“Villa Grimaldi (Cuartel Terranova), historia, testimonio, reflexión” . Gabriel Salazar.

Presentado el libro “Villa Grimaldi (Cuartel Terranova), historia, testimonio, reflexión” en el Parque por la Paz

27 noviembre, 2013 

 

El libro “Villa Grimaldi (Cuartel Terranova), historia, testimonio, reflexión”, publicado en septiembre pasado, completó un ciclo de presentaciones este viernes 22 de noviembre, al ser mostrado y comentado en el museo de sitio de Villa Grimaldi por un panel que incluyó al autor, el historiador Gabriel Salazar, a la periodista y sobreviviente Gladys Díaz, al abogado Nelson Caucoto y a la dirigente estudiantilEloisa González.

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De izquierda a derecha: Gabriel Salazar, Nelson Caucoto, Eloísa González y Gladys Díaz

El texto de Salazar da cuenta de las graves violaciones a los derechos humanos cometidas en el ex cuartel de la DINA, pero las inserta dentro de un contexto histórico que les brinda sentido: los secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones cometidas en el recinto fueron los mecanismos que la oligarquía y sus aliados uniformados estimaron necesarios para interrumpir el proceso emancipador y democratizador, encabezado por la izquierda chilena, e imponer un sistema radicalmente opuesto. A esa lógica fundacional respondieron los crueles procedimientos llevados a cabo en el recinto, destinados a desarticular y exterminar toda expresión de resistencia al orden oligárquico.

“Villa Grimaldi (Cuartel Terranova), historia, testimonio, reflexión”, como lo señaló la periodista Gladys Díaz demuestra la crueldad de los represores, pero también la solidaridad y fraternidad surgida entre los secuestrados y torturados, que les permitió soportar una experiencia tan traumática. Refleja también la efectividad del terrorismo de Estado, como lo señaló el abogado Nelson Caucoto, pero también la resistencia y la persistencia de los sobrevivientes y de las organizaciones y abogados de derechos humanos, cuyos declaraciones y demandas judiciales son la base del texto. Estas acciones, transcurridas cuatro décadas del golpe siguen enviando a los tribunales, condenando y encarcelando a los criminales.

La historia del ahora Parque por la Paz Villa Grimaldi, le hace sentido a las nuevas generaciones representadas por Eloisa González, permitiéndoles comprender por qué heredaron un país y un sistema educativo ante el cual se rebelan y también el por qué son blanco de diversas violaciones a los derechos humanos en respuesta a sus luchas. Si bien estas no adquieren la crueldad y violencia de las cometidas en el ex cuartel de la DINA, son preocupantes y llaman a todos a denunciarlas y a ejercer una solidaridad activa con las víctimas, como lo señaló la dirigenta estudiantil.

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“Soy un revolucionario y punto”. Luis Fernández Oña, el yerno cubano de Salvador Allende

2 de marzo de 2001

Luis Fernández Oña, el yerno cubano de Salvador Allende
“Soy un revolucionario y punto”

http://www.puntofinal.cl/010302/esptxt.html

2 de marzo de 2001

Luis Fernández Oña, el yerno cubano de Salvador Allende
“Soy un revolucionario y punto”

LUIS Fernández Oña junto al monumento al presidente Salvador Allende en la Plaza de la Constitución

Muy pocos se enteraron que el 6 de octubre del año pasado nació en la Clínica Santa María el primer bisnieto de Salvador Allende, Fernando Mauricio Rojas Fernández. El pequeño es hijo de Maya, primogénita de Beatriz (Tati) Allende y de Luis Fernández Oña, un cubano al que la prensa de derecha de los años 70 convirtió en un personaje de mitología. Su nombre figuró en muchas de las historias de terror que se tejían casi a diario durante el gobierno de la Unidad Popular.

Las vivencias de Luis Fernández Oña en Chile terminaron en la noche del 12 de septiembre de 1973, cuando salió rumbo a Cuba con Beatriz, su hija Maya, que entonces tenía poco más de un año, y una guagua que venía en camino, Alejandro, que nació en La Habana. Como se sabe, Tati se suicidó cuatro años después, abrumada por el dolor y la impotencia ante los sufrimientos que padecía el pueblo chileno bajo la bota militar. Los niños crecieron en Cuba y sólo regresaron a Santiago en 1992, convertidos en adultos jóvenes. Maya es licenciada en Biología, estudia medicina veterinaria en la Universidad de Chile y se casó con un chileno. Su hermano Alejandro es periodista.

Desde que sus hijos están aquí, Luis Fernández ha venido tres veces a Chile. La última para celebrar el nacimiento de su nieto junto a la familia Allende. Actualmente tiene 64 años, vive en Miramar, La Habana, y es miembro de la Asociación de ex Combatientes de la Revolución. Está jubilado, pero como militante del Partido Comunista de Cuba participa en su comunidad. “Estoy plenamente identificado con la revolución. He hecho y voy a hacer todo lo que sea beneficioso para ella”, afirma con fervor. Dedica el tiempo libre a trabajar en su jardín, leer buenos libros y a proyectar uno sobre su experiencia chilena. “Me gustaría escribir sobre las relaciones entre Chile y Cuba a comienzos de los años 70 -dice-. Se han dicho muchas mentiras y creo que hay que contar la verdad para que las futuras generaciones no tengan como referencia una sola versión”. Con ese ánimo conversó con PF sobre algunos aspectos de su vida, los febriles días de la Unidad Popular y el golpe militar. El resto habrá que leerlo en sus memorias.

JOVEN REBELDE

 


LA familia Allende, de izq. a der.: Beatriz (que esperaba a su hija Maya), Luis Fernández Oña, Salvador Allende, Carmen Paz, Hortensia Bussi de Allende, Héctor Sepúlveda (ex marido de Carmen Paz), Isabel Allende y su hijo, Gonzalo

De familia pobre, Luis Fernández Oña nació y se crió en el barrio Centro Habana, junto a sus padres de ascendencia catalana y una única hermana. Estudió en una escuela pública y luego obtuvo una beca para una escuela politécnica en la provincia de Matanzas. Tenía 15 ó 16 años cuando comenzó a preocuparse por la política de su país, a raíz del suicidio del dirigente del Partido Ortodoxo, Eduardo Chibás, que conmocionó al país. Se incorporó a la Acción Cívica Ortodoxa y participó en las manifestaciones contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Durante la lucha clandestina adoptó la “chapa” de “Luis Fernández Oña” -no nació con ese nombre-, que posteriormente legalizó. Lo escogió cuando pasaba por el cementerio Colón de La Habana en la tumba de un combatiente venezolano. Tomó los apellidos y le antepuso “Luis”. “Fue para evitar la identificación por parte de la policía de Batista, pero después me enamoré de la historia de ese nombre y lo adopté -dice hoy-. Más tarde he pensado que hubiera sido mejor mantener mi nombre original, porque los padres de uno no entienden mucho de estas cosas”.

En el asalto al cuartel Moncada murieron muchos de sus compañeros de la Acción Cívica Ortodoxa. Cuando Fidel Castro salió de la cárcel y se creó el Movimiento 26 de Julio, se incorporó a la nueva organización. Después del triunfo de la revolución, el 1º de enero de 1959, integró durante unos meses la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), que sustituyó la fuerza represiva de Batista. En septiembre de ese año formó las Patrullas Juveniles de la PNR. En 1960, cuando se constituyó la Asociación de Jóvenes Rebeldes que aglutinó a todo el movimiento juvenil cubano, integró la comisión nacional de pioneros. La AJR pasó a ser la actual Unión de Jóvenes Comunistas.

Dos años después, Fernández Oña comenzó a trabajar en el Ministerio del Interior bajo las órdenes del viceministro, comandante Manuel Piñeiro Losada (“Barbarroja”). Su misión fue atender los vínculos con Bolivia y Chile, países que no tenían relaciones diplomáticas con Cuba.

¿El área de Piñeiro era la inteligencia?

“Sí, tenía una característica muy sui generis, porque debíamos ocuparnos de las relaciones con los partidos y con quienes solidarizaban con Cuba en los países latinoamericanos con los cuales no teníamos relaciones diplomáticas. El Ministerio de Relaciones Exteriores no tenía equipo para atenderlos. A los pocos meses dejé de ocuparme de Bolivia y me concentré en Chile, del cual no sabía nada. A través de estudios, y de vínculos con dirigentes y organizaciones chilenas que nos ofrecían su solidaridad, me fui interiorizando”.

¿Qué organizaciones eran?

“Partidos y organizaciones con alguna identificación con la revolución cubana, como la CUT, federaciones estudiantiles y personas. Chilenos y cubanos nunca dejamos de tener vínculos, aunque para llegar a Cuba había que hacerlo vía Praga u otro país de Europa. Conocí a muchos dirigentes como Carlos Altamirano, Salvador Allende -en ese momento senador-, Volodia Teitelboim, la senadora María Elena Carrera y otros dirigentes socialistas y comunistas que participaron en eventos realizados en Cuba, como la Tricontinental y el encuentro de OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad). También estuvieron en Cuba Miguel Enríquez, Luciano Cruz, Manuel Cabieses y otros. En definitiva, mi trabajo era tratar de lograr un mejor entendimiento y relación con las fuerzas políticas afines en Chile”.

LAZOS CON CHILE

 


BEATRIZ (Tati) Allende junto a su esposo cubano, Luis Fernández Oña

¿Cuándo conoció a Salvador Allende?

“Comenzamos una relación de trabajo en 1966. Al año siguiente, coincidiendo con el 50 aniversario de la revolución bolchevique, Salvador llegó a Cuba en tránsito hacia Moscú acompañado de su hija Beatriz. Al regreso, ella se quedó un tiempo, incentivada por las inquietudes que tenía desde el punto de vista revolucionario. Estaba casada con Renato Julio y ambos militaban en el Partido Socialista. También yo estaba casado con una cubana, y tenía dos hijos. Pero ahí comenzó entre nosotros un acercamiento afectivo”.

¿Un flirteo?

“Ajá… En el 68 vine a Chile a una reunión de la Cepal. Y coincidieron algunos hechos. El año 67 había caído el Che en Bolivia. Tres guerrilleros cubanos que estuvieron con el Che entraron a Chile por Iquique. Eran Pombo, Benigno y Urbano. Tratamos que el pueblo chileno solidarizara con ellos y les diera protección. El pueblo se movilizó y apoyó a los guerrilleros con mucha energía”.

¿Cuándo supo de esos sobrevivientes?

“La primera señal, en Chile, la dio un ingeniero boliviano, militante del Ejército de Liberación Nacional (ELN), quien una noche llegó a golpear la puerta de la casa de Manuel Cabieses, entonces periodista del diario ?Ultima Hora? y director de ?Punto Final?. Aunque no se conocían, le habló de los sobrevivientes que debían salir de Bolivia, para los cuales solicitó ayuda. Cabieses conversó con el periodista socialista Elmo Catalán, quien había trabajado en ?Ultima Hora? y en ese momento era secretario de Carlos Altamirano. Elmo pertenecía a la rama chilena del ELN. Posiblemente él alertó a Cuba. Luego intervinieron miembros del Partido Comunista chileno que fueron a la frontera a esperar a los guerrilleros”.

¿Por eso lo enviaron a usted a Chile?

