, en Escocia, el primer libro que le dieron a leer fue The Ugly Duckling. Así comencé a leer, ayudada por mi hija, en inglés no académico. Yanina tenía, como dije, cuatro años y medio, y había sido ya expulsada de dos países, igual que yo, que ya tenía cuarenta. Delicias de la necesidad de una rotación más rápida del capital.

Pero hoy es otro día. Hoy, en cambio, es cuando de pato burgués, doméstico, Patito pasará a convertirse en pato salvaje. Todo un Pato Nuevo. Eso lo insinuaba su cuello demasiado alargado y empujado hacia delante como para llegar más rápido a alguna parte segura. Así lo traté de entender yo, y fue como si me tomara un cocktail hecho de pena, alivio, tristeza que corta el pecho como un cuchillo y un sentimiento de gran culpa que no deja respirar, igual que cuando me soltaron del campo de concentración en Chile: lloraba para mis adentros por la repentina ruptura de Patito con las condiciones materiales de su anterior existencia de pato mascota, y por ende por él quiebre impuesto sobre su identidad que le había ayudado durante estos pocos meses a disimular su antigua condición de pato de la calle, tal vez hasta de conciencia proletaria. Reflexionaba así que volvería, que seríamos millones de patos salvajes. Volver… No sabía que perder (lo) todo era otra vez mi destino, ni aceptaba que ése su nuevo lugar reflejaba el futuro que me esperaba a mí. Que eso era el exilio.

Solo voy con mi pena /sola va mi condena/ Correr es mi destino /para burlar la ley / me dicen el clandestino / por no llevar papel / Hummmm ¿Por no llevar papel, Manu Chao?

Espejo lleno de luces y de muchas sombras sería mi encuentro con la civilización del otro lado del Atlántico: la Europa de mis antepasados maternos y paternos. Y yo pensaba que… pero la conductora del auto en que retornábamos al piso que alquilábamos en el barrio de Belgrano R, la Señora Vinelli, me hablaba muy nerviosamente mientras me tocaba el brazo. Supongo que ella tampoco habrá resistido demasiado bien la escena de la despedida de Patito, o mejor, de su abandono a su suerte patuna. Lo cierto es que me hablaba con un acento perentorio, lo que me obligó a dejar de mirar para atrás, y a despedirme sin palabras ni lágrimas de Patito. Como si estuviera muerto. Me sentí moralmente obligada a concentrarme en ella e hice un esfuerzo por escuchar y entender lo que me decía. No fue cosa fácil. Mi mente volaba ya en el limbo de una libertad en donde no sabía que sería una extraña, anónima y no tendría ningún status.

Pero ella me pareció que estaba molesta. Como el pato, e igualmente sin una necesidad obvia y aparente, giraba también ella el cuello hacia todos lados como en afán exagerado de abarcar todos los ángulos de ese enorme parque al mismo tiempo.Sabría ella acaso que ese espacio en el Siglo XIX estaba afuera de la ciudad, y que era allí adonde estaba ubicada la residencia de Juan Manuel de Rosas, el Restaurador, y que ahí posiblemente sus mazorqueros se llamaban así porque torturaban con una mazorca de maíz a sus opositores políticos?¿Tal vez sentiría también ella mucho miedo? Siempre existe en mí, desde más de dos meses antes del día del golpe en Chile, una persistente, no localizada sensación de terror, ese pulsar agitado del corazón, esas ganas de huir muy rápido sin saber ni por qué ni en qué dirección apenas escuchaba pasar aviones surcando el cielo, sobrevolando la ciudad en formación de combate. O cuando me acostaba a jugar a la siesta con la guagua, y escuchaba interminables ruidos de fogueo en dirección al cuartel local.

