Memoria: Del dolor a las enseñanzas. Agonía, muerte, velatorio y sepultación de Gladys Marín

Funeral de Gladys
Funeral de Gladys (Photo credit: Tomas Hirsch)
Funeral de Gladys
Funeral de Gladys (Photo credit: Tomas Hirsch)
Funeral de Gladys
Funeral de Gladys (Photo credit: Tomas Hirsch)
Del dolor a las enseñanzas

Con especial dedicación a esa joven mujer fallecida un día de marzo, hace ocho años: mi hija Katia América

Hay una manida frase repetida por estas horas, en esta muerte tan anunciada y que no por eso dejo de remecer a este país. Ha sido demasiado reiterada: “él pese a las diferencias…reconozco”. Las palabras también se gastan y por eso hoy la ignoraremos. Porque hay demasiadas lecciones, reflexiones e impresiones en estas horas, como para detenerse en lo pequeño y no resaltar lo que unifica y permite avanzar a un Chile, que todavía tiene grandes pendientes en el camino por construir una democracia entera, redonda, sin tutelas de ninguna naturaleza y con una ciudadanía activa y completa.

Todo cuanto ha rodeado la agonía, muerte, velatorio y sepultación de Gladys Marín, trasciende lo anecdótico y puede servir para más allá de los extendidos sentimientos de pesar, extraer lo que parece esconderse tras los acontecimientos, declaraciones y gestos que con profusión hemos acumulado en estos últimos días.

Una agenda informativa impuesta desde la calle

Las distancias a veces importan. La intermediación de las miradas construye y reconstruye los acontecimientos. Los medios-todos- nos van entregando las miradas de sus reporteros, pero sobretodo –y como no- la de sus intereses editoriales y de empresa. Desde las primeras horas de la madrugada del domingo 5 de marzo al conocerse el deceso de Gladys Marín, comenzaron a sucederse los acontecimientos. Primero la normalidad de la programación que estaba agendada para ese fin de semana (desde estelares de la farándula, a todos los preparativos de la clásica guerrilla anual de las teleseries o culebrones), ello con algunas pequeñas interrupciones durante el transcurso de la tarde. Un punto de inflexión- por arriba, desde lo oficial- fue el anuncio del duelo oficial y que el propio presidente concurriese al salón de honor del ex Congreso. El lunes 6 se acentuó la cobertura desde el velatorio, con especiales de prensa o reportajes en la mayoría de los medios de todos los colores. Por mas distancia, la muerte de la líder comunista se filtro desde abajo, como avalancha. El martes 8 ya era indudable que la muerte de Gladys Marín no se podía tapar con un dedo.¿Qué había sucedido? ¿Qué primeras reflexiones surgen en caliente y cuanto todavía las imágenes y vivencias están cercanas y estamos aún estamos procesando todo lo vivido?

Por abajo, una ciudadanía que no pidió permiso, que sé auto convoca a veces, que corre la voz de casa en casa y de pega en pega, mientras miles de teléfonos y celulares sonaron y las redes se fueron tejiendo, se fueron constituyendo pequeños grupos. Se corrió la voz y en muchos casos con esfuerzo en el presupuesto de locomoción, distrayendo trabajo, se idearon las monedas del transporte y los claveles rojos, cintillos y banderas. Si una característica hay que subrayar, fue que mucha gente modesta y trabajadora fue la protagonista de estos acontecimientos y los cientos de miles del cantar del uruguayo Viglieti * fueron al ex Congreso y desfilaron en el sepelio, con la convicción del que asiste a un hecho histórico, que luego relatara a sus vecinos y familiares. Con creces todo excedió los militantes, sin desconocer que “el Partido” como dice un amigo, estuvo tensado al máximo. Todo esto trascendió la orgánica e indica que mucha gente reconocía a Gladys Marín más allá de los li mites de sus opciones políticas-ideológicas. Estaban en juego otros elementos que tocaron fuerte en cientos de miles, comenzando por el propio Ricardo Lagos emocionado cantando la Internacional a coro.