“No, mi viaje fue una coincidencia. Aquí me reuní con Luis Corvalán -secretario general del PC-, con Carlos Altamirano y Elmo Catalán. Este se movilizó al norte para tratar de que los guerrilleros entraran sin caer en manos de la policía. Finalmente entraron solos y llegaron a un retén de Carabineros. Era un momento de mucha efervescencia de la Izquierda en Chile. Por medio de un llamado telefónico desde La Habana le pedimos a Allende que ayudara a salir a estos compañeros. Salvador los acompañó en el avión de Lan-Chile que los llevó hasta Tahiti, donde los entregó al embajador cubano en Francia. Así, los guerrilleros llegaron a Cuba gracias al apoyo de las organizaciones políticas de Izquierda, al pueblo chileno y a la participación de Salvador Allende”.

¿También estaba en Chile cuando apareció el Diario del Che?

“Estaba aquí cuando se produjo un contacto con ?Punto Final? que permitió recibir las fotografías del diario, camufladas en unos long plays de música folclórica boliviana. Me acuerdo que nos reunimos Manuel Cabieses, Alejandro Pérez (gerente de PF) y yo en casa de Manuel en la calle Santos Dumont. Cuando comprobamos que los negativos parecían ser el Diario del Che, programamos un viaje de Mario Díaz a México y de ahí a Cuba con el diario. Así se hizo, y en Cuba se ratificó que el documento era auténtico.

El ELN de Bolivia creó una especie de retaguardia en Chile. En ella estuvieron Elmo Catalán, a quien le presenté a Beatriz, y luego fueron contactando a otros socialistas, como Arnoldo Camú, Carlos y Fernando Gómez, Rolando Calderón y otros compañeros. Posteriormente Inti Peredo encabezó esta fuerza revolucionaria en Bolivia para continuar con el proyecto del Che. El grupo chileno fue una fuerte base de apoyo. Eran compañeros de gran valor personal y entereza revolucionaria” (ver PF 488).

AMOR Y REVOLUCION

¿Qué pasaba entre usted y Tati en aquel tiempo?

“En el 68 surgió una relación más profunda y personal. Un factor muy importante fue la comunión de ideas, el compromiso revolucionario, independientemente del atractivo que existe en toda relación de pareja”.

¿Cómo la recuerda?

“Tenía una personalidad fuerte. Era una mujer de 25 años que se había graduado de médico. Vivía un proceso de maduración revolucionaria. Estábamos imbuidos de un gran espíritu idealista revolucionario. Ella comenzó a trabajar en un hospital. Estaba muy ligada a su padre y se identificaba con su pensamiento. Pero también se sentía motivada por la revolución cubana y las ideas y amistad que compartía con Miguel Enríquez, Bautista Van Shouwen, Luciano Cruz y su primo Andrés Pascal Allende. Todo esto alentó su participación como militante. Tenía mucho valor, era muy inteligente. Sobre todo estaba convencida que una revolución profunda podría salvar de la miseria a los países de América Latina, incluyendo a Chile. Ella se sentía muy ligada a los compañeros del ELN en Chile, que prácticamente desapareció cuando la Unidad Popular triunfó en las urnas”.

¿Cuándo se casaron ustedes?

“En 1970, en La Habana. Beatriz viajaba a la isla a perfeccionar sus conocimientos políticos pero no iba a Cuba como militante chilena, sino del ELN boliviano. A comienzos del 70 se creó el Departamento Liberación, también a cargo de Piñeiro. Realizamos el mismo trabajo de relaciones, pero más político, con mayor nivel de especialización”.

Esa era una época de auge de las luchas revolucionarias en América Latina, con una extensión de la lucha armada y en la que muchos cubanos participaron directamente, como ocurrió en Venezuela…

“Además, se requería especialización. Dejamos de ser revolucionarios ?de impulso?: estudiamos más la teoría. Comenzamos a ser más revolucionarios de corazón y de pensamiento. También ganamos nivel cultural, porque cuando triunfó la revolución muchos no teníamos la formación cultural ni política necesarias. Cuando el Departamento Liberación estaba en sus inicios, triunfó Allende. Como presidente electo, envió a Tati a Cuba para expresar su solidaridad a la revolución cubana. Por supuesto, él conocía mi relación con su hija. Viajé a Chile el 25 de septiembre del 70 en una delegación que participó en un congreso de veterinaria”.

¿Apoyaron la formación del equipo de seguridad de Allende?

“En Cuba, todos reciben entrenamiento militar. Estamos preparados para un eventual ataque del imperialismo. Los compañeros que vinimos en esa oportunidad ayudamos en alguna medida a que el presidente electo, el amigo y revolucionario Salvador Allende, fuera bien protegido. Había amenazas, estallidos de bombas y se comenzaba a desplegar una agresividad tremenda. La mejor muestra fue el asesinato del general René Schneider, comandante en jefe del ejército. A la toma de posesión del mando, el 4 de noviembre del 70, se invitó a una delegación cubana que encabezó Carlos Rafael Rodríguez. Se inició así el restablecimiento de relaciones diplomáticas. El gobierno cubano me nombró encargado de negocios hasta la llegada del embajador, Mario García Incháustegui. Cuando él asumió, pasé a ser ministro consejero de la embajada”.

HISTORIA Y LEYENDA

¿Fue en esa época que comenzó a recibir ataques de la prensa de derecha?

“Decían cualquier cosa de mí. En una oportunidad aparecí en la revista ?Sepa? como instructor de asesinos políticos. Me achacaban la muerte de Schneider y de Edmundo Pérez Zujovic, más tarde el asesinato del edecán naval Arturo Araya. No me agredían a mí, sino que me utilizaban para atacar al gobierno de Allende y a la revolución cubana. Hace poco leí las memorias de Henry Kissinger, donde dice ?Fernández Oña, yerno de Allende, tenía su oficina en La Moneda?. Es absurdo, habría sido estúpido meter a un diplomático cubano en la casa de gobierno. También dicen que fui organizador o jefe del GAP, lo que habría sido igualmente estúpido. Me han inventado ?altos cargos? en la dirección cubana. Pero yo sólo soy un revolucionario, y punto”.

¿Cómo reaccionaba Allende?

“En una ocasión, un periódico hizo una acusación, mencionando particularmente la relación familiar. En ese caso, el presidente Allende respondió con una carta donde pedía un poco más de ética. En definitiva, se trataba de mi relación personal con Tati, que no le incumbía a nadie más”.

¿Cómo recuerda esos tres años de gobierno de la UP?

“Teníamos enorme actividad. Por la relación familiar, conversábamos con Salvador sobre la situación que se vivía. El también se interesaba mucho por Cuba y por Fidel. Había un intercambio amistoso entre ambos. Tenían una relación muy estrecha, de mutuo respeto”.

¿Cuándo se empezó a percibir la posibilidad de un golpe de Estado?

“La prensa y grupos de derecha y ultraderecha, como Patria y Libertad, empezaron a preparar las condiciones desde el 70, e incluso antes. Pero creo que el asesinato de Edmundo Pérez Zujovic fue un hito muy importante, polarizó la situación y creó condiciones adversas para la Unidad Popular. Este país no tuvo un momento de tranquilidad desde 1972”.

¿Cuál era el estado de ánimo que prevalecía en Allende durante su breve gobierno?

“Salvador nunca perdió la confianza de lograr sus objetivos. Siempre lo vi optimista, aún en la época cercana al golpe militar. Tenía claro que se vivían momentos muy difíciles y había decidido convocar a un plebiscito. El 4 de septiembre de 1973, siete días antes del golpe, hubo marchas y concentraciones en todo el país. En Santiago asistieron unas 800 mil personas. Era una fuerza muy importante pero todos sentían que la situación se complicaba”.

¿Cuándo vio por última vez a Allende?

“El 8 de septiembre, un día sábado. Era el cumpleaños de Beatriz y nos reunimos con un grupo de amigos en casa de Miria Contreras (?Payita?), en El Cañaveral. Estuvieron Augusto Olivares, Fernando Flores, un grupo musical -creo que los Parra- y Salvador. Había mucha tensión. La situación estaba controlada por las fuerzas militares, que intervenían los cordones industriales, allanaban y acordonaban poblaciones haciendo uso de la ley de control de armas. Hacía varios días que Beatriz y yo, junto con el doctor Danilo Bartulín, el ?Perro? Olivares, Joan Garcés, y varios más pasábamos las noches en la casa de Tomás Moro. Jugábamos ajedrez y nos manteníamos alertas por lo que pudiera suceder”.

¿Es efectivo que Allende confiaba en la lealtad de Pinochet?

“No supe de eso. Siempre fuimos respetuosos como para no preguntar nada sobre las Fuerzas Armadas, y Salvador fue muy cuidadoso para no hacer ningún comentario. Nunca me encontré con Pinochet. Sí conocí, antes, al general Carlos Prats, como también al almirante Raúl Montero y a César Ruiz, los comandantes en jefe del ejército, la Marina y la Fach. El 26 de julio del 73 mataron al edecán naval, el comandante Araya, y la revista ?Sepa? me achacó el crimen. Su versión era que yo había huido de Chile esa misma noche. Además, ?alguien? había escuchado a través de un muro que Beatriz decía a otra persona: ?Tienes que contarle al papá que fuiste tú?. Entonces, Allende me convocó a Tomás Moro, donde se encontraban los comandantes de las Fuerzas Armadas, para que vieran que no me había ido del país. A ese nivel llegaban las cosas”.

EL DIA MAS NEGRO

¿Cómo vivió el Once?

“En el último tiempo manteníamos por seguridad a nuestra hija, Mayita, en casa de unos amigos. El sábado 8 de septiembre la trajimos con nosotros hasta el lunes, porque estaba resfriada y pensábamos llevarla al médico. Por eso, en vez de quedarnos en Tomás Moro alojamos en nuestra casa, en la calle Martín Alonso Pinzón. Como a las siete de la mañana del martes 11 supimos lo que estaba pasando. De inmediato mandamos a Maya a la casa donde la cuidaban. Un compañero cubano salió en mi auto a dejarla y, con el apuro, se llevó la llave del carro de Tati, así que tuvimos que esperar su regreso para movernos. Serían las ocho y media cuando Tati se fue a La Moneda y yo a la embajada. Allí tomamos todas las medidas para defender la sede diplomática. Junto a la embajada había unos terrenos baldíos y de repente aparecieron dos soldados que gritaron: ¡Ríndanse! Fue tan ingenua su actitud que, evidentemente, actuaban por propia iniciativa. Los compañeros dispararon y los soldados se fueron. Ese fue el primer llamado de alerta para ambas partes. Los militares tomaron posiciones en los edificios cercanos. La calle Los Estanques no tenía salida y a media mañana estábamos cercados. Había mucha tensión. Mientras pude, me mantuve en contacto telefónico con Tati”.

¿Cuánta gente había en la embajada?

