Testimonios de Hijos de Detenidos Desaparecidos del Cono Sur

Presentación del proyecto “Memoria y Archivo oral: Hijos e hijas de detenidos desaparecidos”

20 de marzo 2014

En el auditorio del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos y con una gran asistencia de público, se realizó la presentación de “Memoria y Archivo Oral: Hijos e Hijas de Detenidos Desaparecidos” – audiovisual y libro.

El evento contó con la presencia de Anu Korppi-Koskela, Primera Secretaria de la Embajada de Finlandia, directores de organismos de Derechos Humanos y representantes de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), entre otros.

Tras la exhibición de la sinopsis del Archivo Oral, fue presentado el libro que entrega un análisis y reflexión de los relatos recogidos en este estudio, el que fue comentado por Nancy Nicholls, Académica de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y Pontificia Universidad Católica de Chile; Estela Ortíz, Secretaria Ejecutiva del Consejo Nacional de la Infancia; y Elizabeth Lira, Decana de la Facultad de Psicología, Universidad Alberto Hurtado.

Las palabras de las comentaristas estuvieron centradas en la importancia de contar con materiales que apunten a la memoria individual y colectiva. A la valentía y generosidad de los testimoniantes, al rescatar historias que siendo parte del pasado se vuelven siempre presentes. Y, finalmente, la importancia de visibilizar el daño sicológico social que sufrieron los niños y niñas durante la dictadura.

Ver sinopsis video:  https://www.youtube.com/watch?v=PMJ5bFzV-p8&feature=youtu.be

Este trabajo se articula con relatos de hijos de Detenidos Desaparecidos entre los años 1973 y 1976. En esa época ellos/ellas tenían entre dos y catorce años de edad, e incluso, una de ellas estaba en el vientre de su madre con siete meses de gestación. La sinopsis da cuenta de los momentos vividos por los niños y niñas tras la situación represiva. Ellos/as se refieren a la detención del padre, la búsqueda, el miedo, los dolores y distintos soportes con que contaron durante su desarrollo. Al mismo tiempo, recogen los valores e ideales heredados de sus familias y la fortaleza con que han enfrentado la verdad, la lucha por la paz y la justicia.
La memoria de estos hijos e hijas de Detenidos Desaparecidos, hoy adultos, es un gesto que contribuye a descubrir y reconstruir la historia oficial con nuevas fuentes, posibilitando hacer una reinterpretación en temas que no han sido suficientemente analizados y cuyos sujetos históricos y sus vivencias han sido poco consideradas.

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http://youtu.be/l7_KXhDZqcc

 

8 de septiembre de 1986. Cuatro cuerpos cocidos a balazos…

El Pepe que conocí

El lunes 8 de septiembre de 1986, el periodista Fernando Paulsen tuvo que cumplir la más dura de las tareas: contarle a Silvia Vera que su marido, el periodista José Carrasco, había sido asesinado. En este relato, Paulsen relata cómo vivían los periodistas de la revista Análisis en plena dictadura, su relación con Carrasco y el impacto del asesinato del periodista, hecho en el que se basa parte del capítulo 9 de Los Archivos del Cardenal 2. “El mensaje que se entregó esa madrugada del 8 de septiembre de 1986, con cuatro cuerpos cocidos a balazos en distintas partes de Santiago, fue el fin del mito: un electricista, un publicista, un profesor y un periodista estaban en igualdad de condiciones de ser exterminados durante la Dictadura. La pequeña arrogancia que teníamos de creer que ser periodista te daba inmunidad para lo más brutal de la represión, dos años antes del plebiscito, quedó destruida de cuajo”.

Por Fernando Paulsen

I. Usted
La voz de Silvia Vera canta la canción “Usted”, de Armando Manzanero. Estamos en su departamento de calle Santa Filomena, en el barrio Bellavista. Hemos escuchado el “Usted” de Silvia muchas veces. Tiene muy buena voz y clara entonación. Pero lo que todos en ese departamento estamos esperando es el momento en que Silvia le dedica la canción con distintas miradas a su esposo, el Pepe Carrasco.

Hay miradas burlonas cuando Silvia canta que Pepe “es el culpable de todas sus angustias y todos sus quebrantos”. Reímos todos. Hay miradas de resignación cuando Silvia se declara “esclava de sus ojos y juguete de su amor”. Hay miradas de futuro cuando Silvia reconoce en Pepe “su esperanza, su última esperanza”, y pide a Pepe que la comprenda. Y todo termina con esa mirada de plegaria urgente, cuando la voz baja hasta el borde del silencio, para prometer que Silvia “la vida diera por vencer el miedo de besarlo a Usted”.

Por supuesto, la canción termina con el mentado beso y los aplausos de todos.

Las rutinas en tiempos de dictadura eran algo deseado. Daban seguridad. En la revista Análisis teníamos la rutina de tener Viernes Alegres. Luego de entregada la siguiente edición a la imprenta, el último día hábil de la semana se convertía en fiesta. La mayoría de las veces en la misma revista, pero poco a poco fuimos trasladando la fiesta a casas de cada cual, donde todos llegaban.

Había un trago que era impajaritable, que no sé por qué razón nos gustaba tanto tomar y del que hoy poco se escucha, el vino navegado. Como un malón a la antigua empezaban a llegar los que denominábamos “amigos de la revista”, que traían cosas para comer y para tomar. Un “amigo de la revista” no requería muchos requisitos, salvo que alguien que trabajara en Análisis lo invitara. De ahí quedaba con licencia para ser parte de los Viernes Alegres hasta el infinito.

Silvia Vera, viuda de José Carrasco. Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

En el departamento de Pepe y Silvia, cuando ella cantaba “Usted”, se vivía el último Viernes Alegre de los antiguos, donde cualquiera llegaba y todos eran “amigos de la revista”. Ninguno de nosotros, que éramos esa vez como diez o doce, volvería a escuchar a Silvia cantarle “Usted” al Pepe. Desaparecerían las miradas, las burlas y el beso final con el tan-tán de la canción.

Ese fue un Viernes Alegre reducido. Estaban pasando cosas raras. Llamados telefónicos amenazantes, seguimientos de autos extraños. 1986 había sido declarado como el Año Decisivo por la oposición de izquierda a la Dictadura. La movilización social aumentaba. Las coaliciones opositoras también aumentaban. A la Alianza Democrática y el Movimiento Democrático Popular (MDP) , nacidos en 1983, se sumaba ahora una Asamblea de la Civilidad que era un arco amplísimo de figuras representando gremios, confederaciones, sindicatos, partidos políticos, centros de estudiantes, académicos y que tenían a la protesta en las calles como método favorito de expresión.

José Carrasco Tapia, editor internacional de revista Análisis y consejero del Colegio de Periodistas, militante del MIR, era un entusiasta de la expectativa que mostraba la Asamblea de la Civilidad. Defendía que la protesta cundiera en momentos en que algunos creían que esas manifestaciones eran sólo abollones menores que no desviaban a la Dictadura de su curso y, en cambio, clamaban que había llegado el tiempo de enfrentar al dictador en su terreno, el militar. Eran los que decían que la gente en la calle era una aspirina cuando se necesitaba cirugía mayor.

En ese contexto, comenzaron a llegar telefonazos amenazantes contra Pepe. Estábamos acostumbrados a recibirlos. Nuestras familias, no. Parecía una rutina infernal más. Hasta que pasó lo del Palacio de Tribunales.

II. A Buenos Aires
En esos días de agosto de 1986, prácticamente todas las semanas los periodistas de Análisis teníamos que ir a tribunales a declarar porque se habían presentado acciones legales en contra nuestra. El director, Juan Pablo Cárdenas, le hacía burlas a Pepe Carrasco, porque era el único que no recibía querellas ni llamados a tribunales. Pepe se reía y decía en tono demasiado solemne para la festiva acotación de Juan Pablo: “Es que a mí me tienen en engorda”. Y no faltaba la referencia a lo bueno para comer que era Pepe y todos nos reíamos. Pepe no tanto.

El periodista José Carrasco estuvo exiliado en Venezuela y México. Volvió a Chile a inicios de 1984. Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

Era martes o miércoles, no recuerdo bien. Mediados de agosto. Estaba en el palacio de Tribunales. Tenía que declarar ya no sé por qué caso ni por qué cosa. Entonces, era común ver mini protestas o eventos muy rápidos de crítica contra la Dictadura en el centro de Santiago. Incluso en ocasiones se formaban mítines muy rápidos dentro de Tribunales: grupos de 10 a 15 personas gritaban algo, tiraban unos folletos al aire y salían corriendo.

Después de declarar, salí por la puerta que da a calle Bandera y levanté uno de los folletos que se habían tirado hacía escasos minutos. Tenía la foto de Pepe Carrasco, la palabra “traidor” y una X sobre su rostro. El documento estaba muy burdamente confeccionado. Intentaba pasar por una amenaza del propio MIR contra uno de sus más conspicuos militantes. La idea era que quienes no estaban con la tesis del enfrentamiento armado, sobraban o eran traidores. Y a Pepe se le acusaba de esto último.

Me fui de inmediato a la revista y le conté a Juan Pablo Cárdenas lo que había visto. Me dijo que lo habían llamado para contarle que alrededor del Campus Oriente de la Universidad Católica se habían tirado panfletos similares. Teníamos tiempo antes que la siguiente edición entrara a imprenta y colocamos un recuadro en el No. 155 de Análisis, bajo el título: “José Carrasco: Amenazas de muerte contra periodista de Análisis”. En él relatábamos la seguidilla de panfletos que habían aparecido. Se incluía un trozo de la declaración que había sacado el Colegio de Periodistas, manifestando “su más plena solidaridad con este dirigente”. El recuadro agregaba la siguiente información: “Después que se diera a conocer a la luz pública el tenor de las amenazas contra el editor internacional de Análisis, llegó hasta la redacción un comunicado que firma el Secretariado Nacional del MIR, en el que se señala que los panfletos con las amenazas de muerte contra José Carrasco no son de su autoría. En el comunicado del MIR se atribuye la acción a organismos represivos del Régimen, indicando que su objetivo sería asesinar a dirigentes opositores para después hacerla aparecer como luchas internas entre los sectores democráticos”.

Nos reunimos a la semana siguiente con Pepe. Estábamos Juan Pablo Cárdenas, María Olivia Monckeberg, subdirectora, y yo, que a la sazón era Jefe de Informaciones de la revista. Considerábamos que la situación era absolutamente anormal, más allá de las consabidas amenazas telefónicas. Si había una constante en la represión de la Dictadura era que cada vez que se publicitaba una pugna interna se terminaba con muertos. La tesis de la pugna interna era un excusa predilecta de la Dictadura. Los desaparecidos habían, en su tiempo, sido explicados como una purga interna entre los que querían combatir en Chile y los que querían asilarse e irse del país, luego del Golpe. Los 119 ejecutados por la DINA en 1975, en la denominada Operación Colombo, fueron calificados al principio de víctimas de un enfrentamiento entre miristas. La guinda de la torta en esta operación mediática cívico-militar fue el titular del diario La Segunda: “Exterminados como ratones”. Más cerca en el tiempo, los degollados de 1985, sólo un año antes de los hechos que acá relato, habían sido explicados por dos miembros de la Junta Militar, el almirante José Merino y el general César Mendoza, como parte de un “ajuste de cuentas entre comunistas”.

Fernando Paulsen en el funeral del periodista José Carrasco.  Archivo Inés Paulino.

Por lo tanto, cuando se creaba públicamente la idea de una reyerta interna dentro de un movimiento o partido de izquierda, con lenguaje maniqueo y absoluto, donde unos eran los correctos y otros los traidores, se sabía que esa plataforma manipulativa terminaba con muertos que eran asociados a la supuesta lucha intestinal.

A raíz de lo anterior se tomó la decisión de pedirle a José Carrasco, en esa reunión en la revista, su salida del país con carácter de inmediata. Era una forma de protección. El destino era Buenos Aires por dos razones con nombre de mujer: María Eugenia Camus y Gladys Díaz. La “Cheña” Camus había trabajado desde 1984 como periodista en la revista, era gran amiga de Pepe, y había vuelto hacía pocos días a Buenos Aires donde su marido, Sergio Santos, tenía un negocio fotográfico. Gladys Díaz, también periodista, vivía igualmente en Buenos Aires, y colaboraba frecuentemente con Análisis. Los tres –Pepe, la Cheña y Gladys– eran muy amigos: habían militado en el MIR, habían padecido la cárcel y el exilio post Golpe, habían rehecho sus vidas, y tanto María Eugenia como Gladys vivían a sólo una hora y media en avión de Santiago, en la capital de Argentina.

Juan Pablo me dijo que le avisara a la “Cheña” que Pepe llegaría a Ezeiza. Lo hice sin darle a María Eugenia muchas explicaciones, porque ella entendía perfectamente lo que estaba pasando. Al día siguiente fue a recoger a Pepe al aeropuerto y durante los siguientes 20 días Pepe Carrasco se los pasó entre el departamento de Cheña, donde se quedaba casi todo el día, y el de Gladys Díaz, entonces casada con Alejandro Bahamondes, actual dirigente del PPD.

III. Personal 1
“Fernando, ¿dónde guardas tu plata?”. La pregunta me dejó lelo. En Análisis ganábamos bastante poco y merced a las invocaciones que hacíamos –con el dichoso vino navegado- cada fin de mes a Santa Petunia (personaje inexistente que Juan Pablo Cárdenas nominó Patrona de la revista Análisis), milagrosamente los pagos no se atrasaban demasiado. Por lo que pensar en guardar la plata no era algo que se me hubiera ocurrido. Uno funcionaba como esos bomberos de los servicentros antiguos, que eran cajeros automáticos de carne y hueso. Siempre con el fajo de billetes en el bolsillo, enrollados en un gran bolo. A nosotros no nos daba para gran bolo, pero sacábamos lo necesario para el día o la semana, y el resto se quedaba en algún recipiente de la casa. Además, a partir de la ola de relegaciones y exilios –los había por cientos desde que se iniciaron las protestas en 1983-, siempre era conveniente llevar algo de plata en cash, por si despertabas en otro lugar o país.

Homenaje en recuerdo de Pepe Carrasco, asesinado en septiemnbre de 1986 en venganza por atentado a Pinochet.  Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

“Te lo pregunto en serio”, me dijo Pepe. “Es una tontera andar con los billetes encima. Un incentivo al robo, lo mismo que se sepa que guardas dinero constante y sonante en la casa. Lo que tienes que hacer es abrir una cuenta corriente y depositarlo ahí. Usa cheques, es más eficiente”.

Ya éramos grandecitos a esas alturas de 1984 o 1985, estábamos casados, y venía el Pepe y nos trataba como niños, porque lo mismo le dijo a Juan Pablo Cárdenas y creo que a dos o tres periodistas más. El hecho es que más tarde que temprano terminamos preguntándole a Pepe cuál era el banco que nos aconsejaba. “Eso es obvio, el que está aquí a media cuadra de la revista, el Citibank”, respondió despreocupadamente. La revista Análisis quedaba en Manuel Montt 425, comuna de Providencia, y, efectivamente, hacía pocas semanas se había instalado en la esquina de Manuel Montt con Nueva Providencia (entonces con letreros que decían que se llamaba Avenida 11 de septiembre) una sucursal del Citibank.

“Ya sé que me van a decir cómo sugiero un banco del imperialismo –se anticipó Pepe-, pero si necesito guardar mis pocas platas, aquí y ahora, confío más en las instituciones de Estados Unidos que en las creadas y mantenidas por la Dictadura”.

Y partimos un día en procesión, caminando desde la revista a la sucursal del Citibank, donde varios abrimos nuestra primera cuenta corriente. El hábito de pagar con cheque ha estado conmigo desde entonces; incluso ahora cuando el plástico y las transferencias dominan la escena, sigo siendo un cultor de esa liturgia de estampar en números y después en palabras el monto a pagar, poniendo la fecha muy claramente, nombrando al beneficiario, tirando dos rayas para cruzar el documento a fin de que se deposite y ratificando todo con la propia firma. Pepe Carrasco me inculcó ese hábito, que tiene el mérito de hacerme recordar al compañero de revista, cada vez que alguien me pregunta: “¿por qué sigues haciendo cheques cuando nadie ya lo hace?”

IV. Personal 2
En 1986 se desmoronó la primera familia que construí. Una familia de dos, porque éramos solo mi ex mujer y yo. Nos separamos la última semana del 85. Me fui a la casa de mi madre, pero sabía que tenía que encontrar algo propio y rápido. Mi cabeza, sin embargo, no estaba para iniciar una búsqueda de departamento y, por lo tanto, dilataba la salida de la casa de mi mamá con excusas que ni yo creía. En Análisis se turnaban las amigas periodistas para distraerme un poco: la Patty Collyer me invitó a pasar mi primer Año Nuevo de separado con su familia; la Pamela Jiles inventaba ocasiones para celebrar algo, cualquier cosa, con tal de hacerme salir, juntarnos con gente y vaciar la mente un rato; María Olivia Monckeberg organizaba asados, más frecuentemente que de costumbre, donde todos nos reíamos y los temas personales se alejaban por largas horas. Pero todo ello me mantenía en la casa de mi madre.

Un día, Pepe Carrasco entró a mi oficina y cerró la puerta tras él. “Fernando –me dijo–, separarse es una mierda. Separarse sin tener a otra persona, es más mierda todavía. Esa mierda se traduce en posponer el regreso a la vida normal y eso pasa por tener espacios propios. Da lata buscar casa, rearmar piezas y baños, y uno termina haciendo todo eso a la rápida y mal. Por eso, te pido (me pasa un papel escrito) que vayas a hablar con esta persona a esta dirección de la calle Purísima, al lado de donde vivo yo. Es una persona que arrienda una casa que posee justo arriba de la suya. Tiene dos habitaciones, living y comedor, una cocina larga y, lo mejor, una terraza de loza arriba, que abarca toda la planta y que mira al cerro San Cristóbal, donde si vas por la noche y escuchas atentamente, podrás oír el rugido de los leones del zoológico. Ya hablé con él, sabe quién eres tú, dónde trabajas y negocié el precio del arriendo, de tal forma que si te gusta, no tienes más que decir que sí y tienes nueva casa.”

Yo no pertenecía al círculo de los amigos íntimos de Pepe Carrasco. Nos llevábamos bien, conversábamos a menudo y participábamos de las fiestas periódicas que hacíamos en la revista. Pero su núcleo de fierro pasaba por relaciones históricas con otros periodistas como la Cheña, Gladys, su entrañable amistad con Juan Pablo Cárdenas, su paternal cariño y apoyo a periodistas más jóvenes como la Patty Collyer o la María José Luque. Habíamos tenido discusiones fuertonas en alguna ocasión, como había muchas en la revista Análisis, que congregaba a personas que pensábamos distinto, pero tenían un objetivo común, cual era retornar lo más pronto posible a la democracia.

Por eso me sorprendió tanto esa reunión a puertas cerradas, donde Pepe me habló como un íntimo amigo le habla a otro en momentos de miedo y duda: no trayéndole más problemas, sino resolviéndoselos.

IV. El retorno
Habla tú esta vez con el Pepe, Fernando”, me dijo Juan Pablo Cárdenas mostrándome el auricular. “Yo me agoté”. Desde que Pepe se había ido a Buenos Aires no pasaba un día sin llamar a la revista, para ver si ya estaban dadas las condiciones para volver. Juan Pablo recibía sus llamados, le comentaba lo que estaba ocurriendo en el país y, pese a las insistencias de Pepe, le pedía al editor internacional de la revista que permaneciera en Buenos Aires un tiempo más.

Mlitante del MIR, en los '80s Carrasco era de los que apoyaba la tesis de que la movilización social -más que la lucha armada- permitiría terminar con la dictadura.  Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

Así por casi 20 días. El jueves 4 de septiembre de 1986 volvió a llamar. Dijo que Silvia tenía una dolencia muy fuerte en su espalda; que los niños –Iván, Alfredo y Luciano- necesitaban ayuda; que había visto cómo se habían acabado las amenazas y los panfletos, que la cosa estaba calmada y que quería volver.

Estábamos en la oficina de Juan Pablo, creo que con María Olivia Monckeberg también, y ahí se tomó la decisión de dejar de obstaculizar su regreso. Pensábamos que efectivamente la situación había cambiado. Y pesaba la necesidad de sus hijos y de Silvia.

“Vuelve, no más”, le dijo Juan Pablo. “El domingo te hacemos un asado en la casa de la María Olivia.” Pepe no se demoró más que unas pocas horas y el viernes 5 de septiembre entraba de vuelta a su país por el aeropuerto Arturo Merino Benítez.

Pepe Carrasco no pudo ir al asado en casa de María Olivia Monckeberg en la calle Luis Carrera, en Vitacura, el domingo 7 de septiembre. Dijo que la Silvia tenía todavía dolores de espalda muy fuertes y que prefería quedarse con ella en el departamento. Nos quedamos de encontrar todos el lunes en la revista. Y hubiese sido así, pero ese fin de semana cambiaría nuestras vidas radicalmente.

V. Domingo 7
“Mamá, parece que trataron de matar a Pinochet”, dijo Magdalena Browne, hija de María Olivia, tras aparecer de sopetón en el living, en medio del bendito asado. Nadie pareció escucharla. Magdalena tenía entonces unos 12 años y comenzó a alzar la voz.

“Mamá, trataron de matar a Pinochet”, gritó. Nos callamos. La niña dijo, “en la tele”, y partimos al dormitorio principal donde estaba el televisor. Había cadena nacional, estaba en ella hablando el entonces ministro secretario general de Gobierno, Francisco Javier Cuadra. Daba cuenta del atentado ocurrido contra el general Pinochet en el Cajón del Maipo. Se mencionó que Pinochet estaba ileso, lo mismo que un nieto que lo acompañaba, que había muertos entre la escolta del gobernante y que quienes habían perpetrado el atentado habían logrado escapar.

No habían pasado segundos desde que mirábamos, estupefactos, la televisión, cuando sonó el teléfono en la casa de María Olivia. Era Pepe Carrasco, el periodista Pepe Carrasco, que tenía solamente una cosa en la cabeza. La revista Análisis ya había sido enviada a la imprenta y aparecería el lunes sin consignar la noticia más importante del momento. “Eso no puede ser”, le dijo Pepe a Juan Pablo Cárdenas. “Tenemos que incluir aunque sea un recuadro en portada sobre el atentado o no habremos hecho bien nuestra pega”, insistió.

El problema era que la revista se imprimía en una editorial que tenía límites muy estrictos para recibir material y, además, cada cambio costaba una enorme cantidad de dinero. Juan Pablo, en todo caso, estuvo de acuerdo en que había que cambiar la portada. Mientras se informaba que se declaraba Estado de Sitio y se decretaba toque de queda, los contactos con la editorial permitieron cambiar las películas de la primera página, para que consignara el atentado. Sin embargo, antes de que todo el material pudiera imprimirse, el gobierno decretó la suspensión de varios medios de comunicación, invocándose el Estado de Sitio, incluyendo a Análisis. La pega que pedía Pepe se hizo, pero esa edición no vio nunca la luz. El Estado de Sitio duró cuatro meses, hasta enero de 1987, cuando recién fuimos autorizados, junto a otras publicaciones, para volver a los quioscos.

Nos fuimos rápidamente a nuestras casas, antes de que se activara el nuevo toque de queda. Quedamos de juntarnos a primera hora en la revista. Tomé mi automóvil, un pequeño Subaru Rex, y partí hacia Bellavista. Pasé frente al edificio de Pepe Carrasco, todo a oscuras, di la vuelta a la manzana para tomar Purísima y entré en mi casa. No intenté escuchar el rugido de los leones del zoológico. Como sería público en cosa de horas, los zarpazos asesinos andaban en la calle, no en el cerro esa noche.

VI. “Hay que contarle a Silvia”
Cuando llegaron, como a las 5 de la mañana del lunes, tan sólo a metros de mi casa, a buscar a Pepe Carrasco, yo dormía profundamente. No recuerdo quién me dijo y dónde supe lo de su secuestro. Lo que sí recuerdo es que nos distribuimos los periodistas y personal de la revista en diversas direcciones donde pudiéramos buscar apoyo para que soltaran luego a Pepe. Fuimos al Arzobispado, a las embajadas, hablamos con los pocos miembros de gobierno que recibían nuestras llamadas y nada. No había señales de Pepe Carrasco. Estábamos dispersos en muchos lugares, hasta que Teresa Izquierdo, secretaria de la revista, decidió que había que acompañar a la Silvia en su departamento. La acompañó el abogado de DDHH, Fernando Zegers. Y para allá también partí yo. En ese lugar nos encontramos con Hernán Cardemil, que vivía en el mismo edificio, y que oficiaba de productor de Análisis en lo que tenía que ver con la relación con la imprenta.

Los demás comenzaron a dejar de ir por apoyo a Iglesias y embajadas, y empezaron a reportear las posibilidades de un desastre: si a Pepe lo habían matado tenía que llegar a la Morgue, o llegaría a las radios la noticia de un cuerpo encontrado en algún lado.

En los '90s la calle Belgrado, donde se ubicaba la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, varias veces fue pintada con el nombre del periodista. Hoy se llama Periodista José Carrasco Tapia.  Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

La Tere Izquierdo y Fernando Zegers pidieron hablar conmigo a media mañana en el departamento de ella, que quedaba en el mismo edificio de Pepe. Me dijeron que habían recibido un informe de que dos cuerpos habían sido encontrados, muertos, y que estaban en la morgue. Que uno de ellos era el de Pepe Carrasco. Entendí de inmediato lo que pasaba: alguien tenía que decirle la verdad a la Silvia, antes de que un flash de Radio Cooperativa o un extra de televisión diera cuenta en lenguaje periodístico del hecho.

Uno es un profesional entrenado para dar informaciones. Las he dado de todo tipo: algunas festivas y, por ende, sin riesgo alguno; otras trágicas, como las catástrofes naturales o la muerte de una personalidad mundial; las hubo también con drama económico, con colapsos y quiebras por doquier; y, por cierto, esas noticias de todos los días en Dictadura de alguien caído, preso, golpeado, y que contábamos con rabia contenida.

Pero no me sentía preparado para contarle a Silvia lo que sabíamos. Pensé por un instante que quizás debíamos esperar a Juan Pablo o a Fernando Castillo Velasco, ex rector de la UC y presidente del directorio de Análisis. O a que llegara el hermano de Pepe, Raúl, y hablara con su cuñada en familia.

Le pregunté a Fernando y la Tere si había margen de error. Me dijeron que no. Sabíamos que corríamos contra el extra de algún medio, la noticia se esparciría rápido y más pronto que tarde sería difundida. Les pedí que llamaran a la Silvia para que viniera al departamento de la Tere. Les pedí que se quedaran en la pieza conmigo. Yo hablaría.

–Silvia, encontraron un cuerpo que creemos que es el Pepe-, le dije lo más articulado que pude.
–¿Está vivo o muerto?- preguntó ella.
–Muerto– dije yo.
–¿Estás seguro que es el Pepe?– preguntó la Silvia en un hilo de voz.
–Estoy seguro –le dije-. En un rato se sabrá por los medios. No queremos que te enteres por la radio. Por eso te lo decimos nosotros.

Silvia me dio las gracias por avisarle y salió con la Tere a prepararse para lo que sabía que vendría. Contarle a sus hijos, el reconocimiento en la Morgue, y la mierda de futuro inmediato que se venía encima.

VII. Espero que no, pero…
El periodismo opositor en Dictadura hizo un ejemplar trabajo de justicia de imprenta. Todo lo que se sabe de las violaciones a los derechos humanos entre 1973 y 1990 fue escrito y publicado durante la dictadura en las pocas revistas de oposición que estaban autorizadas para existir. Si los tribunales, hasta el día de hoy, han fallado en su labor de hacer justicia legal respecto de esa brutalidad, distinta es la realidad de la prensa independiente de la época, que estuvo a la altura de su papel investigativo y de exposición de hechos.

Se reporteó sin desconocer el miedo que nos embargaba. Se llegó a recuperar órdenes escritas, documentos que nadie quería que se conocieran. Se entrevistó a víctimas, familiares, abogados. Y este empuje periodístico incontenible incluso permeó el núcleo de poder dictatorial, abriéndose varias fuentes claves para dilucidar crímenes que ellos mismos repudiaban. Poco a poco se abrió paso para que se pudiera entrevistar, en esos medios marginales, a señeras figuras de la Dictadura desencantadas con el Régimen, o que no aceptaban que les imputaran crímenes que habían cometido sus superiores.

En todo ese largo camino de investigación y difusión –con estados de excepción que suspendían varias veces los medios, que encarcelaban a los directores de ellos y a sus periodistas–,dentro de lo más oscuro de la Dictadura y sus métodos, a mediados de los ‘80 muchos creíamos que ser periodista era una especie de escudo protector. Claro, se querellaban contra nosotros, pasábamos semanas o meses en la cárcel, teníamos que destinar varias horas de la semana a declarar en tribunales, y nuestras familias vivían a saltos por nuestras conductas periodísticas.

Pero el mensaje que se entregó esa madrugada del 8 de septiembre de 1986, con cuatro cuerpos cocidos a balazos en distintas partes de la ciudad de Santiago, condenados –sin juicio– por un crimen que no cometieron, fue el fin del mito: un electricista, un publicista, un profesor y un periodista estaban en igualdad de condiciones de ser exterminados durante la Dictadura. Sus profesiones eran irrelevantes; si eran dirigentes de gremios nacionales no importaba. La pequeña arrogancia que teníamos de creer que ser periodista te daba inmunidad para lo más brutal de la represión, dos años antes del plebiscito, quedó destruida de cuajo con el asesinato de Pepe Carrasco.

La Dictadura funcionó como tal hasta el último día. Y me enorgullezco en decir que la prensa opositora a ella, también. Trabajé con colegas de mi revista y de las otras, que no dudaron un segundo en seguir abriendo el camino de la información que se callaba en los medios uniformados y cómplices activos de la Dictadura.

Nos mataron a uno de los mejores y, lejos de ser un acto inhibidor, fue un acicate. Produjimos más material revelatorio del Régimen y su reguero de muertos en los dos años antes del plebiscito de 1988 que en casi toda la década anterior. La Dictadura hacía agua interna mientras se acercaba el plebiscito, y los medios investigábamos y recibíamos material inédito como nunca antes.
Si el asesinato de Pepe Carrasco fue un aviso a la profesión, no tuvo efecto alguno en la práctica. Al contrario.