Quedaba en evidencia que las cientos de miles de personas en el velatorio habían obligado a alterar las pautas noticiosas. Que los editores se habían sorprendido. Y que junto con no detenerse esas multitudes-medio millón y hasta 800.000 personas según algunos- se multiplicarían en el funeral del martes 8 de marzo. El resultado tenistico Rusia-Chile y la guerra de las teleseries no pudieron ignorar un país que se conmocionaba. Hasta estas horas no hay cifras, ya vendrán, porque sabemos existen y aunque no se digan, todos los que estuvimos si testificamos que esa masividad fue extraña a estos tiempos. Todo estos sucesos fueron instalando significantes en muy diversas direcciones.

Emerge un pueblo que sale a las calles

Hay un concepto y palabra que no está de moda. Ha tenido reemplazos que parecen significar otra cosa o que buscan acercarse, pero no son lo mismo. Esa es pueblo, todos, los más, la heterogeneidad de los que no cortan el queque y marcharon desde las salitreras hasta los 60 con Frei y el FRAP, se dividieron con Tomic y Allende y luego fueron desarticulados y se volvieron a juntar como sujeto poco a poco hasta ser de nuevo miles. Ser pueblo, podría definirse desde la corporalidad y el tacto, es sentirse apretujado por otra-otro ser humano que no conozco y sentir por piel y química, que anhelamos cosas similares, que no podemos estar conforme con este planeta-mundo y país tal como esta. La definición es estar codo a codo con miles de personas compartiendo sensaciones. Parece que esta palabrota, reaparece en ocasiones especiales, como por ejemplo en las despedidas de aquellos que calaron hondo y se les reconoce eso, incluso por moros y cristianos. Manuel Bustos, Andrés Pérez, el “Gato” Alquinta, el cura Silva Henríquez, Allende por supuesto. Seguramente hay otros, pero ellos son representativos. El pasado año con la multitudinaria marcha del Foro Social y en rechazo de Busch, el mundo político se sorprendió de la emergencia de ese actor- en lenguaje de hoy-, de su diversidad y disciplina.

Esta vez muchos se movilizaron desde sus partidos o instituciones, pero también desde arrancarse del trabajo o la clase, porque era difícil perdérsela. Y eso fue, a nuestro entender lo más significativo de estos días intensos y simbólicos. Cientos de miles de santiaguinos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, pobres y acomodados, de ferias persas y sindicatos, de terno y corbata o tenida artesa, venidos de muchas regiones convergieron en este adiós. Y en los próximos días, semanas y quizás meses seguramente tendrá replica en muchos lugares y la Gladys Marín será una excusa para juntarse y pensar que algo cambio después de todo lo vivido. Es un nuevo paso, aumenta lo del Foro y quizás prepara fenómenos que a veces son imperceptibles para los más avezados analistas.

Algunos mezquinamente querrán leer y sacar cuentas rápidas y estrechas en todas las direcciones. Hay que reconocer que la actitud de la dirección del PC y la familia, facilito la expresión diversa y multitudinaria, eso más allá de la fuerte y consistente presencia de una militancia comunista remecida en lo más hondo de sus sensibilidades. Pero los de Abajo con sus bombos y lienzos de estadio; las orgánicas gay y lesbica con sus banderas y diseños; las banderas chilenas, con el rostro de Gladys, de la izquierda cristiana, rojas-negras del mirismo, del Consejo de Todas las Tierras, socialistas, cubanas, y por cierto rojas con la hoz y el martillo fueron una mezcla heterogénea no vista desde los tiempos de la dictadura y los actos más representativos y masivos de esa época. ¿Sería posible pensar en una unidad de esa extensión y más? ¿ Con que programa y acuerdos? ¿Deponiendo que desenfrenados egos? ¿Sino en las presidenciales, en las parlamentarias? ¿Que reconstruya mayorías contundentes que alejen ese fantasma de la derecha retornando por las urnas? ¿O todo es circunstancial y como en la noche de San Juan, también viene el retorno de cada uno a su lugar?

