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Convocatorias para memoriar.

Memorias de Exilio

Memorias de Exilio es un proyecto creado por el MMDH que busca dar visibilidad a los testimonios de quienes se vieron obligados a partir al exilio durante la dictadura, a los que nacieron fuera del país, a los que no volvieron, a los que regresaron y a los que volvieron a partir.

El objetivo principal de la iniciativa es generar un espacio que incluya las memorias del exilio, un espacio para el diálogo y el encuentro de sus testimonios y vivencias, abordando la experiencia del retorno y el sentimiento de desarraigo de la identidad individual y colectiva. Queremos incorporar la temática del exilio a la reconstrucción de nuestra memoria como país y hacerlas parte de las múltiples memorias de nuestro pasado reciente.

http://www.memoriasdeexilio.cl

Publicado el 17/01/2014

 

viejos golpes /////////// nuevas memorias

Viejos golpes, nuevas memorias

 recuerdos íntimos a destiempo

Otras generaciones no han permitido que nuestras voces hablen desde un lugar legítimo. A nuestras memorias se las acusa por su falta de años y experiencia, de culpa y de sangre.

Ante esto, respondemos: No estuvimos ahí pero estamos aquí. A cuarenta años, volvemos al Golpe de aquella mañana de septiembre que ha continuado golpeando las mañanas que le sucedieron. Hablar de la dictadura no es retomar la herencia de una memoria ajena. Se trata más bien de hacer memoria, nuestra memoria.

Buscamos reunir cuarenta relatos que conformen una constelación de experiencias íntimas asociadas a la dictadura por quienes no llegamos a vivirla.

El llamado es abierto y simple: escribir una narración breve acerca de alguna experiencia en la cual sentiste por primera vez, o con mayor intensidad, ese Golpe con mayúscula en un cotidiano de minúsculas.

Nos hemos tomado las…

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Los hijos de la Contraofensiva. La Guardería de La Habana

Los hijos de la Contraofensiva

Año 6. Edición número 268. Domingo 7 de julio de 2013
Por 

 Gabriela Esquivada

Amor Perdía. con su uniforme de pionera, el del primario en Cuba./ Abril de 1979. Fiesta de cumpleaños colectiva, con Firmenich y los Vaca Narvaja./ Chachi y Rosana. El niño fue uno de los que manifestaron síntomas: dejó de hablar.

OTRAS NOTAS

  • Roberto Perdía fue uno de los dirigentes más importantes de la conducción nacional de Montoneros y uno de quienes más responsabilidad tuvieron al momento de organizar La Guardería.
    –¿Hubo alguna discusión a nivel conducción acerca de las guarderías? 
    –Apareció como una lógica dentro del proceso que se fue dando. Hablamos con los cubanos y les pareció bien. Llevamos a los chicos, inclusive arreglé el traslado de varios desde España. En situaciones distintas se los fue llevando a La Habana. No me acuerdo la cantidad exacta, pero eran alrededor de veintipico de chicos.

  • La Guardería de La Habana fue una experiencia inédita, probablemente irrepetible, generada en el marco de una situación de excepcionalidad. Éramos conscientes de la brutalidad genocida de la dictadura, capaz de torturar a un niño para intentar obtener información de los militantes. Surgió así la propuesta de La Guardería.

  • Año 1979, la conducción nacional de Montoneros lanza la Contraofensiva y cientos de militantes que están en el exterior se preparan para volver al país.

  • Susana Brardinelli no sólo es la mamá de Virginia y de Diego Croatto. Es, nada más y nada menos que la famosa “tía” de muchos hijos de militantes que pasaron por La Guardería. Ella fue la responsable organizativa de ese lugar y asumió todas las tareas de atención y cuidado de los chicos.
    –En aquellos tiempos me preocupaba mucho acerca de cómo nos iban a recordar los chicos, ya que era una situación difícil. Por suerte, en los últimos años, me he cruzado casualmente con algunos de ellos y guardan un recuerdo muy lindo de aquella guardería.
    –¿Cómo llegaste a La Guardería?

  • La película está en etapa de preproducción. Por ahora se llama La Guardería, pero su nombre puede cambiar si durante la investigación y el rodaje los realizadores encuentran alguna palabra que resuma la idea. Como proyecto en elaboración, será presentado en el Doc Buenos Aires/Latin Side of the Doc, que comienza pasado mañana en la Ciudad, y se extiende hasta el 3 de diciembre, en el marco de Ventana Sur, el mercado organizado por el INCAA en alianza con el Marché Du Film del Festival de Cannes.

  • Virginia volvió a la Argentina a fines del ’83. Con su madre y su historia a cuestas. Se instalaron en Quilmes y en marzo del 84 ya estaba en la escuela, con su guardapolvo blanco y su mochila, al lado de otros chicos que habían nacido, como ella, en el ’76. Sin embargo, esos chicos criados en plena dictadura, no podían tener ni idea de que, esa nena de rubios rulos y profundos ojos celestes había vivido una historia increíble. Una historia que hoy cuenta con una memoria y una crudeza que conmueve hasta las tripas.

La autora de De vuelta a casa cuenta en La guardería montonera la historia de unos 50 chicos que quedaban en Cuba mientras sus padres montoneros regresaban a la Argentina para la controversial operación.

Cuenta Analía Argento (foto) en La guardería montonera, un libro documentado y conmovedor sobre los hijos de los militantes de la izquierda peronista que quedaban resguardados en Cuba mientras sus padres volvían a la Argentina –en demasiados casos, para desaparecer o morir– en la llamada Contraofensiva, que un pediatra le dijo a Mónica Pinus mientras revisaba a la bebé Ana:
–¿Para qué tuviste una hija?
“Ella no dudó”, escribe Argento. “Eran familias involucradas en la política. Incluso en las acciones armadas. Y Mónica era una de ellos, con su marido. Le contestó al pediatra en primera persona del plural:
–Porque queremos vivir.”
Pinus está desaparecida. Sus hijos Ana y Miguel Binstock vivieron en la guardería, por la que pasaron unos 50 niños, que sabían –aunque algunos eran demasiado chicos para ponerle palabras a la muerte, o para entender el verbo desaparecer– qué podía suceder cuando sus padres se iban. El sobreviviente de la pareja, o un abuelo, o el familiar más cercano les daba la noticia; su mera presencia señalaba la pérdida.
María de las Victorias Ruiz Dameri estuvo con su hermano en la guardería –dos casas sucesivas, en el Oeste de La Habana– y volvió al país con su padre, su madre embarazada y el pequeño Marcelo. Los cazaron en la frontera. Algunos sobrevivientes de la ESMA recuerdan haber visto a los niños jugando en el subsuelo. Su padre vivió poco; a su madre la dejaron parir. María de las Victorias y Marcelo fueron separados y sólo se reunieron en 1989; hubo que esperar hasta 2008 para que la menor, Laura Ruiz Dameri, recuperase su identidad. Para María de las Victorias –observa Argento– hay días que “las heridas están ahí, intactas, sin cicatrizar”. Le dijo sobre sus padres y la guardería: “Me dejaron en un lugar con gente que jamás vi en mi vida y con tan solo meses… Se metieron en un ejército revolucionario, me cambiaron por un arma”.
Entre esos extremos trágicos, y con respetuosa consideración de ambos y sus grises intermedios, Argento cuenta esta historia, que surgió precisamente de esa pieza de información sobre los hermanos Ruiz Dameri para su libro anterior, De vuelta a casa: hubo una vez, entre 1979 y 1982, una guardería en Cuba donde vivían los niños cuyos padres iban a la Contraofensiva, para muchas veces no regresar.
De vuelta a casa cuenta la recuperación de la identidad de muchos hijos de desaparecidos, y cada una de esas historias abre la puerta a otras. ¿Qué la llevó hacia la guardería y no a otro tema?
–Si bien cada historia contiene un libro potencial –de hecho, Victoria Donda escribió el suyo–, todas tenían como denominador común los centros clandestinos de detención, mientras que ésta tenía la Contraofensiva, que unió a estos chicos en una guardería, sin sus padres. La guardería se salía del eje de la recuperación de la identidad, la búsqueda de los bebés robados. Al comenzar a investigar supe por qué el tema casi no se había tocado en tantos años: es de gran intimidad para quienes lo vivieron, casi secreto.
–¿Cómo fue la investigación: encontrar a aquellos niños, ver si querían o no hablar hoy?
–A algunos todavía los encuentro ahora. “¡Cómo no lo encontré antes!”, me digo cada vez. Algunos hablaron pero no quisieron aparecer para preservar su intimidad; muchas veces temen al tratamiento que uno puede dar a su historia, o a lo que otros pueden hacer o decir sobre el libro. Otros hablaron de a poquito, en encuentros sucesivos en los que me decían algo más cada vez. Otros tenían una enorme necesidad de contar. Y otros, de saber: me pedían que avanzara porque no tenían recuerdos.
–¿Qué le resultó más inesperado de los testimonios?
–Primero, que tres de las personas con los apellidos más fuertes –Firmenich, Perdía, Vaca Narvaja– me contaron cosas que me parecían de un riesgo personal para ellos, por lo que podían provocar en la opinión pública. Si bien ellos no son sus padres, desde muy pequeños tienen conciencia del peso de sus apellidos. Hablaron con naturalidad, no me dijeron lo que tenía que escribir (“esto no lo pongas”, esa clase de recortes),expusieron cosas muy íntimas sin tener seguridad de cómo iba a tratarlas yo. Luego me impactó la enorme necesidad de otros de saber y de reencontrarse. También el modo en que muchos siguen en contacto: un vínculo que trasciende el tiempo y el espacio, muy fuerte, como de hermanos o primos.
–Uno de ellos no quería que su testimonio apareciera si la foto de Mario Firmenich con los niños (der. arr.) iba a la tapa del libro. ¿Por qué cree que puso esa condición?
–Por las diferencias políticas entre los integrantes de Montoneros después de esa época, incluso en democracia. Y porque muchos de los que perdieron a los padres, o sienten que perdieron parte de su infancia, responsabilizan a Firmenich por la Contraofensiva y su derrota.Otros responsabilizan a la cúpula. Otros siguen en contacto y valoran y respetan a Firmenich y a [Roberto] Perdía y a [Fernando] Vaca Narvaja. En el libro trato de mostrar sus distintas miradas.

