Campamento Nueva La Habana, Chile

Actividades en El Campamento…

http://www.youtube.com/watch?v=x1jDd9zP96o

La obra “El Revolucionario” fue una parodia realizada por la compañía de Teatro Aleph, presentada en una actividad del Campamento Nueva Habana en 1972. Por todos es sabido que existen revolucionarios de temporada, esos que llegan a la Universidad y les da por preocuparse del pueblo. Sin embargo, al salir de ella se olvidan de todo eso y sólo se preocupan por sus propios intereses.

La compañía de Teatro Aleph nació a fines de la década de 1960, por iniciativa de un grupo de estudiantes del Instituto Nacional y del Liceo 1 de Niñas. Hacia 1972, el Aleph era considerado por la crítica como uno de los conjuntos teatrales más vanguardistas de la época. Sus obras eran producto de la creación colectiva y frecuentemente aludían a la realidad contingente. Entre los montajes de este período se cuentan ¿Se sirve un cocktail molotov?, Viva in-mundo de fanta-cía, Cuántas ruedas tiene un trineo y Casimiro peñafleta.

El Aleph hizo de su presencia en sindicatos, industrias y poblaciones, un motor de su existencia. No sólo a través de las presentaciones de sus obras de creación colectiva, sino también creando e incentivando grupos de teatro en campamentos y poblaciones tan emblemáticas como la “26 de enero”, “Nueva La Habana”, “Ranquil” y “La Bandera”, donde los pobladores fueron capaces de mostrar en un escenario su propia realidad, reír con ella, sublimar su causa y dignificar su existencia.

Este video corresponde a un fragmento del documental realizado por Tom Cohen en 1972. Actualmente la población se llama “Nuevo Amanecer”.

  • Categoría

  • Licencia

    Licencia de YouTube estándar

La historia de un pueblo en los muros de Chile.Conversación con José Balmes

Add your thoughts here… (optional)

Comunicaciones y Reseñas memoria

La historia de un pueblo en los muros de Chile

La historia de un pueblo en los muros de Chile Conversación con José Balmes 13 de junio de 1974. Le Monde, Francia. por Catherine Humblot

De Santiago a París. En tres años de Unidad Popular, el pueblo chileno se inventó un lenguaje que desapareció al mismo tiempo que desapareció la esperanza, la alegría, la liberación de un pueblo. Los cantos se callaron con el golpe de estado. Pero también los colores sobre los muros, esas caras azules o violetas, los soles, los pájaros, esas manos que se transformaban en banderas, las banderas en poemas, y los poemas en murales simbólicos, magníficos, inmensos como el que bordeaba, sobre cerca de un kilómetro, el río Mapocho, en pleno centro de Santiago. O más simples, a veces ingenuos, torpes, casi conmovedores. Realizados por obreros, campesinos y pintores, siempre colectivos y…

Ver la entrada original 1.876 palabras más

Exilio chileno e historiografía* . …la izquierda exiliada…Hugo Cancino , Universidad de Aalborg

Exilio chileno e historiografía*

Hugo Cancino
Universidad de Aalborg

El universo del exilio chileno pareciera ser una problemática oficialmente
olvidada y tan sólo un componente subalterno de la memoria colectiva de los
chilenos que experimentaron la dictadura en el país1. Sin embargo el exilio
continúa siendo un tema traumático para aquellos que lo vivimos. Para la élite
política que asumió la difícil tarea de negociar con la cúpula militar las
condiciones de la transición a la democracia y constituirse luego en dirección de
este proceso inconcluso, es el problema del “exilio” y también aquel de los
“desaparecidos” un asunto molesto de debatir y de investigar, que
supuestamente turba los consensos establecidos con la cúpula militar que aún
opera con poder de veto en la transición incompleta2. El olvido colectivo de este
pasado luctuoso sería parte de una estrategia de reconciliación que omite exigir
que los hechores reconozcan su responsabilidad en los crímenes perpetrados
por el régimen militar. Esta operación de olvidar el pasado luctuoso, sería en la
certera expresión de Tomás Mulián el “blanqueo” desde el Estado y por
“razones de Estado3 El olvido del trágico final de la experiencia de la Unidad
Popular y las violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos durante la
dictadura, contribuiría a no provocar a las Fuerzas Armadas, que hasta ahora
y de acuerdo a la Constitución dictada por la dictadura en 1980, ocupan un
lugar central dentro del orden político, como cauteladoras de un sistema cuya
Constitución aún mantiene artículos y disposiciones incompatibles con un
sistema democrático.

Nos parece que el exilio es una temática que no puede ser soslayada en la
investigación de la historia contemporánea de Chile, y que esta área de
investigación debe ser comprendida como parte de un proyecto ya iniciado en
Chile de reconstrucción, por una parte de la memoria colectiva de los chilenos 2
y por otra parte la necesidad de una relectura de la historia de este país, a partir
de nuevos ejes de referencia, que aquellos que proporcionan los textos escolares
o la narrativa histórica tradicional que nos ha entregado la falsa imagen de ser
“los ingleses de América del Sur”4. Hasta ahora existe una cantidad apreciable
de publicaciones sobre el exilio, muchas escritas por aquellos que lo sufrieron;
artículos, monografías, entrevistas, memorias etc.5 También en el relato literario
el exilio fue tematizado y esta visión desde la ficción no deja de ser un aporte
interesante a la hora de reconstruir la memoria del exilio en sus dimensiones
colectivas y existenciales6. Una cantidad considerable de revistas y periódicos
del exilio, entre las cuales podemos destacar “Chile-América” editada en Italia
y “Araucaria de Chile” en España y “Literatura chilena en el exilio”, dirigida
por Fernando Alegría editada en los EE.UU constribuyeron a crear espacios de
estudio y discusión de esta problemática junto c el estudio de tópicos culturales,
literarios, filosóficos y políticos7.

El exilio, en su definición clásica es un extrañamiento o alejamiento temporal o
por vida de una persona de su país de origen. La institución surgió en la
antigua Grecia, como un castigo, el mayor o máximo impuesto a un ciudadano,
que hubiese quebrantado con su discurso o acciones la legislación o la religión
de la Polis o del Estado8. Aunque el exilio puede ser impuesto por la decisión
de las autoridades del Estado o dispuesto por una persona como opción de
rechazo a un sistema opresivo y la búsqueda de una existencia libre en otro
país, en ambos casos es el exilio la ruptura con un mundo de referencia y de
signos como la cultura y la lengua, es un quiebre, en muchos casos dramático
de un curso vital. Un quiebre traumático cuyas huellas perduran más allá del
fin del exilio, si es que ese fin se alcanza alguna vez. El exilio “interior”, que no
es un tópico en el presente artículo, implica la paradoja existencial de estar y de
permanecer allí en el espacio físico e imaginario de una cultura nacional y de
una lengua, sin participar, al margen de un sistema impuesto y de sus valores,
viviendo la existencia en soledad.
3
El fenómeno del exilio ha sido una constante estructural de la historia de
América Latina presente ya en el período de las guerras de independencia y
como una práctica acentuada a partir del período de organización y
construcción de los estados nacionales desde alrededor de 1850. Las
interminables guerras civiles entre fracciones de la oligarquía criolla que
pugnaban por imponer sus respectivos proyectos de organización estatal del
espacio y de la política produjeron exilios de personalidades del bando
vencedor. Las dictaduras militares caudillezcas o los regímenes autoritarios que
han sido recurrentes en nuestra historia, usaron el exilio como un castigo para
los detractores de sus sistemas. En general, estos exilios nunca fueron de
carácter masivo, sino selectivo, es decir, sus víctimas fueron preferentemente
intelectuales o políticos disidentes. En el caso chileno, el primer exilio masivo
fue aquél que se originó después del llamado “Desastre de Rancagua” en
octubre de 1814, en donde el ejército patriota es derrotado por las fuerzas
realistas lo que conduce a la restauración del régimen colonial9. La represión de
las familias criollas y el temor a las represalias del poder hispánico, obligó a
éstos a seguir la ruta del ejército derrotado, trasmontar la Cordillera de los
Andes, para establecerse en Mendoza. Con posterioridad a la Independencia, es
Chile el país latinoamericano que concede generosamente el asilo a los
intelectuales perseguidos por la dictadura de Rosas, entre los que se destacó el
pensador argentino Domingo Faustino Samiento. “El asilo contra la Opresión”,
expresión en el texto de himno nacional chileno se transforma en una doctrina
y en praxis del Estado Chileno. Desde la fundación del Estado Nacional hasta
1973 fue Chile, independiente de la ideología de sus gobernantes, un espacio de
protección y libertad para los perseguidos por las dictaduras de América Latina
y para los republicanos españoles en 1939. Para la mayoría de los chilenos y en
especial para la generación de los años sesenta a la que pertenezco, era
inimaginable concebir la posibilidad de sufrir del destierro o exilio motivado
por un cambio político en nuestro país. El derecho de vivir y morir en nuestro
propio país fue una creencia colectiva, tanto como aquella que postulaba que
Chile tenía una cultura democrática robusta y unas Fuerzas Armadas 4
profesionales. No existen cifras oficiales sobre la cantidad de chilenos que
fueron obligados a exilarse o lo hicieron voluntariamente. Se han formulados
cifras fluctuantes entre alrededor de 30. 000 hasta un millón de chilenos que
abandonaron el país por razones políticas entre el 11 de septiembre de 1973
hasta alrededor 1988 10. En estas cantidades señaladas están los chilenos
registrados por la dictadura y los organismos de Derechos Humanos como
exilados y aquellos que voluntariamente y por sus propios medios se fueron del
país por razones políticas. Desde un punto de vista sociológico los exilados
provenían de diferentes grupos sociales, étnicos y profesionales. Podemos
postular que el plural universo de la sociedad chilena estuvo representada en el
exilio.

