Para Martín Elgueta Pinto. Uno de los 119 de Nosotros.

Para Martín Elgueta Pinto. Uno de los 119 de Nosotros.
Hacía apenas 15 días que Martín Elgueta Pinto había festejado sus 21 años cuando fue detenido, al llegar al departamento de su amigo Juan Chacón, el 15 de julio de 1974, para desaparecer en Londres 38. Martín estudiaba Economía en la Universidad de Chile, y militaba en el MIR. Su novia, María Inés Alvarado había sido detenida horas antes en Providencia, acompañada de Verónica Martínez, esposa de Juan Chacón. En el operativo montado en casa de Chacón, en que se detuvo a la familia y a Martín, participaron diez efectivos de la DINA encabezados por Osvaldo Romo y movilizados en varios vehículos, entre éstos, camionetas Chevrolet C 10.

Martín, ex alumno del Liceo Manuel de Salas, hijo de un destacado dirigente socialista, ingresó al MIR cuando era estudiante secundario y pronto se destacó en la organización por su compromiso, su entusiasmo y brillante inteligencia.

Antes del golpe militar trabajó en estrecho contacto con Edgardo Enríquez, miembro de la Comisión Política del MIR, y luego asumió también tareas de dirección.

La “ratonera”
Alrededor de las 17:30 horas, unos 10 individuos fuertemente armados, entre ellos Osvaldo Romo, se presentaron en el departamento del matrimonio Chacón Martínez, en la Avenida Antonio Varas, identificándose como funcionarios de la DINA. Llevaban a María Inés Alvarado, muy asustada y sangrando del labio superior. A las 19 horas llegó Raúl Chacón Zenteno (padre de Juan), y media hora más tarde lo hizo Martín Elgueta. A las 8 de la noche, llegó a su domicilio Juan Rosendo Chacón (actualmente desaparecido). Todos ellos fueron detenidos, incluyendo a Verónica Martínez Ahumada y Antonio Osorio, y conducidos, vendados, a Londres 38, recinto secreto de reclusión y tortura de la DINA.


Con la frente marcada
El 25 de julio de 1974, Martín y María Inés fueron llevados por Osvaldo Romo y otros 2 civiles, hasta el domicilio de la madre de María Inés, Inés Börgel González, ubicado en la calle Dublé Almeyda en Ñuñoa. La señora Clara observó que ambos jóvenes tenían en sus frentes una mancha negra, producto de quemaduras en la tortura. María Inés dijo a su madre que ambos estaban detenidos. Al cabo de unos 10 minutos, los agentes se los llevaron en una camioneta Chevrolet C 10 nueva.

Poco antes, el mediodía del 17 de julio de 1974, Martín fue llevado hasta el domicilio de María Matilde Cheuquemán Cheuquemán, en la población Buzeta, quien guardaba enseres de la familia Elgueta, para retirar un par de frazadas. Según María Matilde, el afectado se veía muy sucio y con mal aspecto, y lo acompañaba un civil de más o menos su misma edad, “amable y rubio”, quien, en ningún momento se separó de su lado. La descripción de este agente corresponde a uno de los participantes en el operativo en que se detuvo a Martín.

Testigos sobrevivientes
Antonio Osorio Olivares señaló que a Martín lo llevaban a interrogatorio tres veces al día. Varias veces escuchó sus gritos de dolor y quejidos. También le oyó decir: “he sufrido muchas torturas, pero estoy bien de salud. Por más que me torturen, no hablaré, pues nada tengo que decir”.

Por su parte, Ramón Osvaldo Barceló, quien conocía a Martín desde niño, también lo vio en Londres 38 y en malas condiciones físicas, en la noche del 14 al 15 de agosto de 1974.

Las cuatro personas detenidas junto a Martín Elgueta fueron llevados cinco días más tarde al campamento de incomunicados de Cuatro Alamos, pero Martín y su compañera, María Inés, fueron dejados en Londres 38, desde donde desaparecieron.

Cristián Van Yurick, Graciela Scarlett Mathieu y la doctora Patricia Barceló también han testificado sobre la tortura a Martín en Londres 38. Durante su reclusión, Martín fue sacado del recinto de la DINA en dos oportunidades.

Las maniobras de la DINA
“Martín Elgueta se exiló en Argentina”. Eso dijeron en febrero de 1975, en una “conferencia de prensa”, con libreto pauteado por la DINA, realizada por cadena nacional de radio y televisión desde el Edificio Diego Portales, cuatro dirigentes del MIR detenidos. Así la dictadura preparaba el terreno para el momento en que, en julio de 1975, los nombres de Martín y su compañera aparecieron en una lista de los 119 chilenos presuntivamente muertos en enfrentamientos en Argentina. La nómina reproducida en los medios chilenos, provenía de la revista “Lea”, una publicación creada para la ocasión por los servicios de inteligencia.

Persecución a la familia
Antes de la detención de Martín, agentes de la DINA, encabezados también por Osvaldo Romo, habían detenido, torturado y amenazado de muerte a su hermano Raimundo Belarmino Elgueta (mayo de 1974), que permaneció desaparecido por más de 10 días.* Por otra parte, también el domicilio de su familia había sido allanado por Romo, mientras que su padre, Belarmino Elgueta Becker, alto dirigente del partido socialista, se encontraba en el exilio en México.

También su madre, Yolanda Pinto ( ya fallecida), una de las fundadoras de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, y su hermana, Gloria, fueron víctimas de graves amedrentamientos por Osvaldo Romo en distintas ocasiones.

El liceo
En 1990, para el aniversario del Liceo Experimental Manuel de Salas, los ex alumnos realizaron un homenaje a Martín Elgueta y María Inés Alvarado, de la promoción de 1970, así como a Luis Guajardo, Jaime Buzio, Edwin Van Yurick y Jaime Robothan. Todos ellos figuran entre los “119” luchadores antidictatoriales cuya desaparición, denunciada a nivel internacional, intentó ser manipulada por la dictadura con ayuda de los servicios de inteligencia del Cono Sur.

* Testimonio Raimundo Elgueta Pinto.

http://www.londres38.cl/1934/articles-82025_recurso_1.pdf

Casos detenidos Desaparecidos Colonia Dignidad

Cuando la dictadura empezó, yo tenía 17 años.

Diego Muñoz Valenzuela

La resurrección de la conciencia

http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/2015/07/la-resurreccion-de-la-conciencia.html

La reapertura del caso de los jóvenes quemados, Rodrigo Rojas Denegri y Carmen Gloria Quintana, trae de regreso, una vez más, la eterna pesadilla de la dictadura militar. Así ocurrirá mientras se mantenga pendiente el ejercicio de una justicia eficaz con las miles de víctimas de la represión que las fuerzas armadas ejercieron contra los opositores durante 17 largos y terribles años. Aquellos que pretenden imponer el silencio y el olvido lo hacen amparados por su complicidad en estos horribles crímenes, o bien –y quizás sea peor- por conveniencia política y económica.

La culpa hizo su trabajo golpeando tres décadas en la conciencia de un exconscripto, hasta que rompió ese siniestro pacto de silencio establecido y amparado por oficiales del Ejército. Bendita sea esta acción de arrepentimiento y confesión, pero faltan muchas más.

El daño provocado, la muerte, la tortura, la persecución sistemática que ejerció un estado fascista en contra de los ciudadanos que se atrevieron a enfrentar la injusticia, son inconmensurables, en verdad irreparables. Lo menos que se puede hacer es justicia y castigar a los culpables. Esto porque hay otros daños que considero tanto o más terribles, catastróficos, que mencionaré más adelante.

Cuando la dictadura empezó, yo tenía 17 años; cuando acabó, 34. Esto es lo que vivió mi generación en su juventud: un horror sistemático. Apenas alcanzamos a disfrutar del sueño utópico de los 70, no fuimos actores decisivos de ese periodo, pero tuvimos que asumir las consecuencias. La mayor consecuencia fue la convivencia con el terror ejercido como sistema por un estado criminal. Aclaro que no pretendo que nadie me indemnice ni pida mi perdón por ello; tampoco existe la manera de repararlo. Como miles de compatriotas, me las he arreglado solo, y puedo seguir haciéndolo.

Quizás por qué sobreviví al horror cotidiano: suerte, ingenio, instinto, solidaridad, piedad. Muchos amigos quedaron en el camino desde los primeros días. Vivo y revivo cada día el dolor de su desaparición, tortura y muerte. He escrito sobre ello y sigo escribiendo, porque no puedo evitarlo. No puedo olvidar lo que viví. Y tengo que hablar por quienes no pueden hacerlo. Creo que ese es el sentido de haber sobrevivido.

Experimenté en carne propia los peligros y los rigores de la clandestinidad, los compartí con miles de compañeros y compañeras anónimas –los que sobrevivieron por ahí están, esperando algo impreciso, como yo- y me siento orgulloso de haberlo hecho. Puedo mirar de frente a mis hijos y contárselos: no eludí luchar con todas mis fuerzas y posibilidades contra un régimen cruel y oprobioso. Creo que es lo mejor que hice en mi vida. Y no esperé ni espero recompensas, honores ni reconocimientos por ello.

La verdad es que es muy modesto lo que espero. Un poco de justicia real, algo más que lo “posible”. Dije antes que el daño fue muy grande. Una auténtica hecatombe. Lo explico en lo que sigue.

El socialismo a la chilena, con empanadas y vino tinto, en democracia; la fórmula acuñada por Salvador Allende, representó un peligro atroz para los detentores del poder económico, político y militar. Un peligro mucho mayor que el “socialismo real”, burocrático, estaliniano, que terminaría por derrumbarse en unas décadas, tal como ocurrió.

Este era un peligro mucho mayor para los gigantescos y concentrados intereses de los amos, los visibles y los invisibles. Así se desató la intriga que culminó con el golpe militar que dio por tierra con el gobierno de Allende. Ahí comenzó a actuar la aplanadora fascista: exterminar a las organizaciones políticas de izquierda y a las organizaciones sindicales, eliminar a los mejores cuadros dirigentes: los más lúcidos, generosos, flexibles, innovadores y visionarios, partiendo por el propio presidente. Fue un trabajo sistemático de exterminio llevado a cabo en esos 17 años. Muy fructífero, si se juzga por los resultados.

También aprovecharon –esa era la finalidad al fin y al cabo- de destruir el sistema educacional, previsional, la salud. Jibarizar al estado, poblarlo de tecnócratas, introducir la venalidad en los sistemas de gobierno, instaurar las bases para el desarrollo de un experimento ultra neoliberal.

En ese mundo horrible vivimos, sin muchas esperanzas de cambio real. Con los partidos políticos al servicio de los intereses económicos, con las elites dominadas por aventureros, ignorantes y corruptos, con los intelectuales y artistas arrinconados, cooptados o domesticados. Con los medios de comunicación totalmente instrumentalizados y dirigidos.

Esta es una visión muy desalentadora, es verdad. Pero siempre es posible hacer algo. Partir por decirlo y reconocerlo. Luego, hecha la catarsis, vendrán los actos de ejercicio de la responsabilidad individual, como ha hecho el conscripto que rompió el pacto de silencio. O su propia reflexión: me dirijo a quien lee este texto. ¿Qué puede hacer usted? Yo he escrito estas palabras, tal vez impulsado por una difusa esperanza. Deben producirse muchos más de esta clase de actos, millones de ellos.

Eso podrá impulsar, quizás, otros actos mayores, comunitarios, ojalá multitudinarios que quiebren la presunta estabilidad del silencio, la neutralidad y el conformismo. Siempre es posible hacer algo, más allá de los meros límites de los intereses individuales.

Conocí a Carmen Gloria Quintana. Fuimos compañeros de esperanzas. Admiro sin reservas su valor, su consistencia, su ejemplo moral. Conocí a muchas otras buenas personas, valientes, generosas, luchadoras. Me pregunto dónde estarán ahora mismo aquellas que sobrevivieron. Quisiera que den noticias de su existencia: que hablen, escriban, aplaudan, que hagan lo que les sea posible.

Como tantas veces ha ocurrido en la historia, la humanidad tiene el derecho irrenunciable a soñar un mundo mejor y el deber de ponerse en movimiento para cambiarlo.

Diego Muñoz Valenzuela
escritor

Bio Diego Muñoz Valenzuela

MIGUEL CUEVAS PINCHEIRA (La historia va mas allá que la palabra). Patricio Torres Acuña

MIGUEL CUEVAS PINCHEIRA (La historia va mas allá que la palabra)

Todos y cada uno de los hechos de violación a los DDHH, es en si una perversión política y social. De los miles de casos ocurridos en Chile no hay ninguno que no me afecte, pero si hay algunos que me han tocado más por la implicancia de afectos y sentires. Entre éstos puedo señalar:
El caso de Víctor Manuel Zuñiga Arellano, que más adelante daremos a conocer con detalles.
Con Titín, El Poroto o el Bebe,estamos unidos desde la niñez.

El otro caso es el que hace refencia esta publicación, que no sólo es hacer un recuerdo, también es un HOMENAJE a un compañero que este 26 de junio de 2013 cumpliría 81 añosde vida si no hubiese sido asesinado por sus ideales políticos.

Me refiero a MIGUEL CUEVAS PINCHEIRA de Santa Bárbara, a quien conocí y con quien tuve algunas diferentes vivencias en distintas etapas de nuestras vidas.
Sólo para mencionar algunas:
De niño le recuerdo como un músico aficionado, que tocaba armónica ysiempre circulaba silbando con las manos en los bolsillos y su sombrero verde(tipo tirolés), o café de ala ancha. Simpatizante del  Partido Socialista de Chile, del cual mi  padre fue dirigente comunal.
Luego de adulto le reconocí como MILITANTE DEL PS, condición que le significó que después de ocurrido el golpe de estado de septiembre del 73, un grupo de asesinos, entre carabineros y civiles le quitaran la vida junto a varios compañeros de las comunas de Santa Bárbara y Quilaco, en ese entonces sólo Santa Bárbara.

Sólo hay una foto de Miguel y no he encontrado fotos de los asesinos, a quienes en su mayoría también conocí y con quienes en mi niñez compartí colegio en su mayoría y que referirme a Ellos me parece inoficioso. Sólo diré que de los que conocí, en cada uno de ellos o en sus familias habían rasgos antisociales y carencia valórica extrema.
Para adentrarnos en la historia tomaremos un extracto del semanario La Nación Domingo del Domingo 7 de septiembre de2008:  UNIFORME

Un equipo de LND recorrió 2.500 kilómetros, en tres regiones delsur de Chile, para escudriñar en los secretos de las matanzas más feroces decampesinos ocurridas en la dictadura. Detrás de esos crímenes estuvieronterratenientes, comerciantes y vecinos que hicieron la guerra sucia aliados con militares y carabineros. A 35 años de estos crímenes, y a pesar de que en algunoscasos ha llegado la justicia, la mayoría sigue libre y aún recorren como amos yseñores los campos, pueblos y caseríos del país.

Fue la venganza que aterrorizó poblados enteros, amparada cada vezen la oscuridad de la noche. Los autores de los crímenes de campesinos y trabajadores de otros oficios fueron civiles amos del lugar, que tras el golpe militar y aliados con los militares y la policía uniformada, decidieron la vida y la muerte de las víctimas que eligieron. Algunos actuaron disfrazados con atuendosde guerra, preparados y decididos a exterminar a quienes habían defendido sus derechos contra la explotación instalada desde siempre en los campos. A veces,desde antes de la asonada golpista, ejercieron tareas paramilitares junto al movimiento de ultraderecha Patria y Libertad. Otros actuaron vinculados a distintos grupos de corte fascista organizados para oponerse por la violencia a las conquistas de los trabajadores en los años del sueño socialista. Pero todos respondieron con el odio de presenciar cómo sus eternos súbditos y servidoresde sus deseos reproductores de la fortuna, les ganaban terreno contrarrestando humillaciones y atropellos de su dignidad y la de sus familias. Especialmenteal interior de los fundos donde la ley era el patrón.

Historias dramáticas donde en algunas ocasiones los mismos padres o parientes culparon a los suyos por involucrarse en las luchas sindicales pormejoras laborales, justificando a sus patrones, a estos activistas civiles y alos militares, por haberles dado caza y hacerlos desaparecer.

En cada ciudad, en cada pueblo o caserío precordillerano donde la muerte llegó vestida de civil o disfrazada de verde olivo, el terror infundido por la mano de estos poderosos permanece hasta ahora. Sus habitantes se muestran hostiles a las preguntas sobre aquellos tiempos. Invocan el olvido por el paso del tiempo, o simplemente confiesan mirando alrededor que todavía temena que regrese el azote que llenó de sangre las calles y senderos rurales.

Algunos de estos civiles autores de las masacres todavía se pasean por los mismos recorridos que frecuentan los familiares de los caídos para comprar el pan del día. A veces los escupen al pasar, insultándolos por haberlos llevado a sentarse en las bancas de los acusados en un tribunal.

Las madres o hermanos que se atrevieron desde temprano a vencer el miedo de la amenaza constante persiguiendo judicialmente a estos hechores,sufrieron el doble castigo de perder a los suyos y recibir el desprecio de susvecinos. Y hasta de los propios compañeros de combate de sus deudos, que cruzaron al otro lado de la vía para esquivar aquellos ojos tristes ydesamparados que nunca dejaron hasta hoy de buscar a sus desaparecidos.

La Nación Domingo recabó la lista de los 51 civiles procesados o condenados por el secuestro y desaparición, o por los homicidios, de operariosdel campo y otros que ejercían múltiples oficios. Del total, 15 corresponden a alemanes de Colonia Dignidad, que no son abordados en este reportaje porque sus andares son conocidos. Sin embargo, en la gran mayoría de los otros 36, sus identidades y acontecimientos permanecen todavía desconocidos públicamente.

El equipo de tres periodistas de LND recorrió 2.500 kilómetros y cruzó tres regiones entre Osorno y Los Ángeles, incluyendo zonas precordilleranas,para rehacer la ruta de la venganza. Todo sucedió en medio del temporal másgrande de los últimos 30 años, que dejó 17 mil damnificados, sorteando con su vehículo carreteras y caminos interiores inundados

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LOS DUEÑOSDEL MUNDO

Bajando hacia el norte, en la VIII Región, está Santa Bárbara.Desde ahí, más de 30 kilómetros hacia la cordillera, un interminable camino sinuoso, lleno de barro y plagado de bosques forestales, termina en el imponente fundo El Huachi. Lo antecede sólo el caserío del mismo nombre,humilde a su alrededor, que parece una prolongación azarosa del campo propiedad de la familia Barrueto Barting. No es casualidad que todos los conozcan, ya que muchos de los lugareños trabajan sus tierras y se instalaron ahí buscando una forma de subsistir.

Para llegar hasta el fundo donde viven los hermanos Manuel yRicardo Barrueto sólo basta con pronunciar su apellido y los brazos se alzan siempre en la misma dirección, profundo hacia los bosques. Ya al interior de la propiedad, una de las empleadas de la casa con impresionante vista al río Huequecura nos cuenta que “el patrón” salió de mañana, debido a que tiene otro domicilio en Los Ángeles y que alterna su permanencia entre ambos lugares. “Está algo enfermo, partió a hacerse unos exámenes, lo más probable es que llegue mañana o pasado”, dice con amabilidad.

Tras la desalentadora respuesta, la vuelta hacia Santa Bárbara se hizo inevitable. Luego de avanzar por colinas escarpadas, apareció el camino que indicaba la salida del fundo. Pero el portón está bloqueado por una moto todo terreno que se encuentra atravesada, como si fuera un pino más de los miles que los Barrueto tienen en su predio dispuestos para la tala. A un costado del vehículo, un hombre alto espera en actitud amenazante. Tiene pelo cano, ojos secos y el rostro envuelto en un par de mejillas pálidas. Usa un jockey rojo y con la mirada baja se acerca inquisidor. En una mano lleva una cámara fotográfica digital; la otra se posa sobre un bulto ubicado en su cintura.Luego de escrutar el automóvil y a sus integrantes, su pequeña boca cuenta escuetamente que es Ricardo Barrueto Barting.

No lo reconoce, pero él es uno de los dos hermanos que actualmente se encuentran procesados por el secuestro de seis campesinos, recién ocurrido el golpe, todos ellos empleados en su fundo.

Sin más trámite nos expulsa de la propiedad; no hay más preguntas.”Acá no se entra sin mi permiso”, sentencia. Toma una fotografía de nuestro automóvil y de la patente, mientras nosotros lo inmortalizamos devuelta con nuestra cámara.

Veinticuatro horas más tarde nos enteraríamos que a la empresaSeellmann Rent a Car llamó un supuesto detective de la Policía de Investigaciones, donde fue arrendado el vehículo, para pedir los datos de los arrendatarios, argumentando que había sido utilizado “por activistas mapuches para causar disturbios”.

Doña Norma Panes conoce bien las tretas de Ricardo Barrueto. En 2006 luego de que el ministro de la Corte de Apelaciones de Concepción CarlosAldana asumiera varias causas de derechos humanos en la zona del Biobío tuvo un careo con él. Se dio en medio de la reconstitución de la escena por los 20 secuestros de obreros y campesinos que sufrió la localidad de Santa Bárbaraentre septiembre y octubre de 1973 y que tienen hasta ahora a muchas familiassin conocer el paradero de sus padres, maridos, hijos o hermanos. Ahí, frente a su rostro, Ricardo le señaló que la noche en que su marido, Miguel CuevasPincheira, “fue sacado de la casa en calzoncillos por hombres uniformados”,él no estaba ahí.