La Gladys y esas características singulares

No quisiéramos repetir lo que hemos escuchado hasta el cansancio y que tan ampliamente hoy declaran desde sus camaradas a miembros de la Fundación Pinochet como el general Cortes Villa: la consecuencia, el coraje, la porfía de esta profesora normalista llegada de la provincia, que se convirtió primero en dirigenta gremial, parlamentaria, líder política, jefa clandestina, familiar de detenido-desaparecido, querellante contra Pinochet, caso de experimentación de nuevas terapias anticancerígenos, madre enferma con más tiempo para su núcleo intimo, escritora de sus memorias etc. etc. Querida y criticada, venerada y temida en las disputas internas, pero que en todo ello construyo estilos y ribetes que ningún político puede obviar por estos días.

¿Qué hacía distinta a Gladis Marín? 

En tiempos de placidez y relativismo, la pasión, él jugársela, la porfía. La estrecha relación entre sus condiciones de vida cotidianas y su vocación pública. Aquí no hay cuentas Rigss ni cajas chicas, ni ostentación de ninguna naturaleza. Entender la cosa pública asociada a la calle, a ponerse a la cabeza, a estar donde las personas y sus temas la requiriesen. A no esconder su identidad militante tras recetas del marketing o el acomodo de una coyuntura. Y culminar todo eso con la entereza de pelearle a esa enfermedad terminal y luego resguardar la dignidad de la muerte que la corroía internamente. ¿Será demasiado para tiempos de tanto pragmatismo, personalismo y rasquería de éticas?

¿Cómo leerá cada candidata y candidato los atributos que se reconocieron en esta dirigenta? Llama la atención la presencia multitudinaria de jóvenes, seguramente muchos no inscritos. De nuevo hay que preguntarse ¿Cómo sé reencantarán? ¿ Cómo podrán apasionarse a querer ser ciudadanos de un país que requiere que la política sea de servicio público efectivo? ¿ Cómo esperar que den el paso de inscribirse electoralmente, en un parlamento que no quiere discutir lo de legalizar o no la marihuana, la anticoncepción y la efectiva prevención del sida y donde aún se mantienen reglamentos en liceos que reprimen los teñidos del pelo o las pinzas y los aros, mientras se desatienden aspectos más sustantivos?

La Gladys Marín obviamente no fue perfecta. Los que la conocimos en los años del 70, supimos de fuertes encontrones y disputas. Otros desde el éxodo del PC tendrán páginas críticas. Pero ni lo uno, ni lo otro le resta los meritos descritos.

¿Qué tiene que ver esta mujer que reconocía la internación de armas por Carrizal, frente a la cobardía de los que se van al Hospital Militar, tienen alzas de presión en sus casas, desde sus altos cargos estaban en burbujas o se declaran dementes, mientras mueven miles de dólares de un banco a otro?

Seguramente cometió muchos errores en tan dilatada trayectoria, pero en la suma y el balance de lo que se reconoce, lejos lo principal fue la coherencia de optar por los más, por el tiempo para otros, por estar en la primera fila. Por ello, las imágenes zamarreada por carabineros o mojada por el “guanaco” conmovían al ver ayer en el cortejo a tanto policía circunspecto y observante ante multitudes de gente, pueblo o como se llame en las calles.

Si el cielo existe, apostamos que a estas horas, más de algún encuentro ya tuvo con los curas Hurtado y Alvear; el Che y Silva Henríquez; Miguel y Allende; Bernardo Leigthon y la humanista Laura Rodríguez. Y por supuesto su compañero vuelto fantasma y transformado en fotografía de solapa. Al fin la tarea de todos ellos por aquí fue casi la misma.

El dolor y los renunciamientos

Con la Gladys nos sucedió lo mismo que con la Sola Sierra hace años. Rabia de que no pudiera tener verdad, aunque empezó la justicia.

