La Columna de C arlos Peña que dejó a Cheyre sin piso. “Cheyre y el pasado”

Columnistas
Domingo 18 de agosto de 2013

Cheyre y el pasado

“Hace cuarenta años Cheyre entregó un niño, cuyos padres habían sido asesinados por militares, a un convento. El recuerdo de ese acto (que Cheyre hasta ahora reprime) es de índole pública: en él se muestra, como en un resumen, el drama de la memoria colectiva…”

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¿Sabía usted que Juan Emilio Cheyre, ex Comandante en Jefe del Ejército y actual director del Servel, entregó un niño de dos años, testigo del asesinato de sus padres a manos de militares, a un convento de monjas?

Ese increíble suceso -sobre el que Cheyre ha guardado hasta ahora silencio- ocurrió en 1973.

El caso permite volver sobre un tema que se discutirá por estos días y hasta que termine la conmemoración del golpe: la actitud que en el espacio público se debiera tener hacia lo que ocurrió hace cuarenta años.

A primera vista, parece mejor reprimir los recuerdos.

Es la actitud que hasta ahora adoptó Juan Emilio Cheyre: guardó en algún rincón de la memoria lo que entonces ocurrió, lo trató como un asunto privado, como algo que le concierne solo a él y a los directamente involucrados; pero que no se relaciona en modo alguno con las funciones públicas que él ha ejercido. El caso pertenecería, en su opinión, a él, al niño abandonado en brazos de unas monjas y a los deudos de sus padres asesinados. En la interpretación de Cheyre los actos del pasado deberían ser reprimidos o racionalizados, encerrados en la privacidad de la conciencia, a condición de que no hayan dado lugar, como ocurrió en su caso, a una condena penal.

Si se siguiera la interpretación de Cheyre, quienes ejercen funciones públicas podrían erigir su propia memoria en un coto vedado. Salvada la cuestión penal, nadie tendría derecho a pedir cuentas o pedir explicaciones.

¿Es correcta la alternativa Cheyre?

No.

En 1986, una revista descubrió que Kurt Waldheim había ocultado su pasado nazi. El gobierno austriaco encargó entonces a un comité de historiadores que revisaran su pasado. El caso despertó tal interés que incluso los medios se ocuparon de él, al extremo de que Thames TV hizo un programa de televisión, que más tarde transmitió HBO, simulando un juicio a Waldheim.

Cuando Benedicto XVI asumió como Papa, muchos denunciaron que tenía un pasado nazi. Había sido reclutado, como muchos jóvenes de entonces, para participar en la defensa antiaérea. Ratzinger nunca lo ocultó. Él siempre supo que esa parte de su pasado debía ser conocida.

Ni los austriacos con Waldheim ni los católicos con Ratzinger siguieron la doctrina que hasta ahora se ha aplicado a sí mismo Juan Emilio Cheyre (con el consentimiento de los medios): guardar silencio, pensar que su pasado es cosa suya y que no merece ni la reflexión ni el escrutinio público.

El problema de Juan Emilio Cheyre (y de los medios que lo consienten) no es solo su actuación de hace cuarenta años (él podría alegar que no era más que un capitán que cumplía órdenes y repetía mentiras sin saberlo), sino su actitud de hoy ante su propia memoria. Una autoridad pública como él en cuyas manos se ha puesto, primero, el monopolio de la fuerza y, después, la pureza del sistema electoral, el procedimiento mediante el cual se forma la voluntad de todos, no puede actuar como si el acto del que participó (y cuyos detalles ha guardado por décadas) fuera un asunto entregado a su pura conciencia, un asunto entre él y Dios. Cosa distinta, ese tipo de actos, como lo muestran los ejemplos de Waldheim y Ratzinger, son de índole pública, puesto que en ellos se muestra, como en un resumen, el drama de la memoria colectiva.

La memoria de hechos como los que vivió Cheyre (la Corte Suprema declaró que los padres del niño que Cheyre puso en brazos de las monjas habían sido asesinados) no es privada, sino pública. Ella es indispensable no solo para evaluar la aptitud de quienes ejercen cargos públicos y saber cuán fieles serán a los valores y principios que deberán custodiar, sino que además es indispensable para reelaborar la memoria colectiva, la memoria de todos, que es la tarea que sigue pendiente en el espacio público en Chile.

¿O acaso ese niño retenido en un regimiento, testigo del asesinato de sus padres y transformado en expósito con la colaboración de Cheyre -quien, no obstante, llegó a ser comandante en jefe y luego custodio del Servicio Electoral- no merece el discernimiento público?

Es probable que Cheyre racionalice ese recuerdo pensando que la entrega de ese niño habla bien de él y de su bondad, y que cuando calla da una muestra de modestia moral. Pero alguien debe decirle que no es así. El hecho del que participó ni es digno de estima ni su actitud encomiable ni su silencio aceptable ni su memoria algo que le pertenece solo a él.