Pero ella asegura que los Barrueto fueron parte del grupo de civiles que, disfrazados de militares, se llevaron a su marido en medio de la noche del 20 de septiembre. Norma Panes dice que los vio claramente y también su hija. Al mostrarle la foto actualizada que obtuvimos de Ricardo Barrueto,Norma no duda: “Es él”. Su rostro, como el de Manuel, quedaron grabados en su memoria con tanta fuerza como aquellos años en que su marido fue un trabajador más del fundo El Huachi, labor que alternaba con su oficio dezapatero.

Los testimonios de las familias de seis campesinos más que trabajaban en El Huachi, secuestrados el mismo día y en horas cercanas,permitieron que en 2002 se procesara a los Barrueto y a los civiles SergioFuentes Valenzuela, Jorge Domínguez Larenas y los también hermanos Jorge y JoséValdivia Dames, quienes conformaron una verdadera mini-Caravana de la Muerte.

Norma lo grafica de la siguiente forma: “Ese día lo que hizo el grupo deciviles, todos ellos miembros de Patria y Libertad, junto a los carabinerosfue, literalmente, limpiarle el campo a los Barrueto”.

Luego, un recuerdo de los años posteriores a la desaparición de su marido viene a su mente: “Todos ellos eran amigos entre sí. En una ocasión, en plena dictadura me topé con un par en una esquina. Como sabían que yo todavía buscaba a mi marido, me escupieron a la cara”, dice.

La actitud de los Barrueto, al parecer, no es muy distinta. Tras mover la motocicleta para dejar libre la vía, minutos después, uno de los campesinos nos hizo dedo para acercarlo a la carretera que une Ralco con LosÁngeles. En el camino contó que Barrueto le había consultado si sabía de quiénera el vehículo blanco que había ingresado sin permiso al fundo. Y nos advirtiósobre Ricardo: “Cuando los vio entrar a ustedes dijo que de aquí no salían”.El joven, un sencillo trabajador forestal, con lucidez agregó que “es unhombre malo, prepotente, un carajo como patrón, que paga apenas para subsistir.Se aprovecha del sufrimiento y la necesidad del trabajador”.

Actualmente, los civiles responsables de la matanza permanecen procesados. Luego de ejecutarlos, la mayoría fueron lanzados al río Biobío desde el puente de Santa Bárbara.

De LND

http://www.lanacion.cl/noticias/site/artic/20080906/asocfile/20080906220416/la_ruta_de_la_sangre.pdf

MIGUEL CUEVAS PINCHEIRA

Rut     : No tiene
F.Nacim. : 24  06  32, 41 años a la fecha de su detención
Domicilio : Rosas 371, Santa Bárbara, Los Angeles
E.Civil : Casado, 5 hijos
Actividad : Zapatero y obrero agrícola
C.Repres. : Sin información
F.Detenc. : 20 de septiembre de 1973

Miguel Cuevas Pincheira, casado,5 hijos, obrero agrícola, se desempeñaba como zapatero en la localidad de SantaBárbara y, además, realizaba labores como obrero agrícola en el Fundo El Huache de la misma comuna; fue detenido aproximadamente a las 22:00 horas del 20 deseptiembre de 1973, en momentos en que se encontraba en su domicilio.
Sus aprehensores fueron los miembros de un grupo que se denominaba “Fuerza de Colaboración Voluntaria con Carabineros deChile” y fue creado el 19 de septiembre de 1973 por el Jefe de la TenenciaSanta Bárbara, Teniente Plante Euclides Aravena, “con el fin de buscar extremistas en el sector de El Huache” como señalara el mismo oficial en el proceso de la Justicia Militar. El fundo señalado había sido expropiado al padre de los hermanos Manuel y Ricardo Barrueto.

El grupo represivo estaba conformado por un comando compuesto por los carabineros Heraldo Pulgar Riquelmey José Godoy Godoy ambos de la dotación del Retén de Santa Bárbara y por losciviles Jorge Domínguez, su hijo Jorge Domínguez Larenas, los hermanos Manuel yRicardo Barrueto propietarios de Fundo El Huache , Simón Mena Manosalva(posteriormente funcionario del Servicio de Seguro Social de la localidad deSanta Bárbara), Sergio Amado Fuentes Valenzuela y Jorge Eduardo Valdivia Dames,los que vestían uniformes de campaña similares a los del Ejército y portando diversos tipos de armas, realizaron un operativo en el Fundo El Huache y en Santa Bárbara. Los miembros de esta fuerza, se movilizaban en una camionetacolor verde claro de Manuel Barrueto, otra de color amarillo de José Domínguez padre y una tercera de color verde con amarillo, propiedad de la Municipalidadde Santa Bárbara.
Esa noche del 20 de septiembre llegaron a su domicilio los carabineros y civiles del grupo, quienes ingresaron violentamentey lo sacaron de su cama y sin permitirle que se vistiera lo subieron a uno de los vehículos. Luego lo condujeron hasta la Tenencia de Carabineros de Santa Bárbara. Los aprehensores, que en ningún momento exhibieron orden de detención,fueron reconocidos por la esposa del afectado, doña Norma Panes, quien se encontraba en el hogar en esos momentos.
Al día siguiente, Norma Panes, llegó temprano al cuartel policial, donde los uniformados le informaron que Miguel Cuevas había sido trasladado hasta el Regimiento de Los Angeles a las 6:00 de la mañana de ese día. Ella se trasladó inmediatamente a dicha unidad, también se dirigió a la Cárcel Pública, Fiscalía Militar y otros lugares sin poder conocer el paradero de su esposo.
Posteriormente viajó hasta la ciudad de Concepción, donde realizó averiguaciones en los centros de detención para presos políticos, sin resultados positivos. Entonces, viajó hasta Santiago sin lograr obtener información respecto del paradero de su esposo.
Miguel Mella se encuentra actualmente en calidad de detenido desaparecido.
Además, durante el operativo realizado ese día fueron detenidos en distintos lugares del Fundo El Huache y Santa Bárbara, losobreros agrícolas Desiderio Aguilera Solís, Miguel Cuevas Pincheira, JoséMariano Godoy Acuña, José Domingo Godoy Acuña, José Nazario Godoy Acuña, JulioCésar Godoy Godoy y Manuel Salamanca Mella, los que también permanecendetenidos desaparecidos hasta la fecha.
También se detuvo en esa oportunidad a Jovino Aguilera Solís, Taco Verdugo Salamanca, y Emiliano Aguilera Godoy, quienesfueron puestos en libertad el 21 de septiembre por sus aprehensores,permaneciendo el resto de los detenidos en el recinto policial.
Según declaraciones de testigos, ante laComisión de Verdad y Reconciliación, esa noche los detenidos habrían sido muertos y lanzados a las aguas del río Bío Bío, desde el puente que cruza Quilaco.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
En la causa 25 73 del 3er. Juzgado Militar deLos Angeles contra Ricardo y Manuel Darío Barrueto, Sergio Fuentes Valenzuela yJorge Eduardo Valdivia Dames por la desaparición de los detenidos del Fundo ElHuache, el mismo día y por el mismo grupo que detuvo a Miguel Cuevas Pincheira,se pudo establecer que efectivamente el grupo aprehensor pertenecía a Carabineros de Chile, y en él participaban, junto a uniformados, civiles de la zona. A pesar que el origen de la causa fue la investigación del desaparecimiento del grupo de campesinos, ésta se transformó en una investigación del comando aprehensor. Algunos de ellos durante el proceso fueron encargados reos por el delito de porte de armas de fuego sin permiso competente, pero finalmente el juez del 3er. Juzgado Militar lo sobreseyó definitivamente.
El tribunal no investigó la suerte de losdetenidos. Tanto los aprehendidos en el Fundo El Huache como Miguel CuevasPincheira permanecen hasta hoy en calidad de detenidos desaparecidos.
Tomadode MEMORIA VIVA

Patricio Torres Acuña Para finalizar les sugiero y solicito que lean la sentencia del caso:
www.ddhh.gov.cl/Fallosmesdejunio2011.html

Inicio » Fallos Judiciales mes de Junio 2011Fallos Judiciales mes de Junio 2011SENTENCIA DEFINITIVA EN CAUSA ROL N° 372 EPISODIO SANTA BÁRBARAEl día 14 de mayo de 2011, el Ministro en Visita Extraordinaria D. Carlos Aldana Fuentes, de la Iltma. Corte de Apelaciones de Concepción, en causa Rol N° 372…
DDHH.GOV.CL
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  • Francisco Antonio Farías Mansilla Patricio, hola. Miguel Angel Cuevas, era/es hermano de mi abuela materna, Carmen Cuevas Pincheira. Ayer me llamó porque tuvo acceso a esta noticia a través de mi tía Paola…esa foto, la vi desde pequeño en casa, slds!
  • Patricio Torres Acuña Un fraterno abrazo a ti y tu familia. Miguel fue un luchador social y fue ese compromiso el que llevó a sus asesinos a perpetrar ese innoble y cobarde homicidio. Guardo muchos recuerdos personales de Él.
  • Francisco Antonio Farías Mansilla que bueno saber que lo conociste; yo lo que se, es lo que me ha contado mi abuela y parte de mi familia materna, además de lo que he leído de los informes de DDHH. Para navidad, le regalamos con mi pareja a mi abuela Carmen, el documental “La Nostalgia de la Luz”. Lo vimos juntos y me imagino, lo que debe ser para ella estos 40 años de injusticia y dolor. Saludos nuevamente! FUERZA, ÁNIMO y CORAJE en tu trabajo de memoria.
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terrorismo de estado en chile. Detenidos Desaparecidos

Gritan las siluetas del silencio…todo está clavado en la memoria.

Gritan las siluetas del silencio…todo está clavado en la memoria.

jueves, 23 de julio de 2015

Gritan las siluetas del silencio

Inmersas en un tiempo desconocido y recortando en contraformas filosas de memoria el aire del silencio, las 119 siluetas de los 119 desaparecidos de la Operación Colombo se han “tomado” los pasillos y las salas del Museo de La Memoria. Estos retratos en ausencia muerden la memoria frágil y ocupan los espacios vacíos  que gritan y piden justicia. (23 de julio 2015)

Todo está clavado en la memoria

Patio 29
 
El Patio 29 es un terreno del Cementerio General de Santiago de Chile, que fue usado durante el Régimen Militar para enterrar clandestinamente a ejecutados políticos. 
Este lugar estaba destinado como fosa común para sepultar a personas indigentes, pacientes psiquiatricos y quienes morían en la calle sin ser identificadas por sus deudos (NN). Sin embargo, desde septiembre de 1973 hasta 1982, sus tumbas fueron usadas para ocultar a víctimas de la Dictadura Militar.
En 1991 comienzan las primeras exhumaciones de los restos y se da inicio a las investigaciones orientadas a identificarlos. El total de sepulturas exhumadas fueron 107, encontrándose en ellas 124 restos óseos.

119 de Nosotros. La Operación Colombo en las turbias aguas de la impunidad.

Destacado119 de Nosotros. La Operación Colombo en las turbias aguas de la impunidad.

La Operación Colombo en las turbias aguas de la impunidad

El 24 de julio se cumplen 40 años de la publicación de la “Lista de los 119” en diversos medios nacionales. La impunidad es la regla, salvo para 19 casos en que la sentencia de la Corte Suprema contempla prisión efectiva para los criminales (ver cuadro 1). La justicia chilena sólo comenzó a actuar después de la detención de Pinochet en Londres, el 2001, iniciándose la investigación del montaje que la DINA, el servicio secreto de Pinochet, denominó “Operación Colombo”. En 2009, sin embargo, la Corte Suprema absolvió a todos los criminales por la desaparición de la estudiante de servicio social y miembro del MIR, Jacqueline Binfa, revocando la sentencia del ministro de fuero Alejandro Solís y aplicando la total prescripción de los delitos.

La Segunda

“Exterminados como ratones”, tituló La Segunda el 24 de julio de 1975 refiriéndose a estas desapariciones. Eran 19 mujeres (una de ellas, Jacqueline Drouilly, embarazada) y 100 hombres, todos luchadores antidictatoriales, la inmensa mayoría menores de 30 años. Sin excepción, amaban la vida y la libertad. De sus 97 hijos, trece fueron póstumos, y dos nacieron en cautiverio. Entre los secuestrados del 8/7/74 al 20/1/75 había parejas, hermanos, amigos y compañeros de militancia; estudiantes, obreros, profesionales, periodistas, actores, sastres y pobladores. Varios eran de Ñuñoa, otros de Villa Francia, la José María Caro, La Legua, La Bandera, o Peñalolén. Algunos eran originarios de Antofagasta, o La Serena, Talca, Concepción, Temuco, Chillán, Valdivia, Los Angeles y Longaví. La mayoría militaba en el MIR pero también había comunistas, socialistas, del MAPU o sin militancia. Los sobrevivientes los vieron por última vez en centros de tortura ubicados en Londres 38, Villa Grimaldi, la “Venda Sexy” o Cuatro Alamos.

Los medios chilenos en dictadura habían encubierto los crímenes “informando” en grandes titulares que ellos habían muerto en el exterior producto de rencillas internas. Reprodujeron notas de Lea y O Dia,revistas creadas para ese fin en Argentina y Brasil. El montaje fue en parte obra de Álvaro Puga, director de Asuntos Civiles de la dictadura y jefe de Operaciones Sicológicas de la DINA, quien firmaba como “Alexis”. Así lo establece el fallo emitido en 2006 por el Tribunal de Etica del Colegio de Periodistas, al que recurrió el Colectivo 119. Puga no era periodista y no ha figurado en ningún procesamiento. Los diarios de la cadena El Mercurio fueron parte crucial de la maniobra, por lo cual Agustín Edwards fue interrogado en 2013 por el ministro Mario Carroza a raíz de la querella interpuesta por miembros del Colectivo 119 ese año contra Edwards y los responsables civiles del montaje. En 2015 Agustín Edwards fue finalmente expulsado del Colegio de Periodistas. La sanción emitida por el citado Tribunal de Etica, se basa, entre otros cargos, en los atentados a la libertad de expresión promovidos por El Mercurio a partir del golpe de Estado de 1973.

Prisión efectiva con pensiones para 10

Es alarmante comprobar que pese al discurso oficial, a nivel nacional y en este episodio represivo, la impunidad se confirma como la tendencia dominante. La interminable espera de justicia continúa para 90 de las desapariciones. Sólo 10 criminales cumplen sentencia efectiva en los 29 casos de Operación Colombo fallados por la Corte Suprema: Manuel Contreras (ex director de la DINA) y Marcelo Moren Brito (ex jefe de Villa Grimaldi, con 17 condenas cada uno); Miguel Krassnoff (cabeza de la brigada Halcón, por 12 casos); Manuel Carevic (agrupación Purén, 3); Pedro Espinoza (ex jefe DINA, 4 casos); Francisco Ferrer (ex jefe DINE, 3 casos); Gerardo Godoy (ex jefe Brigada Tucán, 3); Raúl Iturriaga (ex jefe sección exterior DINA, 3); Orlando Manzo, ex jefe de Cuatro Alamos (2); y Basclay Zapata integrante de Halcón, por 11 casos. Los diez continúan recibiendo millonarias pensiones y mantienen su grado militar, cuestión que los sitúa en niveles de vida superiores a la gran mayoría de los chilenos.

Concierto contra la impunidad

Para conmemorar el aniversario, el Colectivo 119 junto a decenas de organizaciones sociales y populares convocan este viernes 24 al Concierto “Por Justicia Contra la Impunidad”, en el Centro Cultural Chimkowe de Peñalolén, desde las 17 horas. Se respira impunidad en estas causas pero también a nivel país, sostienen los organizadores del Colectivo Familiares y Amigos de los 119. Los ex presos políticos que con sus testimonios contribuyeron de forma generosa y decisiva al avance de los juicios, son una vez más ninguneados por el Estado chileno, sordo a sus demandas de justicia y reparación expresadas en una prolongada huelga de hambre.

Es turbulento el marco de los 40 años de la publicación de la Lista de los 119. La Corte de Apelaciones ha puesto en libertad al autor material de un crimen del caso Degollados, Alejandro Sáez, que había sido condenado a cadena perpetua. El fallo, considerado aberrante por familiares de los caídos y las organizaciones de derechos humanos, podría repetirse. Hasta ahora nuevas sentencias a firme han impedido que Contreras, que postuló en 2011 a la salida dominical, y Miguel Krassnoff que solicitó a la Corte la libertad condicional, estén libres. Por otra parte, los criminales Daniel Cancino, Ricardo Lawrence, y Rubén Fiedler están prófugos eludiendo el cumplimiento de sus sentencias.

El persistente trabajo de rescate de la memoria y de acompañamiento a los procesos llevado a cabo por el Colectivo 119 Familiares y Amigos impide, sin embargo, que a la impunidad se sume el olvido

. Diversas iniciativas artísticas y académicas florecen a contrapelo de la injusticia: en la Universidad de Chile, se abrió recién un concurso de ensayos sobre “Juicio Público a los Medios de Comunicación a 40 años de la Operación Colombo”; se estrenó en 2013 un documental (“119 esperanzas”, de Luis Parra F). En Sao Paulo y Montevideo se ha exhibido la muestra fotográfica de Cristián Kirby “119”, sin acogida en Chile como proyecto; hay un libro reportajes (“119 de nosotros”), varias tesis de grado, y el Museo de la Memoria expondrá el proyecto “Hilos de Ausencia” durante 119 días, a partir del sábado 26 de julio.

Impunidad “biológica”

The Clinic entrevistó en marzo de 2014, al ya retirado ministro Alejandro Solís, que durante su desempeño emitió 44 fallos en causas de derechos humanos, e incorporó en ellos principios del derecho internacional en derechos humanos. Expresó Solís: “Falta voluntad de apurar este tipo de causas. Que sea genérico o individual, no lo sé. Si pasa el tiempo ¿en qué se traduce esto? Se van muriendo los familiares de las víctimas y se van muriendo los testigos y los inculpados, por razones de salud no pueden ir a la cárcel. Entonces se produce una impunidad biológica.”

Además de los 29 fallos dictados por la Suprema por casos de la Operación Colombo, hay 6 sentencias ya confirmadas por la Corte de Apelaciones que deben seguir su camino hacia la Corte Suprema, y 30 fallos de primera instancia (ver 2 cuadros anexos). Pero entre julio de 2012 y junio de 2013, las Cortes de Apelaciones fallaron solamente siete sentencias de primera instancia. Estas demoras son habituales.

Entre las argucias usadas por las defensas, está solicitar la actualización de exámenes de facultades mentales por el Servicio Médico Legal. Es obligatorio hacerlo para condenas superiores a 15 años y un día, o cuando el condenado tenga más de 70 años. Imposible olvidar que el principal responsable de las acciones de la DINA, Augusto Pinochet Ugarte, jamás pagó por ninguno de sus crímenes, aunque fue procesado y prontuariado por estas causas.

Según cifras totales del poder judicial (a marzo 2014), en las 1045 causas abiertas por violaciones a los derechos humanos en dictadura, se han dictado 247 sentencias, de las cuales 217 son condenatorias y 30, absolutorias.

El truco de la media prescripción

En 10 fallos sobre casos de la Operación Colombo, a partir de julio de 2007, la Corte Suprema hizo simulacros de justicia que permiten a todos o algunos de los condenados la libertad, gracias a la figura de la “media prescripción”, que el Ministro Hugo Dolmetsch y otros aplican sistemáticamente rebajando las sentencias para posibilitar la libertad de los criminales (ver Cuadro 2). Estas prácticas revelan que la doctrina internacional de derechos humanos está lejos de ser asimilada y comprendida por la mayoría de la judicatura chilena, con honrosas excepciones. El ministro Carlos Cerda ha atajado esta figura en fallos recientes.

La abogada y aspirante a doctora en derecho Karinna Fernández analiza este tema en su artículo “La jurisprudencia de la Corte Suprema Chilena frente a las graves violaciones a los derechos humanos” (Revista del Magister y Doctorado en Derecho), recordando que la Corte Interamericana de Justicia es claramente contraria a la aplicación de la media prescripción. En delitos de lesa humanidad, las sentencias deben cumplir con parámetros de “proporcionalidad y pertinencia” que justamente no se dan en estos casos, claramente contrarios al derecho internacional.

Están libres los criminales responsables de los secuestros del ex estudiante de Historia en el Pedagógico, Félix de la Jara Goyeneche; el estudiante de ingeniería en minas Julio Flores; el carpintero socialista Ofelio de la Cruz Lazo; el interventor de la industria de aceros Franklin, Sergio Montecinos; el estudiante de ingeniería y dirigente del MIR Osvaldo Radrigán; el estudiante de sociología Jaime Robotham, el electrónico Marcelo Salinas, el decorador Fernando Silva Camus, y su hijo, Claudio Silva, estudiante de Pedagogía.