Si de lo que se trataba era que sintiéramos que la muerte se acercaba a nosotros, eso se logró muy claramente. Nos dolió y nos duele todavía el asesinato de Pepe Carrasco. Porque más allá de un periodista y lo que representaba gremialmente, Pepe era un compañero de trabajo, un amigo, un tipo con un sentido del humor que no se compra en la farmacia, que escasea y siempre hace falta. Triunfaron en quitarnos lo que no tiene repuesto. Y en instalar una maldita y cruel bomba de tiempo, que significó que Luciano Carrasco, el hijo de Pepe, años más tarde considerara que no había remedio en esta vida para el dolor que lo acompañaba a todas horas, desde que mataron a su padre.

Espero que mis colegas de profesión nunca más tengan que defender la democracia desde la trinchera del periodismo restringido que permite, en migajas, una dictadura.

Espero que los horrores del pasado se graben lo suficiente en nuestra conciencia como para evitar que los demonios del maniqueísmo criminal, del estereotipo criminal, de la mentira criminal, del iluminismo criminal, vuelvan a tener una chance de hacerse del poder a sangre y fuego.

Pero si eso ocurriera, si la repetición de errores llevara a la posibilidad de una nueva dictadura, estoy seguro de que en las catacumbas de la resistencia periodística afloraría, entre muchos otros, el recuerdo de la voz potente y la risa contagiosa de Pepe Carrasco, que impulsaría a iniciar un nuevo viaje, con los que quieran ir -como pasó antes-, simplemente buscando contar noticias que estén prohibidas de revelarse.


VER DOCUMENTAL: “JOSÉ CARRASCO TAPIA”





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Mi nombre es Salvador Allende por Martín Faunes Amigo

Semblanza de Marcos Barrantes por Alan Gómez Michea

Amigo ausente Claudio Venegas Lázzaro por Rodrigo Posada Parra

Three cool cats Claudio Contreras Hernández, “Coco” por Martín Faunes Amigo

Último discurso del Compañero Allende

Aprendí a vivir Claudio Thauby por Yury Thauby

Papá, dónde estás Carlos Rioseco Espinoza por Esteban Rioseco Espinoza

Escribir tiene muchas caras, casi tantas como los recuerdos Carlos Rioseco Espinoza por Esteban Rioseco Espinoza

Tras los pasos de la memoria por Hilda Espinoza Figueroa y Lucrecia Brito Vásquez

Thauby y Tano Claudio Thauby y Ramón Martínez González por Lucrecia Brito Vásquez

El gesto perdido del bello recluta Claudio Thauby por Rosana Ojeda

La primavera del 75 Alonso Lazo Rojas y Federico Álvarez Santibáñez por Ana Marín Molina

Bernardo llevaba puestos unos bototos Bernardo Cortés Castro por Edgardo Carabantes Olivares

La última lección del profesor Federico Álvarez Santibáñez por Ana Marín Molina

Claudia López Benaiges por Kristian M. F.A.D

Víctor Jara en la mañana Claudia López y Víctor Jara Por Óscar Aguilera

Guayacán, donde ejecutaron a niños Rodrigo Palma Moraga y Jimmy Christie Bossy por Arnaldo Pérez Guerra

Coquimbo, donde dinamitaron personas Federico Álvarez, Germán Cuello, Mario Romero y Sonia Valencia por Ana Marín Molina

La maestra de Puerto Fuy Bernarda Vera Contardo por Juan Carlos Díaz

Agosto Federico Álvarez Santibáñez por Ana Marín Molina

Diana Diana Aron por Gilda Waldman M.

Todo este territorio es tu sepulcro Nilton Rosa Da Silva por Óscar Aguilera

Un hombre de acción Marcos Barrantes Alcayaga por Martín Faunes Amigo

Maestranza San Bernardo por Fernando Lizana

Francisco Aedo, un arquitecto, un maestro

El último tren para el colega Barría Arturo Barría Araneda por Nieves Fuenzalida

Maestra por Siempre María del Carmen Arriagada Jerez por Lucrecia Brito Vásquez

Regreso al hogar Lisandro Sandoval, «Layol» por Arinda Ojeda Aravena

Antuco por Odette Magnet

Salvajes y santos inocentes por Martín Faunes Amigo

¡Mala Cueva Militar! por Manuel Paiva

Una golondrina tras la alambrada Carlos Carrasco Matus, «Mauro» por Viviana Sepúlveda Pino

Cecilia y el Caluga Juan Carlos Rodríguez y Cecilia Castro

Homenaje al “Flaco D’Orival” Jorge D’Orival Briceño por Erika

Jaime Ossa en la memoria Jaime Ossa Galdames por Patricia Bravo

Guaripauchito Víctor Oliva Troncoso por Sonia Oliva Troncoso

Mi hermana Catalina Catalina Gallardo por Isabel Gallardo

Interpretación libre de una tragedia Enrique París Roa por Piero Montebruno

Cayó junto a su pueblo André Jarlán por José Aldunate s.j.

Jecar, compañero en el viaje de la vida Jecar Nemhe por Fesal Chain

James y el Camaro Patricio Munita por Flaco Lucho desde Bélgica

¿Negligencia Culposa? por Ignacio Vidaurrázaga Manríquez

Irregulares Viriato, Baucha, Perico, Ángel, Chico Pedro por Ernesto Marcosy

Mujeres de mi generación por Luis Sepúlveda

Bailarina – Arquitecta Ida Vera Almarza por Pablo De Carolis Yori

Futbolistas del Carrera Pinto Isidro Pizarro Meniconi por Oscar Montealegre Iturra

Unicornio II Muriel Dockendorff Navarrete por Iris Padilla

Búsqueda de “Daniela” Muriel Dockendorff Navarrete

Cartas y poemas de Muriel Muriel Dockendorff Navarrete

Támesis Marcelo Eduardo Salinas Eytel por Nicole Drouilly

Las risas y las voces de mi padre Marcelo Concha Bascuñán por María Paz Concha Traverso

Cucho, el “Gato” de Ñuñoa Agustín Reyes González, “Gato” por Lucía Sepúlveda

Amanece por Máximo Gedda

Moreno de verde luna, voz de clavel varonil Hugo Daniel Ríos Videla, “Peque” por Teresa Izquierdo Huneeus

Che Compadre Hugo Ratier Noguera, “Raimundo” por Martín Faunes Amigo

Pablo y Feliciano Raúl Cornejo Campos, “Feliciano”, y a Miguel Angel Sandoval, “Pablo” por Flaco Lucho desde Bélgica

El sastre valiente Miguel Angel Sandoval, “Pablo” por Lucía Sepúlveda Ruiz

Discos de vinilo Genaro Flores Durán __por Jorge Flores Durán

Las flores de mi balcón llevan tu nombre Muriel Dockendorff Navarrete __por Pablo Varas

Muriel, dulces, kuchen y tortas Muriel Dockendorff Navarrete __por Patricia Ochoa

Nunca dejarás de estar conmigo Gregorio Mimica __por María Antonieta Blaisse

Revivieron la historia de Carlos Rioseco

Carta abierta a Juan Maino

Recuerdos de 30 años Alberto Bachelet __por Patricio Carbacho

Otro 11 de septiembre Gastón Vidaurrázaga Manríquez __por Ignacio Vidaurrázaga Manríquez

Acto en el Liceo de Hombres de La Serena

Nuestra gente del Liceo de Hombres de La Serena

Un estudiante viajero Germán Cuello __por Alexandra

Estadio Nacional y Chacabuco, memoria del silencio __ por Dr. Luis Cifuentes

Una contribución al Movimiento Popular de Concepción Rudy Cárcamo Ruiz __por Eduardo Cruz (Bily)

Nuestra gente de la UTE

A la vuelta del calendario: Gente de la UTE Claudio Contreras / Agustín Martínez __por Juan Carlos Díaz

A 31 años del asesinato del General Bachelet Alberto Bachelet __por Raúl Vergara Meneses

José Hipólito Jara y Víctor Alfonso Martínez

Acerca de Jorge Grez Aburto __por Eduardo Agustín Cruz (Bily)

Miguel Cabrera Fernandez “Paine” __ Miguel Cabrera __por Victor M. Gavilan

Neltume / Nahuelbuta

Federico junto al diamelo Federico Álvarez Santibáñez por Ana Marín Molina

Carlitos y el Coronel __ Oscar Rojas Cuéllar __por Ignacio Vidaurrázaga Manríquez

Gladys, maestra de ética y consecuencia revolucionaria __ Gladys Marín __por Martín Faunes Amigo

Algo más que «Dama Blanca» Padre Miguel Woodward __por María Paz García-Huidobro

Carmencha__ Carmen Bueno __por Loli Bueno

Nilda Patricia__ Patricia Peña Solari __por Juparo

La niña junto al piano__ Patricia Peña Solari __por Claudio

Playground__ Patricia y Fernando Peña Solari __por Paz Concha Traverso

¿Quién asesinó a Jacqueline Drouilly? __por Arturo Alejandro Muñoz

Cátedra de Educación Cívica __por Martín Faunes Amigo

Víspera de año nuevo _Lucrecia Brito Vásquez

Bolsas de pan en el estadio _Manuel Paiva

Las historias que podemos contar _Mario Garcés Durán

Once de septiembre en Indumet _Martín Faunes Amigo

Tres raasss por Ricardo Faunes _Martín Faunes Amigo

La vie en rose en Grimaldi__ María Teresa Eltit / María Teresa Bustillos __por Monique Hermosilla Jordens / Lucrecia Brito Vásquez

De mayo a octubre de 1975__ Iván Olivares Coronel “Chuqui” y Dagoberto Pérez Vargas “Dago” __por Flyman

Ayudista de todas las horas__ Sonia Edwards __por Lucía Sepúlveda

El Miguel, ellos, nosotros y la Carolita__ _Miguel Enríquez __por Adriana Goni

Le juro que fue por amistad__ _Jacqueline Drouilly / Marcelo Salinas __por Guido Eytel

Ángel__ _Horacio Carabantes Olivares __por Edgardo Carabantes Olivares

Hoy confluyen aquí las voces y los sueños __por Daniela Peña Soto

En recuerdo de Paine__ _Miguel Cabrera Fernández-__ por Andrés

Blancas abandonan -Danilo González Mardones-__por Pablo Varas

Amanecerá un día__ _Luis Palominos Rojas-__por Eduardo Palominos Rojas

Una silueta contra la montaña__ _José Manuel Ramírez Rosales-__por Nelly Berenguer Rodríguez

Con todo el tiempo del mundo _J.J.Boncompte, J.Carrasco-__por Pablo Varas

Hombre niño casi alado _Claudio Venegas Lazzaro-__por Margarita Román

El guitarrista que se atrevía a cantar _Horacio Carabantes-__por Martín Faunes Amigo

Martes once en la Universidad _Goyo Mimica- __por Manuel Mardones

El niño invisible _Miguel, Bautista, Ricardo y Ambrosio- __por Manuel Holzapfel Gottschalk

El beso tembloroso _Mónica Llanca Iturra- __por Lucía Sepúlveda Ruiz

Aquí…, Radio Liberación _Fernando Vergara Vargas-__por Lucía Sepúlveda Ruiz

La foto de mi casa -Julio Guerra-__por Luis Alberto Tamayo

Bachilleres en fútbol -Rafael Madrid-__por Jaime Castro Santoro

La imaginación herida -Eugenio Ruiz Tagle-__por Josefa Ruiz-Tagle

Memorias fragmentadas -Padre Llido-__por Claudia Iturrieta

Pepe Amigo, el malo -José Amigo Latorre-__por Narda Salgado

Maletín james bond -Juan Maino Canales-__por María Angélica Illanes Oliva

Revolucionarios profesionales -Matías-__por Juan Schilling Quezada

Detective ángel de las microtabletas fotográficas -Teobaldo Tello Garrido-__por Martín Faunes Amigo

Una mano en el bolsillo trasero -Mauricio Jorquera-__por Manuel Arriagada

Hermosa niña judía -Diana Aron-__por María Paz García-Huidobro

Paine: algo más que sandías-__por Martín Faunes Amigo

Pasajeros en el tren Elquino -Federico Alvarez S.-__por Martín Faunes Amigo

Homenaje a Jorge Peña Hen

Encuentro el antiguo profesor con el borracho -Jorge Peña Hen-__por Martín Faunes Amigo

El clarin mayor -Jorge Peña Hen-__por Martín Faunes Amigo

Sinfonías en carcajadas -Jorge Peña Hen-__por Lucrecia Brito

Treinta y uno de Julio de 1975 __Poema para los 119__por Juparo

Nilda Patricia __Nilda Patricia Peña Solari__por Juparo

Memorias Fragmentadas __Padre Antonio Llidó Mengual__por Claudia Iturrieta

Si el poeta eres tú __Máximo Gedda, Yactong Juantok Guzmán, Carlos Gajardo Wolf, Mario Calderón Tapia, Ricardo Solar Miranda, Rabito, Cesar, Amador Del Fierro__por Liliana

Justicia Divina __Gabriela Arredondo Andrade__por “M”

Alfredo, vas a ser abuelo __Alfredo García Vega__por Silvia Vera

La niña junto al piano __Patricia Peña Solari__por Claudio

Fue en septiembre__ José René Barrientos Warner __Germán F. Westphal

Kellina__ Jacqueline Binfa Contreras __María Paz García-Huidobro

Al Che y a Miguel en el 2001 __ Miguel Enríquez, Ernesto Che Guevara __Víctor Toro Ramírez

Carta de Bautista a su madre __ Bautista Van Schouwen Vasey __

Página de diario de 1963 __ María Cristina López Stewart __

Otro más del Manuel de Salas __ Luis Guajardo Zamorano __Anónimo

Miguel vivía en una casa con vista a la esperanza __ Miguel Enríquez Espinoza __por José María Memet

Amanece __ Máximo Gedda Ortiz __

Cuando en el sur florecían los cerezos __Marcelo Salinas Eytel__por Guido Eytel

Hermana niña __ Carmen Bueno Cifuentes __por Olimpia Bueno

Historia de un asesinato por fusilamiento__ A la memoria de Pedro Purísimo Barría__por Germán Westphal

El hombre del abrigo amarillento y la mujer que lo amaba__María Cristina López Stewart, Federico Alvarez Santibáñez, Horacio Caravantes Olivares, Jaime Vásquez Sáez, Luis Guajardo Zamorano, Claudio Contreras y Agustín Martínez __por Martín Faunes Amigo

Arrayán__Paulina Aguirre__por Viviana Sepúlveda

Cartas mutiladas__Carmen Bueno__por María Elena Blanco

Bajo el bosque__Héctor Garay Hermosilla__por Diego Muñoz Valenzuela

Triunfador en innumerables aventuras __Sergio Alejandro Riffo Ramos__por Pablo Leiva

Confidenciado entre café y café __Sergio Alejandro Riffo Ramos__por Marisa

Una persona de la raza humana __José Modesto Amigo Latorre__por Hippie

Encuentro del héroe con la traidora __Padre Antonio Llidó Mengual__por Archivero

Mac Leod había sido cadete __Juan Rodrigo Mac Leod Treuer y María Julieta Ramírez Gallegos__por Pablo Leiva

Con Mario somos amigos __Mario Edrulfo Carrasco Díaz __por Lucía Sepúlveda

Recuerda, tu hermano desapareció __Manuel Jesús Villalobos Díaz__por Lucía Sepúlveda

Un asesino anda suelto por Ñuñoa __Eduardo y Rafael Vergara Toledo__Desde Comisión FUNA

Biografía de Miguel Enríquez __Miguel Enríquez Espinoza__por Pedro Naranjo Sandoval

La opción de Augusto Carmona__Augusto Carmona Acevedo __por Lucía Sepúlveda

Un gato de siete vidas__Renato Alejandro Sepúlveda Guajardo __por Queni y Queltec

Confieso que he luchado y alcé los puños iracundo__Ricardo Ruz Zañartu __por P. Ruz

El preso ochocientos quince__Gilberto Urbina Chamorro __por Sonia Cano

La casita de La Faena__Jaime Orellana __por Kenya

Los ojos olvidados del camarógrafo de la “Batalla de Chile”__Carmen Bueno y Jorge Müller Silva __por Gustavo del Campo

En las garras de la Operación Cóndor__Sergio Reyes Navarrete __por Sonia Cano

Ayer cuando me enteré__José Francisco Bordás Paz, “el Coño Molina” __por Rucia

“Sigamos luchando no más…”__Hernán Santos Pérez Alvarez__por Queltec

Ubica a mi compañera cuando salgas en libertad__Pedro Poblete Córdova__por Lucía Sepúlveda

Matemáticas y ajedrez__Vicente Palomino Benítez__por Lucía Sepúlveda

Juez especial después de 27 años__Leopoldo Muñoz Andrade__por Lucía Sepúlveda

¿Dónde estará la Violeta del Grupo de Teatro Acuarium?__Violeta López Díaz__por Lucía Sepúlveda

Morén Brito versus María Teresa Eltit “et ale” __María Teresa Eltit__por Lucía Sepúlveda

El año nuevo ’75 de Marisa: Infierno en La Torre__María Isabel Joui __por Lucía Sepúlveda

Aquí no tengo nada que decir__Martín Elgueta Pino__por Lucía Sepúlveda

La mirista hija de una enfermera del Hospital Militar__Jacqueline Binfa Contreras__por Lucía Sepúlveda

Alfredo, vas a ser abuelo__Alfredo García Vega__por Silvia Vera

Cacería de dos hermanos__Jorge D’orival Briceño__por Sonia Cano

El Pelao Krauss__ Víctor Fernando Krauss Iturra __por P. Ruz

Padre, compañero Joan Alsina__ Joan Alsina Hurtos __por María Paz García Huidobro

Volveré, volveré, donde está mi madre esperándome__ César Arturo Negrete Peña __por sus hermanas

Un minero__ Antonio Lagos Rodríguez __por Susana

Nuestro Aníbal__ Agustín Reyes González __por Maria Stella Dabancens Gandara

El estudiante que Alejandra envió “a Puerto Montt”__ Mauricio Jorquera Encina __por Lucía Sepúlveda

Joven profesor detenido cuando iba a ver partido del Mundial__ Agustín Fioraso Chau __por Lucía Sepúlveda

Miguel Angel desaparecido versus Miguel Angel, su “doble” del sur__ Miguel Acuña Castillo y Héctor Garay Hermosilla __por Lucía Sepúlveda

Cacería nocturna__ Ofelio Lazo Lazo __por Lucía Sepúlveda

Desapareció de la U y de Maipú a los 21 años__ Juan Ernesto Ibarra Toledo __por Lucía Sepúlveda

Vietnam y Londres en la vida de un poblador__ Carlos Cubillos Gálvez __por Lucía Sepúlveda

El mirista de Quinta Normal que desapareció un 26 de julio__ Ismael Chávez Lobos __por Lucía Sepúlveda

La Pity Vergara__ Lucía Vergara Valenzuela __por Paty

Homenaje a Pepe Carrasco__ José Carrasco Tapia “Pepone” __por Patricia Collyer

El chico Sebastián, un artesano militante__ Rubén Arroyo Padilla __por Sonia Cano

Pepito milagroso__ José Carrasco Tapia “Pepone” __por Cheña

Verano del 72__ Sergio Peña Díaz __por Raúl de Calama

Váyanse de Santiago__ Lucía Vergara Valenzuela “la Pity” y Arturo Villavela Araujo __por Marisa

El veterinario del MCR__ Sergio Peña Díaz __por Queltec

Secretos de familia__ Alan Bruce Catalán __por Lucía Sepúlveda

Un beso para las tres__ Sergio Peña Díaz __por Ricardo-Eugenio

El Coño Villavela__ Arturo Villavela Araujo __por “M”

Del José Joaquín Aguirre al Hospital de Cunco__ Eduardo González Galeno __por Margarita Romero

El último de los buenos que alcanzó a verlo__ Sergio Pardo Pedemonte __por Aminta Traverso

La DINA contra dos del cordón Vicuña Mackenna__ Cecilia Castro Salvadores y Juan Carlos Rodríguez Araya __por Sonia Cano

Francia exige a justicia chilena aclarar desaparición de Alfonso Chanfreau__ Alfonso Chanfreau Oyarce __por Lucía Sepúlveda

Juan Chacón dijo adiós a su padre en Cuatro Alamos antes de desaparecer__ Juan Rosendo Chacón Olivares __por Lucía Sepúlveda

El arte de ser mirista y trabajar en Investigaciones__ Sonia Bustos Reyes __por Lucía Sepúlveda

La voz de María Angélica__ María Angélica Andreoli Bravo __por Lucía Sepúlveda

Marcados a fuego en la frente, María Inés y Martín__ María Inés Alvarado Borgel y Martín Elgueta Pinto __por Lucía Sepúlveda

Secuestro del albañil de la Población Kennedy__ Eduardo Alarcón Jara __por Lucía Sepúlveda

Kellina, la mirista hija de una enfermera del Hospital Militar__ Jacqueline Binfa Contreras __por Lucía Sepúlveda

Homenaje a la caída en combate de Miguel Enríquez __Miguel Enríquez Espinoza__por Hernán Aguiló

Sitio en homenaje a Jecar Nehgme __Jecar Antonio Nehgme Cristi__por Lucho

Profesionales a fines y contrapuestos __María Cristina López Stewart__por Martín Faunes Amigo

El último día de Miguel __Miguel Enríquez Espinoza__por Manuel Cavieses Donoso

Thamesis __Marcelo Salinas Eytel__por Nicole Drouilly

Muriel, dulces, kuchen y tortas __Muriel Dockendorff Navarrete__por Patricia Ochoa

El que tuvo siempre tiempo para escribir poesía __ Máximo Gedda Ortiz__por Ignacio Puelma

Un par de botas para su hermana __ Luis Guajardo Zamorano __por Martín Faunes Amigo

Carta para mi amigo el ciclista __ Sergio Tormen Méndez __por Carlos Moukarzel Numair

Cien años de soledad __ Santos Romeo González __por Nilda Bórquez

La hija del flaco Raúl __ Carlos Julio Fernández Zapata __por Hilda E. Espinoza Figueroa

El detective-ángel de las micro tabletas fotográficas __ Teobaldo Antonio Tello Garrido __por Martín Faunes Amigo

Ramón Núñez, ¡no existe! __Ramón Núñez Espinoza __por Lucía Sepúlveda

Abundio, el carpintero del G1 __Abundio Contreras González __por Lucía Sepúlveda

A la esquina sin abrigo en el invierno del 74__Jorge Olivares Graindorge, Zacarías Machuca Muñoz __por Lucía Sepúlveda

De la Bolsa de Comercio a un recinto de tortura__Guillermo Beausire Alonso __por Lucía Sepúlveda

Estoy en poder de la DINA!__Germán Moreno Fuenzalida __por Lucía Sepúlveda

Collar de flor al cuello__Cecilia Labrín __por Lorena Sandoval

Unos veranos después__Lumi Videla y Sergio Pérez __por Martín Faunes Amigo

El chaleco rosado de jacqueline__Jacqueline Drouilly __por Nicole Drouilly

Un ex dirigente de la salud__Marcos Esteban Quiñones Lembach __por Lucía Sepúlveda

Brazos que parecían abrazar sueños__Elízabeth Cabrera Balarritz __por Carmen Gallero Urízar

El delito de ser amigos y ex alumnos del Manuel de Salas__Jaime Mauricio Buzio Lorca __por Lucía Sepúlveda

Una imagen de cartón levantada sobre mi cabeza__Jenny Barra__por Lucrecia Brito Vásquez

La desaparición del peluquero mirista__Daniel Abraham Reyes Piña__por Lucía Sepúlveda

Sopa de rocas__Juan José Boncompte Andreu__por María Norambuena/Martín Faunes Amigo

Tren nocturno a la esperanza__Carlos Rioseco Espinoza__por Hilda E. Espinoza Figueroa

Entre dos mundos__Jorge D’orival Briceño__por Anita

María Isabel y María Teresa__María Isabel Joui Petersen y María Teresa Eltit Contreras__por Lucrecia Brito Vásquez

Una casa al fondo por Joaquín Godoy__Ida Vera Almarza, María Cristina López Stewart, Carlos Carrasco Matus, Miguel Angel Pizarro Meniconi __por Tomás Pizarro Meniconi

Coca-Cola__Jaime Vásquez Sáez__por Martín Faunes Amigo

El negro era un valiente__Hernán Pérez Alvarez__por Lucrecia Brito Vásquez

Nos encontraremos a través de la niebla que despejaremos__Muriel Dockendorff Navarrete__por Gloria Laso Lezaeta

A María Mardones__Hermanos Velásquez Mardones__por Hilda Espinoza

María Isabel tenía diecinueve años y una vida por delante__María Isabel Joui Petersen__por María Eugenia Letelier

_ > ¿QUIÉNES SOMOS? Un grupo interdisciplinario de personas interesadas en preservar la memoria histórica que bajo el nombre “Las historias que podemos contar”, hemos creado este espacio web para dar a conocer nuestros avances en estos ya catorce años en que nos hemos dedicado al trabajo de rescatar la memoria en pro de la dignidad valórica e histórica de los compañeros que cayeron enfrentando a la dictadura. Hacemos notar que son pocos aquellos que cuentan con una historia, un homenaje literario, o una foto o pintura que los rescate no sólo en lo que eran como militantes, sino también en como los seres humanos que eran, con alegrías y sueños. Así, este avance se muestra esperando incentive en la colaboración de todos ustedes para esta labor que no reconoce dimensiones ni partidos y el único plazo que establece es el más corto posible.El material que presentamos está, por lo tanto, en constante actualización, ello, gracias a aportes que se reciben desde todo el mundo, siendo factible que en él existan inexactitudes y errores que rogamos disculpar, sólo no se cometen errores cuando no se avanza. Adviértanos si detecta algún error y, ayúdenos, tenemos por delante una tarea inmensa: dar a conocer lo que pasó con los nuestros, pero por sobre todo, mostrar cómo eran ellos y cuáles eran sus sueños.Nadie que sepa algo se puede restar a esta tarea que para cumplirla somos todos necesarios. La idea es que escribamos sobre quienes conocimos y generemos con este material uno o más libros. Hemos publicado tres volúmenes de la saga “Las historias que podemos contar”, con una cuarta en preparación, el apoyo a cinco libros sobre memoria histórica ya publicados y más 500 historias escritas en homenaje a toda una generación que se la jugó contra la dictadura.Nos llamamos “Las historias que podemos contar”, porque si fuimos testigos y participantes podemos y tenemos todo el derecho a contarla, es más, lo debemos hacer para preservar esta historia reciente que a pesar de los esfuerzos que han hecho por borrarla ésta porfiadamente resurge para que la tengamos siempre presente. ¡Hasta la victoria siempre…!

Margarita Román Dobson, Hilda Espinoza Figueroa, Shenda Román, Xaviera Ovalle, Violeta Bagnara, Lorena Sandoval, Monique Hermosilla Jordens, María Angélica Illanes, Grecia Gálvez, Draco Maturana, Valeria Barraza, Edgardo Carabantes, Facundo Leylaf Ona, Juan Carlos Díaz, Manolo Arriagada, Pancho Lussich, Fernando Lizana, Manuel Paiva y Lucrecia Brito, nuestra Secretaria General, más Martín Faunes Amigo, nuestro Director.


