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Cuarenta años. ¿Aniversario o compromiso de unidad? Cristian Cottet

Cuarenta años. ¿Aniversario o compromiso de unidad?

 

Cristian Cottet

 

En todos aquellos lugares en que la política
ha sido falsa, incapaz y mala, se ha requerido
a la justicia para que actuara en su lugar…
Pablo Neruda; “Yo acuso”

El 20 de julio de 1974 es secuestrado desde un taller de bicicletas, en la comuna de Ñuñoa, el militante del MIR Luis Guajardo Zamorano. El 26 de julio de 1974 doña Eliana Zamorano Rojas, madre de Luis Guajardo Zamorano, interpuso un Recurso de Amparo a favor de su hijo ante la Corte de Apelaciones de Santiago, acompañando como antecedente un certificado de la Posta Nº 3 en el cual consta la atención médica realizada a su hijo. El 12 de diciembre de 1974, el Ministro del Interior, General Raúl Benavides Escobar, respondió a la Corte que el amparado no se encontraba detenido por orden emanada de ese ministerio.

Un año después, el 23 y 24 de julio de 1975, por medio de los diarios chilenos El Mercurio y La Segunda se da a conocer una lista de 119 chilenos que habrían muerto en diversos países sudamericanos, entre los cuales se encontraba Luis Guajardo Zamorano. “Exterminados como ratones”, era el titular del diario La Segunda.

El 5 de octubre de 1974 muere Miguel Humberto Enríquez Espinoza, Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), combatiendo a los destacamentos de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Representante genuino de una generación marcada por el avance las luchas populares, Enríquez marcó la pauta de lucha contra la dictadura instalada el 11 de septiembre de 1973 al negarse repetidamente abandonar Chile en virtud de un cerco que se cerraba cada día más.

Miguel Enríquez nació el 27 de marzo de 1944. En estos días cumpliría 70 años.

Pero también este año se cumplen 40 años de la desaparición de Luis Guajardo Zamorano.

Y se cumplen 39 años del montaje instalado por la dictadura y avalado por la prensa derechista, donde se quiso convencer de una vendetta criminal, haciendo uso de los nombres de 119 chilenos. 101 de ellos eran menores de 30 años. 57 eran solteros. 19 eran mujeres, 91 hijos quedaron sin padre o madre.

Este año se cumplen 40 años de la muerte de Miguel Enríquez.

Pero es mucho más que un aniversario. Estos 40 años encuentra a quienes combatieron y resistieron la dictadura desde la militancia en la izquierda revolucionaria en múltiples procesos paralelos de construcción de referentes políticos. La izquierda no tiene nombre, no es un líder ni un partido. Menos es un movimiento social gobernado por entusiasmos parciales. La izquierda es una sumatoria de reivindicaciones, es sentires campesinos, movilizaciones de trabajadores. La izquierda es mujer, estudiante. La izquierda es constitutiva de una identidad de la pobreza. La izquierda no le pertenece a nadie.

Cuarenta años es una vida, me dijo mi abuela cuando los cumplí. Cuarenta años son también lo que ha tardado la izquierda en reconocerse desde la pobreza construyendo referencias que den luz y dirección a las múltiples organizaciones que se debaten en las particulares reivindicaciones locales.

La izquierda es también los dolores de cada detenido desaparecido, no sólo los más nombrados o dirigentes nacionales. La izquierda es una campesina que junto a otra reunieron fuerzas para exigir que les devuelvan sus esposos en Paine. Cuarenta años es un vida, si, pero un vida definida por la memoria. El olvido, por su lado, es una mancha, una siniestra mancha que permite seguir viviendo y así gozar de las nuevas virtudes que nos ofrecen el presente y el futuro. El olvido se ha transformado en una acusación, en una serie de castigos y con esto la crueldad se ha instalado entre las desastrosas miradas del resto. El olvido es una conmemoración discriminadora, es reconocer el heroísmo de Miguel Enríquez y dejar de lado los 119 desaparecidos por la DINA. El olvido contiene mucha memoria, entonces cuando se conmemora la figura del héroe y se desplaza la figura del militante, del dirigente de la Reforma Agraria, de las mujeres violadas en Villa Grimaldi, cuando el héroe eclipsa a los que supone dirigir o reconocer, allí, en ese momento la izquierda concurre al olvido más ominoso y segmenta su patrimonio a una zona elitista y banal.