“Alrededor de cien personas, entre médicos, deportistas, gente de la cultura, personal de la oficina comercial y funcionarios con sus esposas. Nos mantuvimos a la espera, escuchando noticias por radio. Para sorpresa nuestra, siempre tuvimos comunicación telefónica. Beatriz me informaba de la situación en La Moneda. Ella estaba embarazada de nuestro segundo hijo. Nos decía que su padre estaba bien y pedía que nos mantuviéramos tranquilos en la embajada, porque estábamos en territorio cubano. Mientras, los militares habían evacuado a los vecinos y nosotros estábamos preparados para resistir cualquier agresión. Cuando comenzó el bombardeo a La Moneda nos llamaron supuestos militares que no se identificaban, diciendo que Allende se había rendido y que nos pedía asilo. Por lo que siempre había expresado Allende estábamos convencidos que él no saldría rendido de La Moneda. Después que las mujeres abandonaron el palacio, minutos antes del bombardeo aéreo, pude hablar con Beatriz. Estaba en un lugar con su hermana Isabel, la periodista Frida Modak, Nancy Julien, una cubana casada con Jaime Barrios (N. de PF: gerente del Banco Central, uno de los fundadores de PF, detenido desaparecido). Tati se había sentido muy mal debido a la tensión y a su embarazo, pero estaba mejor. A todas les preocupaba el destino de Salvador. La señora Tencha estaba en casa de Felipe Herrera”.

¿Qué pasó después en la embajada?

“Cerca de las ocho de la noche me llamaron por teléfono para decirme que los restos de Salvador Allende los iban a sepultar en el cementerio de Viña del Mar y que si yo podía localizar y acompañar a la familia. Ellos facilitarían un avión y luego ?las tres mujeres? -así se expresaba mi interlocutor- podrían asilarse en la embajada cubana. Tengo casi la certeza que era el almirante Patricio Carvajal, quien estaba a cargo de la coordinación golpista. Me comuniqué con Tati para que consultara a su madre. Antes de las nueve me llamó un ?capitán Garín?, o Garay. Me dijo: ?estoy en Pedro de Valdivia con Los Estanques. Si usted puede salir…?. ?¿Y usted, por qué no viene??, le pregunté. ?No, porque van a disparar?. ?No, yo le garantizo que no le disparará nadie?. ?Estoy con un jeep, voy hacia allá?, me respondió. Le dije al embajador que venían a buscarme y decidió acompañarme hasta la salida: ?Quiero ver a quién te entrego?, me dijo. Caminamos hacia la garita de entrada, a unos 10 ó 15 metros de la casa, porque pensamos que el jeep estaría allí. Pero cuando abrí la puerta, nos llegó una ráfaga desde el frente, a no más de 25 metros. Ese día no estaba para morirme, sentí los ?abejorros? pasándome por el lado y después vi la pared llena de impactos. Mario (García Incháustegui) y yo, saltamos hacia atrás y nos tiramos al suelo. Ahí empezó el tiroteo de lado y lado, porque la gente de la embajada pensó que nos habían matado. En el suelo, detrás del muro, veíamos cómo cruzaban las balas trazadoras. Pudo haber sido dos minutos, pero parecieron dos años. Cuando paró el tiroteo llegaron los compañeros, pensando que estábamos liquidados. Entramos a la casa ¡y me volvió a llamar el mismo ?patudo?! Dijo que perdonara, que hubo una confusión. ?¿Pero qué clase de confusión? ¡Por poco me matan!?. ?¿Podemos ir…??. ?No, no, se acabó el acuerdo, ni yo voy ni van ellas?. Llamé a Beatriz y le conté. Luego, Carvajal telefoneó al embajador para decirle que les habían disparado desde la embajada y que ellos subirían su nivel de fuego. Mario les respondió que la agresión vino de su parte y que nosotros nos defenderíamos si volvía a ocurrir. La nuestra era una posición heroica, pero insostenible. Sin embargo, estábamos dispuestos a dejar hasta el último hombre para impedir que tomaran la embajada. Esa noche fue muy tensa. Al otro día llamó Uros Domic, un oficial de ejército que había ido a Cuba en una delegación y que actuó como mediador. Poco después llegó Domic a parlamentar personalmente. Cuando hubo acuerdo, salí de la embajada con un mayor uniformado, un chofer y un joven armado de una metralleta, ambos de civil. Al llegar a Pocuro con Pedro de Valdivia dispararon una ráfaga contra el auto, desde un techo. Todos se lanzaron fuera del auto y me dijeron ?¡quédese usted!?. Si me quedaba, me jodía, así que salí y me tiré al piso. En este momento prefiero pensar que fue un francotirador que disparó contra los militares. Pero ya eran dos coincidencias: me hicieron salir de la embajada y dispararon, luego salgo con ellos, y tiran. Fuimos a buscar a Mayita, a la señora que la cuidaba y a Beatriz, con gran pena porque ni Frida, ni Nancy, ni Isabel quisieron salir para asilarse. Ya en la embajada, embalamos papeles y archivos, siempre con Uros Domic en la sede diplomática. Salimos de la embajada en micros y autos custodiados por militares, en compañía de los embajadores de Perú, Suecia, Unión Soviética y México. Nos dirigimos hacia el aeropuerto, donde se encontraba un avión de Aeroflot. Esa noche del 12 de septiembre vimos un Santiago a oscuras y controlado por patrullas militares. Cuando despegamos, el piloto apagó la radio y siguió una ruta distinta a la establecida. Hicimos escala en Perú, y de ahí directo a La Habana”.

¿Cómo iba Beatriz?

“Abatida. Ya sabía de la muerte de su padre y el hecho de estar embarazada no la dejó actuar con la serenidad que hubiera querido. Se volvió a reunir con su familia el 28 de septiembre en La Habana, donde se efectuó un acto de masas en el que habló Fidel, y también Beatriz”.

¿De dónde salió la versión que dio Fidel de la muerte de Allende en esa oportunidad? Porque no habló de suicidio…

“Cuando fui a México a buscar a Tencha, Isabel y Carmen Paz Allende, uno de los ex miembros del GAP que estuvo en La Moneda y que había viajado con ellas, quiso hablar conmigo. Me contó la versión que dio Fidel. Yo la mandé a Cuba. Fidel la escuchó y después relató la misma versión. Eso sí, hizo la salvedad de que si Allende se hubiera disparado él mismo para no quedar en manos del enemigo, sería igualmente heroico. Un hombre que está bajo un bombardeo y, por dignidad, no se deja agarrar vivo, es una persona ante la cual hay que sacarse el sombrero”.

En Cuba, mientras Luis Fernández Oña se dedicó a terminar la carrera de Ciencias Políticas y se integró a trabajar en el Departamento América del PCC, Beatriz Allende comenzó a ejercer su profesión de médico. Vivían en un departamento y pronto nació su segundo hijo, Alejandro. Ella se entregó por entero a apoyar a quienes resistían la dictadura militar en Chile. Estuvieron un tiempo juntos, pero luego se fueron distanciando afectivamente hasta que optaron por separarse. Beatriz viajaba permanentemente para participar en actividades de solidaridad con el pueblo chileno en distintas partes del mundo y presidía en Cuba una entidad en que participaban los exiliados chilenos de diferentes partidos. Pero sentía que no era eso todo lo que podía y debía hacer. Además, iba pasando el tiempo y seguían cayendo compañeros en Chile. Algo se quebró en ella. Tenía 33 años cuando se suicidó, en octubre de 1977.

¿Cuál es su interpretación de por qué se quitó la vida?

“Le afectaba profundamente el hecho que ya hubieran transcurrido cuatro años y no se vislumbraba ni un rayo de luz. También le angustiaban las divisiones de la Izquierda chilena en el exilio. En cada país había por lo menos dos comités de exiliados. Quizás, si hubiera tenido la oportunidad de volver a Chile habría sido distinto. Quizás”.

¿Ella continuaba militando en el Partido Socialista?

“Más que en un partido, estaba militando con Chile. Fue militante socialista, pero también respetaba mucho las opiniones de los comunistas, del MIR, de los radicales, de la Izquierda Cristiana. Fueron años difíciles para todos, de desajuste. La existencia de los niños me ayudó mucho a superar la situación que se creó con la muerte de Tati”.

¿Cómo se han adaptado sus hijos en Chile?

“Bien, viven con su abuela Tencha, que está muy contenta con su primer bisnieto, y su tía Isabel. Hacen mucha vida familiar”.

A menudo se critica en Chile la ingratitud de muchos chilenos que fueron acogidos solidariamente en su país y que se olvidaron de devolver la mano cuando Cuba atraviesa por graves dificutades.

“En la Concertación está la mayor parte de la gente que tuvo relación con la revolución cubana. Algunos fueron muy amigos, pero ahora no quieren ni saber de nosotros. Tampoco les interesa la memoria histórica. Pero también hay gente muy buena, que nos está apoyando. Y otros están muy ocupados en sobrevivir, no tienen tiempo para meterse en otras cosas. Pienso que en Chile hay mucha desinformación sobre Cuba. Todos los sectores sociales engullen la propaganda adversa que pinta a Cuba como un infierno. Pero quienes visitan mi país se dan cuenta que no es así, tampoco somos un paraíso pero estamos lejos de ser un infierno”

PATRICIA BRAVO

 

Cura Hasbun: Roberto Thieme y la querella contra los instigadores del golpe de Estado

Fundador de grupo de extrema derecha Patria y Libertad acusa: Cura Hasbún tiene protección “especial” y no será enjuiciado como instigador del golpe

22/11/2013 |

Por Lorena Venegas

El juez Mario Carroza lleva la querella contra los instigadores del golpe de Estado y llamó a interrogación al polémico cura. Pero para Roberto Thieme, fundador del movimiento nacionalista de ultra derecha, no ocurrirá nada porque los poderes fácticos y el sistema lo protegen.

Los crímenes de la dictadura tienen a sus ejecutores claros: miembros del Ejército, de la CNI y la DINA. De ahí a conocer el nombre y apellidos de todos, además de situarlos tras las rejas, es una historia mucho más compleja.

Las estrategias para derrocar al gobierno de Salvador Allende venían mucho antes de las amenazas y protestas contra el funcionamiento de este. Así como también, el bombardeo a La Moneda, desapariciones y crímenes no partieron en el momento de la detención y posterior tortura, sino que se gestaron desde oficinas y reuniones secretas.

Ya sabemos quienes son los que torturaron, dispararon y mataron. Recibían órdenes de intelectuales que se preocuparon de planificar y de ocultar cada uno de los horrores cometidos. Políticos, empresarios, simples ciudadanos, profesionales y religiosos que apoyaron las acciones que comandaba el dictador Augusto Pinochet.

Velaron por sus intereses y en silencio aplaudieron las decisiones del autoproclamado Presidente de Chile. Algunos de ellos, llenos de orgullo rindieron tributo en Chacarillas y lucharon por el SÍ en el plebiscito de 1988. Los mismos que el pasado 11 de septiembre Sebastián Piñera, calificó como “cómplices pasivos” del régimen militar.

Los instigadores del golpe

En septiembre pasado, se abrió por el magistrado Mario Carroza la causa que busca indagar sobre la gestación del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. En ella, aparecen figuras devotas a la imagen de Pinochet, como el dueño del diario El Mercurio, Agustín Edwards, y el sacerdote Raúl Hasbún.

En respuesta a una querella presentada por familiares de ejecutados políticos, las investigaciones establecerán eventuales delitos de civiles en los hechos previos y posteriores al derrocamiento de Allende; si hubo delito de alzamiento y sublevación de personas entre civiles chilenos que coordinaron con Estados Unidos la operación en contra del gobierno de la Unidad Popular.

