Militando en la memoria. Carlos Arredondo en Escocia

Carlos Arredondo: la voz del exilio chileno en Escocia

JUNIO 30, 201

Nació en 1948, en Santiago de Chile, y llegó a Escocia hace 40 años como refugiado político de la dictadura de Pinochet. Desde su país de acogida ha desarrollado una actividad incansable de solidaridad con Chile y Latinoamérica.

 Carlos Arredondo

Jordi Albacete

Los 17 años de dictadura de Pinochet dejaron tras de sí miles de asesinados, desaparecidos, torturados y casi un millón de exiliados políticos. El exilio tiene muchos rostros e historias por contar.

En 1974 Carlos tenía 25 años y fue parte del primer grupo de exiliados políticos chilenos en llegar a Escocia.

Cuando llegó a Glasgow no estaba afiliado a ningún partido político, pero pertenecía a las Juventudes Obreras Católicas (JOC). La familia Gallardo, perteneciente a las JOC y amiga desde su infancia fue torturada y asesinada casi al completo. A ellos y a muchos otros, Carlos ha dedicado sus treinta y nueve años de activismo, muchas veces a través de su música y poesía.

chile poster v 4 A4Carlos es padre, poeta, cantautor, conferencista, organizador de eventos, pero sobre todo cronista de un capítulo de la historia chilena en la que él es protagonista. En su blog “Fabula” (For A Better Understanding of Latin America) y en su página webrecopila relatos estremecedores de la sangrienta dictadura y de una historia de solidaridad entre Escocia y Chile. Arredondo habló con The Prisma.

¿Cómo fue su llegada y la de los otros exiliados a Escocia?

Llegamos en 1974. Éramos unos 40. La mayoría veníamos desde Perú, otros desde Argentina. Más tarde llegarían muchos conciudadanos, muchos con sus familias, a veces apadrinados por sindicatos o grupos de mineros. Algunos incluso salían desde las prisiones y de los campos de concentración.

Nos acogieron allí donde se habían formado Comités de Solidaridad, sobre todo en las principales ciudades como Glasgow, Edimburgo, Stirling, Dundee y Aberdeen.  Los grupos de solidaridad tenían mucha curiosidad por saber de nosotros, pero sobre todo de los desaparecidos y exterminados.

Ezperanza 3er. Pasaje 9 - Copy¿Cómo fue la integración cultural?

Chile es un país abierto culturalmente. Nosotros somos un país del té, lo tomamos como los británicos para la merienda.

Además, también somos reservados. Somos como una isla. Estamos separados del continente por los Andes, el desierto y el Antártico.  No creo que muchos de nosotros sufriéramos un choque cultural brusco.

Lo que fue fundamental para nuestra integración fue que siempre nos mantuvimos muy bien organizados. Chile siempre tuvo una cultura política democrática donde las asociaciones de vecinos y los clubes deportivos votaban para cualquier tipo de decisión.  Cuando llegamos a Escocia no nos costó organizarnos con los comités, con nuestros cargos y estatutos, y eso ayudó mucho a integrarnos.

CIDH: MUSEO DE LA MEMORIA EN CHILE ES "IMPORTANTE SÍMBOLO" DE RESPETO A DD.HH.¿Cómo vivió la solidaridad escocesa en los primeros años de exilio?

Durante la dictadura hubo un episodio que ilustra muy bien hasta qué punto una parte importante de la sociedad escocesa estaba comprometida con lo que sucedía en Chile. Una vez se llevaron a reparar a la fábrica de Rolls Royce en East Kilbride  (cerca de Glasgow) los motores de  los cazabombarderos británicos, los  Hawker Hunter, que Chile había adquirido en 1967 y con los que se hizo el bombardeo de la moneda el 11 de septiembre de 1973.

Estos trabajadores hicieron boicot para que los motores no se repararan [algunos de ellos, como Bob Fulton, arriesgaron su puesto de trabajo].  Finalmente la protesta consiguió que los motores se devolvieran a la fuerza aérea chilena sin reparar. En ese boicot algunos “compañeros” chilenos y británicos organizamos un acto de apoyo y de agradecimiento a los compañeros de Rolls Royce. Yo toqué en un recital.