Historia, historiadores y exilio. La cuestión del método

El exilio en general ha sido un tema de reflexión, meditación, y de
investigación dentro de las ciencias sociales, de la psiquiatría y también un
tópico dentro de la literatura ficcional. ¿Cuál podría ser el aporte de la ciencia
histórica para iluminar y comprender este fenómeno? Responder a este
interrogante supone referirse al rol del historiador y las connotaciones
epistemológicas de su disciplina. La ciencia histórica de comienzos del siglo XXI
continúa aún signada por la matriz cientificista del método el ideal de
objetividad proveniente de las ciencias naturales. En esta perspectiva se inscribe
la obsesión de la historiografía tradicional por alcanzar una “objetividad”
aséptica en la investigación a través del análisis críticos de fuentes y
testimonios. El uso de una metodología rigurosa y la disposición de las fuentes
primarias y secundarias y la capacidad crítica del historiador permitiría acceder
a la “verdad objetiva”. Este discurso fue ya cuestionado parcialmente por
Wilhem Dilthey en el siglo XIX que situó a la Historia entre la llamadas ciencias
del “espíritu” las que deberían tener una metodología específica, es decir,
diferenciada de aquella de las Ciencias Naturales11. Es aquí que emerge la vieja
hermenéutica, como el arte de la interpretación y de la comprensión, que 5
debería ser el método propio de estas disciplinas. El extinto filósofo alemán
Hans-Georg Gadamer colocó en su obra “Verdad y Método”, el problema del
método y la verdad como el eje de una nueva epistemología en la segunda
mitad del siglo XX12. En este trabajo, tal vez una de las obras filosóficas
centrales de ese siglo, Gadamer instó a una crítica de la filosofía de la
Ilustración, a su legado metodológico basado en el paradigma de las ciencias
naturales y a reflexionar sobre una filosofía hermenéutica que pudiera fundar
una nueva lectura de los textos y discursos, entre ellos, el discurso de la historia.
Es a partir de estas consideraciones sobre el método que construimos este
proyecto de investigación sobre el exilio chileno. Los historiadores que
investigamos, que leemos e interpretamos fuentes y testimonios orales lo
hacemos siempre inscritos en un horizonte histórico y generacional y social.
Pero también también respondemos a un horizonte existencial, y a una
tradición a la cual no podemos sustraernos y que se expresará en nuestra
lectura. Dentro de esta perspectiva hermenéutica el sujeto y el objeto de la
investigación se corresponden.

Determinar las fuentes a utilizar en la investigación es una de las fases
preliminares del trabajo historiográfico. Sin ello no hay narrativa histórica, sino
ensayo histórico. Acumular fuentes, seleccionarlas, clasificarlas, establecer un
orden de relevancia en el cuadro del proyecto y en definitiva leerlas a partir de
las preguntas que el historiador plantea desde su propia historicidad y de
horizonte histórico de su tiempo, constituye un punto de partida
epistemólogico de una historeografía hermenéutica. Las fuentes de la historia
son primordialmente textuales, aunque las fuentes orales, la “memoria oral”,
suple muchas veces la inexistencia o precaridad de fuentes escritas. En el caso
del estudio del exilio chileno la memoria oral constituye un aporte significativo
para reconstruir el universo del exilio, no sólo en su expresión colectiva de
“país disperso”, sino que su dimensión existencial13. Si este proyecto se propone
una macro-historia del exilio, es decir, entendido éste como una totalidad en un
sentido geográfico, ello supone trabajar una pluralidad de fuentes dispersas en 6
los países de exilio. En el contexto de las fuentes, debemos considerar también
la imagen de los Otros del exilio chileno. Esta imagen expresada en artículos de
prensa y de revistas de los partidos nacionales, muestra también aspectos
importantes de la recepción de la cultura de los exilados por parte de sectores
del país que los recibió y que se hizo solidaria con la “causa chilena”. El exilio
chileno no fue nunca un colectivo homogéneo, ni social, ni étnico, ni tampoco
político. Al igual que el exilio republicano español de 1939, el exilio chileno
estuvo desgarrado hasta el final por las divisiones preexistentes en la izquierda,
divisiones y las discrepancias se hicieron en muchos casos aún más profundas
y dolorosas influyendo en la vida personal de los exilados. A esto habría que
agregar que las diferentes culturas y tradiciones de la izquierda chilena,
socialistas, comunistas y miristas14. tienen que ser consideradas en el cuadro de
una investigación histórica sobre el exilio. Los distintos colectivos de la
izquierda exilada publicaron además de los documentos de discusión interna,
periódicos, revistas y boletines informativos. En algunos países se fundaron
centros culturales abiertos a todas las familias del espectro político del exilio.
Junto a esta producción documental colectiva se encuentran cartas y diarios de
vida de los exilados e incluso trabajos de carácter académico sobre el exilio15.
Estos materiales constituyen un inestimable material de trabajo en la
investigación que ilumine también la dimensión existencial del exilio.

El acceso a los archivos oficiales, es decir, gubernamentales, policiales, de las
Fuerzas Armadas y otros organismos de seguridad es una condición importante
para incorporar a la investigación la representación del exilio como colectivo y
como exilados individuales a partir de los informes y documentos de la
dictadura. Después de tres décadas del golpe militar de 1973, debería haber
libre acceso a los archivos de estos organismos represivos que incluyen
registros detallados sobre el exilio y seguramente anotaciones interesantes y
juicios sobre la actividad política y la vida de las colectividades de exilados. El
régimen democratico chileno se pondría a prueba al brindarle a los
investigadores el libre acceso a las fuentes y archivos que hasta hoy están 7
vedadas. Para las Fuerza Armadas, esta sería la gran oportunidad de hacer un
gesto que significaría un inicio de un ajuste de cuentas con su pasado
protagonismo represivo al poner sus archivos y a su personal comprometido o
vinculador con la represión al servicio de la investigación histórica. Esto sería
un paso importante para alcanzar en Chile una reconciliación auténtica basada
en el esclarecimiento de los luctuosos acontecimiento ocurridos durante los
años de dictadura. El exilio que significó el desarraigo para miles de chilenos
como todas sus consecuencias humanas no puede excluirse de este proceso de
investigación histórica. La reconstrucción de la memoria del exilio chileno es
un componente de memoria colectiva de Chile durante los 17 años de la
dictadura militar.
8

