QUERELLA POR GOLPE DE ESTADO , UNA MEMORIA VIGENTE, 2012.

Iltma. Corte de Apelaciones

Materia: Querella Derechos Humanos

Ministro: Sr. Mario Carroza

Procedimiento: Código de Procedimiento Penal

En lo principal, querella criminal por  delitos que indica; En el Primer Otrosí, Solicita exención de fianza de calumnias; En el Segundo Otrosí,  Solicita diligencias; En el Tercer Otrosí, Acompaña documentos. ; En el Cuarto Otrosí, Solicita se traiga expediente a la vista ; En el Quinto Otrosí, Patrocinio y Poder.-

                                       SEÑOR MINISTRO

LORENA PIZARRO SIERRA, cédula de identidad nº10.434.621 – 9, Presidenta de la organización denominada  “AGRUPACION DE FAMILIARES DE DETENIDOS DESAPARECIDOS”, AFDD, RUT nº72.366.200 -1, y ALICIA LIRA MATUS, cédula  de identidad nº  5.579.740-4, Presidenta de la Organización No Gubernamental, ONG, denominada “ AGRUPACIÓN DE FAMILIARES DE EJECUTADOS POLÍTICOS”, AFEP,   RUT 73.878.600-9, creada por  Decreto Nº 835 de   22  de agosto de 1996, ambas domiciliadas para estos efectos en calle Agustinas nº 1022, oficina 328, Santiago Centro, a SS Iltma. respetuosamente decimos :

 

Que por este acto entablamos querella criminal por los delitos que se describe en el cuerpo de este escrito en contra de todos quienes corresponda, chilenos o extranjeros, militares o civiles, en relación a los crímenes perpetrados con ocasión del golpe militar del 11 de septiembre de 1973 y que constituyen la estructura y esencia misma de esa sublevación antidemocrática que abrió paso al genocidio que los tribunales investigan hasta hoy, pero sin que hasta ahora se juzgue el golpe en sí y los delitos que ese propio acto implica.

El golpe en sí mismo y los ilícitos penales cometidos el propio 11 de septiembre del 73 constituyen delitos de lesa humanidad, imprescriptibles de acuerdo a los Tratados Internacionales suscritos por Chile que gozan de rango constitucional y de acuerdo además con la propia Jurisprudencia de nuestros tribunales y en especial de nuestra Excma. Corte Suprema en fallos reiterados.

 

1.- LOS HECHOS :

 

Como es de conocimiento de general, en los años de la dictadura y pese a los notables esfuerzos de los familiares de las víctimas y de sus organizaciones, con el apoyo de un grupo de abogados, de entidades humanitarias y religiosas y de la elevada actitud de determinados jueces y ministros de Corte, lo objetivo es que el avance en materia de investigación y juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad perpetrados en nuestro país durante la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet, fue escaso y excepcional.

 

La querella presentada en enero de 1998 en las nuevas condiciones del país y acogida a trámite por del Poder Judicial a través de la Corte de Apelaciones de Santiago, fue la que abrió paso a una etapa nueva en la historia judicial chilena. A fines de ese mismo año eran alrededor de 400 las querellas contra Pinochet y los demás responsables de las debía conocer un solo magistrado, el Ministro del Fuero don Juan Guzmán Tapia. Entre ellas las de casos emblemáticos como los de “Calle Conferencia”, “Caso de los 119”, “Operación Cóndor”, “Caravana de la muerte”, “Colonia Dignidad” y muchos otros.

El elevado número de querellas determinó a las  autoridades judiciales a distribuir las causas entre un reducido grupo de jueces llamados “ de dedicación especial” que permitió la agilización relativa de los procesos en curso, los que hasta hoy no terminan de modo definitivo. Todavía más : el año 2010 se inició la presentación por parte de la AFEP de 1.300 nuevas querellas que corresponden a igual número de casos nunca antes investigados. Entre ellos figuran los del Presidente Allende y el General Bachelet.

En su inmensa mayoría esas nuevas querellas corresponden a los asesinatos de centenares de chilenas y chilenos anónimos, de todas las edades, sexo  y condición social.

 

A estas fechas, tanto el tribunal de SS.Itma. como otros a los que se ha derivado causas, han obtenido logros judiciales significativos y concretos que anidan la esperanza de recuperar a plenitud la confianza en nuestros tribunales.

 

De lo dicho se concluye categóricamente que se encuentra establecido por los órganos pertinentes del Estado de Chile la existencia real de crímenes de lesa humanidad cometidos por agentes del Estado a partir del 11 de septiembre de 1973 y hasta el término de la dictadura, con la complicidad de numerosos civiles y medios de prensa comprometidos con ese régimen antidemocrático.

 

Está por tanto establecido que hubo centenares de detenidos desaparecidos y miles de ejecutados ilegalmente, torturados, violados y violadas y prisioneros sin juicio.

Es más, se ha sometido a proceso y condenado a algunas decenas de esos agentes del Estado, de los que unos 70 de ellos se encuentran hoy en prisión cumpliendo las penas impuestas de conformidad a la ley, luego de un  debido proceso.

Esta es la verdad objetiva, esto es parte indiscutible de la historia judicial del país y esta situación contribuye objetivamente, aunque sea todavía de forma parcial, a los nobles propósitos de verdad y justicia que son contribuyentes del propósito superior de desarrollo y consolidación de la democracia.

 

Sin embargo sigue pendiente una carencia jurídica y judicial fundamental, como es el enjuiciamiento del origen mismo de las múltiples violaciones a los derechos humanos, esto es al golpe de Estado del 11 de septiembre del 73 como tal y los delitos previos que esa operación político militar conllevó.

Así como la confesa participación en ellos, en diversas condiciones jurídicas, de personas y autoridades de estados extranjeros lo que constituyó un gravísimo atentado a la soberanía nacional, que contó con la complicidad de  nacionales, civiles y militares.

 

Ese criminal golpe no fue por cierto una locura matinal del dictador. Ese crimen de lesa patria y de lesa humanidad se vino fraguando con tiempo y en esa sórdida conspiración de políticos, mandos de las Fuerzas Armadas, dueños de medios de prensa, poderosos empresarios y aparatos de inteligencia extranjeros, participaron muchos individuos que nunca han sido procesados y que siguen gozando de inmerecida impunidad y libertad.

 

No podrá cerrarse jamás este negro capítulo de la historia si no se abre proceso en contra de los crímenes del golpe mismo en sí y del conjunto de ilícitos que se perpetraron.

 

¿Cómo podría explicarse que se juzgó las consecuencias y no la causa de los crímenes? ¿Puede haber crímenes tan alevosos como este genocidio cuya causa sea legítima?

 

¿Fueron sólo “excesos de autoridad” como sostienen varios de los que hace mucho que debieran estar encarcelados?. Si sólo fuera eso, ¿cómo se explican los numerosos juicios de derechos humanos ya con sentencia definitiva? Una necesidad elemental de justicia y racionalidad jurídica motivan la presente acción penal.

 

Entrando en materia, digamos que constituyen hoy verdades indiscutibles científicamente comprobadas, tanto el carácter criminal del golpe, la presencia en su preparación y ejecución de parte de una potencia extranjera y el papel de sus servicios de inteligencia, la conspiración previa entre políticos chilenos, miembros de las Fuerzas Armadas y el auspicio de la Central de Inteligencia  norteamericana, la CIA. Es más, todo ha sido expresamente investigado en primer lugar por  organismos del propio Estado norteamericano. Baste sólo con mencionar el llamado INFORME CHURCH  del Senado norteamericano, luego los numerosos documentos desclasificados de la CIA y, adicionalmente, el denominado INFORME  HINCHEY.

 

La primera sesión del Senado del 94 Congreso de la Unión de los EEUU de Norteamérica, de fecha 18 de diciembre de 1975, conoció del Informe acerca de la Acción Encubierta en Chile entre los años 1963 a 1973 preparado por  llevada a cabo por la Comisión Electa para el Estudio de Operaciones Gubernamentales concernientes a Actividades de Inteligencia, que incluye el papel de las Corporaciones Multinacionales en la sedición.

 

Esta importante Comisión fue presidida por el Senador republicano por Idaho, señor Franck Church e integrada por una veintena de parlamentarios estadounidenses y funcionarios especializados. Es la razón por la que se le conoce mundialmente como el “Informe Church”. Un documento a prueba de toda duda o suspicacia pues se trata de un texto elaborado por personas que por su militancia política más bien son afines a los golpistas y en ningún caso de progresistas enemigos de la dictadura. Como dice su propia introducción : “ Las declaraciones de los hechos contenidos en este informe son verdaderas bajo las mejores cualidades del personal de la Comisión para determinarlos. El informe y todos los juicios expresados en él están probados. Varias áreas son meramente mencionadas en él; la investigación en estas áreas continúa.”

“El fin del informe es señalar los hechos básicos de la acción encubierta en Chile para capacitar a la Comisión y sostener audiencias públicas. Este informe está basado en una extensa revisión de documentos de la Agencia Central de Inteligencia, El Departamento de Estado y Defensa, y el Consejo de Seguridad Nacional; y bajo testimonio de oficiales y antiguos oficiales.

 

Con muy pocas excepciones, algunos nombres de chilenos y de Instituciones Chilenas, han sido omitidos para evitar revelaciones de fuentes y métodos de inteligencia y para evitar daños innecesarios a chilenos que cooperan con la Agencia Central de Inteligencia. Sin embargo, el informe procura ofrecer una imagen exacta del alcance, los fines y la magnitud de la acción encubierta de los Estados Unidos en Chile.”