Material de Consulta. Testimonios de Nietos – Video y Textos

Material de Consulta

Testimonios de Nietos – Video

MICROS: “Acá estamos – Historias de nietos que recuperaron su identidad.”

Este ciclo de documentales busca contar el camino que transitaron los nietos restituidos por las Abuelas de Plaza de Mayo hasta conocer su verdadero origen y encontrarse con sus familias legítimas. Separados violentamente de sus madres al nacer, entregados en su mayoría a personas cercanas a la dictadura, estos hombres y mujeres le ponen la voz y el cuerpo a sus propias historias en las que se mezclan lo íntimo y personal con lo político y social.

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Micro 1: Ezequiel Rochistein y Mariana Zaffaroni resumen su largo proceso de búsqueda, en un instante de “iluminación” que les reveló su verdadera identidad.

 

 

 

Micro 2: Catalina De Sanctis y Marcos Suárez Vedoya narran lo importante que fue estar acompañados durante la búsqueda de su verdadera identidad.

 

 

 

Micro 3: Leonardo Fossati, Gabriel Cevasco y Matías Reggiardo Tolosa narran que a pesar de vivir durante muchos años como en una ficción, la verdad se les reveló como único modo de liberación.

 

 

 

Micro 4: Martín Amarilla y Juan Pablo Moyano tras haber sido criados en la mentira, conocieron el amor al recuperar sus verdaderas identidades

 

 

 

Micro 5: Pedro Nadal y Leonardo Fossati cuentan cómo al conocer su identidad recuperaron también su verdadera historia.

 

 

 

Micro 6: Carlos D´Elía y Victoria Montenegro cuentan cómo fueron recuperando de a poco su historia robada a partir de los relatos de sus familiares.

 

 

 

Micro 7: Catalina De Sanctis y Martín Amarilla cuentan cómo a pesar de los miedos y la culpa pudieron acercarse a Abuelas y hacerse cargo de su verdadera identidad.

 

 

 

Micro 8: Victoria Montenegro, Carlos D´Elía y Pedro Nadal cuentan cómo los liberó conocer la verdad.

 

 

 

Testimonios Nietos (2006)

Un grupo de nietos cuentan cómo se animaron a acercarse a Abuelas y cuáles fueron los pasos que siguieron hasta conocer su verdadera identidad.

 

 

 

Un grupo de nietos que recuperaron su verdadera identidad cuentan cómo empezó su búsqueda

Ellos son: Leonardo Fossati, Pedro Nadal, Gustavo Godoy, Manuel Gonçalves, Juan Cabandié.

 

 

 

 

Un grupo de nietos que recuperaron su verdadera identidad cuentan qué significó para ellos conocer la verdad

Ellos son: Pedro Nadal, Manuel Gonçalves, Juan Cabandié, Leonardo Fossati.

 

 

 

 

Un grupo de nietos que recuperaron su verdadera identidad cuentan cómo fue para ellos y sus hijos vincularse con su verdadera familia

Ellos son: Gustavo Godoy, Leonardo Fossati, Pedro Nadal, Manuel Gonçalves, Tatiana Sfiligoy

 

 

 

 

Un grupo de nietos que recuperaron su verdadera identidad le hablan a los nietos que aún viven con la identidad falseada

Ellos son: Leonardo Fossati, Manuel Gonçalves, Pedro Nadal, Gustavo Godoy, Tatiana Sfiligoy, Juan Cabandié,

 

 
Gustavo Godoy

conoció su verdadera identidad el 4 de diciembre de 2003

 
Manuel Gonçalves

recuperó su identidad en agosto de 1997

 
Belén Altamiranda

conoció su verdadera identidad el 29 de junio de 2007

 
Leonardo Fossati

conoció su verdadera identidad el 11 de agosto de 2005

 
Claudia Poblete

fue restituida el 7 de febrero de 2000

 
Horacio Pietragalla

recuperó su identidad el 4 de abril de 2003

 
Macarena Gelman

conoció su verdadera identidad en junio de 2000

 
Gabriel Cevasco

recuperó su identidad en octubre de 2000

 
Francisco Madariaga Quintela

conoció su verdadera identidad el 17 de febrero de 2010

 
Juan Cabandié

conoció su verdadera identidad el 26 de enero de 2004

 
José Sabino Abdala

recuperó su identidad en diciembre de 1993

 
Victoria Grisonas

fue localizada en 1979

 
Rodolfo Pérez Roisinblit

conoció su verdadera identidad en junio de 2000

 
Matías Espinoza

confirmó su identidad en junio de 2009

 
Sebastián Casado

conoció su verdadera identidad el 9 de febrero de 2006

 
Juan Manuel Goya

encontró a su hermano el 28 de julio de 2008

   

 

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Victoria Montenegro conoció su verdadera identidad el 5 de agosto de 2001. En un relato descarnado nos cuenta cómo a través de diez años fue incorporando la verdad hasta lograr aceptar su nueva identidad. La entrevista fue realizada en octubre de 2010.