Sentencias a más de 10 años

Sólo en 14 de las 29 sentencias analizadas, los perpetradores de estos delitos de lesa humanidad recibieron penas mayores a los 10 años de prisión por la Operación Colombo, considerada hoy como la marcha blanca de la Operación Cóndor que desarrolló posteriormente la DINA actuando coordinadamente con los servicios de inteligencia del Cono Sur y otros. La Corte Suprema dictó en 2004 la primera sentencia por estos crímenes, confirmando el fallo original del ministro Alejandro Solís por el secuestro de Miguel Angel Sandoval, mirista, ex miembro del GAP en su primera fase (escolta del presidente Allende). Así fue como el 28 de enero de 2005 el criminal jefe de la DINA, Manuel Contreras fue llevado a la fuerza al Penal Cordillera donde comenzó a cumplir la primera de una larga serie de condenas. Fue un día de júbilo para Chile y el mundo.

detención Contreras
detención Contreras

Otra sentencia de trascendencia internacional fue la emitida a fines de 2014 por el secuestro y desaparición del estudiante de filosofía y dirigente del MIR, Alfonso Chanfreau, quien tenía nacionalidad francesa. La sentencia fue posterior al fallo dictado por la corte francesa en 2011 en un juicio notable por la investigación desarrollada. En Francia se condenó en rebeldía a Contreras y otros a cadena perpetua. En Chile la más alta condena en el juicio por el mismo crimen, fue de 10 años. Para tener una instancia de comparación más próxima, veremos el caso de Argentina. A agosto de 2011 en ese país el promedio de sentencias finales era de 35,25 años. El promedio de las sentencias dictadas en Argentina en toda instancia, en 2010 se sitúa entre los 20 y 25 años, con varias condenas a cadena perpetua y una sola menor a 15 años, según cifras del Centro de Estudios Legales y Sociales www.cels.org.ar .

Méritos de Contreras y Krassnoff

Una muestra de amor por la impunidad se encuentra en la sentencia pronunciada por los ministros Jaime Rodríguez, Rubén Ballesteros, Hugo Dolmetsch, y Carlos Künsemüller en el fallo por el secuestro de Jaime Robotham Bravo, emitida en 2011, “condenando” a 5 años presidio menor (es decir en libertad) a Manuel Contreras, Marcelo Moren, Pedro Espinoza, Rolf Wenderoth, Fernando Lauriani, Miguel Krassnoff y Daniel Cancino por cumplir los requisitos (artículo 15 de la Ley 18.216 sobre Medidas Alternativas a las penas)“precisamente en mérito de los antecedentes personales consignados por sus defensas, tomando en consideración el largo tiempo transcurrido desde la consumación de los hechos punibles, como asimismo el mérito que emana de los antecedentes…se les concede la libertad vigilada….por un lapso similar al de la pena principal sufrida por cada uno de ellos.”

La escuela del ministro Solís

Para el Colectivo 119 es destacable el trabajo del ministro Alejandro Solís que hasta su retiro investigó en forma intensiva los hechos denunciados, incorporando en los fallos por primera vez la doctrina internacional de derechos humanos, así como testimonios y contexto.

Por esa senda caminan ahora los ministros Leopoldo Llanos y Hernán Crisosto que junto a los magistrados Carroza y Vásquez, llevan estas causas. Con respecto a la Operación Colombo, el ministro Crisosto ha dictado ya 13 sentencias en lo que va transcurrido de 2015 y firmó otro fallo en 2014. Por su parte, el ministro Llanos dictó 11 sentencias en 2014 y 2 en 2015, lo que totaliza 30 sentencias de primera instancia sumando las de otros ministros.

La espera sin fin

De los 90 casos restantes, hay 15 con Acusación formulada, y se espera el fallo correspondiente. En 25 casos ya se han dictado los procesamientos que preceden a una acusación (detalles en Cuadro 2). Pero en 14 casos aún no se adoptan decisiones a nivel judicial. Los procesos están en etapa de sumario, o bien han sido reactivados hace muy poco. Son los casos del obrero de la construcción Eduardo Alarcón Jara, del estudiante de Biología y ex alumno del Manuel de Salas, Luis Fuentes Riquelme; del ex estudiante valdiviano de ingeniería comercial y miembro del GAP Néstor Gallardo Agüero; del secundario del Liceo Ché Guevara de San Miguel, Jorge Antonio Herrera Cofré; del joven militante del MIR de Lautaro, Ramón Labrador Urrutia.

Tampoco hay novedades judiciales en el caso del militante del MAPU y ex redactor de “Chile Nuevo”, Sergio Lagos Hidalgo; del comerciante y militante comunista Juan Bautista Maturana Pérez; del ex dirigente sindical socialista Edgardo Morales Chaparro; ni del futbolista de barrio y dirigente del MIR de Lo Valledor, Leopoldo Muñoz Andrade. La impunidad continúa en la desaparición de Ramón Núñez Espinoza, el joven estudiante de la USACH de quien el entonces embajador Sergio Diez, recientemente fallecido, dijo en Naciones Unidas: “No tiene existencia legal”.

Cuarenta años después de la Operación Colombo, la justicia no ha llegado para el dirigente poblacional de La Bandera, Gary Olmos Guzmán, ni para Jorge Ortiz Moraga, mirista, estudiante de medicina, y rugbista y para el estudiante de sociología Carlos Salcedo Morales, desaparecido desde el campo de concentración y tortura de Cuatro Alamos. Contradictoria conducta de los tribunales cuya Corte Suprema pidió perdón por su rol en dictadura, sin que en su conjunto los tribunales actúen consecuentemente.

Cuadro 1: Las 29 sentencias a firme (Corte Suprema)

Tipo de sentencia 29 Casos
Absueltos todos los criminales, Prescripción total 1 Jacqueline Binfa (2009)
Media prescripción =   criminales sin pena efectiva o rebaja a sólo 5 años y 1 día 10 Manuel Cortez, Félix de la Jara G, Julio Flores, Ofelio Lazo, Sergio Montecinos, Anselmo Radrigán, Jaime Robotham, Marcelo Salinas, Fernando Silva C, Claudio Silva P
Sentencias de menos de 8 años y 1 día 5 S. Jorge Espinosa M´, Muriel Dockendorff, Pedro Merino, Patricia Peña S, Fernando Peña
Diez años o más a Contreras y/o otros miembros Plana mayor DINA 14 M. Teresa Bustillos, Mario Carrasco, Manuel Cortez, Claudio Contreras, Alfonso Chanfreau, Jorge D´Orival, Alfredo García, María Elena González, Hernán González, Rodolfo González P., Luis Guajardo, Juan Ibarra, José Jara, Miguel Angel Sandoval.

Fuente: elaboración propia con información del Programa de DDHH del Ministerio del Interior y el Poder Judicial más archivos personales, al 15 de julio de 2015

Cuadro 2: Las 90 causas restantes

Estado de la Causa y Cantidad casos Casos
6 con Sentencia C. Apelaciones (falta el Paso por C. Suprema Stalin Aguilera, Víctor Arévalo, Bladimir Arias, Agustín Reyes, Eduardo Miranda, Víctor Villarroel.
30 sentencias primerainstancia Miguel Angel Acuña, René Acuña, M. Angélica Andreoli, Rubén Arroyo, Abundio Contreras, Carlos Cubillos, Bernardo de Castro, Jacqueline Drouilly, Luis Durán, Teresa Eltit, Modesto Espinoza, M. Isabel Joui, Carlos Gajardo, Eduardo Lara,   Mónica Llanca, Eugenia Martínez, Agustín Martínez, Juan Molina, Marta Neira, Luis Palominos, Carlos Pérez V, Pedro Poblete, Hugo Ríos, Gerardo Silva, Enrique Toro, Rodrigo Ugas, Jaime Vásquez, José Villagra, Manuel Villalobos, Héctor Zúñiga.
15   con Acusación formulada (en espera del fallo que fija la condena) Arturo Barría, Francisco Bravo, Carmen Bueno, Sonia Bustos, Antonio Cabezas, Juan Chacón, Héctor Garay, Zacarías Machuca, Rodolfo Marchant, Jorge Olivares, Vicente Palomino, Daniel Reyes, Ariel Salinas A, Teobaldo Tello, Eduardo Ziede.
25 con procesamientos (en espera de acusación) M. Inés Alvarado, Francisco Aedo, Jorge Elías Andrónicos, Juan Carlos Andrónicos, Jaime Buzio, Mario Calderón, Cecilia Castro, Roberto Chaer, Washington Cid, Darío Chávez, Martín Elgueta, Alejandro Espejo, Agustín Fioraso, Gregorio Gaete, Mauricio Jorquera, M. Cristina López, Germán Moreno, Juan Carlos Perelman, Isidro Pizarro, Marcos Quiñones, Asrael Retamales, Sergio Reyes, Gilberto Urbina, Bárbara Uribe, Edwin van Yurick.
14 Sin avances visibles. Varias de las querellas interpuestas hace poco. Eduardo Alarcón, Luis Fuentes, Néstor Gallardo, Jorge Antonio Herrera, Ramón Labrador, Sergio Lagos H., Violeta López, Juan Bautista Maturana, Edgardo Morales Ch, Leopoldo Muñoz A, Ramón Núñez, Gary Olmos, Jorge Ortiz y Carlos Salcedo.

Fuente: elaboración Lucía Sepúlveda con información del Programa de DDHH del Ministerio del Interior y el Poder Judicial, más archivos personales, al 15 de julio de 2015

La autora, Lucía Sepúlveda Ruiz, es periodista
www.periodismosanador.blogspot.com

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Nueva Novela de Omar Pérez Santiago rescata la figura de Miguel Enríquez

Nueva Novela de Omar Pérez Santiago rescata la figura de Miguel Enríquez

A POCOS DÍAS DE CUMPLIRSE 50 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DEL MIR CHILE. 15 agosto 1965- 15 agosto 2015

Frente al capitalismo Cognitivo

volvere y sere

Omar Pérez Santiago es escritor, autor de la novela “Allende, el retorno” (Aura latina/ Cinosargo), y del libro de cuentos “Nefilim en Alhue” (Mago editores), entre otros clásicos Underground  como      ” Memorias eróticas de un Chileno en Suecia”, ” La novia de Borges y la Novela Comic ” Negrito no me hagas mal”. Su  propuesta anticipada y altamente lograda ahora nos vuelve a sorprender  con su nuevo libro “Miguel Enríquez, Volveré y seré millones” , donde rescata la figura del Secretario General del movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR . Aquí la introducción a su nuevo libro. 

MIGUEL ENRIQUEZ: VOLVERE Y SERE MILLONES

“Si no soy de constitución valiente, me haré valiente por la vía racional.”
Miguel Enríquez, 21 años, Concepción, 1 de enero de 1962.

Miguel Enríquez, a los 17 anos leyó la asombrosa novela  “Espartaco”, escrita por el neoyorkino Howard Fast y publicada en 1951. …

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Ignacio Valenzuela “Por la memoria de nuestros héroes… Ni un minuto de silencio, toda una vida de combate”

Ignacio Valenzuela   “Por la memoria de nuestros héroes…  Ni un minuto de silencio, toda una vida de combate”

SÁBADO, 5 DE JULIO DE 2008

Recaredo Ignacio Valenzuela Pohorecky

 

“Comandante Benito”
Ignacio Valenzuela

Nació el 02 de noviembre de 1956 en un barrio de Santiago, capital de Chile, Ignacio vivió apresuradamente, como sabiendo que no disponía de mucho tiempo.


Sus estudios los realizó en distintos planteles educacionales de la capital. El liceo 7 de Ñuñoa fue uno de ellos donde cursando el séptimo grado, y siendo casi un niño con apenas diez años de edad, se encontraba en el centro de la ciudad y vio cuando la policía apaleaba y tiraba bombas lacrimógenas, preguntó en aquel entonces por qué hacía eso la policía, le respondieron que para proteger el orden. Su comentario a tal respuesta fue que la gente no hacía nada, “marchaban y gritaban nada más…, el desorden lo hace la policía”.

A los 14 años se incorpora al Partido Comunista Chileno.

Luego vino el liceo 17 donde cursó la educación media y es donde destacan sus cualidades en defensa de sólidos principios adquiridos en el transcurso de su corta vida. Luego vino otro liceo donde la izquierda era una minoría, a pesar de esta dificultad persistió en su trabajo consolidando cada vez más sus convicciones enfrentado a complejos y apasionados debates en el ambiente extremadamente politizado y tenso que existía en el país luego del triunfo de la Unidad Popular en 1970.

Luego vino el golpe militar donde fue testigo del terrorismo de estado institucionalizado en Chile. La mirada de Ignacio se endurece y -a pesar de su juventud- le fue imposible no sentir profundo dolor ante lo que presenciaba. Lloró cuando supo de la muerte del presidente Salvador Allende, pronto vinieron los allanamientos, en octubre la detención de su padre, se movieron influencias y a los seis días estaba de vuelta. Dentro de este oscuro panorama siguió sus estudios, pudo concluir la enseñanza media para luego postular a la universidad.

En el año 1974 ingresa a la carrera de ingeniería comercial de la Universidad de Chile, empezó a realizar un trabajo cultural y social pero esto a él no le bastaba, sabía que había que dar un paso más adelante para llegar a la organización política. Por sus actividades en la Universidad fue arrestado en varias oportunidades.

La trayectoria política de Ignacio comenzó al incorporarse a la Juventudes Comunistas donde llegó a ser el encargado del Comité de Escuelas, responsable de dos bases; en 1979, miembro de la Dirección de Estudiantes Comunistas, que es en la práctica una Dirección Regional, luego miembro del Comité Central. Después militó en el Frente Cero, que salió a enfrentar a la dictadura, sin tener la mínima preparación física, psicológica ni técnica. Este movimiento fue liquidado, absolutamente destruido o infiltrado.

Los que sobrevivieron como Ignacio, enriquecidos con esa experiencia, participaron en la constitución del Frente Patriótico Manuel Rodríguez donde se lograría un nivel más elevado en la capacidad combativa. Allí se entregó por entero a la lucha contra la dictadura. Ignacio se inició en el FPMR siendo un cuadro de reconocida capacidad política. Su modestia, carencia de ambiciones personales, abnegación, mística, entrega, dedicación con sus subordinados y su carácter recio lo hicieron uno de los hombres más respetados de la organización llegando a ocupar diversas responsabilidades. Como instructor y encargado de escuelas tuvo a un gran número de combatientes bajo su mando. De él dependían recursos y vidas humanas que manejó siempre con exigencia y responsabilidad. Después de una breve pero intensa trayectoria llegó a ser jefe de zona en la capital y miembro de la dirección nacional de la organización.

Numerosas son las acciones que planificó y llevó a cabo. Dentro de ellas destacan acciones de hostigamiento a cuarteles de la siniestra y criminal CNI, asaltos a las armerías, el secuestro del militar del ejército Chileno Coronel Haverle que posteriormente fue entregado sano y salvo a sus familiares. Participó en el rescate de Fernando Larenas, combatiente recluido en una clínica por haber sido gravemente herido y capturado en una escaramuza. Ese fue el primer rescate de un combatiente del Frente. En todas ellas dejó un legado de respeto y admiración muy difíciles de olvidar. Ignacio era un hombre como cualquier otro, estudiaba, trabajaba, formó una familia. Tenía esperanza en un mundo mejor y eso lo impulsó a luchar.

A los treinta años, el día 15 de Junio de 1987, sus asesinos le dispararon a mansalva y a quemarropa, por la espalda, como sólo los traidores suelen hacerlo, sin darle oportunidad de defenderse, conocían de su arrojo, valentía y su decisión de morir combatiendo. La única forma de terminar con su vida era sin mirarle a la cara, cobardemente y a traición. Del cuerpo exánime de Ignacio los homicidas vieron escapar su sangre a torrentes, pero estos verdugos no pudieron ver el ejemplo de Ignacio que desde siempre otorgó a los rodriguistas. Su entrega, mística y decisión de luchar eran parte de los rasgos que definían a Ignacio como miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Sabemos que sus asesinos podrán morir de viejos, aunque temerosos de que les sean cobradas sus deudas y ajustadas sus cuentas. Saben que los están mirando los ojos ciegos de sus víctimas. Saben que los ojos de los vivos también los están mirando. Perdidos en un sombrío submundo no tienen, no podrán tener un lugar de verdadera paz. Ignacio -para los rodriguistas y para todos aquellos que lo conocieron – ocupará por siempre el mejor lugar en el monumento a la dignidad de los hombres.

¡Hasta siempre Hermano Ignacio!

Por la memoria de nuestros héroes…

Ni un minuto de silencio, toda una vida de combate

Relacionado

http://www.archivochile.com/Memorial/caidos_mov_popular/V/valenzuela_pohorecky_recaredo_ignacio.pdf

Ignacio Valenzuela Pohorecky, “que fue acribillado por la espalda e Inmediatamente se volvió eterno.”

Ex militante relata experiencia de la juventud rebelde durante la tiranía de Pinochet
 

Ex militante relata experiencia de la juventud rebelde durante la tiranía de Pinochet
 
Adital

“La grandeza de la lucha revolucionaria es que permite pasar por sobre las contradicciones, los egoísmos y los riesgos; de ahí el desprecio a la muerte por una causa noble”

Raúl Pellegrin

Entre las protestas de los profesores, estudiantes y trabajadores/as del sistema de transporte público de una de las líneas más importantes del Transantiago, y apenas separados por la mesa envejecida de una fuente de soda santiaguina, el ex militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR,http://www.rebelion.org/noticia.php?id=113276) , Eduardo Robles, relata que “a 28 años del asesinato por la espalda de Ignacio Valenzuela Pohorecky, su familia le pidió a los amigos de Ignacio la reposición de una placa de cerámica puesta en su tumba que representa un motivo infantil que le dibujó su hijo Luciano y que había sido robada. Y mientras colocábamos ese símbolo en su nicho, recordé y recordé (‘volví al corazón’) todo lo que ha pasado desde entonces”, y añade que “uno siempre evalúa el costo de la pérdida de este amigo, compañero y hermano. ¿Para que sirvió su caída? ¿Quiénes conocen hoy su historia? Y uno piensa en el sacrificio de una generación que combatió con las armas a la tiranía y qué cosas logramos.”

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Miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) se separan del Partido Comunista y emprenden la lucha armada contra el régimen de Pinochet.

¿En qué contexto cae Ignacio?

“A mediados de 1987 hacía pocos meses que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) se había separado del Partido Comunista chileno (PCCh). Ignacio formó parte de la promoción inicial que creó al FPMR. De esos militantes de la Juventud Comunista (JJCC) que alcanzaron la claridad histórica para asumir una política no sólo porque bajó partidistamente, sino porque fue parte de un proceso y convicción personal sintetizadas en que para derrotar a la dictadura era preciso usar todas las formas de lucha. Hasta ese momento, todas las demás resultaron insuficientes. La inmensa mayoría de los dirigentes/as de los partidos políticos tradicionales de izquierda había sido asesinada. En consecuencia, la creación de frentes antifascistas, movimientos sindicales, etc. en contra de la tiranía carecían de espacio, ahogados por la represión. En ese marco dramático, muchos/as militantes llegaron al convencimiento de que para mover al pueblo de Chile y confrontar mediante acciones directas a la opresión ya era necesario realizar sabotajes, lucha y propaganda armada, castigos selectivos, etc. El objetivo era confrontar el monopolio de la violencia estatal, ayudar a la toma de conciencia y a elevar la moral de nuestro pueblo.”

¿Cómo conociste a Ignacio?

“Antes del golpe de Estado de 1973. Militábamos juntos en la JJCC. Ignacio era un gordito militante y estudiante del Liceo 17 de la comuna de Las Condes de la ciudad de Santiago. Era conocido como “el guatón Valenzuela”, de mejillas rojas, muy buen estudiante y de excelente humor. Cuando se ejecutó el golpe de Estado contaba 16 años y ya era un connotado militante de la JJCC de su colegio. Como muchos/as, después del golpe, Ignacio vivió un camino de transformación y madurez fulminante. Ingresó a estudiar Economía a la Universidad de Chile. Yo me reencontré con él alrededor de 1977 cuando estaba por graduarse de su carrera universitaria y ya habían exterminado a las direcciones del PCCh y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), entre otras fuerzas. En medio de un proceso de repliegue y exilio masivo, Ignacio me comentó que a la dictadura no se le podía encarar sólo enviando cartas a los regimientos, invocando el costado humano de los milicos o mediante las denuncias de las organizaciones de derechos humanos: era urgente asumir otro tipo de resistencia, siguiendo el ejemplo del MIR. Esta convicción caló en muchos jóvenes comunistas de la época.”

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¿A qué se refería explícitamente Valenzuela Pohorecky?

“A la necesidad de pasar a la clandestinidad y a desafiar a la dictadura militarmente. Ignacio hacía tiempo que confrontaba sus posiciones con los compañeros/as que realizaban un trabajo en la Asociación Cultural Universitaria (ACU, http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3497.html). Recuerdo que Ignacio, amante de la poesía, discutía con un poeta de entonces a quien le planteaba que la poesía debía convertirse en lucha frontal y directa en contra de la tiranía. La poesía desarmada no provocaba ningún daño relevante a la opresión. Las peñas y los grupos folclóricos eran necesarios, pero definitivamente insuficientes.”