Fue el abogado Eduardo Contreras, quien presentó esta querella en 2012, donde destacó el papel de organismos de Estado antes del golpe, y enfatizó en que estos delitos no pueden ser prescritos.

 

“Los antecedentes los conocen todos los chilenos, la Corte Suprema dirigida por Urrutia Manzano es uno de los autores del golpe, porque hizo declaraciones previas. Yo era diputado, la Cámara y su famoso acuerdo de agosto del 71 es un acto golpista. Ni la Corte Suprema ni la Cámara de Diputados tenían facultades para acusar de inconstitucional el gobierno del Presidente Allende, además que era falso. Por lo tanto, son actos sediciosos, actos subversivos, y el alzamiento armado contra un gobierno constitucional es de lesa humanidad, por lo tanto, imprescriptible”, afirmó Contreras quien ha destacado por su defensa de los derechos humanos.

“En derecho penal un delito tiene un desarrollo. El hecho penal comenzó cuando se gestó la planificación del golpe y de quienes lo apoyaron y alentaron, para llevar necesariamente la representación del resultado: muertes, torturas. Por lo mismo, ellos aparecían como instigadores del atentado”, explicó a Cambio21 el ex abogado de la Vicaría de la Solidaridad Luis Toro.

Además, agregó que “en materia estricta penal lo que se está investigando es que el juez determine si el señor Raúl Hasbún estuvo de acuerdo en que se rompiera la constitucionalidad chilena, porque ahí se gestaría la violación a los derechos humanos. Pero estoy seguro que si apoyó la representación de este golpe, es culpable”.

“No me cabe duda que el diario El Mercurio jugó un papel importante en todo este procedimiento, personificado en Edwards, además por sus nexos internacionales no desmentidos con la CIA y la desclasificación a su vez de los eventos, por lo mismo está establecida su participación directa. Los cómplices y responsables políticos de las violaciones son todos aquellos civiles que participaron en la dictadura en conocimiento de los horrores que se cometían”, concluyó Toro.

La túnica de la dictadura

El sacerdote Raúl Hasbún nunca guardó silencio sobre sus preferencias políticas. No le gustaba el gobierno de Salvador Allende y por el contrario, se mostraba cercano al ejército situado a la sombra de Pinochet. Hoy está bajo interrogatorio por su participación cívica en la instauración de la dictadura.

Además, cabe recordar que pocos meses antes del bombardeo a La Moneda, fue acusado de cómplice en el asesinato del obrero Jorge Tomás Henríquez G., que murió en marzo de ese mismo año y que pese a que no tenía posiciones políticas, tenía una misión: proteger el equipo con el que el gobierno de Salvador Allende interfería la transmisión de Canal 13, que por esos años tenía a Hasbún de director de la Corporación de Televisión de la Universidad Católica de Chile.

 

En Cambio21, conversamos con el fundador del movimiento Patria y Libertad, Roberto Thieme, protagonista de muchos de los eventos acaecidos esos año, para conocer su visión desde otra óptica.

¿Cuál es la imagen del sacerdote Raúl Hasbún?

La Iglesia Católica siempre ha sido un poder fáctico de Chile y estado interventor. Juega todas las líneas políticas de todos los sectores, y Hasbún es la cuña que ha tenido hasta hoy día a favor de la dictadura y toda la defensa del régimen militar. Y todavía él sigue vigente públicamente hablando a los chilenos, entonces aún pesa en la formación de opinión en Chile.

¿Usted lo conoció y compartió con él?

Lo vi en las misas militares, cuando yo estaba casado con Lucía Pinochet y vivíamos en Miami. Veníamos a pasar fiestas o algún acontecimiento por ejemplo de Fiestas Patrias y él estaba ahí. Tiene un vínculo con el Ejército de Chile muy grande y profundo hasta hoy.

 

Él tiene una causa que fue sobreseída…

En la época de Allende en el famoso caso Concepción. Patria y Libertad manda a solicitud del cura Hasbún, a un grupo técnico ha desactivar la interferencia de la señal de Canal 13 en esa ciudad . Cuando el equipo técnico capta el problema, para tratar de hacer el operativo amordazan a un cuidador nocturno que había ahí y ese hombre muere, porque tenía una enfermedad cardiaca y tras eso se produce la muerte accidental.

 

¿Usted cree que el cura Hasbún tiene información sobre detenidos desaparecidos y lo que ocurrió el 11 de septiembre?

Yo soy un extra sistémico, apolítico y no le llevo el juego de la hipocresía de todos los sectores políticos que siguen salvando al Ejército de todas las atrocidades que se cometieron y le cargan la cuenta a subalternos como Contreras y todos esos mandos medios de la época. Todos los altos generales de la época, dirigentes hasta hoy día, hasta este nuevo comandante en Jefe del Ejército el señor Oviedo, son todos cómplices de la dictadura y son todos amigos del señor Hasbún. Y la rama derechista de la Iglesia Católica, o sea no podemos irnos a Hasbún como un caso particular, él pertenece a una institución poderosísima que interviene los asuntos internos de Chile descaradamente con Ezzati a la cabeza.

Entonces, ¿lo calificaría como cómplice de los crímenes de la dictadura?

Por supuesto, no solo es pasivo sino que también activo. Él sigue hasta ahora opinando de política y sociedad e influyendo en la opinión pública. Y por supuesto en el Ejército, o sea vamos a ver qué misas hace con los militares chilenos vendidos a Estados Unidos. Cuando se les muere alguien invitan a Hasbún, porque ya no pueden invitar a O’Reilly por lo que ya sabemos, pero la Iglesia tiene una derecha muy fuerte en Chile, no solo por los Opus Dei y los Legionarios. Estoy hablando de la iglesia institucional dirigida por Ezzati.

¿Cree usted que tras esta querella revelará información?

No, bajo ningún motivo, él es leal al Ejército y a la rama derechista que dirige el sr Ezzati.

 

A su juicio, ¿quiénes deberían estar también sentados bajo interrogatorio?

Para empezar a todos los generales y almirantes retirados, hoy día con pensiones millonarias, que constituyeron la Junta de gobierno militar y las comisiones legislativas. Porque recordemos que la dictadura tuvo pseudo legalistas con el poder legislativo y de esa junta todavía existe gente como mencioné, que sabe todo lo que pasó y que son responsables políticos y directos de toda la revolución militar, partiendo por el ex general Matthei.

 

¿Ezzati debiera ser también uno de ellos?

Yo soy un libre pensador y soy ateo. Más allá de respetar las ideas, creo que la Iglesia Católica en Chile es un poder que interviene en todas las áreas del Estado, en todos los gobiernos, y Ezzati es un peón del sistema.

¿Cómo se explica que su figura siga representando a la Iglesia Católica?

Qué le parece a usted que los otros que han sido autores de violaciones a menores y partícipes de la pedofilia, por esta aberración del celibato, han sido todos protegidos por la misma Iglesia. Veamos si hay alguno expulsado o alguno que esté enjuiciado, los siguen defendiendo como a Karadima, se defienden entre ellos. Asi que no esperen nada de Hasbún, lo va a proteger el sistema y el poder judicial que está compuesto por el ala masónica por un lado y la católica por el otro, lo van a blanquear y saldrá sin pena ni gloria.

La recuperación de los sitios de Memoria y la necesidad de preguntarnos por las fuerzas militares

12 de Julio de 2013 –

 

Ni tontos ni perezosos del 28 de enero 2012

Siguiendo con el segundo mes de análisis y conversación sobre Educación Militar, en Ni Tontas Ni Perezosos, decidimos invitar a Pablo Ruiz Félix Madariaga,el primero,del Observatorio de la Escuela de las Américas,y el segundo,parte de los procesos de recuperación de el ex-centro de detención 3 y 4 álamos,donde hoy, existe un centro de detención de niños perteneciente a SENAME. Inaudito.

 

En esta oportunidad hablamos del adoctrinamiento militar en la Escuela de las Américas, un poco de su historia, las tensiones que ha generado, su vinculación en golpes de Estado en latinoamérica, y el continuo envío de soldados chilenos a entrenarse en contra-insurgencia. Al mismo tiempo, conversamos  del Fuerte Aguayo base militar norteamericana instalada en Con Con durante el gobierno de Sebastián Piñera.

Además repasamos la importancia de la recuperación de los sitios de Memoria, y la impostergable necesidad de preguntarnos por las fuerzas militares y el rol que cumplen en el mantenimiento de un estado de cosas desigual y muy favorable para las elites políticas y económicas del país. Una conversación desde las entrañas del mal, y la memoria perdi

 

¿Nunca más?: Ex-Centro de Detención, Tortura, Exterminio y Desaparición es hoy una Cárcel de Niños y Jóvenes. Parte I.

¿Nunca más?: Ex-Centro de Detención, Tortura, Exterminio y Desaparición es hoy una Cárcel de Niños y Jóvenes. Parte I.
Luego de enterarme en julio de este año, en un capítulo de nuestro programa de radio que el ex Centro de Detención, Tortura, Exterminio y Desaparición 3 y 4 Álamos era utilizado hoy como un Centro de Intervención Provisoria y Centro de Reclusión Cerrado (CIP-CRC) San Joaquín, me contacté con personas que me ayudasen a comprender cómo esto era posible. Así, al paso de los días, entré por primera vez a estas dependencias, al lado “recuperado” del recinto, que solo contempla la casona que actualmente guarece a los funcionarios administrativos de SENAME. Recorrí aquellos espacios fríos cargados de historias, cargados de olvido, escuchando relatos y sacando fotografías.

 

 

 

¿Nunca más?: Ex-Centro de Detención, Tortura, Exterminio y Desaparición es hoy una Cárcel de Niños y Jóvenes. Parte I.

DIAPOSESCRITOSINFANCIA Y NIÑEZ — BY  ON NOVIEMBRE 20, 2013 AT 14:22 

Por Claudia Hernández Del Solar*

Este texto forma parte de una serie de 4 relatos. Ve la segunda parte acá.

Luego de enterarme en julio de este año, en un capítulo de nuestro programa de radio  que el ex Centro de  Detención, Tortura, Exterminio y Desaparición 3 y 4 Álamos era utilizado hoy como un Centro de Intervención Provisoria y Centro de Reclusión Cerrado (CIP-CRC) San Joaquín, me contacté con personas que me ayudasen a comprender cómo esto era posible. Así, al paso de los días, entré por primera vez a estas dependencias, al lado “recuperado” del recinto, que solo contempla la casona que actualmente guarece a los funcionarios administrativos de SENAME. Recorrí aquellos espacios fríos cargados de historias, cargados de olvido, escuchando relatos y sacando fotografías.

Aún habían  cosas que me faltaba averiguar. Como por ejemplo si a esa puerta, tapada por un cuadro que simula un allá afuera, seguía una escalera oculta. Además, todavía ignoraba en qué manos había caído la posta de ese lugar, como en una carrera.

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Así que me reuní con don Ricardo Ventura, detenido en 3 y 4 Álamos durante la dictadura militar. En un bar, a eso de las 5 de la tarde de un día viernes, sin almuerzo y con un vino en la mesa, comenzó a responder mis preguntas y a repasar los relatos de su experiencia en aquellos tiempos. Partió diciéndome: “Es la tarea nuestra, somos los que sobrevivimos y tenemos la responsabilidad de jugar el papel de los que no están”. Excelente comienzo para mí, ya que desde mi lugar de “no haberlo vivido”, las preguntas me insisten aún más.