La temprana desaparición de Jorge Muñoz, esposo-compañero y padre de sus hijos, seguramente constituyo una herida que Gladys Marín mascullo entre dientes. Nunca tuvo indicios, ni un lugar, ni un rastro de esos queridos restos. ¿Quiénes lo saben, quienes se traspasaron ese detenido vendado, torturado y luego engrosando la categoría más siniestra creada por las dictaduras: ser un detenido desaparecido? El recuerdo en fotos y vivencias seguramente se fue desgastando en más de 28 años de búsqueda. Desconozco si alcanzo a enterarse estando consciente, de la detención de Contreras y su banda por los secuestrados de la calle Conferencia. Pero, ni las mesas de diálogos, ni las “supuestas” cooperaciones le entregaron nunca en vida, esa claridad que permitiera completar esa memoria. Esa deuda estuvo presente ayer en esa marcha eterna. Y esa presencia multitudinaria fue un acto reparatorio para ella y muchos familiares. ¿Cuántos otros esposas, madres y padres morirán sin saber del destino final de los suyos?

También hubo reivindicación de esas páginas aún semi-secretas y no del todo asumidas de la memoria reciente. Gladys Marín fue el retorno clandestino, la vida en la clandestinidad, los peligros, y el jugarse la vida y la libertad en la ruleta del azar del soplonaje y el chequeo de los aparatos represivos del régimen pinochetista. Ciertamente todo eso, la marco en su vida “normal”. La lejanía de sus hijos, él reencontrarlos después de años y ser dificultoso ese proceso, fue otro agregado a constituir esa resilencia que la acompañaría más de la mitad de su vida y que quizás posibilito ese tumor que acorto su reloj de tareas aún pendientes.

Con Gladys Marín también se homenajeo esos años de resistencia, duros y exigentes, del cual muchos ya no volverán jamás. Pareciera de repente que esas historias de vida, esas rutinas de riesgo del retorno y permanencia clandestina, esas separaciones de hijos, fueran de estelar del Informe Especial para septiembre o para testimonios y recuerdos privados entre quienes lo vivieron. Obviando que cientos de miles de chilenos y chilenas de diversa forma, hicieron de esa vida la cotianeidad de muchos años, soportando muertes consecutivas y sin despedidas. Sin ningún reconocimiento de esos actos de desprendimiento, que sin duda contribuyeron a reducir los tiempos de esa dictadura que se eternizaba.

Unas jornadas de mezclas y superposiciones

Por eso, en sus funerales se mezclaron tantas cosas, como en la noche de San Juan cantada por Serrat. Figuras del mundo de la política y el arte, la creación y las diversas militancias y sensibilidades expresadas con y sin banderas. Unidas con el pueblo unido, la internacional, él vuelvo del Illapu o la canción nacional democrática. Por eso, bien los reconocimientos a esos abogados y abogadas de derechos humanos. Por eso, bien por Gabriel Ascencio que tempranamente expreso sus sentimientos desde Chiloé. Por eso, nos sorprendió ver miembros de las fuerzas armadas escuchando a grupos callejeros cantando el Vuelvo. Por eso, no podíamos aceptar como natural que tanta gente se retirara por las calles adyacentes con banderas y signos que en otros tiempos les hubiese significado la detención o la muerte. Por eso, los de abajo lanzaron esas hermosas bengalas frente al monumento Allende. Por eso, el gesto del presidente Lagos de decretar duelo nacional y ver en la Escuela Militar y l a Esmeralda la bandera a media asta, no podía dejar indiferente. Por eso, fue significativo que fueran Michelle Bachelet y Soledad Alvear ampliando desde ya el espectro de apoyos, ante una derecha que no se medirá en gastos y maniobras. Por eso, pese a los detalles de intrasigencia o falta de criterio de carabineros, no hubo incidentes. Por eso, pudieron ingresar al velatorio, representantes de orgánicas de la derecha. Por eso, se movilizaron en buses miles de personas desde distintos lugares de Chile. Por eso, la guardia de honor conjunta de Pavez, Moulian, Hirsh, Jacques y García debiera ser señal de unidad en los procedimientos para dirimir quién será finalmente el abanderado. Por eso, este 8 de marzo se vio más dignificado. Por eso, las precandidatas concertacionistas y los precandidatos del Juntos Podemos presentes, quizás deban sacar lecciones, cuando todavía están enredados en mecanismos de primarias y fechas, que configuran retrasos y señales de mezquindades, en medi o de cruciales y tensas definiciones. Porque, sería muy torpe desoír las lecciones de estos días para todo ese arco de precandidaturas, que con diversas visiones animaran este año. ¿Será un mandato “el pueblo unido jamás será vencido”, coreado tantas veces durante la marcha-despedida?