Esa convulsión de todos los órganos y de los senos frontales que se esmeran en no saber, en olvidarlo todo. De sentirse culpable de un crimen que no se ha cometido. Esos vómitos sin causa aparente. Esa sangre que primero hierve en las venas y luego me abandona por cada agujero disponible, a sobresaltos. Y finalmente ese mareo que lo borra todo. Y el lento retorno a la conciencia pero sin entender ya quien es una, que hace ese bebé en su falda, quien es la joven que llora rítmicamente porque la han penetrado con un perro, sin acordarse ni decir ningún nombre, ni saber ya ni el propio. Ni adonde se está. Nada. Amnesia. Bloqueo emocional, memoria perdida o fragmentada, espasmos, fiebre, transpiración y nunca lágrimas. Es que entonces no se necesitaba ni dormir para tener pesadillas: la vida era de suyo tan brutal. Es ese mismo miedo recurrente, agazapado, tan típico de cuando veo, siento, miro, leo, o pienso en un hecho de violencia. Cuando estoy casi treinta años después en el Reino Unido y este país entra otra vez en guerra, con Argentina, con Irak, con Afganistán,  cuando video toda la primera ocupación y guerra contra Irak para no olvidarme ni un detalle; cuando bombardean Kosovo tan salvajemente. Me siento como cuando era chica y en Argentina decretaban el estado de sitio y venían los apagones y se sentían las sirenas y los negocios cerraban, y las tortugas desfilaban por la calle mayor, y, en fin, horrendo si nos seguían por la escalera de la Facultad en Rosario a caballo, si lo que gobernaba era una Junta de las Fuerzas Armadas. Por eso es que nunca pude ver películas que hablen de la guerra atómica, ni puedo mirar noticias de muertes ni hecatombes naturales tan repetidas hoy día en la televisión. Ese miedo ha quedado para siempre como parte constitutiva de mí misma. Es el mismo miedo que ha paralizado a la población de Argentina desde 1976 hasta diciembre del 2001. Es el consenso por el terror que creó la dictadura del 1976 hasta 1984. Y la corrupción previa o posterior que sigue su curso todavía.

Así pues, y a pesar de toda mi experiencia de horrores, o tal vez por eso mismo – dado que llegué a Inglaterra como argentina y esposa de un refugiado chileno de los Naciones Unidas, y a pesar de tener apenas 39 años, habiendo sobrevivido ya varios golpes de estado y horribles dictaduras militares – el 16 de noviembre de 1976, cuando el Big Ben daba un cuarto para las cuatro de la tarde, me asomé desde la ventana del avión para ver Londres y sonreírle a sus árboles.

Pero para cuando nos dejaron salir del aeropuerto ya estaba oscuro como en Argentina a la medianoche. Sentada en las escaleras de la gran casona, ella miraba lejos, se encogía de hombros y decía: ‘Mañana será otro día’. Esa escena final de ‘Lo que el viento se llevó’ en súper Hollywood technicolor siempre la estimulaba a no desmayar. Y en situaciones como esa, se vuelve a recitar el Poema XXIV de Juan Gelman (Gelman, 1994: 55), y se lo envía con el primer viento fuerte que pasa al hombre que ella más ama:

‘amarte es esto

una palabra que está por decir /

un arbolito sin hojas

que da sombra / ‘

Las noches de las vaginas largas

Ese domingo que me invitaron a almorzar, cuando tenía ocho años, la familia de los Filipini, unos vecinos italianos de Bouquet que eran italianos, me contaron durante un almuerzo que la violación de las mujeres italianas era una de las armas de la guerra mundial y que a los hombres para hacerlos hablar en el ejercito de Mussolini les daban aceite de ricino caliente. Ese día me hice antifascista. Y ese verano, durante las vacaciones en la montaña, me dio por querer saber lo que era la tortura. Me comí, mientras mi mama jugaba a las cartas con otras veraneantes, todos los porotos de ricino.

