Cine chileno. El Edificio de los chilenos. Desacralización de la militancia heroica,

Hijxs de la Memoria Chile 

Tamara Vidaurrazaga ( hija de Ignacio y Soledad) es periodista, tiene un magíster de genero y es candidata a doctora en Estudios Latinoamericanos. Investiga sobre las organizaciones que propugnaron la lucha armada en los setenta latinoamericanos, especialmente respecto de las mujeres que participaron en ellas. Últimamente ha investigado sobre las memorias de los hijos/as de militantes. Tiene una hija y le gusta el suchi.

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Tamara Vidaurrazaga es periodista, tiene un magíster de genero y es candidata a doctora en Estudios Latinoamericanos. Investiga sobre las organizaciones que propugnaron la lucha armada en los setenta latinoamericanos, especialmente respecto de las mujeres que participaron en ellas. Últimamente ha investigado sobre las memorias de los hijos/as de militantes. Tiene una hija y le gusta el suchi.

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SSA51666 (Photo credit: Memoria Urgente)
Desde Otro Lugar

La Memoria de “los hijos de” en el documental El Edificio de los chilenos.

http://www.lafuga.cl/desde-otro-lugar/647


“El vacío es un camino que sólo se llena al recorrerlo”, son las palabras con las que comienza el documental El edificio de los chilenos de Macarena Aguiló. Y haberlo hecho, es la manera en que su autora y protagonista, llena el vacío de su vida tras el abandono por parte de su padre y madre, para luchar en Chile contra la dictadura de Pinochet. Partiendo desde la biografía de la propia autora, el documental narra la historia del “Proyecto Hogares” del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, pensado para reemplazar el cuidado paterno y materno de niños y niñas cuyos progenitores regresaron a combatir clandestinamente a Chile a fines de los años ‘70.

El edificio de los chilenos, no es la obra de una investigadora aséptica del periodo, sino de una hija de militantes del MIR, organización político militar que resistió a la dictadura de Pinochet. Antes niña, ahora mujer, creció con el peso de progenitores héroes de la izquierda latinoamericana, víctimas de la represión, con la responsabilidad de ser lo suficientemente buena descendiente de tamaños personajes.

Su relato, y los relatos que entretejen poco a poco la narración audiovisual, humanizan a los progenitores -y con ello al resto de los y las militantes de las izquierdas de los setenta- cuyas imágenes se debaten en la dicotomía héroe/víctima, complejizándolos a través de los rasgos de humanidad que nos entregan, para aportar a la reconstrucción de una memoria que solo recientemente ha sido contada.

Macarena reconstruye una memoria otra del periodo, la de “los hijos de”, que no eligieron su lugar en la historia, pero fueron fuertemente influenciados por las decisiones maternas/paternas. Lo hace de manera crítica, sabiendo también que tiene el permiso por el lugar que ocupa en la historia –es hija de- pero también porque fue claramente víctima de la dictadura, lo que le da el permiso social para incurrir en un acto de desacralización de la militancia heroica, relato que prima todavía al interior de la izquierda chilena. Macarena no solo fue víctima al vivir el abandono materno/paterno, sino también al ser secuestrada siendo niña, por agentes de la represión dictatorial como forma de presionar a su padre para que se entregara.

Esta obra rompe con la dicotomía público-privado, y con el tácito acuerdo de hablar de los aspectos públicos de la militancia, poniendo la inflexión en los sucesos y consecuencias de las decisiones tomadas en las vidas íntimas de los militantes de la época y de las misma narradora-protagonista en la actualidad.

En el recorrido de la narración hay una búsqueda evidente por reconstruir la propia biografía a través de las memorias de un país dolorido y todavía silenciado en este plano, puesto que las miradas críticas respecto de como se vivieron las militancias y la forma en que se memorializa a los protagonistas de los setenta, ya sea que estén vivos o muertos; todavía resultan incipientes.

Humanización de la militancia

Cuando Macarena habla de sí misma, habla de las consecuencias que para ella y otros hijos e hijas de militantes, tuvieron y siguen teniendo las decisiones que sus progenitores tomaron. Está refiriéndose a una generación anterior que creyó en la revolución como un hecho tangible y posible, como señala Claudia Gilman (2003)cuando se refiere al concepto de época. Según Gilman la época se termina cuando la revolución deja de ser posible y se transforma en utopía. Es desde este tiempo actual, en que la revolución dejó de ser concreta para transformarse en utopía que la narradora de este documental mira hacia el pasado, ese pasado en que la revolución se produciría de manera inmediata, por lo que, para sus progenitores, valía la pena dejar todo lo personal en pos del objetivo urgente y colectivo: la revolución socialista.