 

El importante documento desarrolla lo que fueron las acciones subversivas encubiertas entre los servicios de inteligencia norteamericanos y políticos chilenos y propietarios de medios de comunicación, sus técnicas, las actividades clandestinas, presencia de las grandes empresas, el apoyo con dinero a determinados partidos políticos chilenos, papel de EEUU en las elecciones presidenciales chilenas de 1964 y de 1970, su influencia en determinados medios de comunicación, la desestabilización económica y política contra el gobierno del Presidente Allende así como las acciones llevadas a cabo a partir del 73, incluidos el enlace y colaboración con las policías nacionales y los servicios de inteligencia y contrainteligencia de las FFAA chilenas.

 

Se demuestra en este documento – que emana al fin y al cabo del propio Estado norteamericano – que mediante la inversión de millones de dólares se compró la conciencia y la acción de un vasto grupo de políticos, de parlamentarios y empresarios.

 

El fin era clarísimo : impedir que en Chile se produjera todo proceso de cambio social, económico o político que pudiera afectar los intereses norteamericanos en Chile.

Para ello, entre otros, se puso en movimiento a organizaciones terroristas como “Patria y Libertad” dirigida por el abogado Pablo Rodríguez Grez o el Comando Rolando Matus; se entregó cuantiosos recursos a gremios como el de los camioneros o a líderes del comercio, se provocó el acaparamiento y la escasez de productos, el estallido de bombas y la ejecución de atentados, las huelgas patronales y del transporte y se captó a dirigentes políticos de derecha y de centro.

 

Como se señala en el Informe, “ los esfuerzos de los Estados Unidos para alterar el curso de la política chilena alcanzó la cima en 1970: la CIA fue orientada a emprender un esfuerzo para promover un golpe militar en Chile, evitando así el ascenso al poder de Salvador Allende. Esta tentativa, también llamada “Plan de Operaciones II”, es el tema de un informe individual de la Comisión y será tratado abajo, en la sección III. Aquí, un breve resumen demostrará la extrema intervención encubierta americana en la política chilena.”

“El 15 de septiembre de 1970 – después de que Allende terminara primero en las elecciones pero antes de que el Congreso chileno hubiera elegido entre él y el candidato, Alessandri |4|, – el Presidente Nixon se reunió con Richard Helms, el Director de la Central de Inteligencia, el asistente al Presidente para asuntos de Seguridad Nacional Henry Kissinger y el procurador general John Mitchell. Helms fue comisionado para prevenir que Allende se hiciera con el poder. Este empeño se llevó a cabo sin el conocimiento del Departamento de Estado y Defensa o del Embajador.”

“Rápidamente resultó evidente tanto para la Casa Blanca como para los oficiales de la CIA que un golpe militar era la única solución para evitar el ascenso de Allende al poder. Para lograr este fin, la CIA estableció contacto con varios grupos de conspiradores militares y finalmente pasó armas y gas lacrimógeno a uno de ellos. La CIA sabía que los planes de todos los grupos de conspiradores se iniciaban con el secuestro del constitucionalista Jefe del Estado Mayor del Ejército, General Rene Schneider.”

 

Sólo la Agencia Central de Inteligencia de los EEUU, la CIA, gastó secretamente ocho millones de dólares entre 1970 y el golpe militar en Septiembre 1973, con más de tres millones de dólares gastados  en el año fiscal 1972. El Informe consigna detalladamente las sumas de dólares invertidas para financiar la ofensiva de los diarios de la empresa de “El Mercurio” de propiedad de Agustin Edwards así como la huelga de los camioneros en contra del gobierno constitucional elegido en 1970.

 

Consigna además los pagos a partidos chilenos, la determinación personalizada de los candidatos al parlamento  a los que la CIA entregaría fondos así como los pagos para la infiltración en el movimiento estudiantil y en la Central de Trabajadores.

 

Como ya dijimos, también consta allí la directa participación norteamericana en el asesinato del general constitucionalista René Schneider,

 

Nuestra realidad actual muestra que lograron su objetivo plenamente.

 

Gracias a la dictadura  impusieron un modelo económico, político y social acorde a sus fines, excluyente, desolidarizado  basado en la ganancia y la apropiación, dependiente del capital extranjero. El Cobre en los hechos está desnacionalizado y en Chile, en suma, no se recupera todavía una democracia plena.

 

Para ello se llevó a cabo el golpe de Estado que cristalizó el 11 de septiembre del 73 con la realización de un conjunto de ilícitos cometidos ese mismo día y que nunca han sido sancionados.

 

Si hemos hecho esta larga relación inicial es precisamente para recordar y explicar  el contexto general en que se enmarcó la comisión de los delitos cuya investigación judicial reclamamos.

 

Por si fuera insuficiente, nos hacemos un deber en señalar que en respuesta a la Sección 311 de la Ley de Autorización en Materia de Inteligencia (Intelligence Authorization Act) para el Año Fiscal 2000, conocida más bien como la “Enmienda HINCHEY , la Comunidad de Inteligencia (CI), dirigida por el Consejo Nacional de Inteligencia, revisó una serie de archivos relevantes de la CIA de ese período, básicamente a partir de recientes búsquedas documentales y estudió gran número de informes del Congreso concernientes a las actividades en Chile en los años 60 y 70.

Asimismo dicha Comunidad revisó las memorias de figuras clave, incluidas las de Richard Nixon y Henry Kissinger; revisó el archivo histórico oral de la CIA que se encuentra en el Centro de Estudios de Inteligencia; y, consultó con funcionarios de inteligencia en retiro que estuvieron directamente involucrados.

 

Esta amplia base de información otorga una gran fiabilidad a los hechos establecidos y que hemos intentado resumir en el presente escrito.

 

Resulta pues indispensable desde el punto de vista legal, judicial y ético, establecer judicialmente las responsabilidades de cada cual en los crímenes de lesa humanidad previamente perpetrados camino del asalto al palacio de la Moneda, así como los cometidos o iniciados el mismo día del golpe y sólo así podrá entenderse que el Poder Judicial de Chile cumplió cabalmente su papel de juzgar estos graves delitos.

 

Huelga  comentar por ser hechos suficientemente conocidos que el mismo día 11 de septiembre del 73, junto con concretar y consumar el delito largamente preparado con mucho tiempo de antelación por los sediciosos, militares y civiles, se perpetró una serie de delitos conexos tales como el innecesario y abominable bombardeo a La Moneda, el despliegue de tropas militares por todo el país aterrorizando a la población y asesinando inocentes, torturando, saqueando propiedades.

 

El propio asalto armado a La Moneda es en sí un ilícito impune hasta hoy.

 

La inmensa mayoría de estos delitos relacionados estrechamente con el golpe y que forman parte del mismo ilícito no han sido investigados o lo han sido aisladamente. Tampoco se investigó nunca los actos terroristas que los golpistas cometieron en preparación del golpe


2.- LOS ILÍCITOS PENALES :

Las conductas descritas importan a lo menos la existencia de los delitos previstos y sancionados por los artículos 121 y 122 del Código Penal, vigentes en la época de los hechos, de sublevación y rebelión contemplados en las normas citadas.

 

Esto es, alzarse a mano armada contra el gobierno legalmente constituido con el objeto de promover la guerra civil, de cambiar la Constitución del  Estado o su forma de gobierno, privar de sus funciones o impedir que entren al ejercicio de ellas al Presidente de la República o al que haga sus veces, a los miembros del Congreso Nacional o de los Tribunales Superiores de Justicia.

 

En efecto, el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, por la fuerza de las armas y a través de Mandos Militares y Decretos Leyes, dejó sin efecto la vigencia de la Constitución Política de 1925, atentó contra entes políticos, destituyendo al Presidente de la República, disolvió el Congreso Nacional e intervino el Poder Judicial.

 

Al mismo tiempo los golpistas del 73 cometieron crímenes en contra de Ministros de Estado, vice ministros o subsecretarios. Jefes de servicio, intendentes, gobernadores, alcaldes y todo tipo de funcionarios públicos. Esos crímenes según los casos, fueron asesinatos, ejecuciones sumarias, torturas o privación ilegítima de libertad.

 

Los hechos expuestos tipificaron también el delito previsto y sancionado en el artículo 122 del Código Penal, esto es, a los que induciendo a los alzados, hubieren promovido o sostuvieron la sublevación y los caudillos principales de esta, siendo coautores de la rebelión, sea como autores, ejecutores o como autores instigadores que tuvieron alguna forma de intervención personal o directa en el alzamiento mismo aunque no consista en su presencia física a la cabeza de los sublevados o en el sitio de los sucesos.

 

Se configuran por supuesto también los delitos de homicidios, y el de lesiones graves, sean consumados o en grado de tentativa, respecto de las personas a las que les alcanzaron los disparos o bombas lanzadas por los asaltantes del Palacio de La Moneda.

 

Existe por supuesto el delito de daños a la propiedad del Estado y el delito de incendio, los que se configuran a partir del muy cobarde bombardeo a La Moneda.

 

Además, se configura el delito de Asociación Ilícita, previsto y sancionado en el artículo 292 del Código Penal, que sanciona a la asociación formada con el objeto de atentar contra el orden social y contra las personas.

 

El golpe de Estado de 11 de septiembre de 1973, como ya se ha descrito en el cuerpo de este escrito, fue planificado por una potencia extranjera aliada con elementos civiles y militares nacionales y perpetrado por grupos militares y civiles organizados, con el objeto de alzarse a mano armada contra el gobierno democrático y constitucional, pero además, de secuestrar, torturar y asesinar a miles de militantes y partidarios del gobierno constitucional, por razones políticas.

 

Ello configura un tipo de asociación ilícita asimilable al delito de genocidio, definido en la Convención para la prevención y  sanción del delito publicado en el Diario Oficial de fecha 11 de diciembre de 1953.