BIBLIOGRAFÍA

Abarzua , Héctor Fernando: “Por una historia del exilio”, Araucaria de Chile, No.
7, 1979, pp.145-149
Acuña, María Elena: Género y Generación en la trasmisión de la memoria, en:
http://
http://www.uchile.cl/facultades/filosofía/publicaciones/cyber/19/macuna.html
Cerda, Carlos: Morir en Berlin, Editorial Planeta, Santiago de Chile, 1993.
Correa, Sofia et al: Historia del Siglo XX chileno, Editorial Sudamericana, Santiago
de Chile, 2001.
Dilthey, Wilhelm: Introducción a la ciencia del espíritu. Ensayo de una
fundamentación de la sociedad y de la historia, Alianza Editorial, Madrid, 1995.
Encina, Francisco y Leopoldo Castedo: Resumen de la Historia de Chile, tomo
I, Zig-Zag, Santiago de Chile, 1966.
Gadamer, Hans-Georg: Truth and Method, Sheed & Ward, London, 1989.
Gónzalez Danino, Alfonso; “El exilio”, Araucaria de Chile, No. 7, 1979, pp.
117-134.
Garcés, Mario et al. : Memoria para un nuevo siglo. Chile mira hacia la segunda mitad
del siglo XX, LOM, Santiago de Chile, 2000.
Halbwachs, Maurice: On Collective Memory, Chicago University Press,
1992.
Hevia, Renato: Camino a la democracia, CESOC- Mensaje, Santiago de Chile, 1989.
Jedlicki, Fanny: Mémoires d’éxil: quels héritages?. Trajectoires familiales de refugiés
chilens, de l’Unité Populaire á “l’affaire Pinochet”. Memoria para optar al
grado de Maestra en Etnología, Université Réne Descartes, Paris V, Faculté
de Sciencies Humaines et Sociales.
Mans, Patricio: El pasajero del Balón Rojo, Paris, 1981.
Mulian, Tomas: Chile actual Anatomía de un mito, Arcis-LOM, Santiago de Chile,
1997. 9
Muñoz, David y Claire Trean: L’ Exile Chilien, Tema Editions, Paris, 1976; Sylvia
Vega Querat: “Radiografía del exilio”, Araucaria de Chile, No. 8, 1979, pp.
131-150.
Muñoz, Liliana: Grief and Loss in Exile, Tesis de Master en Ciencias Sociales,
Universidad de Bristol, Reino unido, 1980.
Silva-Labarca, Myre: “Mujeres chilenas exiladas: procesos de transformaciones
ideológicas y de comportamiento”, Chile-América, No. 74-75, 1981, pp. 39-
48.
Rebolledo, Loreto y María Elena Acuña:, “Narrativa del exilio chileno”, Anales,
Nueva época, No.3-4, Instituto Iberoamericano, Universidad de
Gotenburgo, Suecia, 2000/2001, pp. 3-20.

10

NOTAS:

* Este artículo es una versión ampliada de una ponencia sobre el tema que presentamos en el
III Congreso de Estudios Latinoamericanos que tuvo lugar en la Universidad de La Serena,
Chile, 2001. ver: Hugo Cancino: El exilio chileno como problemática historiográfica. Contribución a
una discusión teórico-metodológica: : http://www.geocities.com/cielenses/actas_01.htm

1 Entendemos por memoria colectiva la representación selectiva del pasado, un pasado que
nunca es sólo individual, porque los individuos están insertos en contextos familiares,
sociales, nacionales. Véase al respecto: Maurice Halbwachs: On Collective Memory, Chicago
University Press, 1992 ; María Elena Acuña: Género y Generación en la trasmisión de la
memoria, en:
http://www.uchile.cl/facultades/filosofía/publicaciones/cyber/19/macuna.html

2 Concordamos con la tesis de Tomás Mulián sobre la relación entre consenso y olvido
colectivo de lo ocurrido: “El consenso es la etapa superior del olvido. ¿Qué se conmemora
con sus constantes celebraciones? nada menos que la presunta desaparición de las
divergencias en cuanto a sus fines. O sea la confusión de los idiomas, el olvido del lenguaje
propio….Consenso es la enunciación de la supuesta, de la imaginaria armonía”., Tomas
Mulian: Chile actual Anatomía de un mito, Arcis-LOM, Santiago de Chile, 1997, p.36.

3 “La principal fuente del olvido es el blanqueo promovido desde las alturas, una paletada de
concreto venida desde arriba y que sepulta la memoria vacilante…Las razones de Estado
juegan con la inocencia de los hombres comunes. Manipulan los estantapájaros del miedo
para que la memoria triture los recuerdos. Para que los hombres comunes sientan hastío ante
el recuerdo, que amenaza romper la paz cotidiana”, Tomas Mulian: op.cit. pp. 36-37.

4 Véase: Mario Garcés et al. : Memoria para un nuevo siglo. Chile mira hacia la segunda mitad del
siglo XX, LOM, Santiago de Chile, 2000.

5 David Muñoz y Claire Trean: L’ Exile Chilien, Tema Editions, Paris, 1976; Sylvia Vega Querat:
“Radiografía del exilio”, Araucaria de Chile, No. 8, 1979, pp. 131-150; Myre Silva-Labarca:
“Mujeres chilenas exiladas: procesos de transformaciones ideológicas y de comportamiento”,
Chile-América, No. 74-75, 1981, pp. 39-48: Alfonso Gónzalez Danino; “El exilio”, Araucaria de
Chile, No. 7, 1979, pp. 117-134.

6 Véase al respecto: Loreto Rebolledo y María Elena Acuña:, “Narrativa del exilio chileno”,
Anales, Nueva época, No.3-4, Instituto Iberoamericano, Universidad de Gotenburgo, Suecia,
2000/2001, pp. 3-20: Entre las obras de ficción podemos mencionar: Carlos Cerda: Morir en
Berlin, Editorial Planeta, Santiago de Chile, 1993; Patricio Mans: El pasajero del Balón Rojo,
Paris, 1981; Gonzalo Millán: “Vida”, Ediciones Cordillera, Ottawa, Canadá, 1977.

7 Véase por ejemplo: Araucaria de Chile, No.7, 1979, Ediciones Michay, Madrid. Esta edición
está dedicada al tema del exilio.

8 Para una historia de la práctica del exilio, se recomienda ver: Héctor Fernando Abarzua:
“Por una historia del exilio”, Araucaria de Chile, No. 7, 1979, pp.145-149.

9 Francisco Encina y Leopoldo Castedo: Resumen de la Historia de Chile, tomo I, Zig-Zag,
Santiago de Chile, 1966, p.603
11

10 Según el Comité del Retorno en Santiago, el número de exilados llegaba a 37.292 personas en
1982, en “Chile-América”, No. 82-83, 1982, p. 72: Otros autores señalan vagamente un
número entre “20.000 y 30.000”: Sofia Correa et al: Historia del Siglo XX chileno, Editorial
Sudamericana, Santiago de Chile, 2001, p. 287.

11 Véase: Wilhelm Dilthey: Introducción a la ciencia del espíritu. Ensayo de una fundamentación de la
sociedad y de la historia, Alianza Editorial, Madrid, 1995

12 Hans-Georg Gadamer: Truth and Method, Sheed & Ward, London, 1989.

13 Renato Hevia: “El exilio. Nuestro país disperso”, editorial de la revista jesuíta “Mensaje” del
19 de noviembre de 1981, en Renato Hevia: Camino a la democracia, CESOC-Mensaje, Santiago
de Chile, 1989, pp. 141-145.