 

 

Segunda parte de la entrevista a Victoria Montenegro. Octubre de 2010.

 

 

Testimonios de Nietos – Texto

 PEDRO LUIS NADAL GARCÍA
“Saber mi verdadera identidad no tiene precio”

 VICTORIA DONDA PÉREZ
“La identidad para mí es algo que está en permanente construcción”

 VICTORIA RUIZ DAMERI
“El alivio fue enterarme que no había sido un abandono”

 ANDRÉS LABLUNDA
“Cuando recuperé mi identidad cambió mi vida, volví a nacer”

 ELENA GALLINARI ABINET
“Fui localizada gracias a mi abuela que se dedicó a buscarme”

 MARÍA EUGENIA SAMPALLO BARRAGÁN
“El momento del encuentro con mi familia y con mi identidad fue muy feliz”

 

LOS HIJXS DE LOS HIJXS EN SERIE DE TV ARGENTINA

 

 

Prensa y Difusión

TV / Video

Acá estamos – Historias de nietos que recuperaron su identidad

Este ciclo de documentales busca contar el camino que transitaron los nietos restituidos por las Abuelas de Plaza de Mayo hasta conocer su verdadero origen y encontrarse con sus familias legítimas. Separados violentamente de sus madres al nacer, entregados en su mayoría a personas cercanas a la dictadura, estos hombres y mujeres le ponen la voz y el cuerpo a sus propias historias en las que se mezclan lo íntimo y personal con lo político y social.

  

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en  http://www.abuelas.org.ar/comunicados.php?comunicados=tv.php&der1=der1_tv.php&der2=der2_dif.phpCono Sur, hijos, nietos, apropiación niños, dictaduras militares, abuelas

La serie documental es una coproducción de Abuelas de Plaza de Mayo y Canal Encuentro, con realización de Zafra Producciones y Barakacine; y dirección de Paula Romero.

El primer capítulo cuenta la historia de Catalina de Sanctis; segundo, la de Gabriel Cevasco;

tercero hace un contrapunto entre los relatos de Carlos D`Elía y Marcos Suárez Vedoya;

y el cuarto relata el camino recorrido por Martín Amarilla.

Se encuentran en producción otros cuatro capítulos con las voces de los nietos Leonardo Fossati, Matías Reggiardo, Pedro Nadal y Juan Pablo Moyano; y las nietas Victoria Montenegro y Mariana Zaffaroni.

Para consultar las próximas emisiones [+]

via ABUELAS DE PLAZA DE MAYO.

 

“Yo soy madre sin hijo en Santiago de Chile”

 

Soy madre sin hijo en Santiago de Chile. 

Me puedes ver en el Memorial de los Detenidos Desaparecidos, en actos que desarrollan mi propia política por la memoria que incluye visitar también la Fuente Alemana, cerca de la Plaza Baquedano, donde Andrés en su infancia jugaba, mi propia política de la memoria que incluye recordarle a mi país que el terror y la ignominia social de una dictadura se extiende por décadas, que hoy no tengo al hijo que me habría venido a saludar con una canción y un abrazo, a mi hijo el consecuente, por eso mi amor de madre se dirige a no olvidar, se dirige a levantarse diariamente con el recuerdo fresco de su sonrisa, verme a mí detrás de él quitándole pelusas de su chaleco, obligándolo a comer antes de salir de la casa, y a incitarlo a que me trajera a esa chiquilla que yo sabía que existía pero que no conocí. Mi propia política por la memoria incluye comer pan con palta los domingos en la mañana y café con leche, su desayuno favorito, y prometer que en los trajines de la semana siguiente por mi boca hablará de su ideario, esas ideas que a inicios de la década del setenta no conocía en profundidad y que en este camino por intentar entender por qué se mata a un hijo conozco en historia extensa e intensa. 

Me veo a mí misma en las locas de la Plaza de Mayo, esa locura que tiene que ver con estar a la altura de lo que hemos perdido, esta locura que tiene que ver con intentar que ninguna otra pase por esto que, para ser las mujeres que hoy somos, primero nos destruyó completamente y nos obligó a reconstruirnos en un sueño colectivo de justicia.

Me veo a mí misma en el sueño de una sangre que perdura, en haber podido abrazar una chiquita que tuviera los ojos profundos de mi hijo y quizás el pelo ensortijado de su madre, la misma niñita que nunca jugó en mi patio y cuyas canciones no escuché. Por eso miro a todas las niñas con esta boca rota y les sonrío.

Me veo a mí misma, frente al espejo, sesenta años después de haberlo parido, pariéndolo todas las mañanas. Treinta y nueve años sin mi hijo es una vida muy larga. 

Yo soy madre sin hijo en Santiago de Chile y hoy no celebro: conmemoro.