Esto es, destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, social y religioso y actualmente sancionado en la Ley 20.357, publicado con fecha 18 de julio de 2009 en su artículo 11 y 15 sobre Asociación Ilícita para cometer delitos de lesa humanidad o genocidio.  

 

Los ejecutores uniformados y civiles del episodio más trágico de la historia de Chile han cometido además delitos contemplados en el Código de Justicia Militar, especialmente los descritos en ellos Títulos II, IV, V y VI de dicho cuerpo legal   y que el tribunal de SS. Itma. deberá igualmente considerar.

 

Desde luego la traición, el espionaje y otros crímenes que afectan gravemente a la soberanía y a la seguridad exterior del Estado, estatuidos en los arts. 244 a 258 del citado Código de Justicia Militar.

 

Téngase presente que Pinochet y el alto mando de la época eran los responsables del plan de defensa de la seguridad personal del Presidente de la República, Doctor Salvador Allende, y de la defensa del orden constitucional de la nación ante las crecientes amenazas golpistas de la época.

 

No cabe olvidar que en junio del mismo 1973 hubo un intento fallido de golpe de Estado conocido como el “tanquetazo” o “tancazo” para diferenciarlo del intento golpista del general Roberto Viaux de algunos años anteriores, conocido como “Tacnazo” por provenir de efectivos del regimiento Tacna.

 

Fue entonces que Pinochet y su grupo fueron designados garantes de la preservación del orden constitucional del país, mientras que el jefe del grupo terrorista y golpista “Patria y Libertad”, instigador del golpismo, el abogado Pablo Rodríguez Grez, se asilaba en una embajada  y salía del país para evitar su juzgamiento por tales hechos contra el orden y la seguridad nacionales.

 

Los ilícitos por los que nos querellamos constituyen también los delitos contra el orden y seguridad del ejército a que se refiere el Título V del citado CJM. Por cierto además importan la comisión de los delitos contra los deberes y el honor militares sancionados en el Título VI del mismo CJM.

 

Se cometieron asimismo los delitos inferidos por funcionarios públicos a los derechos garantidos por la Constitución descritos en los arts. 148 y sgts. del párrafo 4ª del Título III del Libro II del Código Penal.

 

Ha de considerarse además los ilícitos penales contemplados en la Ley de Seguridad Interior del Estado vigente en septiembre del 73 que  sanciona varias de las conductas de los querellados entre ellas desacato, ultraje y otras.

 

El golpe que destruyó la historia constitucional chilena y violó la  entonces vigente Constitución Política de 1925, vulnera además Tratados y Convenios Internacionales de los que Chile es parte.

 

Entre ellos los Convenios de Ginebra, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención contra la Tortura, la Convención Americana de Derechos Humanos y el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

 

Si se tiene en consideración la penetración extranjera en la política y en las Fuerzas Armadas chilenas, de la que dan cuenta numerosas y serias investigaciones nacionales e internacionales, se concluye en la naturaleza esencialmente delictiva, antidemocrática y antipatriótica del  proceder de los autores civiles y uniformados del golpe de Estado de septiembre de 1973.

 

Es hora ya de romper el largo silencio y permitir que los tribunales nacionales actúen conforme a Derecho.

 

3.- LOS RESPONSABLES :

 

Será el tribunal el que en definitiva resuelva la responsabilidad que a cada cual le corresponde; sin embargo de lo cual desde ya corresponde señalar a los altos mandos de esa época de las Fuerzas Armadas, del Cuerpo de Carabineros y del Servicio de Investigaciones. Así como a los responsables de la Embajada de los EEUU de Norteamérica en Chile. Pero, muy especialmente, a los dirigentes políticos de la oposición al Gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende. La inmensa mayoría de todos los cuales siguen su vida a la fecha en la mayor impunidad e incluso algunos ocupando cargos de responsabilidad en el aparato del Estado.

 

Serán asimismo los tribunales quienes determinen las responsabilidades por cada uno de los claros actos preparatorios del crimen de lesa patria por el que nos querellamos. Nos referimos por ejemplo al acuerdo sedicioso de la Cámara de Diputados del mes de agosto de 1973 y otras declaraciones especialmente preparadas para crear el clima propicio que buscaban los conjurados, entre otros        al pronunciamiento político de la Corte Suprema de la época.

 

Del mismo modo debe investigarse la responsabilidad de los dueños de los medios de comunicación golpistas y de algunos periodistas coludidos con el golpe, como se demostrará en este juicio.

Una revisión de la prensa de la época inmediatamente previa al golpe del 73 nos revela toda la verdad y entrega los nombres precisos. Diarios como El Mercurio, La Tercera, Tribuna, La Segunda, etc., todos afines a la conspiración o partícipes directos, como los medios de la cadena de prensa del Mercurio, entregan antecedentes contundentes para la investigación judicial. A modo ilustrativo, consignamos a continuación algunos datos históricos ; en este caso la fuente principal, aunque no la única, es el libro de la periodista Mónica González “La Conjura, los Mil y un día del golpe”, editorial Catalonia, octubre 2012, uno de los más serios y completos.

 

La obra citada nos recuerda que a pocos días de la elección de Salvador Allende como Presidente de la República, exactamente el día 9 de septiembre de 1970 el embajador de los EEUU en Chile, Mr. Korry  había enviado al Presidente  Nixon el siguiente mensaje: “ una y sólo una esperanza : el futuro de Chile será decidido por un solo hombre: Frei. Creo que él está jugando sus cartas con extraordinaria astucia”.

 

Poco después la Junta Nacional de la Democracia Cristiana de octubre de 1970 exigió a la Unidad Popular un Estatuto de Garantías que debía transformarse en Reforma Constitucional, como condición para apoyar a Allende en el Congreso. Patricio Aylwin dijo entonces: “ Reconocemos su derecho pero no está aún elegido, de nosotros depende. Y como de nosotros depende, tenemos que negociar en condiciones de fuerza.” Y agregó Aylwin :  “ En ese momento Sergio Ossa Pretot , Ministro de Defensa, nos hizo saber que los mandos de la FFAA estaban preocupados por la politización del ejército bajo un gobierno de izquierda”. Añadió entonces el ahora ex presidente que procedieron a reunirse en su casa, privadamente con los mandos de las FFAA. No era la primera reunión entre altos dirigentes de la DC y los militares. Tampoco fue la última.

 

En ellas participaban personajes políticos, vivos hoy, y que ni siquiera han sido citados a declarar por su responsabilidad objetiva en la criminal conjura.

Los sectores más extremos, con apoyo norteamericano, estaban abiertamente por desatar el caos e impedir que Allende asumiera la presidencia. Un obstáculo era la  actitud constitucionalista del General Schneider. Por esos mismos días apareció con fuerza en la política, como ya señalamos, el abogado Pablo Rodríguez al frente de un nuevo movimiento fascista “ Patria y Libertad “.

 

Su discurso era claramente provocador y amenazante: “………si quieren guerra civil, aquí estamos nosotros de pié” y planteaba abiertamente impedir la asunción de Allende como Presidente.

Por varios atentados terroristas, el 28 de septiembre de 1970 fueron detenidos Enrique Schilling y Luis Abelardo Meza que habían provocado explosiones de bombas. Al amanecer del 2 de octubre de ese año estos terroristas hicieron explotar un estanque de 120.000 litros de combustible en el aeródromo de Pudahuel y luego intentaron volar con dinamita un paso nivel en Avda. Mata.

 

Otro terrorista de ultra derecha era Enrique Arancibia Clavel, hijo de un capitán de fragata y hermano de oficiales de la armada y del ejército. Dejamos constancia que, curiosamente, los jueces de la época  dejaban de inmediato en libertad a los terroristas. La conspiración continuó con el asesinato del general René Schneider, operativo en que participó el General Camilo Valenzuela que recibió 50.000 dólares de mano del agente de la CIA, Paul Wimer, quien también entregó una suma similar al almirante Fernando Porta Angulo.

 

El 14 de septiembre de 1970 en la embajada norteamericana en Santiago ya se discutía las variantes golpistas y se distribuía miles de dólares para sobornar a los congresistas chilenos.Un plan sedicioso independiente que constaba con numerosos agentes distribuidos en cuarteles y oficinas, llevaba a cabo el grupo ejecutivo de la empresa norteamericana de telecomunicaciones, la poderosa ITT, dueña de los teléfonos de Chile y que fuera años más tarde estatizada por el gobierno de Allende.

Los conspirados nacionales y extranjeros con el apoyo de los medios de comunicación lanzaron otra variante de su ofensiva, como fue la creación del caos económico del país.

 

El 22 de octubre de 1970 por la mañana, se llevó a cabo la llamada “Operación Alfa”, en la que participaron numerosos terroristas encabezados por Juan Luis Bulnes Cerda, los hermanos Izquierdo Menéndez, Carlos Silva Donoso, Roberto Vinet, que atacaron el vehículo en que se desplazaba René Schneider, dándole muerte a balazos.

A las 48 horas siguientes debía ser proclamado el nuevo presidente de la república por el Congreso Pleno. El  plan de los golpistas fracasó. Allende fue aclamado Presidente. Pero la ofensiva para derrocar al gobierno constitucional recién comenzaba.

 

Entre las figuras de extrema derecha involucradas en el asesinato de Schneider y luego en las maniobras golpistas estaban los uniformados Roberto Viaux, Camilo Valenzuela, Joaquín García, Hugo Tirado, Vicente Huerta, de las distintas ramas de las FFAA y carabineros y también civiles como el abogado Guillermo Carey y su colega Sergio Miranda Carrington, fundador del movimiento “ No entreguemos Chile”. A su vez, la conspiración al interior del ejército continuaba su marcha.