Al contarle de mi reciente ida a la parte de 3 Álamos le pregunto por las puertas clausuradas, le pregunto por el Chucho, lugar que actualmente funciona como bodega, guardando entre otras cosas un montón de medicamentos. Me dice que sí, que hay más puertas, que el subterráneo abarca toda la casona, y que era en ese entonces el lugar donde guardaban “el cargo”, aquello que se le entregaba al preso a su llegada, que consistía entre otras cosas, de un overol -el uniforme de preso que nadie se ponía-, una “chaqueta de mezclilla”, una taza, un vaso, y un jergón -colchón de paja-. Todo ello debía ser tomado como pudiese por el prisionero que “llegaba generalmente hecho mierda”. Aquel lugar que funcionaba como bodega, era el Chucho, la parte de tortura del subterráneo, Ricardo lo recuerda lleno de ratones, húmedo y frío. Sí, ese frío aún se siente allí. A partir de esto, dice que hay dos elementos que un prisionero no olvida nunca: el hambre y el frío; por algo las torturas eran hechas a cuerpos desnudos. Al Chucho se llegaba por ejemplo, como modo de castigo cuando alguien se negaba a cantar las canciones de la FFAA.

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Ricardo tuvo la experiencia de estar en 3 y 4 Álamos por casi dos años, entre los años 1976 y 1977 -el recinto funcionó desde 1974 a 1978 aproximadamente- cuando los detenidos que allí llegaban eran los que trabajaban en clandestinidad luchando contra la dictadura. Considera que se trataba de personas diferentes, eran aquellas que “más allá del trauma de Golpe no dejaron de trabajar en la resistencia y estaban dando la pelea”, eran quienes ya detenidos habían logrado negociar no cantar las canciones de las FFAA, sino la canción nacional, “pero sin la última estrofa”, una concesión difícil de lograr.

Ricardo llegó desde Villa Grimaldi. Así como la mayoría, que provenía de otros centros de detención y tortura: la Venda Sexy, José Domingo Cañas, Santa Lucía. Se llegaba directamente a 4 Álamos, pabellón que quedaba alejado de las puertas y murallas, en el centro del lugar, custodiado por la DINA: “la gente que está ahí está en un proceso, porque al llegar ahí todavía no existe”. Dicho de otro modo, quienes llegaban a ese lugar se encontraban en calidad de desaparecidos para su gente. Muchos de ellos, lo terminaron estando hasta hoy. El grupo más grande que por allí pasó, fue el de los “119”. Otros esperaban largo tiempo hasta que se “recuperaban”, volviéndose “presentables”, para así poder hacer los registros y documentaciones necesarias que lo acreditasen en calidad de detenido. Allí, se pasaba a  3 Álamos, a cargo de Carabineros de Chile. Se “avanzaba” hacia la “libre plática”, recibiendo aquel “cargo” sin venda en los ojos por primera vez. Ahí llegaban visitas, tenían la atención de la Cruz Roja, gente de diversas Iglesias iban a visitarlos, incluyendo algunos, como un predicador puertorriqueño que fue a decirles que debían pedirle perdón a Dios por los pecados que habían cometido: “por supuesto, llevaban pan de pascua”. Sin embargo, la vida no estaba asegurada. Aún el temor a que los mataran existía.

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En 4 Álamos el promedio de permanencia era de un mes, un mes donde se recuperaban o bien se efectuaba una nueva ronda de interrogatorios, un mes donde se decidía si se los iba a desaparecer definitivamente o si pasaban a existir otra vez. Podían incluso llevar a los prisioneros a otro centro de tortura si consideraban que aún se les “podía sacar” algo de información. Era en Villa Grimaldi, la Venda Sexy, José Domingo Cañas“donde tienen la parrilla donde torturan…donde estaban los expertos”.

No sabía que se podía llegar a ser experto en torturar. Manifiesto mi sorpresa y Ricardo lo reafirma: los expertos en tortura estaban siempre acompañados de “mucho médico”[1]. Médicos que acompañaban al preso en sus torturas, evaluando su capacidad de soportar: “te ponían el estetoscopio y decían “está bien, está bien, dale más… otro poquito”, o bien, la tortura era jugar con la cercanía de la muerte: “no le des más porque se va a morir… entonces no es responsabilidad mía, es tuya”, le decía el médico al torturador.

Ricardo llegó a este lugar con siete costillas quebradas, una rótula fuera de lugar, la dentadura y la nariz rota. El problema era respirar. Toser era infinitamente doloroso. Dormir sentado era la única alternativa y pararse lo menos posible. Lo poco recuperado volvió a foja cero cuando un grupo de “Dinos” lo sacaron y le pegaron. Insistían en la idea de poder sacar aún más información.

Ricardo insiste en que todos los casos son diferentes, pero que a ese lugar se llegaba estando en dos lugares posibles: cuando se “cae dibujado”, que en jerga de los prisioneros significaba el haber sido descubierto como parte de una organización, teniendo una “chapa”,  por lo que “lo van a apretar hasta la muerte”, o aquéllos que eran delatados e indicados como posibles “enemigos internos”. Estos últimos, eran los que la DINA atrapaba, torturaba para interrogar su procedencia. A Ricardo lo acusaron de ser mirista y tener una radio clandestina. Ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, existe una dinámica del torturador que supone “saber”algo del otro, y así justificar el afán de hallar algo más, insistiendo, ofreciendo información por expulsión, vida o muerte.

La estructura militar ¿permite la existencia de la perversión?¿genera condiciones para ello? Ricardo dice que después de haber vivido la experiencia de la tortura, del presidio, del exilio, sus ideales se radicalizaron. Ése fue el efecto que lo llevó a estudiar cómo era posible que un ser humano le hiciese esa calaña de acciones a otro ser humano. Él se lo explica a partir de la capacidad de rechazo: a modo de instrucción, las fuerzas militares utilizaban un documento llamado “Conflictos de baja intensidad” elaborado por el Pentágono, como herramienta de adoctrinamiento ideológico y técnico que buscaba eliminar esta capacidad de rechazo por parte de la tropa, lo que podía explicar cómo algunos hombres pasaban de ser jóvenes de 18 años incapaces de matar un conejo a terminar por convertirse en asesinos que degollan a personas, o matan civiles. Es un método técnico, donde “se selecciona al muchacho más activo, más violento, más dispuesto a…”. En Chile, era Tejas Verdes el lugar donde se instruía y adoctrinaba a estos “elegidos”, a quienes ya su “capacidad de rechazo” había sido prácticamente abolida. Ya podían matar a una persona “sin asco”. Ya habían pasado por la experiencia de hacerse cargo de cuidar un perro, el cual se transformaba en su compañero, para luego matarlo por orden de su jerarquía, abriéndole el vientre y metiendo la cabeza dentro de éste. Ahí pasó la prueba. Con esto, “ganaban un ejército o brigadas operativas incondicionales que están dispuestos a matar a su madre”. Así, era posible encontrarse con personajes como “El Troglo”, quien usaba un delantal de cuero, como un talabastro, para no ensuciarse con la sangre y los excrementos de los torturados; el mismo al que un día, mientras torturaba a un grupo de prisioneros -relata Ricardo- le suena el teléfono de la sala. Exigiendo silencio, contesta a su señora: “Ya mi amor….oiga, no voy a llegar a comer hoy día a la casa, tengo mucho trabajo, voy a llegar un poquito más tarde, así que no se preocupe… besitos a los niños! chao”, y cuelga. “El tipo es un padre de familia y ése es su trabajo” agrega.

A contracara se encuentran los opuestos, aquellos hombres y mujeres valientes, que a pesar del calvario en el que se encontraban insertos, se atrevían a enfrentar a sus verdugos del único modo allí posible, que es por medio de la palabra, del decir, del mostrar, del situar. Uno de ellos era don Alfredo Kurt Fonseca, quien luego de salir bajo la puerta en la que “los Dinos” habían puesto como tabla sobre su cuerpo para luego saltarle innumerables y dolorosamente encima, le dice a uno de ellos que permaneció en su custodia:

– “¿Cómo puede ser posible que usted haga esto?

– “Es mi trabajo“, responde el “Dino”.

– “No puede ser su trabajo. El trabajo es la expresión más alta de dignidad del hombre”

– “¡Ah! te lavaron el cerebro… yo hago esto por la patria”.

– “¿Qué es la patria?

– “La bandera, el escudo nacional.”

– “No, esa no es la patria. Ese es el símbolo de la patria; la patria somos nosotros, el pueblo”.

En la entrevista, luego de esto, un silencio. Una apretada en el brazo intentando mostrar en el contacto mi proximidad. Un trago de vino que me invita a seguir preguntando. Le pido que me ayude a pensar qué es lo que viven los jóvenes que se encuentran hoy ahí recluidos. Me dice que ellos “cachan todo ya”. Que se le acercan, que le han preguntado: “se me acerca así y me dice “¿oye tío? ¿a ti te metieron preso y te sacaron la chucha? aahhh…aquí siempre escuchamos voces, escuchamos cosas, gente así como que le pasa algo, como que se está quejando… aaahhh… lo pasaban mal acá”. Ricardo dice que ellos se sienten cargados, a pesar de que reconoce su escepticismo en relación a estas cosas.

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Allí todo sigue igual. Es más, Ricardo hace poco tiempo atrás reconoció su celda. Estaba igual, solo el espejo había cambiado de tamaño. Recordó cuando volvió a ver su imagen en ese espejo luego de permanecer por dos meses y medio con los ojos vendados y sin bañarse. Cuando ya la ropa se había podrido y deshecho en la piel, cuando las infecciones abundaban y el hedor proliferaba. Recuerda que al ver su reflejo, se preguntó“¿quién es ese hueón que me está mirando así?”. El hambre, el frío, los golpes, las fracturas, habían cambiado completamente su cuerpo y su rostro. Impresionante para mí era que cada uno de estos relatos, cada uno de estos detalles de escenas de la vida tan profundamente dolorosas e indignantes, eran siempre acompañadas de la anécdota, de aquel recuerdo alegre, de ejemplos de compañerismo y de solidaridad en medio de todo el desastre circundante. Como el “Kuky”, un joven de aproximadamente 18 años, a quien consideró como loco cuando éste le ofrece artículos de aseo y calzoncillos que había resguardado ante viento y marea en el bolso que portaba desde que fue detenido en la frontera con Argentina.

Esa casa está igual, los baños están iguales… se siguen usando.

Esto me lleva a la pregunta por el lugar. ¿Cuáles son  los motivos que fundamentan el deseo de que ese lugar se transforme en un espacio de memoria?, ¿cuál es el sentido de la “recuperación” del espacio, donde la ideología del castigo se sigue escribiendo en una misma línea ahí, hasta hoy, pero con nuestros jóvenes?