Juré que si sobrevivía la purga que me había auto infligido me haría aún más antifascista. Y comencé a prestar cada vez mas atención al leer los diarios, pues aunque eso no lo había leído en los periódicos, trataba de entenderlos lo mejor posible desde que tenía unos seis años. Yo pensaba muy mal acerca de la guerra europea. Luego me enteré de que había habido un golpe. Era el 4 de junio de 1943 o 1944, y los tanques que salían en los diarios eran nuestros, no nazis. Pero los militares se parecían todos mucho. El GOU (Grupo de Oficiales Unidos) se había puesto al mando de la Revolución con un General del Ejército a la cabeza, y un ambicioso y promisorio oficial cincuentón y viudo se había hecho cargo del Ministerio de Bienestar Social, Juan Domingo Perón. ¿Y de los tanques de los nazis?, juré que iba a crecer y los iba a romper a todos con palabras. Desde entonces siento desprecio por eso señores que se alegraban de tener que usar uniforme y gorra para ir a trabajar. Una sensación que nunca me ha abandonado. No por casualidad, entonces, diez años después, ya había sido puesta presa por tres señores de uniforme. Y tenido mi primera práctica de sesiones de tortura. Corría el año 1954.Entonces vivía en San Nicolás.

Pero: ¿qué pensaría Patito que le pasaba a la gente en Buenos Aires en 1976? ¿De quienes  serían esos veinte, treinta, cuarenta cadáveres que decían en el Buenos Aires Herald que aparecían en el Río de la Plata casi todos los días? Como buen pato patriota, pensaría que todo era lindo en Buenos Aires. Desde la tumba de Evita hasta el Obelisco. Una vista típicamente argentina, como le dicen acá a los cuatro metros cuadrados que fotografían cuando van a Buenos Aires algunos papagayos de la TV local. Buenos Aires, Patito, ojalá haya sido para vos también nada más, ni nada menos, qué eso. Figuráte por un momento que tu dueño es un jugador de polo que juega con el príncipe y los parientes de Fergie. Pero andáte con cuidado, porque, ¿sabes, Patito? Aunque en la patria hasta los chicos muy pobres pueden llegar a ser campeones de fútbol, no por eso nunca pasan a ser propios Che. Ah, no, eso no, te diría la Reina Isabel. Juntos sí, pero no revueltos, ¿me entendés ahora? ¿Cómo que no? Vamos, che, ¿de qué te la tiras, boludo comunista? Mirá que te voy a romper el pico y te voy a comer con plumas. Puto de mierda, maricón terrorista, pato peludo, rata podrida, guerrillero.

-¿Qué decís, Pérez?

-Nada, déjamela a mi nomás a esta mina concha de su madre, ‘la seooooooñorita que sabe jugar teeeenis’. -Vas a ver, nenaaaaaaa…, – le dice mientras la manosea-, que después que me veás el coño te lo vas mamar entero, pero primero, dejá que te saque una por una toditas todas, las uñas, y a los dientes todos se los baja  trompada por trompada. Y la chica cae, que del dolor no se habla, o se ríe una. Pero no se escribe.’ Tortilleras, nenas de mamá, que se asilan en Madrid y la siguen laburando de prostitutas’, me decía el oficial uruguayo mientras me sacaba de la cárcel de La Plata. -¡Qué Che Guevara ni qué perro muerto!

Terrorista. Perra Muerta. Sin papeles, me los comí antes de que parara el taxi, la noche que me escondí con la nena en San Isidro… en la casa de uno de mis dos mejores amigos: Rodolfo Pittao. Pero ahora hacen casi 30 años. Por eso duele más escribir, hoy no quiero recordar que no estoy allá, hoy no es día aquí, hoy es una noche de comunión con el alma de mi pueblo. Aquella noche en que Alberto desapareció cuando se disponía a viajar a Europa con Luc Banderet, su amigo el periodista suizo, de la casa de este. Cuando nos dimos cuenta de que había desaparecido, me había  tomado un taxi desde la casa de Graciela Guilis, adonde ella había ‘escondido’ a Yanina. Ella quería separarla de mí en caso de que yo fuera también secuestrada. Y lo hizo. Pero yo la fui a buscar y de allí nos fuimos, en la nochecita, nos fuimos, con la nena. El papá de Andrés, vino con a saludarnos a nuestro ‘escondite’, y le trajo ropa de varón a la nena. Con ellas volvió a su casa, el día en que regresamos del escondite. Yo interpuse, previo pago de mil dólares a un abogado, un recurso de Habeas Corpus, y Yanina lo escuchó y desarrolló su segunda depresión profunda. El juez contestó que Ricardo Alberto Hinrichsen Ramírez no estaba registrado en ningún edificio carcelario de los doce servicios secretos del país, me explicaron, mientras yo sentía que me desmayaba. Ahora sabemos que mientras tanto, a Alberto lo interrogaban con los ojos vendados, en el Cuartel General de Coordinación Federal, a unas pocas cuadras de allí, en la capital argentina y que para que confesara crímenes  que no había cometido, le decían que ese llanto que oí era el de Yanina. Pero eso no nos lo dijo a nosotras nunca: lo oímos decírselo a la BBC de Escocia, dos años después. Porque de la tortura en casa con mi marido no se hablaba. Es que el miedo da miedo, al oído desata desconfianza, la injusticia te da bronca, pero nada es tan fuerte como el amor, que nos une para siempre, por encima del olvido en la memoria, como lo atestigua el poema de Miguel: cuando recuerda a su querida esposa y compañera Maria Haydeé Rabuñal, de 25 años que fue acribillada en un enfrentamiento armado, por cierto fortuito, en 1975 (de Boer, 2003: 14 y15)