 

El gran empresariado nacional no estaba ajeno en absoluto a lo que ocurría. Un papel destacado jugaba Agustín Edwards, propietario de El Mercurio y fundador en 1968 junto a oficiales retirados de la Armada de una llamada “Cofradía Náutica del Pacífico Austral”. Allí se incorporaron los almirantes  José Toribio Merino,  Patricio Carvajal, Arturo Troncoso, Roberto Kelly y Hernán Cubillos. Este grupo de escogidos mantenía activos contactos con los servicios secretos norteamericanos. Debe mencionarse también a René Silva Espejo, que dirigió  El Mercurio y que tenía contactos de alto nivel con las FFAA.

En septiembre de 1971 los empresarios con el apoyo de la citada Cofradía realizaron un seminario en el Hotel O`Higins de Viña dela Mar. En ese cónclave golpista estuvieron Javier Vial, Hernán Cubillos y Eugenio Heiremans.

 

A  la par, seguía activo el movimiento nacionalista ultrareaccionario “Patria y Libertad”. El general Alexander Haig recomendó por escrito entregarle recursos a Pablo Rodríguez. Acompañaban a dicho abogado, que en su juventud había militado en el Partido Radical, personajes como Roberto Thieme, el que años después contrajo matrimonio con la hija mayor del dictador.

 

Al complot se sumaba la Sociedad de Fomento Fabril ( SOFOFA) y también la Sociedad Nacional de Agricultura con Benjamín Matte, Alvaro Puga y Enrique Campos Menéndez.

 

Mientras, decenas de miles de dólares llegaban  a Patria y Libertad, uno de cuyos principales contribuyentes era el gerente general de Ladeco, Juan Costabal. No es casual que uno de los principales ideólogos de la dictadura fascista chilena, Jaime Guzmán, participara en la fundación de Patria y Libertad en el estadio Nataniel. Guzman era Opus Dei y franquista.

 

Como señala la periodista Mónica González en su obra ya citada, sólo el primer año del gobierno de Allende los aportes norteamericanos  para la desestabilización y el golpe en Chile , superaron los 2 ,5 millones de dólares. Así lo consigan el informe oficial del senado de los EEUU.

 

Un episodio importante de esta asociación ilícita conspirativa fue el paro de octubre de 1972 y el alzamiento del general Alfredo Canales. En este episodio como en otros, juega un papel muy importante la Colonia Dignidad ubicada en Parral, predio de 16.000 hectáreas fundado en los años 60 por Paul Schàffer  y que fuera un cuartel general de la dictadura en el que se ejecutó y se hizo desaparecer a decenas de chilenas y chilenos.

 

Las relaciones políticas de Colonia Dignidad con los golpistas y con figuras civiles es pública y notoria, como podrá declararlo entre otros Federico Willoughby, miembro de la dirección de Patria y Libertad, ejecutivo de una empresa norteamericana y que por esas sugestivas coincidencias de la historia terminó siendo asesor del  presidente Patricio Aylwin , después de la dictadura.

 

Quien ha aportado datos relevantes respecto de como se preparó el golpe que abrió paso al genocidio es don Orlando Saenz expresidente de la Sofofa, quien relata el papel jugado por diversos personajes.

Entre ellos León Villarín, Rafael Cumsille, Raúl Bazán, Jaime Guzmán, Pablo Rodríguez, Sergio de Castro, Sergio Undurraga, Arturo Fontaine, Emilio Sanfuentes, Alvaro Bardón.

 

Casi todos estos personajes están vivos, conocen acabadamente los hechos y deberán prestar declaración en el proceso. La lista es larga y sólo a vía de ejemplo señalemos a Hermógenes Pérez de Arce, Pedro Ewing, Federico Willoughby, Roberto Kelly, Pablo Baraona, Emilio Sanfuentes, José Radic, Gonzalo Vial y tantos otros que en su momento se solicitará sean citados ante el trobunal.

 

Episodios relevantes de la conspiración son  el llamado “Comité de los 15” o el “complot del pastel de choclo”. Luego vendría el asesinato del Comandante Araya de la Armada, la voladura de torres y tuberías, el paro de los transportistas, la asonada de junio del 73, el acuerdo de la Cámara de Diputados, y finalmente el golpe y los brutales crímenes hoy en manos de los tribunales, con su correspondiente operativo de inteligencia: el llamado “Plan Z” y luego el “Libro Blanco del cambio de gobierno en Chile”.

 

Recordemos finalmente que don Patricio Aylwin, destacado dirigente político que ha ocupado los más altos cargos institucionales del país, declaró el 26 de agosto de 1973 al periódico norteamericano “The Washington  Post”  que si a él le dieran a elegir “entre una dictadura marxista y una dictadura de nuestros militares, yo eligiría la segunda”. ¿Hay algo más claro de abierto apoyo al golpe que se veía entonces como un  real peligro para la estabilidad democrática?

 

El mismo personaje, actualmente vivo, pocos días después del golpe de Estado, declaró a la prensa el 17 de septiembre de 1973 que “el gobierno de Allende había agotado, en el mayor fracaso, la “vía chilena al socialismo” y se aprestaba a consumar un autogolpe para instaurar por la fuerza la dictadura comunista”

 

4.- LAS AGRAVANTES :

 

Los delitos perpetrados el 11 de septiembre de 1973, tanto en Santiago como en casi todas las ciudades y pueblos de Chile, fueron cometidos con las siguientes agravantes del art. 12 del Código Penal, descritas en sus respectivos números, que son:

 

Nº1.- Cometer los delitos con alevosía ya que obraron a traición y sobre seguro. Considérese que para los crímenes se confabularon todos aquellos que un político de este país ha llamado “los poderes fácticos”.

 

Nº2.- Ejecutarlos por medios que causaron grandes estragos y daños a personas. Baste con mencionar el asalto y bombardeo a La Moneda.

 

Nº4.- Aumentar deliberadamente el mal causando otros males innecesarios. La tortura, las detenciones y prisiones ilegales, el desaparecimiento de personas, el destierro, lo confirman

 

Nº6.- Abusar los delincuentes de la superioridad de sus fuerzas y armas. Recuérdese que asaltaron La Moneda con tropas y tanques y la bombardearon cuando dentro del palacio estaba  el Presidente Allende con un pequeño grupo.

 

Nº8.- Prevalerse del carácter público del principal culpable. Téngase en cuenta que Pinochet era el Comandante en Jefe del Ejército chileno y le apoyaron diversos confabulados que revestían similar carácter.

 

Nº9.- Emplearon los delincuentes medios absolutamente ignominiosos. Baste con recorrer la historia de esos años y la condena  que, precisamente por la ignominia de los medios empleados, aprobara la Organización de Naciones Unidas durante cada año que duró la dictadura

 

Nº11 Ejecutaron sus crímenes con auxilio de gente armada y de personas que dado su enorme número proporcionaron su impunidad. En efecto, los crímenes de lesa humanidad del día 11 de septiembre del 73 fueron perpetrados por los mandos de las tres ramas de las FFAA, más Carabineros e Investigaciones, arrastrando a sus tropas al genocidio.

 

Nº13 Ejecutaron sus crímenes con ofensa y desprecio tanto de la primera autoridad pública del país como del lugar en que éste se hallaba cumpliendo sus funciones, el palacio presidencial, patrimonio de la nación. Provocaron la muerte del Presidente de la República, asesinaron a sus ministros (casos Tohá y Letelier, por ejemplo ) y destruyeron La Moneda, principal símbolo de una república democrática.

 

Nº18 Perpetraron los ilícitos con ofensa y desprecio del respeto que merecía el Presidente de la República, por su investidura, dignidad, autoridad, y encontrándose en su morada, natural y legítima, sin haber provocado el suceso.

POR TANTO SIRVASE SSA. ITMA.  :

En mérito de los antecedentes de hecho y jurídicos expuestos en el cuerpo de este escrito, tener por interpuesta querella criminal en contra de todos los que aparezcan responsables, civiles o militares, chilenos o extranjeros, de los diversos delitos criminales ya descritos y cometidos con ocasión del crimen que constituye el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, investigar los hechos, la conspiración, los delitos adicionales cometidos aquel día y en su momento decretar los autos de procesamiento que corresponda en la etapa procesal específica y, en definitiva aplicarles el máximo de la pena legal, todo con costas. Nuestro reclamo de justicia interpreta sin duda a la mayoría del país porque es inadmisible, jurídica y moralmente, la impunidad a este respecto.

 

PRIMER OTROSI: Solicitamos que, en tanto somos representantes de organizaciones nacionales que agrupan a miles de los ofendidos, se nos declare exentas del pago de fianza de calumnias.

 

SEGUNDO OTROSI:  Pedimos al tribunal se sirva decretar las siguientes deligencias :

 

  1. amplia orden de investigar a la Brigada de Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones ;

  2. oficio a cada una de las comandancias en jefe de todas las ramas de las fuerzas armadas para que entreguen al tribunal una nómina completa de los nombres de todo el personal de cada una de las instituciones, sea Ejército, Armada o Fuerza Aérea, que participó en las operaciones golpistas del 11 de septiembre de 1973,  a partir de la noche del día 10 de septiembre de 1973 y hasta la madrugada del día 12 de septiembre de 1973, ya sea en la ciudad de Santiago como en las demás ciudades del país, con especial mención de los que participaron en el asalto a La Moneda, en la ocupación de otros edificios estatales en el país y, en el caso del ejército, de cada uno de los comandantes de los regimientos militares de esa fecha a lo largo del país.

  3. oficio a la Dirección General de Carabineros de Chile para que entregue al tribunal una nómina completa de todo el personal que participó en las operaciones golpistas del 11 de septiembre de 1973,  a partir de la noche del día 10 de septiembre de 1973 y hasta la madrugada del día 12 de septiembre de 1973, tanto en Santiago de Chile como en todas las ciudades del país.