Otros también nos hemos preocupado por la solidaridad con procesos revolucionarios en países latinoamericanos como Nicaragua o Salvador. Uno de los exiliados en Glasgow, un ingeniero agrónomo, Manuel López, fue a apoyar proyectos agrarios gestionados por los sandinistas en Nicaragua y allí fue asesinado por la contra (movimiento contra-revolucionario apoyado por la CIA). En el mundial de fútbol en Argentina, 1978, en Escocia se organizó un boicot muy fuerte contra el evento.

carlos arredondo - Copy

¿Hubo otros apoyos importantes en la oposición al régimen de Pinochet?

Muchos políticos importantes del partido laborista hicieron carrera política a través de las campañas de solidaridad con Chile, tanto en Escocia como en Inglaterra.  Por ejemplo, el ex primer ministro británico, Gordon Brown, participó junto conmigo en Glasgow en un acto de conmemoración de 10 aniversarios del golpe de estado.

¿Cómo se vivió la solidaridad en Escocia después de la dictadura?

Con mucho trabajo solidario incluyendo la campaña en la detención de Pinochet y la causa que inició para su procesamiento el juez Garzón.

El año pasado organizamos varios actos políticos culturales para recordar los cuarenta años del golpe militar.  Me sorprendió mucho el poder de convocatoria que tuvimos y me di cuenta que la solidaridad escocesa tiene muy presente a Chile. Algunos chilenos fuimos requeridos para artículos en algunos de los periódicos más leídos en Escocia. Y a los músicos chilenos de Escocia se nos invitó a participar en programas de radio de la BBC.

 ¿Qué es lo que no debería quedar en el olvido?

Vengo de una clase muy humilde en Chile. Crecí aprendiendo la importancia de la solidaridad entre vecinos. La familia de la esposa de mi amigo de infancia Rolando Rodríguez Cordero, la familia Gallardo, mi amigo, su esposa, su cuñado, la esposa de éste y su suegro fueron todos torturados y asesinados como escarmiento del régimen, simplemente por disentir con la dictadura. Todos estos años de mi militancia se los  dedico a ellos. Nunca les he olvidado.

la familia Gallardo fue asesinada, sobrevivió Beto, de 9 meses, padre de Oscarin. Raul Valdes Stolze, su abuelo materno fue asesinado por la dictadura.
la familia Gallardo fue asesinada, sobrevivió Beto, de 9 meses, padre de Oscarin. Raul Valdes Stolze, su abuelo materno fue asesinado por la dictadura.

http://carlosarredondo.com/profile.htm

http://carlosarredondo.com/memories.htm

Destacado

Memoria de niños sin Historia. Alejandra Costamagna y Nona Fernández.

La infancia chilena

<div “=””> 02-01-2014 | , ,

Una lectura de Había una vez un pájaro, de Alejandra Costamagna, y de Space invaders, de Nona Fernández.

Por Diego Zuñiga.

nona 2 Lo primero es la desconfianza: me parece difícil creer en la idea de que existe el progreso en la literatura. Quiero decir: creer que un escritor empieza escribiendo un libro bueno y que luego tendrá que escribir uno mejor y después uno impresionante, hasta llegar a un peak.

Hay lectores que pueden creer en esa idea. Uno lo ha hecho más de una vez: lees una primera novela que resulta ser una sorpresa, y luego esperas más y más, pero en el fondo aquella esperanza no tiene ninguna justificación: el ejercicio literario es un trabajo impredecible y hay que aprender eso, aunque como lectores nos cueste. Por eso insistimos. Por eso leemos a los contemporáneos: porque esperamos que nos sorprendan, porque en ese gesto, como lectores, tomamos un riesgo real y, de pronto, recibimos una recompensa. A veces –pocas veces- tenemos la suerte de ver cómo un autor evoluciona, cómo descubre nuevas lecturas y experiencias y las incorpora a su escritura, cómo va buscando hasta encontrar nuevos tonos, nuevas formas.

Lo que quiero decir es esto: que este 2013, las escritoras chilenas Alejandra Costamagna y Nona Fernández han publicado dos libros pequeños, pero que muestran cómo su escritura ha alcanzado puntos absolutamente reconocibles: Había una vez un pájaro (Cuneta) y Space Invaders (Alquimia), respectivamente.

Lo que quiero decir es que Costamagna y Fernández vienen publicando libros desde hace ya varios años –más de una década– y que como lectores hemos tenido la suerte de ver sus búsquedas hasta llegar aquí, a los últimos libros en los que sus obsesiones han encontrado las formas precisas, las palabras, los tonos, el fraseo.