14 Denóminase miristas a los miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaría.

15 Véase: Fanny Jedlicki: Mémoires d’éxil: quels héritages?. Trajectoires familiales de refugiés chilens,
de l’Unité Populaire á “l’affaire Pinochet”. Memoria para optar al grado de Maestra en
Etnología, Université Réne Descartes, Paris V, Faculté de Sciencies Humaines et Sociales;
Liliana Muñoz: Grief and Loss in Exile, Tesis de Master en Ciencias Sociales, Universidad de
Bristol, Reino unido, 1980

rehaciendo el tejido de los acontecimientos

AGENCIA INFORMATIVA DE LA RESISTENCIA

 

PRESENTACION

Muchas cosas han ocurrido estos últimos años. Nuestro boletín tiene como principal objetivo rehacer el tejido de los acontecimientos que se han ido sucediendo en el país, retomando sus muchas hebras interesada o descuidadamente dispersas. En ese sentido, la selección de prensa que hacemos, no pretendiendo ser exhaustiva, busca situar algunos temas que son tanto continuidades de nuestro pasado reciente, como elementos configuradores de un futuro en el que buscamos intervenir.

A siete años de iniciada esta transición a la democracia podemos comenzar a examinar juntos sus resultados; sus éxitos y sus fracasos; sus mentiras y verdades, sin que este diálogo sea, como a finales de los 80’s, descartado de plano por quiénes centraban sus esperanzas en este proceso. Ha sido tiempo más que suficiente para que esta transición se muestre tal como es, más allá de toda la propaganda que aún circula. Queremos proporcionar la información básica a todos nuestros compañeros que todavia permanecen en el exterior, a los que rehicieron sus vidas fuera, en los distintos países que les dieron acogida. Queremos que sepan lo que aqui pasa y, si todavía sienten un vínculo con nosotros, busquemos formas de diálogo, de cooperación, de solidaridad.

Queremos que todos los amigos y compañeros de otras nacionalidades, que alguna vez se interesaron por lo que le pasaba a nuestro pueblo bajo la Dictadura de Pinochet, sepan como nos fue con la democracia. Que puedan saber como funciona este modelo, porque es muy probable que en sus países se vayan introduciendo reformas del mismo tipo de las aquí implantadas. Queremos hacer evidente las situaciones sistemáticamente ocultadas por la política comunicacional de los gobiernos de la transición, las caras ocultas del éxito económico, de la estabilidad institucional.

Queremos mostrar y demostrar la necesidad de seguir resistiendo, porque la represión desplegada por los militares en nuestro país no fueron excesos, ni casualidades ni primitivismo de los uniformados, sino que fue condición necesaria para imponerle al pueblo un determinado sistema económico, el capitalismo neoliberal centrado en un modelo de crecimiento primario exportador. Asi mismo, el objetivo de nuestra lucha de Resistencia a la dictadura no fue simplemente sacar a los militares para volver a poner la clase política corrúpta que los había alentado en su aventura golpista, nuestro interés era acabar con un sistema social explotador e injusto y abrir paso a una efectiva democratización de la sociedad, que entendíamos y seguimos entendiendo como el desarrollo del Poder Popular.

Fue la crisis del viejo capitalismo industrializador, el acorralamiento ideológico del pensamiento reaccionario, la debilidad relativa del imperialismo norteamericano junto a la potencialidad de un movimiento popular que venía acumulando fuerzas desde las primeras décadas del siglo lo que torna necesario un Golpe. Cuando la Marina llega a tener en sus manos una alternativa de refundación capitalista, un proyecto, só1o resta ponerle fecha al derrocamiento de Allende.

Los 17 años de Dictadura son los necesarios para cerrar el ciclo de la República liberal, del Estado de Bienestar, del Capitalismo industrial sustituidor de importaciones y del Movimiento Obrero como eje del Movimiento Popular. Son 17 años necesarios para desarmar al pueblo, aniquilar a los núcleos revolucionarios, refundar el capitalismo, construir un Estado Contrainsurgente y una Democracia Restringida y Policíal, e institucionalizarlos.

La “transición” no se abre paso a partir de los requerimientos del movimiento popular, muy por el contrario, su diseño responde a la necesidad de profundizar y legitimar las reformas económicas y finiquitar la institucionalización de todo el sistema, sobre todo en lo relativo a su aceptación ideológica por parte de la población.

Derrotada una salida “por abajo” (hacia 1986), centrada en la movilización popular rupturista y el enfrentamiento armado, se plantea como única alternativa viable la aceptación del itinerario de democratización impuesto por la Dictadura. Es la alternativa “por arriba”, pacífica e institucional, que se basa en un consenso en torno a las reglas del juego, esto es, la legitimidad del orden constitucional diseñado por los militares, sus normas y su modelo de “democracia protegida” (la Constitución Política chilena no fue formulada por una asamblea constituyente representativa de distintos sectores de la sociedad a través de sus partidos, como en la mayoría de las transiciones latinoamericanas, sino que fue redactada en su totalidad por funcionarios de la dictadura).

Como mal menor o como apuesta para lograr espacios de poder, la gran mayoría del conjunto de organizaciones políticas de oposición adopta este camino, acallando las críticas de los sectores revolucionarios, que en ese momento nos encontramos sin capacidad organizativa ni militar como para modificar el escenario político. De obtener el triunfo en el plebiscito de 1988 la opción de las FFAA, su gobierno y su modelo económico social se legitimaban, automáticamente, interna y externamente; De triunfar la alternativa opositora, se convocaba a elecciones para el año siguiente, pero siempre en el marco de las leyes electorales de la dictadura, que aseguran la representación parlamentaria de la Derecha por medio de los mecanismos de elección, por una parte, y la refuerzan a través de los llamados “senadores institucionales” ,por otra, designados por el régimen y que actualmente son militares en retiro y connotados colaboradores de la dictadura. Esto permite a la Derecha contar siempre con la mayoría en el congreso lo que impide cualquier cambio de fondo en el esquema.(lo que es usado como vulgar excusa por las nuevas autoridades democráticas para ni siquiera intentar cambiar nada, lo que les permite mantener una imagen progresista ante sus electores)

 

Estos son los nobles de hoy, Frei se alegra junto al tirano

A lo anterior es importante agregar que desde la promulgación de la Constitución, en 1980, las FFAA se atribuyen el rol de “garantes de la institucionalidad”, es decir, se atribuyen la función de proteger el sistema político cuando consideren que este está en peligro. Los encargados de evaluar tal situación son los miembros del Consejo Superior de Seguridad Nacional, un suprapoder que esta por sobre la autoridad de los Poderes Ejecutivo, Judicial y Legislativo. Se añade a esto la enorme autonomía de que gozan los militares en virtud de la Ley Orgánica de las FFAA, que tiene rango constitucional, que entre otras cosas determina la inamovilidad de los Comandantes en Jefe, lo que significa que el Presidente no les puede pedir la renuncia. En lo sustancial todo esto no ha sufrido modificaciones, y es una situación que garantiza a las FFAA seguir controlando el poder en última instancia, sin sobreexponerse y sin obstaculizar la marcha del proceso económico y los intereses de sus alíados.

El resto es historia más o menos conocida: gana la opción opositora en el plebiscito y se convocan elecciones para 1989, en donde resulta elegido presidente el candidato de la “Concertación de Partidos por la Democracia”, Patricio Aylwin Azocar, un demócrata cristiano que tuvo una responsabilidad crucial en la preparación de las condiciones políticas para el derrocamiento del Presidente Allende y uno de los principales legitimadores de la represión inicial ejercida por los militares. Con esto se inicia la normalización del país a ojos de los observadores externos y se inicia el proceso de consolidación del sistema en términos ideológicos, con toda una ofensiva comunicacional destinada a silenciar algunos aspectos de la transición, como el enorme poder que mantienen los militares, y a resaltar otros, como por ejemplo los “éxitos económicos”.

Estando ligados los nuevos gobernantes por una serie de lazos a un conjunto de empresas en que comparten propiedad con grandes trasnacionales y con grandes grupos económicos autóctonos, y habiendo optado por no sólo darle continuidad al modelo económico dictatorial sino también perfeccionarlo y profundizarlo, los nuevos grupos que vienen a compartir el poder ni pueden ni quieren hacer las más mínimas reformas. Al contrario, tal como decíamos anteriormente, vienen a convertirse en los mejores administradores del modelo neoliberal. Ciertamente existen matices, pero la clase política actual opera enteramente sobre la base del consenso en torno al modelo económico. No hay voces disidentes, ni siquiera para la galeria.