¿Expresiones de sentimiento, buena crianza o cinismo?

Quisiéramos concordar que todos quienes expresaron sentimientos de pesar, por más que remarcaran sus diferencias, lo hicieron honestamente. Incluso quienes la denostaron, persiguieron y quizás estuvieron cercanos o involucrados en su persecución y hasta la planificación de su muerte. Algo, en alguna parte los removió ante esta pérdida. Pero, no obviemos repetir que no es posible, aceptable, ni nos prestigia como país que organizaciones políticas como el PC u otras no tengan la representación política que les corresponda. Pasado el velatorio, funerales y crematorio de sus restos ¿ Qué iniciativas concretas se originaran para no segregar chilenos de una democracia aún por alcanzar en plenitud?

No le creo a Lavín, pero sería interesante conocer su opinión sobre este sistema electoral perverso, que dejó en el Senado a Sergio Fernández y no permitió a Gladys Marín y a muchos tener un sillón en el parlamento. Parece, que también por esto hay jóvenes que no pescan inscribirse. Y otros votan nulo o en blanco.

La campaña y la vida siguen

El PC tendrá que reordenarse sin su líder más carismática. La familia Muñoz Marín y Marín Millie curara dolores y ausencia, desde tanta fraternidad manifiesta. Los miles que estuvieron en estas jornadas y los que no pudieron estar buscaran exigir esas cualidades a sus lideres comunales, distritales y nacionales. Es posible que más de algún puente quede tendido para reconstruir en la presidencial o las parlamentarias uniones de este pueblo que desbordo bloques y orgánicas.

El próximo 11 de septiembre en algún lugar del Cementerio General habrá un nuevo sitio de peregrinaje. La búsqueda de verdad y justicia proseguirá con cómplices y ahora con torturadores. Esas delegaciones asistentes y las decenas de países y organizaciones que se condolieron tendrán otra visión del Chile que parecía apático y domesticado en el concierto de América Latina. Algo parece que está cambiando, hay que aguzar el oído.

Compañera Gladys Marín hasta siempre. 

Ignacio Vidaurrázaga Manríquez es periodista 

*http://www.cancioneros.com/nc/5712/0/por-todo-chile-daniel-viglietti

http://www.dailymotion.com/video/x1iyf6_funeral-gladys-marin-marzo-200

Salazar en Villa Grimaldi.“la historia se enseña, la memoria se comparte…”.

Villa Grimaldi, el martirio silencioso de las vendas

por 24, OCTUBRE, 2013

En el texto que presentamos el profesor Salazar asumió las funciones de supervisor general de un proyecto de investigación de un equipo de trabajo y fue redactor del texto final.

El libro sintetiza, en sus últimos capítulos, la experiencia colectiva vivida en “Villa Grimaldi”, entre 1974 y 1978, lo que implica penosos recuerdos, pero lo más importante es su reflexión; mantiene un destacado nivel de objetividad por tratarse de un proyecto académico, centralizado en el material testimonial, tanto de los detenidos como de los militares victimarios. También advertimos en la redacción su estilo propio, en que surge la vena literaria del redactor, concediendo a la armonía del texto un matiz muy especial. Se destaca la enjundia de su verbo en todos los episodios comentados y el recuerdo amistoso de los personajes más débiles que nos describe.