La juventud rebelde bajo la tiranía

¿Cómo se expresó la radicalización de los jóvenes de fines de los 70?

“Nos sumergimos y empezamos con los rayados (pintadas) en los muros llamando a la insubordinación, por ejemplo. Coincidimos con la victoria sandinista en Nicaragua en 1979, la de Vietnam en 1975, la guerra en El Salvador, y con discusiones fuera de Chile que se dieron en la cúpula del PCCh. De hecho, el secretario general de esa tienda, Luis Corvalán (que ejerció el cargo entre 1958 y 1990), comenzó a hablar de todas las formas de lucha, de la perspectiva insurreccional de masas (PIM), de la violencia aguda y, por primera vez, se mencionó el llamado “vacío histórico” del PCCh, el desprecio por la autodefensa y el trabajo militar. Los miembros del PCCh que se formaron en Cuba y combatieron en Nicaragua también incidieron en ese debate.”

¿Cuál fue la reacción de la totalidad de la dirección del PCCh?

“Al aparato sindical en el exilio, que era parte de la Federación Sindical Mundial, siempre le pareció una aventura el discurso insurreccional, debido, tanto a la política de la Unión Soviética, como a cierta mentalidad obrerista y economicista que lo dominaba. Esa cultura chocó con la juventud comunista al interior y al exterior del país.”

¿Y qué hicieron ustedes, entonces?

“Ignacio, yo y otros comenzamos a conversar con ex compañeros del colegio sobre la necesidad de iniciar sabotajes y acciones audaces.”

¿A qué se referían con ‘sabotajes’?

“Dañar las comunicaciones, desalentar en la práctica el discurso dictatorial del supuesto milagro económico chileno. Ya el MIR había efectuado sabotajes a agentes del gobierno y a símbolos de la burguesía en sus propios barrios de ricos. Por tanto, pensamos que esa era la línea a seguir. Comenzamos a boicotear con explosivos caseros los locales que administraba la esposa del dictador, Lucía Hiriart (http://es.wikipedia.org/wiki/CEMA_Chile), le incendiamos el auto a un guardaespaldas de Pinochet. En Santiago existíamos tres grupos de esta clase que no nos conocíamos entre nosotros. Algunos habían quemado los tendidos telefónicos, realizado ataques incendiarios a la revista Qué Pasa de ultraderecha Eso fue en 1980 y sin permiso del PCCh. Aprendimos de manera totalmente autodidacta.”

resumen
Acto para pedir justicia por los militantes asesinados por la dictadura pinochetista en Chile.

¿Y qué hizo el PCCh?

“Paulatinamente empezó a contactar orgánicamente a pequeños grupos como el nuestro y que fueron formando el Frente 04, previo al FPMR y que se alimentó de algunas personas que fueron parte de la autodefensa que tuvo el PCCh en la Unidad Popular. En esa experiencia participó Cecilia Magni (http://es.wikipedia.org/wiki/Cecilia_Magni), antiguos militantes comunistas que años después murieron en el asalto a unas armerías, entre otros/as.”

¿Cómo respondió la tiranía?

“Nos signaba de terroristas mucho antes de que existiera el FPMR. Sincrónicamente fracasó de modo terrible la Guerrilla de Neltume del MIR (http://www.puntofinal.cl/550/neltume.htm).”

El FPMR y el PCCh: el conflicto permanente y la escisión

¿Y el origen del FPMR?

“El PCCh decidió crear un aparato militar, pero públicamente no como una política propia, con el fin de no perder el diálogo y la posibilidad de acuerdos con la oposición burguesa a la dictadura. El denominado “vacío histórico” nunca se tradujo en la transformación del PCCh en una organización político-militar. El FPMR fue una especie de ‘hijo bastardo’ del PCCh, un no reconocido. Eso, teóricamente, le ofrecería una forma de presionar al régimen y al mismo tiempo negociar en un mejor pie con la oposición liberal. Ya la creación del FPMR como una estructura aparte del PCCh, demostró que jamás existió un real reconocimiento de la ausencia de una política revolucionaria en su interior.”

Pero esa es una evaluación posterior…

“Por supuesto. Entonces, para quienes asistimos al parto del FPMR nos resultó un enorme avance su sola existencia. Nosotros nos convencimos de que un aparato de esa naturaleza no podía tener ninguna relación con el trabajo público del PCCh. Lo vimos como algo coherente en ese tiempo. Hoy podemos afirmar que la manera en que fue concebido el FPMR jamás tuvo que ver con un Partido Comunista que luchaba por el poder y que siempre primó y ha primado su condición reformista y legalista.”

¿Y la Política de Rebelión Popular de Masas (RPM) del PCCh?

“Fue proclamada en 1980, pero comenzó a realizarse en Chile alrededor de 1983, cuando se dio a conocer el FPMR. Galvarino Apablaza (Comandante Salvador,http://www.rebelion.org/noticia.php?id=114168) fue uno de los encargados de trabajo militar de masas (TMM) en el PCCh y luego fue uno de los dirigentes del FPMR. Así también se nombró a un enlace político entre el trabajo militar del PC con el FPMR.”

Ignacio

¿Cómo era Ignacio Valenzuela Pohorecky?

“Ignacio tenía un carácter audaz basado en una formación política sólida. Cuando el PC bajaba la línea de realizar acciones de sabotaje y propaganda armada, Ignacio ya lo estaba haciendo hacía tiempo. Él fue uno de los primeros dirigentes del destacamento especial del FPMR. Los destacamento especiales en Santiago fueron cuatro: uno dirigido por Roberto Nordenflycht (http://institutanosydictadura.blogspot.com/2007/12/roberto-nordenflycht.html); otro por Mauricio Arenas (http://www.memoriaviva.com/Ejecutados/Ejecutados_A/arenas_bejas_mauricio_fabio.htm) ; otro por Mauricio Hernández Norambuena (http://www.mauriciohernandeznorambuena.com/); y otro por Ignacio, quien realiza espectaculares acciones. Por ejemplo, el secuestro del cabo de carabineros Germán Obando, del militar encargado de relaciones públicas del ejército, la toma de la Radio Minería, el asalto a las armerías, sabotajes múltiples, etc. En esas acciones todavía no participaban oficiales del FPMR formados en el extranjero, sino que militantes locales, salvo Roberto Nordenflycht, Raúl Pellegrin y Galvarino Apablaza, y otros pocos que se ocuparon de los aspectos logísticos de la nueva organización. De hecho, Ignacio (junto con Mauricio Arenas) sólo viajó a Cuba a formarse militarmente por algunos meses recién en 1984. Para conocer el carácter de Ignacio, vale ejemplificar con su planificación de una operación de castigo contra una casa de tortura y exterminio de la Central Nacional de Informaciones (CNI,http://es.wikipedia.org/wiki/Central_Nacional_de_Informaciones) ubicada en la calle José DomingoCañas, en la comuna de Ñuñoa en Santiago (en la actualidad, es un lugar de memoria de las víctimas de la dictadura). Cuando ya se encontraban los grupos operativos preparados para la acción en la calle, con fusiles y lanzagranadas, el PC envió un instructivo para que se suspendiera la operación porque estaban entrando a Chile las compañeras Julieta Campusano y Mireya Baltra, ex parlamentarias de la Unidad Popular que se presentaban desde el exilio a una entidad de DDHH en la capital. Se supone que la acción militar planificada podía poner en peligro a las ex diputadas. Pues bien, Ignacio resolvió no arriesgar a los combatientes y realizó la acción de todos modos. Varios agentes de la tiranía, probadamente asesinos, fueron ajusticiados en la operación rodriguista. Por ello, Ignacio fue reprendido por el PCCh a través de la dirección del FPMR. A las ex diputadas no les ocurrió nada. Ese tipo de conflictos entre el PC y el FPMR se tornaron recurrentes. Todo ello ocurrió previo a la independización del FPMR del Partido Comunista, porque los combatientes llegaron a la conclusión de que sólo eran considerados un aparato de negociación y propaganda armada. El PC no tenía el objetivo de construir un militante integral político y militarmente.”

¿Cómo y cuándo se independizó el FPMR del PCCh?

“A comienzos de 1987, la dirección del FPMR decidió confrontar la voluntad del PCCh de desarmar el trabajo militar de masas después del ajusticiamiento fallido a Augusto Pinochet y del descubrimiento de la internación de los arsenales de Carrizal Bajo. El Partido Comunista, presionado por las fuerzas más reformistas en su interior, resolvió desandar la política de rebelión popular de masas como condición impuesta por la oposición liberal al régimen para ser parte de la salida pactada de la dictadura. Es importante decir que siempre las armas que utilizó el FPMR tuvieron el control político y orgánico del PCCh. Creo que el motivo estuvo asociado al temor y desconfianza de que el FPMR se convirtiera en una fuerza independiente. Pero estamos hablando que en la dirección del FPMR estaba Raúl Pellegrin (http://www.nodo50.org/pretextos/pellegrin.html) y otros que tenían un nivel político mucho más avanzado que la dirección del PC, una superior experiencia combativa y una tradición de militantes ejemplares. El propio Raúl Pellegrin fue condecorado en Nicaragua como el mejor militante comunista. Por eso, cuando ocurre la separación, el 90% de la dirección del FPMR se fue del PC. Había una opción política mucho mayor al mero hostigamiento en contra de la dictadura. Se trataba de realizar realmente la Política de Rebelión Popular de Masas, más allá de una transición a la democracia limitada, representativa y burguesa, transición que todavía hoy no ha ocurrido. En la actualidad todo se ve más claro, toda vez que el PCCh acabó incorporándose a un bloque político (Nueva Mayoría) que únicamente se ha dedicado a administrar uno de los capitalismos más liberales y antipopulares del mundo. Siento que hemos sido traicionados más de una vez.”

radiovillafrancia

¿De qué manera recuerdas a Ignacio Valenzuela?

“Ignacio cayó a los 30 años de edad. Reunía un alto nivel de cultura política. Fue un gran lector del marxismo, de la poesía contemporánea (le gustaban los ‘poetas malditos’ franceses); gustaba de la música de Georges Brassens y de todos los irreverentes franceses, era economista profesional. Si bien no tenía buena voz, tocaba la guitarra. Era muy enamoradizo, vivía intensamente y no bebía alcohol. Y contaba con la audacia y decisión necesarias para llevar adelante operaciones muy arriesgadas donde él siempre estuvo en primera línea. Conjuntó la teoría y la práctica coherente y armoniosamente. Entre tantas acciones, participó directamente en el asalto al Cuartel Borgoño de la CNI: dirigió el ataque a un cuartel del Batallón Antiexplosivos ubicado en la calle Alférez Real en la comuna de Providencia en Santiago; condujo la acción de castigo en contra de la Comisaría de Carabineros de Polobanda en la comuna de Las Condes. Ya a fines de 1986, Ignacio me comentó que el PC estaba obstruyendo el trabajo militar de masas y al FPMR, y que en esas condiciones, él no estaba dispuesto a continuar la política de ese partido y que prefería incluso ir a criar gallinas al campo y dedicarse a escribir poesía.”

¿Ignacio tenía una vocación militar?

“Para nada. Se formó en la experiencia y la voluntad. Fue amante de la vida. En una de las primeras acciones en las que participé con él, hicimos unas barricadas apoyando la huelga de una empresa textil en el centro de Santiago en 1980. Entonces una operación audaz consistía en hacer una barricada y lanzar algunos volantes. Ignacio se fue autoconstruyendo desde lo más simple. El ‘gordito Valenzuela’ se transformó con el tiempo en un líder operativo de primer nivel, y todas las acciones en las que participó resultaron exitosas. Él nunca fue detenido ni cayó en ninguna de ellas. La única forma de detenerlo fue acribillándolo por la espalda. Junto a Raúl Pellegrin, Roberto Nordenflycht, Mauricio Arenas y otros/as, Ignacio fue un militante complejo, alegre, capaz de reírse de sí mismo y de encarar, al mismo tiempo, los riesgos de un revolucionario. Ni Ignacio ni los demás hermanos/as fueron militaristas o se creyeron nunca ‘Rambo’. Lo menos que deseaba Ignacio era morir. Por eso yo lo recuerdo a él y a los demás compañeros que murieron en la masacre de la Operación Albania (http://www.archivochile.com/Derechos_humanos/html/dd_hh_albania.html) muy lejos de una mirada martiriológica. Por eso a los que cayeron en ese crimen perpetrado por la tiranía para desmoralizar al FPMR y al pueblo chileno, aprovechando el debilitamiento de la organización por su reciente independización del PCCh, los evoco vitales, enteros, ejemplares. Fuera de la ortodoxia y la burocracia del PC y como a verdaderos comunistas revolucionarios.”

¿Cómo cayó Ignacio en el contexto de la llamada Operación Albania de mitad de junio de 1987?

“Ignacio fue el primero en caer en esa operación de la dictadura. Él se había quedado a dormir en una casa en la calle Alhué de Santiago, donde vivía su madre. Ese lugar estaba con seguimiento y vigilancia. Los agentes de la CNI fueron tras sus pasos y le dieron la voz de ‘alto’ para detenerlo. Ignacio portaba una granada de guerra y alcanzó a desenfundar su arma, una pistola Browning de 9 mm que siempre llevaba encima porque jamás estuvo dispuesto a entregarse, y en ese lapso fue acribillado por la espalda. Inmediatamente se volvió eterno.”

Frente de Mujeres Revolucionarias. Marta Zabaleta, argentina militante del MIR chileno y feminista latinoamericana

Frente de Mujeres Revolucionarias. Marta Zabaleta, argentina militante del MIR chileno y feminista latinoamericana

Marta R. Zabaleta* del Frente de Mujeres Revolucionarias del MIR chileno, años 70

http://es.paperblog.com/marta-r-zabaleta-del-frente-de-mujeres-revolucionarias-del-mir-chileno-anos-70-254882/