LAS HISTORIAS QUE PODEMOS CONTAR: — directorhistorias@gmail.com

Destacado

DETENIDOS DESAPARECIDOS: CONSECUENCIAS PARA LA SEGUNDA GENERACION

DETENIDOS DESAPARECIDOS: CONSECUENCIAS PARA LA SEGUNDA GENERACIÓN
Niels Biedermann
Psiquiatra
ILAS
Las consecuencias tardías del tipo de daño estudiado por nosotros en familias de detenidos-desaparecidos y de ejecutados políticos y que afectan la segunda generación, fundamentalmente a los hijos, pero también a sobrinos directos de familias muy estrechamente relacionadas, se pueden entender a través de dos conceptos básicos:
1. La perturbación de un proceso normal de duelo.
2. La transmisión transgeneracional de patrones conductuales en el seno de las familias.
Este último punto es muy importante porque apunta a la eventualidad de la aparición de perturbaciones en por lo menos la generación que sigue a la que sufrió el impacto directo.
Del estudio de genogramas familiares se sabe que las pautas conductuales tienden a trasmitirse, incluso conductas extremas como el suicidio. El riesgo de suicidio en una familia aumenta en proporción a los suicidios preexistentes en ella. Prevenir un suicidio también es prevenir un mayor riesgo para las generaciones que siguen. En la familia del escritor Eugene O’Neill existió una historia de abuso de drogas y alcohol a través de varias generaciones, haciéndose más destructivo en cada generación. Además los hijos
mayores morían jóvenes. El hermano mayor de Eugene murió a los 45 años a consecuencia de sus excesos alcohólicos y el hijo mayor del escritor se suicidó a los 40.
La vía de trasmisión de estas pautas transgeneracionales sigue un patrón complejo que no es el caso analizar aquí, pero sí vale mencionar uno de sus elementos principales que es el sistema de lealtades. Cada generación recibe de la que le precede una serie de derechos y obligaciones de la que no se puede sustraer sin pagar un precio. Hasta el derecho a rebelarse en contra del propio sistema de valores está reglamentado en las familias de alguna manera. Hay familias que toleran un amplio margen de divergencias sin entrar en crisis y hay otras que constituyen sistemas muy rígidos, en los que divergencias mínimas ya son fuertemente censuradas. Ya el
sólo deseo de desarrollar conductas autónomas tiende a generar fuertes sentimientos de culpa en los miembros de estas familias.
Las familias de los perseguidos políticos tienden a transformarse en sistemas más rígidos que las familias no afectadas. La rigidificación de las estructuras internas frente a la agresión externa es un fenómeno grupal universal. Todo sistema de lealtades se extrema. Esto lo saben bien los gobernantes, sobre todo en regímenes
dictatoriales, que cuando las contradicciones dentro del país se ponen muy intensas desatan un conflicto con el vecino más próximo. Existe un dicho de que todo país se mantiene unido por una mentira común sobre suorigen y un prejuicio compartido contra sus vecinos. Esto apunta a las dos vertientes de todo sistema de lealtades: la cohesión interna y la lucha contra el agresor. Mientras más difícil sea la situación, más difícil es
tocar los mitos grupales y más inconcebible es un contacto con el enemigo externo y todo lo que se le parezca.
Entendemos por mitos grupales el sistema de obligaciones y misiones.
La rigidificación de un sistema familiar frente a una agresión externa tiene otra consecuencia grave: la interrupción de las fases del ciclo de vida. El crecimiento y maduración de los hijos es un proceso centrífugo con respecto a la familia de origen y la búsqueda de pareja es de carácter exogámico. Si el cerco que separa a la familia de la sociedad es muy rígido, es también muy difícil que este proceso se realice adecuadamente.
2
Antes de hablar cómo estos fenómenos influyen en el proceso de duelo, vale la pena ilustrarlo con un ejemplo clínico:
Se trata de Olga, de 16 años de edad. La madre la trae a consultar porque muestra conductas muy perturbadoras en casa: la enfrenta violentamente a ella, a la madre, tiene problemas de conducta en el colegio,del cual termina siendo expulsada, es adicta a la marihuana y en general se las arregla para que la pillen en cualquier transgresión a las normas, tanto en el colegio como en la casa. Además es muy obesa, con varios
tratamientos fracasados a cuestas. Dentro de una familia altamente politizada se niega a meterse en política,aduciendo: “La política sólo me ha traído pérdidas”. Olga recibe permanentes críticas de la familia por tomar fumar, ser drogadicta y eventualmente promiscua sexual (lo último no tiene base real). Olga misma quiere que la acepten gorda, no militante, distinta.
La historia familiar es la siguiente:
La abuela materna, Ana, que constituyó por mucho tiempo el eje de la familia, fue recluida en Pisagua junto a su marido en tiempos de González Videla en virtud de la ley de defensa a la democracia. Se hallaba embarazada de la madre de Olga. Los dos hijos mayores, que nacen en ese período, quedan a cargo de la hermana María que sigue a Ana.
El marido de Ana, la abuela, es detenido después del golpe militar del 73 y recluido en una institución de las Fuerzas Armadas. Un mes después de la detención avisan que se habría muerto de peritonitis. El cadáver les es entregado.
Olga había estado entregada durante mucho tiempo al cuidado de Eugenia, hermana de la madre. Ya aquí se observa un patrón transgeneracional. Eugenia se sacrifica en el cuidado de hijos ajenos, al igual que María en la generación anterior, mientras las madres están absorbidas por tareas políticas. En 1978, Eugenia, quien se
encontraba en Argentina, al parecer en una misión política, es detenida y desaparece, hasta ahora definitivamente.
El padre de Olga es primo-hermano de la madre y vivió desde los 15 años con Ana, la abuela materna. Se casa con la madre de Olga cuando ella se embaraza durante el pololeo clandestino de los dos. La madre era muy dependiente de la abuela y raras veces salía sola. Esto demuestra claramente el nivel de aglutinación alcanzado por esta familia y el grado de impermeabilidad de los límites con el exterior.
Cuando Olga tiene 9 años recibe un llamado telefónico en que le dicen específicamente a ella que la tía desaparecida quiere verla. Resulta difícil de comprender por qué los personajes encargados de amedrentar a la
familia eligen justamente a Olga como instrumento, pero cuaja perfectamente con el rol de ella dentro de la familia, que incluía la identificación con Eugenia, la desaparecida.
Esta identificación se muestra a través de varios signos evidentes: Eugenia era la única obesa de la familia,fuera de Olga. Olga se siente tan parecida a ella, que ha llegado a pensar que Eugenia era realmente su madre.
La abuela Ana compara a Olga con frecuencia con Eugenia, usándola como ejemplo para criticar a Olga.
Finalmente Olga es enviada a Argentina a visitar los lugares de detención de Eugenia y reconstruir su destino.
Olga ocupa además el segundo lugar entre las hermanas mujeres, que es el lugar de las mujeres que se sacrificaron en las dos generaciones anteriores. Las lealtades familiares le exigen por lo tanto ser como su tía Eugenia, lo que significa desaparecer. No es extraño, entonces, que Olga busque rebelarse contra la familia para escapar de este destino, pero su rebelión la lleva de un fracaso a otro.
Estos fracasos se podrían explicar por los sentimientos de culpa que genera la rebeldía contra las lealtades, pero hay otro factor, que observamos repetidamente y que tiene que ver con la alteración del proceso de duelo,
que influye en la generación de estos fracasos. Para entenderlo tenemos que remitirnos a dos fuentes de observación de lo que ocurre después de la muerte violenta de un familiar.
1. Una es la observación de procesos individuales de duelo. Bowlby distingue la fase de embotamiento inicial,en que se actúa como si nada hubiera pasado, seguida de la fase de anhelo y búsqueda, en que se despliega una actividad constante como si se buscara a la persona desaparecida, cosa que ocurre en el espacio de las emociones y de las fantasías, incluso cuando se sabe a ciencia cierta que la persona cuya presencia se anhela está muerta. Esta fase es la que se tiende a prolongar indefinidamente en las familias observadas por nosotros y es transmitida como tarea a la segunda generación. En esta fase aparece intensa rabia y agresividad dirigida
en contra de todo lo que aparezca como causal de la separación o impedimento del reencuentro con la persona perdida.
2. La segunda fuente de observación consiste en las descripciones de las reacciones que se dan en las sociedades primitivas frente al asesinato de uno de sus miembros, ya que éstas representan etapas tempranas de nuestro desarrollo histórico en que nuestros procesos inconscientes, que reflejan al patrimonio filogenético de nuestra conducta social, se expresan más directamente.
Vemos que en las sociedades primitivas el duelo se descompone en dos elementos claramente diferenciados:
a) Realización de la venganza de sangre.
b) Apaciguamiento de la propia conciencia, en general mediante la autopunición.
El sentimiento de la venganza parte de la reacción frente a una afrenta que yace sobre el muerto como una mancha y que la lealtad que se le debe obliga a lavar. Cualquier ofensa genera inmediatamente la necesidad de una respuesta y si no se puede llevar a cabo, deja una espina clavada que requiere de un proceso de elaboración para dejar de doler. Pero la venganza es al mismo tiempo una forma arcaica de administración de
la justicia que tiene por objeto restablecer la normalidad jurídica alterada por el asesinato de un miembro de la familia, utilizando los propios medios del grupo familiar afectado. La venganza de sangre es una exigencia anclada en normas éticas que obligaba al pariente consanguíneo más cercano a dar muerte al asesino o a alguno de sus parientes. Además era una obligación, no una opción. En el Corán aparece reglamentada y en
los pueblos germánicos se mantuvo durante la Edad Media a pesar de las prohibiciones de la Iglesia.
Desapareció sólo cuando se perfeccionó la administración territorial y se debilitó la preeminencia de las normas familiares. Un sistema jurídico supraordenado y moralmente significativo para la comunidad eximió a la familia del ejercicio muchas veces difícil de esa forma arcaica de justicia. Sin embargo, ya históricamente el mismo impulso y la misma normatividad que obligaba a la familia al ejercicio directo de la justicia,
renunciaba a agredir físicamente al agresor y se concentraba en rehabilitar de alguna manera al caído.
El segundo elemento, el apaciguamiento de la culpa mediante la autopunición, se manifiesta en los pueblos primitivos y no tan primitivos, como los musulmanes shiitas actuales del Irán, mediante auto mutilaciones rituales, como respuesta a la muerte de un líder. Formas amortiguadas de esto son los rituales de duelo como privarse de sueño, la abstención sexual, el ayuno y la simplicidad en la vestimenta. En su representación
actual conocemos este fenómeno en la culpa de los sobrevivientes de campos de concentración y en general en cualquier situación en que surge la pregunta: “¿Por qué él y no yo?” La autopunición surge de la identificación
con el muerto y de la necesidad de justificarse frente a él por haber sobrevivido.
Con estos elementos podemos volver al caso de Olga. En su tarea de ocupar el lugar de Eugenia, Olga tenía dos posibilidades teóricas:
1. Asumir el rol de la reivindicadora exitosa.

2. Tomar el lugar de la figura destruida y repetir su destino.
Cuando predominan las culpas, cualquier éxito es vivido como un triunfo ilícito sobre el muerto y genera nuevas culpas, por lo tanto lo único permitido es el fracaso.
Esta dinámica, aparentemente absurda, la hemos visto repetidamente. Los sobrevivientes se exponen más allá de lo prudente y necesario a correr el mismo destino del desaparecido.
Olga aparentemente quiere escapar de ese destino, pero ¿puede escapar? La lucha ya no es contra la dictadura sino contra la autoridad en casa y en el colegio. Se trata de un escenario más inocuo. Sin embargo, la presión afectiva con que Olga camina hacia procesos destructivos, no es inocua, sino bastante grave. Olga parece identificada con la figura destruida y por lo tanto se las arregla para que cada una de sus rebeliones termine en un fracaso. Se transforma así en una metáfora de lo que ocurrió con su familia en la sociedad.
Observamos con frecuencia la adquisición de roles rígidos por parte de los hijos de estas familias. En una de las familias observadas, uno de los hijos se dedicó por entero a la reivindicación del padre desaparecido dentro de los márgenes pacíficos. El otro asumió el rol vengador ingresando bajo la dictadura a un movimiento de resistencia armada y el tercero se hizo cargo por entero del duelo negado por el resto de la familia
desarrollando un cuadro psicótico con fuertes síntomas depresivos.
En resumen, podemos decir que las modificaciones que sufren las familias de detenidos desaparecidos y de ejecutados políticos y que repercuten sobre la segunda generación, son los siguientes:
1. Desarrollo por parte de la familia de límites rígidos hacia afuera y laxos dentro de ella.
2. Separación rígida de roles dentro de la familia, en que nadie realiza el duelo normal, sino que cada uno asume un fragmento de él.
3. Culpa por la supervivencia, con delegación hacia los hijos de la tarea de rehabilitación y justicia, pero en que además uno de los hijos debe asumir la identificación con el muerto.
4. Detención de las fases del ciclo vital de la familia. No hay proceso adecuado de individuación de los hijos.
Frecuencia de separaciones y vuelta a la casa o ausencia de desarrollo de vínculos de pareja.
5. Dentro de la familia el miembro sintomático asume la tarea de cuestionar los valores de la familia, pero fracasa por las culpas que esto acarrea dentro de un sistema de lealtades rigidificado.
6. La familia, al sentirse en contradicción con las normas de la sociedad en que vive, tiende a reasumir funciones que en el desarrollo histórico fueron asumidas por la sociedad. Esto significa que se fortalece el sistema de lealtades intrafamiliares y queda momentáneamente fuera de funciones el compromiso moral con la juridicidad de una sociedad que abandonó sus funciones de proteger a sus integrantes con normas
supraordenadas al poder individual. Aún está por verse qué consecuencias a largo plazo pueda tener esto para la generación que ahora cursa la adolescencia.
Las consecuencias que se pueden deducir de esta situación, es que por un lado se necesita una adecuada estructura de atención psicoterapéutica, pero, por otro lado, también una actitud por parte de la sociedad, que vuelva a rehabilitarse en aquellos aspectos en que fracasó.
Por un lado, el trabajo psicoterapéutico tiene por objeto mostrar los conflictos negados, hablar de lo que se silenció por años, volver a echar a andar el proceso del duelo congelado, restablecer límites internos dentro de la familia y develar las lealtades disfuncionales ocultas para permitir a los hijos un mayor grado de libertad de
decidir su propio destino.
5
A la sociedad le correspondería devolver a los afectados la jerarquía y el espacio que les fuera quitado y permitirles desmantelar las barreras defensivas que estas familias necesariamente armaron contra ella.
Esto significa que la sociedad tiene que asumir la función de reconocer el daño causado y sus consecuencias y responsabilizarse de él, para relevar a los familiares del desaparecido o ejecutado de sentirse los únicos depositarios en la búsqueda de verdad y justicia. Importante es despolitizar este proceso, para neutralizar la cómoda reacción social de reducir el problema a un asunto de grupos marginales.
Presentado en el II Seminario de la Región del Maule, Linares, 16 al 19 de enero de 1991 y publicado en
el Libro “Derechos Humanos, Salud Mental, Atención Primaria: Desafío Regional”. Pág. 203:210.
Colección CINTRAS.

 

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Trauma y duelo. Conflicto y elaboración

Lucila Edelman
Diana Kordon

Trauma

No es nuestro interés en este artículo realizar una discusión acerca de las diferentes concepciones con las que tanto el psicoanálisis como la psiquiatría han encarado la problemática del trauma psíquico y de sus consecuencias, denominadas entre otras formas como stress postraumático, neurosis traumáticas, etc.

Nos limitaremos por lo tanto a mencionar los conceptos más básicos, para dedicar nuestra atención a las características particulares de la situación traumática por la que han atravesado y atraviesan las personas afectadas por la represión política y la impunidad.

Se puede tomar el concepto de trauma como el de una “experiencia que aporta en poco tiempo un aumento de excitación tan grande a la vida psíquica que fracasa su liquidación o elaboración por los medios normales o habituales, lo que inevitablemente dará lugar a trastornos duraderos en el funcionamiento energético”.(1)

Esto puede darse por un solo acontecimiento muy violento o por la suma de varios acontecimientos, alterando la economía del psiquismo y los principios que rigen la vida psíquica.

En este caso, al igual que en otras definiciones, se pone el centro en la magnitud del estimulo traumático, en relación con el efecto desorganizador que produce sobre el psiquismo.

Por su parte Laplanche (2) define a las neurosis traumáticas como aquellas en que los síntomas son consecutivos a un choque emotivo, ligado a la situación de amenaza a la vida o integridad del sujeto, donde el trauma posee parte determinante en el contenido de los síntomas (pesadillas, repetición mental del hecho traumático, reacción de angustia automática con gran compromiso somático y neurovegetativo: palpitaciones, sudoración, ahogos, cólicos, etcétera).

Desde la psiquiatría, el DSM-III-R define también el trastorno por stress postraumático como aquel que sigue “a un estado existencial extraordinario (guerra, catástrofe) y se caracteriza por ansiedad, pesadillas, agitación, y en ocasiones depresión”.(3) Como criterios diagnósticos para el mismo establece que el sujeto haya experimentado “un suceso que está fuera del rango de las experiencias humanas habituales y que seria en extremo traumático para prácticamente cualquier persona (por ejemplo seria amenaza a la propia vida o integridad física; seria amenaza o daño a los hijos, al cónyuge o a otros familiares o amigos cercanos; destrucción súbita del hogar o de la propia comunidad; o presenciar un accidente o acto de violencia física, como consecuencia del cual una persona está sufriendo o acaba de sufrir daños graves o la muerte)”.(4)

Es decir, que en estos casos se pone el acento en situaciones que puedan significar un riesgo a la vida o a la integridad física del mismo sujeto o de otros.

Es importante destacar que en el concepto de trauma, además del acontecimiento traumático per se y de las condiciones psicológicas del sujeto, interviene la situación efectiva, (5) entendiendo por tal las circunstancias sociales y las exigencias del momento.

Ya en 1919 en Introducción al simposio sobre las neurosis de guerra (6) Freud hablaba de un yo que se defiende de un peligro real, un peligro de muerte presente en la etiología de estas neurosis. Más tarde, en 1926 (7) describirá un tipo de angustia presente ante un peligro exterior real.

La descripción de la etiología y psicodinamia de las neurosis de guerra (donde el factor sexual no se hallaba presente como en las neurosis transferenciales) y el concepto de angustia real abrieron, desde el psicoanálisis, el reconocimiento a aquellas situacio­nes de la vida social que por sus características constituyen una amenaza para la vida de los sujetos y una fuente de producción de sufrimiento psíquico.

Desde nuestra experiencia clínica hemos observado un am­plio rango de respuestas ante la situación traumática. Si bien el impacto emocional siempre es de magnitud tal que nadie puede dejar de considerarlo como una situación límite, en ocasiones no encontramos respuesta patológica; por el contrario hemos visto conductas de adaptación activa a la realidad incluso en personas en que estas conductas, por diversas características psíquicas y sociales, hubieran resultado impensables. No consideramos que el pasaje por la experiencia traumática derive necesariamente en patología, y cuando ésta se da presenta un alto grado de variabilidad individual.

Creemos por lo tanto que la problemática del trauma está vinculada no sólo al monto desestructurante del estímulo, sino también al sentido que este adquiere para cada persona, y a la posibilidad de encontrar o mantener apoyos adecuados para el psiquismo. Pero tanto el sentido individual del trauma como la posibilidad de mantener u obtener los apoyos adecuados están vinculados en estos casos al procesamiento social de la situación traumática. Esto desde ya vinculado a las series complementarias de cada sujeto.

El efecto traumático está dado porque queda un remanente de angustia sin simbolización, no representable con palabras.

Ciertos hechos puntuales, en los que se expresa concentradamente la situación de impunidad, funcionan como un segundo estímulo, que puede activar la aparición de angustia automática y dar lugar a la emergencia de síntomas.

Hemos observado en los familiares de desaparecidos un predominio de la sintomatología correspondiente a la serie depresiva (trastornos timicos. hipobulia, insomnio, pérdida del apetito, pérdida de peso y enfermedades somáticas).

En muchas personas que estuvieron desaparecidas y/o dete­nidas y fueron liberadas encontramos un predominio de síntomas relacionados con la vivencia de la repetición del hecho traumático.

En nuestra experiencia hemos observado una gran variedad de síntomas en nuestros asistidos; señalaremos aquellos que por su frecuencia o gravedad nos resultan más significativos;

—   Repetición mental del hecho traumático: ya sea como sueño angustiante (pesadilla) con despertar brusco e importante repercusión neurovegetativa, ya sea como vivencia de repetición desencadenada por algún estimulo externo asociable al hecho traumático (sirenas, presencia de personal policial o militar, timbres o ruidos violentos durante la noche, etc.).

—   Conductas evitativas en relación al hecho traumático: abandono de actividades e intereses que se relacionen directa o indirectamente con el hecho traumático (actividades o intereses políticos, gremiales o culturales. En estos casos la evitación se encontraba reforzada por el riesgo real que Implicaba desarrollar estas actividades); abandono de los grupos de pertenencia habituales; retracción o inhibición de la vida social.

—   Suspensión o abandono de proyectos vitales: estudios, casamiento, hijos. Este fenómeno fue particularmente frecuente y estaba en relación directa con la indefinición que conlleva el status del desaparecido. Los familiares no podían decidir proyectos vitales en tanto la situación del ser querido permanecía indefinida.

—   Trastornos del humor, mal humor, irritabilidad, ataques de ira.

—   Trastornos del sueño: insomnio, hipersomnia.

—   Sentimientos de impotencia.

—   Sentimientos de hostilidad.

—   Descompensaciones psicóticas.

—   Trastornos somáticos severos: trastornos cardiovasculares, cáncer.

Pero consideramos que el listado de síntomas poco dice so­bre lo que ocurre. Lo importante es el sentido que estos síntomas tienen, la multideterminación presente en ellos y el lugar que lo social ocupa en los mismos. Citaremos algunas viñetas clínicas y posteriormente algunos ejemplos.

La presencia de un patrullero de la policía frente a la casa de los padres de un desaparecido activa la vivencia de repetición del hecho traumático en la madre del mismo, a la vez que constituye una amenaza real a la integridad de la familia, dado que se encontraban haciendo gestiones para averiguar el paradero de su hijo, cosa que implicaba un claro riesgo de muerte. (El sistema de las desapariciones funcionaba como un tabú; quien acusara recibo de esto, hiciera denuncias o solamente hablara del tema, también podía desaparecer.)

Una persona que había estado secuestrada, y había tenido un hijo en cautiverio, ante la presentación en un programa televisivo, de los adolescentes secuestrados por Miara, tiene una crisis de pánico que la paraliza y que sólo cede muchas horas después a través de la contención de su familia.

Los sentimientos de impotencia y hostilidad fueron más frecuentemente observables en los padres, así como también las depresiones narcisisticas más severas y los trastornos somáticos más graves. Pensamos que esto se debe en buena medida a la función de protección de los hijos que, en nuestra sociedad, tradicionalmente se le asigna al padre. Esto a su vez se articulaba con la campaña oficial de inducción psicológica que culpabilízaba a las víctimas y a sus familiares. (8)

En el caso de los familiares de desaparecidos, el trauma presenta la excepcional característica de su prolongada duración. Durante muchos años predominó la incertidumbre sobre el status del desaparecido y luego, lenta y penosamente, se impuso la evidencia de que habían sido asesinados. Este cambio de significación fue en sí mismo un complejo proceso para los familiares y para el conjunto social, dado que durante la dictadura militar parte de los desaparecidos se encontraban vivos en campos de concentración y oficialmente se inducía a negar que existieran desaparecidos, y/o darlos por muertos, aun cuando había eviden­cias de que la realidad era otra. Años después, con el fin de la dictadura y durante los primeros años de gobierno constitucional, las expectativas de hallar a los desaparecidos se desvanecieron ante la prueba de la realidad, pero darlos por muertos implicaba acatar el mandato de la dictadura.(9)

Un párrafo aparte por su importancia merece el tema de la impunidad. Los autores ideológicos y materiales de las desapariciones y del terrorismo de Estado en general se encuentran impunes en la actualidad. En nuestra práctica asistencial hemos observado cómo con cada nueva medida política o jurídica relacionada con la impunidad recrudecen en muchos de nuestros asistidos la angustia o la sintomatología antes descripta, o se genera una oleada de nueva demanda asistencial, expresándose así una vez más lo social a través de lo individual.

La impunidad también incide en que muchos afectados se sientan portadores de una historia traumática que no puede ser compartida con los otros. Esto se traduce en vivencias de exclu­sión, aislamiento o resentimiento con respecto al entorno y en una tendencia frecuente al encierro en grupos de pertenencia con la misma problemática.

Muchos adolescentes, hijos de desaparecidos, no encuentran en el contexto social, debido a la impunidad, el continente necesario para el apuntalamiento de su identidad. Si bien no deben ya ocultar su historia, como ocurría durante la dictadura, las condiciones externas dificultan que la situación traumática pase a ser sólo recuerdo no traumático. Desde ya que para ellos la elaboración de la situación es sumamente compleja, pero la impunidad agrega un nuevo factor: como no desean verse marginados por sus pares, optan por el silencio, aunque sea al costo de pérdidas importantes del sentimiento del si mismo o del debilitamiento de sus vínculos interpersonales.

Duelo

Consideramos el duelo como el proceso posterior a una pérdida significativa, ya se trate de “un ser amado o de un ideal o abstracción equivalente”; (10) proceso cuyo objetivo es metabolizar el sufrimiento psíquico producido. El psiquismo realiza un penoso trabajo de elaboración que permite que, finalmente, la persona pueda inscribir como recuerdo al objeto perdido y recuperar el interés por el mundo externo.

El proceso de duelo se efectúa a partir del reconocimiento del principio de realidad que, aunque rechazado inicialmente. termina por imponerse.

En el caso de una muerte, después de un primer momento de renegación de la percepción, el aparato psíquico utiliza el juicio de realidad que le permite discriminar las categorías presencia-ausencia y puede ir dando a la condición de ausencia una cualidad definitiva, tratando de acomodarse poco a poco al despegamiento que tendrá que operar respecto del objeto que pierde. Este proceso es lo que denominamos desinvestir un objeto que estaba previamente investido.

En el caso de pérdidas transitorias, igualmente se produce un proceso relativo de desinvestimiento, ya que quien volverá seguramente no será el mismo ni tampoco quien lo reciba. Pero la certeza del retorno es un indicador de la realidad frente al cual la persona puede elegir diferentes opciones, por duras y difíciles que éstas sean.

Aunque actualmente trabajamos con personas que tienen que elaborar duelos, por diferentes tipos de pérdidas significativas, queremos insistir en las particularidades que presenta la situación de desaparición, dado el peso que esta problemática tiene, por su calidad y cantidad, en la sociedad argentina, y por la incidencia que a su vez tiene sobre la elaboración de ciertos duelos que, por una u otra razón, tienen puntos de coincidencia. Por ejemplo, personas que han tenido pertenencia a grupos socia­les en los que ha habido desapariciones, al tener que procesar posteriormente una pérdida significativa no ligada a este tipo de circunstancias, presentan un duelo patológico prolongado, derivado de la irrupción de la situación traumática producida por las desapariciones, y que había sido renegada en su momento.

En el caso de la desaparición se produce una situación de incertidumbre en relación al destino del desaparecido. La situación de presencia-ausencia simultáneas, la falta de referentes en cuanto a lo ocurrido y lo por ocurrir, crea una zona de ambigüedad psicotizante que se ve reforzada por la impunidad de los “desaparecedores”. La ambigüedad impide utilizar el principio de realidad para indicar al psiquismo una dirección precisa en la cual realizar el trabajo elaborativo.

Si bien en el proceso normal de duelo hay primero una resistencia a aceptar la pérdida, hay rabia, impotencia, no se quiere creer, no se puede creer; en este caso no se sabe qué es lo que se debe aceptar, cuál es el carácter de la pérdida. Esto tiene un efecto desestructurante para el psiquismo, y confusionante para quien tiene que acompañar el proceso de elaboración.(11)

Vale la pena recordar que cuando se trata de elaborar una muerte, la presencia del cuerpo es un elemento importante que ayuda a salir de los mecanismos renegatorios. Por otra parte, en el caso de que tratamos no existen certificados, ni se pueden realizar los rituales funerarios. El papel de los ritos funerarios es tan importante que no se conoce cultura que prescinda de ellos.

En la actualidad, el hecho de que se encuentren en libertad todos los genocidas opera al modo de una renegación; en tanto al no haber culpables sancionados se induce a tachar de la historia la existencia de victimas. Los asesinos en libertad funcionan socialmente a manera de desmentida de la existencia de delitos de lesa humanidad.

Frente a la situación traumática, frente a la ambigüedad psicotizante, los familiares, especialmente las madres, producen una respuesta social organizada.

La construcción de esta respuesta tuvo incidencia en el pro­ceso elaborativo del duelo. Frente a los modelos y enunciados inducidos desde el poder, se desarrolla una práctica social, práctica de resistencia y discriminación que pone de manifiesto en la escena pública aquello que se intentaba desmentir. La actitud transformadora de la realidad tuvo un efecto directo en quienes protagonizaron el movimiento social, pero también en el conjunto de los familiares, y desde ya en el cuerpo social en su conjunto.

Este movimiento social tuvo incidencia en la elaboración personal de la pérdida. El duelo, además de su aspecto personal, privado, íntimo, tiene siempre también un carácter público y social. En este caso, la generación de un consenso social contrahegemónico ayudó a construir las representaciones sociales necesarias para definir el principio de realidad que oriente el proceso de duelo. Fue la práctica social la que instaló públicamente la figura de la desaparición. Se construyó así el consenso social necesario para dar status propio a la desaparición: los desaparecidos existían como tales; las pancartas, las fotos en las calles, las siluetas, dan cuenta de un referente construido socialmente que sostiene las representaciones subjetivas; una representación social en la cual se apoya el psiquismo para aceptar ese status específico dado por la desaparición.

La demanda de justicia, que garantice la existencia del orden simbólico, y más aún, la inscripción de la demanda de justicia en el movimiento social en su conjunto, constituyen un aspecto interno a la subjetividad en la superación del trauma vivido.

Por otra parte, el grupo que se constituye en función de respuesta social cumple una función que podemos definir como protésica y proteica. Protésica en el sentido que el grupo sirve de apoyo al psiquismo en riesgo de desestructuración. Esta función de apoyo ha sido descrita también por Bettelheim. Cuando se habla en un grupo de espíritu de cuerpo, de cuerpo grupal, de miembros de un grupo, esto está vinculado a un aspecto que en los momentos de crisis, de emergencia, es fundamental para la preservación del psiquismo. El sujeto no está solo, aislado, roto, prisionero de sus fantasías más catastróficas, hay un cuerpo grupal (sustituto de las primeras figuras protectoras) que lo sostiene, lo reconoce como parte de sí, funciona como marco de apoyatura de una identidad, otorga y asegura pertenencia frente a la indefen­sión.

Además, la participación en estos grupos tuvo una función proteica, en un sentido metafórico, por aquellas transformaciones que podemos definir como de enriquecimiento yoico, operadas en quienes participaron en ellos.

Notas

(1) Laplanche, J.; Pontalis, J.-B., Diccionario de psicoanálisis, Empresa Editora Nacional Quimantu Limitada, lera, edición, Santiago de Chile, 1972.

(2) Laplanche, J.; Pontalis. J.-B., Diccionario de psicoanálisis, páginas 467 a 471.

(3) Kaplan, H.; Sadock, B., Psiquiatría clínica, página 3, Editorial Médica Hispanoamericana, Madrid, año 1990.

(4) Kaplan, H.; Sadock, B. op. cit. página 72, tabla 8.

(5) Laplanche, J.; Pontalis; op. cit, páginas 467 a 471, 1972.

(6) Freud, S. “Introducción al simposio sobre las neurosis de guerra” en Obras completas, Biblioteca Nueva, 4ta. Edición, Madrid, 1981.

(7) Freud, S., -Inhibición, síntoma y angustia”, op. cit.

(8) En una investigación realizada por los doctores Lía Ricón, Julia Braun, Diana Kordon, Lucila Edelman y Darío Lagos, cuantí y cualitativa, sobre cincuenta casos de familiares de desaparecidos hemos comprobado un grado mayor de mortalidad en los padres hombres de desaparecidos en relación al grupo testigo. Por el contrario, no se encontró diferencia en mortalidad entre madres de desaparecidos y grupo testigo. Esta investigación fue de carácter estadístico, no habitual en nuestra metodología. Su realización tuvo enormes obstáculos económicos, sociales y políticos. Una dificultad significativa fue no tener la certidumbre estadística con respecto al número total de desaparecidos, ya que si bien hay aproximadamente unos 9.000 casos denunciados ante la CONADEP, todos conocemos familias que no se animaron a mencionar el hecho. Los organismos de Derechos Humanos consideran que son unas 30.000 las personas desaparecidas. Se calcula que sólo uno de cada tres casos fue denunciado. También fue difícil acceder al listado actualizado de domicilios de los familiares de los desaparecidos.

En el tema de la mortalidad se tomó como referencia los datos del registro municipal de fallecimientos, teniendo en cuenta el sexo y el grupo etario. No se tomaron vecinos como grupo control, por la desconfianza de la gente a ser interrogada por desconocidos en relación a este tema, y a la falta de hábito para este tipo de investigaciones en nuestro medio.

Nos preocupó especialmente que las entrevistas tuvieran no sólo un propósito de investigación, sino también de reparación y que fueran por lo tanto adecuadamente continentes.

La investigación sobre mortalidad confirmó nuestra apreciación clínica, arrojando los siguientes resultados:

La mortalidad global del grupo de control da casi un 15 %. En el grupo estudiado la mortalidad global es casi del 35 %. El intervalo de confianza va entre el 23 y el 43 %. Si tomamos en cuenta que el límite Inferior del intervalo de confianza es del 23 %, habría una diferencia del 9 % con el grupo control, lo cual de por sí ya es altamente significativo.

En todo el período entre la desaparición y la realización de la encuesta, la mortalidad de las madres es 1 % menor que la del grupo control (datos catastrales de la Municipalidad de Buenos Aires). Ese 1 % no es significativo porque está dentro del intervalo de confianza.

Si tenemos en cuenta que prácticamente no hay variaciones entre el grupo de madres muertas y el grupo control, la diferencia está dada por el significativo aumento de mortalidad en los padres: supera el 55 %, siendo en el grupo control del 15 %.