El sabr de la guayaba. Hoy la visión hegemónica de la Contraofensiva critica esa medida que causó dos fracturas internas en Montoneros –la partida de Juan Gelman y Rodolfo Galimberti; la “rebelión de los tenientes” con Miguel Bonasso, Jaime Dri y René Chávez entre otros– y, sobre todo, una importante cantidad de muertes inútiles. Aunque durante los dos primeros años del terrorismo de Estado la organización armada peronista había perdido ya 4.500 militantes, ese mismo 1978 –cuando cayeron dirigentes como Julio Iván Roqué, Norberto Habegger o Tulio Valenzuela, quien por salvar a Firmenich fue degradado bajo sospecha infundada de traición– la dirigencia dijo que “la ofensiva militar de la dictadura había llegado a un cierto tope” y que “una concentración política, propagandística y militar de la resistencia” podía profundizar las diferencias internas entre los militares y “llevarlos a un quiebre o callejón sin salida”.
Es fácil criticar tal dislate con el diario del día siguiente. Pero aun así es difícil abordar el tema con rigor, dar cuenta de los hechos sin un inútil derramamiento de doxa, con la confianza en que cada lector podrá pensar por sí mismo. Eso logra Argento en La guardería montonera.
–¿Cómo trabajó su punto de vista sobre la Contraofensiva?
–Tengo sentimientos encontrados. Había muchas cosas cuestionables. Contaban con información fallida: mal podían volver decenas de personas para realizar acciones contra el Estado terrorista; había mucho miedo tanto a Montoneros como a los militares. Pero tampoco la conducción estaba a salvo cuando salía de Cuba; en más de una ocasión Vaca Narvaja salvó su vida por poco. Y aún en Cuba la guardería requería seguridad: La Habana no había roto relaciones con Buenos Aires, por los acuerdos cerealeros entre la Unión Soviética y la Argentina, y el Batallón 601 tenía mucha información. Hubo dirigentes de alto rango asesinados al ingresar a la Argentina, como Horacio Mendizábal o Raúl Yäger… Los dos hijos de Yäger quedaban en la guardería cuando los padres salían en misiones, y él mismo hacía juguetes para todos los chicos. Si pensamos que llevaron a sus hijos a Cuba para preservarlos, vemos que en un punto había una evaluación correcta: los chicos se salvaron y muchos de sus papás, no.
–¿Cómo ven hoy aquellos chicos los hechos que vivieron?
–Muchos tienen miradas contradictorias. La mayoría comprendió el contexto de alguna manera; conversó con compañeros y amigos de sus padres y asumió que eso es parte de su vida; cree que sus padres lucharon por causas justas aunque quizá cuestionan sus métodos; tiene algún compromiso social. Personas que sufrieron tanto podrían decir: “No me comprometo porque la política me sacó a mis padres”, pero continúan en sintonía: militan o trabajan con temas sociales, políticos o artísticos. Como una manera de sanar.
–Usted dice que pensó en escribir el libro para poder restituirles algo a sus protagonistas.
–Uno tiene esas cosas de creer que puede cambiar el mundo… Pero no más traje unos caracoles, un poco de la arena de la playa a la que iban, una foto de la primera casa donde estuvo la guardería.
–Eso y el relato de los hechos, ¿no es una restitución?
–A muchos les sirvieron los caracoles, la arena y la foto. Chicos que habían olvidado y recuperaron recuerdos al leer la historia de los otros; compañeros de los muertos que sintieron que se reconocían a sus caídos, que se los aparecía de algún modo. Y la mayoría de los protagonistas de la guardería tenía pedacitos de información, pero de algún modo el libro armó un rompecabezas.
Cuando era niña, Argento se culpaba porque sus rezos no alcanzaban para recuperar a dos familiares desaparecidos. Eso, cree, hace que estos temas la busquen. “Al final, yo también tengo la necesidad de encontrar. Cuando alguien encuentra los restos de un desaparecido siento que fui escuchada. Contar sus historias es una forma de aparecerlos, la que puede, por caso, un periodista: poner nombres y contar lo que hicieron, con sus contradicciones y sus dicotomías”.
Al comienzo de La guardería montonera, Argento le cuenta a Miguel Binstock que viajará a Cuba para buscar el edificio de la guardería. Él le advierte: “La guardería no es un espacio físico”. Y define: “Es lo que para cada uno significó”. Pero cuando volvió y se vieron, él le dijo que, aunque sostenía lo mismo, también había viajado en busca de ese frente de ladrillos rojos.
Nadie lo había hallado antes que ella. La casa está en una zona demasiado cercana al domicilio de Fidel Castro para que se pueda husmear a gusto. Muchos le pidieron la foto de ese lugar que no era un lugar y era más que un lugar. “En algún momento de la vida se vuelve a la infancia, ese tiempo tan importante. Como el crítico severo de Ratatouille, que cuando le sirven el plato por el paladar vuelve a su infancia en el campo donde su mamá le cocinaba ratatouille”. Para muchos de esos niños, esos caracoles y esa arena y esa foto y el libro de Argento fue un regreso al sabor de la guayaba, y todas sus metonimias.

LA GUARDERÍA MONTONERA. LA PELÍCULA

Una película en construcción

Año 3. Edición número 132. Domingo 28 de noviembre de 2010
Por

Miradas al Sur

La película está en etapa de preproducción. Por ahora se llama La Guardería, pero su nombre puede cambiar si durante la investigación y el rodaje los realizadores encuentran alguna palabra que resuma la idea. Como proyecto en elaboración, será presentado en el Doc Buenos Aires/Latin Side of the Doc, que comienza pasado mañana en la Ciudad, y se extiende hasta el 3 de diciembre, en el marco de Ventana Sur, el mercado organizado por el INCAA en alianza con el Marché Du Film del Festival de Cannes.
“Es una idea que está atravesada por diversas líneas de pregunta. Estamos en 2010 y, después del gobierno de Kirchner, creo que hay un espacio para mostrar esto sin que quede esa idea de ‘qué malos los Montoneros que dejaron a sus hijos’. La idea es complejizar esa mirada, ver cuáles son sus contradicciones, desde la reivindicación de la militancia, ya sea que estés a favor o en contra”, señala Virginia.
El relato narrativo de la película se sustenta en varios testimonios de los chicos que estuvieron en La Guardería, al fin y al cabo, son los protagonistas principales de esta historia. La intención es que no sólo un personaje tenga el peso de la tensión de la trama, sino que sea una historia que se vaya construyendo durante el transcurso de la película. “Para algunos es mejor que sea la voz de una niña que va recorriendo la infancia. Otros sugieren que haya una voz adulta que racionalice el pasado”, afirma la autora y directora del fim.
“Me gustaría que la vea gente que no es del palo, o por lo menos, que no sean sólo nuestros amigos. Ese es uno de los desafíos, porque quizás hay gente que cree que esta temática ya la vio. Todos tuvimos una infancia y nos podemos encontrar, por lo menos, en ese punto. Voy a intentar que lo político no sea lo central, aunque está claro que lo político atraviesa la película y el momento histórico que nos tocó vivir durante nuestra niñez, no hay manera de desconocerlo. Pero no quiero dirimir batallas que no son mías”, concluye Virginia.

OTRAS NOTAS

  • Virginia volvió a la Argentina a fines del ’83. Con su madre y su historia a cuestas. Se instalaron en Quilmes y en marzo del 84 ya estaba en la escuela, con su guardapolvo blanco y su mochila, al lado de otros chicos que habían nacido, como ella, en el ’76. Sin embargo, esos chicos criados en plena dictadura, no podían tener ni idea de que, esa nena de rubios rulos y profundos ojos celestes había vivido una historia increíble. Una historia que hoy cuenta con una memoria y una crudeza que conmueve hasta las tripas.

  • La semana próxima, Miradas al Sur ofrecerá como compra opcional el documental Unidad 25, de Alejo Hoijman. El film relata el trasladado de Simón Pedro, un joven de 18 años, a la Unidad 25. Con más de 250 presos, es la única cárcel-iglesia en Latinoamérica, donde el fervor religioso evangelista une tanto a presos como a guardias.

  • Miradas al Sur asistió al rodaje de la serie de docu-ficción para TV “Unidad 9”. Una serie de trece capítulos que narra lo sucedido en “los pabellones de la muerte” durante la última dictadura militar. El guión y la dirección está a cargo de Carlos Martínez, Héctor Vilche compuso la música, y Alberto Elizalde Leal está trabajando en la producción: los tres son ex militantes del PRT-ERP y estuvieron detenidos juntos en dicha unidad como presos políticos. Por muchas razones, se trata de un rodaje especial.

  • Año 1979, la conducción nacional de Montoneros lanza la Contraofensiva y cientos de militantes que están en el exterior se preparan para volver al país.