Publicado el 14 septiembre 2010 por Daniela @lasdiosas

Marta R. Zabaleta* del Frente de Mujeres Revolucionarias del MIR chileno, años 70
“NO ME ARREPIENTO DE NADA”
La escuché hablar sobre el ”trabajo doméstico invisible” en Villarrica, el verano de 1971. Fue una charla muy sencilla en vocabulario. Recuerdo que las mujeres quedaron encantadas por escuchar a alguien que le ponía palabras a lo que ellas no podían decir… existía un alto grado de analfabetismo, timidez, humildad y violencia intrafamiliar, tanto, que ni siquiera se atrevieron a contarle a sus maridos lo que escucharon en esa reunión… Fue hace casi 40 años.
La hija de una dirigenta regional de Villarrica (sur de Chile), Cecilia Burgos Conejeros, escuchó ese día el mensaje del Frente de Mujeres Revolucionarias -Organización que ni siquiera parece haber registrado el historiador Luis Vitale, también militante del MIR, en su Cronología Comentada del Movimiento de Mujeres en Chile-.
Era Marta Zabaleta la que hablaba, argentina, militante del MIR chileno y feminista latinoamericana ya en ese tiempo. Fue en la época de la UP, Unidad Popular, la coalición de partidos de izquierda que hizo posible los 3 años de Allende en el gobierno chileno.
“IDEAS RARAS”
“Imagina mi emoción con la carta de esta persona. Ahora ella vive en el exilio, creo que ya es abuela… Yo tampoco he olvidado cuando fuimos a la población en Villarrica. Con unas casitas de 4 x 4 metros cuadrados, no más, no tenían ni vidrios y sólo piso de tierra, era gente trabajadora, pero sin recursos, que vivían en condiciones muy precarias. Eso no lo tomaban en cuenta las visitadoras sociales de ese tiempo, que culpabilizaban a las mujeres diciéndoles que sus guaguas se enfermaban de diarreas e infecciones porque ellas no desinfectaban bien las mamaderas… El trato clasista, racista y machista típico, también entre nosotros. Yo un día me quedé hasta el final en una reunión vecinal convocada por esas compañeras de los servicios de asistencia social y de repente, me paré, me presente y hablé de los derechos de las mujeres, pero alguien dijo: ¡Por qué habla ella si es argentina! ¡Les viene a poner ideas raras a “nuestras” mujeres en la cabeza!… el acostumbrado discurso de la UP, xenófobo además… querían evolución, pero con las mujeres sometidas”.
Fuiste cofundadora en Concepción del Frente de Mujeres Revolucionarias ¿Cómo fue ese feminismo?
Sí, tres de las fundadoras no éramos chilenas, dos argentinas y una francesa que se suicidó no mucho después cuando murió su amante, Luciano Cruz (1), ella era muy buena persona, feminista y socialista también. Me prestó muy importante bibliografía.
De acuerdo a mi concepción de lo que es el feminismo como movimiento, entre el 70 y el 73, sólo se puede hablar de que había algunas mujeres feministas en Chile, y tal vez también, un puñado de hombres pro-feministas. Nuestro grupo, por ejemplo, constaba de 13 mujeres como mucho, en sus inicios. Fue creado en 1971 y empezó con clases vespertinas gratis, dadas por mí en la escuela de Economía y Administración de la Universidad de Concepción.
¿Cómo eran esas clases?
Eran en la Universidad. Iban dirigidas a estudiantes de ambos sexos. Asistía quien quería, pero básicamente lo hacían integrantes del Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), que era el frente de masas universitario del MIR. Un artículo que recuerdo de la bibliografía elegida fue sobre la invisibilidad del trabajo doméstico, escrito por la socióloga argentina Isabel Larguía y que publicó “Monthly Review Press”, en Nueva York. Esa revista era excelente, producida por los mejores economistas marxistas de la época, como Paul Barán y Paul Sweezy, salía también en versión castellana, y era distribuida en Chile por Lucho Benado, militante del Partido Socialista.También discutíamos en esas clases, el manifiesto constitutivo del Frente de Mujeres Revolucionarias, FMR que habíamos redactado en reuniones de mujeres hechas en mi casa.
¿Iban dirigidas a sólo estudiantes de Universidad?
Las de la Universidad, sí, pero un equipo de dos hombres, estudiantes de medicina, un abogado, y dos mujeres, Cristina Haydee Araya y yo, dábamos clases y asesorábamos al Sindicato de Empleadas Domésticas de Concepción, Chillán y Temuco, en temas propuestos por ellas mismas. Temas legales, de vivienda, sexuales y laborales. Llegaban muchas a estas clases. Al margen del Frente de Mujeres, en mi base de cuadros del MIR escribíamos con tres colegas varones, charlas de educación política para el frente de masas trabajadoras del MIR, el Frente de Trabajadores Revolucionarios, FTR. Luego las dábamos en los sindicatos, en las minas de Lota y Coronel, en las fábricas estatizadas, en los astilleros de Talcahuano, entre otros. Yo decidí ponerles diálogo y quedaron bastante amenas. Escribimos unas 25, y cuatro de ellas fueron dedicadas por mí al tema de la mujer, incluyendo los problemas de discriminación en el lugar de trabajo, de pareja y de violencia del marido, generalmente asociada al alcoholismo.
¿Tuvieron repercusión?
Sí, esas clases hasta las reimprimió el PS y llegaron a difundirse en más de 25 mil ejemplares. En suma: cuatro fueron dedicadas a problemas e intereses específicos de las mujeres obreras, pobladoras, esposas de mineros, de obreros, etcétera. Los compañeros les llamaban: “Sobre la cuestión femenina”, siguiendo la vieja tradición marxista. Yo también daba estas clases a las personas afiliadas a las Juntas de Abastecimiento y Precios (JAPs) de la región, pero muy especialmente a las de la JAP de Concepción Centro, que era la que yo pertenecía y donde residía. Fui sumamente activa en el desarrollo comunitario de las JAPs y en su vertebración con los trabajos extracurriculares de los estudiantes de mi Escuela, trabajo que estaba a mi cargo.
“EL COMITÉ REGIONAL NOS HIZO ACOMPAÑAR POR UN VARÓN”…
Marta cuenta que preparaba sus clases a partir de sus lecturas del “Segundo Sexo” de Simone de Beauvoir. Había traído el libro en español desde Argentina “porque en Chile, en esos tiempos era muy difícil conseguir ese tipo de bibliografía. Mi idea era que las estudiantes reflexionaran sobre las posiciones existencialistas -que aún no eran feministas- de Simona. Además yo las contrastaba con los principales aportes a la ‘cuestión femenina’ del marxismo ortodoxo y con los nuevos aportes críticos del marxismo feminista de los años 60”…
¿Qué decía el MIR de todo eso?
Contábamos con el total apoyo del Comité Regional y del Comité Central, aunque curiosamente cuando viajamos al Sur nos hicieron acompañar con un joven varón que escuchaba todo lo que hablábamos con ojos muy asustados. Se llamaba el Mechón Castro, y era estudiante, creo, de Sociología de la Universidad, y muy metido en la Federación de Estudiantes de Concepción, FEC. Era también gran entusiasta de la Revolución Cubana, un poco a diferencia mía, que siempre tuve grandes reservas con la manera en que se conceptualizaba a las mujeres en el doctrinario cubano, y con el trato secundario que se les daba en el PC de Cuba, básicamente a través de la Federación de Mujeres Cubanas. Pero Mechón instaba a las mujeres del Sur “a esforzarse, porque hasta podrían viajar a Cuba”. Estas intervenciones suyas me daban más pena que enojo. Las mujeres, en todo caso, tenían sus reivindicaciones muy claras: no pedían nada para sí, todo para sus hijas e hijos; en especial, educación.
No hablaban de ir a Cuba, ni de sí mismas…
No. Eso ocurría en nuestros trabajos del FMR desde Concepción al Sur. Un común denominador que he observado en muchos países del mundo entre las mujeres de las clases o estratos menos favorecidos.
Me acompañaron en ese viaje varias compañeras que estudiaban para ser matronas, y dentistas. También trabajé a nombre del Frente de Mujeres Revolucionarias entre las mujeres mapuche del Frente Campesino Revolucionario (MCR). Y en los alrededores de Concepción, entre las pobladoras que participaban en tomas de terrenos, y fábricas. Yo ya tenía buena experiencia previa en ese trabajo, pues cuando trabajaba como investigadora del Instituto de Educación y Capacitación para la Reforma Agraria (ICIRA), en Santiago, estuve encargada de evaluar el impacto del método de alfabetización y concientización de adultos dePaulo Freire entre el campesinado organizado y el del Instituto de Educación Rural de la Iglesia Católica.
¿Había mujeres en el CC del MIR?
En 1971, una de las integrantes del Comité Central del MIR, que vivía en Santiago, era Gladys Díaz -sobreviviente de la dictadura de Pinochet- (2), nos visitó en mi casa una o dos veces. Ella era dirigenta también del Frente de Trabajadores Revolucionarios del MIR y de su propio sindicato profesional. Se había hecho bien conocida en ese tiempo porque rechazó públicamente un premio de una empresa de productos de belleza, parece que de Helen Rubenstein. Me acuerdo siempre de que ella nos insistió en que debíamos impulsar a las mujeres de los trabajadores que habían ocupado entonces fábricas en Rengo -donde trabajaban con apoyo del MIR y pedían su expropiación- a salir de sus casas, a acostumbrarse a ser independientes de sus hombres, y que para eso, nos dijo, debíamos ir nosotras a reemplazarlas, a cuidar de sus hijos, a cocinarles a ellos y a sus maridos… cosa que sólo algunas veces y con ciertas dudas, acepté hacer, creo…
¿Sabía de feminismo el gobierno de la UP?
Mira, bien poco o nada. Pero cuando Fidel Castro visitó Chile, en 1971, se alarmó muchísimo porque la UP no podía movilizar a las mujeres y convenció a Allende a convocarlas al Estadio Nacional y ambos les hablaron allí a las asistentes, que fueron miles. “Punto Final”, esa misma semana sacó una separata con el discurso de Fidel a las mujeres de Chile. A raíz de todo eso, Allende decidió hacerse asesorar con mujeres feministas de los diversos partidos de su coalición, la UP. Creo que sólo consiguió a cuatro o cinco, según me contó una médica trotskista pro mirista, que fue invitada, la doctora Neomicia (Micha) Lagos que por entonces era esposa de Luis Vitale – el historiador, miembro fundador del MIR y del Comité Central-. Pero no lo sé exactamente porque yo nunca fui invitada a ninguna reunión de las feministas asesoras de la UP. Tal vez Gladys Díaz, sí lo haya sido porque al llegar al exilio, ella escribió un documento feminista del MIR, razonable para esa época. Hubo también dos brasileras feministas, ambas sociólogas y profesoras universitarias, Vania Bambirra, del PS, y Evelyn Page, del MIR, que escribían y hablaban sobre los derechos de las mujeres y sobre la mujer. Algunas mujeres del MUI de Concepción, con nuestro apoyo, lucharon por conseguir el derecho a aborto seguro, legal y electivo de las estudiantes.
¿Desde la UP, qué medios de comunicación dirigidos a las mujeres había?
Había la revista “Paula”, que yo consideraba muy mediocre, pero lo peor es que era cualquier cosa, menos feminista. En ella trabajaba una periodista desconocida entonces, Isabel Allende -no la hija del presidente, sino la escritora actual-. Yo no le veía ninguna conciencia feminista a ella en sus escritos, aunque he observado que años después declaró que era feminista ya desde entonces… Bueno, es que la UP era un gobierno de centro izquierda, que llegó al gobierno –nunca al poder- con 40 medidas progresistas, que no constituían un programa socialista realmente, al decir de Paul Sweezy. Tampoco lo era en materia de derechos sexuales y reproductivos. Pero la Editorial del Estado, Quimantú saco un interesante librito que solo encontré en un biblioteca de la Universidad de Londres cuando trabajaba en mi tesis doctoral, ya en el exilio, acerca de la situación general de las chilenas. Contiene un resumen de las muertes por violencia de género de las mujeres, que creo que decía que eran más o menos 400 al año.
50 AÑOS, SOCIALISTA y FEMINISTA
Marta en 1989 fue nominada por la British Broadcasting Corporation (BBC) y el Art Council of Great Britain como “Daughter of Simone de Beauvoir” –Hija de Simone de Beauvoir- (3) por la influencia que esa fundamental filósofa existencialista y feminista, ejerciera en su vida y su trabajo. Cuando le hablo de “patriarcado”, Marta me explica: “En mi esquema conceptual no necesito usar el vocablo Patriarcado para explicarme nada. Estoy autoentrenada- dado que soy una intelectual marxista especializada en los estudios sobre las mujeres, los hombres y los géneros, a analizar a la sociedad como sostenida por relaciones sociales caracterizadas por las desigualdades. Por lo tanto, estudio a mujeres y hombres, niñas y niños, como sujetas y sujetos sociales de relaciones derivadas de su clase, raza y género, en su interrelación recíproca, y tomando en cuenta factores biológicos y culturales como la edad, la educación, la sexualidad, las ideologías políticas y las fantasías religiosas, y así siguiendo. En ese enfoque y conceptualmente hablando, ni el patriarcado ni el matriarcado me sirven mucho, por eso, no los uso”…
En el transcurso de nuestra correspondencia comprendo por qué Marta Zabaleta, a menudo subraya la academia y lo intelectual en su vida: “Lo que más me ayudó en la vida, creo, fue el carácter perseverante que me dejó mi padre como herencia. Fui capaz de construirme una sólida carrera profesional a pesar de tantos escollos que me pusieron en el camino, mi familia de origen, mi marido, algunos colegas, principalmente hombres, también militares, policías, soplones y hasta a veces, yo misma”… Percibo que es la historia de las mujeres que luchan, en su caso, más de 50 años de lucha feminista latinoamericana, por abrirse paso en un mundo de hombres bien machos en lo más obvio y también en algo un poco más sutil, las ideas…
Marta, has escrito sobre literatura de mujeres postgolpe y has destacado que escriben muchas veces para sanarse… A veces se piensa que eso no es político…
No puedo ni creo que se debe generalizar así. En todo caso, todo lo que yo hago es político. Y no, no escribo expresamente para sanarme de ningún trauma. Pero si lo consigo, ¡mejor!… Escribo y hablo para dejar constancia histórica de fenómenos sociales relevantes que me ha tocado vivir, y de los cuales fui testiga, y muchas veces, autora y/o víctima. Hay mucha agente aquí en Europa que me considera una privilegiada por el tipo de experiencia que fui capaz de acumular debido a un cúmulo de circunstancias históricamente específicas que me tocó experimentar: el gobierno populista -y popular- de Juan Perón y Eva Duarte, el de Allende, el de Pinochet, el de Videla, y la doble visión que me confirió la obligada vida del otro lado del Atlántico.
¿Cómo has enfrentado esta vida feminista de revoluciones, golpes, exilios…?
Yo crucé los Andes y me fui a Chile –siendo ya feminista en 1963- con la intención de hacer un recorrido similar al del Che que me llevara a ser la Che de las mujeres feministas del continente… Bueno, muchas veces he enfrentado mi vida con enorme dolor, humillación, mucha angustia y siempre con muchas necesidades materiales. Pero, más en general, sin corromperme, ni abandonar mis ideas. También he gozado siempre del enorme apoyo de personas e instituciones relacionadas a mi profesión. Y del de mi hija y mi hijo. Pero tan larga es la lista que es imposible tratar aquí de resumirla.
En más de 50 años de acción feminista militante, debo haber cometido muchos errores; dejo que los critiquen otras y otros. Todas las experiencias vividas, militancia izquierdista, militancia feminista, golpes, exilios, me han enriquecido como mujer y como intelectual, como científica y como escritora, amiga y compañera, madre y amiga. Me han revitalizado como poeta, aunque el trauma del golpe de Chile me impuso un silencio poético de más de 30 años… Creo que lo mejor que hice en mi vida fue decidir ser madre y lo peor, fue enfatuarme a veces con hombres nuevos que existían más en mi imaginación -o ahora último en la pantalla del Internet- que en la cocina, en la oficina o en la cama, pero no me arrepiento de nada, con ellos también se goza.
¿MICHELLE BACHELET, SÍMBOLO DE LA IGUALDAD DE LAS MUJERES?
Le pregunto abiertamente sobre la falsa idea –en mi opinión- de que la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet sería un símbolo de igualdad para las mujeres. Lo han sugerido algunas feministas chilenas como Diamela Eltit –importante escritora- y Teresa Valdés –analista política- en distintos momentos (4). Incluso se hizo un Encuentro Feminista en Olmué el año 2005 en el que -a todas luces- la organización quiso sacar un acuerdo feminista –que no lograron- a favor de Bachelet…
Marta reflexiona: “No sé sobre esas opiniones que mencionas que existen sobre Michelle Bachelet, pero las creería equivocadas. Yo nunca apoyé a Bachelet, una social demócrata, aunque me despierta mucha simpatía a nivel personal porque creo que debe ser una mina inteligente y chora. Pero ¡que símbolo cultural, de qué igualdad!… ¿Se piantaron?… Tal vez se creyeron el cuento de que mejorar la situación personal por ser mujer, es una forma de combatir las causas que generan su subordinación social. Y eso no me extraña: muchos movimientos sociales, muchas escuelas de pensamiento progresista, muchas mujeres y hombres de serios ideales, han caído en las mismas trampas a lo largo del Siglo 20.
Otro problema es como se usan los vocablos: ¿Qué entienden por “igualdad”? Cualquiera se dice socialista o feminista, o cristiano o musulmán, judío o judía. Estas apropiaciones distorsionan el lenguaje, sus inexactitudes generan mucha confusión, y con eso ayudan a perpetuar todas las desigualdades sociales: de clase, de raza y de género, por cuanto ayudan a invisibilizar la realidad.
¿Qué opinas del feminismo autónomo latinoamericano y caribeño?
Creo que en muchas cosas van por buen camino. Admiro en especial el de Honduras. Y en los que tal vez no sea siempre así, no es función mía mirarlas desde afuera y juzgar. Eso debe ser hecho, creo, por ustedes mismas. Porque creo que nunca hay que delegar responsabilidades en política. Ni llevarse por lo que dicen de una, ni de nosotras. Tampoco es bueno perder la perspectiva de lo poco que podemos hacer: la nuestra es una lucha muy, muy, larga y lo que podemos hacer desunidas, es muy poco.
Marta Zabaleta, en el 73, ya “hacía 10 años que tenía una vida y una familia en Chile” y sólo 30 años más tarde, en 2003 regresó “por una semana, por razones de trabajo. Gocé de la compañía de colegas, amigas, amigos y familiares”… El 5 de octubre de 1973 había sido expulsada de Chile con destino a su país de origen, Argentina, junto con 17 adultos y 19 menores de edad –una era su guagua de 9 meses-. Su repatriación fue solicitada por la presidencia argentina “por tratarse de una Científica de Primera Clase”. Esto vino luego de haber sido exonerada de su cargo de Profesora Titular de la Universidad y detenida y torturada en el campo de detención Estadio Regional de Concepción. Más tarde, con la dictadura argentina, Marta fue perseguida por la Operación Cóndor (coordinación del terrorismo de estado de Chile, Argentina y otras dictaduras del cono sur), y finalmente fue expulsada una vez más de un país latinoamericano, esta vez de Argentina “con un único destino: el Reino Unido, aproximadamente el 16 de noviembre de 1976”. Desde 1981 hasta finales de 1989, explica: “fui forzada a aceptar la discriminatoria condición de refugiada de las Naciones Unidas en el Reino Unido”, situación que, a la larga, superó pues está inserta en el mundo académico, social y político de ese país.
Nos quedan más y más preguntas para recuperar historia feminista y de mujeres activistas. La historia de las socialistas feministas, de mujeres que apostaron a las revoluciones no sólo de los hombres, si no de la humanidad completa, militantes izquierdistas que no luchaban por ninguna patria, pero sí por las mujeres y los hombres de los territorios latinoamericanos… Marta Zabaleta es historia viva, pero ante todo una compañera sobreviviente de más de una dictadura, también de la que arrebató la vida en Chile, por ejemplo a Mónica Benaroyo Pencu (5), rumana-uruguaya y a Jane Vanini (6), brasileña, latinoamericanas actuando como Marta en Chile… Marta, que no se arrepiente de nada, poeta que tras el golpe chileno estuvo en “silencio poético” por 30 años, que no se dejó vencer y retomó sus versos, y que –es maravilloso que así sea- hoy está viva para contar parte de esta historia.
Victoria Aldunate Moralesvictoriamoralesaldunate@gmail.com
Feminista autónoma latinoamericana
La Ciudad de las Diosas

* La Dra. Marta R. Zabaleta vive actualmente en Londres, Inglaterra. Es economista, cientista política y poeta. Madre de Yanina Andrea Hinrichsen -“chilena creciendo en el exilio”-, y del escocés Tomás Alejo Hinrichsen Zabaleta. Pertenece al Comité Editorial de la Publicación periódica que se publica en Londres “Exiled Ink”. Es profesora Honoraria de la Facultad de Letras y Educación de la Universidad de Middlesex, Londres, Inglaterra. Entre otras acciones y elaboraciones creó y coordina la red internacional de “Mujeres y Palabras en el Mundo”, y creó y ha dirigido por casi una década el Grupo de Trabajo “Mujeres, Hombres y Géneros” del Consejo Europeo de Investigaciones Sociales sobre América Latina y El Caribe. Su vida y su trabajo además de todo lo relatado, le han merecido un lugar como científica y escritora en más de treinta publicaciones biográficas del tipo ‘Who’s Who’ de Europa y de EEUU. También ha sido escogida en 2003 como ejemplo de una refugiada política, mujer que triunfó en Europa, y en 2005 entre una de las diez personas becadas por el Council for Assisting Refugee Academics (CARA) desde 1935, para participar de la Historia Oral de Londres por “su valiosa contribución a la cultura de la ciudad”. Su historia personal y sus opiniones sobre temas relevantes fueron grabadas para ese efecto, y permanecerán a disposición del público en el Museo de Londres a perpetuidad.
1. Luciano Cruz Aguayo (1944 – 1971). Dejó la militancia en las juventudes comunistas de manera crítica y junto a otros jóvenes, luchadores sindicales y sociales participó de la fundación del movimiento de Izquierda revolucionaria, MIR. Considerado uno de los intelectuales del movimiento, realizó cursos de formación sindical y política y charlas sobre el manifiesto comunista, también redactó una carta a Jean Paul Sastre en los años 70. Muy reconocido por el MIR. Era de familia acomodada. Hijo de un militar, pasó casi toda su vida en Concepción, sus padres vivían en una parcela a orillas del río Andalién, frente a una población de emergencia llamada J.F. Kennedy (tomado de Archivo Chile. Historia Político Social – Movimiento Popular http://www.archivochile.com/Homenajes/html/luciano_cruz.html).
2. Gladys Díaz, periodista, una de las más conocidas personalidades del MIR. Después del golpe pasó a la clandestinidad y fue detenida el 20 de febrero de 1975 en Santiago, siendo torturada en un centro de detención secreto de la DINA. Gladys Dí­az estuvo incomunicada durante 80 dí­as en el centro de torturas de Villa Grimaldi en Santiago (tomado de “El caso de la chilena Gladys Dí­az, Examen del expediente sobre la liberación de una detenida”, agosto 2008, de Dieter Maier).
3. Penny Foster y Imogen Sutton (editoras), Daughters of de Beauvoir, The Women’s Press, 1989, y el Film de la BBC del mismo título, spot BOOKMARK (1989). http://artsonfilm.wmin.ac.uk/films.php?a=view&recid=180
4. Columna “Mujer y Poder, periscopio urbano” de Diamela Eltit, La Nación (Chile), Domingo 12 de marzo de 2006. Mujer y Poder,periscopio urbano de Diamela Eltit
Columna “PUNTO DE VISTA. Michelle Bachelet y las feministas” de Teresa Valdés. Mujeres Hoy. 7 de diciembre de 2005 http://www.mujereshoy.com/secciones/3485.shtml
5. Mónica Cristina Benaroyo Pencu fue descuartizada por militares en septiembre de 1973. La decapitaron a patadas, enterrada viva hasta el cuello. Su cuerpo momificado apareció en 2008, en un recinto militar correspondiente al sitio denominado “pampa mal paso oeste” ubicado a la entrada sur de Arica (Norte de Chile). Había nacido en Rumania y crecido en Uruguay, vivió en Buenos Aires un tiempo y luego se fue a Arica a trabajar en la Alcaldía. Era militante del Partido Comunista, había estudiado Filosofía, se ganaba la vida como traductora. En septiembre del 73 salió un decreto de la Junta Militar que la expulsaba de Chile, pero era un montaje, ya había sido asesinada.
6. Jane Vanini fue rodeada por un destacamento de Infantería de Marina el año 74 al que ella opuso resistencia sola, disparando desde la casa que compartía con su compañero, el periodista y dirigente del MIR José Carrasco Tapia, pero que había sido detenido ese día por efectivos de la Armada. Jane resistió hasta que agotó sus balas y resultó herida. Los agentes del Centro de Inteligencia Regional (CIRE) la sacaron inconsciente en una camilla y se la llevaron con rumbo desconocido. Hoy se sabe que fue asesinada tres o cuatro días después. Jane era brasileña, estudió ciencias sociales en la Universidad de Sao Paulo y fue parte de Acción Liberadora Nacional (ALN). Luego del golpe de estado en Brasil fue condenada -en ausencia- a 5 años de prisión. En clandestinidad se integró al Movimiento de Liberación Popular –disidente del ALN-. En 1970 se expatrió a Uruguay, posteriormente a Argentina y Cuba, el 71 obtuvo asilo político en Chile y se incorporó al MIR. Trabajaba como secretaria en la revista Punto Final (tomado de “Luz y muerte de Jane Vanini” de Arnaldo Pérez Guerra,http://www.lainsignia.org/2008/enero/ibe_004.htm).
Marta R. Zabaleta, 2010
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Acerca de la Memoria: Voces revolucionarias del Sur 1. Marta R. Zabaleta

Acerca de la Memoria:  Voces revolucionarias del Sur 1. Marta R. Zabaleta

Acerca de la Memoria: voces revolucionarias del Sur 1

MARTA R. ZABALETA *

School of Arts and Education, Middlesex University, Reino Unido

si una ha de resurgir de las cenizas, necesita alas para volar…

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En este articulo se postula que los textos de mujeres sobrevivientes del terrorismo de estado que se presentan a modo de ejemplo, constituyen soportes importantes del proceso de reconstrucción de la memoria social del Cono Sur, al tiempo que su producción ayuda a sus narradoras a superar síndromes postraumáticos, y les otorgan la sensación de pertenecer a una nueva comunidad, etapa esta imprescindible en la recuperación de sus identidades desgarradas.

La variedad de las formas estilísticas utilizadas cuestiona la esencia misma del canon literario y escapa a la lentitud de la crítica. Luego, en la segunda parte, se ofrece un ejemplo concreto de este tipo de escritura, en el afán de reafirmar la necesidad de desechar la rigidez de la escritura científica tradicional, firmemente centrada en el Hombre y adaptada a sus necesidades y dominación social genérica. Con dicho acto de transgresión se invita a repensar las diferencias entre lo así llamado escritura femenina, escritos feministas y textos de mujeres, etc., abogando por el respeto básico a las diferencias inmanentes a cada ser humano, que trascienden la pobreza implícita en aquellas propuestas teóricas que tratan de adaptar la interpretación de una realidad muy cambiante a marcos y normas teóricas preestablecidos, y que las más de las veces funcionan obscureciendo o paralizando la creación científica y /o la crítica literaria de las mujeres que escriben en cuanto mujeres.

Palabras claves: feminismo; machismo; tortura; dictadura; trauma; exilio

Esto pertenece a una zona muy profunda de la identidad, a una zona que no se puede discernir puesto que es más profunda que cualquier identificación sentimental. ¿Qué persona revolucionaria – en arte, política, religión, o en otra cosa – no ha experimentado aquel momento extremo en que él o ella no era nada más que una bestia, en que se sentía responsable, no por las crías que murieron, sino ya antes  de que las crías murieran? ‘

Gilles Deleuze, 1981

Escritos de mujeres

Un fenómeno sacude al mundo, aunque no revolucione al mercado global ni conmueva a la crítica especializada: la escritura de mujeres en cuanto mujeres. Y las mujeres latinoamericanas, lejos de quedar excluidas de esta tendencia que esperamos se prolongue y expanda, han contribuido a ello decididamente. En efecto, un número cada vez más importante de mujeres ha publicado durante las dos o tres últimas décadas novelas, poemas, ensayos, obras de teatro y narrativas testimoniales, (Judy Maloof: 2000), y con ello se habría creado según la autora un cuerpo literario importante, que está lejos de ser homogéneo, dado que en su interior- siempre en su opinión- contrastan estilos altamente estéticos, ‘metaficcionales’, y de prosa hermética como serían por ejemplo los de Diamela Eltit y Julieta Campos, con otros mucho más accesibles.