Causas de muerte de los padres en este periodo: 50 % de cáncer, 30 % de infarto. ACV 15 %, accidente respiratorio 5 %, accidente 0%.

En las mujeres: cáncer 66,7 %, infarto 16,7 %, accidente 16.7 %.

Es significativa la muerte por cáncer.

(9) Kordon, D.: Edelman, L., “Efectos psicológicos de la represión política 1”, en Efectos psicológicos de la represión política, Ed. Sudamericana-Planeta, Buenos Aires: 1986.

(10) Freud, S.; “Duelo y melancolía”, en Obras completas.

(11) Estas campañas proponían modelos operacionales y conductuales a \os cuales las personas debían someterse. Su eficacia estaba dada por el monopolio absoluto de los medios masivos de comunicación y por el terror imperante. Para más información remitirse a los artículos: “Observaciones sobre los efectos psicopatológicos del silenciamiento social respecto de la existencia de desaparecidos* y “Efectos psicológicos de la represión política I” en Efectos psicológicos de la represión política de Diana Kordon y Lucila Edelman.

MUJERES Y PRISION POLITICA

PASAJEROS DEL TREN ELQUINO

Federico no hacía gimnasia. «Me quiebro con mucha facilidad». Así se disculpaba ante nuestros profesores del Liceo de Hombres de La Serena. «Tengo una deficiencia ósea y con cualquier caída me luxo o me quiebro». Y le creían porque parecía que su excusa era verdadera, aunque no por eso a él se le viera enfermo o triste. Al contrario, contento se le podía ver mientras leía al borde de la cancha u observaba cómo el resto nos esforzábamos por encestar en el marcador de los campeones.

Así era Federico, y qué leía: Por quién doblan las campanas, Bestiario, Crítica a la razón pura, El manifiesto, La rebelión de las masas. Vaya las lecturas de Federico que hablaba pausado y con quien, intercambiándolos libros, nos contagiamos del deseo de cambiar el mundo. Y así, elegidos delegados por La Serena, partimos juntos al congreso de la Federación de Estudiantes Laicos de 1966 al Tabo. Maravilloso el congreso. Había sólo gente brillante, cuánta claridad. No puedo asegurar que yo haya estado a la altura, pero Federico sí lo estaba, no cabía duda; por ese tiempo es cuando yo lo empiezo a reconocer como mi maestro.

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Y pasamos muchas otras aventuras juntos. Nos fuimos un jueves con viernes feriado en el tren Elquino a la casa de sus padres, en Vicuña. Ese tren se convertía los fines de semana en una verdadera fiesta en que cientos de muchachas y muchachos del Valle que estudiaban en La Serena, bailaban y cantaban y, la vez de la que hablo, ese tren que avanzaba paciente, fue testigo de cómo dos liceanos de quinto o de sexto, se enamoraron de dos liceanas de tercero o de cuarto y las besaron en el entre carro sin que les importara el frío y la furia del viento, ni tampoco las miradas de los pasajeros mayores, quienes, más que censurarnos, nos observaban con la expresión de los que envidian a los enamorados.

 

En su casa me presentó a su hermano que sí hacía gimnasia, que sí jugaba al básketbol y, para nuestra condenación de intelectuales que considerábamos al músculo de tercera importancia, llevaba en los brazos muñequeras de cuero negro y se jactaba de las flexiones que era capaz de hacer en un barrón que había instalado al fondo del patio. Intelectuales y físico culturistas, vaya hermanos disparejos, me dije. Su madre, mientras tanto, matrona, nos invitó a asistir a una cesárea, una experiencia espantosa tras la cual, Federico y yo desistimos de nuestras expectativas para llegar a convertirnos en médicos, algo que ambos habíamos considerado como una posibilidad para el futuro.

 

Y no sé qué fue de esas muchachas de faldas breves que amamos en el tren Elquino, pero sí sé, que tanto Federico como yo vencimos a la represión del setenta y tres, a la del setenta y cuatro, y a la del setenta y cinco, y nos encontramos mucho después, en paradoja, frente a La Moneda. Fue cuando supe que él ya era padre y que su oficio era el de maestro, y más específico, el de profesor de Química. Además, supe que conservaba sus convicciones y continuaba resistiendo. Yo le hice saber por mi parte, que seguía también igual porque en eso no podría haber cambios: a la dictadura había que derrotarla y no se podía esperar a que muriera por sí sola. Nos abrazamos despidiéndonos, pero no pasaron seis meses o quizá ocho o diez; el caso fue que lo atraparon y lo castigaron duro y lo pasaron a la CNI donde le siguieron pegando hasta que vieron que se les moría. Fue entonces cuando lo llevaron a la posta central, quizá sólo para que muriera en un lugar fuera de sus porquerizas donde a ellos no los comprometiera.

Y así ocurrió: pocas horas después partió Federico Álvarez que no hacía gimnasia, que leía a Marx, a Kant, a Cortázar, que fue iniciado en los clanes, que amaba muchachas en el tren Elquino. Nos encontramos con su hermano en avenida La Paz el día de su entierro, al ataúd de Federico las floristas lo habían tapizado de pétalos. Nos abrazamos y lloramos —el hermano de Federico llevaba todavía sus muñequeras de culturista físico—. «Lo quebraron por completo », me contó sollozando, «mi hermano tenía una deficiencia en los huesos, prácticamente lo molieron por dentro».

 

Sucedió sin embargo un hecho milagroso: unas bestias, en su afán de que acabara pronto ese sepelio que los avergonzaba —aún en las manadas de hienas se manejan códigos de honor—, nos arrebataron la urna y se la llevaron a empujones. A pesar de eso, créanme que nadie vio que un pétalo cayera del ataúd de Federico o siquiera se moviera del lugar donde las floristas lo habían puesto, y eso, considerando el zamarreo y los golpes y toda esa brutalidad desatada. Hablo de un milagro para Federico Álvarez Santibáñez, maestro de piedra pulida que hoy decora el oriente eterno. Quizá en homenaje a Federico Álvarez Santibáñez, el tren Elquino, el que marchaba por su valle, al poco tiempo dejó de pasar.

 

MARTÍN FAUNES AMIGO

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Oye,Carlos, el 30 es tu cumpleaños…

Te gané por 4 meses en llegar a esta etapa en que de repente el cuerpo te grita “estás re vieja,para la mano,que cuarenta años de andar de militante por la vida, con dedicación exclusiva,te pasa la cuenta”…

 

Por fin tuve en mis manos “El Labrador de Futuro”, y ahí estabas,viejo.

Hace ya un rato largo que no nos reuníamos en la calle Londres, en ese boliche de los comunistas con comida barata o en el café al que me citabas , aún cuando entendernos era fregado,por tu ronquera-afonía,que siempre decías te ibas a operar. Yo, claro, arrogante rozando la estupidez,te reprochaba.

Te cuento que de los compadres / comadres que llegamos al mundo meses después del fin de la segunda guerra mundial, quedamos re pocos.

El Miguel,el Bauchi,el Luciano,el Guti, el Viejo Lucho, El Edmundo Lebrecht,el Jaime Oettinger, el Sambo, y muchas comadres que me duele nombrar,entre ellas la Laurita Moya, la tía de la Lumi, que trabajó hasta la última hora , ya sabemos se fueron de a poco y desordenadamente, a saltos históricos. Borro un nombre que pervirtió nuestra memoria y nuestra identidad: Martín Hernández- que se fue impune, dejando tras de sí niños abusados y un shock colectivo de dolor entre nuestra generación.

Pero quedamos bastantes,por acá y por allá. Acharquicaneados *1, en la pobla, en las universidades, en Ayun,en las redes sociales que nos han regalado encuentros, algunos en las calles (los que aún son sostenidos por sus rodillas artrosicas) y sobre todo, en la Memoria Vigente…

Me reí tanto con tu Manual Para Derrotados * que voy a recordar los mejores  comentarios, ácidos,irónicos y pícaros que como tu mismo,son un compendio de verdades..

.

En ese manual, escrito algún día en algún lugar ,por un tenaz luchador popular que busca levantar el ancla de la tristeza, y alejarse del horror que inventaron los generales y que condujeron a este paisito a la gran derrota”, como te definiste,estamos todos,compadre…

“Como sabemos,la derrota es una mierda (…) la derrota es diferente para cada cual,tiene su propio ADN”.

 

Dices: Cuando consulté por los materiales que podría utilizar para construir este manual,empezaron los problemas. La denuncia estaba permitida,pero cuando consulté por el uso del buen humor y la ironía, me miraron como si faltara el respeto a todas las vírgenes del mundo, y entonces me quedé paralizado”

 

Cómo te entiendo,Beato,viejo Claudio cazurro chillanejo campesino. Tu siempre has sabido cómo nos une esa falta de respeto por los ritos y rituales, y la felicidad permanente,a pesar de…

Sonreí con ternura de vieja abuela que viene de vuelta al leer tu Análisis del  Comportamiento de los derrotados, y con carcajadas culpables reconocí a tanto viejos y menos viejos de nuestro piño y de piños amigos, y sobre todo, cuando me encontré yo misma ahí:

“El o la derrotada,tienen sus ritos, sus estéticas,sus mitos y hasta sus doctrinas; cada derrotado tiene tiene su propio ADN, es decir, la marca de encarar,explicar o vivir su derrota”…”cada cual ha tenido una cantidad apreciable de identidades que configuran su memoria, desde extremista peligroso huye armado,pasando por PP (Preso Político),exiliado,retornado,ex militante,etc”.

A este “etc”, que es tan enorme,es de justicia incluir a los exonerados,los clandestinos,los fugados y entrañados ,las viudas y viudos,los hermanos,sobrinos,tíos y por sobre todo, a los hijos e hijas de…a quienes transmitimos la derrota y nuestras formas de encararla.

Cuando hablas del cajón caótico de los recuerdos cuidadosamente guardados, de nuestras fechas comunes: el 11 de septiembre,el 5 de octubre,el 8 de octubre,  de los meta lenguajes,de la acumulación de historias orales clasificadas y archivadas,de la estética común ( “nada o poco maquillaje en las mujeres,la derrota no usa corbata,suele tener bigote o barba,viste un second hand…”) es imposible no reconocerse,reconocernos…

Pero tras esta sarta de verdades , señalas otras maravillosas verdades,que son carne entre nosotros: “Los derrotados y las derrotadas tienen una misión histórica que cumplen modestamente.Ellos son parte esencial de la memoria colectiva,son los que saben reconstruir hombres,rostros,huellas de los desaparecidos,de las víctimas de esos tiempos (…) tienen mucha historia,pero la historia los desconoce (…) en medio de la derrota,estos puñados de mujeres y hombres pelean por la verdad,sin pausa han venido perforando las fronteras de la impunidad (…) cada día entendemos mejor que nuestra última batalla será por la re fundación de nuestro país,como comunidad histórica,moral e institucional. (…) No hay duda que de los derrotados será el Reino “.

 

Así,compadre, entre sonrisas,carcajadas,un poco de nostalgia y un mucho de gratitud, me encontré nuevamente contigo ayer. Y el dolor y la muerte que ronda mi hogar se hicieron por un momento leves.

El jueves me arranqué al ARCIS,porque no fui capaz de esperar en la sala de espera el resultado de esta segunda operación a la Carola, mi hija, y allá estaban todos- o casi todos- contentos,porque el lanzamiento del libro del Peter Rose (Pedro Rosas Aravena) fue un éxito. Qué lindos los cabros!…Me encontré con la gringa, tu compañera, siempre en la pelea. Con el Pilo,la Bea,la Lucía, y recibí los más fraternales abrazos, y puchas! que los necesitaba.

Otro día

Como estoy poniendo al día las noticias nuestras, te cuento Viejo, que se me fue la Carola, muy resentida, muy enojada, sin que nos fuera posible romper el silencio tóxico instalado entre nosotras…Cómo me hiciste falta,compadre!

Una noticia hermosa que comparto contigo es que en este espacio mágico que estamos colonizando, este nuevo continente a explorar un poco a tientas, por puro azar encontré a una compañera de esas que por ahí decimos “histórica”, de aquellas que vieron los días primeros del irrumpir de una nueva forma de enfrentar nuestra realidad golpeada, de aquellos días en que allá en Concepción , los ahora “históricos fundadores!” lanzaban un grito armado que cambió nuestro país.

Conocí a Marta Zabaleta, argentina, y ya no podré preguntarte si la conociste, si la viste trabajar con las mujeres, si compartiste celda con ella , si coexistieron en los laberintos del exilio, si fuiste amigo de sus amigos, del Traful que estoy conociendo a través de sus palabras.*2

Tengo que contarte,compadre, que en estos días da miedo abrir los correos electrónicos, porque cada semana nos trae noticias de una muerte anunciada, de una situación extrema de pobreza y enfermedad e algún compañero o compañera e incluso de algunos de nuestros hijos.  Antes nos mataban los milicos, y ahora el cáncer se ha hecho verbo entre nosotros. Ya sabes, tanta tortura, prisión, exilio y luchas parece habernos bajado las defensas..

Tengo que pedirte excusas,Viejo lindo, porque no he logrado aún cumplirte lo prometido. El trabajo que me pediste acerca del exilio y el retorno, de la influencia en lo contingente que habían tenido aquellos que vivieron una cultura diferente- creo que así canta un argentino- y retornaron con nuevas ideas que por cierto, te lo digo, modificaron de raíz nuestra historia, se me ha hecho difícil. Me fui un poco por las ramas ya que en el curso de esa investigación me encontré con una realidad que me hizo mayor sentido, me saltó o asalto un campo desconocido y doloroso , un segmento de nuestra realidad hasta entonces no visibilizado;nuestros hijos e hijas. Y los hijos e hijas de ellos.

Y así me he pasado esto  años largos, y tu no  estabas para animarme, para decirme ” vamos Goñi”, y he recorrido un poco sola – un poco desorientada a menudo, y envejeciendo, esta tarea que sé habrías aprobado entusiasta.

También debo contarte que por el camino he ampliado mi reducto de aquellos a quienes puedo nombrar como “mi gente”, y ahora son parte de éste hombres y mujeres de todas las generaciones y matrices políticas y culturas como dirías tú irónico. Y ha sido bueno. Ha sido enriquecedor y siento que estarías orgulloso de mí.

Esta tarde llueve de abajo para arriba, hace frío y me siento un poco en Chillan, tu ciudad, en invierno, conversando contigo. Ha sido  bueno encontrarte otra vez. Como siempre. Hasta siempre.

Gracias,compadre. Y feliz cumpleaños.

PS.-* “MEMORIAS DE UN LABRADOR DE FUTURO.Carlos Liberona,el amor y la lucha”

Lucía Sepúlveda Ruiz,noviembre 2010

Editorial AYUN.

*1 Red Charquican, lista de correos de los miristas, ex miristas y amigos de los miristas.

*2 

Carlos , Adriana y Tito,2006 100 Años Santa María de Iquique.Carlos , Adriana y Tito,2006 100 Años Santa María de Iquique.

Acerca de la Memoria: voces revolucionarias del Sur

Acerca de la Memoria: voces revolucionarias del Sur

Acerca de la Memoria: voces revolucionarias del Sur

Se postula que los textos de mujeres sobrevivientes del terrorismo de estado que se presentan a modo de ejemplo, constituyen soportes importantes del proceso de reconstrucción de la memoria social del Cono Sur, al tiempo que su producción ayuda a sus narradoras a superar síndromes postraumáticos, y les otorgan la sensación de pertenecer a una nueva comunidad, etapa esta imprescindible en la recuperación de sus identidades desgarradas. La variedad de las formas estilísticas utilizadas cuestiona la esencia misma del canon literario y escapa a la lentitud de la crítica.La segunda parte ofrece un ejemplo concreto de este tipo de escritura, en el afán de reafirmar la necesidad de desechar la rigidez de la escritura científica tradicional firmemente centrada en el Hombre y adaptada a sus necesidades y dominación social genérica. Con dicho acto de transgresión se invita a repensar las diferencias entre lo así llamado escritura femenina, escritos feministas y textos de mujeres, etc., abogando por el respeto básico a las diferencias inmanentes a cada ser humano, que trascienden la pobreza implícita en aquellas propuestas teóricas que tratan de adaptar la interpretación de una realidad muy cambiante a marcos y normas teóricas preestablecidos, y que las más de las veces funcionan obscureciendo o paralizando la creación científica y /o la crítica literaria de las mujeres que escriben en cuanto mujeres.

Palabras claves: feminismo; machismo; tortura; dictadura; trauma; exilio

‘Esto pertenece a una zona muy profunda de la identidad, a una zona que no se puede discernir puesto que es más profunda que cualquier identificación sentimental. ¿Qué persona revolucionaria – en arte, política, religión, o en otra cosa – no ha experimentado aquel momento extremo en que él o ella no era nada más que una bestia, en que se sentía responsable, no por las crías que murieron, sino ya antes de que las crías murieran? ‘ Gilles Deleuze, 1981

Escritos de mujeres

Un fenómeno sacude al mundo, aunque no revolucione al mercado ni conmueva a la crítica: la escritura de mujeres en cuanto mujeres. Y las latinoamericanas, lejos de quedar excluidas de esta tendencia que esperamos se prolongue y expanda, han contribuido a ella decididamente. En efecto, un número cada vez más importante de mujeres ha publicado durante las dos o tres últimas décadas novelas, poemas, ensayos, obras de teatro y narrativas testimoniales, (Judy Maloof: 2000), y con ello se habría creado un cuerpo literario importante, que está lejos de ser homogéneo, dado que en su interior- en su opinión- contrastan estilos altamente estéticos, ‘metaficcionales’, y de prosa hermética como serían por ejemplo los de Diamela Eltit y Julieta Campos, con otros mucho más accesibles. Tal vez por eso, valdría la pena formular, es que sólo un pequeño grupo de estas autoras ha logrado premios importantes y fama internacional. ¿O será en cambio que lo que ocurre es, como dice Jean Franco (Franco, 1992: 73), que esta nueva apertura del mercado literario se debe a la proliferación de los estudios sobre la mujer (¿adónde, en el Primer Mundo?, valdría la pena que hubiera especificado), y a la incorporación de mujeres escritoras del Tercer Mundo en el currículo lo que repentinamente ha provisto a estas con esa masa de lectores internacionales que los escritores del ‘boom’ ya han gozado desde hace bastante tiempo? 2

Sea verdad lo uno o lo otro, o una combinación de ambos, cabría sin embargo preguntarse por qué es que existe todavía toda una serie de escritos de mujeres que no sólo no han sido en su mayoría todavía estudiados sistemáticamente por la crítica literaria feminista – ni por ninguna otra tampoco para ese efecto, que yo lo sepa -, sino que además en su mayoría no han sido tampoco incorporados a los programas de Literatura Comparada ni a las cursos de Estudios sobre las mujeres y /o de género, ni a los de Historia de América Latina, no ciertamente aquí en el Reino Unido.

No obstante lo anterior, es precisamente por la importancia implícita que creo que revisten para el proceso de construcción de la memoria social este conjunto todavía ‘segregado’ de ciertos textos producidos por mujeres, que han sido objeto de este artículo, al que para ese efecto se ha dividido en dos partes. La primera, estará destinada a presentarlos y a tratar de explicar por qué considero que estos textos contienen la materia prima esencial de que puede nutrirse la memoria social. Son estos escritos producidos por víctimas directas del reciente terrorismo de estado en el Cono Sur de América Latina, fuentes primarias que contribuyen a la reconstrucción de la memoria fragmentada por el trauma, a la cristalización de un cierto sentido aunque todavía larvado de pertenencia a una comunidad, etapa esta última que es importante para la recuperación de las identidades desgarradas. En la segunda parte, se ofrece un (auto) ejemplo de recopilación y uso que hacemos las mujeres de las memorias traumáticas, más vale con el afán de hacer a las lectoras y lectores testigos y cómplices de un estilo expositivo ‘no académico’ que trata de apelar a sus valores éticos en cuanto personas, más que a alcanzar la tradicional formalidad heredada en materia de metodología de las Ciencias Sociales, aquella que tiene tan férreamente por centro al Hombre, tal cual como con reiterada insistencia lo reiterara hasta un hombre, el filósofo Foucault.

Los escritos en cuestión

Cabe antes de empezar agregar que los textos que nos ocupan son escritos que tienen en común algo más que el mero hecho de haber sido escritos por mujeres y ser por tanto y por definición, casi siempre marginados o periféricos. Pues además han sido producidos por personas que carecían de antecedentes literarios publicados, pero que en cambio han sido casi todas militantes o simpatizantes de movimientos o partidos de la izquierda revolucionaria, aquella surgida como sub producto de la guerra en Vietman, vertebrada y /o fuertemente influenciada por el pensamiento y la práctica universalista del socialista argentino Ernesto Guevara, el Che.

Variados en sus formatos y estilos, los textos producidos toman la forma de tesis de doctorado y maestría, pasando por novelas y obras de teatro, poemas, ensayos, argumentos de documentales y llegan hasta diarios íntimos, cartas, memorias, todos los cuales actúan -en mi opinión -como verdaderos soportes para garantir la sobre vivencia material y / o emocional de quien escribe luego de recobrar la libertad. Si dejamos de lado por ahora por razones de espacio a aquellos escritos científicos que se deben ajustar- en verdaderos partos con fórceps y sin anestesia local- a los requerimientos de las tesis de doctorado universitario y /o a los libros que las ‘popularizan’, arribamos a aquellos que sirven para expresarse más libremente. ‘Emocionalmente’. Es que en estos textos se va pasando del rol de autora al de narradora. Como toda transición es este un proceso conflictivo, quebradizo y muchas veces, impulsivo y doloroso. Pero al final necesario en su inevitabilidad histórica..

Esto es así porque nuestros escritos cumplen una verdadera función terapéutica, en la medida en que nos permiten rehacer y volver a vivenciar eventos y emociones del pasado y con ello ayudar con la reactivación de la memoria de nuestra historia personal y colectiva, a la rearticulación de los distintos elementos del trauma que queremos superar.

Es decir, que se estaría en presencia de una especie de auto curación a través del hablar, y /o del escribir, en el forzarse a pensar para sí y en sí, y si es posible (d)escribir ese dolor. Pero con eso solo, claro está – y como ocurriría con cualquier otra técnica terapéutica – no se concluye el proceso de recuperación. Es decir, que se necesita también de alguien que nos escuche y / o que nos lea. O sea, que es preciso tener, como en el psicoanálisis, por ejemplo, una interlocutora o un interlocutor válida /o. No tanto para efectuar la trasferencia sino más vale para reflejarse integrándose en el otro, o la otra. Para tratar de adquirir conciencia de una misma en ese salirse de sí misma, de ese pozo casi inagotable de desconfianza del prójimo, salirse digo con pasos de libélula de la identidad destrozada y rehacerla con la coherencia que exige quien nos escucha al leernos, pero que al mismo tiempo prefabrica nuestra nueva identidad con la identificación fragmentaria de aspectos de la suya. He ahí el centro de nuestro universo, desde ese ‘allí’ desde donde volamos por fin liberadas, como mariposas que mimetizan su ancianidad en el reencuentro con la nueva existencia. En la que, en mi caso, seré para siempre joven, inmadura y tan dispuesta al cambio, porque ya por mi edad cronológica me acerco cada vez más a la memoria de mi infancia en Argentina.

De ese modo, es posible volver a ser, sentirnos lo nuevo que somos en lo viejo, sin despojarnos por ello de nuestro papel protagónico en lo que hicimos. Volver a ser, a pesar de todo lo que nos hicieron, en suma, pero sin por ello dejar de ser lo que fuimos. Este escribir nuestro es también nos retorno a aquellas primeras lecturas que nos proveyeron raíces multiculturales en la adolescencia, y nos constituyeron como sujetos pensantes e independientes.

Es apresar este mundo que parece ser cada día menos nuestro. En mi caso, entonces, es regresar a la escritura existencialista a la Beavour, feminista a la Wolf, de viaje a la Tristán, y con ello retornar mas atrás, adentrándonos en la psiquis de nuestra madre a quien cargamos a cuesta en el brutal momento de su muerte para hacerla volver: posEvitiana, posGardeliana, posJuana de Ibarburu, más Mistral, o una Storni. Más yo a la posPizarnik, y ciertamente, posCarlos Marx. Rosa Luxemburgo y Paulo Freire, pero hija siempre. Y a la memoria más pareja de nuestro padre, muerto en ausencia mía y con el gran vacío dejado por mi exilio durante la última dictadura militar de Argentina (1976-1984. O sea, que mi canto es por supuesto el suyo, el de Martín Fierro y Una excursión a las Indios Ranqueles, el de la Desilusión de un Sacerdote y el desprecio a El hombre mediocre, a lo José Ingenieros y a lo Lisandro de la Torre, como nuestro ritmo es su tango, la milonga, su chacarera, el malambo, la zamba, todo lo que nos enseñara a bailar cuando teníamos cuatro o cinco años. Las marchas de los circos de pueblo alrededor de la plaza, el olor de la alfalfa cortada, el girar de los girasoles marcando el paso del radioteatro de la hora de la siesta y yo conversando con las iguanas, alimentada por mis niñeras, que me llenaban la panza con mate amargo y los días de fiesta mi padre de nuevo con asado con cuero. Y mis perros y mi caballo, y las nutrias salvajes y los miles de vacas, muchas vacas con sus toros puestos y luego sus crías y los caranchos y las liebres y los zorrinos y las víboras yarará y los bagres sapo y los escorpiones, las vinchucas, los teros, tornasoles de un sol que se quedaba dormido sobre las vías del tren que regresaba de la gran ciudad, Rosario, en un atardecer de verano caminado. Y pan para la mano hambrienta, vino y agua para el sediento, derechos igualitarios para las mujeres y hombres de trabajo de la ciudad y el campo… Y volver, volver, volver, que sesenta años no es nada, que febril la memoria os guarda y os nombra. Volver a casa. Por fin, volver.

Es que siendo nosotras todos frutos de determinados discursos históricamente determinados, y muchas veces objetos y casi nunca sujetos de prácticas discursivas debido al carácter autoritario de (casi) todas las ideologías políticas imperantes, nos reconstruimos a conciencia o no, pero a partir de nuestros escritos, como hacedoras de nuestra nueva práctica discursiva a la que nos habilita la memoria y las responsabilidades emanadas de nuestra situación de mujeres y condición de ex revolucionarias. Y esto es en sí mismo una función que algunas como feministas antiguas nos hemos propuesto realizar; o sea, auto evaluar y asumir nuestro nuevo rol social. Roles sociales que son tan variados y numerosos como casos hay de mujeres u hombres sobrevivientes que viven / escriben basándose en su traumático pasado. Nos cabe a algunas en cuanto mujeres, actuar reactuando nuestro pasado a través de nuestra propia experiencia de científicas y hacerlo en el seno de asociaciones nacionales, regionales e internacionales en las que interactuamos para ampliar el poder de nuestro discurso (Zabaleta: 2000) por decisión colectiva,3 pero esencialmente preservando y ampliando a todas las áreas de nuestro diario vivir nuestra total independencia, única garantía real del ejercicio prístino de la libertad – aun condicionada como está por las limitaciones implícitas del modo de producción dominante.
De las narradoras y sus estilos ¿ un nuevo género o necesidad de un nuevo canon?

Así entonces, estoy de acuerdo con otras autoras en cuanto creo que debemos referirnos a esta nueva forma de escribir como si fuera un nuevo estilo, literario o no, en un sentido amplio, pues se trata como se he dicho, de textos con formas confesionales, de diarios, auto ficciones, autobiografía, o lo que fuese; pero todas modalidades, en suma, de escritura básicamente para sí, en que la autora procura dar a su narrativa la forma pública de un testimonio y al mismo tiempo comprenderse en su propia auto revelación, para establecerse frente al mundo y en el mundo con un nuevo sentido de agencia, y al hacerlo ayudarse a desenterrar, y forzarse a desmadejar un ovillo de temas que le interesan a ella misma ‘qua woman’, por cuanto implican valorizar su subjetividad como hembra. Estoy de acuerdo, por tanto, con los hallazgos pioneros de Suzette A. Henke en materia de lectura de escritos de mujeres. Y ellos me han estimulado a construir mi propia interpretación que aquí brindo. Al hacerlo no sólo me inmerso en la cuna proporcionada por mis congéneres desde los años ochenta en adelante, sino que como tantas otras me convierto en una narradora más, remo a la proa en busca de un nuevo paraíso en donde no aspiro a compartir manzanas mágicas con ningún hombre desnudo sino más bien con mi conciencia. Es decir, creo con Suzette (Henke: 2000) que procuramos reinscribir nuestro derecho al deseo femenino en el marco de los textos prescriptos por la cultura patriarcal tradicional.

En un punto, al celebrar nuestra propia manera de decir y nuestra propia manera de experimentarnos en cuanto frutas maduradas que somos en sociedades muy machistas, me permito disentir con Henke. O dicho de otro modo, vía la antivalidación de parte de una propuesta suya de la cual de todas maneras en términos generales como he dicho partí, para ofrecer las ideas abigarradas en este artículo como en chaleco de fuerza. Yo creo que este artículo me ha servido como plataforma de algo que me parece que es igual en lo diferente. Me explico. Henke afirma haber dejado a propósito afuera de su fascinante estudio acerca del valor terapéutico de la escritura de vida de las mujeres que sufren de síndromes postraumáticos, la experiencia de las víctimas del holocausto por tratarse, nos dice, de ejemplos provenientes de un contexto histórico muy especifico. Pues bien: en lo que sigo yo me propongo en cambio, aunque ciertamente con la debida cautela, dar un anticipo de una investigación más amplia, en la que me oriento a tratar de demostrar que al mostrarnos a nosotras mismas como víctimas del terrorismo estatal, estamos de alguna manera tratando de decir (nos) que esas nuestras experiencias traumáticas producto de ese tipo de terrorismo, el de estado, tienen efectos similares y ocasionan sin duda síndromes post traumáticos casi idénticos a los que ella, Henke, describe en las autoras que analiza, que son mujeres narradoras que han sido víctimas de incesto, violación, etc, tales como Collette, Anais Nain, por ejemplo. O sea, de formas habituales del terrorismo doméstico.4

Pero nosotras a diferencia de sus autoras, no necesariamente somos escritoras de ficción. Pero sí escribimos como mujeres ex revolucionarias víctimas de prácticas extremas y diversificadas por género, raza y sexualidad, de los aparatos represivos del estado en que se apoyaran las corporaciones multinacionales para expandir la acumulación de capital en los países de la periferia en la etapa salvaje del capitalismo industrial, financiándose con la extracción de la deuda privada y pública con que ahora sufren las debilitadas economías nacionales de nuestros países. Y sin duda que sufrimos de stress postraumático y que conciente o inconscientemente, queremos curarnos. He tomado esta línea interpretativa, que en esta oportunidad no aplicaré a los escritos de autoras ideológicamente más cercanas a la izquierda tradicional. La hubiera hecho extensiva a su obra y a la de hombres sobrevivientes que escriben sobre su vida, de haber podido tener acceso también a sus escritos, tarea que espero cumplir con posterioridad.5

Los textos, que habré solo de mencionar, han sido producidos, pues, solamente por mujeres que fueron brutalizadas por las últimas dictaduras del Cono Sur, y que lo fueron por haber sido militantes (o a veces sólo simpatizantes, y en un caso inclusive sólo pariente de una persona militante) de movimientos o partidos de la izquierda revolucionaria durante las dictaduras de Uruguay, Brasil, Chile y Argentina.