‘Me dejaron tu pullover verde

Cuando te fuiste.

Pero no pudieron llevarte

Porque estarás conmigo

para siempre’

‘Cuando reposa en la noche / su silencio me acompaña / la luna le siembra estrellas /  

para en sus sueños guiarla…’ (de Boer, 2004:74) canta el poeta en su zamba. Y sobre el cielo plomizo de la tarde, allá muy lejos, en la patria grande, se duerme. Mientras yo leo cómo una mujer en un pequeño trozo de papel,  rememora la presencia ausente de otra mujer (Marta Vasallo, 1999: 83.84):

‘Hoy entré al café de donde te llevaron

Entré a tomar un café

Y a recordarte.

Yo que en ciudades ajenas

he creído verte tantas veces

yo que he corrido tras de alguien que se volvía

hablando otro idioma

yo que he querido dormir interminablemente

para volver a soñar con vos

para volver a creer que estabas viva.’

‘Freedom is not something you are given,

but something you have to take’

Meret Oppenheim

‘The body is our common denominator and the stage for our pleasures and our sorrows. I want to express  through it who we are how we live and die’ Kiki Smith

*

m

***Mabel van más allá en su reflexión: “El rol privado y anónimo de la

*

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Perfil Marta R Zabaleta

Los homenajes y recuerdos constituyen una necesidad del presente

Los homenajes y recuerdos constituyen una necesidad del presente

Jaccard1A 40 años del golpe, la abogada Paulina Veloso recuerda la desaparición en Buenos Aires de quien en 1977 era su esposo, el estudiante chileno suizo Alexei Jaccard. Junto con reivindicar el rol que en aquellos años jugaron los militantes de izquierda que arriesgaron sus vidas por recuperar la democracia, Veloso entrega detalles de la investigación judicial que sitúa el asesinato de Jaccard en el cuartel Simón Bolívar de la DINA. Los agentes que lo detuvieron y torturaron no olvidaron nunca al joven de 25 años –los calcetines que pidió, su nariz perfilada–, pero la familia espera más: quiere saber la verdad de lo ocurrido y recuperar sus restos.

El recuerdo y los homenajes que hemos conocido en estos días, lamentablemente, no cambiarán la vida de nuestros muertos, pero sí las nuestras.

Siempre pensé que en nuestra Patria faltaba el momento de poder compartir, más allá de nuestros cercanos, la tragedia vivida en todas sus dimensiones. Sólo cuando los otros, los que estuvieron en la vereda del frente, puedan compartir, en cierta forma, el sentimiento de la pena y el horror, podremos de verdad reconstruirnos en una historia común.

Sólo cuando los otros, los que estuvieron en la vereda del frente, puedan compartir, en cierta forma, el sentimiento de la pena y el horror, podremos de verdad reconstruirnos en una historia común.

Ciertamente, los relatos que hemos escuchado en este último tiempo ayudan a que los familiares y cercanos a las víctimas se reencuentren y se fortalezcan en su dolor y pena acumulada. Ya ese solo hecho es valioso y sanador. Pero también, puede ayudar a que quienes estuvieron en el otro lado de la historia entiendan mejor este asunto humano de pérdidas y sufrimientos, con toda la profundidad posible; y de este modo pudiéremos encontrarnos, no en las ideas políticas e ideologías, sino en aquel sustento común de convicciones actuales de las sociedades democráticas que son el respeto a los derechos humanos. Ello es una necesidad del presente.