En este marco, los dirigentes políticos del nuevo bloque gobernante usan su presencia en distintas organizaciones sociales populares para imponer un pacto social, disolviendo algunas organizaciones “problemáticas” (come los grupos de Derechos Humanos, cuyas reivindicaciones en tiempos de dictadura caen en el olvido hasta hoy) y utilizando otras para frenar las demandas largo tiempo postergadas por la población, come fue el caso de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y otras organizaciones gremiales, donde ni siquiera se planteó una reforma al actual Código Laboral, redactado y promulgado por la dictadura, del que fueron sacadas la mayoría de las conquistas sociales logradas por los trabajadores hasta 1973.

Estos y otros factores permiten la continuidad sin discusión del proyecto neoliberal, que hoy, en el segundo gobierno de la Concertación, se asume como un Proyecto de Modernización de largo plazo que nos llevará (se supone) a acercanos a los países desarrollados.

En medio de la fiebre exitista, se llega a hablar de una “oportunidad histórica” para Chile, que se basa en Ilevar el modelo primario exportador de los militares a una “segunda fase”, para lo cual se necesita incorporar valor agregado a las exportaciones y llegar a mercados “grandes” (por eso también la firma frenética de tratados de libre comercio con quién se pueda).

Para que este plan funcione, hay que establecer garantías a los inversionistas extranjeros, que traen capitales y tecnología fresca, lo que se logra a través del firme compromiso de no variar en nada el actual modelo, por una parte, y por otra ejerciendo un control social que ni siquiera la dictadura se atrevió a implementar (se aumentó la dotación de las dos policías; se las dotó de gran cantidad de recursos; se las especializó y reestructuró; se hicieron nuevas leyes de control social; se llegó a instalar cámaras de video de vigilancia en las calles del Centro de Santiago y en las dos comunas más ricas de la capital; se implementaron una serie de planes de “seguridad ciudadana”; se construyó una Cárcel de Alta Seguridad para “delincuentes terroristas”, como se llaman ahora los presos políticos de los mismos grupos que eran defendidos en los foros internacionales durante el gobierno militar; Además, la Concertación crea un organismo de policía política propio, conocido popularmente como la “Oficina”, que fue el encargado de desarticular, en coordinación con las dos policías y los servicios de inteligencia de las FFAA, a los grupos subversives activos (los ex aliados del combate antidictatorial), por la vía de reclutar revolucionarios arrepentidos y utilizarlos como informantes infiltrados, a la orden de demócrata cristíanos y socialistas miembros de los grupos paramilitares y de seguridad de ambos partidos -como Marcelo schilling, Lenin Guardia, Jorge Burgos o Mariano Fernández, entre varios otros-. En un caso, el de los compañeros del Complejo Partidario MAPU-Lautaro, los resultados de la política de seguridad de la Concertación se resumen en más de 70 encarcelados y 13 muertos, la mayoría en enfrentamientos, en un trabajo de sólo cuatro años (1991-1994). El MIR, hasta el momento, y por las características actuales de esta organización, no ha sido tan golpeada e íncluso hemos podido sortear con éxito intentos represivos, que nos han llevado a abrir nuevos trabajos.

Contando con una serie de mecanismos legales e ilegales de inteligencia, con una extensa red de militantes en distintas organizaciones sociales, que les permiten ejercer importantes grados de control político sobre las formas y contenidos de las luchas del pueblo, con un Estado diseñado bajo la lógica contrainsurgente, junto a una oposición política de derecha que comparte criterios fundamentales en una serie de temas fundamentales, y que se perfila como tal sólo cuando se trata de defender su cultura conservadora, el periódo de Dictadura, al General Pinochet (que continúa como Comandante en Jefe del Ejército)y su tropa de asesinos, los gobiernos de transición han podido exhibir internacionalmente una imagen de paz social, de estabilidad económica e institucional y de concertación social, en donde empresarios, gobierno y trabajadores, derechas e izquierdas, civiles y militares, trabajan unidos. Es esta imagen de reconciliación y desarrollo la que se utiliza para comparar nuestro país con el resto de los países latinoamericanos y que sirve para autodefinirnos come los “jaguares” de America Latina.

Ciertamente, en términos de cifras macroeconómicas, para el tamaño de nuestro país, la economía se encuentra en mejor pie que la de los países vecinos. En estos momentos el modelo chileno es la vedette entre todos aquellos que prestan más atención a las cifras e indicadores económicos que a la calidad de vida de las personas o a las formas que hacen posibles esas cifras. Tanto el FMI como el Banco Mundial aplauden la experiencia chilena, se escriben libros y se la pone como ejemplo. Se exaltan los manejos del Banco Central de Chile, (que hoy es un ente “técnico” independizado del gobierno -otra ley de dictadura-, lo que impide cualquier intento de variación en la política económica neoliberal, por mayorías electorales circunstanciales, por cuanto el nombramiento de sus miembros directivos debe ser aprobado en el congreso por mayoría absoluta, lo que es imposible sin el consentimiento de los congresales de derecha) y del Ministro de Hacienda, que incluso fué el anfitrión de la conferencia anual del FMI realizada en octubre de 1996 , en los EEUU, símbolo que no deja de tener implicancias políticas.

Esto no sería malo o no sería problema, si los beneficios de estos “logros” económicos se distribuyeran de forma que todos los sectores tuvieran acceso a parte de ellos. Lo que sucede es exactamente lo contrario, rompiéndose el mito del publicitado “desarrollo con equidad” de la Concertación. El actual esquema no sólo márgina sino que excluye estructuralmente a una parte de la población, que ni siquiera tiene la alternativa de ser explotada por algún capitalista. Son estas las razones de fondo por las cuales durante los siete años de gobierno de la Concertación no só1o no ha disminuído significativamente el número de pobres, sino que se ha profundizado esta pobreza al aumentar la brecha en la distribución del ingreso. Actualmente, el 20 por ciento socioeconómicamente más rico de la población (quintil más alto) percibe el 51,8 por ciento del ingreso total del país. El quintil más bajo, el 20 por ciento socioeconómicamente más pobre de la población, percibe só1o un 6,5 por ciento del ingreso total del país. Son estas cifras las que han Ilevado a reconocer al mismo Banco Mundial que Chile tiene una distribución del ingreso que se acerca a las de algunos países africanos.

Sin embargo, no sólo se trata de un problema de ingreso. La exclusión tiene que ver, por ejemplo, con la existencia de una educación y salud diferencial: una buena, privada, para quiénes tienen los recursos suficientes, y una de mala calidad para los que no, que incluso debe ser subsidiada por el Estado porque de lo contrario menos gente podría acceder a ella. También tiene que ver con la posibilidad de acceder a trabajos dentro del sector “competitivo” o quedarse en trabajos que en el corto o mediano plazo son “inviables”, como por ejemplo la faena minera en la Cuenca del Carbón o la pequeña producción campesina, donde al menos la mitad de los cerca de 250.000 productores no tienen la capacidad de “reconvertirse” para sobrevivir a los acuerdos de libre comercio.

Abundan cientos de ejemplos en distintas areas: el cerco cultural que los planes de “modernización” están tendiendo a los pueblos originarios como los Mapuche o Huilliche, que no só1o se ven obligados a una occidentalización en virtud del proceso educativo y económico, sino que también son expulsados de sus tierras ancestrales en aras del progreso de las empresas de la energía con sus grandes centrales hidroeléctricas (Ralco, Pangue, Alto Bio-Bio, Proyecto Alumysa); Los miles de campesinos que se quedaron sin tierras después de la contrarreforma Agraria de los militares, que se ven obligados a recorrer diferentes regiones en busca del trabajo temporal que ofrecen las agroindustrias, u optar por la emigración a las ciudades donde van a engrosar los anillos de pobreza que las rodean; La situación de los jóvenes populares urbanos, que muestran un 17% de cesantía y donde es común la penetración de la droga y/o la alternativa delictual, que además son los siempre sospechosos para policías tan jóvenes como ellos, que bien adoctrinados no reconocen los tonos de piel ni las marcas de ropa comunes a los ciudadanos respetables, como lo demuestran los 129.187 jóvenes de hasta 20 años, detenidos “por sospecha” en 1993, donde 19.659 resultaron ser menores de 16 años. ¿ Cómo negar el clasismo de la policía cuando del total de detenidos “por sospecha” aquel año (720.654), 405.099 resultaron ser obreros, 56.154 estudiantes y 55.731 no pudieron comprobar tener ni profesión ní oficio ? (Fuente: Dirección de Orden y Seguridad de Carabineros de Chile, citado por el periódico La Tercera, del Martes 4 de Julio de 1996)

 

La repre sigue… ¿Democracia ?