Desde la novela, la poesía, el ensayo, el hilo argumental de un documental, una obra de teatro, hasta el diario que apoya a memorias de estilo pseudo ficcional unas veces, o ’factional’ otras, pasando por cartas y emails, son éstos textos que funcionan como verdaderos mecanismos de sobre vivencia, a mi juicio, de manera similar a los escritos de vida de otras mujeres sobrevivientes de violencia doméstica o institucional analizados por Suzette A. Henke, como he dicho. Estamos entonces enfrentando ejercicios del derecho a volver a vivir, y por tanto ante escrituras que cumplen también con el rol de comunicarnos con la utopía. Y operan por ello también como manera de desafiar a la desesperanza y evitar a veces su forma más extrema, el suicidio.
A solas con el Trauma

¿Cómo recordamos nosotras nuestra experiencia?, eso es hablar de una cosa. Pero lo que qué dicen, o qué no se dice, acerca de nosotras, eso otra cosa. Pero concibo a la nuestra como una manera de militar en la vida como obreras que somos del futuro, y por eso a nuestro género / estilo le llamo la literatura de los pasos hablados. Y esto es así porque nuestras palabras son como pasos, y nuestras emociones se insinúan como si quisieran a veces ser como puentes desde la muerte a la vida, desde el odio al amor, desde el miedo al dolor, desde la culpa al renacer, nuestras palabras son ecos del pasado pero pretenden ser ladrillos de un futuro, son cemento de los castillos que ya habitamos pero en donde todavía cabe muy poco la explicitación del gozo de nuestros semejantes como deseo. Nuestro pasaje del grito a la sonrisa.y de allí al grito de placer.

Pero nosotras: ¿quiénes somos nosotras? ¿Cuántas somos? ¿Dónde estamos?¿Y por qué, y qué fuimos? ¿Y qué puesto tuvimos – o no tuvimos- en nuestras organizaciones políticas? ¿Y qué hacemos, y adónde estamos treinta o más años después? Y por qué todavía no escribimos nada cerca de nuestra sexualidad. Ni de la ajena. ¿Y no será por eso que no vendemos? ¿Quién (es), y/o por qué nos sigue(n) excluyendo? ¿ O no, no se nos excluye? Nosotras, ¿no seremos apenas las (no) excluidas, sino las incluidas que no estamos, aunque vivimos, como esos monstruos sin caras y esos cuerpos sin cabeza y esos gritos persistentes ese para no dormir silencio en medio de la noche que nos reclaman?

Y como ayer reclamábamos que se legitimara la lucha de clases para hacer posible nuestra emancipación y liberación para poder transformarnos en personas, hoy sabemos ya que la etapa de los 1960 y los 1970 debe quedar atrás. O sea, que perdimos batallas importantes en frentes tales como los de Guatemala, República Dominicana, en México, en Brasil, en Perú, en Bolivia, en El Salvador, en Chile, en Uruguay y en Argentina. Y aprendimos mucho de lo que pasó en Nicaragua, y en Paraguay. Y comprendimos de lo que le pasó a la Revolución en la Habana. Y qué en Colombia, ¿y en Venezuela? … Pero los pueblos siguen estando cargados de futuro. Uno que podría ser más justo. Para todas y todos. Por cierto lo seguimos deseando.

Un porcentaje de nosotras, especialmente en Brasil y Argentina, ya era feminista cuando militábamos en movimientos y partidos de izquierda hostiles, ignorantes y / o ciegos a la problemática específica de los géneros sociales y de las razas, feministas, y aunque estuviéramos muy alertas acerca de las experiencias internacionales tales como las de Rusia, China y Vietnam, adonde el proyecto revolucionario original al que tan definitivamente contribuyeron nuestras congéneres, no había redituado los cambios a los que aspirábamos, tampoco ‘de eso’se hablaba oficialmente en nuestras organizaciones. La inmensa mayoría de nuestras compañeras y compañeros consideraba a mis preocupaciones ‘cosas de mujeres’. No obstante eso, o por eso, el vacío nos condujo a buscar nuestras propias formas de organización y acción. Por ejemplo, en Chile apelamos a crear un grupo feminista con apoyo en las masas, al que llamamos Frente de Mujeres Revolucionarias del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria). Este se forjó en foros vespertinos en las cabinas y se extendió a la práctica extra mural universitaria de la Universidad de Concepción y zonas de nuestra influencia hasta mas allá de Temuco por el Sur y el valle de Chile Central por el Norte (durante las vacaciones de verano), y como ya me he referido someramente a lo que hacíamos entonces en cuanto mujeres militantes, a ello me remito( Zabaleta: 1997)

Claro está que las nuestras constituyen sistematizaciones fragmentadas, parciales, normalmente no publicadas por miedo, y me animaría a afirmar que también bastante sesgadas. Porque nuestra memoria es muy selectiva. Yo prefiero acordarme de lo que construimos, de lo que logramos, de la alegría que todo lo circundaba, cuando partíamos casi de la nada, moviéndonos entre el no ser y lo infinito. No había en Cuba ni en Argentina ni en Uruguay ni en Brasil, ni sabemos si en alguna otra parte, teoría marxista alguna que se pudiera aprovechar en todo o en parte para nuestro trabajo como mujeres concientes de la opresión de serlo; no había práctica a la cual valiera la pena imitar; como no había tampoco ni héroes ni heroínas que hubieran sabido combinar la teoría revolucionaria con los muchos conflictos ínter genéricos e intra genéricos que la prerrevolución ponía al rojo vivo, y ciertamente en Chile se vivía intensamente pero a ciegas en varias materias – no sólo en esta – durante el período en que gobernara la coalición de siete partidos/ movimientos de la izquierda (Unidad Popular, 1970-1973). No existía, en suma, sino por excepción, una búsqueda sistemática, sostenida, abierta y valiente de una comprensión nueva de la relación mujer-hombre, ni en la teoría ni en la práctica, ni siquiera en los espacios terapéuticos o confesionales, o sea, ni siquiera entre quienes se habían entrenado como terapeutas, sacerdotes o monjas, o visitadoras sociales, etc., que ayudara a aliviar el conflicto y resolverlo de nueva forma a nivel individual.

Ni del mero derecho al aborto por supuesto se hablaba casi, y cuando se lo hacía era en círculos universitarios muy reducidos, que yo sepa, y/ o en el costoso ámbito de la práctica comercial e ilegal, aunque los embarazos fueran secretos a voces que refirmaban el tradicional machismo de hombres y muchas mujeres de Chile. La práctica de interrupción forzada del embarazo no deseado alcanzaba – como el alcoholismo y la violencia doméstica de los que iban firmemente de la mano – proporciones endémicas. La práctica abortiva ilegal ya había sido denunciada con carácter dramático por cineastas mujeres mexicanas del Cine Nuevo, pero no se filtraba en las plataformas políticas de Chile, ni mucho en ninguna parte, salvo en Cuba, aunque fuera la práctica anticonceptiva mejor conocida y tal vez más usada por las mujeres más pobres entre los pobres de la ciudad y el campo. Si un dirigente obrero de una mina de carbón, digamos, le pegaba a su mujer de manera reiterada porque era alcohólico y machista, en el partido eso se callaba, pues eso era ‘cosa de hombres’, se me repetía..

Tampoco se hablaba sino que para ironizar y usando vocablos del más vulgar estereotipo, o ‘en chiste’de un pésimo mal gusto, del lesbianismo y de la homosexualidad o cualquier otra conducta genérica en materia sexual que difiriera de la heterosexual, así como tampoco se discutían en grupo los actos de acoso y abuso sexual y / o racista frecuentes en nuestras propias filas, aunque los libros de Fanon traducidos al castellano fueran parte de nuestro ABC político-cultural y la editorial del estado Quimantú hubiera producido un pequeño libro adonde se mencionaba el número de violaciones sufridas en un año en Chile, que creo que habían sido en 1973 alrededor de 400.6 Una voz en el desierto. Se necesitaba una revolución orientada por el partido del bloque histórico obrero-campesino para que cambiara automáticamente la posición de la mujer en la sociedad capitalista, se nos había explicado, desde Trotsky y Lenin pasando por Engels y repetido en adelante a secas.

Pero el milagro no se alcanzó a producir, ni en Chile ni en ninguna parte. No se denunciaban las violaciones ni el adulterio practicado por compañeros / as del partido, porque regía como sabemos, una moral sospechosamente conocida. La de los dobles estándares. Podría estar dando la impresión, a quién piensa hoy en términos de raza, de género y de sexualidad, que la izquierda de nuestro entonces era aburguesada ¿Y no sería bastante cierto? Las prácticas sociales aludidas bajo el modelo económico neoliberal con predominio de capitales corporativos multinacionales han acentuado después aun más todavía las lacras sociales aludidas en todos los países de América Latina, en donde y por si fuera poco, sigue además creciendo el ataque del SIDA.

Por eso nuestra lucha continúa

Porque para quienes asumimos la lucha de clases en cuanto mujeres, con una concepción marxista de la marcha de la historia, y con una perspectiva feminista para comprender nuestra discriminada posición a través de los siglos y de las ideologías, ayer como hoy, para hacer nuestra historia no tenemos modelos ni roles, no tenemos más que la voluntad de avanzar luchando. Haciendo puente al andar.

Y esa lucha sabemos ahora que continuará tal vez por siglos. Pues están muy lejos, lejísimo, las metas estratégicas que nos propusimos alcanzar. Pero mientras otras y otros crecientemente nos toman a las mujeres latinoamericanas como objeto de sus investigaciones desde 1970 en más, tanto en las Américas como en Europa, en cada nueva década surgimos no obstante con voces propias y habemos más y más latinas que somos el centro de nuestra propia búsqueda científica o artística, o bien de ambas. Más y más trabajamos todas en común, a pesar de las suspicacias lógicas derivadas de choques culturales, conscientes de la perentoria necesidad de aunar fuerzas y del respeto por la diversidad; y nuevas tecnologías como el Internet nos permiten intercambiar puntos de vista surgidos de experiencias de ser mujer en distintas sociedades,.varias veces al día, cada día. En suma: somos más. Y todo esto es cada vez más parte substantiva de nuestra militancia feminista de mujeres de izquierda.

Son las nuestras voces que aun muchas veces atrapadas en la propia autocensura por los constituyentes que estructuran la subordinación genérica, o que son ignoradas, distorsionadas o ridiculizadas, por las personas de ambos sexos y por las instituciones que preservan todos los privilegios sociales; las que aun atrapadas, repito, en la historia secular de la impotencia surgida de nuestra inserción desfavorable en relaciones de género, raza y sexualidad profundamente discriminatorias, tratan de hablar con más fuerza. Y muchas veces detrás de esas voces está la escuela que nos forjara como aguerridas militantes…la irremplazable experiencia que culminó en el trauma.

Y aquí sí que el número se reduce drásticamente. No tanto porque las mujeres no hayamos contribuido en calidad y cantidad -aunque tal vez de manera distinta y más difícil por ello de evaluar-, tan substantivamente como los hombres a los proyectos de cambio impulsados por nuestros partidos, sino porque varios miles de nuestras voces fueron sesgadas por la desaparición , el asesinato, la prisión, el exilio, la locura ,el miedo, la frustración. Pero otras quedamos, que escribimos y / o hablamos, como Rigoberta y Domitila. Plasmamos nuestro recuerdo en el quehacer de una memoria que nos honra; leemos, escribimos y colectamos :poemas, cuentos, cartas, emails, autobiografías, documentales, fotografías, agendas, librerías, bibliotecas, cursos, radios, encuentros, paneles, ponencias , artículos, panfletos, revistas, paginas de Internet, libros, o lo que sea.

Nosotras nos construimos así la ilusión de una vida mejor. Tanto como ayudamos a construir la de nuestras hijas e hijos, amigas y amigos y colegas, y a despecho de toda la sombra que nos echara encima tanta persecución arbitraria, tanta crueldad, tanta indiferencia, tanto odio y tanto horror. Por eso tal vez no nos entienden muy bien quienes gustan de simplificar los fenómenos y nos encasillan como meras madristras; aun cuando no tenemos vergüenza de ser también madres, muy amantes madres si hemos decidido tener descendencia. No somos madres ni todas marianistas simplemente porque lo fuera la Virgen María, o por el hobby de usar los derechos reproductivos. Si no más bien porque nos gusta plasmar la historia con los brazos abiertos, sembrados de libros y amapola s azules, rojos y amarillas, florecidas s y con banderas de colores de amor y muerte, y no como los colores de la firma Benetton que reducen a nuestros pueblos nativos a la extrema pobreza con su compra en gran escala y a precios de liquidación del patrimonio indígena de la Patagonia argentina (950.000 Has.). Ayer lo defendimos con banderas, poemas y fusiles y hoy lo seguimos haciendo con campanas sonando al porvenir, al viento como los cantos de palomas con angustias de paz , haciendo del Internet un nueva arma de futuro y de nuestro cansancio un silencio aborrecido. Con rencor a la muerte prematura , sin consuelo por la muerte de inocentes. Sin perdonar, sin olvidar. Porque amamos la vida. Tuvimos derecho al fusil, como tuvimos derecho al goce libre de nuestro propio cuerpo. Y si nada de todo eso nos fue dado, sino que debimos arrebatarlo, pagamos más encima muy alto el precio de perderlo todo. Y con el descuartizamiento de nuestra psiquis y el dolor extremo del cuerpo.

No desarrollamos por ello desprecio a todos los hombres, ni nos movemos simplemente por primitivos instintos de venganza contra ellos. Ni despreciamos a todos los compañeros, colegas, amigos, hijos, hermanos, solo porque son hombres. No definitivamente a los recuperables, por lo menos. Los quisimos, trabajamos con ellos, gestamos con ellos y con y por ellos y ellas, amamos. Y si entre brisas de retama se asoman los no-me-olvides de la primavera inglesa que inunda los patios y colma de olor mi ventana, ese es el mismo cielo que silencia las brumas de donde sopla el viento desde el mar chileno, el sol que duerme sobre la costra salitrera, cobre y cielo, poncho y azada, trutruca y escoba, media agua levantada en las noches sin sueño, fábricas tomadas en la oscuridad para dar pan al sediento y poner platos en las mesas de los más pobres libros en las manos iletradas cuecas en el corazón y en las piernas ritmo, y así como lo vivimos, así vamos reviviendo, escribiendo lo que nos dicta una memoria abierta, tierna, generosa .Nuestra . A veces trágica, irrepetible, por eso querida memoria nuestra. Marta Vasallo, hoy muy destacada periodista en El Dipló de Buenos Aires, según Bayer, en las horas de la ignominia se aferraba a los poemas que sabía de memoria. Estuvo en el Club Atlético: “Estábamos con los ojos vendados tiradas en el suelo, en boxes diferentes, esperando que vinieran a buscarnos, escuchando cómo se llevaban y traían a otros, y los gritos de los torturados’.7 Así son las artistas.

Voces revolucionarias del Sur

‘…en mi cuarto quedó el sol

y una sonrisa de papel…’
Pipo Pescador, 1975

3 noviembre 1976, Parque Palermo, Buenos Aires

Quedé casi sin respiración. Y de nuevo miré hacia atrás, con mucho mayor aprehensión esta vez. Es que desde el asiento delantero de un auto desconocido, trataba de adivinar cuál sería el destino final del patito de mi hija Yanina en la Argentina. Lo habíamos dejado solo y librado al azar en la ciudad del terror. Me sentía muy culpable. Me sentía un torturador.

El animalito, sin embargo, caminaba muy rápidamente, casi como de costado. Tendría tal vez una ligera pizca de miedo, pero lo disimulaba asumiendo un aire casi aristocrático, como si desafiara al abandono con ofendido decoro. Al mismo tiempo, parecía como que se le hubieran alargado las patitas. Que a sus alas amarillas con plumitas negras le hubieran crecido otras alas para impulsarlo más rápidamente hacia el lago. Patito estaba, en suma, encarando con coraje y con todo su cuerpo y gran expectación, la libertad. El futuro le daría miedo, sin duda, pero al mismo tiempo, le atraía como un imán.

Patito era, para su suerte, joven y soltero, y aunque nunca supimos de verdad cual era su sexo, le asumimos macho. Nobleza obliga: en el mundo latino respetamos la tradición patriarcal de nuestros antepasados como si fuera algo intrínseco a la condición humana. O patuna. Por eso, en una sociedad tan machista como la argentina, este pato tenía sobre mí a su favor ciertos atributos que eran de suyo relevantes para la construcción de la nueva cultura que se estaba imponiendo en el país a resultado de El Proceso, liderado como era por los Superpadres. O sea, por machos al cubo, como diría Sábato (Zabaleta: 1998)

Así pues. Después de la cotidiana valla impuesta por la consabida pregunta con que cualquier extraña se tropieza al apenas abrir la boca aquí, o sea : ‘Where do you come from?’- lo que de ahí en más le hace sentir a una que puede compartir este terreno (ajeno) pero hasta por ahí nomás, dado que los nativos de esta isla pueden ser, como ellos se creen, generosos, magnánimos, amables y compasivos, pero siempre que se acepte, que quede bien en claro, que una refugiada argentina / chilena estará aquí de una vez y para siempre en un estanque ajeno.¿‘Albion perfidious’, como decía el escocés Donald MacKaskill? O sea, que al arribar al exilio lo primero que automáticamente me hicieron sentir fue que para los seres humanos nativos yo era apenas una sapa de otro charco.

Pero ¿qué era en cambio lo que nos ofrecía para readecuarnos a la nueva etapa la ideología de la izquierda cuando llegamos al exilio? ¿Y qué lo que habíamos aprendido de nuestra entrega por amor a la revolución, las mujeres que militábamos en los partidos y grupos de la izquierda?

La mujer conscientizada y el tratamiento de las diferencia

‘Sí, las madres salimos y gritamos y hablamos y protestamos. Y los padres más concentrados, a los 5 años fueron muriendo casi todos. De cáncer o de ataque al corazón. Lamentablemente somos casi todas viudas las Madres’.

Hebe Bonafini, junio 2004

Duelo interno que a mí solamente me produce dolores de estómago, pero que a mujeres más calladas y más discriminadas en Europa que yo (por no ser ‘tan’ blancas), las ha matado prematuramente de cáncer estomacal como a Marta Fuentes, mi amiga, colega y compañera exilada en Holanda. A mí – a quien a diferencia suya aquí en Europa al menos no me tratan como si fuera una ‘mujer de color’- los recuerdos no me producen por ahora sino vómitos o diarreas de sangre y sólo de tanto en tanto. No sufro dolores como Consuelo Rivera-Fuentes (Rivera Fuentes y Burke: 2001), a quien una enfermedad desconocida pero que yo creo que es consecuencia directa de las brutales torturas que ha sufrido ella en Chile, la ataca aun ahora con terribles dolores, aunque de eso no se escriba. Y no hay mejor prueba de esos dolores – que para ella son ‘cosa de todos los días’- que sus tan sentidos, brillantes cuentos, como aquel con que ganó el primer Premio de la Competencia Letras Lejanas ( Díaz Vallejos: 2002)

Se trata pues, en la mayoría de los casos, de una lucha muy desigual, que a Nora Strejilevich, cuyo único hermano Gerardo está desaparecido en Argentina, y cuyos padres murieron como resultado de tanto dolor, la impulsa a viajar varios miles de miles de kilómetros por año para denunciar permanentemente los crímenes de las dictaduras. Y a escribir :

‘Lanzo mi nombre con pulmones con estómago con el último nervio con piernas con brazos

con furia. Mi nombre se agita salvaje a punto de ser vencido. Los domadores me ordenan saltar del trampolín al vacío. Me empujan. Aterrizo en el piso de un auto. Lluvia de golpes: este por gritar en judío este por patearnos Y otro más.-Judía de mierda, vamos a hacer jabón con vos. Soy un juguete para romper. Pisa pisuela , color de ciruela.’ ( Strejilevich, 2002:179)

Es la misma fuerza argumentativa, la misma sabiduría que impulsa a la periodista Gladys Díaz (Díaz:1979), la gran dirigente gremial chilena del FTR (Frente de Trabajadores Revolucionarios) del MIR, a explicar por que magnificamos la ‘imagen grandota’ que solemos internalizar de nuestros monstruosos torturadores. Y a Carmencita Castillo Velazco a entrevistarlos y enfrentarlos y testimoniar en un excelente documental (Castillo Velazco:1992) esas atrocidades, y a la Flaca Alejandra, la ex jovencita mirista luego bestializada en prisión, a recontar la confusión política y moral que la llevó a trabajar para la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional).

O es la convicción dolorida que impulsara a Carmen Rojas que a diferencia de ella no se quebró, a escribir sus viajes a la tortura para ayudar con ello, afirma, a la ‘recreación de una alternativa real de liberación’:

‘A ver flaca concha de tu madre, ahora sí que no te vai a hacer más la blanca paloma. Vai a cantar al tiro nomás, huevona, o te vai a ir cortá como la Lumi 8.Era el Romo, maloliente y furioso, que me venía a buscar para llevarme al interrogatorio’. (Rojas: 23)

De repente, cuando te leía, sentada en el ‘Jardín de Las delicias’ como le llaman los poetas al bello patio de Joan Lindgren en la ciudad de San Diego, comprendí a través de tus palabras , Carmen Rojas, que mi propio pasaje por las mazmorras chilenas no merecía más palabras. Para eso habías escrito tú por todas, y allí estabas con Muriel, y el Trosko Fuentes, esperándome en Villa Grimaldi, y como bien tú lo explicas Carmen, se trata mas vale de vivir:

‘Se trata de ir recopilando y conservando los testimonios … para resguardar todo un proceso político vivido y luchando activa y consecuentemente , en los momentos más duros, de la historia de este país’. Creo como Carmen que es urgente hacerlo, y hacerlo ‘no como un archivo – museo para sacralizar principios y almacenar historias, sino como el rescate de una experiencia viva que debe servir y aportar al fortalecimiento y recreación de una alternativa real de liberación’. 9

Lo que a Orinda Ojeda la llevó a buscar editorial para sus memorias de diez años de cárcel bajo la dictadura chilena.10 Y a Alicia Partnoy a buscar el auxilio de Amnesty Internacional para certificar su material escrito entre rejas y seguir con el resto.(Partnoy:1986, 1992). Lo mismo que antes a Carmencita (Castillo Velazco:1980) la había llevado durante su exilio en París a escribir Un jour d’Octobre à Santiago, y así recomponer el asesinato de Miguel Enríquez, Secretario General del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria), y el rompecabezas de su amor por un hombre del que estaba embarazada, de su amor por la justicia y por la revolución.

Es aquello que Flávia Schilling recopiló en sus ocho años de cartas desde la prisión en Uruguay. Escritura la nuestra que aun no encuentra un mercado amplio ¿y no será también por falta de interés del gran público en los problemas específicos de las mujeres torturadas por funcionarios /as del estado, a pesar de la similaridad de los síndromes que esto produce con los que ocasiona las múltiples de coerción sexual dentro del área doméstica, lo que pareciera ser mucho más promovida ahora por la industria de lo prensa amarilla?

¿ Será la experiencia sufrida en Chile lo que motivara a Mónica Escudero (Escudero: 2002) a reflexionar lúcidamente acerca de la situación realmente existente de las mujeres cubanas después, y a pesar, de la Revolución Cubana? O la intención es más vale darle una voz a la mujer que hombro a hombro con el sexo masculino protagonizó una de las páginas más bellas y trágicas de la historia reciente de Brasil: la resistencia armada en las décadas de los 1960 y 1970 (Ribeiro de Lima: 2000). Es todo, en suma , es esto y eso y es aquello, aquello que a aquel otro gran ejemplo para todas, la gran organizadora de la Tercera Edad en Londres, Ana María Navarrete, no le permite a veces seguir hablando de su hija mayor, una joven alumna de mi curso de Economía Política I a la quise y cuidé en mi casa de Concepción como a una hija, mi joven amiga desaparecida en 1974. Muriel Dockendorff; mientras que su otra hija, Berenice, también salvajemente torturada en Chile, fue dejada en libertad y es pintora, y la madre del pintor chileno disválido a raíz de las torturas infligidas a su madre en prisión Federico Hidalgo. Porque hay veces en que el dolor que la conversación produce nos cierra la garganta. Como le ocurre a Laura Bonaparte, cuando habla de sus nueve desaparecidos y desaparecidas. Y que lo explica así (Laura Bonaparte: 2202):

“Es probable que el segundo paso de la pesadilla, de lo monstruoso que es el secuestro genocida de hijas e hijos y seguida de la negación a entregarnos sus cuerpos, como forma enloquecedora de borrar la realidad de la parición, de la inscripción de sus nombres en los diferentes documentos, laicos y religiosos, presentados, reproducidos hasta el cansancio en los testimonios, remarcado por el borramiento genocida en la palabra ´des-a-parición´, ´desparidos´. La palabra se hace imagen y ambas invocan. Imagen multiplicada, símbolo que limita y a la vez universaliza. Poner en el Teatro estos episodios es poner en una relación especular, desdoblamientos de sentires profundos y pocas veces reconocidos. Qué es el teatro, sino un largo monólogo hablado por diferentes voces. Y esa relación especular, que solo el arte produce, donde las actrices juegan a ser cada una la imagen callada de las personas que formamos el público en una intimidad privadísima, personal y colectiva al mismo tiempo.Las tres actrices se transforman en modelo de relación pasional. Despojadas de pudores muestran la realidad del deseo del ser humano: el infierno. Y es por esto y por ser el arte una expresión sobrenatural, impredecible, todo creatividad, espíritu libre, aquello que es creado y animado es que el arte pacifica. Que aminora los odios, los extremos, civiliza.”

Laura que, al igual que casi todas las otras autoras citadas aquí, también se asiló por los largos ocho años de la dictadura y que escribe sobre recuerdos de su vida; cuentos para su galería de las malas mujeres, las transgresoras. También más y más lo hace basándose en su propia vida la médica psiquiatra Clelia Myriam Garbulsky, expulsada de su cargo de la Universidad de Concepción el 11 de septiembre de1973 y luego repatriada a Argentina el 5 de octubre de 1973, salida de un campo de detención de la dictadura, en donde estaba condenada a muerte.

Resulta, eso sí, que a veces una como que se cansa de ser víctima, o de que se nos piense y se nos trate aquí en el otro mundo sólo como víctimas. O ‘survivor’. Yo no solo sobrevivo, porque también trato de vivir y estoy en el mundo para amar y ser amada y para auto amarme. Y eso creo que eso es mucho más que una mera sobre vivencia Y por eso escribo y camino con la poesía. O leo que otra escritora rosarina, profusa autora, Alicia Kosameh recuerda como:

‘Juliana, de desplegados dulces ojos color d e cielo, había llegado con otras sesenta y nueve, entre ellas yo, a la cárcel de Villa Devoto, cómodamente emplazada en el barrio del mismo nombre de la ciudad de Buenos Aires. Había sido engrillada, de la misma manera que el resto, a la plataforma sin asientos del avión militar en el que se realizó el traslado desde el sótano de la jefatura de Rosario. Había sido desnudada para una sorprendente revisada medica al ser ingresada a la nueva cárcel, como todas las demás. Y había sido asignada al mismo pabellón que otras veintinueve, entre ellas, yo. Todo eso después de haber pasado por las manos de los torturadores de rigor que intentaron obtener de ella la información característica sobre sus actividades políticas, y las de quienes más, siempre valiéndose, ellos, de los métodos no necesariamente infalibles de la picana eléctrica, los golpes sabiamente distribuidos por las zonas sensibles del cuerpo. Y las violaciones en cadena. Cositas .Esto para decirlo rapidito, para dar cuenta del contexto’…’Y recuerdo el momento, recuerdo el momento, sus huecos’. (Kosameh:2000: 96)

La lorita iletrada

El exilio me convirtió automáticamente otra vez, pero ahora primero que ninguna otra cosa a los ojos de los habitantes aborígenes del Reino Unido, en esposa. Eso sería como un infierno para mí. Había subido a ese avión en que iba a Europa casi a la fuerza, una mujer de clase media, bien alimentada y blanca, muy calificada. Con el título ganado en buena ley cuando muy pequeña, de ‘Piquito de Oro’. O de ‘Jesús Memoria’, también dado por mi papá. ¿Sería que el ‘Juan Gaviota’ no estaba en sus estanterías? La lorita hablaba hasta por los codos, y ganaba casi todas las lides de la palabra. Con el tiempo y con los diplomas, fue hasta capaz de discutir en términos ‘legales’, por ejemplo, con altos oficiales golpistas del Ejército Argentino, inéditos procesos de cómo hacer aparecer con vida a un desaparecido político ( el entonces su marido) en 1976, sentando con cada uno de esos expedientes nuevos precedentes prácticos.

“Larga vida a la cotorrita”, dijiste una vez, gauchito, y desde ese día trato de no amarte más que mucho, chinito requetelindo (aunque vos no me creas: ‘y tú lo sabes’). En 1976 el país estaba ya en estricto estado de sitio, como en 1943, 1955, 1962, 1966, y la legalidad había sido suspendida automáticamente con el ascenso de la nueva Junta de Gobierno de facto presidida por el General de Ejército, Videla. No podía saberse de antemano cuando escuchamos la noticia del golpe mientras tomábamos el desayuno y la oímos por la radio, que estaba yo predestinada a tener que empezar a actuar por la libertad con la misma mezcla de desparpajo, candidez y determinación que tipifica a casi todos mis actos, especialmente los más errados. Ese día esperamos a la nanita Silvia, le servimos desayuno, y en lugar de preparar a Yanina para ir a su guardería, ‘La escuelita’, le pedí a Alberto que fuéramos a comprarle ropa de invierno a la nena. Así lo hicimos. Solo una quincena después, yo ya estaba dedicada de tiempo completo a tratar de encontrar y devolver con vida el padre a mi hija.