En ese propósito, comparto con ustedes este relato de pequeño homenaje a una de las víctimas, Alexei Jaccard, quien el 17 de mayo de 1977, o sea sólo hace 36 años, fue detenido en Buenos Aires, en una operación conjunta de las policías argentina y chilena, permaneciendo desde entonces desaparecido.

Tenía entonces 25 años y estudiaba en la Universidad de Ginebra.

Alexei era un joven idealista, muy fuertemente comprometido con las ideas de igualdad y libertad del ser humano, que amaba a Chile, que le gustaba la vida sencilla, cercana a la naturaleza, y se conmovía profundamente con la música y la poesía. Creía que el ser humano tenía el derecho de forjar su destino. No tenía precisamente un espíritu de suicida, sin embargo siempre fue una persona valiente y generosa, quizás incluso confiaba demasiado en sus propios recursos de sobrevivencia. Esta breve descripción de una muy bella persona en todo su extenso sentido, es la introducción necesaria que explica por qué Alexei, quien gozaba de la tranquila vida de estudiante en la hermosa Ginebra, estuvo dispuesto a participar en una operación peligrosa: en la lucha política clandestina del Partido Comunista, donde militaba, que finalmente lo llevaría a su desaparición.

En aquella época, los militantes de los partidos políticos de izquierda intentaban reorganizarse clandestinamente, mantener viva la organización, la estructura partidaria. Esa fue la primera tarea que asumen los partidos políticos en Chile, desde el mismo septiembre de 1973, en un intento por sobrevivir a la represión y para algún día retomar la senda democrática. En esa época, quienes participaban en dichos actos, extremadamente limitados, tenían una idea de urgencia, de necesidad imperiosa, aunque existía cierta conciencia de las propias limitaciones y claramente masticaban el peligro.

Por muchos años hicimos gestiones políticas y acciones judiciales destinadas a obtener un reconocimiento de la detención de Alexei, pensando que podía ser liberado. Desconocíamos que el exterminio no era sólo una consigna, en verdad se aplicaba sistemáticamente.

La historia aún no ha reconocido todo el valor y la importancia de aquella primera actividad de organización clandestina, que se lleva a cabo desde el año 1973. Ciertamente, sin esos prematuros gestos de oposición no hubiere sido posible la acción posterior que llevó a la organización y acción de los pobladores, de las federaciones de estudiantes, de los sindicatos y organizaciones gremiales; y finalmente a la masificación de los actos de protestas, básicamente producidos en la década del 80; todo lo cual –ya es bueno reconocerlo–  es el sustento material que posibilitó la derrota a la dictadura.

Hablar de Alexei permite recordar la historia de la dictadura en Chile. Pero también, y sobre todo,   valorar y rendir homenaje a aquellos hombres y mujeres que se arriesgaron y entregaron su vida, con una enorme convicción y coraje, en aquellos primeros tiempos post dictadura, cuando el silencio y el miedo nos acompañaban cotidianamente.

El régimen de Pinochet tenía muy claro que era muy importante eliminar ese trabajo clandestino prematuro a efectos de destruir la posibilidad de organización de aquellos partidos políticos. De manera que, después de las detenciones masivas del año 1973 que permitieron tener el control político de la situación, generar el miedo masivo y la sumisión consecuente en el conjunto de la población, la represión ya desde 1974 se dirigió básicamente a eliminar las personas y desarticular las organizaciones políticas claves que pudieren liderar la oposición y que en esa época intentaban rearmarse.

En esa persecución atroz, el Partido Comunista perdió casi íntegramente dos directivas nacionales completas. Entre los años 1976 a 1977, fueron detenidos uno a uno los dirigentes. Ahora sabemos que hubo, además, un centro de detenidos de exterminio, destinado sólo a militantes comunistas que participan en esa tarea de organización: el cuartel ubicado en la calle Simón Bolívar, que dirigía el mismo Manuel Contreras. Allí llegó Alexei, desde Buenos Aires, probablemente el mes de mayo de 1977.