Es la situación también de los cientos de miles de jubilados, que después de haber entregado una vida al enriquecimiento de los de siempre, no tienen acceso a la salud ni a pensiones que cubran ni mínima ni dignamente sus necesidades. Problema que se agudiza en la perspectiva de los próximos años con una población que envejece en términos demográficos y que actualmente se encuentra sujeta a un sistema de previsión privatizado, que ya presenta algunos problemas con los pagos de pensiones. Sistema que está siendo implementado en varies países de la región, pues los dineros acumulados del ahorro previsional en entes privados, puede ser invertido en otras empresas y negocios, solucionando en parte el déficit crónico de capitales de inversión. Tanto es así, que en Chile todos los grupos económicos importantes poseen alguna administradora de fondos previsionales.

En el ámbito laboral y en relación a la entrada a la segunda fase de desarrollo exportador y los tratados de libre comercio, Chile exhibe el promedio de horas/hombre trabajadas anualmente más alto del mundo, con 2.400 horas (per encima de Corea, Malasia, Tailandia y China), pero con una productividad considerablemente baja en relación a ese indicador. Entre 1990 y 1994 la productividad aumentó sólo un 3,2 por ciento en el sector manufacturero. (Fuente: The World Competitiveness report 1995 y datos elaborados por la OIT, respectivamente) En estas condiciones, una insersión exitosa en los bloques comerciales come Mercosur, APEC o NAFTA pasa por aumentar la productividad, y esto se logra incorporando tecnología -que puede eliminar puestos laborales- o aumentando los niveles de explotación, que ya son altos.

Estos son algunos de los elementos sobre los que se funda el actual éxito económico, la cara que se oculta. Son las bases que nos impulsan a seguir resistiendo y son las causas de fondo que impiden que el proyecto revolucionario desaparezca. El poder estatal se da cuenta de ello y anualmente destina importantes sumas de dinero a los sectores potencialmente más conflíctivos, pero ni su poderío económico ni militar pueden impedir que la rebeldía se extienda y que también cada año sean más los decepcionados del sistema, los que perciben dolorosamente las contradicciones evidentes entre el discurso triunfalista de los medios de comunicación y sus miserables condiciones de vida.

Todavía no podemos hablar de la constitución de un movimiento popular fuerte y potencialmente revolucionario, pero es innegable que el gigante popular despierta. No tiene otra alternativa y así lo demuestran sus últimas movilizaciones reivindicativas, en las que la permanente recurrencia a formas radicales de protesta y la continúa referencia crítica a los planes de “modernización” estatales nos hacen pensar que no hay mejor escuela de aprendizaje político que la historia misma, y que si bien el poder ideológico de los medios de comunicación es enorme, no puede borrar el peso de la conciencia colectiva del pueblo.

En perspectiva no hay muchas alternativas: o el actual modelo continúa profundizándose excluyendo a una parte creciente de la población, lo que obliga a militarizar más una sociedad ya militarizada para proteger a los pocos que se benefician del sistema, o logramos articular formas de resistencia que hagan saltar el actual esquema. Los revolucionarios hace ya 31 años que optamos por lo segundo.

Al resistir hoy día, queremos por sobre todas las cosas vivir y vivir en dignidad, queremos vivir y no sobrevivir, queremos tener la posibilidad de completar el ciclo de la felicidad; al resistir hoy día en Chile optamos por ver el trigo cuándo y cómo crece, contemplar la cordillera como nuestra, recorrer las alamedas sabiendo que albergarón esperanzas completas; al resistir hoy dia queremos rectificar, retomar lazos, reactivar cariños, queremos mirarnos cara a cara y volver a conocernos y reencontrarnos en una lucha que continúa.

El resistir aqui y ahora, nos demuestra y convence en la necesidad de plantearnos una sociedad distinta, en trabajar un espacio para todos, verdaderamente pluralista, humano e integrador, un espacio para todos y no sólo para algunos; al resistir seguimos creyendo en la posibilidad de una América Latina sanada de heridas, un continente de pie y no de rodillas, un momento en que dejemos de ser parte del tercer mundo en relación a otros y seamos capaces de fortalecer un mundo para todos.

 

La lucha sigue, Santiago de Chile Septiembre 1996

 

¡¡ Solo la lucha nos hara libres !!

Adelante con todas las fuerzas de la historia

Los informes secretos de la CIA sobre Jaime Guzmán

5 DE NOVIEMBRE DE 2013

Archivos desclasificados contienen valiosa información sobre el ideólogo de la dictadura:

Los informes secretos de la CIA sobre Jaime Guzmán

Durante varios años, la Agencia siguió con mucha atención el papel del gestor de la Constitución del 80 en materia de Derechos Humanos, así como su enfrentamiento con Manuel Contreras. Incluso, un documento de la CIA, escrito después del crimen del senador, sugiere de algún modo que el jefe de la DINA pudo estar implicado en el homicidio.

james
 
 
 

La real dimensión y peso que Jaime Guzmán tuvo en la historia de Chile y, especialmente, en la forma en que se opuso a Manuel Contreras, es un capítulo que aún está por escribirse, pero hay distintas fuentes documentales del pasado reciente que arrojan indicios al respecto y que también reflejan de algún modo las apreciaciones que su sobrino, Ignacio Santa Cruz, ha planteado acerca del asesinato del senador.

Quizá el indicio más potente respecto del papel que Guzmán tendría luego del 11 de septiembre reside en el Acta Nº1 de la Junta Militar, que sesionó en forma secreta el 13 de septiembre de 1973, a partir de las 9.55 horas, con la presencia de los cuatro comandantes en Jefe, presididos por Augusto Pinochet, más el Secretario General del Ejército, el coronel Pedro Ewing.

Allí, según quedó transcrito, se consigna que “se encuentra en estudio la promulgación de una nueva Constitución Política del Estado, trabajo que está dirigido por el Profesor Universitario Dn. Jaime Guzmán”.

La Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) también sabía de la importancia que Guzmán tenía en el diseño de la institucionalidad que el régimen pretendía implantar, como se refleja en un informe secreto de la Dirección de Operaciones de la CIA, del 8 de julio de 1975, relativo a la posibilidad de que fuera liberado el secretario general del Partido Comunista, Luis Corvalán.

Pocos días antes, Pinochet había anunciado públicamente que no permitiría la entrada a Chile de una delegación de observadores de Derechos Humanos de la ONU, lo que levantó una enorme polvareda. Según la CIA, la idea que comenzó a manejarse al interior de la dictadura en orden a liberar a Corvalán, es que podía tratarse de una “contramedida”, destinada a reducir el nivel de las críticas por el episodio de la ONU.

En dicho contexto, Pinochet realizó un viaje al norte del país, al cual se unió Guzmán, sorpresivamente.

 

Quien mejor información manejaba en Chile acerca de los movimientos del FPMR era la CIA. Existen numerosas evidencias de cómo esta infiltró a ese grupo, averiguando –por ejemplo– que luego del atentado de 1986 en contra de Pinochet se ordenó un segundo ataque, que luego fue desactivado y, del mismo modo,sabían con detalle que el coronel Carlos Carreño, secuestrado en 1987, sería liberado en Sao Paulo, en un polémico caso donde la propia víctima declaró hace cuatro años que sus secuestradores, del FPMR-A, estaban digitados por los organismos militares de la época.