En el aeropuerto de Heathrow el 16 de noviembre de 1976, adonde llegamos los tres expulsados de Argentina, descubrí también a una nueva persona: a mi esposo, del que había estado involuntariamente separada por cerca de los ocho meses que pasó prisionero sin cargo de la dictadura, y del que no tenía noción clara de que hablaba tan bien en inglés. Ese mero hecho práctico selló mi nueva y odiosa dependencia genérica de él en el exilio. Por años fue él quien tuvo que hacerse cargo de las compras de la comida porque yo no sabía expresarme en inglés, ni manejaba nuestro auto. Y eso no creo que lo hubiera hecho, precisamente, muy feliz. Porque siendo una pareja de revolucionarios,- tanto en Buenos Aires, como cuando vivíamos en Chile- de esas ‘pequeñeces’ y todas las demás pequeñeces domésticas me encargaba yo. Además de militar y trabajar también de tiempo completo en la Universidad de Concepción, yo participaba muy activamente en la administración popular de la JAP (Junta de Abastecimiento y Precios) del barrio , central de Concepción en donde vivíamos (siendo esa aparentemente una de las razones por las que me iban a matar en Chile después del golpe, lo que no se dio porque la Chancillería de Argentina me repatrió a tiempo. Es decir, antes que llegara al estadio de fútbol convertido en campo de detención la maldita Cabalgata de la Muerte).11

Pato huérfano recién salido del cascarón en el campo, pero con un hermanita o hermanito (hembra o macho), lo llevaron a la ciudad. Allí pasó a una caja en donde esperó ser vendido, en las afueras de la estación de trenes de Retiro (ahora hecha famosa en el exterior por el film de Parker a la Madonna), y de allí pasó a estar en mi bolsa el día que compré a los dos patitos. Eran tan pequeños que cabían en mis manos. Parecían más bien huevos peludos con sus plumitas de un amarillo suave. Verlos me hizo olvidar del horror que había vivido esa misma tarde de sol dentro de las paredes del Palacio Presidencial. La famosa Casa Rosada, lugar del que Evita se convirtiera en vida en la única reina. Bueno, eso claro hasta que llegó la Madonna y convenció a Menem que le prestara el balcón para hacer la película, con lo que hasta el bello balcón quedó corrupto…

Esa tarde iba caminando cabizbaja hacia el tren interurbano que me llevaba a casa, adonde Silvia Ugalde y Yanina me esperaban. Yo me sentía un poco como ‘El Patito Feo’en uno de los poemas más tristes que leí en mi infancia. Había una vez una pata con siete patitos, todos amarillos menos uno que era negro y chiquito:

Todos los patitos se fueron a nadar

y el más chiquitito se quiso quedar.

La madre enojada le quiso pegar

y el pobre patito ¡se puso a llorar!…

Patito malo, ya vas a ver / negrito y joven, qué vas a hacer…/Te llaman el clandestino/

por no tener papel /Pato vago, clandestino /Terrorista, clandestino./Manu Chao, terrorista…/ Y para los blancos’ benditos’ / Bush y Blair candidatos al Novel.?!….(MZ).

Volvía a casa. Una nuevo día entero más haciendo gestiones agotadoras para que mi marido, que apareció finalmente en la prisión de Villa Devoto pero que había ya sido trasladado a la Alta Seguridad de la Plata, y nuestra hijita también extranjera, pudieran salir del país. Videla ya había firmado gracias a mis interminables presiones legales la orden de su expulsión, el 10 de agosto. Pero a nadie le interesaba hacerla efectiva, excepto a mí. Yo mientras tanto ya había empezado a ser interrogada sistemáticamente, como hoy, por él y en su despacho, Jefe de Información Política Secreta de la Presidencia, adscripta directamente al Ministerio del Interior. Al frente estaba de Ministro el hijo adoptivo de una de las mejores amigas de mi madre, el Gral. Harguindegui. Valga la diferencia. Dependía el alto oficial del Ejercito que me interrogaba , según él, directamente del General Videla, el Jefe de la Junta Militar, pero informaba al General Harguindegui. No obstante, nunca me sentí en familia…

Fue uno de eso días en que volvía de uno de los interrogatorios cuando los dos patos campesinos pasaron a convertirse en patitos burgueses: los vi y los compré cerca de la Estación Retiro. Yanina se enamoró de sus mascotas a primera vista. Uno era amarillito, el otro negrito. Ambos tenían ‘picos y alitas y patitas de pato’, comentó la nena, ‘como en el poema’.Unos meses después ya en el exilio, cuando Yanina con cuatro años y medio entró en la escuela primaria de Bearsden, en Escocia, el primer libro que le dieron a leer fue The Ugly Duckling. Así comencé a leer, ayudada por mi hija, en inglés no académico. Yanina tenía, como dije, cuatro años y medio, y había sido ya expulsada de dos países, igual que yo, que ya tenía cuarenta. Delicias de la necesidad de una rotación más rapida del capital.

Pero hoy es otro día. Hoy, en cambio, es cuando de pato burgués, doméstico, Patito pasará a convertirse en pato salvaje. Todo un Pato Nuevo. Eso lo insinuaba su cuello demasiado alargado y empujado hacia delante como para llegar más rápido a alguna parte segura. Así lo traté de entender yo, y fue como si me tomara un cocktail hecho de pena, alivio, tristeza que corta el pecho como un cuchillo y un sentimiento de gran culpa que no deja respirar, igual que cuando me soltaron del campo de concentración en Chile: lloraba para mis adentros por la repentina ruptura de Patito con las condiciones materiales de su anterior existencia de pato mascota, y por ende por él quiebre impuesto sobre su identidad que le había ayudado durante estos pocos meses a disimular su antigua condición de pato de la calle, tal vez hasta de conciencia proletaria. Reflexionaba así que volvería, que seríamos millones de patos salvajes. Volver… No sabía que perder (lo) todo era otra vez mi destino, ni aceptaba que ése su nuevo lugar reflejaba el futuro que me esperaba a mí. Que eso era el exilio.

Solo voy con mi pena /sola va mi condena/ Correr es mi destino /para burlar la ley / me dicen el clandestino / por no llevar papel / Hummmm ¿Por no llevar papel, Manu Chao?

Espejo lleno de luces y de muchas sombras sería mi encuentro con la civilización del otro lado del Atlántico: la Europa de mis antepasados maternos y paternos. Y yo pensaba que… pero la conductora del auto en que retornábamos al piso que alquilábamos en el barrio de Belgrano R , la Señora Vinelli, me hablaba muy nerviosamente mientras me tocaba el brazo. Supongo que ella tampoco habrá resistido demasiado bien la escena de la despedida de Patito, o mejor, de su abandono a su suerte patuna. Lo cierto es que me hablaba con un acento perentorio, lo que me obligó a dejar de mirar para atrás, y a despedirme sin palabras ni lágrimas de Patito. Como si estuviera muerto. Me sentí moralmente obligada a concentrarme en ella e hice un esfuerzo por escuchar y entender lo que me decía. No fue cosa fácil. Mi mente volaba ya en el limbo de una libertad en donde no sabía que sería una extraña, anónima y no tendría ningún status.

Pero ella me pareció que estaba molesta. Como el pato, e igualmente sin una necesidad obvia y aparente, giraba también ella el cuello hacia todos lados como en afán exagerado de abarcar todos los ángulos de ese enorme parque al mismo tiempo.¿Sabría ella acaso que ese espacio en el Siglo XIX estaba afuera de la ciudad, y que era allí adonde estaba ubicada la residencia de Juan Manuel de Rosas, el Restaurador, y que ahí posiblemente sus mazorqueros se llamaban así porque torturaban con una mazorca de maíz a sus opositores políticos?¿Tal vez sentiría también ella mucho miedo? Siempre existe en mí, desde más de dos meses antes del día del golpe en Chile, una persistente, no localizada sensación de terror, ese pulsar agitado del corazón, esas ganas de huir muy rápido sin saber ni por qué ni en qué dirección apenas escuchaba pasar aviones surcando el cielo, sobrevolando la ciudad en formación de combate. O cuando me acostaba a jugar a la siesta con la guagua, y escuchaba interminables ruidos de fogueo en dirección al cuartel local.

Esa convulsión de todos los órganos y de los senos frontales que se esmeran en no saber, en olvidarlo todo. De sentirse culpable de un crimen que no se ha cometido. Esos vómitos sin causa aparente. Esa sangre que primero hierve en las venas y luego me abandona por cada agujero disponible, a sobresaltos.Y finalmente ese mareo que lo borra todo. Y el lento retorno a la conciencia pero sin entender ya quien es una, que hace ese bebé en su falda, quien es la joven que llora rítmicamente porque la han penetrado con un perro, sin acordarse ni decir ningún nombre, ni saber ya ni el propio. Ni adonde se está. Nada. Amnesia. Bloqueo emocional, memoria perdida o fragmentada, espasmos, fiebre, transpiración y nunca lágrimas. Es que entonces no se necesitaba ni dormir para tener pesadillas: la vida era de suyo tan brutal. Es ese mismo miedo recurrente, agazapado, tan típico de cuando veo, siento, miro, leo, o pienso en un hecho de violencia. Cuando estoy casi treinta años después en el Reino Unido y este país entra otra vez en guerra, con Argentina, con Irak, con Afganistán, cuando video toda la primera ocupación y guerra contra Irak para no olvidarme ni un detalle; cuando bombardean Kosovo tan salvajemente. Me siento como cuando era chica y en Argentina decretaban el estado de sitio y venían los apagones y se sentían las sirenas y los negocios cerraban, y las tortugas desfilaban por la calle mayor, y, en fin, horrendo si nos seguían por la escalera de la Facultad en Rosario a caballo, si lo que gobernaba era una Junta de las Fuerzas Armadas. Por eso es que nunca pude ver películas que hablen de la guerra atómica, ni puedo mirar noticias de muertes ni hecatombes naturales tan repetidas hoy día en la televisión. Ese miedo ha quedado para siempre como parte constitutiva de mí misma. Es el mismo miedo que ha paralizado a la población de Argentina desde 1976 hasta diciembre del 2001. Es el consenso por el terror que creó la dictadura del 1976 hasta 1984. Y la corrupción previa o posterior que sigue su curso todavía.

Así pues, y a pesar de toda mi experiencia de horrores, o tal vez por eso mismo – dado que llegué a Inglaterra como argentina y esposa de un refugiado chileno de los Naciones Unidas, y a pesar de tener apenas 39 años, habiendo sobrevivido ya varios golpes de estado y horribles dictaduras militares – el 16 de noviembre de 1976, cuando el Big Ben daba un cuarto para las cuatro de la tarde, me asomé desde la ventana del avión para ver Londres y sonreírle a sus árboles.

Pero para cuando nos dejaron salir del aeropuerto ya estaba oscuro como en Argentina a la medianoche. Sentada en las escaleras de la gran casona, ella miraba lejos, se encogía de hombros y decía: ‘Mañana será otro día’. Esa escena final de ‘Lo que el viento se llevó’ en súper Hollywood technicolor siempre la estimulaba a no desmayar. Y en situaciones como esa, se vuelve a recitar el Poema XXIV de Juan Gelman (Gelman, 1994: 55), y se lo envía con el primer viento fuerte que pasa al hombre que ella más ama:

‘amarte es esto

una palabra que está por decir /

un arbolito sin hojas

que da sombra / ‘
Las noches de las vaginas largas

Ese domingo que me invitaron a almorzar, cuando tenía ocho años, la familia de los Filipini, unos vecinos italianos de Bouquet que eran italianos, me contaron durante un almuerzo que la violación de las mujeres italianas era una de las armas de la guerra mundial y que a los hombres para hacerlos hablar en el ejercito de Mussolini les daban aceite de ricino caliente. Ese día me hice antifascista. Y ese verano, durante las vacaciones en la montaña, me dio por querer saber lo que era la tortura. Me comí, mientras mi mama jugaba a las cartas con otras veraneantes, todos los porotos de ricino.

Juré que si sobrevivía la purga que me había auto infligido me haría aún más antifascista. Y comencé a prestar cada vez mas atención al leer los diarios, pues aunque eso no lo había leído en los periódicos, trataba de entenderlos lo mejor posible desde que tenía unos seis años. Yo pensaba muy mal acerca de la guerra europea. Luego me enteré de que había habido un golpe. Era el 4 de junio de 1943 o 1944, y los tanques que salían en los diarios eran nuestros, no nazis. Pero los militares se parecían todos mucho. El GOU (Grupo de Oficiales Unidos) se había puesto al mando de la Revolución con un General del Ejército a la cabeza, y un ambicioso y promisorio oficial cincuentón y viudo se había hecho cargo del Ministerio de Bienestar Social, Juan Domingo Perón.¿Y de los tanques de los nazis?, juré que iba a crecer y los iba a romper a todos con palabras. Desde entonces siento desprecio por eso señores que se alegraban de tener que usar uniforme y gorra para ir a trabajar. Una sensación que nunca me ha abandonado. No por casualidad, entonces, diez años después, ya había sido puesta presa por tres señores de uniforme. Y tenido mi primera práctica de sesiones de tortura. Corría el año 1954.Entonces vivía en San Nicolás.

Pero: ¿qué pensaría Patito que le pasaba a la gente en Buenos Aires en 1976? ¿De quienes serían esos veinte, treinta, cuarenta cadáveres que decían en el Buenos Aires Herald que aparecían en el Río de la Plata casi todos los días? Como buen pato patriota, pensaría que todo era lindo en Buenos Aires. Desde la tumba de Evita hasta el Obelisco. Una vista típicamente argentina, como le dicen acá a los cuatro metros cuadrados que fotografían cuando van a Buenos Aires algunos papagayos de la TV local. Buenos Aires, Patito, ojalá haya sido para vos también nada más, ni nada menos, qué eso. Figuráte por un momento que tu dueño es un jugador de polo que juega con el príncipe y los parientes de Fergie. Pero andáte con cuidado, porque, ¿sabes, Patito? Aunque en la patria hasta los chicos muy pobres pueden llegar a ser campeones de fútbol, no por eso nunca pasan a ser propios Che. Ah, no, eso no, te diría la Reina Isabel. Juntos sí, pero no revueltos, ¿me entendés ahora? ¿Cómo que no? Vamos, che, ¿de qué te la tiras, boludo comunista? Mirá que te voy a romper el pico y te voy a comer con plumas. Puto de mierda, maricón terrorista, pato peludo, rata podrida, guerrillero.

-¿Qué decís, Pérez?

-Nada, déjamela a mi nomás a esta mina concha de su madre, ‘la seooooooñorita que sabe jugar teeeenis’. -Vas a ver, nenaaaaaaa…, – le dice mientras la manosea-, que después que me veás el coño te lo vas mamar entero, pero primero, dejá que te saque una por una toditas todas, las uñas, y a los dientes todos se los baja trompada por trompada. Y la chica cae, que del dolor no se habla, o se ríe una. Pero no se escribe.’ Tortilleras, nenas de mamá, que se asilan en Madrid y la siguen laburando de prostitutas’, me decía el oficial uruguayo mientras me sacaba de la cárcel de La Plata. -¡Qué Che Guevara ni qué perro muerto!

Terrorista. Perra Muerta. Sin papeles, me los comí antes de que parara el taxi, la noche que me escondí con la nena en San Isidro… en la casa de uno de mis dos mejores amigos: Rodolfo Pittao. Pero ahora hacen casi 30 años. Por eso duele más escribir, hoy no quiero recordar que no estoy allá, hoy no es día aquí, hoy es una noche de comunión con el alma de mi pueblo. Aquella noche en que Alberto desapareció cuando se disponía a viajar a Europa con Luc Banderet, su amigo el periodista suizo, de la casa de este. Cuando nos dimos cuenta de que había desaparecido, me había tomado un taxi desde la casa de Graciela Guilis, adonde ella había ‘escondido’ a Yanina. Ella quería separarla de mí en caso de que yo fuera también secuestrada. Y lo hizo. Pero yo la fui a buscar y de allí nos fuimos, en la nochecita, nos fuimos, con la nena. El papá de Andrés, vino con a saludarnos a nuestro ‘escondite’, y le trajo ropa de varón a la nena. Con ellas volvió a su casa, el día en que regresamos del escondite. Yo interpuse, previo pago de mil dólares a un abogado, un recurso de Habeas Corpus, y Yanina lo escuchó y desarrolló su segunda depresión profunda. El juez contestó que Ricardo Alberto Hinrichsen Ramírez no estaba registrado en ninguna edificio carcelario de los doce servicios secretos del país, me explicaron, mientras yo sentía que me desmayaba. Ahora sabemos que mientras tanto, a Alberto lo interrogaban con los ojos vendados, en el Cuartel General de Coordinación Federal, a unas pocos cuadras de allí, en la capital argentina y que para que confesara crímenes que no había cometido, le decían que ese llanto que oí era el de Yanina. Pero eso no nos lo dijo a nosotras nunca: lo oímos decírselo a la BBC de Escocia, dos años después. Porque de la tortura en casa con mi marido no se hablaba. Es que el miedo da miedo, al oído desata desconfianza, la injusticia te da bronca, pero nada nada es tan fuerte como el amor, que nos une para siempre, por encima del olvido en la memoria, como lo atestigua el poema de Miguel: cuando recuerda a su querida esposa y compañera Maria Haydeé Rabuñal, de 25 años que fue acribillada en un enfrentamiento armado, por cierto fortuito, en 1975 (de Boer, 2003: 14 y15)

‘Me dejaron tu pullover verde

Cuando te fuiste.

Pero no pudieron llevarte

Porque estarás conmigo

para siempre’

‘Cuando reposa en la noche / su silencio me acompaña / la luna le siembra estrellas /

para en sus sueños guiarla…’ (de Boer, 2004:74) canta el poeta en su zamba. Y sobre el plomo plomizo de la tarde, allá muy lejos, en la patria grande, se duerme. Mientras yo leo cómo una mujer en un pequeño trozo de papel, rememora la presencia ausente de otra mujer ( Marta Vasallo,1999: 83.84):

‘Hoy entré al café de donde te llevaron

Entré a tomar un café

Y a recordarte.

Yo que en ciudades ajenas

he creído verte tantas veces

yo que he corrido tras de alguien que se volvía

hablando otro idioma

yo que he querido dormir interminablemente

para volver a soñar con vos

para volver a creer que estabas viva.’

‘Freedom is not something you are given,

but something you have to take’

Meret Oppenheim

‘The body is our common denominator and the stage for our pleasures and our sorrows. I want to express through it who we are how we live and die’ Kiki Smith

Mabel van más allá en su reflexión: “El rol privado y anónimo de la

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1 Una versión abreviada de esta ponencia fue presentada en la 40o Conferencia Anual de SLAS ( Society for Latin American Studies), Universidad de Leiden, 2-4 abril 2004. Agradezco los comentarios de lo/las presentes y al Convenor Dr. Mario Aguilar por su estímulo y comprensión, y la compañía feminista de la imprescindible psicoanalista Laura Bonaparte, miembra fundadora de Madres de la Plaza de Mayo, ahora en la Línea Fundadora. Al estar presente, ella vivenció también la memoria de sus nueve parientes desaparecidos en Argentina durante la Guerra Sucia. Este artículo es parte del proyecto ‘The Gendering of Human Rights’, y no hubiera sido posible sin la ayuda crítica y la amorosa presencia de mis hijos Tomás Alejo y Yanina Andrea Hinrichsen Z., y sin el cálido e inteligente apoyo de Brenda Clowes, Marta Vasallo, Ricardo Rodríguez Pereyra y Cherie. Mis agradecimientos a la British Academy y SLAS cuyo apoyo financiero facilitó la discusión con Laura Bonaparte y Miguel Ángel de Boer, ex presidente del capitulo Salud Mental, Tortura y Derechos Humanos de APSA ( Asociación de Psiquíatras de Argentina). Gracias a su apoyo y afecto encontré el coraje que necesitaba para auto explorarme en la consecución del camino que aquí anticipo. Gracias también por el aliento que me significo su magnífico comentario al borrador inicial de este trabajo. Muy especiales gracias a Consuelo y Linda que hicieron materialmente posible mi regreso a Chile en el 2003 ( 30 años después de la expulsión) y a Argentina ( 20 años después de la muerte de mi padre). Su ejemplar solidaridad suavizó el pánico que me daba el pensar en volver. Volví a mis tierras amadas para tratar de hablar con él, con ella, con ellas y ellos; y de hacerlo con la voz y la poesía de nuestros queridos pueblos. Reviví así en parte la memoria de nuestras/os muerta/os muy queridos, y pude estar con los vivos, y son los ecos de esos valles de amor a lo que en definitiva busco encerrar con esta, mi dolorida voz otoñal.

2 Traducción de MZ.

3 MZ es, por ejemplo, Trustee de CHANGE INTERNATIONAL, Coordinadora de Grupo de Trabajo de CEISAL( Congreso Europeo de Investigaciones económico-sociales de América Latina) y miembro del jurado de cinco jueces y el Presidente que otorga anualmente el premio CEISAL al mejor trabajo o institución dedicada a Estudios Latinoamericanos en Europa.

4 La similitud de los síndromes ha sido brillantemente analizada entre otras autoras porJules Falquet, 2002. Para cifras recientes de aumento de la violencia doméstica en Argentina ver Selser 2003.

5 A manera de ejemplo, para alguien proveniente de la izquierda tradicional, ver Clelia M. Garbulsky 2001 y para ejemplos de escritos de un hombre, ver Miguel Angel de Boer, 2003, 2004 y su libro en preparación Aquellos fueron los días; véase también entre otros Emilio de Ipola, 1982.

6 Mi única copia ‘se perdió’ en Chile, al igual que el resto de nuestra nutrida biblioteca y todo lo que contenían nuestra casa y nuestras oficinas, cuando nos expulsaron del país luego del golpe del 11 de septiembre de 1973. No he tenido tampoco acceso a otra.

7 Osvaldo Bayer, Una síntesis argentina, Página/12, 28/4/2001

8 Lumi Videla, dirigenta del MIR, arrojada muerta por la tapia de una embajada

9 Me remito a Rojas, Carmen, Pág. 91 y Los Soporopos, Pág. 92. Cuando visité Villa Grimaldi en 2003, sentía que estuviste / estuvieron Carmen, Muriel, Edgardo Enríquez, el Trosko Fuentes, Lumi Videla, el Bauchi, y que nos sentábamos todos otra vez cantando todas las manos todas.

10 La que valientemente escribió:‘Volvemos a la carga con más fuerza, en esta larga batalla por torcer las líneas implacables, para llegar a celebrar nuestro aquelarre con bases nuevas para una nueva historia’. Orinda Ojeda, Ventoleras, Ediciones BRUJAS, Concepción, 1993, Pág. 92.

11 Hay después del juicio a Pinochet, numerosos testimonios. Pero en general, se aconseja ver el excelente libro de Joan Smith, Moralities. Sex, Money and Power in the 21st Century, Allen Lane, The Penguin Press, London, New York, Victoria, Toronto, New Delhi, Auckland, Johannesburg, 2001, Chapter First, Sin of the fathers, Págs 3-40 (especialmente la página 15, sobre las torturas a mujeres en Chile).

Esta es la historia de los tres muchachos de Arica, los que sacaron al “Trosko” Fuentes clandestinamente del país, de noche por el desierto.

Investigación

Los tres de Arica

 

Tras el golpe, tres jóvenes miristas sacaron clandestinamente del país a un alto dirigente del partido rumbo a Perú. Luego, partieron a Cuba a recibir instrucción militar con la intención de regresar a combatir en Chile. Primero se pondrían a prueba en Argentina, pero allí los devoró la represión. Su desaparición nunca fue denunciada.



Desorientados de noche en el desierto, habían vuelto a su punto de partida. Alrededor del 10 de octubre de 1973, el Secretario Regional del MIR para el Norte Grande, Jorge Fuentes Alarcón, el “Trosko”, partió a pie desde el Valle de Lluta en Arica para salir clandestinamente hacia Perú. Iba con dos compañeros del MIR local. Pero las luces que vieron al amanecer no eran de Tacna, como esperaban, sino de Arica.

La noche del 28 de octubre, los mismos dos acompañantes, Mario Espinoza Barahona y Jorge Vercelotti Muñoz, asumían nuevamente la misión de sacar al “Trosko” del país. A este viaje se sumaron otros dos militantes del MIR en Arica: Homero Tobar Avilés y Bruno González. Esta vez lo lograrían.

Dos años más tarde, el “Trosko” Fuentes era secuestrado en Paraguay y entregado a agentes chilenos, así inaugurando las operaciones conjuntas de los servicios de inteligencia secretos del Cono Sur, conocido como Operación Cóndor. Fuentes continúa desaparecido.

Al año siguiente, tres de los cuatro militantes del MIR que lo ayudaron a salir de Chile desaparecían en Argentina.

Las familias de Espinoza, Vercelotti y Tobar no denunciaron formalmente su desaparición hasta 2011. En el caso de Espinoza y Tobar, no lo hicieron porque nunca tuvieron noticias fidedignas sobre ellos; ni siquiera sabían en qué país podrían estar. La familia de Vercelotti sí se enteró de su muerte, pero guardó silencio durante 30 años.

Recién en 2011 la Comisión Asesora para la Calificación de Detenidos Desaparecidos, Ejecutados Políticos y Víctimas de Prisión Política y Tortura en Chile reconoció a los tres como víctimas de violaciones a los derechos humanos.

Hasta 2008 no se sabía que Mario Espinoza Barahona era la identidad del detenido-desaparecido chileno de nombre político “Mauro” que figuraba en el informe oficial de víctimas de la dictadura argentina, CONADEP, con el registro Nº 10015. Ese año, a partir de un documento interno del MIR obtenido por el periodista estadounidense John Dinges, por primera vez se pudo asociar una identidad a “Mauro” y esta autora pudo localizar a su familia, obtener una fotografía, confirmar su identidad con testigos y comenzar a reconstruir su historia. Hasta entonces, Mario Espinoza sólo había sido “Mauro”, un chileno militante del MIR y sargento del ERP argentino, desaparecido en agosto de 1976 en Buenos Aires.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su familia en Arica no había podido hacer la conexión porque no tuvo noticias de él desde su salida hacia Perú en 1973. “La familia nunca hizo ninguna denuncia, ya que siempre tuvieron la esperanza de que él estaba seguro en el extranjero, al igual que otras personas que debieron dejar nuestro país. Pero siempre quedó la duda, ya que nunca se comunicó con ellos,” afirma Héctor Uribe, amigo de juventud y hermano de la pareja de Espinoza al momento de abandonar el país.

Durante la indagación sobre la identidad de “Mauro” –iniciada en 2002 a instancias de Dinges para su investigación sobre la Operación Cóndor (NOTA AL PIE 1)- emergió el nombre de otro detenido-desaparecido chileno en Argentina sobre el cual los organismos de derechos humanos en Chile y Argentina ni su familia sabían nada: Homero Tobar Avilés. Originalmente, se sospechaba que “Mauro” era hermano de Elmo Catalán Avilés, dirigente de la tendencia guerrillera Ejército de Liberación Nacional del Partido Socialista de Chile, muerto en Bolivia en 1970. Elmo Catalán tenía un medio hermano por parte de su madre y estaba desaparecido en Argentina, pero no era “Mauro”. Era Homero Tobar.

El rastro de Tobar se evaporó apenas llegó a Argentina en 1976 y las escasas versiones sobre él son contradictorias. Su familia nunca denunció su desaparición.

De Jorge Vercelotti se tiene certeza sobre su muerte. En 2008, la Cámara Federal de Buenos Aires confirmó que Vercelotti había sido ejecutado el 18 de marzo de 1976 en Ciudadela, en las afueras de la capital argentina, junto a un compañero paraguayo, Claudio Ocampo Alonso, también militante del MIR chileno.

Esta es la historia de los tres muchachos de Arica, los que sacaron al “Trosko” Fuentes clandestinamente del país, de noche por el desierto.

En Arica

Vercelotti, Tobar y Espinoza se conocían bien. Arica era una ciudad pequeña en 1973, y una de las hermanas de Espinoza era muy amiga de la madre de Tobar, porque trabajaban cerca. A la vez, la gran casona de la familia Catalán ofrecía pensión, y ahí llegó a vivir Vercelotti cuando arribó a Arica.

Vercelotti y Tobar habían militado juntos en el MAPU antes de incorporarse al MIR durante el gobierno del Presidente Salvador Allende. En su nueva organización política, conocieron a Espinoza, un joven y carismático militante, deportista y apasionado Scout.

En el MIR, Mario Espinoza adoptó el nombre político “Mauro”, igual que su sobrino regalón de tres años, hijo de su hermana Clara. Sus amigos y familiares le decían Pepe, y algunos compañeros de partido le decían “el Gitano”. Nació en Arica en 1951 en una familia de 10 hermanos e ingresó al MIR a fines de los sesenta. Fue conscripto voluntario de la Defensa Civil y estudió en el Liceo Industrial hasta 1972, cuando abandonó los estudios y tomó un trabajo en un taller de parabrisas.

En su grupo Scout, le decían el “Zorro Astuto”. “Salíamos mucho a explorar. Teníamos nuestros códigos y rituales, y Pepe tenía muchos conocimientos de técnicas, cómo despistar, detectar, disfrazarse, eludir situaciones,” cuenta R.B., amigo de barrio y compañero en los Scout y en la política, quien pidió reserva de su nombre.

Homero Tobar, nacido en Calama en 1952 pero criado en Arica, era el hermano menor de la familia Catalán por parte de la madre. Sin haber conocido a su padre y discriminado por sus propios hermanos, uno de los cuales era militar, Homero Tobar no compartió su actividad política con su familia, con excepción de un par de primos.

“Con Homero vivíamos a pocas cuadras y nos veíamos mucho porque éramos los dos más pequeños de la familia. Era mi primito regalón; crecí con él. Era una persona muy sola. La familia de Homero era una familia tradicional y nunca lo aceptaron porque no era un Catalán. Su interés por la política nació de Elmo. No se vieron mucho, pero Elmo era su ejemplo,” cuenta su primo Omar Segovia.

De poca formación académica y política, el año en que murió Elmo Catalán y él cumplía los 18 años, Homero Tobar ingresó al recientemente creado partido MAPU. Fue reclutado por el Secretario Regional del MAPU en Arica, Julio Jiménez, quien lo conocía de pequeño, ya que su familia y la familia Catalán eran amigos de larga data.

“En esa época, en la casa de Homero arrendaba una pieza un estudiante universitario de la Democracia Cristiana que se integró al MAPU. Entre ese amigo y yo reclutamos a Homero. Después fue expulsado del MAPU junto con Jorge Vercelotti por ultraizquierdistas, por tratar a Allende de reformista,” afirma Jiménez.

Tobar se incorporó al MIR en marzo de 1973. En el barrio y entre sus compañeros era más conocido como Homero Catalán, pero en el MIR adoptó el mismo nombre que utilizó su medio hermano Elmo en Bolivia: “Ricardo”.

“Homero era recatado, no opinaba mucho. No tenía formación, su familia no se preocupó de sus estudios y fue maltratado por sus hermanos. El único culto en esa familia era Elmo, pero no se conocieron mucho, ya que Elmo no estaba en Arica,” dice Jiménez.