Me permito transcribir frases muy impactantes, en el párrafo relativo a la venda colocada sobre los ojos de los prisioneros en los recintos clandestinos de reclusión y tortura:” La venda que te enceguecía de frente y hacia arriba. Que te ocultaba a ratos los rostros de los victimarios. Pero que, en cambio, te volcaba hacia adentro. Hacia atrás. Hacia las más profundas fibras de ti mismo. Hasta la sensación temblorosa pero viva de tu ser… Detrás de la venda, rotunda y definitivamente, estábamos nosotros…”

Me  conmovió de tal manera el tono y la profundidad de la idea expuesta que no pude menos que recordar aquellos párrafos de antología, escritos sobre las heridas con que Manuel Rojas refiere en Hijo de ladrón.

Sin el propósito de exponer el contenido de cada sección de este trascendental trabajo, a título ejemplar debo mencionar sí el Capítulo I, destinado a plantear un juicio teórico histórico sobre las tiranías que imponen los regímenes oligárquicos y  en que nos recuerda que Chile nunca he tenido ni un verdadero régimen aristocrático, ni un verdadero régimen democrático, sino un persistente régimen oligárquico, instalado por tiranías francas o encubiertas y agrega en otro momento, como corolario: “Los militares terminaron siendo instrumentos de la oligarquía”.

Ahondando en la estrategia militar norteamericana, en el Capítulo II, nos expone que, con la revisión de documentos desclasificados bajo el gobierno del Presidente  Clinton, se constata que la intervención norteamericana en Chile, que incluyó el golpe militar de 1973, estuvo explícitamente dirigida, no contra el Partido Comunista, el MIR o el Partido Socialista, sino contra el Gobierno de Salvador Allende, en tanto constituía un modelo fácilmente replicable no solo en América Latina, sino también en Europa Occidental. Por ello, era indispensable eliminar el allendismo y desarticular por completo la economía desarrollista, haciéndola “chillar”. Ejecutado el golpe fue preciso crear una fuerza de tarea militar, operativa y secreta, taskforce, para hacer efectiva la operación de tierra arrasada, o sea, la destrucción de las instalaciones constitucionales del Estado y todo el enquistamiento socio cultural en los ciudadanos que las sostenían y eso se podía lograr en tiempo record con la exoneración, la prisión, el exilio, la tortura y la muerte.

Esta tierra arrasada se manifestó dramáticamente, en la denominada “Caravana de la muerte”, días después que Pinochet había asegurado al Embajador de Estados Unidos que la Junta estaba haciendo todo lo posible para evitar la violación de derechos humanos y la pérdida de vidas. Se ordenó al  General Sergio Arellano acelerar el curso de la justicia en el país, lo que se cumplió con un reguero de muerte de 72 víctimas, en ciudades del sur y norte. Además se  afirma que, sin la  denominada “fuerza de tarea”, no habría podido ser eliminado ningún obstáculo ciudadano. A la DINA se le traspasó el poder absoluto para torturar, matar y hacer desaparecer personas. Se expandió de modo epidémico con el apoyo decisivo de la CIA, con su asistencia y adiestramiento.

En las páginas se describe las Brigadas de esa asociación ilícita, sus miembros, sus respectivos grupos operativos que confeccionaban el organigrama de la sección de izquierda que se proponían destruir. Contaban con cuarteles clandestinos para sus tareas de detención y tortura. El más importante de ellos, desde noviembre de 1974, fue “Villa Grimaldi”, denominado “Terranova”, en José Arrieta 8.200. Se precisa que fue un recinto emblemático por su extensión, ubicación y cantidad de unidades, por haber albergado a los Oficiales de la Brigada de Inteligencia Metropolitana, máxima autoridad ejecutiva, por haber sido el cuartel con el mayor número de detenidos, de torturados y el mayor número de asesinados y desaparecidos. Se estima que es entretenido y elocuente el análisis realizado sobre sus funciones por los Oficiales de la DINA ante los jueces, pues  las declaraciones muestran patentemente el pobre nivel de análisis histórico, político e incluso operacional demostrado por ellos; todos niegan u ocultan las torturas y los asesinatos de detenidos en los cuarteles de operación y, sarcásticamente, exponen que los detenidos estaban en tránsito y no se les interrogaba sino que se dialogaba con ellos.