Tal vez es por eso que, valdría la pena formular, sólo un pequeño grupo de estas autoras ha logrado premios importantes y fama internacional. ¿O será acaso que lo que ocurre es más bien, como dice Jean Franco (Franco, 1992: 73), que esta nueva apertura del mercado literario se debe en cambio a la proliferación de los estudios sobre la mujer (¿adónde, en el Primer Mundo?, valdría la pena que Jean hubiera especificado), y a la incorporación de mujeres escritoras del Tercer Mundo en el currículo, lo que repentinamente ha provisto a estas con esa masa de lectores internacionales que los escritores del ‘boom’ ya han venido gozando desde hace bastante tiempo? 2

Sea verdad lo uno o lo otro, o una combinación de ambos, cabría sin embargo preguntarse algo más , y es por qué es que existe todavía toda una serie de escritos de mujeres que no sólo no han sido en su mayoría todavía estudiados sistemáticamente ni siquiera por la crítica literaria feminista – ni por ninguna otra tampoco para ese efecto, que yo lo sepa -, sino que además en su mayoría no han sido tampoco incorporados a los programas de Literatura Comparada ni a las cursos de Estudios sobre las mujeres y /o de género, ni a los de Historia de la izquierda de América Latina; no ciertamente aquí, en el Reino Unido.

No obstante todo lo anterior, es precisamente por la importancia implícita que creo que revisten  para el proceso de construcción de la memoria social este conjunto todavía ‘segregado’ y ‘marginado‘ de ciertos textos producidos por mujeres, que algunos de los mismos han sido objeto del presente artículo, al que para ese efecto se ha dividido en dos partes. La primera, estará destinada a presentarlos y a tratar de explicar por qué considero que estos textos contienen la materia prima esencial de que puede nutrirse la memoria social. Son estos escritos todos producidos por víctimas directas del reciente terrorismo de estado en el Cono Sur de América Latina, fuentes primarias que contribuyen a la reconstrucción de la memoria fragmentada por el trauma, a la cristalización de un cierto sentido aunque todavía larvado de pertenencia a una comunidad, etapa esta última que es importante para la recuperación de las identidades desgarradas. En la segunda parte, se ofrece un (auto) ejemplo de recopilación y uso que hacemos las mujeres de las memorias traumáticas, más vale con el afán de hacer a las lectoras y  lectores testigos y cómplices de un estilo expositivo ‘no académico’ que trata de apelar a sus valores éticos en cuanto personas, más que a alcanzar la tradicional formalidad heredada en materia de metodología de las Ciencias Sociales, aquella que tiene tan férreamente por centro al Hombre, tal cual como con reiterada insistencia lo reiterara hasta un hombre, el filósofo Foucault.

Los escritos en cuestión

Cabe antes de empezar agregar que los textos que nos ocupan son escritos que tienen en común algo más que el mero hecho de haber sido escritos por mujeres y ser por tanto y por definición, casi siempre marginados o periféricos. Pues, además, han sido producidos por personas que en el momento de su producción, casi siempre carecían de antecedentes literarios publicados, pero que en cambio habían sido casi todas militantes o simpatizantes de movimientos o partidos de la izquierda revolucionaria latinoamericana, aquella surgida como sub producto de la guerra en Vietman, vertebrada y /o fuertemente influenciada por el pensamiento y la práctica universalista de un socialista argentino. Ernesto Guevara, el Che.

Variados en sus formatos y estilos, los textos producidos por estas ex militantes toman desde la forma de tesis de doctorado y maestría, pasando por novelas y obras de teatro, poemas, ensayos, argumentos para documentales, y llegan hasta diarios íntimos, cartas, memorias, todos los cuales actúan -en mi opinión -como verdaderos soportes para garantir la sobrevivencia material y / o emocional de quien escribe luego de recobrar su libertad ciudadana. Si dejamos de lado por ahora, por razones de espacio, a aquellos escritos científicos que se deben ajustar- en verdaderos partos con fórceps y sin siquiera anestesia local- a los requerimientos de las tesis de doctorado universitario y /o a los libros que las ‘popularizan’, arribamos a aquellos que sirven para expresarse más libremente. ‘Emocionalmente’, podríamos decir. Es que en estos textos se va pasando del rol de autora al de narradora. Como toda transición, es ese un proceso conflictivo, quebradizo y muchas veces, impulsivo y doloroso. Pero al final, necesario en su inevitabilidad histórica; si una ha de resurgir de las cenizas, necesita alas para volar.

Así, pues, creo que nuestros escritos cumplen una verdadera función terapéutica, en la medida en que nos permiten rehacer y volver a vivenciar eventos y emociones del pasado y con ello ayudar, a través de la reactivación de la memoria de nuestra historia personal y colectiva, a la rearticulación de los distintos elementos del trauma que queremos tratar de superar.

Es decir, que se estaría en presencia de una especie de auto cura a través del hablar, y /o del escribir, en el acto de forzarse a pensar para sí y en sí, y si es posible (d)escribir ese dolor. Pero con eso solo, claro está  – y como ocurriría con cualquier otra técnica terapéutica – no se concluye el proceso de recuperación. Es decir, que se necesita también de alguien que nos escuche y / o que al menos, nos lea. O sea, que es preciso tener, como en el psicoanálisis, por ejemplo, una interlocutora o un interlocutor válida /o. No tanto para efectuar la trasferencia sino más vale para reflejarse integrándose en el otro, o la otra. Para tratar de adquirir conciencia de una misma en ese salirse de sí misma, de ese  pozo casi inagotable de desconfianza del prójimo, salirse digo con pasos de libélula de la identidad destrozada y rehacerla con la coherencia que exige quien nos escucha al leernos, pero que al mismo tiempo prefabrica nuestra nueva identidad con la identificación fragmentaria de aspectos de la suya. He ahí el centro de nuestro universo, desde ese ‘allí’ desde donde volamos por fin liberadas, como mariposas que mimetizan su ancianidad en el reencuentro con la nueva existencia. En la que, en mi caso, seré para siempre joven, inmadura y tan dispuesta al cambio, aunque o porque ya, por mi edad cronológica, me acerque cada vez más a la pampa de mi infancia en Argentina., en donde quisiera esparcirme al morir.

De modo que decíamos, es posible volver a ser, sentir lo nuevo que somos en lo viejo, sin despojarnos por ello de nuestro papel protagónico en lo que hicimos. Volver a ser, a pesar de todo lo que nos hicieron, en suma, pero sin por ello dejar de ser lo que fuimos. Este escribir nuestro es  también un retorno a aquellas primeras lecturas que nos proveyeron raíces multiculturales en la adolescencia, y nos constituyeron como sujetos pensantes e independientes.

Es un apresar este mundo que parece ser cada día menos nuestro. En mi caso, entonces, es regresar a la escritura existencialista a la Beavour, feminista a la Wolf, de viaje a la Tristán, y con ello retornar mas atrás, adentrándonos en la psiquis de nuestra madre a quien cargamos a cuesta en el brutal  momento de su muerte para hacerla volver: posEvitiana, posGardeliana, posJuana de Ibarburu, más Mistral, o una Storni. Más yo a la posPizarnik, y ciertamente, posCarlos Marx. Rosa Luxemburgo y Paulo Freire, pero hija siempre. Y a la memoria más pareja de nuestro padre, muerto en ausencia mía y con el gran vacío dejado por mi exilio durante la última dictadura militar de Argentina (1976-1984. O sea, que mi canto es por supuesto el suyo, el de Martín Fierro y Una excursión a las Indios Ranqueles, el de la Desilusión de un Sacerdote y el desprecio a El hombre mediocre, a lo José Ingenieros y a lo Lisandro de la Torre, como nuestro ritmo es su tango, la milonga, su chacarera, el malambo, la zamba, todo lo que nos enseñara  a bailar cuando teníamos cuatro o cinco años. Las marchas de los circos de pueblo alrededor de la plaza, el olor de la alfalfa cortada, el girar de los girasoles marcando el paso del radioteatro de la hora de la siesta y yo conversando con las iguanas, alimentada por mis niñeras, que me llenaban la panza con mate amargo y los días de fiesta mi padre de nuevo con asado con cuero. Y mis perros y mi caballo, y las nutrias salvajes y los miles de vacas, muchas vacas con sus toros puestos y luego sus crías y los caranchos y las liebres y los zorrinos y las víboras yarará y los bagres sapo y los escorpiones, las vinchucas, los teros, tornasoles de un sol que se quedaba dormido sobre las vías del tren que regresaba de la gran ciudad, Rosario, en un atardecer de verano caminado. Y pan para la mano hambrienta, vino y agua para el sediento, derechos igualitarios  para las mujeres y hombres de trabajo de la ciudad y el campo… Y volver, volver, volver, que sesenta años no es nada, que febril la memoria os guarda y os nombra. Volver a casa. Por fin, volver.

Es que siendo nosotras todos frutos de determinados discursos históricamente determinados, y muchas veces objetos y casi nunca sujetos de prácticas discursivas debido al carácter autoritario de (casi) todas las ideologías políticas imperantes, nos reconstruimos a conciencia o no, pero a partir de nuestros escritos, como hacedoras de nuestra nueva práctica discursiva a la que nos habilita la memoria y las responsabilidades emanadas de nuestra situación de mujeres y condición de ex revolucionarias. Y esto es en sí mismo una función que algunas como feministas antiguas nos hemos propuesto realizar; o sea, auto evaluar y asumir nuestro nuevo rol social. Roles sociales que son tan variados y numerosos como casos hay de mujeres u hombres sobrevivientes que viven / escriben basándose en su traumático pasado. Nos cabe a algunas en cuanto mujeres, actuar reactuando nuestro pasado a través de nuestra propia experiencia de científicas y hacerlo en el seno de asociaciones nacionales, regionales e internacionales en las que interactuamos para ampliar el poder de nuestro discurso (Zabaleta: 2000) por decisión colectiva,3 pero esencialmente preservando y ampliando en  todas las áreas de nuestro diario vivir nuestra total independencia, única garantía real del ejercicio prístino de la libertad – aun condicionada como está por las limitaciones implícitas del modo de producción dominante.

De las narradoras  y sus estilos ¿un nuevo género o necesidad de un nuevo canon?

Así entonces, estoy de acuerdo con otras autoras en cuanto creo que debemos referirnos a esta nueva forma de escribir como si fuera un nuevo estilo, literario o no, en un sentido amplio, pues se trata como se he dicho, de textos con formas confesionales, de diarios, auto ficciones, autobiografía, o lo que fuese; pero todas modalidades, en suma, de escritura básicamente para sí, en que la autora procura dar a su narrativa la forma pública de un testimonio y al mismo tiempo comprenderse en su propia auto revelación, para establecerse frente al mundo y en el mundo con un nuevo sentido de agencia, y al hacerlo ayudarse a desenterrar, y forzarse a desmadejar un ovillo de temas que le interesan a ella misma ‘qua woman’, por cuanto implican valorizar su subjetividad como hembra. Estoy de acuerdo, por tanto, con los hallazgos pioneros de Suzette A. Henke en materia de lectura de escritos de mujeres. Y ellos me han estimulado a construir mi propia interpretación que aquí brindo. Al hacerlo no sólo me inmerso en la cuna proporcionada por mis congéneres desde los años ochenta en adelante, sino que como tantas otras me convierto en una narradora más, remo a la proa en busca de un nuevo paraíso en donde no aspiro a compartir manzanas mágicas con ningún hombre desnudo sino más bien con mi conciencia. Es decir, creo con Suzette (Henke: 2000) que procuramos reinscribir nuestro derecho al deseo femenino en el marco de los textos prescriptos por la cultura patriarcal tradicional.

En un punto, al celebrar nuestra propia manera de decir y nuestra propia manera de experimentarnos en cuanto frutas maduradas que somos en sociedades muy machistas, me permito disentir con Henke. O dicho de otro modo, vía la antivalidación de parte de una propuesta suya de la cual de todas maneras en términos generales como he dicho partí, para ofrecer las ideas abigarradas en este artículo como en chaleco de fuerza. Yo creo que este artículo me ha servido  como plataforma de algo que me parece que es igual en lo diferente. Me explico. Henke afirma haber dejado a propósito afuera de su fascinante estudio acerca del valor terapéutico de la escritura de vida de las mujeres que sufren de síndromes postraumáticos, la experiencia de las víctimas del holocausto por tratarse, nos dice, de ejemplos provenientes de un contexto histórico muy especifico. Pues bien: en lo que sigo yo me propongo en cambio, aunque ciertamente con la debida cautela, dar un anticipo de una investigación más amplia, en la que me oriento a tratar de demostrar que al mostrarnos a nosotras mismas como víctimas del terrorismo estatal, estamos de alguna manera tratando de decir (nos) que esas nuestras experiencias traumáticas producto de ese tipo de terrorismo, el de estado, tienen efectos similares y ocasionan sin duda síndromes post traumáticos casi idénticos a los que ella, Henke, describe en las autoras que analiza, que son mujeres narradoras que han sido víctimas de incesto, violación, etc, tales como Collette, Anais Nain, por ejemplo. O sea, de formas habituales del terrorismo doméstico.4

Pero nosotras, a diferencia de las autoras de Henke, no necesariamente somos escritoras de ficción. Más vale, escribimos como mujeres ex revolucionarias víctimas de prácticas extremas y diversificadas por género, raza y sexualidad, de los aparatos represivos del estado en que se apoyaran las corporaciones multinacionales para expandir la acumulación de capital en los países de la periferia  en la etapa salvaje del capitalismo industrial, financiándose con la extracción de la deuda privada y pública, que ahora asfixia a las debilitadas economías nacionales de nuestros países. Y sin duda que sufrimos de stress postraumático y que conciente o inconscientemente, queremos curarnos. He tomado esta línea interpretativa, que en esta oportunidad no aplicaré a los escritos de autoras ideológicamente más cercanas a la izquierda tradicional. La hubiera hecho extensiva a su obra y a la de hombres sobrevivientes que escriben sobre su vida, de haber podido tener acceso también a sus escritos, tarea que espero cumplir con posterioridad.5

Los textos, que habré prácticamente casi sólo mencionar, han sido producidos, pues, solamente por mujeres que fueron brutalizadas por las últimas dictaduras del Cono Sur, y que lo fueron por haber sido militantes (o a veces sólo simpatizantes, y en un caso inclusive sólo pariente de una persona militante) de movimientos o partidos de la izquierda revolucionaria durante las dictaduras de Uruguay, Brasil, Chile y Argentina. de los setenta.

Desde la novela, la poesía, el ensayo, el hilo argumental de un documental, una obra de teatro, hasta el diario que apoya a memorias de estilo pseudo ficcional unas veces, o ’factional’ otras, pasando por cartas y emails, son éstos textos que funcionan como verdaderos mecanismos de sobre vivencia, a mi juicio, de manera similar a los escritos de vida de otras mujeres sobrevivientes de violencia doméstica o institucional analizados por Suzette A. Henke, como he dicho. Estamos entonces enfrentando ejercicios del derecho a volver a vivir, y por tanto ante escrituras que  cumplen también con el rol de comunicarnos con la utopía. Y operan por ello también como manera de desafiar a la desesperanza y evitar a veces su forma más extrema, el suicidio.

A solas con el Trauma

¿Cómo recordamos nosotras mismas nuestra experiencia?, eso es hablar de una cosa. Pero lo que qué dicen, o qué no se dice, acerca de nosotras, eso es otra cosa. Y concibo a la nuestra como una manera de militar en la vida como obreras que somos del futuro, y por eso a nuestro género / estilo  le llamo la literatura de los pasos hablados. Y esto es así, porque nuestras palabras son como pasos, y nuestras emociones se insinúan como si quisieran a veces ser como puentes desde la muerte a la vida, desde el odio al amor, desde el miedo al dolor, desde la culpa al renacer, nuestras palabras son ecos del pasado pero pretenden ser ladrillos de un futuro, son cemento de los castillos que ya habitamos pero en donde todavía cabe muy poco la explicitación del gozo de nuestros semejantes como deseo. Nuestro pasaje del grito a la sonrisa.y de allí al grito de placer.

Pero nosotras: ¿quiénes somos nosotras? ¿Cuántas somos? ¿Dónde estamos? ¿Y por qué, y qué fuimos? ¿Y qué puesto tuvimos – o no tuvimos- en nuestras organizaciones políticas? ¿Y qué hacemos, y adónde estamos treinta o más años después? Y por qué todavía no escribimos nada cerca de nuestra sexualidad. Ni de la ajena. ¿Y no será por eso que no vendemos? ¿Quién (es), y/o por qué nos sigue(n) excluyendo? ¿O no, no se nos excluye?  Nosotras, ¿no seremos apenas las (no) excluidas, sino las incluidas que no estamos, aunque vivimos, como esos monstruos sin caras y esos cuerpos sin cabeza y esos gritos persistentes ese para no dormir silencio en medio de la noche que nos reclaman?

Y como ayer reclamábamos que se legitimara la lucha de clases para hacer posible nuestra emancipación y liberación para poder transformarnos en personas, hoy sabemos ya que la etapa de los 1960 y los 1970 debe quedar atrás. O sea, que perdimos batallas importantes en frentes tales como los de Guatemala, República Dominicana, en México, en Brasil, en Perú, en Bolivia, en El Salvador, en Chile, en Uruguay y en Argentina. Y aprendimos mucho de lo que pasó en Nicaragua, y en Paraguay. Y comprendimos de lo que le pasó a la Revolución en la Habana. Y qué en Colombia, ¿y en Venezuela? … Pero los pueblos siguen estando cargados de futuro. Uno que podría ser más justo. Para todas y todos. Por cierto lo seguimos deseando.

Un porcentaje de nosotras, especialmente en Brasil y Argentina, ya era feminista cuando militábamos en movimientos y partidos de izquierda hostiles, ignorantes y / o ciegos a la problemática específica de los géneros sociales y de las razas, feministas, y aunque estuviéramos muy alertas acerca de las experiencias internacionales tales como las de Rusia, China y Vietnam, adonde el proyecto revolucionario original al que tan definitivamente contribuyeron nuestras congéneres, no había redituado los cambios a los que aspirábamos, tampoco ‘de eso’se hablaba oficialmente en nuestras organizaciones. La inmensa mayoría de nuestras compañeras y compañeros consideraba a mis preocupaciones ‘cosas de mujeres’. No obstante eso, o por eso, el vacío nos condujo a buscar nuestras propias formas de organización y acción. Por ejemplo, en Chile apelamos a crear un grupo feminista con apoyo en las masas, al que llamamos Frente de Mujeres Revolucionarias del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria). Este se forjó en foros vespertinos en las cabinas y se extendió a la práctica extra mural universitaria de la Universidad de Concepción y zonas de nuestra influencia hasta mas allá de Temuco por el Sur y el valle de Chile Central por el Norte (durante las vacaciones de verano), y como ya me he referido someramente a lo que hacíamos entonces en cuanto mujeres militantes, a ello me remito (Zabaleta: 1997)

Claro está que las nuestras constituyen sistematizaciones fragmentadas, parciales, normalmente no publicadas por miedo, y me animaría a afirmar que también bastante sesgadas. Porque nuestra memoria es muy selectiva. Yo prefiero acordarme de lo que construimos, de lo que logramos, de la alegría que todo lo circundaba, cuando partíamos casi de la nada, moviéndonos entre el no ser y lo infinito. No había en Cuba ni en Argentina ni en Uruguay ni en Brasil, ni sabemos si en alguna otra parte, teoría marxista alguna que se pudiera aprovechar en todo o en parte para nuestro trabajo como mujeres concientes de la opresión de serlo; no había práctica a la cual valiera la pena imitar; como no había tampoco ni héroes ni heroínas que hubieran sabido combinar la teoría revolucionaria con los muchos conflictos ínter genéricos e intra genéricos que la prerrevolución ponía al rojo vivo, y ciertamente en Chile se vivía intensamente pero a ciegas en varias materias – no sólo en esta – durante el período en que gobernara la coalición de siete partidos/ movimientos de la izquierda (Unidad Popular, 1970-1973). No existía, en suma, sino por excepción, una búsqueda sistemática, sostenida, abierta y valiente de una comprensión nueva de la relación mujer-hombre, ni en la teoría ni en la práctica, ni siquiera en los espacios terapéuticos o confesionales, o sea, ni siquiera entre quienes se habían entrenado como terapeutas, sacerdotes o monjas, o visitadoras sociales, etc., que ayudara a aliviar el conflicto y resolverlo de nueva forma a nivel individual.