El documental se refiere a la generación militante de sus progenitores, transgrediendo la dicotomía víctima/héroe, que ha sido construida desde las izquierdas. La noción de víctimas responde a un primer momento en el que era necesario exigir verdad y justicia y dejar en claro las atrocidades de las violaciones a los derechos humanos cometidas por las dictaduras chilena y argentina. En esta etapa se silencian los aspectos combativos de estos protagonistas, reconstruyendo sus biografías esencialmente en torno a las represiones de las que fueron víctimas, con el fin de dejar en claro socialmente que las acciones del Estado habían sido desmedidas e inhumanas.

Con victimización nos referimos a la reducción de la víctima a este rol unívoco y homogéneo, noción en la que se desconoce otras aristas de quienes sin lugar a dudas se convirtieron en víctimas, pero a la vez jugaron roles como combatientes y articuladores de proyectos de vida subversivos al sistema hegemónico.

El relato que sigue al de la victimización, es el del heroísmo. Una memoria que se refiere a la generación protagonista de los setenta esencialmente como militantes y combatientes que eligieron un proyecto de vida y sociedad por el que incluso estuvieron dispuestos a perder la vida. Este relato reivindica el proyecto revolucionario de esta generación como algo posible y deseable no solo en ese pasado reciente, sino también en nuestro presente y futuro. Por heroísmo entendemos aquella memoria que -al contrario de la victimización- recuerda a los protagonistas de las luchas de los setenta y ochenta como héroes que nunca se equivocaron y cuyo proyecto puede y debe emularse sin críticas ni cuestionamientos.

En El edificio de los chilenos se evidencia una subversión a esta posibilidad dicotómica de memorias sobre los y las militantes, reconstruyendo un relato en el que estos personajes se humanizan y por tanto se vuelven más complejos, llenos de zonas grises.

No es la gesta pública -ni el martirio producto de ésta- lo que se narra, sino las consecuencias que el sueño revolucionario implicó en la vida privada de los descendientes de los protagonistas de la época revolucionaria. Los otrora héroes del documental caen ante la pregunta de la nueva generación que no desea necesariamente ser heroica pero tuvieron que serlo a la fuerza: ¿por qué nos abandonaron? Los adultos responsables de las decisiones de antaño se vuelven humanos ante esta pregunta e incluso lloran. Algunos no se perdonan lo hecho, otros no saben qué decir. Ninguno repite la excusa de antaño “por todos los niños del mundo”, la excusa ya no es tan poderosa en los cuerpos concretos de los abandonados, cuando se da en medio de la derrota política. El sacrificio ha sido estéril. Algunos progenitores nunca volvieron y aún así la revolución ansiada no ganó.

Transgresión público/privado y tránsito de lo individual a lo colectivo

En esta obra se produce un tránsito desde la propia biografía hacia una historia colectiva, transgrediendo además la dicotomía público/privado y el acuerdo tácito de referirse a la militancia setentista solo en términos de la gesta pública, obviando cómo lo público y lo privado se influenciaron mutuamente en este periodo.

Se evidencia una autorreferencia constante a la propia historia, a los documentos personales, a los recuerdos íntimos, aportes que reiteradamente devuelven al documental la veracidad de la historia. Son las cartas que escribe la madre de Macarena tras dejarla a cargo de los “padres sociales” del “Proyecto Hogares”, las fotografías de Cuba, su diario de vida, los dibujos infantiles y los recortes de la época.

La historia de Aguiló es también la de un colectivo de infantes dejados en el proyecto hogares en Cuba, y la de un número no contabilizado de menores que fueron abandonados por padres y madres que priorizaron por el compromiso de la militancia en Chile. De su relato Aguiló salta al relato de sus hermanos sociales, de sus hermanos sociales a otros ex niños/as que vivieron la experiencia, de ellos a sus padres biológicos y sociales, a los padres de otros, a quienes planearon el proyecto sin tener hijos en él.