  • Simón Radowitzky es una figura que toda la vida me deslumbró por el compromiso con sus ideas. Era un tipo totalmente despojado de cuestiones personales, siempre al servicio de la causa libertaria. Nació en Rusia y a los dieciocho años llegó a la Argentina. Ya ese viaje solo es una historia en sí misma. Después terminaría en el fin del mundo: veinte años preso en el penal de Ushuaia por ser quien tomó en sus manos la responsabilidad de hacer justicia cuando el Estado se desentendió de una feroz represión que hubo el 1º de mayo de 1909, encabezada por Ramón Falcón.

  • La Guardería de La Habana fue una experiencia inédita, probablemente irrepetible, generada en el marco de una situación de excepcionalidad. Éramos conscientes de la brutalidad genocida de la dictadura, capaz de torturar a un niño para intentar obtener información de los militantes. Surgió así la propuesta de La Guardería.

    Relacionado  http://eledificiodeloschilenos.blogspot.com/

Virginia, hija de la lucha y la verdad

Virginia, hija de la lucha y la verdad

Año 3. Edición número 132. Domingo 28 de noviembre de 2010
Por 

 Eduardo Anguita

En Cuba, cincuenta pibes se salvaron de tener el mismo destino que otros 500 hijos de militantes secuestrados para cambiarles la identidad.

OTRAS NOTAS

  • La película está en etapa de preproducción. Por ahora se llama La Guardería, pero su nombre puede cambiar si durante la investigación y el rodaje los realizadores encuentran alguna palabra que resuma la idea. Como proyecto en elaboración, será presentado en el Doc Buenos Aires/Latin Side of the Doc, que comienza pasado mañana en la Ciudad, y se extiende hasta el 3 de diciembre, en el marco de Ventana Sur, el mercado organizado por el INCAA en alianza con el Marché Du Film del Festival de Cannes.

  • La Guardería de La Habana fue una experiencia inédita, probablemente irrepetible, generada en el marco de una situación de excepcionalidad. Éramos conscientes de la brutalidad genocida de la dictadura, capaz de torturar a un niño para intentar obtener información de los militantes. Surgió así la propuesta de La Guardería.

  • Año 1979, la conducción nacional de Montoneros lanza la Contraofensiva y cientos de militantes que están en el exterior se preparan para volver al país.

  • Roberto Perdía fue uno de los dirigentes más importantes de la conducción nacional de Montoneros y uno de quienes más responsabilidad tuvieron al momento de organizar La Guardería.
    –¿Hubo alguna discusión a nivel conducción acerca de las guarderías? 
    –Apareció como una lógica dentro del proceso que se fue dando. Hablamos con los cubanos y les pareció bien. Llevamos a los chicos, inclusive arreglé el traslado de varios desde España. En situaciones distintas se los fue llevando a La Habana. No me acuerdo la cantidad exacta, pero eran alrededor de veintipico de chicos.

  • Susana Brardinelli no sólo es la mamá de Virginia y de Diego Croatto. Es, nada más y nada menos que la famosa “tía” de muchos hijos de militantes que pasaron por La Guardería. Ella fue la responsable organizativa de ese lugar y asumió todas las tareas de atención y cuidado de los chicos.
    –En aquellos tiempos me preocupaba mucho acerca de cómo nos iban a recordar los chicos, ya que era una situación difícil. Por suerte, en los últimos años, me he cruzado casualmente con algunos de ellos y guardan un recuerdo muy lindo de aquella guardería.
    –¿Cómo llegaste a La Guardería?

  • Albert Camus, en El mito de Sísifo, planteó a mitad del siglo XX una discusión controvertida dentro del movimiento existencialista: que el sentido de la vida debería ser la pregunta más apremiante del ser humano. “Hay un solo problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no la pena ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”, escribió el ensayista franco-argelino. Virginia Ogando respondió esa pregunta con su vida: esta semana se mató en la ciudad de Mar del Plata. Tenía 38 años y dos hijos.

El film sobre La Guardería de La Habana será la mejor interpelación para que nos miremos al espejo y veamos cuántas verdades llevamos puestas

Virginia volvió a la Argentina a fines del ’83. Con su madre y su historia a cuestas. Se instalaron en Quilmes y en marzo del 84 ya estaba en la escuela, con su guardapolvo blanco y su mochila, al lado de otros chicos que habían nacido, como ella, en el ’76. Sin embargo, esos chicos criados en plena dictadura, no podían tener ni idea de que, esa nena de rubios rulos y profundos ojos celestes había vivido una historia increíble. Una historia que hoy cuenta con una memoria y una crudeza que conmueve hasta las tripas. Que interpela cada verdad que hayamos construido en estos años de democracia respecto de lo que fueron los años de revolución y calvario. Porque no sólo hubo héroes y villanos, no sólo hubo víctimas y victimarios. Lo que cuenta Virginia nos lleva a la esencia misma de la condición humana.
Esa guardería fue un hecho real y concreto por el cual pasaron los hijos de una cantidad de cuadros montoneros. Fue una medida defensiva. Porque esa guardería era un refugio para evitar que ese medio centenar de pibes tuviera el mismo destino que el medio millar de hijos de militantes que eran secuestrados para cambiarles la identidad y fabricarles una nueva intoxicándolos de mentiras.
Virginia lo cuenta sin vueltas. La lectura de su entrevista permite disparar críticas, seguramente. Pero hay algo clave: “A los chicos no nos decían mentiras”. Estamos hablando de cómo les contaban, por ejemplo, a un nene de tres años, algo así como: “No vas a ver más a tu papá porque murió combatiendo o lo secuestraron y ahora es un desaparecido”.
Hay que pensar y discutir La Guardería. Porque en el álbum de familia, quienes participamos de aquel intento revolucionario de los setenta no podemos obviar todos los costados filosos, los dilemas, aquellas cosas que requieren valentía para entender el pasado y defender una ética militante. Pero para que esa historia pueda ser dimensionada, no alcanza para nada con la voz de quienes tuvieron injerencia directa o indirecta en la ingeniería de esa guardería. Es preciso, es absolutamente imprescindible, poner en valor voces como la de Virginia. Porque, en definitiva, buena o mala, el objetivo era proteger la vida de aquel medio centenar de pibes que hoy son adultos y son testimonio vivo de cuánto quedó de aquel espíritu revolucionario. O, mejor dicho, de cuánto sirvió esa herramienta pedagógica construida en una circunstancia tan especial.
No sé si será posible ir a esa escuela de Quilmes, donde Virginia llegó a cursar su segundo grado en marzo del ’84. Me imagino ir, pedirle a la directora la lista de pibes que cursaron con ella ese año y que ahora son hombres y mujeres de 33-34 años. “Fulano, fulana, vamos a proyectar una película contando la vida de unos pibes que se criaron en una guardería montonera. La directora de la película es Virginia… y ella fue compañerita tuya en segundo grado, ¿te gustaría venir a verla junto a los otros chicos del grado?”.
No tengo idea de qué puede pasar. Quizá para muchos sea lo mismo que ir a ver el cocodrilo blanco que llegó de Australia al zoo o para algunos sea la invitación al infierno con el que tantas veces lo asustaron cuando no tomaba la sopa. Pero apuesto, con ese optimismo ingobernable que nos dejó haber sido parte de aquellos años revolucionarios, que muchos lo van a agradecer.
Virginia es una persona adulta. Vive con Nacho, su marido-compañero, desde hace siete años. Tienen una rubiecita de rubios rulos que se llama Paloma y un Felipe de ojos pícaros que se llama Felipe. Virginia estudió Cine en la mítica Escuela de Avellaneda, el mismo pueblo donde Armando, el Gordo, su padre, vivió y fue referente para muchísimos militantes y trabajadores. Armando fue diputado nacional en 1973 y siguió militando tras renunciar a la banca, junto a otros diputados de la Juventud Peronista. El Gordo, cuando todo parecía perdido, como tantos otros, tuvo lo que hay que tener para volver a la Argentina a pelear como David contra Goliat. Y así murió. En su ley, que era la de muchos que queríamos un país distinto.
Virginia no se largó a hacer esta película –que es su piel hecha cine– sólo por conocer ese arte magnífico. Trabaja en educación hace años y estudia Psicología. Seguramente para entender mejor las conductas de otros y, como suele suceder con los psicólogos, para entenderse un poco más ellos mismos. ¿Tendremos hoy, en este país que reclama verdades a gritos y que convoca a jóvenes de a millares a causas justas, lo que hay que tener para entender la historia de Virginia y de los otros pibes de La Guardería?
Creo, conmovido por la valentía de esta chica rubia de rulos rubios y corazón inmenso, que su película es la mejor interpelación para que nos miremos al espejo a ver cuántas verdades llevamos puestas.

Memorias Desplazadas . Una rabia constructiva.

22 de enero de 2014 

¿Qué hacer cuando la historia se escribe borrando con el codo? ¿Cómo reaccionamos frente a la instalación de “hitos fundacionales” que hacen caso omiso de la densidad temporal que se acumula antes de ellos? Sale en las noticias una nota sobre la inauguración del “Memorial por la diversidad” en homenaje a Daniel Zamudio, y me pregunto si acaso es tan necesario que repitamos esos malos gestos de momentos anteriores: recordar sin asumir que, con ello, se fuerza un olvido. 

 

Tal vez se trate de ese hábito constitutivo de las personas no-heterosexuales -más marcado todavía en las organizaciones que hoy hegemonizan un tenue movimiento social- de vivir con la memoria lo más corta posible. Toda nuestra existencia, parece, se juega en la fugacidad de lo que no puede ni debe permanecer: la disco, el espectáculo, la música, los gestos. Entonces, cuando hay acciones que de forma deliberada instalan el olvido no puedo hacer más que enojarme. ¿Por qué insistir en la desmemoria cuando ya estamos tan asediados por ella?