Ese año, en medio del caos interno por la pérdida de las cabezas políticas, desde el exilio los dirigentes del Partido Comunista habían programado la instalación de una nueva directiva que se formaría en Buenos Aires. Sin embargo,la instalación de ese equipo fracasó, siendo detenidos y hechos desaparecer todos los que participarían en esa operación, incluido Alexei.

En ese entonces no sabíamos que Alexei devendría en un desaparecido. Teníamos aquella ingenuidad que se produce frente a actos que por su extrema crueldad resultan inimaginables. No conocíamos, como lo sabemos hoy día, los alcances de la política represiva de la “desaparición”. De allí que por muchos años hicimos gestiones políticas y acciones judiciales destinadas a obtener un reconocimiento de la detención de Alexei, pensando que podía ser liberado en algún momento. Desconocíamos que el exterminio no era sólo una consigna, en verdad se aplicaba sistemáticamente.

En ese momento de crueldad e inhumanidad infinita, Alexei apeló a un simple gesto de solidaridad humana. El recuerdo de los calcetines nos ha traído, otra vez, a Alexei a nuestras vidas presentes.

En ese contexto, en Suiza se organizó un grupo de estudiantes, amigos, y profesores de la Universidad de Ginebra, quienes protestaron e hicieron cientos de gestiones dirigidas a los gobiernos de Argentina y Chile para obtener la liberación de Alexei. En esos actos tuvo una participación muy destacada quien era entonces Rector de la Universidad, don Justin Thorends, profesor de derecho quien no podía siquiera imaginar que en pleno siglo XX alguien  pudiere ser detenido y su detención jamás ser reconocida por gobierno alguno, simplemente volatilizarse. Posteriormente, la Universidad de Ginebra decidió que su auditorio de ciencias sociales, en el espléndido edificio que alberga esos estudios, llevare su nombre. Lo mismo decidió, algunos años más tarde,  el consejo municipal de la comuna de Sainte Croix, lugar de origen de su familia.

Por su parte, inmediatamente después de saber la noticia de la detención, entablamos recursos de amparo en Buenos Aires y en Santiago, y posteriormente se interpuso una querella criminal. Todo fue inútil. Fracasaban así las posibilidades que normalmente otorga el derecho.

En verdad la liberación no era posible. Supimos recién ahora por el curso de la investigación judicial que actualmente lleva el ministro de corte Mario Carroza, que Alexei había sido ejecutado, muy probablemente el mismo año 1977, en el cuartel de Simón Bolívar, en Santiago.

Pero sólo ahora, por las actuales investigaciones judiciales, sabemos que Alexei fue traído desde Buenos Aires y llevado al cuartel de Simón Bolívar. Por las declaraciones de los agentes de la policía que trabajaron en ese cuartel, ahora interrogados, hemos sabido que Alexei llegó herido y fue atendido por un médico, cuya identidad desconocemos.  Venía junto a otros dos detenidos. Probablemente son los comunistas Ricardo Ramírez y Héctor Velázquez. Los agentes, todos los cuales están procesados, evitan hablar de las torturas y no se refieren a los detenidos por sus nombres. Pero en sus relatos van identificando a Alexei con una serie de datos que lo hacen inconfundible. Afirman que Alexei, a quien identifican como “el noruego” –seguramente confundiendo Noruega con Suiza–, traía dinero para el Partido Comunista. Incluso refieren la cantidad de dólares precisa que llevaba consigo. Recuerdan que Alexei tenía 25 años, que era alto, dicen –medía 1 metro 83 centímetros–, y tenía un año de casado. Todo lo cual coincide exactamente con la realidad. Además, una agente recuerda que tenía una nariz muy perfilada, lo cual también era cierto. Pero quizás una de las declaraciones más impresionantes para la familia es aquella de una agente que recuerda que Alexei una noche le pidió calcetines porque tenía frío en los pies. Declara que ella se los llevó al día siguiente, sin embargo él ya no estaba en su celda. Según otro agente, Alexei fue eliminado con gas.