El documental transgrede uno de los conceptos más enclaustrantes para occidente: la dicotomía público-privado (Pateman, 1996), puesto que complejiza una memoria de lo público a través de los recuerdos personales. Los militantes dejan de ser reconstruidos desde sus labores en lo público: el trabajo por la revolución, y más bien se rehace la historia de cómo en lo cotidiano tuvieron que tomar opciones dolorosas que implicaron a otros/as, quienes heredaron las consecuencias de esas decisiones. Relato que es incipientemente contado porque resulta más doloroso aún que los dolores públicos de la revolución perdida.

El deber ser de una generación pospuesta por el proyecto revolucionario

La transparencia de Aguiló, las dudas y dolores expuestos y la inconformidad ante el deber ser heredado por ser hija de militantes, facilitan la empatía con los relatos y las verdades allí puestas en discusión.

Son parte de una generación pospuesta por la revolución inminente. La urgencia de ésta fue tan grande que para el héroe-militante la lucha pública-abstracta fue el ejercicio fundamental y ante el cual todos los demás dejó de ser prioritario. Se rompió así el orden “natural-cultural” en el que los hijos-concretos son primordiales, sobre todo en el caso de las mujeres quienes transgredieron en mayor medida el deber ser sexo genérico, dejando atrás el rol de madres abnegadas.

Macarena y el colectivo de infantes de quien se reconstruye la historia, son víctimas invisibilizadas de dictaduras que pusieron a una generación de adultos entre la disyuntiva de luchar o hacer la vista gorda. Luchar con armas o políticamente. Mantenerse al lado de los hijos/as o posponerlos hasta el supuesto triunfo.

Pertenecen a una generación que supieron lo que es un segundo lugar en la vida de sus padres y madres, cediendo sin chistar un espacio que culturalmente les correspondía, siendo sacrificados por los adultos como exigencia para lograr la ansiada revolución, revolución que finalmente fue derrotada en Chile, haciendo aún más trágica la opción de lo colectivo por sobre lo personal.

En la obra se leen silencios incómodos que evidencian un trauma colectivo y aún invisible. No son combatientes escogiendo su lugar en la historia. No pudieron decidir por qué bando optarían. Ni dar un paso al lado. La decisión fue tomada por otros, adultos, que con sus determinaciones guiaron la historia individual y colectiva de esta generación pospuesta por el proyecto revolucionario.

Aguiló devela no solo lo que significa ser hoy “hija de”, sino lo que les implicó en sus infancias este deber ser, el mandato a cumplir para merecer el cartel de hijas de revolucionarios, exigencia que se le hace a estos niños y niñas, herederos de los sueños revolucionarios de sus progenitores.

“Queríamos hacer niños nuevos”, dice una madre social entrevistada para el documental de Aguiló, refiriéndose a cómo fue en estos infantes que los y las militantes plasmaron el sueño guevarista de formar el “hombre nuevo”. La exigencia entonces era ser los mejores en todo, como le recomendaba el “Che” Guevara a su hija Hilda en una de sus cartas desde Bolivia: la mejor en los estudios, la más solidaria, la mejor hija y hermana, formando así a la verdadera revolucionaria.

Evidentemente el ser hijos/as de la vanguardia le entregaba a estos pequeños/as- protagonistas del documental- la tarea de ser también vanguardia en la conformación de pequeños “hombres nuevos” que se formarían en Cuba, el país de la revolución y los sueños guevaristas per se. Margarita Marchi, la madre biológica de Aguiló, define claramente qué querían lograr con los hijos/as del “Proyecto Hogares”: “queríamos niños con capacidad subversiva y resistencia frente al capitalismo”.

Este “nuevo hombre” debía ser ante todo ejemplar, y eso es lo que se le pedía a los descendientes dejados en Cuba: ejemplaridad ante sus “hermanos sociales” pequeños, porque eran la encarnación del heroísmo de sus progenitores, como recuerda Aguiló en su documental cuando señala: “comencé por comerme toda la comida, algo que mi madre no había logrado en años”.

Se le pide a esos niños/as “compañerismo”, se los hace responsables de una elección que a todas luces es adulta, se los trata como pares dentro de la revolución. No son seres a los que hay que proteger solamente, sino también a los que se les puede exigir un sacrificio por una causa que no escogieron, sino que fue heredada.

La obra transita entre la aceptación del deber ser en tanto “hijos de” y la crítica al lugar que les tocó en la historia por las decisiones de sus progenitores. Y eso es lo que hace de este documental un aporte que complejiza la memoria de la militancia y sus consecuencias.