 

De acuerdo al documento desclasificado ya mencionado, “Jaime Guzmán, un prominente asesor de Pinochet, fue al norte de Chile a unirse a Pinochet, que se encuentra en una gira oficial en esa área. El propósito de Guzmán es hacer lobby para liberar a Corvalán lo antes posible”.

Pese a sus esfuerzos, el líder gremialista no pudo imponerse ante los sectores más duros y no consiguió –en ese momento– su propósito, aunque lo lograría a fines de 1976, cuando se canjeará a Corvalán por el disidente soviético Vladimir Bukovsky, en el aeropuerto de Zúrich.

En julio de 1975, no obstante, el apuro de Guzmán por reunirse con Pinochet y no esperar a que este regresara a Santiago, se entiende a la vista de lo que estaba ocurriendo en ese momento en las capitales de Chile y EE.UU.

De acuerdo a otro documento de la CIA, del 10 de julio, “el presidente Pinochet desea que el general Walters reciba un emisario, con el propósito de explicar la posición de Chile en el asunto de los Derechos Humanos, para que lo sepa el secretario Kissinger”.

Walters era Vernon Walters, el general que en ese momento ejercía como Director Adjunto (subdirector) de la CIA, y el emisario que Pinochet mandó un par de días después, desoyendo a Guzmán tras atenderlo en el norte, era Manuel Contreras, el director de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA),  principal responsable de las violaciones a los Derechos Humanos que la ONU quería investigar.

El mismo texto, redactado por los agentes de la CIA en Santiago, dejaba en claro que les parecía que Contreras poco contribuiría a convencer a alguien en EE.UU. sobre la realidad de los DD.HH. en Chile, “dada la distorsionada visión de los líderes chilenos sobre su propia situación”.

CONTRERAS EN EE.UU.

No hay documentación específica relativa a ese viaje de Contreras a Washington, salvo un paper del Departamento de Estado (fechado el 24 de agosto de 1975) en que el funcionario que firmaba, sólo identificado como “R.V. Fimbres”, contaba que “me reuní con Contreras a través del general Morel a principios de julio, cuando el jefe de la DINA visitó Washington” (Morel era el general Enrique Morel, agregado militar chileno en ese momento).

Este informe precisa que el coronel de la inteligencia chilena efectivamente estuvo en la capital de EE.UU. “explicando las razones de las acciones de Pinochet” en torno a la visita de la comisión de DD.HH. de la ONU.

Lo que sí es claro es que dicha visita ocurrió prácticamente en la misma fecha en que la CIA reconoce –a través del informe Hinchey– que hizo un pago a Contreras por información, lo que ocurrió “entre mayo y junio de 1975″. Si bien el reporte Hinchey asegura que la idea de convertir al jefe de la DINA en informante de la CIA fue prontamente rechazada al interior de la agencia, dado el historial de brutalidades atribuidas al personaje, de todos modos, “por un malentendido”, la Agencia Central de Inteligencia le entregó dinero.

Poco más de un mes después, Contreras viajó nuevamente a Washington. El 24 de agosto se reunió con Fimbres, el mismo funcionario del Depto. de Estado con quien había hablado en julio. Cenaron juntos y allí, entre otras cosas, Contreras le dijo que quedaban 600 “presos políticos de línea dura”, 300 de los cuales eran “miristas o extremistas “, anotó Fimbres. Conversaron además sobre otros 17 presos “VIP”, como se los describe en el cable, diálogo que deja en evidencia que Contreras había doblado la mano a Guzmán, pues informó al estadounidense que el número 1 de esa lista, Luis Corvalán, seguiría preso.

Al día siguiente, 25 de agosto, Manuel Contreras almorzó con Vernon Walters, quien envió un informe al director de la agencia de inteligencia norteamericana en el cual hacía presente que le había dicho al chileno que “la agencia (CIA) no puede proveer entrenamiento ni apoyo para cualquier actividad que pueda ser considerada como ‘represión política interna’. A este respecto, la agencia está muy complacida de la circular del 17 de enero de 1974, del Ministerio de Defensa (de Chile) que entrega instrucciones sobre el tratamiento de prisioneros, de acuerdo a las normas de la Convención de Génova, de 1949″.

Sin embargo, parece que Walters no fue el único funcionario de la CIA con quien conversó Contreras. El 29 de agosto la División Hemisferio Occidental (WHD, por sus siglas en inglés) de la CIA emitió un documento en contra de Jaime Guzmán, basado en fuentes que se identificaban como “autoridades gubernamentales y oficiales militares” de Chile, quienes culpaban a Guzmán y su sector de haber sido ellos quienes habían presionado a Pinochet para no recibir a la delegación de la ONU.

GUZMÁN COMIENZA A IMPONERSE

Poco a poco Guzmán logró ir imponiendo sus puntos de vista en el tema de los DD.HH. Ya a principios de 1976 la CIA dejaba constancia de ello. Un reporte confidencial del 20 de febrero de ese año aseguraba que Pinochet estaba “ansioso” por publicar la primera parte de la nueva Constitución durante el primer semestre de ese año, porque se refería a los derechos individuales. Esta actitud del dictador, a juicio de los hombres de la CIA, se debía a las conversaciones que este mantenía con el ministro de Justicia, Miguel Alex Schweitzer; el presidente de la Corte Suprema, José María Eyzaguirre, y Jaime Guzmán, quien habría reconocido a alguna de las fuentes de información de los agentes estadounidenses que había tardado en darse cuenta de la seriedad de los abusos en materia de Derechos Humanos, pero que ya se había convencido de ello y de la responsabilidad que tenía al respecto la DINA.

El mismo memo de la CIA indicaba que, a fines de enero, el nuncio apostólico, Sótero Sanz, se había quejado a Pinochet sobre la “visita” de agentes de la DINA a la Nunciatura, exigiendo la entrega del líder del MIR Nelson Gutiérrez (quien se encontraba allí refugiado).

Sanz, según la CIA, mostró posteriormente a Jaime Guzmán una carta que había escrito al Vaticano, “expresando temor por su propia vida y pidiendo ser redestinado”. Guzmán, a consecuencia de ello, “ahora cree que es su deber tanto garantizar la seguridad del nuncio en Chile, como corregir los abusos de los cuales este habló”.

Cabe mencionar que meses antes de la arremetida de la DINA contra la Nunciatura, el propio PapaPaulo VI había ordenado a la iglesia en general presionar a Augusto Pinochet, luego de conocer la denominada “Operación Colombo”, la que también había pedido a Sanz que investigara. El nuncio fue remplazado al año siguiente por Angelo Sodano.

ESTADO DE SITIO

Algunos meses más tarde, un informe de la CIA, fechado el 3 de diciembre de 1976, relataba la salida de Álvaro Puga como encargado de las comunicaciones del gobierno y señalaba que este había sido remplazado por Hugo Rosende, “hijo de un abogado que ha ganado prominencia recientemente, como resultado de su exitosa defensa de las posiciones del gobierno en importantes casos ante la Corte Suprema”.

Luego de casi una página borrada, el reporte continuaba reseñando que “Contreras también perdió una batalla importante frente a Guzmán y Rosende padre, respecto de la decisión de liberar a todos los prisioneros detenidos bajo estado de sitio”.

Una fuente clasificada (cuyo nombre está borrado) agregó al respecto que “Contreras estaba totalmente en contra de esta política porque, después de la liberación, será difícil justificar la continuidad del estado de sitio”.

Sin embargo, los redactores del informe de inteligencia señalan que más tarde Contreras cambió de opinión, mostrándose a favor de la liberación (cuando esta ya era un hecho), lo que explicaban como “una indicación de cómo se ajusta a los cambios de circunstancias”. Incluso, sin nombrar a Guzmán, el texto evidencia que el jefe de la represión chilena una vez más aprovechó lo que estaba ocurriendo para manchar a su adversario, aseverando que “Contreras mantuvo que ciertos asesores civiles se opusieron a la medida”.