En relación a lo primero, Ricardo me cuenta la historia de un centro de exterminio en Alemania al que relaciona con 3 y 4 Álamos porque su característica principal eran también los árboles. Centro que en la actualidad es responsabilidad del Estado sin importar el gobierno de turno. Por él la comunidad se pasea, incluyendo las FFAA, quienes dejan allí ofrendas florales con la finalidad de hacerse cargo de haber visto lo que allí pasó. Eso es lo que espera que ocurra con todos los lugares que funcionaron como centros de detención y tortura; que todos los chilenos y chilenas, sobretodo, las fuerzas militares, pasaran por ahí. En particular, en 3 y 4 Álamos, le gustaría poner una campana que sea tocada por todo asistente y se comprometa así con un nunca más: “yo quiero que vayan las FFAA, que vayan los jóvenes cadetes, porque si el ejército es de todos los chilenos deben ir; ahora, si el ejército es de la derecha y depende del ejército norteamericano que no vayan. Pero si es chileno de verdad tienen que ir ahí a rendir pleitesía y declarar que nunca más se va a torturar y asesinar a chilenos”.

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En relación a lo segundo, considera que la burocracia chilena es mediocre y, en ella, justifica su creencia en que no existió una intencionalidad siniestra o macabra al disponer de ese lugar como un centro de intervención con niños y jóvenes. A mí se me viene a la cabeza la frase de Pinochet “que economía más grande” cuando se le preguntó por lo que pensaba de las urnas que contenían más de un cuerpo. Que economía más grande hacer uso de este espacio que desde su arquitectura ha servido para el encierro, primero el claustro, luego la celda.

Ahí es cuando me cuenta del tiempo anterior a ser un centro de detención y tortura, “este campo era usado para retiro espiritual de unos monjes con un nombre bien raro, los oblatos se llamaban“. Según lo que he indagado, oblatos se le denomina a aquel creyente que sin profesar los votos de la iglesia católica, sin dejar de ser laico, se ofrece a Dios para el cumplimiento de algunos de los compromisos que los religiosos de alguna orden hacían. Interesante es que lo que aparece relacionado en Chile y Argentina a esta denominación en la actualidad se abocan a promover la justicia como “componente indispensable de la labor evangelizadora”. En fin, cada una de las celdas pensadas para un monje, durante la dictadura era usada por 7 personas, seis en dos camarotes triples y uno en el suelo.

La línea de la posta era entonces, de los monjes a los pacos, de los pacos con la DINA, devuelta a los pacos y luego a SENAME. Patrón común son los jóvenes, la justicia y la reclusión.

4 Álamos tenía cuatro pabellones, el 1 y el 2 para hombres, cada uno con aproximadamente 500 presos, el 3 era de mujeres. Era en Tres Álamos donde se encontraban los presos “VIP”, militantes de partidos políticos conocidos y parte del gobierno derrocado de Allende. En dicho lugar, Conrado Pacheco, carabinero de alto rango, estaba a cargo. Según los relatos, era misógino y se ensañaba especialmente con las mujeres. Ricardo no sabe si está aún vivo o no, sí sabe que actualmente su hijo, es actualmente parte del alto mando encargado de la “contrainsurgencia” que se cristaliza hoy ante  las manifestaciones sociales.

Sigue la entrevista. Detalles de su estadía y “anécdotas” varias van generando un discurso donde las experiencias de extremo dolor y, al mismo tiempo, de enormes muestras de compañerismo, dan pie a mi siguiente pregunta. ¿Qué es lo que más le dolía, más allá de lo físico? “La dignidad“, me responde. La relaciona con los momentos de tortura, aquéllos donde se les ponía electricidad, o sobre una parrilla ardiente, donde el cuerpo responde defecándose, orinándose y sangrando: “Uno no puede pararse, te tratabas de enderezar y ellos te humillaban, te pisaban las manos, los genitales… Es la dignidad lo que más duele… Que alguien te diga que es dueño de tu vida, que te digan que tu vida la mando yo, que yo te desaparezco cuando quiero, es lo que más duele”. Agrega que comprende a Allende cuando se quita la vida, precisamente para no vivir la humillación de que hagan con el cuerpo y la vida de otro lo que se les plazca, amenazando con represalias a familiares o relatando cómo es que su pareja se encontraba al otro lado colgada. A la compañera de esa época de  Ricardo las torturas con electricidad le provocaron una infertilidad definitiva. Exiliados en Europa se realizó seis intervenciones para lograr tener hijos, pero no fueron efectivas: “no resultó y se murió la pareja… Eso es lo terrible, ésa es una deuda muy alta”.

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Su relato me indigna, se lo manifiesto, por las consecuencias eternas que los daños van marcando para siempre tantas vidas. Ricardo me dice que bajo ninguna circunstancia quiere que piense que éste es un caso especial, que todas y cada una de las personas que se vieron en esas circunstancias, llevan consigo y, por ende, el resto de sus seres queridos y descendientes, la marca de lo vivido.

Recuerda entonces un momento que dice tener grabado, cuando es llevado desde 4 a 3 Álamos, cuando pasaba a existir nuevamente para el resto y para él significaba “estoy vivo”. Tan delgado que la ropa debía sujetársela, camina hacia una puerta, donde se encuentra a otra persona en las mismas circunstancias de espera: “yo llego por atrás caminando, afirmándome de las paredes, y él se da vuelta y me abraza… No me voy a olvidar nunca de su expresión, y me dice algo así como “hace siete meses que no veo a un ser humano”. Ese hombre llevaba meses aislado. Ricardo lo había estado durante 18 días en 4 Álamos.

Recuerda su estadía como preso, como existente, en “libre plática”, donde el tiempo de convivencia llevaba a formar lazos de afecto y a organizarse. Como las obras de teatro que se realizaron, ya que el lugar estaba lleno de artistas, que de diferentes formas mataban el tiempo expresándose desde el arte. Una de ellas se llamaba “Cómo se volvió loco Luculum”. Vestidos con sábanas y con una mata de apio en las cabezas, se hacían declamaciones, como por ejemplo “solo sé que nada sé, pero piola no pasé”, u otra que decía “estoy preso, luego existo”. Obras que se presentaban a un público cautivo de cerca de 500 personas. “Súper cautivo” agrega riéndose.

Me costaba imaginar cómo dentro del calvario, podían llegar a vivir este tipo de dinámicas, le pregunto por cómo era posible ese tránsito. Sin contestar mi pregunta me da otro ejemplo, su ejemplo. Ricardo era conocido como el “cambio y fuera”, ya que el motivo de su detención lo indicaba como parte de una radio clandestina del MIR. Se cuenta que en una de las torturas, mientras le preguntaban insistentemente por la radio, respondió: “mire, yo no tengo nada que ver con ninguna radio…. Cambio y fuera”. Mito que se mantuvo por años, generando que fuese reconocido como tal por los compañeros que dentro de “los cajones” eran testigos de las torturas. Fue dentro de 3 Álamos donde terminó encargado de la organización de los diversos cursos de capacitación que allí se crearon, siendo el encargado del pizarrón y de tocar la campana. Esa misma campana que ahora desea allí instalar como un simbolismo del “nunca más”.

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Me habla del exilio. Su experiencia en Suecia la define como extraordinariamente fraternal, de gran preocupación por el estado tanto físico como psíquico de todos los y las compatriotas que llegaron a ese destino. Era pasar de un extremo a otro, a un lugar tranquilo y bello donde diferentes instituciones estatales se ponían a su disposición y le entregaban todos los tratamientos requeridos: recuerda con humor, cómo es que uno de los tratamientos al que debió someterse por las fracturas de las costillas, implicaba permanecer un buen tiempo colgado: “¡¿cómo?! ¡¿De nuevo me cuelgan?!” Ricardo tenía entonces 28 años.

Le pregunto entonces cómo es que de 3 Álamos llegó a Suecia. Me cuenta cómo son las salidas de ese lugar, de cómo cuando un compañero se iba, el resto hacia fila para despedirse: uno a uno, dándole algún objeto o prenda de vestir que le pueda servir en el camino y, a la vez, quien se va le deja a los que se quedan parte de sus pertenencias, algo así como “la herencia que deja uno para todos”. Cotizadas eran las herramientas con las cuales hacían las artesanías. Recuerda que sale desde ese lugar en un auto con tres “civiles”, y emprende camino al aeropuerto donde Interpol se encargaría de ahí en adelante de su destino. En el auto, iba un chofer, un copiloto y atrás, otro sujeto que acompañaba a Ricardo, quien de chaqueta y corbata, llevaba esposadas sus manos. El riesgo de muerte aún existía, era posible que el auto se desviara y “los Dinos” hicieran de lo suyo; con eso en mente, Ricardo pide llamar a su casa. Es el chofer el único que accede a la demanda y acepta detenerse en algún momento del largo y lento camino hacia el aeropuerto donde “iban a la vuelta de la rueda por el camino de San Pablo”. Se detienen en un servicentro al lado de una carnicería que tenía un teléfono público: sin monedas en el bolsillo, el chofer le pasa un par; Ricardo le pregunta cómo llamará pues sus manos estaban esposadas. Incómoda situación tanto para él como para las personas que lo verían en esas circunstancias, como unos niños que pasan por ahí caminando, y dan un paso atrás al ver las esposas en Ricardo: “tranquilos, yo no soy delincuente, soy preso político”, les dice. El chofer saca un chaleco y lo pone sobre las esposas para esconderlas. Ricardo entra a la carnicería y le pregunta a la señora que atendía si podía llamar, ella se pone muy nerviosa al ver esta bizarra escena con un tipo esposado, de terno, acompañado por un par de hombres de temeraria postura. “Llame no más” le dice a Ricardo, quien toma el teléfono y llama a su madre, quien gritaba por el otro lado de la línea preguntándole donde estaba. Le cuenta que va en un auto camino al aeropuerto por tal ruta con tal patente y le pide que se encuentren allá, cuelga y agradece a sus acompañantes. Al llegar al aeropuerto se encuentra con su madre, quien llega tan alterada que ni lo reconoce: “¡¡quiero saber donde está mi hijo!!”, “acá estoy mamá“, le responde Ricardo, que se encontraba sentado a un metro de distancia. Ricardo no logró estar cuando murió su madre: fue deportado nuevamente años más tarde desde el aeropuerto de Santiago cuando venía a su funeral: “no la pude enterrar“.

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Ricardo me recalca el importante rol que jugaban los profesionales de la ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) en aquella época; al llegar al aeropuerto quienes lo trasladaban le pasan sus documentos a una mujer alta, corpulenta y rubia que le doblaba la edad quien le dice “Sr. Ventura usted está en mis manos, desde ahora usted no se separa de mí”. Estando en carácter de expulsado del país, son estas personas quienes se encargan de todos los trámites previos al despegue del avión, y le explica lo que viene: “tú vas a pasar por Brasil, tú vas a hacer esto ahí, luego esto… No te preocupes que está recomendado al capitán del avión y allá te van a estar esperando”. De nervio, a Ricardo le dan ganas de ir al baño. Ella le dice que lo acompaña, que no se preocupe que no es al primero que ve. Nunca se separó de Ricardo, ya que a ella en otras ocasiones le habían “robado” gente que luego desapareció. Ese día Ricardo no era el único en esa condición, un periodista con quien se sube al mismo avión iba rezando, le temía tanto a la circunstancia como al volar. El capitán del vuelo al entrar le regaló personalmente una canasta con botellitas de alcohol y cholocolates -cuanto tiempo sin estos sabores- acompañado de un discurso en un intento de español de donde recuerda le daba la bienvenida adelantada a Suecia diciendo: “Mi país es libre“. A pesar de esto, el miedo aún existía, la incertidumbre de lo que vendría, viajando a un país desconocido, con otro idioma, con lo puesto.