Jorge Vercelotti (NOTA AL PIE 2) nació en Antofagasta en 1951. Su padre había sido suboficial mayor del Ejército, ya jubilado al momento del golpe militar. Estudió biología durante un año en la Universidad de Chile en Antofagasta, donde ingresó a la Izquierda Cristiana. Después, pasó a militar en el MAPU, y en 1972, dejó la universidad y su ciudad para trasladarse a Arica. Ahí, trabajó en la Tesorería y por un tiempo, se hospedó en la gran casona de la familia Catalán, que también ofrecía pensión. Era macizo y usaba lentes de grueso marco como se estilaba en la época, y por ello, a pesar de que su nombre político era “Marco”, le decían “Tevito” o “Tevo”, por su parecido al perrito animado que bailaba en la presentación de Televisión Nacional.

“Homero y Jorge eran dos niños, en el más limpio sentido de la palabra, llenos de ilusiones y deseos de hacer la revolución, de cambiar este país… En algún momento, decidieron que el MAPU era muy reformista y se fueron al MIR,” recuerda A.T., compañero de ellos en el MAPU.

En el MIR, al igual que Espinoza, se dedicaron al área sindical. Tobar participó en el intento de formar un cordón industrial en el sector norte de la ciudad. En 1973, Espinoza y Vercelotti pasaron a integrar las nuevas unidades operativas que organizaba el MIR en el norte.

“Conocí bastante a los dos, a Mario y al ‘Tevo’. Eran bien dedicados. Mario era muy consecuente, bien conciente de que había que tener un compromiso más grande. Se incorporó al tiro a las unidades, no puso problemas. Él y el ‘Tevo’ no andaban alardeando, eran tranquilos. No armaban desórdenes ni se creían los mejores,” recuerda Juan Carlos García, entonces dirigente del MIR en Arica.

Vercelotti había pasado un periodo de instrucción militar en Cuba. Integró un pequeño grupo de militantes locales enviados a la isla meses antes del golpe militar. Salió hacia Cuba con dos compañeros a mediados de mayo de 1973, mientras Espinoza y otro compañero, “Manuel”, (NOTA AL PIE 3) se quedaron en Santiago esperando salir con un segundo grupo que finalmente no alcanzó a viajar. En esa espera se produjo el intento de golpe de Estado conocido como el tanquetazo del 29 de junio de 1973. Vercelotti estaba en Cuba, pero a Espinoza lo pilló el movimiento militar en Santiago. Cuenta “Manuel” que junto con Espinoza se integraron temporalmente a una unidad operativa del MIR en la capital y participaron en la defensa de la antena de la Radio Nacional.

Vercelotti regresó de Cuba a mediados de julio de 1973, y a partir de entonces, el grupo de militantes comenzó su retorno desde Santiago hacia el norte. Espinoza y “Manuel” regresaron a Arica haciendo dedo. Vercelotti pasó a ver a su familia en Antofagasta. Fue la última vez que lo vieron.

“Jorge era tímido, hablaba poco. Se ponía muy nervioso cuando tenía que hablar ante un grupo; no estaba acostumbrado. Nosotros siempre lo consideramos un obrero –vestía como obrero y trabajó en lo sindical. Años después nos enteramos que había sido universitario,” cuenta Marco Donoso, entonces estudiante secundario y encargado de la jefatura estudiantil del partido en Arica.

Tobar, en cambio, se hacía notar más allá de sus reales responsabilidades en el partido. A decir de uno de sus compañeros de entonces, era voluntarista y ansioso. Se expuso más de lo necesario, y cuando vino el golpe militar, temió justificadamente por su seguridad.

“Cuando sucedió el golpe, su hermano Gustavo, que era militar, lo escondió en su casa. Ese fue el gesto más importante que hizo Gustavo para demostrar que lo consideraba un hermano a pesar de todo, porque Gustavo siempre fue su verdugo en la familia,” dijo su primo Omar Segovia.

Sacar al “Trosko”

Después del golpe militar, la dirección local del MIR en Arica buscó proteger al “Trosko” Fuentes. El dirigente político había llegado a la ciudad desde Antofagasta pocos días antes para informar sobre la última reunión del Comité Central del partido. Se había realizado una gran asamblea en la sede de la Universidad de Chile con todos los militantes el lunes, 10 de septiembre.

A las dos de la tarde del 11 de septiembre, con el palacio presidencial en Santiago en llamas, Vercelotti acompañó al encargado sindical del MIR en Arica a buscar al “Trosko” y llevarlo a una casa de seguridad en el cerro La Cruz, perteneciente a un ayudista de otro partido de izquierda. Ahí permaneció un par de días.

El “Trosko” Fuentes era una de las personas más buscadas por los militares y le habían puesto precio a su cabeza. Pasó de una casa de seguridad a otra. Vercelotti se encargó de hacer los contactos con la militancia, miembros de la dirección y con otros partidos de izquierda.

Al momento del golpe, en Arica se encontraba una buena parte de la dirección local del MIR, salvo el encargado de Tareas Especiales, quien estaba en Antofagasta. Tanto el encargado del MIR en Arica y los responsables del frente estudiantil y de organización, así como el responsable de Tareas Especiales, caerían detenidos en las semanas que siguieron.

“Ellos cayeron por razones distintas, pero no por lo del ‘Trosko’. Que el ‘Trosko’ estaba en Arica era desconocido para los militares en esos momentos: ninguno de ellos fue interrogado respecto del ‘Trosko’,” relata Marco Donoso.

El “Trosko” se estaba quedando sin contactos y sin apoyo logístico. No conocía los nombres o direcciones de sus compañeros de partido en Arica y tampoco podía regresar a Antofagasta.

Decidió entonces que la mejor alternativa era salir hacia Perú. En ese momento, la política oficial del MIR era que ninguno de sus militantes debía asilarse ni abandonar el país. Sin embargo, aunque se puede presumir que el “Trosko” conocía esa política de partido, la orden “El MIR no se asila” no había llegado a los militantes de base en Arica.

“No teníamos idea de esa política. El primer contacto que tuvimos en Arica con el MIR central en Santiago fue meses después, en 1974. Esta historia se dio de manera natural. Se corría peligro y había que sacar al ‘Trosko’ del país, y punto. La idea siempre fue ir a Cuba para luego reingresar a Chile,” explica Donoso.

Con la represión encima y la dirección local detenida, se buscó entre los militantes más jóvenes y menos expuestos para encargarles la tarea de organizar la salida de Chile del “Trosko” Fuentes. La responsabilidad recayó en “Carlos”, un estudiante de secundaria que militaba hacía poco en el MIR. En esa misión también participó “Fernando”, recién ingresado a la universidad y al partido. Ellos se encargaron de planificar la salida, asegurar el apoyo logístico y económico, coordinar a los ayudistas y determinar una ruta segura y transporte hasta la frontera. El “Trosko” Fuentes se ocultó en casa de “Fernando”.

Se planificó una primera salida en la segunda semana de octubre de 1973, en que el “Trosko” fue acompañado por Vercelotti y Espinoza, quienes sirvieron como sus guardaespaldas.

“Siempre he pensado que si el ‘Trosko’ debía elegir a alguien para ser su guardaespaldas, sería Vercelotti. El ‘Trosko’ tenía muy buena opinión de él y de Espinoza. Les tenía aprecio y cariño por la entrega, y por lo tanto, mucha confianza. Eso me consta, ya que muchas veces me lo manifestó en conversaciones,” afirma Juan Carlos García.

Ida y vuelta por el desierto

Al planificar la salida, “Carlos” se había contactado con un pequeño agricultor del Valle de Lluta, conocedor de rutas y con gran experiencia en pasos fronterizos. “Él trazó una ruta desde el punto exacto de partida, dando a conocer incluso referencias con las que debían encontrarse. Irían sólo tres: el ‘Trosko’, Tevito y Mario. Fuimos a dejarlos en un vehículo hasta el lugar en el Valle que me había señalado el agricultor. En el vehículo viajaban ellos tres y los acompañábamos Cacho Salcedo, un amigo de Cacho y yo. Esto ocurrió más menos a las 10 de la noche y nos despedimos de un abrazo. Las condiciones para hacer el recorrido eran bastante básicas: aparte de algunos enseres personales iban con una brújula. Recuerdo que el ‘Trosko’, por la imposibilidad de llevarla, dejó de regalo a ‘Fernando’ una manta que tenía un gran significado para él, porque había pertenecido a Luciano Cruz,” relató “Carlos”.

El plan era llegar en vehículo hasta el Valle de Lluta, cruzar la frontera a pie y avanzar 40 kilómetros hasta la ciudad peruana de Tacna. De hecho, ya lo habían hecho dos estudiantes universitarios del MIR poco antes. Habían logrado cruzar la frontera sin problemas, pero fueron arrestados casi de inmediato por la policía peruana y entregados a la policía de Chile. Los dos jóvenes terminaron presos en la cárcel de Arica.

Según Juan Carlos García, la salida de los universitarios hacia Perú había sido prematura. “Siempre escuché que el contacto era con la policía de Tacna. Había un acuerdo con los cubanos que consistía en que había que presentarse ante la policía de Tacna, y ellos los llevarían con los cubanos. Pero parece que ellos llegaron demasiado pronto, antes de consolidar los contactos,” dijo.

En el primer intento, el “Trosko”, Espinoza y Vercelotti caminaron en redondo por el desierto y regresaron a otro punto del Valle de Lluta; desde allí se movilizaron de regreso a Arica.

“Carlos” afirma que el “Trosko” entonces volvió a la casa de “Fernando” y los otros se fueron a los lugares donde habían estado hasta el día anterior.

La despedida

Espinoza vivió en casa de su hermana Clara hasta el día en que partió de Chile. “Después del golpe Pepe siguió viviendo conmigo y trabajando en la fábrica. Llegaba a la casa a almorzar y volvía al trabajo. Siempre andaba nervioso, preguntando si alguien había preguntado por él. Pepe tenía miedo de estar en Arica; me arranco o me matan, me decía,” cuenta Clara Espinoza.

Antes del siguiente intento de partida el 28 de octubre de 1973, Espinoza comenzó a despedirse de quienes más quería.

El día anterior, citó a su amigo de infancia, compañero en los scout y en la política, R.B.. “Estábamos afuera de la casa de su hermana Clara y él estaba con su sobrino Mauro en brazos. Me dijo que iba a ser la última vez que nos veríamos. Él tenía bien claro que no era fácil volver,” afirmó el amigo. Nunca más lo vio.

También visitó a una familia vecina de la población Juan Noé. La dueña de casa, Bernarda Lepe, acogía con frecuencia a los amigos de barrio y de scout de su hijo, entre ellos a Espinoza, por lo que la llamaban cariñosamente “la Abuela”.

Siendo una familia de militancia socialista, él pasaba muchas horas en su casa, dijo Lepe. “Yo era como su confidente, porque Pepe decía que su familia no lo comprendía, no compartían sus ideas políticas. Por eso se refugiaba con nosotros. Pepe era otro hijo para mí,” dijo.

Ese día lo esperaban Bernarda, su marido Sergio Gárate, su hija Patricia y un par de amigos. A ellos Espinoza les anunció que se iba de Chile.

Bernarda le pasó un anillo de oro con una piedra roja y le dijo: “Esto te va a servir, por lo menos lo puedes vender.” Espinoza dijo que lo guardaría como recuerdo.

“Pepe era una persona extraordinaria. Tenía una calidez humana que rara vez se encuentra. Tenía mucha llegada con todo el mundo,” comenta Patricia Gárate.

La familia Gárate jamás olvidó ese día. No sólo fue la última vez que vieron a Espinoza, sino también el día en que se llevaron detenido al jefe de hogar. En medio de la despedida, llegaron detectives a arrestar a Sergio Gárate, oficial de Aduanas y miembro del Partido Socialista.

“Cuando vinieron a detenerlo, los muchachos se pusieron muy nerviosos,” dijo Patricia Gárate. “Pero los detectives eran conocidos y ellos se apresuraron en detener a mi papá y llevarlo a la cárcel para evitar pasárselo a los militares. Mi papá estuvo detenido un año y medio en la cárcel de Arica.”

El día que partirían rumbo a Perú, Espinoza llevó a tres amigos a casa de su hermana Clara. Dos de ellos eran Tobar y Vercelotti, a quienes Clara ya conocía. Ella recuerda bien esa tarde, porque era su cumpleaños. No hablaron mucho. Ella les preparó once con huevos fritos y le cantaron el cumpleaños feliz.

Esa tarde, Espinoza le confidenció a su hermana que estaban sacando a una persona del país y se irían por los cerros hacia Perú, no por los pasos fronterizos; los estarían esperando en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima. Dijo que después se irían a Cuba y que pronto tendría noticias de él. Clara lloraba.

Clara le arregló un bolso y le pasó unas joyas. “Le dije que las cambiara por comida o cualquier cosa, porque no llevaba nada, sólo un poco de ropa. Llevaba un terno azul con corbata, porque decía que vestido con ese terno se iba a presentar ante Fidel Castro. Llevó unos ponchos, mantas, pantalones. Se fue con la chaqueta anaranjada que siempre usaba,” recuerda.

Los cuatro partieron al atardecer de pie por las calles de Arica, mientras Clara los seguía de la mano de su pequeño hijo Mauro. “Él me hacía señas para que me devolviera, pero yo lo seguía, llorando. Recuerdo que pasaban camiones militares. Después de unas cuadras, pasé a la casa de mi hermano mayor. Pepito se fue, se perdió, dobló la esquina y no lo volví a ver más,” relata.

Atravesar la frontera

Hacía poco que la Caravana de la Muerte comandada por el general Sergio Arellano Stark había abandonado Arica, tras dejar un reguero de muertos en la zona norte del país. El “Trosko” Fuentes seguía en la mira de los militares, pero Arellano y su comitiva no se imaginaron que recién se habían encontrado en la misma ciudad.

Se había movilizado una red de apoyo logístico entre militantes locales, amigos y ayudistas, incluso de otros partidos de izquierda. Esta vez, fueron guiados por el desierto por un peruano con experiencia en los recorridos de frontera y al que hubo que pagarle por el servicio, recuerda “Carlos”. El peruano los acompañaría a partir del kilómetro 25 del Valle, cruzarían juntos la frontera a pie, y luego los recogería un camión que los llevaría a Tacna.

“En esa oportunidad acompañé al ‘Trosko’ sólo hasta una calle de encuentro y fue recogido en un taxi en el que iban Tevito y Homero. Luego fueron recogidos Mario y Bruno, que esperaban en distintos lugares. La incorporación de Homero y Bruno corrió por cuenta del convencimiento de Tevito, ya que él consideraba necesario que salieran. Esta fue una situación que se resolvió apenas un par de días antes de esa salida,” afirma “Carlos”.

Esa noche, en un furgón Citroen, un ayudista llevó al “Trosko”, Espinoza, Tobar, Vercelotti y Bruno González hasta el valle, y desde ahí continuaron la travesía a pie.

Por varios meses, el amigo de Espinoza, R.B., siguió al peruano que los sacó de Arica. “Pero después alguien me dijo que el hombre había pisado una mina en la frontera y había muerto. La gente que yo conocía por el lado de Pepe estaba presa o había salido del país. Yo salí de Chile en diciembre de 1973, y no supe nunca más de él,” dijo.

Lo que sucedió, según le contó después el “Trosko” Fuentes a Juan Saavedra Gorriateguy (“Patula”) en La Habana, fue que el grupo fue detenido en la frontera por la policía peruana. Les quitaron todas sus pertenencias, y, es de suponer, también las joyas que Clara Espinoza y Bernarda Lepe le entregaron a Espinoza.

Temían ser devueltos a Chile, como ya había sucedido antes con los dos estudiantes universitarios que terminaron presos en Arica. Pidieron asilo político, pero les fue negado. Fueron trasladados a Lima.

“Pero los peruanos tenían la actitud de ayudar a los perseguidos chilenos de manera encubierta. El ‘Trosko’ me contó que ellos llamaron al cónsul cubano y él los ayudó a viajar a Cuba un par de semanas después,” recuerda Saavedra.

En el año que siguió, fueron detenidos “Carlos” y “Fernando”, los dos jóvenes ariqueños a cargo de la operación de sacar al “Trosko” del país, y casi todos quienes participaron de una u otra forma en ella, así como la nueva dirección local del partido. Era más de una veintena de detenidos.

En enero de 1974, la novia de Homero Tobar en Arica, Miriam, recibió una carta suya timbrada en México avisando que se encontraba bien. La madre de Mario Espinoza recibió una carta similar de su hijo a inicios de 1974, también procedente de México. En la carta, Espinoza pidió que después de leerla, la destruyeran. La madre viajó a Iquique y le mostró la carta a uno de sus hijos, Raúl, quien hacía el servicio militar en el regimiento de esa ciudad. “La carta venía de México y en ella hablaba sólo generalidades. Después, mi mamá rompió la carta. No supimos más de él,” afirma Raúl.

El MIR había enviado esas cartas desde México, porque a esas alturas, “Mauro”, “Ricardo”, “Marco” y el “Trosko” Fuentes ya se encontraban en Cuba. El plan era recibir instrucción militar en Cuba y regresar clandestinamente a Chile para luchar en contra de la incipiente dictadura militar.

Establecer la retaguardia

Al llegar a Cuba el grupo fue alojado en el Hotel Presidente de La Habana, como lo hicieron muchos refugiados chilenos después del golpe. En diciembre de 1973, junto a otros militantes del MIR venidos de distintas partes, comenzaron a recibir instrucción militar en guerrilla urbana y rural. Primero estuvieron en Punto Cero y después en la Base Pinar del Río.

A pesar de ser severamente criticado por la Dirección Nacional de su partido por haber salido del país, el “Trosko” Fuentes fue nombrado por el Secretario General del MIR, Miguel Enríquez, como representante de la organización en Cuba. Debía encargarse de un primer grupo de instrucción militar y designó a “Mauro” como jefe del grupo. Según quien sería después su jefe en Cuba, Enérico García (“Fernando”), “Mauro” demostraba indiscutibles condiciones de liderazgo.

“Mauro era serio, responsable en el cumplimiento de las tareas que surgían de las necesidades del grupo. Alegre, divertido, buen amigo, solidario, siempre dispuesto a colaborar. No era aún un dirigente formador de otros cuadros, pero se avizoraba en él un proyecto más que interesante de militante y combatiente mirista,” lo describe García.
El grupo a cargo del “Trosko” pasó cerca de un año en distintos cursos de instrucción. El plan era prepararse militarmente en la isla y reingresar clandestinamente a Chile. Sin embargo, no se daban las condiciones para el retorno. El MIR era duramente golpeado, las comunicaciones con el partido en el interior eran extremadamente difíciles, y no había cómo asegurar una estructura de apoyo para la llegada de militantes desde el exterior, afirma Enérico García.

En los primeros meses de 1974, llegó a Cuba el dirigente del MIR Edgardo Enríquez, el “Pollo”, hermano del secretario general del MIR. El “Pollo” quedó en la jefatura del partido en La Habana, mientras que el “Trosko” Fuentes preparaba su traslado a Argentina.

En ese lapso, algunos militantes abandonaron la tarea militar, incluyendo Bruno González, quien había salido con el “Trosko” desde Arica. Entró en conflicto con la política del MIR, y a fines de 1974 se integró al MAPU en La Habana.

Con las condiciones en Chile desfavorables para el retorno, el MIR había decidido establecer una retaguardia en Argentina. Ese país serviría como base de operaciones mientras se trasladaban militantes, recursos y medios hacia Chile. Además, los cuadros del MIR entrenados en Cuba tendrían un teatro de operaciones donde foguearse para lo que esperaban sería la lucha en Chile, y al mismo tiempo apoyarían a las organizaciones revolucionarias argentinas.

Aún faltaba un año para el golpe militar en Argentina, y las organizaciones de izquierda en ese país estaban en pleno auge. La relación entre el Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) de Argentina y el MIR eran óptimas. Apenas producido el golpe de Estado en Chile, el máximo dirigente del PRT, Mario Roberto Santucho, instruyó hacer llegar una valija con un millón de dólares al MIR en Chile y ofrecerle ayuda para sacar a sus militantes de Chile e ingresarlos a Argentina. (NOTA AL PIE 4)

“La relación política del MIR con el PRT era importante y estrecha. El PRT era, además, nuestra principal fuente financiera. Teníamos expectativas de que en la medida en que avanzaba la lucha en Argentina, podríamos crear una retaguardia para operar en Chile,” afirma el entonces dirigente del MIR Andrés Pascal Allende.

Al iniciarse 1974, muchos militantes del MIR y de su organización hermana en Uruguay, el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, refugiados en Argentina, se habían incorporado al PRT-ERP. En febrero de ese año, Santucho presentó públicamente el documento fundacional de la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR) que integraban el ERP argentino, los Tupamaros de Uruguay, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia y el MIR de Chile y que ya venía incubándose desde hacía un tiempo. Con los últimos tres países bajo bota militar, la JCR se concibió como una coordinadora de organizaciones revolucionarias que se brindaría apoyo mutuo en lo militar, logístico y económico para avanzar la revolución armada en cada uno de sus países. La JCR tuvo su base central clandestina en Buenos Aires.

Cada organización designó a un representante ante la JCR, y el MIR delegó esa tarea a Edgardo Enríquez. Entre otras cosas, él se encargó de la red de militantes chilenos que ingresaban clandestinamente a Argentina para eventualmente partir a combatir en Chile.

De las organizaciones que participaron en la JCR, el PRT-ERP argentino era la que se encontraba en mayor expansión, y a partir de marzo 1974 comenzó a preparar un foco guerrillero en la provincia de Tucumán, creando la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez. La Compañía se dedicó inicialmente a tareas de entrenamiento hasta fines de mayo de ese año, cuando comenzó a operar. Entre su centenar de combatientes se encontraban varios chilenos.

En ese contexto y con ese plan, el “Trosko” Fuentes se trasladó a Argentina para preparar las condiciones para el ingreso de más militantes chilenos, quienes participarían con el PRT-ERP tanto en unidades urbanas como en la Compañía de Monte. Sería su prueba de fuego y trampolín hacia Chile. Entre los que debían participar estaban Mario Espinoza, Jorge Vercelotti y Homero Tobar, los muchachos de Arica.

La casa de la calle 68

El “Trosko” Fuentes partió a Buenos Aires en septiembre de 1974. Fue reemplazado en La Habana en sus tareas de atender a los exiliados del MIR y a los grupos que se estaban formando militarmente por Juan Saavedra (“Patula”), quien había llegado a Cuba en marzo de ese año.

Del grupo original en instrucción quedaron sólo siete: Homero Tobar Avilés (“Ricardo”), Jorge Vercelotti Muñoz (“Marco”), Mario Espinoza Barahona (“Mauro”), Heriberto Leal Sanhueza (“Miguel Ángel”), Miguel Orellana Castro (“Pablo”), Claudio Ocampo Alonso (“Juan”, paraguayo) y Luis Alberto Barra García (“Alejo”). Mario Espinoza también era conocido como “Mauro 2” porque ya había un dirigente del MIR en Cuba que usaba el mismo nombre político.

El paraguayo Claudio Ocampo (“Juan”), entonces de 26 años, se había integrado al MIR tras llegar a Chile becado para estudiar pedagogía durante el gobierno de la Unidad Popular. Su padre había sido entrenador de fútbol en el Club Nacional de Paraguay y se trasladó con su familia a Ecuador, donde Claudio vivió gran parte de su infancia y adolescencia junto a sus tres hermanos mayores. En Ecuador, ingresó a la facultad de química de la Universidad de Quito, pero decidió trasladarse a Chile durante el gobierno de Allende, como lo había hecho un tío poco antes. Tras el golpe militar, se asiló en la embajada de Panamá por más de un mes.

“Mi padre viajó a Santiago a ayudar a conseguir el salvoconducto para sacarlo del país. Viajó a Panamá, luego pasó a México y después a Cuba,” relata su hermano, Milton Ocampo.

Claudio Ocampo llegó a Cuba a fines de 1973 con su compañera chilena y una pequeña hija y al poco tiempo se incorporó a las tareas del partido.

“Juan era reconcentrado, trascendente, nada para él era banal, todo era importante. Era un gran conversador, desconfiado, con mucho compromiso con la causa, con el partido, con una visión de la revolución quizás más integradora. No hablaba de su historia personal ni de su país de origen. No aceptaba la posibilidad de la deslealtad. Eso lo hacía potente en el grupo, y un buen cuadro militar,” dice Enérico García, su jefe político en La Habana.

Tras un año en escuelas cubanas, en diciembre de 1974 el grupo comenzó a recibir formación de parte de instructores del MIR en las áreas de inteligencia, educación política, métodos conspirativos, documentación y fotografía, entre otras. Tenían jornadas completas de instrucción todos los días.

Continuaban con la formación propia, cuando en febrero de 1975 llegó a Cuba Enérico García, quien había estado preso en Chile después del golpe militar. Él se hizo cargo de continuar la tarea de preparar pequeños grupos para ingresar clandestinamente a Chile. Su ayudante en esa tarea era Juan Lara Muñoz. (NOTA AL PIE 5).

García era responsable de cuatro pequeños grupos que recibían instrucción especializada por área. “Patula” pasó a hacerse cargo del grupo de Documentación. Un segundo grupo se dedicó al área de Comunicaciones. La unidad encabezada por “Mauro” se especializó en Guerrilla Rural.

El cuarto grupo eran ex militantes socialistas que ya se encontraban en Cuba recibiendo instrucción militar al momento del golpe militar, y que en 1975 dejaron su partido para incorporarse al MIR. En esa transición, ellos participaban en una “micro-brigada”; vivían juntos y trabajaban en la construcción mientras se iban integrando a su nuevo partido.

Los cuatro grupos vivían compartimentados en distintas casas de La Habana. El grupo de “Mauro” vivía en una casa de color amarillo opaco en la calle 68, y por eso se le conocía como “la casa de la 68”. Tenían estricta prohibición de contactarse o frecuentar a otros chilenos en la isla. Vivían en el segundo piso de la casa y en el primero residía una familia cubana. Para esa época, Ocampo se había separado de su pareja chilena y Espinoza iniciaba una relación amorosa con una cubana, que se mantuvo hasta su salida a Argentina.

“El grupo que componía la casa 68 tenía las características que en general marcaban la joven militancia mirista de aquella época: un compromiso social a toda prueba, un afán de participación directa en las luchas populares, un compromiso en la búsqueda del hombre nuevo que pregonara el Che y no escatimar esfuerzo ni sacrificio en su militancia,” afirma Enérico García.

El desmantelamiento del MIR en Argentina

El “Pollo” Enríquez ingresó clandestinamente a Argentina en mayo de 1975. Ese mismo mes, fue detenido el “Trosko” Fuentes al entrar a Paraguay desde Argentina junto a Amílcar Santucho, hermano del máximo dirigente del PRT-ERP.

El arresto del “Trosko” Fuentes en Paraguay y su traslado a centros de tortura clandestinos en Chile cuatro meses más tarde marcó el inicio de las operaciones conjuntas de los servicios de seguridad de los países del Cono Sur conocido como la Operación Cóndor. En la captura de Fuentes y Santucho participaron efectivos de Argentina, Paraguay y Chile, y abrió una veta de información extraída bajo tortura por los servicios de inteligencia de los tres países que a la larga llevaría a la detección y posterior detención de prácticamente todo el contingente del MIR en Argentina.

Jorge Fuentes Alarcón fue detenido y bestialmente torturado en Paraguay hasta septiembre de 1975, cuando fue entregado a agentes de la DINA chilena, quienes lo trasladaron a Chile. Fue visto en el centro clandestino de Cuatro Álamos y después en Villa Grimaldi, desde donde desapareció en enero de 1976.

En los meses que siguieron el arresto del “Trosko” Fuentes en Paraguay fue aniquilada gran parte de la dirigencia rural de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, iniciando su declive. Durante el año y medio de esfuerzos por desarrollar ese foco guerrillero en Tucumán – en el que debían combatir los miristas que se preparaban en Cuba – murieron en combate media docena de chilenos: Rubén Estrada (“Sergio”), Jaime Miguel Vergara (“César”), “Luciano”, “Marcelo”, el sueco y militante del MIR chileno, Dag Arne Runing (“Julio”) y Domingo Villalobos Campo, conocido como el “Sargento Dago”.

Mucho antes del golpe militar del 24 de marzo de 1976 en Argentina, ya estaba operando la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y se libraba una guerra sucia subterránea en contra de la izquierda en ese país. “La situación era extremadamente frágil. El MIR prácticamente no tenía aparato en Argentina y recién a comienzos de 1976 se estaba montando uno,” afirma Andrés Pascal.

Fue en ese contexto en que la dirigencia del MIR en La Habana aceleró los preparativos para enviar combatientes a colaborar con la JCR.

Enérico García debía ser uno de los primeros en viajar a Argentina para, junto con el “Pollo” Enríquez, preparar el ingreso de los demás y el posterior traslado clandestino a Chile. Pero él mismo advirtió a la jefatura del MIR de que no estaban las condiciones para garantizar la seguridad de los grupos una vez en Argentina.

Sin embargo, el encargado del Comité Exterior del MIR en Cuba, Manuel Cabieses, aseguraba que la situación estaba controlada, porque así le estaba informando Edgardo Enríquez desde Argentina. El segundo de Enríquez en Buenos Aires era el argentino Patricio Biedma Schadewaldt (“Nico”), quien se había incorporado al MIR en Chile, donde vivía desde 1968; Biedma había regresado a Argentina después del golpe militar en Chile.

La dirigencia del MIR en Cuba decidió que partiera el primer grupo, el de la casa de la 68 y García se quedó en La Habana. Los miembros del grupo liderado por “Mauro” salieron de La Habana de manera escalonada a partir de diciembre de 1975, llegando a Argentina algunas semanas después. Todos iban con identidades y pasaportes falsos de distintas nacionalidades y pasaron por Praga y otras ciudades de Europa antes de llegar a París. Ahí recibieron su misión, itinerario, contactos en Argentina y las últimas instrucciones del partido.

Espinoza fue el primero en salir en diciembre de 1975. Lo siguieron ese mismo mes Jorge Vercelotti, Claudio Ocampo y Miguel Orellana. En febrero de 1976 salió Heriberto Leal y en marzo, Homero Tobar. Los primeros llegaron a Argentina en febrero de 1976.

Antes de partir, y como era la costumbre, cada uno dejó escrita una carta a su familia que el MIR debía entregar en caso de muerte. Sólo la familia de Vercelotti la recibió, muy poco después.