 

Escudriño las pantallas y doy con el discurso de Rolando Jiménez, las declaraciones de la ministra Pérez e imágenes de claveles frente a un bloque de concreto. “Daniel aceleró la aprobación de la Ley Antidiscriminatoria, al tiempo que fue la primera víctima de la homofobia mencionada con nombre y apellido por la máxima autoridad del país, el presidente de la República”. Desconcierto frente a esta frase. Y más rabia también, porque resulta que ahora lo importante es que una muerte aceleró el trámite de un mal proyecto, y eso es lo que merece ser recordado. Lo que vale inscribir en el relato colectivo que tenemos sobre nuestro pasado es que una figura, un “angelito” le dio a un puñado de organizaciones del gremialismo sexual la posibilidad de figurar como paladines de un mártir. Son las políticas públicas el espacio en el que tendríamos que reconocernos, no la lucha o la organización o la militancia.

 

Con su relato estatista, leguleyo y lastimero, Jiménez violenta la memoria que, de a poco y con persistencia furiosa, se ha intentado construir desde una orilla disidente. Me impacta que, en su discurso, no haya mención alguna de las víctimas del incendio en la Divine. No diría que me sorprende, porque sé bien qué esperar de un sujeto misógino y voraz por el poder, capaz de las alianzas más sucias y de los gestos más mezquinos. Pero no puedo no sentirme afectado por el hecho de que frente a una tragedia que debiésemos sentir como propia por la forma en que se hicieron presentes todos los mecanismos opresivos de la dictadura: hostigamiento policial, investigaciones negligentes, cierres del caso sin resultado alguno. 

 

No logro comprender cómo es que dejamos de lado esta memoria. Con toda honestidad, me cuesta imaginar una forma humana y ética de recordar que implique mandar al tarro de la basura una historia dolorosa sólo por privilegiar un hecho mediático reciente que ha dado rentables dividendos a dirigentes anquilosados y autocráticos. Parece que es más importante quedar en la buena con las autoridades de turno (los inconspicuos generentes del Estado) en vez de luchar por una conciencia colectiva que asuma la herida de una justicia negada y que permita, al mismo tiempo, la construcción de una lucha emancipadora. Y, sin embargo, los ejemplos de memorias desplazadas son tantos que me asombro de mi indignación, para, inmediatamente, desautorizar este asombro y reponer la rabia constructiva. 

 

Quienes nos reconocemos hoy en el campo de la disidencia sexual tenemos que asumir esta asimetría: no contamos con medios para lograr imponer desde arriba un recuerdo, y por eso mismo la tarea -persistente y furiosa, como las locas que somos- es la construcción solidaria de un relato que dignifique la lucha. Que no deje bajo la alfombra a lesbianas, trans e intersexuales. Que no asuma, en definitiva, que la fragilidad a la estamos expuestxs es parte de una sociedad opresiva que nos violenta de forma simultánea y múltiple. Recordar el dolor, pero no a costa de la negación de otros dolores que son tanto o más propios y urgentes de memoria.

 

Memoria invisibilizada. La muerte del capitán Heyder, la DINA y Colonia Dignidad

La muerte del capitán Heyder, la DINA y Colonia Dignidad

―Tremenda tragedia esta, ¿no le parece a usted, señorita?― preguntó a Adriana Heyder Goycolea la mujer que iba sentada al frente de ella en el tren entre Santiago y Talca, la fría tarde del 8 junio de 1975. Quien le buscaba conversación era una típica viajera de tren del Chile de los años 70: edad media e indefinible, más bien gruesa, vestida en forma humilde y con un canasto en cuyo interior se adivinaban sandwichs y un pequeño termo.

Adriana había llegado recién esa mañana a Chile, en un vuelo de Lufthansa. Estaba cansada, confundida y no vestía apropiadamente para la ocasión. De unos treinta años, delgada, buenamoza y con aspecto de “niña bien”, llevaba el cabello largo, unos jeans gastados y un suéter rojo. Parecía una típica turista extranjera, pese a que es chilena.

―¿De qué me habla?― preguntó a su interlocutora, saliendo del ensimismamiento en que iba.

―De esto, pues señorita, de este pobre capitán que mataron― le respondió mostrando la portada del diario que iba leyendo, fechado un par de días antes. Había un título muy grande, que decía algo así como “terroristas secuestran y asesinan a capitán de Ejército en Talca”. Debajo se exhibía una foto del malogrado, un hombre joven con uniforme de oficial, parecido a James Dean.

―Él era mi hermano― le contestó Adriana, con una seriedad que seguramente dejó pasmada a su vecina de viaje, quien de inmediato le ofreció sus condolencias y un café.

Tres días antes, el 5 de junio, los padres de Adriana, Osvaldo Heyder Montoya y Lola Goycolea, recibieron en su casa del barrio universitario de Concepción un llamado que alteró sus vidas para siempre.  Esa jornada, tras el teléfono, un militar les preguntó si sabían algo de Osvaldo, capitán en el regimiento de Talca. Respondieron que no y entonces les comunicaron que dos días antes ―el 3― su hijo, el capitán de Ejército Osvaldo Heyder Goycolea, había desaparecido a eso del mediodía, a bordo de su citroneta.

El capitán Osvaldo Heyder

Dos días más tarde, hallaron el vehículo en las cercanías de la Torre Entel, con el cadáver de su jefe adentro. Una burda autopsia realizada por un legista ad hoc estableció que el cuerpo presentaba una herida a bala transfixiante ―es decir, con  salida de proyectil― en el cráneo, que lo atravesaba a la altura de los pabellones auditivos, de derecha a izquierda. Ello se compadecía con el supuesto hecho de que en su mano portaba un revólver Rossi, calibre 38, pero la verdad es que de nada de ello quedaron: fotografías, pericias balísticas, nada que pudiera confirmar lo que decía el médico en su informe. Ni siquiera se sabe dónde está el arma, hecho que es esencial en esta trama.

Los Heyder viajaron lo más rápido que pudieron a Talca, en cuyo regimiento fueron recibidos en el regimiento de Talca como los padres de un héroe. Claro. Les explicaron que su hijo era un héroe del anticomunismo, pues extremistas del MIR lo habían asesinado, rojos de rabia, al saber que el capitán estaba tras la pista de una supuesta internación ilegal de armas.
Tres días más tarde Adriana por arribó a Talca y sus padres le repitieron la versión oficial. Ella, quizá por instinto, entendió que algo no cuajaba y se plantó frente al comandante del regimiento.
―Llevo cuatro años viviendo sola y no tengo problemas en aceptar la verdad. Dígame lo que pasó.
―Su hermano se suicidó. Tenía problemas, pues había tomado plata de la tropa― fue la respuesta del uniformado.

El viaje

Lo más lógico fue aceptar la versión oficial, la de la muerte en manos de extremistas. El Ejército decidió que Heyder sería sepultado en Santiago y mientras su cuerpo era velado en una capilla ardiente, se decidió bautizar allí mismo, al lado del cadáver de su padre, a la hija menor del capitán, Claudia, que tenía 41 días de nacida.

En el funeral, un capitán leyó un emocionante  discurso sobre el difunto, en el cual aseguraba que el 1 de enero de 1975 había sido transferido al regimiento Talca, y destacó sus cualidades humanas profesionales.  Cuando estaban a punto de llevarse el cuerpo al cementerio, alguien dio una contraorden y el cadáver fue trasladado al Servicio Médico Legal, a fin de efectuarle una segunda autopsia (ya habían practicado una en el hospital de Talca).

Luego los Heyder regresaron a Concepción.

Una semana más tarde, sonó nuevamente el teléfono. Era un oficial de la Tercera División de Ejército.

―Mi general Pinochet está en la ciudad y quiere reunirse con ustedes, para darles su pésame. ¿A qué hora podemos mandar un vehículo a buscarlos?― preguntó el militar, asumiendo que ellos correrían al encuentro del capitán general. No se equivocaba.

Nerviosos, los Heyder se vistieron con sus mejores ropas y esperaron ansiosos el momento en que apareció un Mercedes Benz blindado, que los trasladó hasta el regimiento Guías, ubicado en el acceso a la ciudad.

Los hicieron quedarse algunos minutos en una oficina y desde allí los llevaron al casino del regimiento. Pinochet los esperaba en un rincón. Pese a que no era muy alto les pareció gigantesco, tan dueño de sí y con cara de compungido, vistiendo su uniforme plomo con charreteras rojas y doradas. Detrás de él había tres o cuatro militares más y varios civiles que nadie sabe que función cumplían ahí.

Pinochet se acercó. Abrazó a los padres de Adriana y a ella le dio un beso en la mejilla. Con su voz carrasposa, tomó del brazo a Osvaldo Heyder y a Lola Goycolea, los miró fijamente a los ojos y se dirigió a la madre.

―Señora, usted tiene que estar orgullosa de haber perdido un hijo por la patria.

Los padres del capitán se quebraron por unos segundos. Sacando la voz, Osvaldo Heyder le pidió que se preocupara de la viuda y las tres niñas que había dejado su hijo.

―No se preocupen. Yo voy a hacer todo lo posible para que estén bien- le respondió.

La reunión fue muy breve, no más que esas y algunas otras frases de cortesía. Osvaldo Heyder padre decía que se trataba de un reconocimiento público a lo que su hijo había sido en vida. Si bien no estaba feliz, al menos se lo veía tranquilo por primera vez después de varias semanas.