Le comento sobre el miedo, le pregunto por si queda algo a lo que le teme después de todo esto. Me afirma que sin duda los miedos existen y existirán siempre, pero “que maten a alguien por tu culpa es mayor al miedo a que te maten, el miedo a que le hagan algo a tu familia (…) una de las peores torturas es cuando te preguntan por tu hija; no es lo mismo que te masacren a ti a que masacren a tu hija… no es lo mismo”. Cree que la cuestión ideológica es fundamental, en la medida en que por más injusta que sea la situación a la que los expusieron, había una convicción a la base, y era precisamente esa convicción, lo que sostenía la resistencia.

“¿Estamos?” Me pregunta. Solo una pregunta más. Yo quería insistir en lograr una línea histórica clara de la posta del lugar: “de los curas a la Dina, de la Dina a los pacos, de los pacos al Ministerio de Justicia y SENAME”. Para terminar Ricardo dice: “yo me sé todas las canciones de los pacos de cuando estábamos incomunicados ahí…Yo siempre molesto y me pongo a cantar: “duerme tranquila, niña inocente…Vamos sin miedo tras el bandido, somos del pobre el protector” Yo la escuchaba 20 veces al día…¿No la conoces tú?”.

Este texto forma parte de una serie de 4 relatos. Ve la segunda parte acá.

[1]   Listado de Médicos Torturadores: http://terrorismodeestadoenchile.blogspot.com/2013/07/listado-de-los-medicos-que-torturaron.html

* Claudia es psicóloga y candidata a Magíster en Clínica psicoanalítica con niños y jóvenes. Colaboradora del Centro de Estudios Abierto LaPala, y coordinadora de la línea de investigación sobre Infancia & Política.

Relato Corto de una Larga Prisión: “El Hombre de las Moscas”. Víctor M. Gavilan

El hombre de las moscas

Victor M. Gavilan

Llevábamos tres meses encarcelados. Todos los días llegaban oficiales del regimiento Tucapel y de la Base Aérea Maquehue a buscar detenidos y llevarlos a sus cuarteles para torturarlos. Mi amigo Sergio Robles tenía su brazo derecho lleno de llagas y quemaduras con cigarro. El Gato Contreras casi no podía moverse porque los milicos le habían fracturado una costilla en el interrogatorio, y el viejo Cata estaba sordo de tantos golpes recibidos en la cabeza.

Yo estuve sin poder hablar por semanas. Los golpes eléctricos en mi boca me inflamaron la lengua dolorosamente. Los cables carbonizaron mis molares y años más tarde todos ellos desaparecieron.

Estábamos hacinados, torturados y humillados cuando llegó la comitiva de la Cruz Roja Internacional desde Europa. Eran dos hombres y tres mujeres, todos rubios y altos. Nos juntaron en el patio. Más de mil doscientos presos políticos con un centenar de soldados armados a nuestras espaldas. El Alcaide García, teniente rechoncho de gendarmería, con una gorra más grande que su cabeza y la chaqueta abrochada con mucho esfuerzo nos dijo con una sonrisa burlona que sin temor le informáramos a la Cruz Roja cuáles eran los problemas que pudiésemos tener en el penal. Hubo un largo silencio, hasta que Joaquín Silva, atemorizado y destruido mentalmente hasta el borde de la locura, levantó un dedo medio temblando-

  • Gracias señores internacionales – dijo Silva, haciendo un movimiento extraño con su cabeza como señalando los cuatro puntos cardinales, cerró un ojo, cambió su voz con una carraspera de nerviosismo y prosiguió – como decía señores…son las moscas…las moscas nos van a matar, y ese es el problema más grave en este edificio…en este lugar. ¿Sería posible que ustedes pudieran hacer algo? ¡Mire, usted! Si andan por todos lados y no dejan comer tranquilo. Hay muchas moscas. Muchas gracias por venir – , concluyó haciendo un esbozo de venia.

Una leve y dolorosa sonrisa colectiva de incertidumbre y dolor recorrió a los presos y muchos bajamos la cabeza para esconder las lágrimas.

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12.8.08

VÍCTOR MANUEL GAVILÁN PINTO, EX PRESO POLÍTICO DE LA DICTADURA ACUSA: “ALFONSO PODLECH MERECE SER CONDENADO”

Tortura en Chile (imagen de Libro La Represión Política en Chile de María Eugenia Rojas)

Alfonso Podlech Michaud merece ser condenado
Quien escribe estas notas es un ex preso político de la dictadura militar. Fui condenado a 20 años de prisión en un Consejo de Guerra en marzo de 1974 en la ciudad de Temuco, y cuyo fiscal era el Sr. Alfonso Podlech Michaud. Por aquella época la juventud chilena y los sectores populares de nuestro pueblo estábamos envueltos en la tarea de provocar profundos cambios en nuestra sociedad. Ese proceso de cambios que lideraba el Dr. Salvador Allende Gossen, como presidente constitucional de Chile, fue sangrientamente abortado por la Dictadura del General Pinochet, y en la ciudad de Temuco el Sr. Alfonso Podlech desde la simple categoría de Abogado local, de la noche a la mañana se trasformó en el fiscal más sangriento y represor de la juventud de la provincial de Cautín, de los partidos de la izquierda chilena, del pueblo mapuche y de los cristianos comprometidos con el proceso de cambios de aquella época.

Al Abogado Podlech le conocí por los años 1969 en su oficina de asuntos legales, no tenia más de 38 años de edad y yo 24 años, cuando cursando el cuarto año en la Escuela de Servicio Social en la Sede de la Universidad de Chile, desarrollé mi práctica como Asistente Social en la Penitenciaria de Temuco, y precisamente logré trabajar por seis meses con el abogado Podlech, quien firmaba mis informes sociales para obtener la libertad de muchos mapuches y pueblo pobre detenidos en la penitenciaria por abigeato , robo de gallinas y productos de hortaliza. Simplemente alegábamos ante los tribunales y probábamos la “extrema necesidad como causa del hurto” para conseguir la libertad de muchos ciudadanos pobres encarcelados en la penitenciaria de Temuco. Esta loable labor no duro más de 6 meses y nunca más logre ver al abogado Podlech.

Sin embargo dos años más tarde, yo trabajaba como Asistente Social en la Sede Universitaria de los Ángeles, y volví a Temuco a principios de 1973 para dedicarme a tiempo completo en la actividad política, pues creía que el camino elegido por el presidente Allende, más la acción social y política de los distintos sectores políticos y populares de nuestro pueblo desencadenarían en una nueva sociedad para Chile. Hoy entiendo que eso no fue más que un gran sueño.

Fui detenido en Temuco en diciembre de 1973, pero fui informado de la designación de Alfonso Podlech como fiscal militar. Los tres primeros meses de su actuación logró encarcelar a más de 1.500 militantes de la izquierda Chilena en la provincia de Cautín. Fusiló a los militantes: Daniel Mateluna, Alberto Molina, Juan Antonio Chávez, Ambrosio Badilla, Arturo Hiller, Hernán Enríquez, Sergio Lobos, Pedro Ríos Castillo, Omar Venturelli Leonelli. También hizo desaparecer a Samuel Catalán Lincoleo, Elías Catalán Pailla, Pedro Millalen, Egidio Ponce, Luis Almonacid, y Rubén Morales, entre otros.

Yo fui detenido en la provincia de Arauco y trasladado al Regimiento de Angol y desde allí trasladado a Temuco por el 22 de diciembre de 1973. En Temuco fui recibido por Nelson Ubilla, jefe del Servicio de Inteligencia Militar y precisamente por Alfonso Podlech quien sorprendido por mi militancia política, me dijo que ya tenían todo muy claro, pero que lo pasaría muy mal. El abogado Podlech ya no era el mismo que había conocido en 1969. Al ser designado fiscal militar se había trasformado en un chacal a tiempo completo. Un tío por el lado de mi esposa era el ayudante de SIM en Temuco y por tanto trabajaba con Nelson Ubilla. Gracias a ese tío Pedro Quilodrán (q.e.p.d) seguí viviendo, para contar estas historias. Alfonso Podlech probablemente debe estar involucrado en el plan Colombo que asesinaron a una buena cantidad de militantes de la izquierda de Temuco como son el caso de: Néstor Gallardo, Muriel Dockendorf Navarrete, Marcelo Salinas, Jacqueline Droully, y muchos otros más.

El Sr. Alfonso Podlech como fiscal militar en Temuco, condenó a más de 200 jóvenes, cuyas edades iban entre los 17 y 30 años a vivir el exilio, bajo la pena de extrañamiento, entre los cuales me incluyo. He vivido más de 30 años en Canadá y más del 50% de esa juventud debió buscar en Europa su segunda patria.
El Sr. Podlech ha cometido crímenes de lesa humanidad, crímenes que agravian la esencia del ser humano, crímenes que han afectado la dignidad como persona. Existen en su contra desapariciones forzadas, asesinatos, fusilamientos y torturas.
Por el solo hecho de pensar diferente un grupo de jóvenes del MIR, y de la Unidad Popular sufrimos una prisión injusta y arbitraria, torturados y vejados humillantemente. El único responsable directo es el Sr. Alfonso Podlech Michaud, toda vez que fue él quien dictó las sentencias que iban desde la pena de muerte a cinco años y un día de prisión.

Hoy estamos a 18 años del fin de la dictadura y de la transición a la democracia en Chile y nunca podrá ser tarde para el país y el mundo, enterarse de tanta felonía, maldad y odio contra quienes pensaban diferente en Chile en 1973. El Sr. Alfonso Podlech deberá ser llevado a la justicia, en cumplimiento de los pactos internacionales suscritos por Chile en materia de derechos humanos. El Sr. Podlech llevó a la práctica durante cinco años la política de abuso estatal y de reiteradas violaciones a los derechos humanos, bajo el régimen de dictadura militar del general Augusto Pinochet.

Desde el norte del continente aplaudo los requerimientos del tribunal español que detuvo en Madrid al Sr. Podlech y al mismo tiempo solicito el apoyo al presidente de Italia, Su excelencia Sr. Giorgio Napolitano, para llevar al Sr., Alfonso Podlech a Tribunales Italianos por el asesinato del Sacerdote Chileno-Italiano Sr. Omar Venturelli Leonelli, y la desaparición forzada y los fusilamientos y torturas contra simples ciudadanos chilenos, entre los meses de Septiembre y noviembre de 1973 en la ciudad de Temuco. Chile.

Víctor Manuel Gavilán Pinto
Asistente Social y Educador de Adultos
Director Ejecutivo The Spanish School of Calgary-Canada

vgavilan@shaw.ca

Publicadas por a la/s 9:49 p.m.  

 
Cuando yo entré al Partido
-y que quede registrado que en aquellos años
al Partido no entraba cualquiera
ni era llegar y entrar-
me dijeron:
¡La revolución necesita cuadros!