La niña madura y el deber ser se confrontan con la crítica que necesariamente hace Aguiló al reconstruir descarnadamente su historia, con los ojos de una adulta que -aun compartiendo sueños con sus padres- tiene claridad sobre los dolores que hasta el presente acarrea por no haber tenido derecho a rabietas. Reconoce lo bueno de la experiencia en los relatos de la vida colectiva en Cuba, y se sabe abandonada en las palabras de unos de los padres que dejó a sus hijos entonces. Transita entre estos dos sentires, como el documental se mueve entre la dulzura e inocencia del proyecto que intento colectivizar la “familia partidaria” y el dolor del desapego, el desgarro del abandono y la proximidad de la muerte de quienes estaban lejos: los padres y madres.

Esta obra devela una memoria crítica que recién comienza a visibilizarse en Chile. Hablan de lo que ha permanecido mudo, porque sin duda fue lo más doloroso de la revolución derrotada: los sacrificios que parecen haber sido estériles y sin embargo continúan acarreando costos para la generación pospuesta por un sueño incumplido.

La narradora se instala en un lugar crítico de manera atrevida y subversiva, transgresión que es posible en buena parte porque -aún siendo un tema todavía sensible- proviene de una protagonista de esta historia. La crítica de Macarena no sería igualmente recibida si no fuera ella misma hija de las decisiones militantes de sus progenitores. Esta memoria crítica hacia la militancia todavía se encuentra en un lugar incipiente, todavía es posible solo dependiendo de quien la hace. Aun es complejo referirse críticamente a la militancia, sobre todo a cómo las decisiones políticas de esta militancia tuvieron consecuencias en las vidas no solo de la generación de los setenta, sino también en la de sus hijos e hijas.¿Cuánto faltará para que la militancia pueda ser vista de manera crítica por todos y todas sin tener que mostrar las medallas que nos autoricen a hablar del tema?

Hace unos meses pude entrevistar a Aleida Guevara, la “hija de” por excelencia. Habló con convicción de que nunca se sintió pospuesta por su padre, el “Che”, y que comprende la urgencia de la entrega del guerrillero, porque hoy le permite disfrutar de una vida digna en medio de una revolución triunfante. Habló con toda la convicción del mundo, sin embargo cuando le pregunté si su padre le había hecho falta, le cayeron lágrimas y respondió: “Siempre me hace falta. Tengo más años que los que él tenía cuando lo asesinaron, y todavía me hace falta”.

Bibliografía

Gilman Claudia. Entre la pluma y el fusil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina, Siglo XXI editores: Buenos Aires, 2003.

Guevara Ernesto, “El socialismo y el hombre en Cuba”, Marcha, Montevideo, 1965, versión electrónica tomada de Ernesto Che Guevara, Escritos y discursosTomo 8, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977.

Jelin Elizabeth, Los trabajos de la memoria, España, Siglo Veintiuno editores, 2001.

Pateman, Carol “Criticas feministas a la dicotomía público-privado”, en Castells Carmen, Perspectivas feministas en teoría política, Barcelona, Piados, 1996.


 

Calle Conferencia: Por los ilícitos perpetrados … 79 ex integrantes de la DINA

22 de Octubre de 2013

Calle Conferencia: dictan acusación contra 79 ex integrantes de la DINA

Por los ilícitos perpetrados por ex miembros de la Dirección de Inteligencia Nacional entre mayo de 1976 y enero de 1977.

El ministro en visita de la Corte de Apelaciones de Santiago Miguel Vázquez dictó acusación en la investigación por los secuestros calificados de Mario Zamorano Donoso, Jorge Muñoz Poutays, Uldarico Donaire Cortés, Jaime Donato Avendaño, Elisa Escobar Zepeda, Lenin Díaz Silva y Eliana Espinoza Fernández; y por el homicidio calificado de Víctor Díaz López, ilícitos perpetrados entre mayo de 1976 y enero de 1977, en Santiago, causa conocida como “Conferencia 1”.
El magistrado Vázquez determinó la responsabilidad de 79 ex integrantes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) en los ochos delitos cometidos en diversos operativos realizados en calle Conferencia 1587, de la comuna de Santiago; calle Gaspar de Orense 993, de la comuna de Quinta Normal; calle Bello Horizonte 979, de la comuna de Las Condes, y el homicidio en el cuartel de Simón Bolívar 8800, en la comuna de La Reina, causa que se instruyó por una querella presentada el 12 de enero 1998, y que anteriormente instruyeron los ministros en visita Juan Guzmán Tapia y Víctor Montiglio Rezzio.
El ministro en visita Miguel Vázquez determinó responsabilidades -en todos o algunos de los hechos- de:

01. Manuel Contreras Sepúlveda.
02. Pedro Espinoza Bravo.
03. Carlos López Tapia.
04. Miguel Krassnoff Martchenko.
05. Ricardo Lawrence Mires.
06. Jorge Madariaga Acevedo.
07. Eugenio Fieldhouse Chávez.
08. José Fuentealba Saldías.
09. Hugo Clavería Leiva.
10. José Soto Torres.
11. Raúl Soto Pérez.
12. Juan Carlos Escobar Valenzuela.
13. Jerónimo Neira Méndez.
14. Héctor Briones Burgos.
15. Pedro Mora Villanueva.
16. Roberto Rodríguez Manquel.
17. Leonidas Méndez Moreno.
18. Jorge Andrade Gómez.
19. Nelson Herrera Lagos.
20. Juan Morales Salgado.
21. Jorge Sagardía Monje.
22. Héctor Valdebenito Araya.
23. Federico Chaigneau Sepúlveda.
24. Bernardo Daza Navarro.
25. Sergio Escalona Acuña.
26. Guillermo Ferrán Martínez.
27. Gladys Calderón Carreño.
28. Elisa Magna Astudillo.
29. Heriberto del Carmen Acevedo.
30. Emilio Troncoso Vivallos.
31. Claudio Pacheco Fernández.
32. Jorge Díaz Radulovich.
33. Orlando Altamirano Sanhueza.
34. Eduardo Cabezas Mardones.
35. Jorge Escobar Fuentes.
36. René Riveros Valderrama.
37. Jorge Pichunmán Curiqueo.
38. Orfa Saavedra Vásquez.
39. Celinda Aspe Rojas.
40. Teresa Navarro Navarro.
41. Berta Jiménez Escobar.
42. Adriana Rivas González.
43. Jorge Arriagada Mora.
44. Pedro Bitterlich Jaramillo.
45. Eduardo Oyarce Riquelme.
46. Guillermo Díaz Ramírez.
47. Ana Vilches Muñoz.
48. Italia Vacarella Gilio.
49. Jorge Manríquez Manterola.
50. Orlando Torrejón Gatica.
51. José Manuel Sarmiento Sotelo.
52. Manuel Obreque Henríquez.
53. Gustavo Guerrero Aguilera.
54. Eduardo Garea Guzmán.
55. Juvenal Piña Garrido.
56. Rufino Jaime Astorga.
57. Luis Lagos Yáñez.
58. María Angélica Guerrero Soto.
59. Sergio Castro Andrade.
60. Manuel Montre Méndez.
61. Pedro Gutiérrez Valdés.
62. Claudio Orellana de la Pinta.
63. Joyce Ahumada Despouy.
64. Hiro Álvarez Vega.
65. José Miguel Meza Serrano.
66. José Ojeda Obando.
67. Carlos Bermúdez Méndez.
68. Víctor Manuel Álvarez Droguett.
69. Eduardo Reyes Lagos.
70. Marilin Silva Vergara.
71. Hernán Sovino Maturana.
72. José Friz Esparza.
73. Carlos Miranda Mesa.
74. Camilo Torres Negrier.
75. Orlando Inostroza Lagos.
76. Carlos López Inostroza.
77. José Seco Alarcón.
78. Lionel Medrano Rivas.
79. Juan Suazo Saldaña.