  4. oficio a la Dirección General de la Policía de Investigaciones para que entregue al tribunal una nómina completa de todo el personal que participó en las operaciones golpistas del 11 de septiembre de 1973,  a partir de la noche del día 10 de septiembre de 1973 y hasta la madrugada del día 12 de septiembre de 1973 en Santiago y demás ciudades del país.

 

  1. oficio al Servel y a la Contraloría General de la República para que informe al tribunal de la nómina de todos los dirigentes de los partidos políticos chilenos a la época del 11 de septiembre de 1973.

  2. oficio a la embajada de los EEUU de Norteamérica en Santiago de Chile para que entregue al tribunal la nómina de sus funcionarios a la fecha del 11 de septiembre de 1973.

  3. oficio a la Cámara de Diputados para que informe al tribunal de quienes fueron los parlamentario promotores del acuerdo de esa Cámara de agosto de 1973 que declaró como supuestamente ilegales los actos del gobierno constitucional e informe además de qué parlamentarios votaron a favor dicho proyecto de acuerdo.

  4. oficio a la Excma. Corte Suprema a fin que entregue al tribunal la nómina de los ministros que formaban parte de esa Corte a la fecha del golpe de Estado y de aquellos ministros que suscribieron una declaración relativa a una supuesta desobediencia del gobierno constitucional de la época al acatamiento de los fallos de tribunales.

  5. oficio a Policía Internacional para que informe a SS. Itma., respecto de las condiciones de la salida del país del ciudadano Pablo Rodríguez Grez,  jefe del grupo Patria y Libertad, tras el fracasado intento de golpe de Estado de junio del mismo año 1973.

  6. oficio a las empresas periodísticas de El Mercurio y La Tercera para que remitan al tribunal ejemplares de los periódicos El Mercurio, La Tercera, La Segunda y La Tribuna de los meses de octubre de 1972 a diciembre de 1973.

  7. Se cite a declarar a los periodistas señora Mónica González y señor Francisco Herreros a fin que declaren respecto de la presente querella por su conocimiento como resultado de sus investigaciones profesionales.

  8. Se cite a declarar al señor Federico Willoughby Mac Donald, vocero de la dictadura y más tarde alto funcionario del gobierno de Patricio Aylwin,  respecto de hechos de los que tiene un reconocido y personal conocimiento.

 

TERCER OTROSI :  Pedimos al tribunal tener por acompañados: 1) copia en idioma español del llamado Informe Church del Senado de los EEUU de Norteamérica del mes de diciembre de 1975, en que consta buena parte de los fundamentos  de la presente querella, y 2) copia de material de Wikipedia acerca del llamado Plan Zeta.

 

CUARTO OTROSI : Pedimos a SS. Itma. se sirva disponer se traiga a la vista y se tenga como parte integrante de la presente acción penal, el expediente relativo al episodio del bombardeo de La Moneda, formado a partir de la investigación acerca de la muerte del Presidente Salvador Allende.

 

QUINTO OTROSI : Pedimos al tribunal se sirva tener presente que conferimos poder y patrocinio a los abogados señores Eduardo Contreras Mella y Alfonso Insunza Bascuñan.

“AGRUPACIÓN EX MENORES DE EDAD ” VICTIMAS DE PRISIÓN Y TORTURA

English: Parque por la Paz Villa Grimaldi - Sa...
English: Parque por la Paz Villa Grimaldi – Santiago Chile – Peace Park (Photo credit: Wikipedia)

“AGRUPACIÓN EX MENORES DE EDAD ”

VICTIMAS DE PRISIÓN Y TORTURA

COMUNICADO A LAS AGRUPACIONES DE DERECHOS HUMANOS:

Junto con saludar la labor que ustedes realizan por la protección de los Derechos Humanos en Chile, queremos señalar lo siguiente:

Somos una organización de personas que siendo menores de edad fuimos víctimas de prisión y tortura en Chile durante la dictadura militar. Hoy es de público conocimiento que el Estado de Chile implementó durante esos años una política de Estado destinada a desarticular los movimientos sociales y políticos de la época, sometiendo a sus opositores a vejámenes y torturas ampliamente descritas en el Informe Valech.

Esta política de Estado no dejó fuera a los menores de edad, siendo hoy sorprendente a los ojos de la opinión pública que niños, niñas y adolescentes hayan permanecido secuestrados, interrogados y torturados durante días, e incluso semanas, en recintos como Villa Grimaldi, Cuartel Borgoño, Tres Álamos, y en algunos casos en sus propios hogares. Hoy nos enfrentamos a la constatación de que nuestro uso como niños y niñas, tanto en calidad de rehenes, como en prácticas de tortura física y psicológica hacia nuestros padres, e incluso hacia nosotros mismos, constituyó un hecho generalizado y fue una práctica frecuente de los organismos de represión en época de dictadura.

Si bien reconocemos el valor ético que ha tenido el Informe Valech para la sociedad chilena, en tanto estableció la existencia de una política de Estado que uso la tortura como método, consideramos que la experiencia de quienes fuimos menores de edad debe ser abordada con mayor profundidad. Por esto nos hemos agrupado por primera vez para reconstruir la memoria desde nuestra propia experiencia.

En este contexto, como organización nuestro primer objetivo es recopilar los testimonios de todas las personas que siendo menores de edad sufrieron prisión política y tortura, hayan calificado o no en la Comisión Valech, y por lo tanto, incluyendo en esta categoría a quienes estaban en gestación cuando sus madres fueron detenidas aunque no hayan nacido en prisión. La recopilación de estos testimonios es vital para la reconstrucción de la memoria histórica de nuestro país, y es importante que podamos hacerlo desde nuestra propia experiencia.

Asimismo, hemos constatado que la gran mayoría de las personas que siendo menores fueron víctimas de tortura no se encuentra en el Informe Valech. Esto se debe fundamentalmente a que la situación de prisión y tortura fue una situación extremadamente difícil y dolorosa para las familias, y debido a esto mantuvieron esta situación en silencio. Sólo a partir de la publicación del informe, y del reconocimiento de la existencia de menores de edad propiamente tal afectados por prácticas de tortura física y psicológica, muchas familias abrieron este tema en su seno por primera vez, cuando la Comisión ya había cerrado las inscripciones. Por otra parte, algunos padres mencionaron esto sólo en sus propias declaraciones, ya que no se les dijo que sus hijos e hijas debían presentarse personalmente. Por esto hemos iniciado las gestiones necesarias para buscar alguna solución a estos casos.

Un segundo objetivo importante es la presentación de un juicio colectivo de personas que siendo menores de edad fueron víctimas de prisión política y tortura. Un pilar fundamental de la reparación es sin lugar a dudas la justicia, más aún si se trata de crímenes de lesa humanidad cometidos en perjuicio de menores. Les invitamos a formar parte de esta querella que queremos presentar colectivamente en marzo. A la fecha hemos ubicado a cuarenta personas dispuestas a formar parte de esta iniciativa legal; esperamos en marzo ser unas cien personas para colocar con fuerza este tema en el debate público.

Nuestro tercer objetivo tiene que ver con la Ley de reparaciones actualmente vigente. Esta ley no nos consideró como víctimas propiamente tal al dejarnos fuera de la mayoría de sus beneficios. Actualmente nos encontramos solicitándole al gobierno un reconocimiento formal de nuestra calidad de víctimas, y de beneficios concretos en materia de educación, salud y vivienda.

Nos dirigimos a ustedes con el convencimiento de que nos pueden ayudar en este camino. Les solicitamos a todos los organismos de Derechos Humanos, y las personas en general que nos ayuden a localizar a los hijos e hijas de militantes de todos los partidos políticos para que formen parte de esta iniciativa por la memoria y la justicia. Es para nosotros de suma importancia localizar a la mayor parte de quienes vivimos tortura y prisión siendo menores de edad, estén en Chile o en el extranjero. Sabemos que podemos contar con el apoyo y la comprensión de ustedes, en el entendimiento de que esta iniciativa apunta a que nos podamos hacer cargo hoy de una situación para la cual no teníamos herramientas en el pasado, y que éste constituye quizás el acto de reparación más importante que está a nuestro alcance.

Para mayor información pueden dirigirse a: exmenores@gmail.com

Agrupación de Ex – Menores de Edad

Víctimas de Prisión Política y Tortura

http://memoriacolectiva.com/old/exmenores.htm

RESEÑA LIBRO DOBLE AUTORÍA H. LLAITUL-JORGE ARRATE.Entre el Ser y el Acontecimiento y la Ética de la Liberación

Cherie Zalaquett Aquea 
especial para G80

Weichan: Héctor Llaitul entre el Ser y el Acontecimiento y la Ética de la Liberación

Weichan. Conversaciones con un weychafe en la prisión política, el libro de creación conjunta entre el mapuche líder de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), Héctor Llaitul, y el ex candidato presidencial y ex ministro, Jorge Arrate, es una obra literaria compleja y rizomática. Desde la perspectiva de los estudios latinoamericanos,  Weichan formula un conjunto de problemas epistemológicos y culturales en torno al sujeto, al cuerpo, la identidad y a la vez nos interpela a examinar la legitimidad de la violencia política como expresión de la resistencia de un pueblo oprimido.