Los días siguientes la tesis del homicidio por parte de terroristas comenzó a tomar mucha más fuerza. Prácticamente todos los días, en los diarios de circulación nacional, aparecían informaciones sobre las pesquisas destinadas a detener a los autores del homicidio del capitán, en una investigación incoada por la Fiscalía Militar de Talca. A medida que iban apareciendo las noticias, parecía evidente que todo lo que se había dicho oficialmente se confirmaba. Un día se mencionaba que había 25 guerrilleros detenidos, otro día que se había detectado un nuevo intento de los terroristas por ingresar clandestinamente a Chile. Los militares respondían a todas las preguntas con evasivas, como “no podemos confirmar ni desmentir la información aparecida hoy en el diario, en el sentido de que tenemos a varios detenidos por el crimen”.

Las noticias sobre la muerte de Heyder fueron dando paso a otras informaciones inteligentemente urdidas, sobre la presencia de un verdadero ejército guerrillero del MIR que se preparaba, desde Argentina, para prácticamente invadir Chile, pero pocos se dieron cuenta de ello.

A fines de julio Adriana debió regresar a Alemania, donde trabajaba. El terminal aéreo de Pudahuel tenía un gran movimiento cuando llegó. Muchas lágrimas, quizá más de las habituales, corrían por los pasillos.

Ya en vuelo, a las pocas horas de viaje varios pasajeros comenzaron a ponerse de pie, a circular, a buscarle conversación a los otros. Repentinamente ella se vio en medio de un grupo formado por otros tres chilenos. Uno de ellos, que estaba sentado a la orilla y no llevaba equipaje alguno, de unos 45 años y pelo largo negro, iba con mucha cara de tristeza, pero compuesto. Ante una pregunta sobre su destino comentó que no se iba de viaje ni nada parecido.

―Me echaron del país. Me voy exiliado― explicó con dureza.

Se produjo un silencio incómodo, que alguien rompió al preguntarle a Adriana si iba de vacaciones a Europa. Claramente, ella era una niña de buena familia y el curioso pasajero obviamente no esperaba ninguna sorpresa incómoda de parte de ella.

―No, yo vivo en Alemania. Vine a Chile a un funeral.

―¿Quién se murió?

―Mi hermano. Lo mataron― disparó ella llena de rabia, dispuesta a que alguien le preguntara qué había pasado.

Como era lógico, todos se sobresaltaron por la respuesta. El mismo que había hecho la pregunta inicial, aparentemente sin escarmentar sobre su falta de delicadeza, la interrogó sobre quién era su hermano. Ella les contó. El exiliado, que observaba toda la escena sin sobresaltos y siempre sentado, tomó de nuevo la palabra.

―A tu hermano no lo mataron los del MIR. Lo mataron los mismos milicos. Créeme. 

El correo

Por cierto, Adriana siguió durante muchos años creyendo en la versión oficial, pero eso cambió a partir de 1995, cuando el eficientísimo correo alemán la encontró (se había cambiado de casa) y le  entregó un sobre anónimo que le habían enviado desde Chile a su dirección antigua.

Adentro lo único que encontró fue una fotocopia de una página del diario La Época, de Santiago, fechado el 28 de septiembre de 1992. Había un gran título que rezaba “La muerte de los duros. Las huellas de posibles ajustes de cuentas y venganzas en organismos de seguridad”. Firmado por la periodista Alejandra Matus, el texto contaba la muerte de varios militares, supuestamente cometidas por otros uniformados, en vendettas cometidas por y entre organismos de seguridad del régimen militar.

Desconcertada, quizá olvidando lo que le habían dicho en el avión, siguió leyendo, sin entender de qué se trataba, hasta que llegó a un subtítulo que rezaba “el capitán sensible”.

Tuvo que sentarse al leer el contenido del artículo. Allí, un ex mirista llamado Erick Zott narraba que en enero de 1975 había sido detenido en Valparaíso junto a más de 20 militantes de ese grupo, y que cuando estaban recluidos en el regimiento Maipo de Valparaíso, un capitán de Ejército, que se presentó ante ellos como Osvaldo Heyder, les dijo que era el jefe del Servicio de Inteligencia Militar del regimiento y que se preocuparía de que su estancia fuera lo más tranquila posible.

Zott aseveraba que dicha actitud humanitaria ―que no creyeron al principio― derivó en un enfrentamiento que tuvo lugar frente a los presos, entre Heyder y otro oficial, el teniente Fernando Laureani Maturana, jefe de la agrupación “Vampiro” de la DINA, lo que se produjo cuando Laureani trató de llevarse todos los presos de allí, a lo que Heyder se opuso. Pese a que Laureani tenía menor grado que Heyder, en los hechos él pertenecía a las estructuras de élite de los organismos de represión, mientras Heyder era un simple oficial “de las filas”. En resumen, tenía mucho más poder que el capitán.

Zott argumentaba que estaba seguro de que dicha postura por parte de Heyder, que se había traducido en lograr que varios de los presos quedaran en el regimiento y no fueran conducidos a las cárceles secretas del régimen ―entre ellas Colonia Dignidad― les había salvado la vida.

De hecho, ocho integrantes del grupo de miristas que Heyder no pudo retener en el regimiento siguen figurando hoy en las nóminas de detenidos-desaparecidos. Sólo algunos de los que se llevó Laureani, como Zott, lograron sobrevivir, mientras que todos aquellos que se quedaron en poder de Heyder no sólo siguieron con vida, sino que recibieron un trato digno y humanitario mientras estuvieron en manos del capitán.

Tras varios años buscándolo, Adriana finalmente encontró a Zott en Austria. Este le reafirmó la historia y además le contó que en el operativo de exterminio en contra de Osvaldo no sólo había participado la DINA, sino también la Colonia Dignidad.

El crimen

La que parece ser la simiente del asesinato de Heyder el 17 de enero de 1975 de la mano de la Agrupación “Vampiro”, uno de los brazos de a Brigada “Caupolicán” de la DINA, que estaba dedicada a la represión del MIR.

Tras una serie de detenciones de militantes del MIR en la Región Metropolitana, los “Vampiro” tornaron sus ojos hacia la Quinta Región, donde sabían se había refugiado una parte importante de miristas que habían escapado de Concepción, ciudad donde corrían peligro. Comandados por el mayor Marcelo Morén Brito, secundados por Laureani y acompañados por la ex mirista Marcia Merino, los DINA llegaron en un helicóptero “Puma” al Regimiento Maipo y comenzaron su tarea. El día señalado, Mónica Medina, en ese tiempo pareja de Erick Zott, fue aprehendida en Santiago. Un poco más tarde Zott cayó en Viña del Mar y luego le llegó el turno a Alfredo García Vega, de 30 años. Después arrestaron a Fabián Ibarra, de 27 años, su conviviente Sonia Ríos, de 30, y Carlos Rioseco, de 26 años. Al día siguiente, los agentes encontraron a quien ellos creían era uno de los más importantes jefes del MIR en la Quinta Región, Alejandro Delfín Villalobos Díaz, más conocido como “El Mickey”, quien fue emboscado en una casa de calle Montaña, donde se produjeron la mayor parte de las detenciones anteriores. Pese a que las autoridades dijeron que “El Mickey” había sido encontrado muerto en Santiago, existen testimonios de que fue asesinado allí mismo.

A este respecto, la única hoja de vida del capitán Heyder que se encontraba en el sumario original seguido tras su muerte, consignaba que por esos días se desempeñaba como jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) del regimiento. En su parte final, como acción destacada, la hoja muestra una felicitación por su actuación en un operativo realizado por la DINA entre el 17 y el 28 de enero de 1975 en Valparaíso, en el cual “se logró destruir 12 organizaciones del MIR, capturándose a varios extremistas, entre ellos al cabecilla, apodado‚ El…”

Pese a que no está la página siguiente, se trataba de “El Mickey”, muerto el 19 de enero. Dos días más tarde, Horacio Carabantes fue detenido en Viña y el 24 de enero María Isabel Gutiérrez y su novio, Hernán Brain, fueron aprehendidos por los integrantes de la DINA en Quilpué y luego llevados al Maipo. También llegaron allá Abel Vilches, detenido el 27 de enero luego que los hombres de Laureani mantuvieran a su familia secuestrada por dos días, y Elías Villar, arrestado el mismo día en Valparaíso. Amén de los mencionados anteriormente (todos los cuales desaparecieron, a excepción de Zott, Medina y Brain) fueron privadas de libertad al menos otras 12 personas, y todas ellas fueron recluidas en el Maipo.

El policía bueno

Mientras allí se encontraban se les presentó un oficial vestido de uniforme: el capitán Heyder. Hombre de ideas prusianas y formado en medio de los ideales del honor militar, se paró delante de los presos, les dijo cómo se llamaba, cuál era su cargo y preguntó cómo estaban.

―También les preguntó en qué los podía ayudar. Al principio desconfiaron de él, pues creyeron que estaba haciendo el papel del “bueno”, pero pronto Erick estableció mucha empatía con él. Conversaron mucho en ese tiempo― cuenta Adriana, quien asegura que no se conocían previamente, aunque ambos eran de Concepción, más o menos de la misma edad y del mismo sector, al igual que otra de las protagonistas de esta tragedia: Marcia Merino, más conocida como “la flaca Alejandra”, quien sí conocía a los Heyder de la infancia común en Concepción.

Zott relata que Heyder le contó que había presenciado la muerte de “El Mickey” y que “ese hecho había sido determinante en él para distanciarse ante nosotros de los métodos de los DINA, llegando a manifestar su disposición a alivianarnos nuestra estadía en el regimiento, así como facilitarnos la información del curso de las investigaciones, para estar mejor preparados en los careos e interrogatorios… con el correr de los días, fuimos comprobando que no se trataba de una clásica y conocida maniobra. Sus periódicos acercamientos y confidencias fueron incondicionales y de verdad alivianaron ese horror”, recuerda Zott.