Leer en las declaraciones que constan en un expediente judicial que Alexei había pedido calcetines me produjo una emoción muy profunda. Primero, porque ese hecho me lleva a reconocerlo totalmente: Alexei siempre tenía frío en los pies. Reconocí sus palabras pidiendo calcetines. Sin embargo, quizás lo más importante es conocer que incluso en aquellas circunstancias de extremo apremio, soledad y trato cruel, Alexei creyó en la posibilidad de un gesto humano, pedirle a uno de sus carceleros una pequeña ayuda que, además, según nos cuentan, llegó, aunque tarde. Alexei creía infinitamente en la bondad y generosidad espontánea del ser humano. Por ello, en ese momento de crueldad e inhumanidad infinita, Alexei apeló a un simple gesto de solidaridad humana. El recuerdo de los calcetines nos ha traído, otra vez, a Alexei a nuestras vidas presentes.

Llama la atención que a más de 30 años de aquellos hechos, agentes de la policía secreta se acuerden, por ejemplo, de la nariz perfilada de Alexei. Cómo habrán impactado en las vidas y en los recuerdos de aquellos agentes todos esos tenebrosos momentos en que ellos fueron los protagonistas activos del exterminio, que los lleve a acordarse del detalle de la nariz de uno de los tantos detenidos que ellos torturaron. Y cómo ha podido ocurrir que hayan guardado toda esa valiosa información hasta ahora.

Necesitamos imperiosamente como familia, al igual que las otras familias de los detenidos desaparecidos, conocer el detalle de la verdad de lo ocurrido, así como encontrar sus restos.

En fin, es cierto que estos agentes no declararon espontáneamente. Más bien, mientras no se supo de la existencia de este cuartel secreto, pudieron aparentemente mantener una vida normal, insertos en el Chile cotidiano. Sólo porque uno de los agentes habló ante la policía reconociendo este centro de detención, a comienzos del año 2007, instado por una paciente y permanente investigación judicial y policial sobre todos estos hechos, los agentes de ese centro de exterminio fueron arrestados y obligados a declarar. Y fueron uno a uno reconociendo los hechos que ahora hemos ido conociendo. Así se supo que en ese centro de detención se torturó y asesinó a los máximos dirigentes del Partido Comunista. Esta parte de la verdad que ahora aparece nos muestra la importancia de los procesos judiciales en Chile, aún en curso, y la necesidad que ellos se mantengan hasta que la verdad, cuan completa sea posible, se obtenga.

Además de la necesidad histórica para Chile de conocer lo ocurrido en ese centro de detención, necesitamos imperiosamente como familia, al igual que las otras familias de los detenidos desaparecidos, conocer el detalle de la verdad de lo ocurrido, así como encontrar sus restos, tarea a la que está actualmente avocada la investigación. Esa es parte de la verdad a la que aspiramos, que es por lo demás, aún posible de obtener, y que permite confirmar que el problema de los desaparecidos también es un problema del presente.

Ofrecer un homenaje y dar a conocer estos hechos es parte de nuestro compromiso con los nuestros y, ciertamente, con el Chile del futuro.

+A 40 años del golpe contra Salvador Allende

Jaccard: la historia de una de las 22 víctimas chilenas del Plan Cóndor

Alexei Vladimir Jaccard Siegler fue secuestrado en la Argentina en 1977. Su caso es uno de los más emblemáticos de las 22 víctimas chilenas cuya desaparición o muerte está siendo investigada en el juicio del Plan Cóndor que se tramita en los tribunales de Comodoro Py.

  • Jaccard había venido a la Argentina con plata para financiar al Partido Comunista chileno.