***

Dicen que Onetti se refirió pocas veces a su infancia, pero hay una frase de él que encierra, creo yo, una imagen contundente sobre la imposibilidad de escribir esos años, esa época, esa vida: “Decir la infancia implica sin remedio un fracaso equivalente a contar los sueños”.

costamagna 2Hay autores que caen en la tentación de ese fracaso y se arriesgan: narrar la infancia y lo que rodea a esa infancia. Eso han hecho Costamagna y Fernández en sus últimos libros y también, en parte, en los libros anteriores, que llegaron, justamente, en 2013 a librerías argentinas: Animales domésticos (2011), de Costamagna, y Fuenzalida (2012), de Fernández. Un libro de cuentos y una novela, publicados por Penguin Random House y que hablaban, justamente, de la infancia, pero también de otras cosas: los años 70 y 80 en Chile, las relaciones de pareja, la dictadura vista desde historias filiales y ambiciosas que resuenan, sin duda, en sus últimos libros. Porque mientras Costamagna ha recopilado tres relatos en Había una vez un pájaro –un cuento, de hecho, es de su libro anterior-, Fernández en Space invaders ha vuelto a escribir sobre el Santiago de los 80 y cómo la violencia de la dictadura se colaba, inevitablemente, en todas las vidas, incluso en la de aquellos que sólo eran niños.

Si Onetti hablaba de la infancia como un sueño, Fernández ha elegido de epígrafe para su novela una frase de Georges Perec que está, sin duda, emparentada con aquella mirada del uruguayo y que nos sirve para entender la atmósfera no sólo de este relato, sino también de los de Costamagna: “Estoy sometido a este sueño: sé que no es más que un sueño, pero no puedo escapar de él”.

De eso hablan estos libros: de la imposibilidad de escapar de la infancia, de esos recuerdos que nos configuran aunque a veces nos queramos hacer los tontos.

***

Había una vez un pájaro: tres cuentos –“Nadie nunca se acostumbra”, “Agujas de reloj”, “Había una vez un pájaro”– y tres niñas vinculadas estrechamente a sus padres –no así a sus madres-: un viaje en citroneta desde Santiago hasta Argentina, cruzando esa cordillera que separa no sólo dos países, sino que una historia familiar; una hija enamorada de su padre y una madre difusa; y otra hija que no entiende mucho, pero que se atreve a narrar la historia de su padre, detenido en dictadura.

De fondo, el relato político que se narra de soslayo: la cotidianeidad de una violencia que se expresa en pequeñas pero contundentes imágenes: “Mi madre me abraza fuerte, culposa, y yo pregunto qué pasa. Pero ella dice que no estamos en edad de entender, que paciencia, que algún día nos van a explicar todo”.

Hay algo terrible en esas palabras: Costamagna las escribió originalmente en 1996, cuando publicó En voz baja, su primera novela y que decidió reescribir ahora para este libro –un proceso de reescritura que terminó convirtiendo esa novela en un cuento de 40 páginas, que le da el título al libro–. Pero lo terrible es que aquella sentencia de la madre es, de alguna forma, la idea que prevaleció en la década de los 90 en Chile: no estamos preparados para entender ni para juzgar, es la época de los acuerdos en la medida de lo posible, la transición. Esa madre es la voz horrible de una época y Costamagna supo escucharla antes que todos, porque ése es otro de los méritos de su escritura: hoy, cuando algunos críticos y lectores “suspicaces” plantean que está de moda escribir sobre la infancia, es bueno recordarles que En voz baja es de 1996. Muchos años antes de todo esto. Pero que ahora, además, Costamagna le ha agregado un valor incuestionable: la capacidad de contener la voz de esa niña que narra la vida separada de su padre y las visitas que hace a la cárcel, pero sin entender bien qué pasa. En esta versión, Costamagna baja el tono realmente, lo que le agrega emotividad y contundencia.

***

Space Invaders: una novela breve acerca de un grupo de escolares en plena década de los 80, una voz indefinida que nos advierte, desde el comienzo: “No hay manera de ponerse de acuerdo porque en los sueños, lo mismo que en los recuerdos, no puede ni debe haber consenso posible”.