Para comenzar, ambos autores no pueden sustraerse a la distancia determinada por las categorías de etnia y clase que los inviste en posiciones subjetivas temporarias divergentes en el flujo del discurso. Su alianza escritural no es impermeable a la brecha que sitúa al blanco y al indio en una condición epistemológica distinta y antagónica como es el lugar del colonizador y el del colonizado. Más todavía, cuando comparten como lengua común, el idioma del conquistador que inevitablemente hegemoniza el texto y provoca un desencuentro cultural que obliga al blanco a realizar en forma constante un esfuerzo de traducción que, en el planteo de José Rabasa2 , sólo refleja el fracaso de la racionalidad occidental para la comprensión del indígena. El indio en cambio, según Rabasa, como estrategia de sobrevivencia en el régimen colonial, habría desarrollado con astucia una capacidad de habitar mundos múltiples que implica coexistir en espacios híbridos diferentes, lo que le permite  habitar y actuar en la dimensión cognitiva de la ideología dominante, sin abandonar sus propios mundos. De allí que para mirar este libro, que expone el pensamiento y la trayectoria militante de Héctor Llaitul, resulta tan pertinente “Calibán”, el concepto metáfora acuñado por el poeta cubano Roberto Fernández Retamar3,  en torno al personaje de La Tempestad de Shakespeare, quien increpa a Propero, su amo y señor, sentenciando: «Me enseñaron su lengua, y de ello obtuve/ El saber maldecir. ¡La roja plaga/ Caiga en ustedes, por esa enseñanza!»

Arrate despliega hábilmente su estrategia narrativa intentando sortear el desencuentro al establecer una separación tajante entre su propia voz y la de Llaitul, diagramada con márgenes y tipos de párrafo distintos. De esta forma, constituye al texto en una “zona de contacto” entre fronteras  permitiendo una aproximación no jerárquica con el Otro; y además se auto inhibe del protagonismo del intelectual comprometido que se arroga la representación del sujeto subalterno. Porque la paradoja de la representación es que se da en un juego simultáneo de opacidad y transparencia donde ésta sólo se presenta a sí misma, eclipsando y suplantando a lo representado, y con ello sólo consigue duplicar su ausencia4.

Con su doble autoría, este libro pone de relieve el problema de la identidad que, a la luz de las reflexiones de Stuart Hall5, no señala al yo como un núcleo estable de la modernidad, que sigue siendo el mismo a lo largo del tiempo, así como tampoco habría un yo colectivo y verdadero que pueda fijar una “unicidad” o pertenencia cultural sin cambios. Para Hall, el yo es una ficción identitaria generada históricamente: «Las identidades nunca se unifican…son construidas de múltiples maneras a través de discursos, prácticas y posiciones diferentes, a menudo cruzadas y antagónicas, que están sujetas a una historización radical y en constante proceso de cambio».

Hall subraya que el género, del mismo modo que la etnia y la clase, son identidades sociales que se construyen en el discurso y emergen dentro de un juego de modalidades de poder. Las identidades son entonces el resultado de la afirmación de una diferencia y de una relación con el Otro, por eso en ellas gravita la exclusión o la abyección de su exterior constitutivo y al mismo tiempo son desestabilizadas por aquello que excluyen. Derrida demostró que estas variables se erigen en un marco binario que establece una jerarquía entre los dos polos resultantes: hombre/mujer, blanco/negro, en el que los segundos términos acaban siendo “marcas” y estigmas. En consecuencia, ser indio o mestizo no es simplemente un asunto de sangre ni de una identidad esencial anterior a la conquista, sino que también se trata de una construcción social. Por ejemplo, durante la colonia, la condición étnica, se articuló con la de clase para calificar como “indios” a los habitantes originarios situándolos en el último peldaño de clasificación social, lo que implicó para ellos diversas formas de servidumbre y de trabajo esclavo en beneficio de los “blancos”.

En esta perspectiva, las identidades militantes de Llaitul y Arrate, tal como lo describe el libro, fueron también evolucionando. Mientras Arrate dio un paso al costado de la Concertación y del socialismo renovado (o neoliberalizado) para adoptar posiciones más radicales y cuestionadoras de la institucionalidad política chilena, Llaitul, se distanció de su militancia en las organizaciones revolucionarias de inspiración foquista y castro guevarista (MIR, FPMR) asumiendo en plenitud la identidad mapuche con el propósito de diseñar un camino propio de liberación para su pueblo.

No es posible entender el retorno a lo indio de Llaitul fuera del marco de cambio epistemológico ocurrido en todo el continente latinoamericano, denominado por José Bengoa como “la emergencia indígena”6. Se trata quizás de uno de los fenómenos socioculturales más importantes del último periodo de nuestra historia,  porque implica una revalorización del componente étnico en los Estados Nacionales latinoamericanos que por largo tiempo había permanecido invisibilizado. La mutación epistemológica se produce por un cambio de signo desde lo peyorativo a lo positivo, perfilando así una nueva identidad étnica, dotada de un discurso que rechaza el paternalismo y busca posicionarse como actor protagónico en las agendas nacionales e internacionales.

Al mismo tiempo, la emergencia indígena abrió un complejo campo de problemas, porque este nuevo perfil identitario de lo indio está marcado por una visión crítica, rupturista y radicalizada en grados variables, que cuestiona, por un lado, la raíz misma de la formación de los Estados Nacionales latinoamericanos como un proceso extremadamente violento, invasor y antidemocrático; y, por otro lado, rechaza la modernización capitalista neoliberal que implica el desarrollo de grandes proyectos multinacionales de explotación de recursos hídricos, forestales, mineros, entre otros, que requieren para su expansión de territorios que constituyen el hábitat de las poblaciones indígenas7. Asimismo, en un escenario marcado por la globalización, y también por la celebración del V centenario del Descubrimiento de América, el modelo de un Ejército Zapatista alzado en armas, operó como un paradigma que repotencia la memoria mítica y el imaginario de los indígenas del continente combatiendo contra el conquistador español para expulsarlo de su suelo. De ahí que las primeras palabras de Llaitul en este libro remarquen la figura del weychafe como militante y luchador social de la etnia, un arquetipo que se forjó antes de la llegada de los españoles en la resistencia a la invasión del imperio incaico y cuya memoria ancestral ha persistido a lo largo de los siglos para enunciar en el presente “el renacer de los guerreros”.

Este marco histórico conceptual, pero a la vez mítico, marcado por la concepción mapuche de una temporalidad “no lineal, sino circular”, espiral que sugiere la pluralidad de mundos presentes en su cosmovisión, nos ofrece una lectura posible del nacimiento de la CAM. En el decir de Llaitul, se trata de un proyecto de liberación del pueblo mapuche surgido desde la propia etnia y no subordinado a los partidos de izquierda que tradicionalmente condujeron sus demandas. Su programa constituye un intento de organización político militar, de corte revolucionario, con una estrategia sustentada en dos grandes líneas: resistencia mapuche al sistema capitalista en su territorio ancestral y reconstrucción del pueblo nación mapuche con autonomía territorial y política.  Su condición revolucionaria está dada porque se autoimpuso una meta de cambio estructural y, para alcanzar sus objetivos, requiere de una disputa por el control de la tierra que, de tener éxito, ocasionaría un quiebre en la supuesta unidad y homogeneidad de la nación chilena forzando la refundación del Estado.

La respuesta del Estado de Chile a la radicalización de las demandas de esta organización mapuche -particularmente en los gobiernos de Lagos, Bachelet y Piñera- ha reeditado la lógica del conquistador y del régimen colonial, al privilegiar una estrategia represiva y judicial, así como la militarización de la Araucanía. De esta forma, la reacción estatal enfatiza el estigma del terrorismo sobre la etnia y la somete a una constante vulneración de sus derechos, al mismo tiempo que elude afrontar la crisis con una perspectiva política de largo plazo que le permita elaborar soluciones integrales. El resultado ha sido una permanente escalada del conflicto. 

El “acontecimiento-revuelta” de Llaitul, al crear el cuerpo político denominado CAM, y la reacción del Estado chileno nos invitan a repensar la política en el marco de los procesos de emancipación como un espacio que incorpora y no priva de reconocimiento a la diversidad de actores sociales que emergen desde las propias falencias del sistema institucional. Es decir, un Estado abierto y atento a establecer una relación dialéctica con las particularidades y diferencias reivindicadas por la pluralidad de sujetos en que radica la soberanía popular que otorga legitimidad al sistema político. Precisamente en el umbral del tercer milenio, cuando quedó al desnudo el crítico fracaso de la despolitización apareada al fin de la Guerra Fría, el filósofo franco-marroquí, Alan Badiou, emprendió la tarea de reformular la política en su condición de procedimiento genérico de verdad. Para este pensador, es la acción colectiva desplegada en el espacio público lo que produce el acontecimiento político. De ahí que subraya: “No es porque hay reacción que hay revolución, es porque hay revolución que hay reacción”. En Lógicas de los mundos: El ser y el acontecimiento 28, Badiou propone que existe, por un lado, el ser (lo que hay en el mundo) y, por otro lado, el acontecimiento (que rompe la continuidad de lo que hay en el mundo). El ser es la representación y el acontecimiento, el centelleo fugaz, la huella evanescente, que posibilita romper con la continuidad del ser al crear la coyuntura para la intervención de un sujeto que lleva este acontecimiento hasta sus últimas consecuencias generando una verdad. Por lo tanto, la verdad se produce en situación desde el acontecimiento que configura al sujeto como agente local de un fragmento de ella. Así, el acontecimiento abre un espacio subjetivo que se “puebla” de tres figuras posibles: el sujeto fiel, quien crea las consecuencias del acontecimiento y origina el presente;  el sujeto reactivo, crea el pasado, oblitera y anula el presente;  y el sujeto oscuro que estando en el presente lo oculta, recurriendo a fetiches intemporales como Ciudad, Dios, Raza, Destino, Revelación. De este modo, son los sujetos comprometidos con un procedimiento de verdad quienes extraen las consecuencias del acontecimiento, potenciando las marcas de ruptura y novedad frente a él.