Ni del mero derecho al aborto por supuesto se hablaba casi, y cuando se lo hacía era en círculos universitarios muy reducidos, que yo sepa, y/ o en el costoso ámbito de la práctica comercial e ilegal, aunque los embarazos fueran secretos a voces que refirmaban el tradicional machismo de hombres y muchas mujeres de Chile. La práctica de interrupción forzada del embarazo no deseado alcanzaba – como el alcoholismo y la violencia doméstica de los que iban firmemente de la mano – proporciones endémicas. La práctica abortiva ilegal ya había sido denunciada con carácter dramático por cineastas mujeres mexicanas del Cine Nuevo, pero no se filtraba en las plataformas políticas de Chile, ni mucho en ninguna parte, salvo en Cuba, aunque fuera la práctica anticonceptiva mejor conocida y tal vez más usada por las mujeres más pobres entre los pobres de la ciudad y el campo. Si un dirigente obrero de una mina de carbón, digamos, le pegaba a su mujer de manera reiterada porque era alcohólico y machista, en el partido eso se callaba, pues eso era ‘cosa de hombres’, se me repetía…

Tampoco se hablaba sino que para ironizar y usando vocablos del más vulgar estereotipo, o ‘en chiste’de un pésimo mal gusto, del lesbianismo y de la homosexualidad o cualquier otra conducta genérica en materia sexual que difiriera de la heterosexual, así como tampoco se discutían en grupo los actos de acoso y abuso sexual y / o racista frecuentes en nuestras propias filas, aunque los libros de Fanon traducidos al castellano fueran parte de nuestro ABC político-cultural y la editorial del estado Quimantú hubiera producido un pequeño libro adonde se mencionaba el número de violaciones sufridas en un año en Chile, que creo que habían sido en 1973 alrededor de 400.6 Una voz en el desierto. Se necesitaba una revolución orientada por el partido del bloque histórico obrero-campesino para que cambiara automáticamente la posición de la mujer en la sociedad capitalista, se nos había explicado, desde Trotsky y Lenin pasando por Engels y repetido en adelante a secas.

Pero el milagro no se alcanzó a producir, ni en Chile ni en ninguna parte. No se denunciaban las violaciones ni el adulterio practicado por compañeros / as del partido, porque regía como sabemos, una moral sospechosamente conocida. La de los dobles estándares. Podría estar dando la impresión, a quién piensa hoy en términos de raza, de género y de sexualidad, que la izquierda de nuestro entonces era aburguesada ¿Y no sería bastante cierto? Las prácticas sociales aludidas bajo el modelo económico neoliberal con predominio de capitales corporativos multinacionales han acentuado después aun más todavía las lacras sociales aludidas en todos los países de América Latina, en donde y por si fuera poco, sigue además creciendo el ataque del SIDA.

Por eso nuestra lucha continúa

Porque para quienes asumimos la lucha de clases en cuanto mujeres, con una concepción marxista de la marcha de la historia, y con una perspectiva feminista para comprender nuestra discriminada posición a través de los siglos y de las ideologías, ayer como hoy, para hacer nuestra historia no tenemos modelos ni roles, no tenemos más que la voluntad de avanzar luchando. Haciendo puente al andar.

Y esa lucha sabemos ahora que continuará tal vez por siglos. Pues están muy lejos, lejísimo, las metas estratégicas que nos propusimos alcanzar. Pero mientras otras y otros crecientemente nos toman a las mujeres latinoamericanas como objeto de sus investigaciones desde 1970 en más, tanto en las Américas como en Europa, en cada nueva década surgimos no obstante con voces propias y habemos más y más latinas que somos el centro de nuestra propia búsqueda científica o artística, o bien de ambas. Más y más trabajamos todas en común, a pesar de las suspicacias lógicas derivadas de choques culturales, conscientes de la perentoria necesidad de aunar fuerzas y del respeto por la diversidad; y nuevas tecnologías como el Internet nos permiten intercambiar puntos de vista surgidos de experiencias de ser mujer en distintas sociedades, varias veces al día, cada día. En suma: somos más. Y todo esto es cada vez más parte substantiva de nuestra militancia feminista de mujeres  de izquierda.

Son las nuestras voces que aun muchas veces atrapadas en la propia autocensura por los constituyentes que estructuran la subordinación genérica, o que son ignoradas, distorsionadas o ridiculizadas, por las personas de ambos sexos y por las instituciones que preservan todos los privilegios sociales; las que aun atrapadas, repito, en la historia secular de la impotencia surgida de nuestra inserción desfavorable en relaciones de género, raza y sexualidad profundamente discriminatorias, tratan de hablar con más fuerza. Y muchas veces detrás de esas voces está la escuela que nos forjara como aguerridas militantes…la irremplazable experiencia que culminó en el trauma.

Y aquí sí que el número se reduce drásticamente. No tanto porque las mujeres no hayamos contribuido en calidad y cantidad -aunque tal vez de manera distinta y más difícil por ello de evaluar-, tan substantivamente como los hombres a los proyectos de cambio impulsados por nuestros partidos, sino porque varios miles de nuestras voces fueron sesgadas por la desaparición, el asesinato, la prisión, el exilio, la locura, el miedo, la frustración. Pero otras quedamos, que escribimos y / o hablamos, como Rigoberta y Domitila. Plasmamos nuestro recuerdo en el quehacer de una memoria que nos honra; leemos, escribimos y colectamos :poemas, cuentos, cartas, emails, autobiografías, documentales, fotografías, agendas, librerías, bibliotecas, cursos, radios, encuentros, paneles, ponencias , artículos, panfletos, revistas, paginas de Internet, libros, o lo que sea.

Nosotras nos construimos así la ilusión de una vida mejor. Tanto como ayudamos a construir la de nuestras hijas e hijos, amigas y amigos y colegas, y a despecho de toda la sombra que nos echara encima tanta persecución arbitraria, tanta crueldad, tanta indiferencia, tanto odio y tanto horror. Por eso tal vez no nos entienden muy bien quienes gustan de simplificar los fenómenos y nos encasillan como meras madristras; aun cuando no tenemos vergüenza de ser también madres, muy amantes madres si hemos decidido tener descendencia. No somos madres ni todas marianistas   simplemente porque lo fuera la Virgen María, o por el hobby de usar los derechos reproductivos. Si no más bien porque nos gusta plasmar la historia con los brazos abiertos, sembrados de libros y amapola s azules, rojos y amarillas, florecidas s y con banderas de colores de amor y muerte, y no como los colores de la firma Benetton que reducen a nuestros pueblos nativos a la extrema pobreza con su compra en gran escala y a precios de liquidación del patrimonio indígena de la Patagonia argentina (950.000 Has.). Ayer lo defendimos con banderas, poemas y fusiles y hoy lo seguimos haciendo con campanas sonando al porvenir, al viento como los cantos de palomas con angustias de paz, haciendo del Internet una nueva arma de futuro y de nuestro cansancio un silencio aborrecido. Con rencor a la muerte prematura, sin consuelo por la muerte de inocentes. Sin perdonar, sin olvidar. Porque amamos la vida. Tuvimos derecho al fusil, como tuvimos derecho al goce libre de nuestro propio cuerpo. Y si nada de todo eso nos fue dado, sino que debimos arrebatarlo, pagamos más encima muy alto el precio de perderlo todo. Y con el descuartizamiento de nuestra psiquis y el dolor extremo del cuerpo.

No desarrollamos por ello desprecio a todos los hombres, ni nos movemos simplemente por primitivos instintos de venganza contra ellos. Ni despreciamos a todos los compañeros, colegas, amigos, hijos, hermanos, solo porque son hombres. No definitivamente a los recuperables, por lo menos. Los quisimos, trabajamos con ellos, gestamos con ellos y con y por ellos y ellas, amamos. Y si entre brisas de retama se asoman los no-me-olvides de la primavera inglesa que inunda los patios y colma de olor mi ventana, ese es el mismo cielo que silencia las brumas de donde sopla el viento desde el mar chileno, el sol que duerme sobre la costra salitrera, cobre y cielo, poncho y azada, trutruca y escoba, media agua levantada en las noches sin sueño, fábricas tomadas en la oscuridad para dar pan al sediento y poner platos en las mesas de los más pobres libros en las manos iletradas cuecas en el corazón y en las piernas ritmo, y así como lo vivimos, así vamos reviviendo, escribiendo lo que nos dicta una memoria abierta, tierna, generosa .Nuestra veces trágica, irrepetible, por eso querida memoria nuestra. Marta Vasallo, hoy muy destacada periodista en El Dipló de Buenos Aires, según Bayer, en las horas de la ignominia se aferraba a los poemas que sabía de memoria. Estuvo en el Club Atlético: “Estábamos con los ojos vendados tiradas en el suelo, en boxes diferentes, esperando que vinieran a buscarnos, escuchando cómo se llevaban y traían a otros, y los gritos de los torturados’.7 Así son las artistas.

Voces revolucionarias del Sur

‘…en mi cuarto quedó el sol

y una sonrisa de papel…’

Pipo Pescador, 1975

3 noviembre 1976, Parque Palermo, Buenos Aires

Quedé casi sin respiración. Y de nuevo miré hacia atrás, con mucho mayor aprehensión esta vez. Es que desde el asiento delantero de un auto desconocido, trataba de adivinar cuál sería el destino final del patito de mi hija Yanina en la Argentina. Lo habíamos dejado solo y librado al azar en la ciudad del terror. Me sentía muy culpable. Me sentía un torturador.

El animalito, sin embargo, caminaba muy rápidamente, casi como de costado. Tendría tal vez una ligera pizca de miedo, pero lo disimulaba asumiendo un aire casi aristocrático, como si desafiara al abandono con ofendido decoro. Al mismo tiempo, parecía como que se le hubieran alargado las patitas. Que a sus alas amarillas con plumitas negras le hubieran crecido otras alas para impulsarlo más rápidamente hacia el lago. Patito estaba, en suma, encarando con coraje y con todo su cuerpo y gran expectación, la libertad. El futuro le daría miedo, sin duda, pero al mismo tiempo, le atraía como un imán.

Patito era, para su suerte, joven y soltero, y aunque nunca supimos de verdad cual era su sexo, le asumimos macho. Nobleza obliga: en el mundo latino respetamos la tradición patriarcal de nuestros antepasados como si fuera algo intrínseco a la condición humana. O natural. Por eso, en una sociedad tan machista como la argentina, este pato tenía sobre mí a su favor ciertos atributos que eran de suyos relevantes para la construcción de la nueva cultura que se estaba imponiendo en el país a resultado de El Proceso, liderado como era por los Superpadres. O sea, por machos al cubo, como diría Sábato (Zabaleta: 1998)

Así pues. Después de la cotidiana valla impuesta por la consabida pregunta con que cualquier extraña se tropieza al apenas abrir la boca aquí, o sea: ‘Where do you come from?’- lo que de ahí en más le hace sentir a una que puede compartir este terreno (ajeno) pero hasta por ahí nomás, dado que los nativos de esta isla pueden ser, como ellos se creen, generosos, magnánimos, amables y compasivos, pero siempre que se acepte, que quede bien en claro, que una refugiada argentina / chilena estará aquí de una vez y para siempre en un estanque ajeno. ¿‘Albión perfidious’, como decía el escocés Donald MacKaskill? O sea, que al arribar al exilio lo primero que automáticamente me hicieron sentir fue que para los seres humanos nativos yo era apenas una sapa de otro charco.

Pero ¿qué era en cambio lo que nos ofrecía para readecuarnos a la nueva etapa la ideología de la izquierda cuando llegamos al exilio? ¿Y qué lo que habíamos aprendido de nuestra entrega por amor a la revolución, las mujeres que militábamos en los partidos y grupos de la izquierda?

La mujer conscientizada y el tratamiento de las diferencia

‘Sí, las madres salimos y gritamos y hablamos y protestamos. Y los padres más concentrados, a los 5 años fueron muriendo casi todos. De cáncer o de ataque al corazón. Lamentablemente somos casi todas viudas las Madres’.

Hebe Bonafini, junio 2004

Duelo interno que a mí solamente me produce dolores de estómago, pero que a mujeres más calladas y más discriminadas en Europa que yo (por no ser ‘tan’ blancas), las ha matado prematuramente de cáncer estomacal como a Marta Fuentes, mi amiga, colega y compañera exilada en Holanda. A mí – a quien a diferencia suya aquí en Europa al menos no me tratan como si fuera una ‘mujer de color’- los recuerdos no me producen por ahora sino vómitos o diarreas de sangre y sólo de tanto en tanto. No sufro dolores como Consuelo Rivera-Fuentes (Rivera Fuentes y Burke: 2001), a quien una enfermedad desconocida pero que yo creo que es consecuencia directa de las brutales torturas que ha sufrido ella en Chile, la ataca aun ahora con terribles dolores, aunque de eso no se escriba. Y no hay mejor prueba de esos dolores – que para ella son ‘cosa de todos los días’- que sus tan sentidos, brillantes cuentos, como aquel con que ganó el primer Premio de la Competencia Letras Lejanas (Díaz  Vallejos: 2002)

Se trata pues, en la mayoría de los casos, de una lucha muy desigual, que a Nora Strejilevich, cuyo único hermano Gerardo está desaparecido en Argentina, y cuyos padres murieron como resultado de tanto dolor, la impulsa a viajar varios miles de miles de kilómetros por año para denunciar permanentemente los crímenes de las dictaduras. Y a escribir:

‘Lanzo mi nombre con pulmones con estómago con el último nervio con piernas con brazos

con furia. Mi nombre se agita salvaje a punto de ser vencido. Los domadores me ordenan saltar del trampolín al vacío. Me empujan. Aterrizo en el piso de un auto. Lluvia de golpes: este por gritar en judío este por patearnos Y otro más.-Judía de mierda, vamos a hacer jabón con vos. Soy un juguete para romper. Pisa pisuela, color de ciruela.’ ( Strejilevich, 2002:179)

Es la misma fuerza argumentativa, la misma sabiduría que impulsa a la periodista Gladys Díaz (Díaz: 1979), la gran dirigente gremial chilena del FTR (Frente de Trabajadores Revolucionarios) del MIR, a explicar por que magnificamos la ‘imagen grandota’ que solemos internalizar de nuestros monstruosos torturadores. Y a Carmencita Castillo Velazco a entrevistarlos y enfrentarlos y testimoniar en un excelente documental (Castillo Velazco: 1992) esas atrocidades, y a la Flaca Alejandra, la ex jovencita mirista luego bestializada en prisión, a recontar la confusión política y moral que la llevó a trabajar para la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional).

O es la convicción dolorida que impulsara a Carmen Rojas que a diferencia de ella no se quebró, a escribir sus viajes a la tortura para ayudar con ello, afirma, a la ‘recreación de una alternativa real de liberación’:

‘A ver flaca concha de tu madre, ahora sí que no te vai a hacer más la blanca paloma. Vai a cantar al tiro nomás, huevona, o te vai a ir cortá como la Lumi 8.Era el Romo, maloliente y furioso, que me venía a buscar para llevarme al interrogatorio’. (Rojas: 23)

De repente, cuando te leía, sentada en el ‘Jardín de Las delicias’ como le llaman los poetas al bello patio de Joan Lindgren en la ciudad de San Diego, comprendí a través de tus palabras, Carmen Rojas, que mi propio pasaje por las mazmorras chilenas no merecía más palabras. Para eso habías escrito tú por todas, y allí estabas con Muriel, y el Trosko Fuentes, esperándome en Villa Grimaldi, y como bien tú lo explicas Carmen, se trata mas vale de vivir:

‘Se trata de ir recopilando y conservando los testimonios… para resguardar todo un proceso político vivido y luchando activa y consecuentemente, en los momentos más duros, de la historia de este país’. Creo como Carmen que es urgente hacerlo, y hacerlo ‘no como un archivo – museo para sacralizar principios y almacenar historias, sino como el rescate de una experiencia viva que debe servir y aportar al fortalecimiento y recreación de una alternativa real de liberación’. 9

Lo que a Orinda Ojeda la llevó a buscar editorial para sus memorias de diez años de cárcel bajo la dictadura chilena.10 Y a Alicia Partnoy a buscar el auxilio de Amnesty Internacional para certificar su material escrito entre rejas y seguir con el resto. (Partnoy: 1986, 1992). Lo mismo que antes a Carmencita (Castillo Velazco: 1980) la había llevado durante su exilio en París a escribir Un jour d’Octobre à Santiago, y así recomponer el asesinato de Miguel Enríquez, Secretario General del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), y el rompecabezas de su amor por un hombre del que estaba embarazada, de su amor por la justicia y por la revolución.

Es aquello que Flávia Schilling recopiló en sus ocho años de cartas desde la prisión en Uruguay. Escritura la nuestra que aun no encuentra un mercado amplio ¿y no será también por falta de interés del gran público en los problemas específicos de las mujeres torturadas por funcionarios /as del estado, a pesar de la similaridad de los síndromes que esto produce con los que ocasiona las múltiples de coerción sexual dentro del área doméstica, lo que pareciera ser mucho más promovida ahora por la industria de lo prensa amarilla?

¿Será la experiencia sufrida en Chile lo que motivara a Mónica Escudero (Escudero: 2002) a reflexionar lúcidamente acerca de la situación realmente existente de las mujeres cubanas después, y a pesar, de la Revolución Cubana? O la intención es más vale darle una voz a la mujer que hombro a hombro con el sexo masculino protagonizó una de las páginas más bellas y trágicas de la historia reciente de Brasil: la resistencia armada en las décadas de los 1960 y 1970 (Ribeiro de Lima: 2000). Es todo, en suma, es esto y eso y es aquello, aquello que a aquel otro gran ejemplo para todas, la gran organizadora de la Tercera Edad en Londres, Ana María Navarrete, no le permite a veces seguir hablando de su hija mayor, una joven alumna de mi curso de Economía Política I a la quise y cuidé en mi casa de Concepción como a una hija, mi joven amiga desaparecida en 1974. Muriel Dockendorff; mientras que su otra hija, Berenice, también salvajemente torturada en Chile, fue dejada en libertad y es pintora, y la madre del pintor chileno disválido a raíz de las torturas infligidas a su madre en prisión Federico Hidalgo. Porque hay veces en que el dolor que la conversación produce nos cierra la garganta. Como le ocurre a Laura Bonaparte, cuando habla de sus nueve desaparecidos y desaparecidas. Y que lo explica así (Laura Bonaparte: 2202):

“Es probable que el segundo paso de la pesadilla, de lo monstruoso que es el secuestro genocida de hijas e hijos y seguida de la negación a entregarnos sus cuerpos, como forma enloquecedora de borrar la realidad de la parición, de la inscripción de sus nombres en los diferentes documentos, laicos y religiosos, presentados, reproducidos hasta el cansancio en los testimonios, remarcado por el borramiento genocida en la palabra ´des-a-parición´, ´desparidos´. La palabra se hace imagen y ambas invocan. Imagen multiplicada, símbolo que limita y a la vez universaliza. Poner en el Teatro estos episodios es poner en una relación especular, desdoblamientos de sentires profundos y pocas veces reconocidos. Qué es el teatro, sino un largo monólogo hablado por diferentes voces. Y esa relación especular, que solo el arte produce, donde las actrices juegan a ser cada una la imagen callada de las personas que formamos el público en una intimidad privadísima, personal y colectiva al mismo tiempo. Las tres actrices se transforman en modelo de relación pasional. Despojadas de pudores muestran la realidad del deseo del ser humano: el infierno. Y es por esto y por ser el arte una expresión sobrenatural, impredecible, todo creatividad, espíritu libre, aquello que es creado y animado es que el arte pacifica. Que aminora los odios, los extremos, civiliza.”

Laura que, al igual que casi todas las otras autoras citadas aquí, también se asiló por los largos ocho años de la dictadura y que escribe sobre recuerdos de su vida; cuentos para su galería de las malas mujeres, las transgresoras. También más y más lo hace basándose en su propia vida la médica psiquiatra Clelia Myriam Garbulsky, expulsada de su cargo de la Universidad de Concepción el 11 de septiembre de1973 y luego repatriada a Argentina el 5 de octubre de 1973, salida de un campo de detención de la dictadura, en donde estaba condenada a muerte.

Resulta, eso sí, que a veces una como que se cansa de ser víctima, o de que se nos piense y se nos trate aquí en el otro mundo sólo como víctimas. O ‘survivor’. Yo no solo sobrevivo, porque también trato de vivir y estoy en el mundo para amar y ser amada y para auto amarme. Y eso creo que eso es mucho más que una mera sobre vivencia  Y por eso escribo y camino con la poesía. O leo que otra escritora rosarina, profusa autora, Alicia Kosameh recuerda como:

‘Juliana, de desplegados dulces ojos color d e cielo, había llegado con otras sesenta y nueve, entre ellas yo, a la cárcel de Villa Devoto, cómodamente emplazada en el barrio del mismo nombre de la ciudad de Buenos Aires. Había sido engrillada, de la misma manera que el resto, a la plataforma sin asientos del avión militar en el que se realizó el traslado desde el sótano de la jefatura de Rosario. Había sido desnudada para una sorprendente revisada médica al ser ingresada a la nueva cárcel, como todas las demás. Y había sido asignada al mismo pabellón que otras veintinueve, entre ellas, yo. Todo eso después de haber pasado por las manos de los torturadores de rigor que intentaron obtener de ella la información característica sobre sus actividades políticas, y las de quienes más, siempre valiéndose, ellos, de los métodos no necesariamente infalibles de la picana eléctrica, los golpes sabiamente distribuidos por las zonas sensibles del cuerpo. Y las violaciones en cadena. Cositas .Esto para decirlo rapidito, para dar cuenta del contexto’…’Y recuerdo el momento, recuerdo el momento, sus huecos’. (Kosameh: 2000: 96)

La lorita iletrada

El exilio me convirtió automáticamente otra vez, pero ahora primero que ninguna otra cosa  a los ojos de los habitantes aborígenes del Reino Unido, en esposa. Eso sería como un infierno para mí. Había subido a ese avión en que iba a Europa casi a la fuerza, una mujer de clase media, bien alimentada y blanca, muy calificada. Con el título ganado en buena ley cuando muy pequeña, de ‘Piquito de Oro’. O de ‘Jesús Memoria’, también dado por mi papá. ¿Sería que el ‘Juan Gaviota’ no estaba en sus estanterías? La lorita hablaba hasta por los codos, y ganaba casi todas las lides de la palabra. Con el tiempo y con los diplomas, fue hasta capaz de discutir en términos ‘legales’, por ejemplo, con altos oficiales golpistas del Ejército Argentino, inéditos procesos de cómo hacer aparecer con vida a un desaparecido político ( el entonces su marido) en 1976, sentando con cada uno de esos expedientes nuevos precedentes prácticos.