Esa arbitrariedad de la memoria es la que prevalece en esta novela y también en los relatos de Costamagna: ninguna quiere ser la voz oficial del pasado, pues entienden que eso no tiene sentido. Lo que importa es esa imposibilidad del consenso, la voluntad por reconstruir esa infancia –esos sueños– a partir de lo que está ahí, simplemente. En este caso, una memoria escolar que está fundada en una historia real: un carabinero que degolló, junto a otros compañeros, a tres militantes comunistas en 1985. Pero Fernández decide no narrar esta crónica, no, esquiva el relato de no ficción, creo que por dos motivos: primero, porque ya contó esa historia en un texto publicado en Volver a los 17 (Planeta, 2013), una antología de no ficción en la que se reunió a 14 escritores chilenos que vivieron su infancia en dictadura y se les pidió que contaran esa experiencia. El texto de Nona Fernández es, sin duda, uno de los mejores: un relato vertiginoso e intenso en el que cuenta la historia de Estrella González, hija de uno de los carabineros culpables en el “Caso degollados”. Fernández fue compañera de colegio de ella y narra ese tiempo, la infancia compartida, la adolescencia, el día en que se supo del caso y cómo nunca volvió a ver a Estrella.

Sin embargo, creo que el motivo más importante por el que Fernández evita esta crónica en Space Invaders es porque, justamente, es alguien que cree, por sobre todo, en la ficción, en cómo el lenguaje puede cambiarlo todo y ser, quizá, la única herramienta para transmitir una realidad que a veces se difumina con demasiada rapidez. Aquí, en la novela, Fernández se da el lujo de confundirlo todo, de armar una voz generacional que va relatando la historia de esta niña, pero sin narrar la crónica policial. Lo que importa es la atmósfera enrarecida de la memoria: cómo un grupo de niños va perdiendo la inocencia –uno de los mejores capítulos es ése en el que todos se encierran en una sala, a oscuras, y se tocan y se descubren, haciendo una alusión al poema “La pieza oscura”, de Enrique Lihn-, mientras un país se despierta de la dictadura: las protestas, los secretos, los atentados, la violencia doméstica y, por sobre todo, la certeza de que la memoria es algo casi siempre inesperado: “No sabemos si esto es un sueño o un recuerdo. A ratos creemos que es un recuerdo que se nos mete en los sueños, una escena que se escapa de la memoria de alguno y se esconde entre las sábanas sucias de todos”.

***

Lo último: si Fernández elegía un epígrafe de Perec que denota, creo, un giro en sus lecturas y en su escritura –hay una prosa más vertiginosa pero menos experimental, mucho más centrada en las acciones e imágenes–, Costamagna hace lo propio con el epígrafe que elige para el relato que le da título al libro, una frase de Clarice Lispector que dice: “Había una vez un pájaro, Dios mío”.

En esa pequeña frase que Lispector anotó en una crónica hay encerrada toda una poética: la imposibilidad de contar una historia como todo el mundo espera, la desconfianza en ese comienzo tan común y simple, la sospecha sobre aquellos que piensan que la literatura sólo se trata de contar una historia.

Hay, en los libros de Costamagna y Fernández, una desconfianza en el lenguaje que se traduce en una escritura que se cuestiona y que ensaya, por sobre todas las cosas: la búsqueda de tonos distintos, la certeza de que hay que escribir en contra de la comodidad.

Mirna Salamanca

Mirna Salamanca

– Nos quedamos a cuidar la casa del Latino. Recuerdo que sonaba el teléfono y cuando atendíamos se escuchaban puras marchas militares. Varios psicólogos estuvieron trabajando con nosotros, y a su vez los docentes con los niños. Mi curso estaba en el segundo piso al lado de la biblioteca, con ventanas a la calle. Cuando sonaron los balazos todos se reunieron a mirar. Eran chiquillos de cuarto año básico.

URBESALVAJE

“Tengo un ángel que me cuida siempre”

mirnamed

Por José Miguel Carrera

Tú vives, vas y vienes de un lado a otro, es muy sencillo, eres la vida,
eres tan transparente como el agua…
Pablo Neruda

Suena el teléfono.
-Mirna, detuvieron a tres estudiantes en la marcha, los llevan a Santo Domingo.
– Dame nombres y edades de los niños, te escucho. Inmediatamente se publica en el Twitter. Listo… Nenita seguimos en contacto, cuídense.

Es el diálogo que escuché.

Aquella oportunidad por estar ocupada no pudo atenderme y postergó la entrevista. En otra ocasión fue por un viaje urgente a territorio mapuche -Comunidad Malla Malla- debido a un caso de represión de las Fuerzas Especiales de Carabineros.
Pan de cada día en Chile.
Esta es parte de la historia de Mirna Salamanca.

Para los que la conocieron desde hace mucho tiempo ya cumplió 78 años pero no ha variado su forma de…

Ver la entrada original 5.708 palabras más