Para ilustrar su teoría, Badiou cita el siguiente ejemplo:

A continuación de la revuelta de un puñado de gladiadores en torno a Espartaco, en 73 A. C., unos esclavos, pero muy numerosos hacen cuerpo, en lugar de dispersarse en rebaños. Admitamos que la huella del acontecimiento-revuelta es el enunciado “Nosotros, esclavos, queremos volver a nuestras tierras”.  Primero, los esclavos “en cuerpo” (en ejército) se mueven en un nuevo presente. Porque no son más esclavos. Y así muestran (a los otros esclavos) que es posible que un esclavo no lo sea más, y que no lo sea más en el presente. De allí el crecimiento, rápidamente peligroso, del cuerpo. Esta institución de lo posible como presente es típicamente una producción subjetiva. Su materialidad son las consecuencias extraídas día tras día del trazado acontecimiental, es decir de un principio indexado al posible: “Nosotros, esclavos, queremos y podemos volver a nuestras tierras”.

La concepción de la política como discontinuidad y ruptura no es exclusiva de Badiou. Chantal Mouffe9 establece una distinción entre la política y lo político. Mientras la esfera de la política incluye lo que establece el orden y la institucionalidad,  lo político, en cambio, mostraría el antagonismo inherente de ese orden. Para Mouffe, lo político desborda a la política porque mientras esta última tiene vínculos con la legalidad, el Estado y la gobernabilidad, lo primero perfora el sistema al cuestionar su legitimidad y es el lugar donde surgen los movimientos que no se ciñen al orden estatal.

De esta tensión entre la política y lo político surge la interrogante acerca del uso de la violencia como recurso de presión de los movimientos sociales cuyas demandas de reconocimiento son sistemáticamente ignoradas por el Estado. Al respecto, escribe Llaitul:

No estamos organizando una guerra en el sentido común y corriente de esa palabra, o con la perspectiva convencional occidental. La nuestra es también una confrontación cultural y espiritual. Es una contienda que tiene momentos y espacios diversos y cambiantes. Y la vamos a ganar. Por eso nuestro grito de guerra es Wewaiñ.

El pensador latinoamericano Enrique Dussel dedica su Ética de la liberación en la Edad de la Globalización y la exclusión10, a la lucha por el reconocimiento de los nuevos movimientos sociales, políticos, ecológicos, de género y étnicos, entre otros, que brotan a fines del siglo XX. Estos se producen a través de una compleja articulación de inmensas mayorías de la humanidad victimizadas y excluidas, que afloran como comunidades críticas en torno a un núcleo de militantes. Dussel fundamenta y legitima el ejercicio de una praxis de liberación de estas comunidades situadas en la periferia del sistema-mundo y negadas desde el origen de la modernidad como culturas “otras”, “atrasadas” en relación al centro dominado por Europa. Para Dussel, la cuestión es superar el sistema-mundo globalizador que simultáneamente excluye al otro que resiste, superar también la razón cínico-gestora (administrativa mundial) del capitalismo (como sistema económico), del liberalismo (como sistema político), del eurocentrismo (como ideología), del machismo (en la erótica), del predominio de la raza blanca (en el racismo), de la destrucción de la naturaleza (en la ecología), etc., lo que supone la liberación de diversos tipos de víctimas oprimidas y/o excluidas.

En el razonamiento de Dussel, todo sistema institucional vigente tiene derecho a ejercer cierta coacción legítima, que permita encausar a los que no estén dispuestos a cumplir con los acuerdos válidamente aceptados. Pero ello no significa aceptar la dominación como constitutiva de la legitimidad, como presupone Max Weber, sino permitir una coerción institucional, mutuamente acordada por consenso, en cuanto logra y respeta la producción, reproducción y desarrollo de la vida humana de todos los miembros del sistema:

El conflicto ético comienza cuando víctimas de un sistema formal vigente no pueden vivir, o han sido excluidas violenta y discursivamente de dicho sistema; cuando sujetos socio-históricos, movimientos sociales (p.e. ecológico), clases (obreros), marginales, un género (el femenino), razas (las no-blancas), países empobrecidos periféricos, etc., cobran conciencia, se organizan, formulan diagnósticos de su negatividad y elaboran programas alternativos para transformar dichos sistemas vigentes que se han tornado dominantes y  opresores… Para esos nuevos sujetos socio-históricos la coacción  “legal” del sistema vigente (que causa su negación y los constituye como víctimas) ha dejado de ser «legítima», Y ha dejado de serlo, en primer lugar, porque cobran conciencia de que no habían participado en el acuerdo originario del sistema (y por ello comienza a dejar de ser «válido» para ellos); y, en segundo lugar, porque en dicho sistema dichas víctimas no pueden vivir (por ello deja de ser una mediación factible para la vida de los dominados)…. Todo uso de la fuerza contra los nuevos derechos…será  estrictamente violencia: uso de la fuerza contra el derecho del Otro, sin validez ni consistencia objetiva

Por lo tanto, para Dussel, las acciones de los movimientos sociales, su praxis de liberación, nunca pueden ser consideradas como violentas, sino que significan una coacción legítima aunque frecuentemente ilegal ante un orden aparentemente democrático, pero deslegitimado. Dussel reserva la palabra violencia  a la rebelión ilegal e ilegítima del anarquista  o a la coacción legal que se ha tornado ilegítima del Estado como ente represor.

Ante la complejidad de problemas que plantean Llaitul y Arrate en Weichan, y dadas las limitaciones de la racionalidad occidental para traducir lo que encierra en el orden simbólico un grito de guerra como Wewaiñ, esta obra reedita  la perplejidad del conquistador ante la incertidumbre epistemológica que le causa lo inefable del mundo indígena. Por Llaitul sólo sabemos que la guerra que propone no se trata de lucha armada en el sentido convencional; que pretende también permanecer enmarcada en una ética, es decir, construida por acciones sin sangre “que no buscan dañar a personas, sino a compañías forestales, a propietarios latifundistas y a empresarios inescrupulosos que atentan contra sitios considerados sagrados por el pueblo mapuche”. Cabe preguntarse, si es posible para un movimiento social organizado sostener en el transcurso del tiempo una estrategia de violencia política que pueda sea ejercida dentro de límites totalmente acotados y controlados; y preguntarse también si es posible que el Estado de Chile afronte este contradiscurso, que de diferentes maneras lo ha interpelado por más de doscientos años, renunciando a instrumentos de hegemonía colonial para emprender un retorno urgente a la política.

Cherie Zalaquett Aquea.1

1 Doctora (c ) en Estudios Americanos IDEA-USACH. Este artículo forma parte de la investigación de su tesis doctoral “Mujeres y etnia en la violencia insurgente en Chile y Bolivia (1990-2010)”, proyecto financiado con la beca Conicyt.  
2 Rabasa, J. (2000). Límites históricos y epistemológicos de los estudios subalternos. En M. Moraña (Ed.), Nuevas Perspectivas desde/sobre América Latina. El desafío de los estudios culturales (págs. 107-118). Santiago, Chile: Cuarto Propio.
3 Fernández Retamar, R. (2004). Todo Calibán. Argentina: Clacso libros.
4 Enaudeau, C. (2006). Las paradojas de la representación. Buenos Aires: Paidos.
5 Hall, S. (2003). ¿Quién necesita identidad? En S. D. Hall, Cuestiones de identidad cultural. Buenos Aires: Amorrurtu.
6 Bengoa, J. (2007). La emergencia indígena en América Latina. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica.
7 Samaniego, A., & Ruiz, C. (2007). Mentalidades y políticas wingka: Pueblo mapuche, entre golpe y golpe (De Ibáñez a Pinochet). Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
8 Badiou, A. (2008). Lógicas de los mundos. El ser y el acontecimiento 2. Buenos Aires: Manantial.
9 Mouffe, C. (2007). En torno a lo político. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
10 Dussel, E. (1998). Ética de la liberación en la Era de la globalización y la exclusión. Valladolid: Editorial Trotta.

El testimonio de uno de los dos hombres que vio morir al general Bachelet

El testimonio de uno de los dos hombres que vio morir al general Bachelet

Por : Mónica González en Reportajes de investigación Publicado: 23.07.2012

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La semana pasada el juez Mario Carroza sometió a proceso a dos comandantes (r) de la FACh por la muerte del general Bachelet. CIPER entrega ahora el testimonio de un hombre que lo vio morir en la Cárcel Pública. El capitán (r) Jorge Silva era el único preso que estaba junto a Bachelet cuando sufrió el fatal infarto del 12 de marzo de 1974. El ex uniformado cuenta que fue detenido por los mismos oficiales (r) procesados ahora por el juez Carroza: Edgar Ceballos y Ramón Cáceres. Éste último, acusa Silva, también lo torturó. Su pecado: haber detectado una conspiración militar para asesinar a Allende en 1970.

Jorge Silva no fumaba, pero el día en que al fin se decidió a contar toda su historia encendió tres cigarrillos. En 1970 tenía 35 años cuando, por un hecho fortuito, quedó a cargo del Departamento de Contrainteligencia de la Fuerza Aérea. Entonces ostentaba el grado de capitán de la FACh. En esa destinación detectó y ayudó a desbaratar un plan, desconocido hasta ahora, para asesinar a Salvador Allende antes de que asumiera la Presidencia. La conspiración tenía como protagonistas a oficiales de la FACH, la Armada y el Ejército. Silva no era un hombre de izquierda, pero ese episodio marcaría su vida. Por ese hecho fue detenido en octubre de 1973, acusado de traición y torturado. Parte de los recuerdos que relata Silva, ya fueron publicados en el libro “Disparen a la bandada” de Fernando Villagrán.

En la Cárcel Pública, Silva conoció al general Alberto Bachelet. Dormían en camas contiguas en la celda y por eso escuchó, de boca del propio general, las razones que lo llevaron al colapso cardíaco. Silva fue el único preso que estaba con Bachelet cuando sobrevino el infarto y lo asistió, junto al doctor Álvaro Yáñez, al momento de su muerte.