“Larga vida a la cotorrita”, dijiste una vez, gauchito, y desde ese día trato de no amarte más que mucho, chinito requetelindo (aunque vos no me creas: ‘y tú lo sabes’). En 1976 el país estaba ya en estricto estado de sitio, como en 1943, 1955, 1962, 1966, y la legalidad había sido suspendida automáticamente con el ascenso de la nueva Junta de Gobierno de facto presidida por el General de Ejército, Videla. No podía saberse de antemano cuando escuchamos la noticia del golpe mientras tomábamos el desayuno y la oímos por la radio, que estaba yo predestinada a tener que empezar a actuar por la libertad con la misma mezcla de desparpajo, candidez y determinación que tipifica a casi todos mis actos, especialmente los más errados. Ese día esperamos a la nanita Silvia, le servimos desayuno, y en lugar de preparar a Yanina para ir a su guardería, ‘La escuelita’, le pedí a Alberto que fuéramos a comprarle ropa de invierno a la nena. Así lo hicimos. Solo una quincena después, yo ya estaba dedicada de tiempo completo a tratar de encontrar y devolver con vida el padre a mi hija.

En el aeropuerto de Heathrow el 16 de noviembre de 1976, adonde llegamos los tres  expulsados de Argentina, descubrí también a una nueva persona: a mi esposo, del que había estado involuntariamente separada por cerca de los ocho meses que pasó prisionero sin cargo de la dictadura, y del que no tenía noción clara de que hablaba tan bien en inglés. Ese mero hecho práctico selló mi nueva y odiosa dependencia genérica de él en el exilio. Por años fue él quien tuvo que hacerse cargo de las compras de la comida  porque yo no sabía expresarme en inglés, ni manejaba nuestro auto. Y eso no creo que lo hubiera hecho, precisamente, muy feliz. Porque siendo una pareja de revolucionarios,- tanto en Buenos Aires, como cuando vivíamos en Chile- de esas ‘pequeñeces’ y todas las demás pequeñeces domésticas me encargaba yo. Además de militar y trabajar también de tiempo completo en la Universidad de Concepción, yo participaba muy activamente en la administración popular de la JAP (Junta de Abastecimiento y Precios) del barrio, central de Concepción  en donde vivíamos (siendo esa aparentemente una de las razones por las que me iban a matar en Chile después del golpe, lo que no se dio porque la Chancillería de Argentina me repatrió a tiempo. Es decir, antes que llegara al estadio de fútbol convertido en campo de detención la maldita Cabalgata de la Muerte).11

Pato huérfano recién salido del cascarón en el campo, pero con un hermanita o hermanito (hembra o macho), lo llevaron a la ciudad. Allí pasó a una caja en donde esperó ser vendido, en las afueras de la estación de trenes de Retiro (ahora hecha famosa en el exterior por el film de Parker a la Madonna), y de allí pasó a estar en mi bolsa el día que compré a los dos patitos. Eran tan pequeños que cabían en mis manos. Parecían más bien huevos peludos con sus plumitas de un amarillo suave. Verlos me hizo olvidar del horror que había vivido esa misma tarde de sol dentro de las paredes del Palacio Presidencial. La famosa Casa Rosada, lugar del que Evita se convirtiera en vida en la única reina. Bueno, eso claro hasta que llegó la Madonna y convenció a Menem que le prestara el balcón para hacer la película, con lo que hasta el bello balcón quedó corrupto…

Esa tarde iba caminando cabizbaja hacia el tren interurbano que me llevaba a casa, adonde Silvia Ugalde y Yanina me esperaban. Yo me sentía un poco como ‘El Patito Feo’en uno de los poemas más tristes que leí en mi infancia. Había una vez una pata con siete patitos, todos amarillos menos uno que era negro y chiquito:

Todos los patitos se fueron a nadar

y el más chiquitito se quiso quedar.

La madre enojada le quiso pegar

Y el pobre patito ¡se puso a llorar!…

Patito malo, ya vas a ver / negrito y joven, qué vas a hacer…/Te llaman el clandestino/

por no tener papel /Pato vago, clandestino /Terrorista, clandestino./Manu Chao, terrorista…/ Y  para los blancos’ benditos’ / Bush y Blair candidatos al Novel.?!….(MZ).

Volvía a casa. Una nuevo día entero más haciendo gestiones agotadoras para que mi marido, que apareció finalmente en la prisión de Villa Devoto pero que había ya sido trasladado a la Alta Seguridad de la Plata, y nuestra hijita también extranjera, pudieran salir del país. Videla ya había firmado gracias a mis interminables presiones legales la orden de su expulsión, el 10 de agosto. Pero a nadie le interesaba hacerla efectiva, excepto a mí. Yo mientras tanto ya había empezado a ser interrogada sistemáticamente, como hoy, por él y en su despacho, Jefe de Información Política Secreta de la Presidencia, adscripta directamente al Ministerio del Interior. Al frente estaba de Ministro el hijo adoptivo de una de las mejores amigas de mi madre, el Gral. Harguindegui. Valga la diferencia. Dependía el alto oficial del Ejército que me interrogaba, según él, directamente del General Videla, el Jefe de la Junta Militar, pero informaba al General Harguindegui. No obstante,  nunca me sentí en familia…

Fue uno de eso días en que volvía de uno de los interrogatorios cuando los dos patos campesinos pasaron a convertirse en patitos burgueses: los vi y los compré cerca de la Estación Retiro. Yanina se enamoró de sus mascotas a primera vista. Uno era amarillito, el otro negrito. Ambos tenían ‘picos y alitas y patitas de pato’, comentó la nena, ‘como en el poema’.Unos meses después ya en el exilio, cuando Yanina con cuatro años y medio entró en la escuela primaria de Bearsden, en Escocia, el primer libro que le dieron a leer fue The Ugly Duckling. Así comencé a leer, ayudada por mi hija, en inglés no académico. Yanina tenía, como dije, cuatro años y medio, y había sido ya expulsada de dos países, igual que yo, que ya tenía cuarenta. Delicias de la necesidad de una rotación más rápida del capital.

Pero hoy es otro día. Hoy, en cambio, es cuando de pato burgués, doméstico, Patito pasará a convertirse en pato salvaje. Todo un Pato Nuevo. Eso lo insinuaba su cuello demasiado alargado y empujado hacia delante como para llegar más rápido a alguna parte segura. Así lo traté de entender yo, y fue como si me tomara un cocktail hecho de pena, alivio, tristeza que corta el pecho como un cuchillo y un sentimiento de gran culpa que no deja respirar, igual que cuando me soltaron del campo de concentración en Chile: lloraba para mis adentros por la repentina ruptura de Patito con las condiciones materiales de su anterior existencia de pato mascota, y por ende por él quiebre impuesto sobre su identidad que le había ayudado durante estos pocos meses a disimular su antigua condición de pato de la calle, tal vez hasta de conciencia proletaria. Reflexionaba así que volvería, que seríamos millones de patos salvajes. Volver… No sabía que perder (lo) todo era otra vez mi destino, ni aceptaba que ése su nuevo lugar reflejaba el futuro que me esperaba a mí. Que eso era el exilio.

Solo voy con mi pena /sola va mi condena/ Correr es mi destino /para burlar la ley / me dicen el clandestino / por no llevar papel / Hummmm ¿Por no llevar papel, Manu Chao?

Espejo lleno de luces y de muchas sombras sería mi encuentro con la civilización del otro lado del Atlántico: la Europa de mis antepasados maternos y paternos. Y yo pensaba que… pero la conductora del auto en que retornábamos al piso que alquilábamos en el barrio de Belgrano R, la Señora Vinelli, me hablaba muy nerviosamente mientras me tocaba el brazo. Supongo que ella tampoco habrá resistido demasiado bien la escena de la despedida de Patito, o mejor, de su abandono a su suerte patuna. Lo cierto es que me hablaba con un acento perentorio, lo que me obligó a dejar de mirar para atrás, y a despedirme sin palabras ni lágrimas de Patito. Como si estuviera muerto. Me sentí moralmente obligada a concentrarme en ella e hice un esfuerzo por escuchar y entender lo que me decía. No fue cosa fácil. Mi mente volaba ya en el limbo de una libertad en donde no sabía que sería una extraña, anónima y no tendría ningún status.

Pero ella me pareció que estaba molesta. Como el pato, e igualmente sin una necesidad obvia y aparente, giraba también ella el cuello hacia todos lados como en afán exagerado de abarcar todos los ángulos de ese enorme parque al mismo tiempo.Sabría ella acaso que ese espacio en el Siglo XIX estaba afuera de la ciudad, y que era allí adonde estaba ubicada la residencia de Juan Manuel de Rosas, el Restaurador, y que ahí posiblemente sus mazorqueros se llamaban así porque torturaban con una mazorca de maíz a sus opositores políticos?¿Tal vez sentiría también ella mucho miedo? Siempre existe en mí, desde más de dos meses antes del día del golpe en Chile, una persistente, no localizada sensación de terror, ese pulsar agitado del corazón, esas ganas de huir muy rápido sin saber ni por qué ni en qué dirección apenas escuchaba pasar aviones surcando el cielo, sobrevolando la ciudad en formación de combate. O cuando me acostaba a jugar a la siesta con la guagua, y escuchaba interminables ruidos de fogueo en dirección al cuartel local.

Esa convulsión de todos los órganos y de los senos frontales que se esmeran en no saber, en olvidarlo todo. De sentirse culpable de un crimen que no se ha cometido. Esos vómitos sin causa aparente. Esa sangre que primero hierve en las venas y luego me abandona por cada agujero disponible, a sobresaltos. Y finalmente ese mareo que lo borra todo. Y el lento retorno a la conciencia pero sin entender ya quien es una, que hace ese bebé en su falda, quien es la joven que llora rítmicamente porque la han penetrado con un perro, sin acordarse ni decir ningún nombre, ni saber ya ni el propio. Ni adonde se está. Nada. Amnesia. Bloqueo emocional, memoria perdida o fragmentada, espasmos, fiebre, transpiración y nunca lágrimas. Es que entonces no se necesitaba ni dormir para tener pesadillas: la vida era de suyo tan brutal. Es ese mismo miedo recurrente, agazapado, tan típico de cuando veo, siento, miro, leo, o pienso en un hecho de violencia. Cuando estoy casi treinta años después en el Reino Unido y este país entra otra vez en guerra, con Argentina, con Irak, con Afganistán,  cuando video toda la primera ocupación y guerra contra Irak para no olvidarme ni un detalle; cuando bombardean Kosovo tan salvajemente. Me siento como cuando era chica y en Argentina decretaban el estado de sitio y venían los apagones y se sentían las sirenas y los negocios cerraban, y las tortugas desfilaban por la calle mayor, y, en fin, horrendo si nos seguían por la escalera de la Facultad en Rosario a caballo, si lo que gobernaba era una Junta de las Fuerzas Armadas. Por eso es que nunca pude ver películas que hablen de la guerra atómica, ni puedo mirar noticias de muertes ni hecatombes naturales tan repetidas hoy día en la televisión. Ese miedo ha quedado para siempre como parte constitutiva de mí misma. Es el mismo miedo que ha paralizado a la población de Argentina desde 1976 hasta diciembre del 2001. Es el consenso por el terror que creó la dictadura del 1976 hasta 1984. Y la corrupción previa o posterior que sigue su curso todavía.

Así pues, y a pesar de toda mi experiencia de horrores, o tal vez por eso mismo – dado que llegué a Inglaterra como argentina y esposa de un refugiado chileno de los Naciones Unidas, y a pesar de tener apenas 39 años, habiendo sobrevivido ya varios golpes de estado y horribles dictaduras militares – el 16 de noviembre de 1976, cuando el Big Ben daba un cuarto para las cuatro de la tarde, me asomé desde la ventana del avión para ver Londres y sonreírle a sus árboles.

Pero para cuando nos dejaron salir del aeropuerto ya estaba oscuro como en Argentina a la medianoche. Sentada en las escaleras de la gran casona, ella miraba lejos, se encogía de hombros y decía: ‘Mañana será otro día’. Esa escena final de ‘Lo que el viento se llevó’ en súper Hollywood technicolor siempre la estimulaba a no desmayar. Y en situaciones como esa, se vuelve a recitar el Poema XXIV de Juan Gelman (Gelman, 1994: 55), y se lo envía con el primer viento fuerte que pasa al hombre que ella más ama:

‘amarte es esto

una palabra que está por decir /

un arbolito sin hojas

que da sombra / ‘

Las noches de las vaginas largas

Ese domingo que me invitaron a almorzar, cuando tenía ocho años, la familia de los Filipini, unos vecinos italianos de Bouquet que eran italianos, me contaron durante un almuerzo que la violación de las mujeres italianas era una de las armas de la guerra mundial y que a los hombres para hacerlos hablar en el ejercito de Mussolini les daban aceite de ricino caliente. Ese día me hice antifascista. Y ese verano, durante las vacaciones en la montaña, me dio por querer saber lo que era la tortura. Me comí, mientras mi mama jugaba a las cartas con otras veraneantes, todos los porotos de ricino.

Juré que si sobrevivía la purga que me había auto infligido me haría aún más antifascista. Y comencé a prestar cada vez mas atención al leer los diarios, pues aunque eso no lo había leído en los periódicos, trataba de entenderlos lo mejor posible desde que tenía unos seis años. Yo pensaba muy mal acerca de la guerra europea. Luego me enteré de que había habido un golpe. Era el 4 de junio de 1943 o 1944, y los tanques que salían en los diarios eran nuestros, no nazis. Pero los militares se parecían todos mucho. El GOU (Grupo de Oficiales Unidos) se había puesto al mando de la Revolución con un General del Ejército a la cabeza, y un ambicioso y promisorio oficial cincuentón y viudo se había hecho cargo del Ministerio de Bienestar Social, Juan Domingo Perón. ¿Y de los tanques de los nazis?, juré que iba a crecer y los iba a romper a todos con palabras. Desde entonces siento desprecio por eso señores que se alegraban de tener que usar uniforme y gorra para ir a trabajar. Una sensación que nunca me ha abandonado. No por casualidad, entonces, diez años después, ya había sido puesta presa por tres señores de uniforme. Y tenido mi primera práctica de sesiones de tortura. Corría el año 1954.Entonces vivía en San Nicolás.

Pero: ¿qué pensaría Patito que le pasaba a la gente en Buenos Aires en 1976? ¿De quienes  serían esos veinte, treinta, cuarenta cadáveres que decían en el Buenos Aires Herald que aparecían en el Río de la Plata casi todos los días? Como buen pato patriota, pensaría que todo era lindo en Buenos Aires. Desde la tumba de Evita hasta el Obelisco. Una vista típicamente argentina, como le dicen acá a los cuatro metros cuadrados que fotografían cuando van a Buenos Aires algunos papagayos de la TV local. Buenos Aires, Patito, ojalá haya sido para vos también nada más, ni nada menos, qué eso. Figuráte por un momento que tu dueño es un jugador de polo que juega con el príncipe y los parientes de Fergie. Pero andáte con cuidado, porque, ¿sabes, Patito? Aunque en la patria hasta los chicos muy pobres pueden llegar a ser campeones de fútbol, no por eso nunca pasan a ser propios Che. Ah, no, eso no, te diría la Reina Isabel. Juntos sí, pero no revueltos, ¿me entendés ahora? ¿Cómo que no? Vamos, che, ¿de qué te la tiras, boludo comunista? Mirá que te voy a romper el pico y te voy a comer con plumas. Puto de mierda, maricón terrorista, pato peludo, rata podrida, guerrillero.

-¿Qué decís, Pérez?

-Nada, déjamela a mi nomás a esta mina concha de su madre, ‘la seooooooñorita que sabe jugar teeeenis’. -Vas a ver, nenaaaaaaa…, – le dice mientras la manosea-, que después que me veás el coño te lo vas mamar entero, pero primero, dejá que te saque una por una toditas todas, las uñas, y a los dientes todos se los baja  trompada por trompada. Y la chica cae, que del dolor no se habla, o se ríe una. Pero no se escribe.’ Tortilleras, nenas de mamá, que se asilan en Madrid y la siguen laburando de prostitutas’, me decía el oficial uruguayo mientras me sacaba de la cárcel de La Plata. -¡Qué Che Guevara ni qué perro muerto!

Terrorista. Perra Muerta. Sin papeles, me los comí antes de que parara el taxi, la noche que me escondí con la nena en San Isidro… en la casa de uno de mis dos mejores amigos: Rodolfo Pittao. Pero ahora hacen casi 30 años. Por eso duele más escribir, hoy no quiero recordar que no estoy allá, hoy no es día aquí, hoy es una noche de comunión con el alma de mi pueblo. Aquella noche en que Alberto desapareció cuando se disponía a viajar a Europa con Luc Banderet, su amigo el periodista suizo, de la casa de este. Cuando nos dimos cuenta de que había desaparecido, me había  tomado un taxi desde la casa de Graciela Guilis, adonde ella había ‘escondido’ a Yanina. Ella quería separarla de mí en caso de que yo fuera también secuestrada. Y lo hizo. Pero yo la fui a buscar y de allí nos fuimos, en la nochecita, nos fuimos, con la nena. El papá de Andrés, vino con a saludarnos a nuestro ‘escondite’, y le trajo ropa de varón a la nena. Con ellas volvió a su casa, el día en que regresamos del escondite. Yo interpuse, previo pago de mil dólares a un abogado, un recurso de Habeas Corpus, y Yanina lo escuchó y desarrolló su segunda depresión profunda. El juez contestó que Ricardo Alberto Hinrichsen Ramírez no estaba registrado en ningún edificio carcelario de los doce servicios secretos del país, me explicaron, mientras yo sentía que me desmayaba. Ahora sabemos que mientras tanto, a Alberto lo interrogaban con los ojos vendados, en el Cuartel General de Coordinación Federal, a unas pocas cuadras de allí, en la capital argentina y que para que confesara crímenes  que no había cometido, le decían que ese llanto que oí era el de Yanina. Pero eso no nos lo dijo a nosotras nunca: lo oímos decírselo a la BBC de Escocia, dos años después. Porque de la tortura en casa con mi marido no se hablaba. Es que el miedo da miedo, al oído desata desconfianza, la injusticia te da bronca, pero nada es tan fuerte como el amor, que nos une para siempre, por encima del olvido en la memoria, como lo atestigua el poema de Miguel: cuando recuerda a su querida esposa y compañera Maria Haydeé Rabuñal, de 25 años que fue acribillada en un enfrentamiento armado, por cierto fortuito, en 1975 (de Boer, 2003: 14 y15)

‘Me dejaron tu pullover verde

Cuando te fuiste.

Pero no pudieron llevarte

Porque estarás conmigo

para siempre’

‘Cuando reposa en la noche / su silencio me acompaña / la luna le siembra estrellas /  

para en sus sueños guiarla…’ (de Boer, 2004:74) canta el poeta en su zamba. Y sobre el cielo plomizo de la tarde, allá muy lejos, en la patria grande, se duerme. Mientras yo leo cómo una mujer en un pequeño trozo de papel,  rememora la presencia ausente de otra mujer (Marta Vasallo, 1999: 83.84):

‘Hoy entré al café de donde te llevaron

Entré a tomar un café

Y a recordarte.

Yo que en ciudades ajenas

he creído verte tantas veces

yo que he corrido tras de alguien que se volvía

hablando otro idioma

yo que he querido dormir interminablemente

para volver a soñar con vos

para volver a creer que estabas viva.’

‘Freedom is not something you are given,

but something you have to take’

Meret Oppenheim

‘The body is our common denominator and the stage for our pleasures and our sorrows. I want to express  through it who we are how we live and die’ Kiki Smith

*

m

***Mabel van más allá en su reflexión: “El rol privado y anónimo de la

*

Referencias Bibliográficas

Boer, Miguel Angel de (2004) Rimemberis: http: //boards3.melodysoft.com/app?

ID=Shaharazad&msg=74

(2003) Poemas y Canciones, Editorial Tiempos Nuevos: Buenos Aires

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Perfil Marta R Zabaleta