De acuerdo a los antecedentes de la causa, los operativos ocurrieron de la siguiente forma:
Operativo de calle Conferencia 1587, Santiago
Que, siendo la 03:00 horas del día 29 de abril de 1976, agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA, concurrieron al domicilio ubicado en calle Conferencia 1587, Santiago, el cual estaba siendo vigilado previamente donde detuvieron a sus moradores Juan Becerra Barrera, María Angélica Gutiérrez Gómez y su prima Eliana Gutiérrez Vidal, quienes fueron obligados a participar en el operativo desplegado en dicho inmueble, para lo cual debían aparentar una vida normal, bajo la observación de agentes de la DINA, los que permanecían en el lugar en espera de la concurrencia de integrantes del partido comunista con el propósito de proceder a su detención. Fue así como a las 19:00 horas del día 4 de mayo de 1976, llegó al inmueble de calle Conferencia 1587, Mario Jaime Zamorano Donoso, encargado de Organización del Partido Comunista, quien fue detenido por agentes de la DINA, trasladado al cuartel de detención Villa Grimaldi, ubicado en Av. José Arrieta 8.200, comuna de La Reina, donde permaneció privado de libertad, desconociéndose posteriormente su paradero.
Cerca de las 21:00 horas del mismo día, llegó al mencionado inmueble Onofre Jorge Muñoz Poutays, miembro del Comité Central de la misma colectividad, el que fue detenido y conducido al cuartel Villa Grimaldi por los agentes de la DINA, donde permaneció privado de libertad, desconociéndose posteriormente su paradero.
Al día siguiente, 5 de mayo de mayo de 1976, concurrieron al inmueble de calle Conferencia Uldarico Donaire Cortez, y Jaime Patricio Donato Avendaño, miembros del Comité Central del Partido Comunista, los que fueron detenidos por agentes de la DINA y llevados posteriormente al cuartel de Villa Grimaldi, donde permanecieron privados de libertad, desconociéndose posteriormente su paradero.
Y que, del mismo modo, el día 6 de mayo de 1976, fue detenida por agentes de la DINA en el mismo inmueble y utilizando el mismo procedimiento, Elisa del Carmen Escobar Cepeda, integrante del Comité Central del Partido Comunista, la que fue conducida al cuartel de Villa Grimaldi, donde permaneció privada de libertad, desconociéndose posteriormente su paradero.
Operativo de calle Gaspar de Orense 993, Quinta Normal
Que, el 9 de mayo de 1976, fue detenido por agentes de la DINA Lenin Adán Díaz Silva, miembro de la Comisión Técnica del Partido Comunista de Chile, en el inmueble ubicado calle Gaspar de Orense N° 993, Quinta Normal, Santiago, siendo trasladado al cuartel de Villa Grimaldi, lugar donde se pierde todo rastro ignorándose hasta la fecha su paradero.
Operativo de detención de Eliana Espinoza Fernández
Que, el 12 de mayo de 1976, Eliana Marina Espinoza Fernández, quien había tomado locomoción colectiva en calle Independencia para dirigirse a un destino que no reveló, fue detenida por agentes de la DINA y trasladada al cuartel de detención Villa Grimaldi, donde permaneció privada de libertad, desconociéndose posteriormente su paradero.
Operativo de calle Bello Horizonte N° 979, Las Condes
Que, alrededor de la 01:00 horas del día 12 de mayo de 1976, agentes de la DINA allanaron el domicilio de calle Bello Horizonte N° 979, comuna de Las Condes, Santiago y detuvieron a Víctor Manuel Díaz López, secretario general del Partido Comunista de la época y luego lo condujeron al cuartel de Villa Grimaldi, donde permaneció en cautiverio y fue sometido a constantes interrogatorios y torturas, siendo posteriormente trasladado a cuartel de la DINA ubicado en Simón Bolívar N° 8.800 de la comuna de La Reina, Santiago, donde permaneció los últimos meses en que permaneció con vida.
Muerte de Víctor Díaz López
Que, Víctor Manuel Díaz López, una vez trasladado al cuartel de la DINA ubicado en Simón Bolívar 8.800, La Reina, Santiago, fue mantenido en un régimen de encierro y privación de libertad, permanentemente custodiado e interrogado por los agentes que operaban en dicho cuartel y durante la tarde de un día de la primera quincena del mes de enero de 1977 y en circunstancias que se encontraba en el interior de un calabozo en el mencionado cuartel de Simón Bolívar, agentes que operaban en el lugar, en cumplimiento de una orden de ejecución emanada del superior jerárquico de la institución y transmitida por el jefe del cuartel a sus subordinados, procedieron a darle muerte utilizando para ello una bolsa plástica con la que cubrieron su cabeza y amarraron al cuello impidiéndole la respiración, lo que produjo su deceso, y, constatada su muerte, los hechores introdujeron el cadáver en dos bolsas gruesas de polietileno, una por la cabeza y otra por los pies, las que amarraron con alambre en torno a la cintura, enseguida al cadáver embolsado ataron un trozo de riel de más o menos setenta u ochenta centímetros de largo, y luego lo introdujeron en dos sacos de arpillera, uno por la cabeza y otro por las extremidades, los que fueron unidos con alambre, lo transportaron hasta el sector de Peldehue, lugar donde, fue subido a un helicóptero Puma que esperaba en el sector, el que partió con destino al mar donde fue arrojado en un punto no determinado.
Los querellantes particulares, el Consejo de Defensa del Estado y el Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, fueron notificados de la acusación para que adhieran a ella o presenten acusación particular en el caso.
Con la acusación del ministro y las adhesiones o acusaciones particulares se notificará a las defensas de los acusados para dar paso a la etapa de plenario antes de dictar sentencia de primera instancia.