El libro describe las estrechas y malolientes dependencias en que se mantenía a los prisioneros y señala un recorrido por el interior del parque culminando al extremo de un sendero con la Torre, “el santuario mismo del horror”. Era el final del camino para muchos, el lugar de las torturas extremas.

El relato continúa con la confección de un retrato hablado de los  analistas que comandaron los trabajos de la Dirección de Inteligencia en “Villa Grimaldi”: Espinoza, Moren, Raúl Iturriaga, Ferrer, Laureani, Lawrence, Romo, Krassnoff y  Wenderoth.

En el Capítulo destinado a describir los métodos empleados por la organización se explicita que “la sensación de tortura se inicia antes de la tortura física, directa y puntual y continúa después, como secuela por un tiempo considerable que puede ser una vida o incluso un impacto transgeneracional”. A esas torturas físicas, que se describen, se agregan otras, las ético-políticas, derivadas de la represión orgánica por “delación”.Se plantea  del angustioso dilema de hablar o no hablar, entregar o no entregar  o bien, cuánto entregar y no era un dilema menor: o tu vida o el organigrama.

Al analizar la labor de la DINA se  la describe como el ariete victorioso del primer shock, el de los arrasamientos contra los derechos civiles y humanos, que dejó el camino libre para la instalación del modelo económico neoliberal (segundo shock) y del modelo neoliberal de Estado (tercer shock). Y se formulan las preguntas ¿la lógica operativa del triple shock incluye necesariamente los excesos perpetrados por la DINA? ¿Cuáles fueron los factores que impulsaron a las Fuerzas Armadas chilenas a actuar  de esa manera excesiva?

Se explica que Manuel Contreras fue el principal creador, gestor y conductor del organismo y quien, entre 1973 y 1977, afianzó la primacía dictatorial de Pinochet en la Junta Militar y expandió la DINA más allá de las fronteras nacionales hasta convertirla, como la definieron  agentes de la CIA ”en una organización terrorista de alcance mundial”. Se recuerda el “Plan Cóndor”, en cuanto estrechó las relaciones con las policías secretas del Cono Sur, forjó alianzas  con organizaciones terroristas de Estados Unidos y Europa  y preparó las operaciones en Buenos Aires contra el General Carlos Prats y su señora, en Roma, contra Bernardo Leigthon y su esposa y en Washington, contra Orlando Letelier y Ronni Moffitt.

El texto aporta una visión muy especial, la del historiador, además prisionero, afortunadamente,  sobreviviente; testigo presencial de lo que relata, analiza y proyecta en el tiempo, en ese recinto de reclusión y tortura. La dramaticidad de su discurso se realza con el tono de su poesía. Escuchemos: “…tú no perdías la sensibilidad…Y a pesar de que día a día el fragor de las camionetas, el crujido del cascajo, los gritos de los jefes, los alaridos de los torturados…a pesar de todo eso, tú podías distinguir los sonidos leves y sutiles del equilibrio humano o cósmico: un canto de pájaro, el aroma de las rosas, el sonido del viento en el follaje, la campana lejana de una escuela primaria…”

Y concluye­ Cierto: el tiempo que tú vivías y sentías en la Villa era un tiempo espeso, pesado, lento, a ratos sofocante. Podría decirse incluso, angustioso. Es que así es el tiempo del futuro”.

La obra no solo nos trae la memoria de la terrible época descrita sino que, lo más importante, nos insta a pensar en el futuro para, en mi apreciación, plasmar en nuestra sociedad el nunca más que las futuras generaciones nos exigen.

Como se ha dicho la historia se enseña, la memoria se comparte…ésta no hace revivir el pasado, lo re-construye” para enseñar, digo yo, el respeto al valor de la vida, de la dignidad, de la justicia y de la libertad.

Alejandro Solís Muñoz

                                                                       6 de septiembre de 2013.