De mi primer punto

en la acera oriente de calle Portugal
entre Avenida Matta y Victoria
con el diario “La Tercera” del día anterior en la mano derecha
llegué a casa corriendo
tomé un cuadro que mi madre tenía en la pared del salón
y se lo llevé al encargado 
de mi unidad miliciana

Muchos años han pasado

Casi tantos
como agua bajo los puentes 
y si me miro al espejo
lejos de ser un cuadro
sigo siendo
más bien
un círculo

El lunes

sin falta
me pongo a dieta

Canción de la Esperanza…Y DE PRONTO COMO SI NADA

viernes, 4 de octubre de 2013
Y DE PRONTO COMO SI NADA
Mauricio Feller

Y de pronto
como si nada
viene la esperanza
nos asalta
nos registra los bolsillos
nos roba todo lo que llevamos
y nos devuelve
todo lo que no llevamos

Ortiga rápidamente se hizo muy popular entre la resistencia a la dictadura que acudía esos recitales en un acto de catarsis colectiva. Junto con Illapu y Aquelarre fueron los más seguidos en la primera etapa del Canto Nuevo, la más dura vivida por ese movimiento, entre 1975 y 1980.

La formación académica de todos sus miembros, excepto García, se hizo notar de inmediato. Si Aquelarre aportó temas emblemáticos como “Valparaíso” y “El cautivo de Til Til”, Ortiga es recordado por sus complejas creaciones y bellas recreaciones de canciones del folclor latinoamericano. Esa profundidad estilística no obstaculizó, sin embargo, que algunas de aquellas formen parte del compendio más recordado del Canto Nuevo.

Entre ellas están las instrumentales “Tic tac” y “Semilla”, el joropo venezolano “Juan José” y “Tu cantar”, todas incluidas en su primer álbum, Ortiga (1976), grabado por el sello Alerce. La empatía entre el público y esos temas contó con la valiosa ayuda del programa “Nuestro canto”, lanzado al aire diariamente por Radio Chilena entre 1976 y 1980. Su conductor Miguel Davagnino difundía los temas más populares, entrevistaba a los artistas del Canto Nuevo y anunciaba oportunamente los recitales.

El prestigio del grupo influyó también en que fuera seleccionado para ayudar a componer y a interpretar en 1978 la Cantata de los Derechos Humanos.

Formación: Santiago, 1974.

Disolución: En actividad

Género: Fusión latinoamericana / Canto Nuevo

Integrantes:
Marcelo Velis (1974 – •).
Daniel Valladares (1974 – •).
Juan Carlos García (1974 – 1980).
Juan Valladares (1974 – 1980).
Mauricio Mena (1974 – 1980).
Carlos Mora (1975 – 1980).
Manuel Torres (1975 – 1990).
Arturo Arancibia (1975 – 1976).
Rodrigo Tobar (1981 – 1987).
Gonzalo Zambra (1982 – 1984).
Antonio Vásquez (1982 – 1984).
Freddy Herrera (1982 – 1984).
Cristian Goza (1985 – •).
Carlos Basilio (1985 – 1988).
Sergio Terán (1987 – 1989).
Rodrigo Fernández (1993 – •).

(musicapopular.cl)

Imágenes del pintor Mais Mkhitaryan, artista armenio.
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Pichangas de barrio: dedicado a los compañeros de cárcel de mi padre

Pichangas de barrio: dedicado a los compañeros de cárcel de mi padre

 

 

Pichanga de barrio

Una fría noche de invierno una veintena de agentes de la Policía de Investigaciones allanaron la casona en la que vivíamos con mi familia. Estaba por cumplir 11 años cuando se llevaron a mi padre y resfriado en mi cama nada pude hacer. Al día siguiente me costó calzarme los chuteadores y salir a jugar por un club que ya no recuerdo. Mis amigos me alentaban mientras un frío duro congelaba mis movimientos. Solo pensaba en mi padre. Me dolían los pies, las manos, el alma. Ganamos por tres a dos. Me invitaron a celebrar con unas cazuelas de campo que las familias de ese club de barrio habían preparado. Tomé mis cosas y las guardé en un bolso de vinilo que portaba con mucho orgullo. Luego fui a la casa y mi madre me regañó porque llegaba tarde para ir a visitar a mi padre a la Cárcel Pública de Curicó. Después de semanas de incertidumbre y de un calvario que incluyó el viejo y siniestro cuartel de Investigaciones de calle Rodríguez, el Picadero del Regimiento de Telecomunicaciones, mi padre fue ingresado a la cárcel. Para los presos políticos de esos años iniciales de dictadura llegar a la cárcel era un oasis en medio del infierno.

Es un domingo, día de visita para los presos comunes y políticos. Absurdas y brutales formas de castigar los hermanaba en el dolor. Llegué tarde al ritual de prepararse para visitar a mi padre; tuve que realizarlo solo. Recuerdo que en un bolso puse gubias y formones, que mi padre había solicitado, un intelectual que aprendió a tallar la madera y de ella sacar esculturas y juguetes. Como sabía que mi querido viejo era un gran lector seleccioné de su biblioteca libros y algunos ejemplares del Clarín e inconsciente los metí en un bolso junto a las herramientas. El Clarín llamaba mi atención de niño marcado por la intensa agitación de Chile. Estudiaba en un colegio de curas maristas, opositores a la Unidad Popular. Para ilustrar un trabajo llevé el Clarín y un condiscípulo comentó en voz alta “Gladys Marín la puta del Clarín” Me dolió esa anunciación del odio que dio el vamos a la “Orden de Matanza”. Esa frase expelía un odio de clases.

Es una tarde de invierno de 1974, los árboles de la vieja Alameda cuyas hojas se han ido volando como los sueños de una generación, se alzan recortando su silueta contra la Iglesia de San Francisco. En esa polvorienta avenida una veintena de cabros chicos jugábamos una pichanga de barrio. Caía la tarde desangrándose en lenta agonía y con furor le dábamos a una pelota de cuero engrasada. Todos nos sentíamos Beckenbauer, Cruyff, Ahumada. El mundo estaba en Alemania pero volvía los ojos horrorizados a Chile. En TVN sonaba la suite “Karelia” de Sibelius. Los torturadores aplicaban la picana eléctrica mientras en blanco y negro miraban el fútbol. Nosotros, niños de Allende, con padres y amigos detenidos, celebrábamos los goles y la picana eléctrica no paraba. ¡No paraba! Ponían a todo volumen el intermezzo de Karelia para acallar los gritos de dolor y espanto. Las multitudes gritaban los goles y los patriotas gritaban de dolor.

Urgido por atrasarme para la visita partí caminando junto a Roberto, mi hermano. Caminamos conversando, soñando, a ratos en silencio por el maicillo del parque hasta llegar a la lúgubre cárcel pública. Una larga fila entreveraba las familias de los presos comunes con las familias de los presos políticos. Al llegar nuestro turno para entrar, un gendarme, un apéndice de la dictadura, nos allanó la encomienda que llevábamos. Cuando encontró las gubias y formones comenzó con ironías “Para qué le traen estas herramientas a su padre, si no sabe usarlas”. Estoicos escuchamos sus insultos. Al ver los ejemplares de Clarín enfurecido nos gritó “¡Cómo se atreven a traer esta mierda subversiva!” y los requisó. Años después regresé como abogado a mi ciudad natal para trabajar en la Vicaría de la Solidaridad y elCodepuCatorce años después volví a la cárcel pública a defender a los PP. Encontré al gendarme que a mis once años de edad me humillaba cuando visitaba a mi padre, y me saludó servil: “Ahora que usted es abogado se vengará”. Recordé un poema del comandante sandinista Tomás Borge, y parodié sus palabras: “Mi venganza personal será mostrarte la bondad que hay en los ojos de mi pueblo”.

Por Rodrigo de los Reyes Recabarren

El Ciudadano Nº146 / Clarín Nº6.923

Fuente fotografía

“El día de sus muertes celebramos sus vidas”

Comité DDHH La Mano      
Escrito por AFEP   
Lunes, 26 de Agosto de 2013 01:19

El comité de derechos humanos La Mano, de Valdivia rindio homenaje a 29 años del  crimen de los siete compañeros del MIR, en la cual fui invitada a nombre de la AFEP a  una ponencia y culminado con una Romería, con la participación de los familiares, Patricia Zalaquett, esposa de Nelson Adrián Herrera Rivero y su hija  Javiera Herrera, Manuel Barrientos, hermano de Raúl Jaime Barrientos Matamala Carmen Hernández esposa de Rogelio Humberto Tapia de la Puente y a través de SKYPE el testimonio de Inés Díaz, esposa del compañero Juan José Boncompte Andreu. 

Operación Albania del Sur: la espera por justicia de los familiares de las víctimas

Entre el 23 y 24 de agosto de 1984 siete miristas murieron en las ciudades de Concepción, Valdivia y Los Ángeles en falsos enfrentamientos. La operación conocida como Alfa Carbón sólo ha tenido dos responsables ante la justicia: Álvaro Corbalán y Marcos Derpich. Sin embargo, las familias de los hombres asesinados esperan que se amplíe el procesamiento a otros 13 ex agentes de la CNI. Hoy, sus familias y amigos los recuerdan en el sur.  

Acciones  

En el sector de la Vega Monumental de Concepción, en un monolito levantado para recordar a los siete integrantes del MIR asesinados hace ya 29 años, hoy estará Tamara Lagos, que a pesar de sentir que aún no se ha hecho justicia con la muerte de su padre, no conmemorará la tristeza. “Son días de recuerdo, pero sobre todo de encuentro, de risas y mucho cariño. El día de sus muertes celebramos sus vidas”, dice Tamara, hija de Mario Lagos Rodríguez, uno de los muertos en la operación. 

El nombre de Mario se suma al de Luciano Humberto Aedo Arias (30 años); Nelson Adrián Herrera Riveros (31), asesinado frente a la Vega Monumental ante numerosos testigos junto a Mario Lagos. Mario Ernesto Mujica Barros (32) fue  ejecutado en su domicilio, en Los Ángeles. Rogelio Humberto Tapia de la Puente (31) y Raúl Jaime Barrientos Matamala (24), fueron asesinados en un “enfrentamiento”, en Valdivia; lo mismo que Juan José Boncompte Andreu (31), asesinado en su domicilio, también en Valdivia. 

Todos ellos fueron asesinados entre el 23 y 24 de agosto de 1984 en las ciudades de Concepción, Valdivia y Los Ángeles. Los crímenes fueron cometidos en el marco de la operación Alfa Carbón, que también ha sido conocida como Albania del Sur, en alusión a la matanza de Corpus Christi, en la que en junio de 1987 la CNI asesinó a doce integrantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. 

“Por mucho tiempo este caso no se movió porque estaba en la justicia militar y quienes declaraban lo hacían con nombres falsos y en 1998 fue casi sobreseído porque el Fiscal Militar dijo que era casi imposible dar con las identidades”, dice Javiera Herrera, hija de Nelson Herrera.  

Ahora esperan que la justicia se pronuncie sobre la ampliación del procesamiento por “asociación ilícita” a 13 ex agentes de la CNI involucrados en la ejecución de los siete integrantes del MIR; un proceso en el que hasta ahora se encausó a sólo dos de los acusados, el 20 de junio de 2012: Álvaro Corbalán y Marcos Derpich.  

por Alejandra Carmona