¡¡ Nada esta olvidado !!
¡¡ Nadie esta olvidado !!

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Mujeres en la Memoria. Cecilia Magni

Cecilia Magni

https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=Kak2ATHf-t4

Cecilia Magni junto a Raúl Pellegrín en la portada de «El Rodriguista» en noviembre de 1988

Cecilia Magni Camino (* 24 de febrero de 1956 – † 28 de octubre de 1988), más conocida como la “comandante Tamara” fue una revolucionaria chilena integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR).

Biografía

Nació en Chile en un hogar de clase media alta y realizó su educación básica y media en exclusivos colegios de Santiago, entre ellos el Grange School.

Ya graduada, a comienzos de los años 1980, y cuando estudiaba sociología en la Universidad de Chile, comenzó a identificarse con la lucha de los opositores al régimen militar de Augusto Pinochet, formando parte de numerosas manifestaciones estudiantiles. En esa etapa de su vida decidió integrarse a las filas de las Juventudes Comunistas de Chile (JJ.CC.) y luego ser parte del FPMR con la convicción de que “La lucha es la única forma realista y válida de cambiar el rumbo del país”. A poco de integrarse, un compañero frentista decidió bautizarla como “Tamara”, en recuerdo a la revolucionaria argentina Tamara Bunke.

Desde entonces su vida comenzó a transcurrir entre la legalidad y la clandestinidad. Con el correr del tiempo y pese a su juventud, “Tamara” logró un vertiginoso ascenso al interior de la estructura frentista, destacando como la única mujer que llegó a ocupar puestos de mando en la cerrada cúpula del FPMR y más aún, a ostentar el grado de “comandante”.

Su trabajo se centró entre Santiago de Chile y Rancagua, ciudades donde la “comandante Tamara” se dedicó a reclutar nuevos militantes para la organización y a su vez, brindar apoyo logístico a los incipientes grupos de combate creados en esas zonas.

Con toda esta experiencia la “comandante Tamara” recibió a mediados de 1986 la responsabilidad de comandar una de las acciones más arriesgadas que hasta entonces emprendía el FPMR; el atentado contra Augusto Pinochet, también conocida como la “Operación Siglo XX”. En esta misión “Tamara” actuó como brazo derecho de José Joaquín Valenzuela Levi, el “comandante Ernesto”, máximo jefe del atentado. Su trabajo fue proporcionar la base operativa y los vehículos que se ocuparían en la acción. Junto a otro frentista, César Bunster, arrendó una casa y tres vehículos, además de coordinar el traslado del armamento que se utilizaría en la emboscada. Su parte en la operación fue cumplida con cero falta.

Pese a ello el FPMR determinó a última hora que no participaría directamente como fusilera en la operación, ante la alta probabilidad de que los combatientes no salieran de allí con vida, su experiencia en las tareas logísticas posteriores era indispensable.

Tras el ataque solo se volvió a saber de ella en 1988, en el inicio de la Guerra Patriótica Nacional. En octubre de ese año la “comandante Tamara” encabezó junto a su pareja y principal comandante del FPMR, Raúl Pellegrin Friedmann, la toma del poblado de Los Queñes en la VII Región del Maule. Durante la toma asaltaron el retén de Carabineros de Los Queñes, asesinando al Cabo 2° Juvenal Vargas Sepúlveda .

En días posteriores a la operación, parte importante del grupo fue capturado por Carabineros que peinaban la zona. El 28 de octubre de 1988 el cuerpo de Cecilia Magni fue encontrado flotando sin vida en las aguas del río Tinguiririca, con inequívocas señales de tortura. Según los informes de autopsia su cadáver presentaba lesiones contusas y huellas de aplicación de electricidad. La investigación judicial sobre su muerte se ha prolongado sin éxito hasta la actualidad.

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