Por: Laureano Barrera y Franco Lucatini

El 16 de mayo de 1977, Alexei Vladimir Jaccard Siegler pisó el aeropuerto de Ezeiza con 20.000 dólares en la valija para financiar al Partido Comunista chileno. Era la escala obligada de un viaje desde Suiza hasta su país natal, pero desconocía que los servicios de inteligencia de ambos países le pisaban los talones y que nunca llegaría a cruzar la Cordillera de los Andes. Fue secuestrado por la Policía Federal el día siguiente en el Hotel Bristol de Buenos Aires, junto a dos camaradas del PC chileno: Ricardo Ignacio Ramírez Herrera, el encargado de organización y finanzas en Buenos Aires, y Héctor Heraldo Velásquez Mardones. Junto a los comunistas chilenos, cayeron cinco argentinos que componían el Comité de Solidaridad con Chile en Argentina y los iban a alojar en su paso por la capital. Desde ese día, los ocho continúan desaparecidos.

Jaccard era chileno suizo. La embajada suiza en Argentina pidió a las autoridades argentinas que investigara su paradero. La Federal y la empresa aérea informaron que Jaccard había abordado el vuelo n° 630 de la empresa Varig, con pasaporte argentino nro. 6.701.432, con destino a Santiago de Chile el día 26 de mayo de 1977. Pero no era cierto. Según la investigación de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, que en 1992 elaboró el Informe Rettig –un correlato del Nunca Más de la CONADEP argentina-, Jaccard fue detenido por la Policía Federal y trasladado a la ESMA.

Ahora, se intentará corroborar en el megajuicio sobre el Plan Cóndor que comenzó en marzo pasado ante el Tribunal Oral Federal Nº 1.

El fiscal del juicio, Pablo Ouviña, contó a Infojus Noticias que “ante la presión suiza, se montó toda una parodia haciendo circular su DNI por el mundo para justificar que había viajado”. Lo mismo sucedió con Ricardo Ramírez: cuando la Cancillería argentina le requirió información a la Policía Internacional de Chile, se dijo que Ramírez había realizado varios viajes en el exterior entre 1977 y 1983, aunque de eso no hay constancias.

El Cóndor al banquillo

El caso de Jaccard es uno de los más emblemáticos de las veintidós víctimas chilenas cuya desaparición o muerte está siendo investigada en el juicio del Plan Cóndor que se tramita en los tribunales de Comodoro Py. En los 22 secuestros de chilenos en Argentina, juega un rol crucial la conexión entre los servicios secretos argentinos y la DINA chilena, y el intercambio de información confidencial entre las fuerzas armadas de ambos países.

El juicio recorre el cautiverio y las torturas de 106 argentinos, chilenos, brasileros, uruguayos, paraguayos y bolivianos. La instrucción se realizó en tres etapas, a partir de investigaciones en 2008, 2011 y 2012, que fueron elevándose paulatinamente al juicio que hoy se sustancia en el Tribunal Oral Federal Nº 1. Se busca probar no sólo los crímenes de lesa humanidad y la responsabilidad de los veintidós imputados, sino que hubo una asociación ilícita entre las dictaduras del Cono Sur: la Operación Cóndor.

Justicia trasandina

En Chile, el panorama de juzgamiento de los delitos contra la humanidad ha tenido sus bemoles, más allá de la sensación de impunidad que se derrama de las expresiones de Sebastián Piñera, su jefe de Estado. Sin embargo, hasta 2011 habían sido condenadas más de trescientas personas por violaciones a los derechos humanos. De todas ellas, setenta estaban cumpliendo su condena.

En 2001 se nombraron jueces especiales de primera instancia para impulsar estas investigaciones, que desde 1998 no han parado de aumentar. En Argentina, la Causa 13 – el Juicio a las Juntas- se convirtió en el primer juicio por delitos cometidos por las dictaduras del Cono Sur. En Chile, las causas avanzan, aunque como en todo el continente, a paso cansino.

En octubre de 1998, el entonces juez español Baltasar Garzón aplicó la figura jurídica de la “competencia universal” ante delitos contra la humanidad y ordenó que Augusto Pinochet fuese procesado por los crímenes cometidos bajo su gobierno. Pinochet se encontraba en Londres, y las autoridades británicas debatieron su extradición. Tras seis días de haber sido enviada la orden del magistrado, las autoridades británicas procedieron al arresto domiciliario de Pinochet, que se mantuvo hasta marzo de 2000, cuando “por razones humanitarias” fue autorizado a regresar a Chile.

Murió en diciembre de 2006. Impune.

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