El cable agregaba al final del mismo que “Guzmán ha sido visto haciendo lobby para la inclusión de civiles en el grupo de Asesoría Política (Asep). Específicamente, le gustaría que el grupo de cinco hombres se expandiera para incluirlo a él, a Rosende padre, a Amunátegui y a Sergio Fernández Larraín”, decía el escrito que, como comentario final, explicaba que “el común denominador entre estos civiles es que todos ellos son antiguos seguidores del ex presidente Jorge Alessandri”. Un memorando de la Embajada de Estados Unidos en Santiago, del 11 abril de 1977, reflejaba que, pocos meses después, Guzmán ya estaba completamente posicionado en las esferas del poder.

En un almuerzo con el embajador David Popper, quien calificaba a Guzmán como “un influyente asesor de Pinochet”, el profesor de la UC elogió los comentarios de dos funcionarios estadounidenses sobre un supuesto mejoramiento del tema de los DD.HH. en Chile, lo que a juicio de Popper implicaba que “él piensa que esto podría ser útil para combatir una tendencia dentro de la Junta en orden a creer que, no importa lo que haga, el gobierno no recibirá crédito por las mejoras en la situación de los Derechos Humanos en Chile”.

Pese al optimismo de Guzmán, el estadounidense le representó que “el aparato represivo de la junta en pleno sigue en su lugar y no hay seguridad de que no vayan a reiniciarse las desapariciones misteriosas, las detenciones arbitrarias y las torturas”.

“Guzmán –escribió el diplomático– acordó en general con el análisis” y agregó que Pinochet tendía a tomar medidas “de gran severidad”, debido a la influencia de Manuel Contreras y de alguien que, sólo meses antes, los estadounidenses veían como muy cercano al fundador de la UDI: Hugo Rosende.

Luego de ello, Guzmán explicó que él había sido, sin embargo, capaz de revertir esa tendencia a la dureza, añadiendo que le habían requerido su asistencia para la redacción de un discurso de Pinochet, el 18 de marzo anterior, ocasión que había aprovechado para insertar una frase en la cual se sugería que el Consejo de Estado podría convertirse en un cuerpo legislativo con “alguna participación popular determinada”. La conclusión del jurista era que “al aceptar este lenguaje, Pinochet, en efecto, ha reconocido que el gobierno ha ido muy lejos y que es necesario un giro en esa dirección”.

El 9 de noviembre de 1977, un informe de la CIA analizaba la salida de Manuel Contreras del mando de la DINA, junto a su segundo, el coronel Rafael Pantoja, que sería remplazado (según esepaper) por el coronel Walter Doerner Andrade, a quien se identifica en el documento de inteligencia como ex director de operaciones de la DINA, describiéndolo además como “pro-Estados Unidos, anticomunista incondicional y de puntos de vista conservadores”.

El punto 6 del mismo reporte argumentaba que “un asesor del general Contreras interpreta la salida de este y del general Hernán Bejares González, ministro secretario general del gobierno, que está en retiro, como una victoria significativa para Jaime Guzmán, un asesor civil clave de Pinochet, y otros de línea blanda en el gobierno chileno”. En el mismo sentido, se expresaba que “Contreras, Bejares y el general César Benavides, ministro del Interior, están en el centro del grupo que presiona al presidente Pinochet para mantener políticas de seguridad interna duras, a pesar de la presión internacional sobre Pinochet por mejorar la imagen de los Derechos Humanos en Chile”.

Siempre en el mismo documento, quedaba establecido que “Contreras quedó completamente en shock” con su salida y se comparaba lo que le sucedió con “la actitud del marido engañado, que es el último en enterarse de que su mujer es infiel”. Acomodaticio como siempre, los analistas de la agencia estadounidense relataban que, una vez asumido el golpe, Contreras –destinado en ese momento a la dirección de la rama de ingenieros militares– comenzó a decir que “él estaba de acuerdo con el cambio”.

EL CRIMEN

“Aproximadamente a las 18:30 horas del 1 de abril de ’91, el senador Jaime Guzmán Errázuriz, de la Unión Demócrata Independiente (UDI), uno de los partidos de la oposición, fue tiroteado por cuatro posibles terroristas, tras salir del Campus Oriente de la Universidad Católica, al Este de Santiago”, explicaba un cable urgente de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA, por su sigla en inglés), despachado la noche misma del 1 de abril de 1991, desde la Misión Militar de Estados Unidos en Santiago al Pentágono.

El reporte explicaba que los tiradores habían disparado con armas calibre 9 mm y que dos horas más tarde Guzmán fallecía en el Hospital Militar. Además, se recordaba que el asesinado parlamentario “se opuso fuertemente en el Senado, una semana atrás, a una reforma constitucional que franquea al Presidente la posibilidad de indultar a presos políticos que hayan cometido actos terroristas antes del 11 de marzo de 1990″.

El mismo informe señalaba también que “el Frente Manuel Rodríguez (FMR) se adjudicó responsabilidad por el acto terrorista”, a través de un llamado telefónico efectuado a Radio Minería.

Hasta hoy en día, nadie duda de ello. Existe una completa investigación judicial que establece sin lugar a equívocos la responsabilidad material, como autores de los disparos, de dos militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez Autónomo (FPMR-A), los aún prófugos Raúl Escobar Poblete y Ricardo Palma Salamanca. Como autor intelectual está condenado Raúl Hernández Norambuena, actualmente preso en Brasil tras fugarse de la Cárcel de Alta Seguridad el 30 de diciembre de 1996 junto a Palma Salamanca y otros dos frentistas, y está pendiente el fallo en el caso del antiguo comandante “Eduardo”, Enrique Villanueva. A mayor abundamiento, el propio grupo se adjudicó el “ajusticiamiento”.

Sin embargo, 28 días después del crimen, es decir, el 29 de abril de 1991, la Estación de la CIA en Santiago envió un informe de tres páginas a Washington referido al homicidio, el cual estaba dirigido a la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional, según su sigla en inglés), el INR (la Agencia de Inteligencia del Departamento de Estado), la propia DIA, la famosa “situation room” de la Casa Blanca y los cuarteles del comando sur del Ejército de Estados Unidos, en Panamá.

Este cable fue desclasificado en julio del año 2000 y es, probablemente, uno de los documentos más censurados de entre los que liberó la CIA.

De hecho, tiene borrados todos los encabezados y casi todo el texto, salvo los destinatarios y una frase incompleta, en la segunda página, que alcanza a decir “A mediados de abril de 1991″.

Además, sobrevivieron al plumón de los desclasificadores seis líneas del punto 4, donde está tachado el nombre de una fuente de información, quien dijo a los agentes la misma tesis que ha esbozado en los últimos días Ignacio Santa Cruz, director de la película “El tío” y sobrino del senador: que existía información en orden a que “una célula de la facción disidente del FPMR (FPMR-A), que fue infiltrada por el antiguo director de Inteligencia Nacional, general en retiro Manuel Contreras Sepúlveda, llevó a cabo, el 1 de abril, el asesinato del senador derechista Jaime Guzmán Errázuriz”.

Posteriormente se agrega que alguien, quizá la misma fuente o alguien más –lo que no sabremos porque el nombre también fue eliminado por los desclasificadores–, comentó con enojo que “esto es desinformación”, sin que sea posible entender si dicha referencia es a la inculpación de Contreras o a otra cosa, dado que no se sabe cuál es el contexto en que se dejaron esas líneas.

En todo caso, quien mejor información manejaba en Chile acerca de los movimientos del FPMR era la CIA. Existen numerosas evidencias de cómo esta infiltró a ese grupo, averiguando –por ejemplo– que luego del atentado de 1986 en contra de Pinochet se ordenó un segundo ataque, que luego fue desactivado y, del mismo modo, sabían con detalle que el coronel Carlos Carreño, secuestrado en 1987, sería liberado en Sao Paulo, en un polémico caso donde la propia víctima declaró hace cuatro años que sus secuestradores, del FPMR-A, estaban digitados por los organismos militares de la época.

*Este reportaje fue producido por el Centro de Investigación Periodística sin fines de lucroDocumentoMedia.