Mientras los militantes de la “casa de la 68” se establecían en Argentina, en marzo de 1976, por diferencias políticas con el partido, García fue expulsado del MIR y se trasladó a la ciudad cubana de Santa Clara. No regresaría a La Habana ni al MIR hasta 1978, por lo que nunca pudo hacer seguimiento del grupo que había tenido a su cargo. Sólo en 1978 se enteró de que todos habían muerto o desaparecido; los primeros dos a las pocas semanas de haber ingresado clandestinamente a Argentina.

Muertos por la Triple A

El plan para el grupo encabezado por “Mauro” era ganar experiencia combativa junto al PRT-ERP en la guerrilla rural en Tucumán, fortalecer a la JCR y establecer una retaguardia en Argentina para el eventual ingreso clandestino a Chile. Esa etapa no debía extenderse más de seis meses. Originalmente, debían integrarse a la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, pero a esas alturas, la compañía estaba prácticamente desarticulada y el PRT-ERP había sido infiltrado y estaba siendo duramente perseguido. Por lo tanto, a pesar de su especialización en guerrilla rural, los seis debieron integrarse a grupos operativos urbanos del PRT-ERP en distintas zonas de Buenos Aires y otras ciudades.

Al llegar a Argentina a principios de 1976, algunos de ellos se quedaron un tiempo en una casa de seguridad de la JCR en Del Viso, en el norte de la provincia de Buenos Aires, donde vivía el matrimonio argentino compuesto por Osvaldo Bartolini y Susana Gabelli. A esa casa también había llegado en diciembre de 1975 desde la Compañía de Monte la militante del ERP Susana Islas. De a poco, se irían distribuyendo en distintas tareas y casas de seguridad del PRT.

A mediados de marzo de 1976, sólo Jorge Vercelotti, Claudio Ocampo y Susana Islas permanecían en la casa de Del Viso, junto con la pareja argentina. Desde ahí fueron secuestrados todos menos Susana Islas el 18 de marzo. Islas logró sobrevivir porque llegó más tarde a casa.

Los cuerpos de Bartolini y Gabelli fueron hallados el 20 de marzo de 1976 lejos del sector.

Vercelotti y Ocampo fueron encontrados al día siguiente en la vía pública en Ciudadela, en las afueras de Buenos Aires. De acuerdo al expediente judicial de la época, Vercelotti estaba totalmente desnudo y Ocampo se encontraba sólo con pantalón. Ambos estaban vendados y amordazados, y en sus espaldas les habían pegado con tela adhesiva los pasaportes falsos con los que habían ingresado al país. Al interior de ambos pasaportes se encontraron tres papeles idénticos. Uno decía “Junta Coordinadora Revolucionaria – ELN – MIR – ERP – MLN”, el segundo decía “MIR”, y el tercero era un volante titulado “Comando General, 3 AAA, Parte de Guerra nº 1”.

 

No tenían heridas de bala. Las autopsias a sus cuerpos dieron cuenta de golpes y torturas y que habían sido asfixiados con aceite; en ambos casos la causa de muerte fue un “paro cardio-respiratorio de origen traumático”.

El hallazgo de sus cadáveres fue informado al día siguiente en el diario La Nación de Argentina, que habló de un “enfrentamiento”. Ambas familias se enteraron de sus muertes por medio de cartas enviadas por el Comité Exterior del MIR. En el caso de Ocampo, el sobre dirigido a su padre sólo contenía una copia del recorte de diario La Nación. Sin embargo, el padre no pudo viajar a Buenos Aires a recuperar el cuerpo porque dos meses antes había caído preso en Asunción otro de sus hijos, Luis Ocampo, de 17 años, acusado de participar en un supuesto grupo armado de casi nula existencia en su país. A Claudio lo buscaron un tío y su madre pero nunca lograron encontrar sus restos.

De acuerdo a Federico Tatter, dirigente de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Paraguay, cuando Luis Ocampo salió de prisión a principios de abril de 1976, viajó a Argentina en busca de su hermano. En esa tarea contó con la colaboración del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) y particularmente de su director, el escritor argentino y Premio Nobel de la Paz 1980, Adolfo Pérez Esquivel. Pero Luis, hoy fallecido, tampoco pudo dar con su hermano mayor.

La familia Vercelotti recibió una carta similar del MIR con el recorte de diario y además. También se incluía la carta que Jorge había escrito a su familia en Cuba antes de partir. Sin embargo, la familia no buscó sus restos ni denunció su muerte. El padre de familia, militar en retiro, impuso el silencio.

“La familia no pudo hacer nada para saber lo que había sucedido con Jorge por temor a las represalias. Pasaron años en que vivimos sólo con el dolor de haberlo perdido y con el silencio que mi padre pidió para proteger al resto de la familia. Silencio con el que nadie estuvo de acuerdo, pero que acatamos,” señala Celia Vercelotti, hermana de Jorge.

En 2005, tras la muerte del padre, Celia comenzó el largo y doloroso proceso de búsqueda de la verdad y de los restos de su hermano. Partió enviando una solicitud general de información por Internet. Tres años más tarde, le llegó un email del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

La identificación de Ocampo y Vercelotti fue posible hace pocos años gracias a que en la época, la policía hizo un levantamiento fotográfico de los cuerpos y de sus pasaportes y tomó las huellas dactilares de quienes aparecían –según sus pasaportes falsos- como el ciudadano salvadoreño David Linares Cortez (Ocampo) y el ecuatoriano Pedro Quintana Vargas (Vercelotti).

En 1990, un ex miembro del EAAF que trabajaba en Amnistía Internacional en Londres entregó al equipo forense información sobre un militante del MIR chileno de nacionalidad paraguaya de apellido Ocampo que había sido secuestrado por un comando de ultraderecha en Buenos Aires. El EAAF ya conocía el caso de los dos cuerpos encontrados en Ciudadela en 1976, pero las muestras dactilares que se habían tomado a los cadáveres no coincidían con los registros dactilares que tenían de los desaparecidos argentinos. Recién en 2005 la EAAF pudo contar con la colaboración del gobierno de Paraguay a través de la Comisión de Verdad y Justicia creada en ese país.

“Con esa Comisión intercambiamos información sobre los ciudadanos paraguayos desaparecidos en Argentina y le solicitamos ayuda para la búsqueda de las huellas dactilares de Ocampo. Paralelamente, nos enteramos de la carta que envió Celia Vercelotti a la Secretaría de Derechos Humanos de Argentina en la que adjuntaba la carta del MIR sobre el asesinato en Ciudadela, mencionando el detalle de los pasaportes pegados a la espalda. No había mucho que deducir. Pedimos las huellas de Vercelotti al gobierno chileno. En ambos casos las pericias fueron positivas,” explica Daniel Bustamante, investigador del EAAF.

La identidad de Ocampo fue confirmada en 2008; la de Vercelotti en 2009.

Ambos habían sido enterrados en marzo de 1976 con los nombres falsos que aparecían en sus pasaportes en nichos separados del cementerio de la ciudad de Morón, en Ciudadela. Ocho años después, sus restos –aún con las identidades falsas- fueron trasladados a una fosa común, por lo que hoy es imposible individualizarlos para su exhumación y repatriación.

Aún no se ha logrado identificar y localizar a la hija que Ocampo tenía con su pareja chilena para entregarle antecedentes de su padre. Hoy ella tendría alrededor de 42 años.

La desaparición de “Mauro”

Días después de la muerte de Vercelotti y Ocampo y poco después de la llegada de Homero Tobar a Argentina, se concretó el muy anunciado golpe de Estado en contra del gobierno de Isabel Perón, el 24 de marzo de 1976.

El 10 de abril, fue secuestrado el encargado del MIR en Argentina y representante ante la JCR, Edgardo Enríquez. En 2009, el EAAF pudo confirmar su muerte, al descubrir sus huellas dactilares y una fotografía de su cuerpo en los archivos del Hospital Pirovano de Buenos Aires; sin embargo, no se ha logrado recuperar su cuerpo y continúa desaparecido.

Patricio Biedma (“Nico”) asumió las responsabilidades del “Pollo” Enríquez en Argentina.

Durante la primera mitad de 1976, en Argentina fueron secuestrados y desaparecidos media docena de chilenos, entre ellos Nelson Cabello Pérez y Frida Laschan Mellado (NOTA AL PIE 6) (ambos en abril 1976, Buenos Aires), los jóvenes socialistas Juan Hernández Zaspe, Manuel Tamayo Martínez y Luis Muñoz Velásquez (abril 1976, Mendoza) y Óscar Urra Ferrarese (mayo 1976, Buenos Aires). Les seguirían Luis Elgueta Díaz y María Cecilia Magnet Ferrero (ambos en julio 1976, Buenos Aires), José Francisco Pichulmán Alcapán (agosto 1976, Neuquén), Rachel Venegas Illanes (septiembre 1976, Buenos Aires) y María Eliana Acosta Velasco (septiembre 1976, La Plata), entre otros.

No obstante, a pesar del golpe de Estado, la aguda situación represiva y la desaparición del “Pollo” Enríquez, entre abril y mayo de 1976 llegaron a ese país los primeros dos integrantes del segundo grupo enviado por el MIR desde Cuba, especialistas en Comunicaciones. Sin embargo, fueron alertados por el propio PRT de los serios problemas de seguridad y las dificultades que tendrían para mantenerlos a salvo en el país, por lo que retornaron a Cuba un par de meses más tarde. Los dos eventualmente ingresaron clandestinamente a Chile.

El tercer grupo, especializado en Documentación, se quedó en La Habana, salvo un integrante que ingresó a Chile. El cuarto grupo, el de los ex socialistas, comenzó su ingreso a Chile a partir de febrero-marzo 1976. Varios de ellos no sobrevivieron.

Mientras, “Mauro” había pasado a integrar la Columna Norte del PRT-ERP en Buenos Aires y durante varios meses de 1976 vivió en casa de una compañera del PRT, María del Carmen Castro (“Nora”), con quien debió recorrer toda la zona norte y oeste del Gran Buenos Aires para familiarizarse.

“Recuerdo que Mauro llegó a la Argentina con un bolso Samsonite, que en ese momento era lo mejor. Traía dólares y unas pocas cosas, uno o dos jeans, una camisa que recuerdo era celeste a cuadritos, una toalla chica, una pasta de los dientes y un cepillo, todo comprado en Francia,” dice Castro.

En mayo de 1976, aproximadamente, “Mauro” se trasladó a la casa del matrimonio argentino compuesto por Ricardo Luis Iwanski (“Quico”) y Rosa Delia Cabot (“Blanca”), quien se encontraba embarazada, y el hijo de ambos de dos años. A partir de entonces, “Mauro” comenzó a participar en acciones operativas urbanas del PRT-ERP, utilizando también el nombre político “Santiago”.

A mediados de junio de 1976, “Mauro” se salvó de ser detenido. Militares habían llegado a la casa de Iwanski a detener a todo el grupo, pero solo Cabot fue secuestrada. Hoy se encuentra desaparecida. “Mauro”, Iwanski y un argentino de nombre político “Claudio” lograron escapar en esa oportunidad, afirma Castro.

Un mes más tarde, fue secuestrado Iwanski. También permanece desaparecido. “Claudio” sobrevivió.

“A mediados de junio, más o menos, Mauro fue un domingo a casa y lo vi cansado. De repente había dejado de ser el Mauro alegre que yo conocía. Le dijo a mi mamá que por donde él vivía había nogales y que la próxima vez que viniera le iba a traer nueces. Llegó agosto y Mauro no vino. Mi mamá me preguntó por él y yo le dije que tenía mucho trabajo. Pero yo suponía lo peor,” recuerda Castro.

Entre junio y agosto de 1976, el Ejército ya había virtualmente aniquilado a la guerrilla del ERP y desbaratado a numerosas células del PRT, secuestrando a unos 200 militantes. En ese contexto fue detenido “Mauro” en julio de 1976.

En ese periodo también caía detenido Biedma, aunque no está claro si “Mauro” y Biedma fueron detenidos al mismo tiempo.

De acuerdo a un prisionero sobreviviente del centro clandestino Automotores Orletti operado por el Servicio de Inteligencia del Ejército argentino (SIDE) en Buenos Aires, cuando fue llevado ahí el 23 de agosto de 1976, Biedma ya llevaba bastantes días en el lugar. “Mauro” llegó después, en septiembre. “Apenas estuvo ‘Mauro’ en nuestra celda se puso a charlar con ‘Nico’; era evidente que se conocían,” afirmó.

Este testigo, quien pidió reserva de su nombre, compartió celda con Biedma y “Mauro”. Biedma, dice, le contó que había sido detenido por casualidad y que por varios días pudo ocultar su identidad de sus captores debido a los documentos falsos que portaba. No está claro si Biedma pasó por otro centro de detención antes de Orletti, pero cree que “Mauro” sí estuvo en otro lugar antes de Orletti.

Los guardias tenían un trato diferenciado con Biedma, cuenta su compañero de celda: “Era un trato respetuoso hacia él, como de reconocimiento a un enemigo digno. ‘Nico’ destacaba de todo nosotros por su aplomo, un carácter muy templado. Lo vi sonreír -que no era fácil allí-, ayudar a los demás, y hasta me enseñó cantando bajito una canción chilena muy conocida, ‘Arriba en la cordillera’. En los 45 días que permanecí allí, fue el único al que le permitieron en una oportunidad darse una ducha.”

Los tres compartieron celda en la planta alta de Orletti junto con otros secuestrados cuyo número variaba según las detenciones y traslados. En los primeros días de octubre, llegaron a esa celda una docena de uruguayos. “Todos estábamos vendados y esposados, y algunos con grilletes en los tobillos,” relata este testigo. “La puerta metálica era muy ruidosa y eso nos alertaba cuando entraban a nuestra celda, y cuando sabíamos que estábamos solos nos bajábamos las vendas y así podíamos vernos y charlar en voz baja. Nos iluminaba todo el día una lamparita eléctrica que estaba muy alta. Había colchonetas en el suelo y en ellas nos sentábamos o dormíamos. Los alimentos eran muy escasos. No había forma de asearse y nos sacaban a un baño con un inodoro situado en un patio o terraza. En la celda había un balde para orinar. Ni lastimados ni heridos recibían atención médica, ni siquiera un compañero herido de bala en una pierna. Con frecuencia ponían música a volumen muy alto, y no sólo cuando torturaban.”

Según este ex prisionero argentino, cuyo testimonio ante la comisión de verdad en Argentina fue clave para saber de la existencia de “Mauro” en Orletti, a ese centro de tortura llegaban oficiales de otros países del Cono Sur a interrogar a sus connacionales. Automotores Orletti se convirtió en la base de la Operación Cóndor en Argentina.

“Me consta que ‘Nico’ fue interrogado por chilenos porque él mismo me lo dijo, concretamente que eran agentes de la DINA. Creo que ‘Mauro’ no fue torturado en Orletti porque ya lo habían torturado en otro centro, pero sí lo interrogaron en Orletti los mismos agentes chilenos. Calculo que para eso lo habrán llevado allí. ‘Mauro’ me dijo que le imputaban la muerte de dos policías de la provincia de Buenos Aires,” afirma el testigo.

Un cable de la CIA fechado el 22 de septiembre de 1976, titulado “Argentina-Cuba: ¿Apoyo de Castro para la Subversión Local?”, obtenido por el periodista John Dinges y publicado en su libro sobre la Operación Cóndor, da cuenta de la íntima relación que tenían los servicios de inteligencia argentinos y estadounidenses. El documento transmite los detalles del interrogatorio a Patricio Biedma y “Mauro” dentro del centro de torturas poco después de sucedido. El cable señala:

“Las fuerzas de seguridad argentinas capturaron a Patricio Biedma y Mario Espinosa, chilenos que han trabajado desde algún tiempo por la causa terrorista en Argentina. Biedma dice que era el jefe del MIR de Chile en Argentina, y el delegado del grupo a la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR), una coalición de organizaciones terroristas regional. Espinosa también dice ser miembro del MIR y más recientemente, combatiente del Ejército Revolucionario del Pueblo de Argentina (ERP).
Biedma dice que se reunía frecuentemente con un oficial de la Embajada de Cuba en Buenos Aires que ‘regularmente’ entregaba fondos para la JCR así como también al ERP y los Montoneros. [SE TACHAN CUATRO LÍNEAS DEL CABLE]
…Espinosa también afirma que la embajada cubana entrega fondos a izquierdistas argentinos, y que él mismo recibió instrucción en Cuba, y que luego fue introducido al ERP por un contacto cubano en Argentina.”

El ex prisionero político permaneció en Automotores Orletti hasta el 7 de octubre de 1976. Cuando fue liberado, en la celda sólo quedaban Biedma y “Mauro”. Orletti fue cerrado un mes más tarde. Biedma está desaparecido.

El prisionero sobreviviente de Orletti identificó positivamente la fotografía de Mario Espinoza Barahona como correspondiente a su compañero de celda, “Mauro”. Enérico García también reconoció a Mario Espinoza como “Mauro”, el jefe del grupo en instrucción militar en La Habana.

A pesar de que el cable de la CIA identifica correctamente a “Mauro” como Mario Espinoza, por muchos años se pensó que “Mauro” era un hermano de Elmo Catalán. La confusión se debió, al parecer, a una información distorsionada que llegó a Argentina. Daniel Bustamante, investigador del EAAF, dice que el equipo forense fue informado de declaraciones prestadas por Enérico García y Juan Saavedra ante la Comisión Rettig respecto de la desaparición de Heriberto Leal en las que afirmaban que dentro del grupo de chilenos en Cuba había uno de Arica, de nombre político “Mauro”, y que era hermano de Elmo Catalán.

Sin embargo, García asegura que lo que él relató a la Comisión Rettig fue una reunión a la que fue citado en 1990 por un abogado de la Vicaría de la Solidaridad -cuyo nombre no recuerda- que quería confirmar una información: un conscripto argentino había dicho que se había encontrado un cadáver en la cordillera por el lado argentino que correspondía a un militante del MIR de nombre Mauro, de Arica.

“Yo conté eso en mi declaración, transmitiendo la información del abogado. Yo no tenía ninguna información sobre un cuerpo en la cordillera, pero siempre tuve perfectamente claro que ‘Ricardo’ era el hermano de Catalán, no ‘Mauro’. Lo que nunca supe hasta muchos años después fueron sus nombres verdaderos,” afirma García.

La versión equivocada de que “Mauro” podría ser hermano de Elmo Catalán se diseminó entre investigadores y la comunidad de derechos humanos y contribuyó a ella el hecho de que tanto Espinoza como Tobar eran de Arica. Sin embargo, aunque la distorsionada información despistó a quiénes buscaban la verdadera identidad de “Mauro”, sirvió para descubrir a otro detenido-desaparecido que ni siquiera estaba en los radares de los organismos de derechos humanos de Chile o Argentina: el medio hermano de Elmo Catalán, Homero Tobar.

Una desaparición sin rastro

La desaparición de Homero Tobar (“Ricardo”) en Argentina es un total enigma. No existe información fidedigna ni han surgido testigos o alguna evidencia de su eventual detención, prisión o muerte. Al momento, nadie lo ha reconocido en fotos. Sin embargo, existe la posibilidad de que haya estado en Río Negro.

En los primeros meses de 1976, cuando Tobar estaba recién llegado a Argentina, le envió a su novia Miriam una segunda carta. En ella le contaba que estaba en Río Negro y que estaba trabajando. Fue la última vez que la familia Catalán supo de Homero Tobar.

El nombre verdadero de Homero Tobar Avilés figura en un documento de la Comisión Asesora de Antecedentes (CAA) de la Secretaría de Inteligencia de Estado al que esta autora tuvo acceso sobre el chileno Hugo Inostroza Arroyo, ex militante del ERP asentado en la zona de Neuquén con su familia desde hacía años.

Según este documento de la CAA, Grupo de Tareas 1, Inostroza actuaba como el “responsable militar del ERP en las provincias de Neuquén y Río Negro”, y sus “contactos en el MIR” en 1976 eran Lorenzo Homero Tobar Avilés (“Ricardo”) y José Luis Appel de la Cruz (“Claudio”), citándolos con sus nombres verdaderos completos y sus chapas políticas. Appel de la Cruz desapareció en Neuquén en enero de 1977.

Consultado Inostroza al respecto, dijo no conocer a Homero Tobar y tampoco lo reconoció en una fotografía.

Según la versión de la familia Catalán, años después de la salida de Tobar de Chile en octubre de 1973, su madre recibió una llamada desde Argentina comunicándole que su hijo estaba muerto. Después, en la década de los ochenta, una pariente le contó a la familia que según su esposo, quien era detective, Tobar ya había muerto, pero se negó a entregar alguna información adicional. No ha sido posible contactar a esta pariente o su marido para ratificar esta información.

Otra versión que circula en la familia Catalán es la de una prima hermana de Homero, Carmen Segovia Avilés. Mientras trabajaba en la Comisión de Derechos Humanos de Arica, dijo, en 1984 aproximadamente se enteró de que su primo era un detenido-desaparecido y que al parecer, había muerto en la frontera de Chile con Argentina.

“Supe que Homero había ingresado a Chile a la altura de Los Andes con un par de compañeros más y el padre Roco, en Quilpué, le dio refugio. Estuvo cerca de dos días en Quilpué, y luego regresó a Argentina a buscar a más compañeros para ingresarlos a Chile. Ahí dicen que fue abatido, pero no está claro,” dijo Segovia. Esta versión no ha podido ser confirmada pero coincide en algún grado con la información entregada por el abogado de la Vicaría de la Solidaridad a Enérico García en 1990.

Las cartas que nunca llegaron

Las familias de Homero Tobar y Mario Espinoza nunca denunciaron su desaparición porque jamás fueron informadas por el MIR u otras personas de que ellos podrían haber sido secuestrados o que se encontraban desaparecidos.

Antes de partir de Cuba hacia Argentina, cada militante llenó una ficha con sus datos personales, se les tomó una fotografía y se les pidió escribir una carta de despedida a su familia. El MIR debía enviar estas cartas a sus familias en caso de muerte.

Las familias de Mario Espinoza y Homero Tobar no recibieron esas cartas – no está claro porqué. Aunque no había constancia de sus muertes y el MIR en Argentina estaba prácticamente desmantelado, alguien en el partido tendría que haberse enterado de su desaparición. Alguien tendría que haberlo informado.

Esas cartas, junto con las fichas y fotografías de todos ellos, las guardó por muchos años un dirigente del MIR en La Habana, que aún vive en Cuba. Consultado a través de terceros en 2009, señaló que ya no las tenía en su poder. Según Enérico García, esos documentos, así como todo el archivo del MIR en La Habana está ahora en manos del gobierno cubano. Los esfuerzos por recuperarlos han sido infructuosos.

“Cuando el MIR se dividió en la segunda mitad de los ochenta, hubo disputas entre las diferentes corrientes respecto de la posesión de los archivos del MIR que estaban en Cuba. Según me contó un miembro de la dirección del partido a fines de los noventa cuando reclamé las cartas de estos muchachos, frente a esas disputas intervino el gobierno cubano y se quedó con todo el archivo. Los cubanos dijeron que entregarían los archivos si los representantes de las distintas corrientes del MIR se ponían de acuerdo. Y hasta ahí llegamos,” afirma García.

Notas:
1 John Dinges, “The Condor Years”, The New Press, New York, 2004.
2 Jorge Vercelotti nació como Jorge Machuca, que era el apellido materno del padre. A mediados de los setenta, su padre rectificó su apellido y quedó como Jorge Vercelotti. Él nunca se enteró de esa rectificación.
3 “Manuel” pidió reserva de su nombre verdadero.
4 No está claro si ese dinero llegó efectivamente a manos del MIR. María Seoane, “Todo o Nada”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991, pp. 215-216.
5 Juan Lara murió el 12 de septiembre de 1981 tras recibir un disparo accidental durante la retirada de una operación del MIR en Santiago.
6 Frida Laschan y su marido, el argentino Ángel Athanasiu Jara, fueron secuestrados junto a su hijo de casi seis meses, Pablo. El bebé fue entregado a una familia argentina y su verdadera identidad restituida en agosto de 2013.

PLAN Z- Cigarrillos Monza…”me estai gueviando!”

Hoy temprano una amiga incognita, de esas que usan bellos y apeladores nicks y direcciones de correo electrónico me envió este enlace , que de inmediato estimuló mi memoria y me hizo retroceder décadas en el tiempo.   http://www.elmostrador.cl/pais/2014/08/14/plan-z-el-mito-fundacional-de-la-dictadura-en-detalle/

Recordé los días inmediatos al Golpe de Estado en Chile,aquellos días que vivíamos en dos pistas paralelas que no se juntaron ni en el infinito. Días de levantarse temprano para preparar a cuatro niños para ir al colegio- colegio de curas con interventor militar, un coronel apellidado Verdugo (!) y father Wheilan expulsado y los niños pobres de los campamentos desaparecidos del mapa. Ya los machuca jamás volverían a aprender inglés en el mismo establecimiento que formó a líderes políticos de la extrema izquierda y la extrema derecha en los mismos patios . Los georgians de 1973, niños que estaban aprendiendo a arar la tierra y cultivar verduras, que visitaban admirados a sus compañeros de clases en sus míseros habitats envidiando su libertad de andar a pata pelá y que sus mamás no los gritonearan si se embarraban . Esos niños de 7 años que por las noches veían y escuchaban a los militares pateando sus puertas, las puertas de los pobres y las puertas de sus padres militantes veinteañeros de todas las clases sociales .

Poco tiempo pudieron todos estos niños ser georgians. El exilio , las detenciones y desapariciones de sus padres,la prisión, la clandestinidad, los relegamientos el miedo permanente  los esparcieron y en dos o tres meses  las bandadas de niños rubios y morenos migraron a otros espacios.

Nosotras, jóvenes madres de familia numerosa, sin apoyo familiar en la mayoría de los casos porque éramos las ovejas rojinegras, o verdinegras,o rojas en familias conservadoras, muchas de nosotras estudiando y trabajando, participando en asambleas en las universidades,campamentos,cordones industriales, comenzamos a escuchar incrédulas y un poco divertidas acerca del Plan Z.

Que nos iban a matar a todos, que iban a matar a los oficiales del ejército,que exterminarían a los políticos de oposición…que Pinochet nos salvó”

Estas frases nos las decían cada vez que asqueadas y estremecidas contabamos en el barrio que al volver de la oficina por la Avenida Costanera nos encontrabamos con escenas surrealistas, como cuando la vez que al tomar una curva enfrenté a un sin fin de autos detenidos,sin orden, con sus puertas abiertas como enormes aves metálicas posadas en el asfalto y sin ocupantes. Era lo anormal al interior de días sin normalidad alguna. Al bajarme de mi auto para intentar econtrar una explicación, vi la ribera del río Mapocho negreando de espectadores silenciosos a los que me uní. Y ví los cuerpos flotando. Cuerpos navegando río abajo, espaldas de camisas blancas manchadas de sangre, cuerpos jóvenes sin rostro. Y espectadores silenciosos, estáticos.

Y ahí te espetaban aquello del Plan Zeta, y del cigarrillos Monza que supuestamente traían las instrucciones para ejecutarlo…A continuación copio un posteo genial que da un indicio de los que era en aquellos desquiciados días este bulo.

El Plan Z

Cualquiera tiene un plan, un plan B, o un plan C incluso, pero rara vez hay que contar hasta la zeta. Mi tío Pepe lee algo sobre Monza en el diario y se acuerda del Plan Z, de su primera vivencia palindrómica. Sería 1972, él vivía en Chile, era un niño pero ya fumaba. Y el tabaco escaseaba. La tabacalera estatal había lanzado una nueva marca de cigarrillos, Monza. Desde la derecha, echaron a correr el bulo según el cual, visto al revés, MONZA quería decir Plan Z NOW. La A al revés significaría plan, la zeta, zeta, y así sucesivamente, tal como muestra la imagen.

Y más, porque la imagen muestra lo que esconde, la efigie de Guevara camuflada en el coche, donde indica la flecha. Se trataba de un palíndromo escripto-visual, como dice mi tío Umberto.

M

Ahí queda eso. El Plan Z (la solución final) consistía en asesinar y despojar a la gente de bien, y los cigarrillos Monza eran el mechero para encender esa dinamita.

La campaña del terror portó sus frutos negros. Pero esa historia ya está contada y de tan siniestra ya da un poco de risa. A lo que iba es a que la palindromía no es puro humo. También, como el tabaco y la velocidad, mata.

______________Luego me entero de que esta historia, como tantas otras, es importada, que tiene su precedente en Norteamérica, donde en la cajetilla de Marlboro hay quien veía las tres K delKu Klux Klan, incluso las piernas de unos ahorcados. Y dentro del dromedario del paquete de Camel a un niño meando y en la de Kent a una señora pilucha.

 

Y no solo yo y los compañeros sentíamos que eramos impotentes ante la estupidez imperante. En los comentarios a esa entrada de blog un anónimo lector deja este otro enlace a modo de respuesta

 La Tercera, sábado 22 de septiembre de 1973, once días después del Once: un Chile alegre y faldicorto:http://www.flickr.com/photos/aikelen/8020972684/in/photostream

 

Y ahora una escueta explicación del motivo de este posteo mío, reconociendo que no he abierto ningunos de los links, porque me dá pereza el tema, pero ante las declaraciones del pobre chico detenido en Venezuela por estos días y que fundamenta su adhesión a un partido de ultraderecha en que su abuelo iba a ser víctima del Plan Z y que era perseguido por el GAP (!), grupo de jóvenes encargados de resguardar la seguridad del presidente Allende, se desataron mis recuerdos y sensaciones de esos días, que solo puedo resumir con una expresión: “me estai gueviando!!!”, muy similar a la que nos venía a la boca en esos años de los que fuimos protagonistas y testigos de época.

 

Más links que quizás lea, porque la mayaoria de estos posteos son en clave de humor. Obvio!

Un imperdible   

Coleccionismo: cajetillas de tabaco « gamuza – La Coctelera

gamuza.lacoctelera.net/post/2006/03/27/coleccionismo-cajetillas-tabaco

27/3/2006 – soy de chile … vendo cagetilla de cigarrillos monza originales del año 73 con la imagen chegue vara

http://dayoa.cl/humor.php?pagina=4

Los Monza | BolitasDeHumo

 

Chile: El sepulturero de la Caravana de la Muerte

http://www.kaosenlared.net/…/15348-chile-el-sepulturero-de-la-caravana-de-la…

18/4/2012 – Recuerda que la paranoia era resumible en los cigarrillos Monza. … se nos decía que éramos los salvadores de Chile, los guardianes del país; ..

  • NO SE LA PIERDA: Premiado escritor Luis Sepúlveda hace

    vozciudadanachile.cl/no-se-la-pierda-premiado-escritor-luis-sepulveda-h…

     Si hay algo que me molesta es cuando en Chile sucede algo … la cajetilla de cigarrillosMonza” en la que, según la inteligencia militar dirigida …

 

 

 

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