La fragmentación social y política ha sido una de las herramientas más recurrentes a la hora de inmovilizar las luchas y reivindicaciones de los pobres. Reconozcámoslo, continuar santificando algunos líderes muertos, semeja más a un proceso religioso, acerca mucho más a una animita, pero no a la práctica política que los pobres comienzan a reconocer como propia.

Este año se cumplen 40 años de la muerte de Miguel Enríquez.

Pero también este año se cumplen todos los cumpleaños de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), se cumplen todos los años de los detenidos desaparecidos y sus familiares que les buscan, se cumplen todos los años de los ejecutados, de los guerrilleros de Neltume, de las primeras gestiones de resistencia a la dictadura. Este año es el cumpleaños de Chile, un Chile vigoroso pero penoso, un Chile orgulloso de su trabajo.

Este año se cumplen 40 años de la muerte de Miguel Enríquez.

Existen dos posibilidades en este marasmo político que es la izquierda. O bien conmemoramos la muerte de Miguel Enríquez como un héroe que en solitario enfrentó lo peor que ha dado este país, o bien conmemoramos el comienzo de la construcción de una izquierda reunida tras muchos, miles de aniversarios que aún duelen cada vez que nos recuerdan la vida de izquierdistas que no descansaron ni flaquearon a la hora de luchar, no sólo por el retorno de la democracia existente antes del 73, sino por una vida mejor, un país mejor… una democracia mejor.

Este año se cumplen 40 años de la desaparición de Luis Guajardo Zamorano.

Uruguay: Denuncia “el cuerpo de las mujeres fue utilizado como botín de guerra”,

Uruguay: Denuncia de Beatriz Benzano y Clarel de los Santos

DURANTE LA DICTADURA, EL CUERPO DE LAS MUJERES FUE USADO COMO BOTÍN DE GUERRA

30 junio 2013

El horror, el horror

La última dictadura, de la que se cumplen 40 años este jueves, dejó víctimas silenciosas, como las mujeres ex presas, que sufrieron abusos y violencia sexual.
Durante la última dictadura uruguaya, “el cuerpo de las mujeres fue utilizado como botín de guerra”, afirma Beatriz Benzano, quien décadas después del régimen promovió, junto a otras ex presas políticas, la primera demanda colectiva por violencia sexual ejercida contra las detenidas en ese periodo.

Lo que hicieron los militares con las mujeres detenidas fue “un crimen de guerra”, asegura Beatriz, ex monja que luego militó en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN).

“El cuerpo de la mujer era usado como botín de guerra, en los cuarteles nos entregaban a la tropa para que hicieran lo que quisieran con nosotras. Y como campo de batalla, por eso lo hacían delante de compañeros o esposos”, relata Beatriz, quien estuvo encarcelada entre 1972 y 1976.

Ella es una de las 28 ex presas políticas que presentaron en octubre de 2011 una denuncia contra más de un centenar de militares, policías, médicos y enfermeros que participaron de las torturas y abusos sexuales contra las detenidas.

La denuncia sostiene que las detenidas sufrieron especialmente “en su condición de mujeres”.

El ensañamiento era mayor “por el hecho de ser mujeres y por ser ellos una institución tan jerarquizada, autoritaria y machista”, sostiene Beatriz. “No podían tolerar que nosotras nos hubiéramos salido del rol tradicional de esposas, madres, amas de casa”.