Mónica Medina, en tanto, rememora que tras haber estado en Villa Grimaldi, su paso por el Maipo fue “una taza de leche”, pues asegura que “el capitán se esmeraba en que todo estuviera dentro de las reglas legales”. Relata que tras ser detenida la llevaron a Villa Grimaldi y luego a Valparaíso, al regimiento Maipo.

―Ahí me arrastraron a una pieza, donde en el piso, apoyados en una especie de vitrina larga que dividía la pieza, había dos compañeros. Después de un rato apareció ese militar, Osvaldo Heyder. Dos soldados me sacaron de ahí para llevarme a una pieza donde había una cama. Allí quedé custodiada por un soldado al cual le rogué que me diera agua. Cuando por fin lo logré convencerlo vino el capitán, que lo subió y lo bajó. Luego le explicó que si me daba agua me mataba, por la tortura con electricidad. Luego de ello, Mónica Medina dice que no recuerda mucho más, hasta que abrió sus ojos y descubrió que estaba en un hospital.

―Cuando desperté en el hospital estaba un médico y el capitán, que me dejaron ver a la compañera de Carabantes (hoy en día desaparecido), que acababa de dar a luz mellizos. Luego de eso volví al regimiento. Allá los de la DINA eran los que llevaban la voz cantante. Yo escuché que ellos tenían pugnas con el capitán Heyder, ya que él quería dejarnos en Valparaíso y aplicarnos la ley, lo que la DINA no estaba interesada en hacer.

Zott cuenta que la medianoche del 27 de enero “el capitán Heyder se me acercó una vez más para informarme que la DINA había dado por terminado el operativo en Valparaíso, a fin de trasladar a Santiago a todos los que allí estábamos detenidos. Acto seguido me consultó de qué manera nos podía ayudar, reiterándome sus enormes limitaciones y lo delicada que era su situación. Yo le sugerí que bajo el pretexto de continuar las investigaciones pendientes, tratara de dejar el máximo de detenidos posibles a su cargo, particularmente a mujeres”.

Heyder, de ese modo, logró retener a 12 luego de un fuerte alegato con Laureani, que se desarrolló delante de los presos. Otros 12 – entre ellos Zott- fueron subidos la madrugada del 28 de junio a un camión frigorífico y llevados a Villa Grimaldi. Ocho siguen desaparecidos.

La muerte

Tras la muerte de Osvaldo Heyder, el ejército le efectuó todo tipo de homenajes. En su funeral, un capitán leyó un emocionante  discurso sobre el difunto, en el cual decía que el 1 de enero de 1975 había sido transferido al regimiento Talca, lo cual es una falsedad absoluta, pues ello ocurrió el 13 de febrero (es decir, sólo dos semanas después que terminara el operativo de la DINA en la Quinta Región).

No fue lo único turbio que hubo en las exequias. Al hecho de que antes de enterrar el ataúd se lo llevaran para hacerle una segunda  autopsia, esa vez en el Servicio Médico Legal, se sumó la presencia de extraños personajes, como un oficial de Ejército que se acercó a Osvaldo Heyder padre para decirle que su hijo se había suicidado por líos de faldas y que habían arreglado todo para que pareciera un suicidio, a fin de que su viuda pudiera recibir la pensión correspondiente. A principios de 2002, cuando Adriana viajó a Chile para contratar al abogado Hernán Fernández, objeto de reabrir la causa, le mostró a su padre dos fotografías y le preguntó si reconocía a alguno de los hombres que le mostraba.

―¡Claro! Este es el tipo que me dijo que Osvaldito se había suicidado― gritó al reconocer una foto de los años mozos de Marcelo Morén Brito, quien ―ahora se sabe― llegó a Talca en la tarde del 5 de junio, con el fin de “aclarar” lo  acontecido.

La versión del asesinato en manos de miristas tampoco cuenta con sustento alguno, en primer lugar, porque el SIM no estaba dedicado a la represión directamente, sino a prestar apoyo a la DINA. De hecho, no se conocen casos de agentes del gobierno militar asesinados por miristas, pero sí está comprobada la muerte de agentes de esa administración a manos de sus propios camaradas. Al respecto, Zott asevera que él, durante mucho tiempo, se dedicó a investigar lo que había ocurrido con Heyder, quizá con algún cargo de conciencia por no haber podido hacer nada por devolverle la mano, y efectuó diversas consultas sobre una posible participación del MIR en el hecho.

―Todos los resultados fueron y son hasta hoy negativos, pues ningún militante o estructura del MIR aparece, de alguna manera,  vinculada a este crimen. Por el contrario, el capitán Heyder carece de los más mínimos atributos como para haberse transformado en el primer y último objetivo, entre 1974 y 1978, de las acciones armadas del terrorismo de izquierda― argumenta.

A los testimonios de los presos del Maipo ―a los que se sumaron, por ejemplo, Hernán Brain y Mónica Medina― respecto del buen trato recibido de parte de Osvaldo Heyder, se agregó un importante elemento: lo dicho por Hugo Bäar. Si bien lo anterior podría parecer medianamente vago, la verdad es que cobra mucho más peso por un nuevo testimonio de Erick Zott, el cual conversó varias veces con Baar en 1985, puesto que ambos testificaron en Alemania en el juicio que allí llevaba Colonia Dignidad contra Amnistía Internacional, luego que esta agrupación acusara al enclave de ser un centro de torturas (Zott también estuvo detenido en ese lugar).

De acuerdo a un documento protocolizado ante el cónsul chileno en Viena, el 23 de octubre de 2002, cuando se estaba efectuando el juicio, Zott estuvo en una conversación entre Walter Rövenkamp (gerente de Amnistía) y Hugo Bäar, quien “reconstruyendo pasajes importantes de sus responsabilidades en esta colonia, entre otras cosas relató que en aquel entonces (a mediados de los años 70) él estaba encargado de administrar la armería de la colonia y de esta manera se enteró que en el invierno chileno de 1975, dos miembros de la Colonia Dignidad, a quienes identificó y cuyos nombres no recuerdo, participaron en un atentado en contra de un oficial del ejército chileno en la ciudad de Talca. Hugo Bäar recibió el arma de vuelta y estos dos miembros de la colonia se ocultaron temporalmente en el sur de Chile”.

Y otro detalle, nada menor. Previo al traslado de Heyder a Talca, el Regimiento Maipo recibió desde la Corte de Apelaciones de Valparaíso un recurso de amparo interpuesto en favor de Neftalí Carabantes por su esposa, Liliana Castillo. Hacia mayo de 1975, el regimiento contestó al tribunal de alzada reconociendo que las ocho personas desaparecidas que se mencionaba allí había estado presas y que se les había llevado la DINA con dirección desconocida. No sólo era la primera vez que se respondía con la verdad a un libelo de este tipo en aquellos años, sino que, además, fue la primera vez que desde el propio Ejército se reconoció la existencia de la DINA. Por cierto, no se sabe quién redactó la respuesta al recurso de amparo, pero no es muy difícil entender que quien lo hizo era una persona de una integridad y valentía excepcional.

Colombo

La muerte del capitán Heyder, caso que aún sigue en investigación, sirvió además como punta de lanza para otro tétrico episodio: la Operación Colombo, un plan de inteligencia que consistió en publicar dos “diarios” en Brasil y Argentina, con el fin de informar que 119 miristas se habían muerto entre sí por rencillas internas, en Argentina.

La escalada informativa comenzó tras el asesinato del capitán, cuando las autoridades filtraron a la prensa chilena la especie de que el oficial había sido muerto por miristas que querían infiltrarse a Chile desde Argentina. Luego, de acuerdo a notas de prensa que argüían que dichos antecedentes se habían obtenido gracias a las informaciones recabadas “por la investigación que se sigue en Talca por la muerte del capitán Heyder”, se dijo que había un “ejército” de 2 mil miristas en Tucumán, listo para penetrar en Chile, y así se fue preparando a la opinión pública para lo que venía después.das por distintos tribunales chilenos, al encontrarse desaparecidas y ―como se comprobó más tarde― todas ellas habían sido detenidas anteriormente por la DINA.

Obviamente nadie lo creyó, y de ello da cuenta un cable desclasificado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, que relata que “el 15 de julio, LEA, una revista de Buenos Aires que apareció por una sola vez, publicó una lista de 60 chilenos supuestamente asesinados en Argentina, México, Francia, Venezuela y Colombia en una purga interna del MIR. La fuente de LEA es un despacho sin firma de una agencia noticiosa mexicana llamada FONEL, que es desconocida para nosotros. La dirección de LEA no existe. Hay información de que LEA está asociada a grupos de extrema derecha de Argentina”.
El documento señala más adelante que “el 25 de junio, apareció una edición de O Día, de Curitiba, Brasil, con un artículo firmado desde Buenos Aires, aunque sin fecha, con una lista de 59 miristas asesinados en Salta. No hay confirmación -ni negación- en el gobierno argentino de este enfrentamiento. O Dia es una oscura revista y supuestamente mensual, pero sólo han aparecido tres números este año”.

Lee el documento sobre la relación de la Colonia Dignidad y el homicidio del capitán:

Reportaje actualizado y adaptado a partir del reportaje del mismo nombre publicado en noviembre de 2002 en “El Periodista”.