“La desnudez forzada era lo primero que nos hacían, al llegar al cuartel nos arrancaban la ropa. En esa situación de vulnerabilidad e indefensión empezaban a torturarnos y a hacer algunas prácticas de violencia sexual”, recuerda, con la mirada empañada.

Cientos de denuncias

Si bien hay unos 15 condenados en los últimos años en Uruguay por delitos cometidos durante la dictadura –entre ellos los ex dictadores Gregorio Álvarez y el fallecido Juan María Bordaberry-, todos fueron culpados por el delito de homicidio.

Con el regreso de la democracia en 1985 y la aprobación un año después de una ley que frenó las investigaciones sobre los crímenes de la dictadura, los detenidos callaron las torturas.

“Lo que hicimos fue pelear por memoria y verdad, tratar de encontrar a los desaparecidos, nos parecía que era lo más urgente”, señaló Benzano.

Luego que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenara en 2011 a Uruguay investigar y juzgar los delitos de la dictadura, las ex presas evaluaron que ahora sí podían denunciar. Pero se toparon con la gran dificultad para hablar del tema.

“Hablamos con más de un centenar de compañeras, invitándolas a hacer la denuncia, algunas que sabíamos que habían sido violadas, y al final quedamos 28 haciendo la denuncia. Hay compañeras del grupo que jamás lo habían hablado con su compañero o durante 30 años de terapia no se lo habían dicho al terapeuta ni a nadie”, relata Beatriz.

Un proceso similar vivieron 90 ex presos y ex presas que presentaron una denuncia separada, también en 2011, por las torturas y tratos degradantes cometidos en las prisiones uruguayas, que llegaron a albergar unos 6.000 presos políticos.

También en este caso, “más allá de identificar a los responsables y castigarles por un delito cometido, para nosotros lo fundamental es que se avance en la jurisprudencia en el país para que este tipo de delitos nunca más ocurran. Y que si ocurren, que haya instrumentos jurídicos reales y efectivos para castigarlos”, dijo a la AFP Clarel de los Santos, ex detenido y uno de los impulsores de esta denuncia.

De los Santos sostiene que “durante muchos años se negó que la tortura hubiera existido, una parte importante de la población no creyó”.

“Por eso nos parece ponerlo en el tapete: que existió tortura, que la tortura generó secuelas en una cantidad de gente que nunca pudo rehabilitarse, que en general cambió para siempre a las personas que fueron torturadas. Aunque hayan hecho esfuerzos por canalizar su vida no fue lo mismo”, enfatizó.

Beatriz coincide en que la sociedad uruguaya ha recibido las denuncias sobre torturas “con asombro, como si nunca hubieran oído hablar (de esto)”.

“Creo que también todo el mundo trató de olvidar lo peor: el horror del terrorismo de Estado”, sostiene. “Que estaban todos los cuarteles y las comisarías del país convertidos en centros de tortura y de exterminio, con cuerpos colgados del aire, balanceándose como muñecos, desnudos siempre. Cuerpos tirados, amontonados, mugrientos, sangrientos, desfigurados por los golpes en la cara, en todo el cuerpo, en los genitales, donde se ensañaban, ultrajados, pisoteados”.

Ambas denuncias están actualmente en la Suprema Corte de Justicia (SCJ), para que el máximo tribunal resuelva si se pliega al pedido de la defensa de los acusados, que sostienen que los delitos prescribieron, basándose en un fallo emitido por la propia SCJ para otro caso este año.

Sin embargo, en estos dos casos las víctimas aseguran que seguirán adelante.

“Es urgente, no podemos dejar ese fardo a las generaciones venideras”, dice Beatriz. “Los hijos y los nietos de ellos oyen que sus padres o abuelos siguen reivindicando lo que hicieron. El trabajo es de justicia pero también por un nunca más”.

(Fuente: AFP)
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La Voz de Un Hijo. Ernesto Lejderman

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