 

 

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jcsimbadelmariado@gmail.com
74.125.82.195
  • Me golpearon el corazon , Yo hice el servicio militar en el Regimiento Maipo de Valparaiso desde abril del 73 hasta Junio del 75,ademas vivia cerca de su casa en Playa Ancha.
  • Yo nunca crei en su muerte a manos de la izquierda y cuando lo conversamos en una botilleria del barrio llamada Estadio en la cuadra donde yo vivo con un vecino que estaba en la escuela militar ese mismo año, nos parecio extraña su muerte.El capitan Heyder era comandante de la compañia de morteros y yo soldado de la primera compañia plana mayor y servicios. Los pelaos sabiamos que el capitan Heyder era buena tela con los concriptos, pero lo que marco mi vision de el,fue,que el dia del Tancazo en junio del 73 Formada la compañia en el pationos dijo,EL GOBIERNO ES LEGAL Y HAY QUE DEFENDERLO, Yo militante de la jota en ese entonces,sabia que la cosa iba en serio ahora. Vino el golpe y sali de voluntario para ir a Santigo el dia doce de septiembre hasta diciembre del mismo año.
  • Fue el capitan Heyder que hablo con el comandante del regimiento E.Y.M, para que salieramos de civil por los conflictos que se producian con los marinos cuando se estaba franco. El relato de mas arriba lo sabia de ese mismo dia, porque yo estaba de guardia cuando nos dijo que los prisioneros no estaban en buenas condiciones y que no les dieramos agua porque era peligroso para la salud de estos compas del MIR. Esto me mostro una vez mas la calidad humana de este capitan que trataba bien a sus soldados y de muchos otros que un dia rescatare por bien de la memoria historica.
  • Para mi Juan Cancino Sepulveda ex sargento segundo de reserva del ejecito de Chile, contingente 1973, El capitan Osvaldo Heyder Goicolea,merece ser rescatado del olvido infame y mostrarlo como fue, un soldado honesto,un mejor oficial y un ser humano en todo el sentido de la palabra,porque en medio de toda la oscuridad hubieron hombres como el que aliviaron un poco el dolor de muchos. JM.
  • El 22 de enero de 2014, 23:43, HIJXS . VOCES.
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Poema de Mario Liebsch (Mario Dimax) como comentario…

Tardio….
Siempre ido, ausente, tardio…
como si fuera poco, un viento,
huracan, tenpestad y lluvias,
miedos del alma,recuerdos,
todo en un atados de flores,
cuan rosas o clavees surtidos
o vendidos en una esquina,
antes de entrar al cementerio,
a un templo o como mis poemas,
quemados en la hoguera….
Mi carne y mis huesos….
quedaron rotos, trizados,
y enyesados fuera de Chile,
quedaron ausentes, idos,tardios….
No reniego de mi historia,
de pasar ,lo dabia al empezar,
que todo tiene un princiopio
y tambien un final,
como el alfa y el omega,
comkoi cualquier abecedario,
mas no con los numeros,
que son infinitos….!
Como la Creacion…?
Pero yo soy tardio,
a mis alturas ya algo ido,
definidamente, ausente…!
Pero sera por poco tiempo mas,
me pongo las pilas
con los Testigos de Jehova,
que me visitan de tarde en tarde,
enseöäando la teologia,
que mas vale cualquirer filosofia,
politica. poder, y el que diran
de los fariceos dfe antes,
de hoy y de siempre…?
Por eso me quedo donde estoy:
ido, ausente y tardio….
Pero volvere….!

Memoria Frentista.FPMR.. A 22 años del heroico combate que costo la vida de Alexis y Fabián.

Un 22 de Enero de 1992.

Publicado: 2014/01/20 en Uncategorized

http://historiadetodos.wordpress.com/2014/01/20/un-22-de-enero-de-1992/

 A 22 años del heroico combate que costo la vida de Alexis y Fabián.

Recuerdos en un 22 de Enero de 1992. (Fuente original 

Sumamos un escrito y Video para describir y contextualizar la muerte de Alexis y Fabián, ademas de incorporar escritos de:

*Ricardo Palma Salamanca: Fugado desde la carcel en Diciembre de 1996
*Alberto Olivares Fuenzalida (El Nico): En prisión
*Eduardo Olivares Fuenzalida: En prisión
*Pablo Muñoz Hoffman: Fugado desde la cárcel en Diciembre de 1996
*Alex Muñoz Hoffman: Caido en combate el 22 de Enero de 1992

…Algo de historia….

Los periódicos celebrando la muerte de Alex y Fabian

Los periódicos celebrando la muerte de Alex y Fabian

Es en la mañana del 22 de Enero de 1992, cuando un grupo de 3 militantes del FPMR, guerrilla urbana que combatió la dictadura de pinochet y su continuidad democrática, expropian un camión de valores, Prosegur, en el campus Oriente de la Universidad Católica.

Alexis Muñoz Hoffman, Fabián López Luque y Pablo Muñoz Hoffman consiguen expropiar 7 millones 600 mil pesos dejando heridos a dos guardias que trataron de repeler la acción. En el repliegue Pablo es herido de gravedad por la policía, quienes pretenden rematarlo en el suelo antes de capturarlo. Alex y Fabián intentan romper el cerco parapetándose en una casa en calle Alonso de Ercilla 3082 al llegar a Avenida Chile España en la comuna de Ñuñoa.

En la casa habitaba la familia del abogado Erick Riveros, quienes permanecieron como circunstanciales rehenes tras el enfrentamiento posterior a un asalto.

Rápidamente un impresionante contingente policial y de prensa cerca la casa donde se encuentran los frentistas parapetados, comenzando así una larga “negociación” donde los expropiadores liberan a la mujer y los tres hijos que permanecían en la casa.

La prensa trasmite en vivo y en directo durante todo el día apostados afuera de la casa, los canales de televisión y las emisoras radiales trasmitían de forma uniforme y en cuasi cadena nacional las largas horas de negociación incluyendo las conversaciones telefonicas.

Alex y Fabian conversan e intentan demandar una entrega de comida en distintas poblaciones de Santiago y una salida a Cuba, pero finalmente señalaron: “No nos vamos a entregar. La decisión no es de este momento, sino de mucho antes… nos la vamos a jugar entera… Nuestra consigna es Hasta Vencer o Morir”.

Tras más de 14 horas de negociación, entre las 20:50 y 21:25 el impresionante contingente de 500 miembros de las fuerzas represivas entre policías, personal del grupo de operaciones especiales-GOPE-, francotiradores, etc decide intervenir y exterminar a los rebeldes.

Alex de 22 años muere al recibir 10 disparos en la región toráxico mientras que Fabian de 23 años recibió 7 impactos en la cabeza, el maxilar, el torax, el abdomen y las piernas.

El operativo policial termino con cuerpos rebeldes acribillados trasmitidos en directo por la televisión, mientras que Pablo tras estar varios años en prisión consigue fugarse el 30 de Diciembre de 1996  desde la Cárcel de Alta Seguridad en helicóptero junto con otros 3 frentistas.

*Video con imágenes de la época que recuerda algo de su actuar parapolicial:

…Un 22 de Enero. Escrito de Ricardo Palma Salamanca

Ricardo Palma Salamanca se fugo junto con Pablo Muñoz Hoffman desde la C.A.S en Diciembre de 1996, en clandestinidad escribió “El Gran Rescate”, este texto es un extracto de aquel libro.

“Morid con el pensamiento cada mañana
Y ya no temeréis morir”

Están viendo al camión blindado de la empresa Prosegur que entra suavemente hasta quedar frente a la puerta principal de acceso y descargar el dinero correspondiente a ese día de enero para la caja pagadora del banco en el interior de la universidad.

Observan desde un patio pequeño, siguiendo los movimientos. Llegaron temprano por la mañana, mezclándose entre los estudiantes.
La noche anterior la pasaron los tres juntos en una casa cercana. Antes de salir de ella se miraron con nerviosismo, se ordenaron mutuamente las ropas y se abrazaron como no lo habían hecho antes. Salió primero Pablo Muñoz, con la cara despejada, sus ojos claros y nariz prominente. Tras él iba uno muy parecido, casi del mismo tamaño y color de ojos pero con la nariz un poco menos afilada. Era su hermano Alexis Muñoz, que llevaba un bolso en las manos. Un poco mayor que Pablo, casi nada, una diferencia de tiempo a esas alturas inútil. Cuando ambos eran niños, se podía observar que aquella diferencia era concreta. Alexis, el mayor, guiaba con mano segura a Pablo. Le decía qué debía hacer y qué no, lo regañaba cuando cometía alguna torpeza de niño, lo ayudaba a subir las escaleras del edificio en que vivían y no lo dejaba acercarse a los balcones. Tiempo después, las cosas cambiaron, Alexis empezó una vida bohemia y los desvaríos eran habituales cada fin de semana. Ahora era Pablo quien lo ayudaba a subir, pero ya no tomándolo de la mano sino arrastrándolo hasta el décimo piso, entre risas y quejidos por los golpes contra los escalones. Borracho hasta el infierno, irreconocible, reptaba del brazo de Pablo hasta llegar a su cama donde lo último que hacía era darle las gracias a su hermano para después acabar con un profundo y violento vómito sobre los pantalones de Pablo.

Siempre estuvieron algo abandonados, lo único que tenían era a sí mismos y a sus demás hermanos. En total eran cinco.

El último en salir aquella mañana fue Fabián. Seguro, de barba, se desplazó casi como un vikingo. De pelo negro y piel blanca. Más joven, quizás un niño. Cerró la puerta de la casa despidiéndose del dueño con una sonrisa.
Pablo y Fabián entraron al Campus Oriente de la Universidad Católica, y Alexis se quedó en la parada de autobuses esperando dar la señal una vez que viera entrar el camión blindado. Ahí estuvo hasta que apareció el camión en medio de la calle. Levantó un brazo como si se peinara y adentro, Muñoz y Fabián se levantaron nerviosos y empezaron a caminar.

Los tres ya están en eso, y la voz de Pablo se escucha antes que el revólver de Fabián apunte al cuerpo de uno de los dos guardias.
-¡Al suelo, conchesumadre, no se resistan!”, gritó Pablo en el hall principal del campus. El suelo brilla y Pablo vio el reflejo de toda la situación. No hay nadie más que pueda decir lo que ocurrió esa mañana.
Uno de los guardias quedó quieto, dominado por la sorpresa. El otro corrió despavorido, descontrolado. Al llegar casi a la puerta de salida lo detuvo la detonación del revólver Colt de Fabián. Cayó desplomado, aún con el bolso del dinero aferrado a su mano como si ese simple automatismo servil, que otros llaman profesionalismo, le fuera a hacer merecedor de una sonrisa complacida del patrón.
-Quédate quieto, quédate quieto- le repitió Pablo al otro guardia. Sonaron dos tiros y el guardia, herido en la pierna, cayó gimiendo.
-No me mate, por favor, no me mate, decía, mirándolo con la cara desencajada, mientras Pablo le quitaba el revólver. Fabián lo siguió. Corrieron hacia la única salida, el camión estaba afuera. Su chofer, al volante, comenzó a lanzar, en un último acto de desesperación, el camión contra Pablo y Fabián que seguían corriendo. Fabián se detuvo al ver a Pablo que disparaba tiros sobre el blindado. En ese momento algo sucedió con el arma de Pablo. “¡No salen más tiros!”, gritó. El depósito yacía en uno de los escalones de la entrada principal.
-¡¡Hijos de puta, hijos de puta!!
¿De dónde vienen esos gritos de impotencia? Pablo se dio vuelta y vio a Alexis. Su hermano, el tercero, que iniciaba el cumplimiento de su misión en medio de la avenida Battle y Ordóñez, frente al campus, con un fusil M-16 escupiendo múltiples ráfagas cortas hacia el camión blindado.
Una vez los tres juntos en la esquina de Ordóñez y Regina Pacis, con sus armas en las manos, simplemente se miraron. Pablo colocó un nuevo cargador en su pistola y Alexis daba vueltas junto a Fabián, esperando a un cuarto que nunca llegó y que más tarde dijo con voz trémula de vergüenza: “Me perdí”.

También comenzaban a perderse los tres, porque ninguno sabía manejar y era imposible arrebatarle el automóvil a alguien para escapar del lugar.
Cerca de un minuto lo esperaron, y luego Pablo Muñoz dijo: “Vamos caminando separados y a lo que venga”. Habló con nerviosismo y con la pistola en la mano. Respiraba fuerte. Sólo quería salir de ahí. Creer que todo era la imagen de una vida pasada.
“Vamos”, respondieron. No tenían nada más qué decir porque no había más que hacer, porque los diálogos son mentira en estas circunstancias.
Y caminaron como cuando caminaban de la mano de su padre hacia el colegio. Con una seguridad de media tarde y una desmesura regada sobre sus armas.
No alcanzaron a caminar demasiado pues les salió al paso un furgón de carabineros en la esquina de Pacis y Holanda. Los tres se parapetaron en unos automóviles disparando contra el vehículo.
Todos disparan en un escenario demencial. Pablo cayó de dolor al recibir un tiro que le partió la pierna en dos. Fabián, al ver aquello, dejó de disparar tratando de ayudarlo, pero era imposible. Alexis siguió concentrado en cada tiro, mirando de reojo a su hermano. Le saltaban las lágrimas ante el hecho de dejarlo en el suelo junto a la sangre iluminada por el sol.
Sabemos que Pablo quedó ahí, a pesar de la insistencia de Alexis y Fabián que querían cargarlo, pero él dijo mil veces que no, y los dos corrieron entre los disparos hacia un destino que Pablo desconocía, porque lo que comenzaba a conocer era el miedo de los carabineros, que antes de acercarse le rafaguearon las piernas tras el último tiro que logró dar antes de que se le trabara definitivamente la pistola, com si un negro cuervo desajustara los impredecibles mecanismos de esa inercia.
También sabemos que Alexis y Fabián continuaron corriendo y disparando hasta quedar sin municiones. Murieron en su jardín a manos de carabineros en un espectáculo transmitido a todo Chile por la televisión.

Sangre de verdad y caliente, como le gusta al buen ciudadano respetuoso del pudor y la moral judeo/cristiana.

Así salieron aquellos dos, con la última profecía del 22 de enero de 1992.
Y por cierto sabemos que Pablo sobrevivió, tras seis meses en un hospital de la cárcel. Que debió aprender a caminar nuevamente, y logró aferrarse a una cuerda, cinco años más tarde, para despegarse del encierro. Que supo de la muerte de sus hermanos una semana después, una tarde en que sólo se escuchaban las cerraduras de la Penitenciaria de Santiago.
Lo que viene es materia de otras palabras…” – Ricardo Palma Salamanca-

*Escrito de Alberto Olivares Fuenzalida, El Nico

En la memoria de la rebeldía

Alex Muñoz Hoffman

Alex Muñoz Hoffman

Keridos hermanxs, hoy mi alma se estremece en un llanto de rebeldía por recordar ese 22 de enero, en donde la vida se elevó en lo más alto de la dignidad. De esos rebeldes ke kalleron en kombate por algo más ke una rekuperación, si no por una altura libertaria esa ke muchos olvidaron como kien olvida los rekuerdos de donde somos y porke hemos luchado toda la vida, no somos  orgullosos sino unos rebeldes desde ke nacimos. Hoy rekuerod a Alez y a Fabián, en esa trinchera de vencer o morir. Hoy en mi celda están todos los kaidos akompañandome en mi kondena social y rastrera de esta justicia policial fascista.

Hoy me siento orgulloso y digno de mi rebeldía libertaria; hermanxs nunka olviden a los ke kombatieron ellos son la semilla real de maldad libre de capitalismo.
Alex y Fabian. En la lucha de la kalle y en la lucha karcelaria siempre.
Colectivo 22 de enero Karcel de Extermino
Ex penitenciaria de Stgo.
Alberto Nikolas Olivares F.

*Escrito de Eduardo Olivares Fuenzalida

-Sangre Unida Por Siempre-
-A la memoria de Alex y Fabián asesinados un día 22 Enero 1992-

Fabian Lopez Luque

Fabian Lopez Luque

Han pasado 21 años desde que partieron; con sus sueños rebeldes recordarlos para mi es la rebelión misma que corre por mi sangre, porque fuimos y somos sangre unida. Hoy la llama de la rebeldía está más encendida que antes; son otros tiempos; otras generaciones los que no dejaron que el fuego insaciable de ustedes se apagará. El combate hoy es más directo es por esto que hoy los recuerdo con un fervor revolucionario que siempre estarán presente en nuestras vidas; y en nuestros corazones; el árbol de la rebelión va crecido; con los mismos pensamientos de ustedes; sed de justicia; como pensaban y actuaban ustedes; tuve el honor en aquellos tiempos de combatir su lado.

Nunca lo olvidare; hoy tu ahijada ha crecido Alex y tiene el mismo pensamiento y sentimiento nuestro, hay semilla, espero encontrarte en algún momento y volvería a combatir al lado de los dos, han pasado los años y estoy terminando esta prisión que me embargó desde que los dos partieron con balas del fascismo que los atrapo. Pero sé que hasta el ultimo tiro dispararon,-hoy tengo la oportunidad de escribir estas letras para que esta nueva generación de jóvenes combatientes alcen sus nombres; ya que el tiempo no los ha olvidado a ustedes por mi parte los llevare por siempre en mi recuerdo y en mi vida de combatiente revolucionario; la llama de la rebeldía siempre estará encendida para combatientes como ustedes. Viva la rebelión callejera; abajo la prisión. Nunca olvidare un día 22 de Enero que me separó de hermanos como ustedes: Alex Muñoz Hoffman* Fabián López Luque, váyanse tranquilos a su zona que pronto estaré yo ahí porque nunca dejare de combatir y luchar.

Eduardo Olivares Fuenzalida
Ex Miembro FPMR
Preso Social
13 Años en prisión.
22 Enero 1992 Al 22 Enero 2013.

21 Años del asesinato de Alex y Fabián.

*Escrito de Pablo Muñoz Hoffman

“Ese hermano comprometido, guerrero silencioso por ti y por el compa de

Pablo trasladado al hospital tras el tiroteo

Pablo trasladado al hospital tras el tiroteo

ojos miopes y caminar verdadero. No a la venganza, sino la justicia serenamente armada, Raúl vive entre nosotros, volveremos a los Queñes. Hasta vencer o morir. A mi hermano Alex y mi compañero Fabián, caídos en combate el 22 de enero”.-Escrito de Pablo Muñoz Hoffman antes de fugarse en Diciembre de 1996, leído durante la conmemoración de los 14 años del asesinato de Alex y Fabián el 2006.

*Texto de Alexis, enviado a Refractario

-Fraternidad-

“Sus manos se sembraron entre mi mano y florecieron juntas y maduraron juntas en el fruto fraterno del afecto; fue una sola cosecha larga y continua como riel en distancia insospechada. Que se prendió sobre los campos de nuestras angustias; sus manos se sembraron entre mi mano y aun siguen juntas a pesar de las distancias florecen juntas; porque nuestra sangre siempre se han mantenido unida.”

Escrito años atrás por Alex Muñoz Hoffman. cuando estábamos todos juntos Nicolas, Eduardo, Pablo..

22 enero 2013. Santiago.- Stgo.

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=bWaMQM61kTs