El día en que Silva desclasificó su historia para CIPER, estaba acompañado de los comandantes (r) de la FACh Alamiro Castillo y Raúl Vergara. Flanqueado por ellos, Silva contó que otros dos comandantes (r) fueron los responsables de su detención en 1973: Edgar Ceballos y Ramón Cáceres. A este último lo conocía por razones familiares y lo acusa de haber sido uno de sus torturadores. La semana pasada el juez Mario Carroza, que investiga la muerte del general Bachelet, procesó y detuvo a Ceballos y Cáceres.


-Capitán, ¿cómo recuerda usted las últimas horas de vida del general Alberto Bachelet, con el que compartió estrechamente mientras ambos estuvieron detenidos en la Cárcel Pública varios meses? 
Recuerdo muy bien sus últimas horas de vida. Porque a mi general lo sacaron ese día lunes 11 de marzo de 1974 de la cárcel y se lo llevaron a la Academia de Guerra Aérea (AGA). Fue inesperado, como después de almuerzo, creo, y lo trajeron de regreso como a las 8 ó 9 de la noche. Yo dormía en una cama que llevó la esposa del general Alberto Bachelet, Ángela Jeria, a la cárcel. Ellos eran muy aficionados a salir de camping, y como nosotros estábamos hacinados en una celda en la que a veces había hasta 18 prisioneros, ella llevó dos camas. Armábamos la cama cuando todo el resto ya se había acostado porque no había espacio. Entonces, se acostaban todos y con el general Bachelet después armábamos la cama de él y la mía en el suelo, una junto a la otra. Estaban tan juntas que, a veces, el general se dormía y se le caía el brazo encima de mí. “Mi general, me está despertando”, le decía.


-¿Quiénes estaban en esa celda en la que compartía con el general Bachelet? 
La cantidad de presos que estábamos recluidos en la celda 12 de la Cárcel Pública variaba. A veces hasta civiles que llegaban los metían en nuestra celda. La celda, ubicada en una esquina, tenía dos áreas. Recuerdo que en una estaba Rolando Miranda, Patricio Carvacho, el coronel Carlos Ominami, Ernesto Galaz. Y en la otra estaba el general Sergio Poblete como con tres literas encima. Y en el suelo dormíamos el general Bachelet y yo.


-¿Cómo estaba antes de que se lo llevaran a interrogatorio a la AGA? 
Normal. Y volvió afectado, muy afectado. Hay una última conversación que no he dicho nunca públicamente. En la noche estábamos todos metidos en la cama…y me hizo un comentario: “Me quieren embarcar en un lío de faldas que ojalá no lo sepa la Ángela, porque tú sabes como es esta gente. Yo tuve un problema y lo están armando en este momento; y tal como lo están haciendo, será muy difícil para mí rebatirlo. Y lo más probable es que se lo van a decir a ella”. (En documentos judiciales hay testimonios que indican que el general Bachelet escucha en ese último interrogatorio los gritos de una mujer a la que quieren que confiese una vinculación con él). La verdad es que por pudor no quise preguntarle nada más. Así era el trato que teníamos los oficiales con un general… Le pedí que no se preocupara, que ellos habían demostrado no tener límites, que quizás qué otras cosas le van a inventar… “Ya”, me dijo, “mañana conversamos”. Pero lo vi tan afectado que incluso decidí tomarle el pulso. Eso fue lo último que conversamos esa noche…


-¿Era frecuente que los oficiales que estaban en esa celda con usted contaran lo que ocurrió en el interrogatorio cuando regresaban de la AGA? 
No, no era lo habitual. De hecho, fue la primera vez que el general Bachelet dijo algo. Nadie contaba nada porque, por razones obvias, nadie quería escuchar tampoco. Sobre las torturas no había forma de esconder lo que había pasado, porque llegaban con marcas, marcas rojas. Nosotros decíamos que volvían con “pulseras”, porque cuando nos aplicaban los choques eléctricos tú te estirabas y en tu piel se enterraban los alambres que te ponían en las muñecas. Eran tirantes de paracaídas que usaban para eso. Yo no creo que al general Bachelet lo torturaran físicamente, pero sí sicológicamente con las historias que le empezaron a inventar de platas y mujeres. Y eso lo tenía realmente muy afectado la noche antes de que falleciera.


-¿Qué pasó a la mañana siguiente? 
Esa mañana, el general Bachelet y yo estábamos de turno para el lavado de las cosas del desayuno. Y la gente se ha olvidado que precisamente esa mañana fueron a la cárcel el capellán Gilmoure y el capellán de la cárcel a hacer una misa. La hicieron en el patio donde nosotros estábamos. El general Bachelet no fue a la misa, era masón, y nos quedamos los dos en la celda mientras el resto se fue a la misa, porque yo estaba haciendo el desayuno y él estaba lavando la vajilla. Y en un momento él me dijo: “Flaco, me siento mal”. “Mi general, recuéstese en la cama de mi general Sergio Poblete”, le dije. Porque ésa era la primera litera de la celda. Se recostó y me dijo: “Pásame la trinitina”. Yo le pasé las tabletas. Se las echó a la boca y me di cuenta que estaba transpirando mucho. Le tomé el pulso y me di cuenta que estaba fuera de control. Recuerdo que grité y le pedí a no sé quien que trajera al doctor Yáñez (Álvaro Yáñez del Villar), otro de los prisioneros. Apenas entró el doctor Yáñez a la celda lo examinó y de inmediato dijo: “¡Está teniendo un infarto!, ¡ayúdame!”. Entre los dos lo bajamos de la cama y pusimos al general en el suelo. Y el doctor Yáñez se montó encima de él empezando a hacerle masajes cardíacos. Me acuerdo que incluso trató de sacarle la prótesis dental que tenía y no pudo. Entonces Yáñez me dijo: “¡sóplalo!, ¡sóplalo!, ¡hay que hacerle respiración boca a boca!”. Fue muy impresionante porque todo el resto estaba en la misa y la música de fondo eran los cántos de los presos en la misa: “El señor es mi pastor….”. Una cosa muy siniestra. Estábamos en eso cuando de repente entra el alcaide de la cárcel con el practicante:

-¡Qué está pasando aquí! -dice el alcaide haciendo a un lado al doctor Yáñez.
Cuando el practicante se aproxima, Yáñez lo interpela: “¡¿Qué le va a hacer!?”.
-Le voy a poner adrenalina en la boca –responde el practicante.
-¡No sea ignorante! ¡Cómo le va a poner adrenalina a un hombre que está inconsciente! –dice con urgencia Yáñez.
-¡Qué sabe usted! –lo increpó el practicante.
-Yo sí sé lo que le pasa, porque soy médico –dijo Yáñez y volvió a acercarse al general
El alcaide sacó al practicante de la celda y se lo lleva, cerrando la celda. Nos quedamos con Yáñez adentro y a los pocos minutos vuelve el practicante con una camilla, colocan al general Bachelet sobre la camilla y salen.

(Vea el relato del doctor Yáñez a El Mercurio del 13 de agosto 2001“Me fueron a decir que estaba mal, ‘parece que se va a desmayar’. Hablé con el alcaide: ‘está grave el general Bachelet, hay que llevarlo a una unidad de cuidados intensivos’. Tenía un ataque de arritmia, se estaba colapsando. ‘Por favor, hay que llevarlo.
El Hospital J.J. Aguirre estaba a cinco minutos’. Me dijo que no podía hacerlo: ‘La FACh prohíbe sacar a nadie sin autorización’. ‘Pida la autorización telefónica’. ‘No puedo, tengo que mandar un oficio’. ‘Por favor, se va a morir. Yo lo acompaño. Encadéneme a la camilla’. Había que combatir el colapso.
“No se pudo. ‘Se está desmayando’. No tenía pulso y no respiraba. Comenzamos a hacerle boca a boca y masaje cardíaco. Lo llevamos corriendo a la enfermería. Seguimos en lo mismo. A los 20 minutos vi que no logramos crear pulso y dije está muerto dejémoslo tranquilo. ‘Descansa de toda esta porquería’”
).


-Usted y el doctor Yáñez lo vieron morir…
Yo tengo la impresión de que el general Bachelet salió muerto de la celda. Y le voy a decir por qué. Porque cuando lo subieron a la camilla, se le soltaron los esfínteres. Yo lo vi. Para no olvidar esos momentos… Y cuando lo hablé con mi mujer, que es enfermera, me dijo que eso pasa cuando una persona se muere. A mi general se lo llevaron a la enfermería y eso es lo que sé, porque nunca más lo vi. Han salido muchas versiones. Muchos han querido ser el último que tuvo a Bachelet en sus brazos, pero la verdad es que sólo estábamos el doctor Yáñez y yo. Nadie más. Excepto el momento en que entra el alcaide con el practicante. La otra mentira que se ha dicho es que el general Bachelet había estado jugando básquetbol en la mañana. ¡Mentira! Porque ese día, por la misa, no se jugó básquetbol. Y a ella concurrieron los uniformados que estábamos presos y también fueron civiles presos.


-¿Los interrogadores eran los mismos? 
Sí, Edgar Ceballos, Ramón Cáceres y Víctor Mattig, los principales. Creo que a Bachelet lo interrogaba también el fiscal Orlando Gutiérrez.


-¿Usted era amigo del general Bachelet antes de caer preso? 
No, yo lo conocí en la cárcel. Y tuvimos una muy buena relación. Era muy abierto, conversaba con todos y cumplía todas las funciones como cualquiera: lavaba platos, hacía el aseo… Era muy abierto y sencillo. Recuerdo justamente que un par de semanas antes de que se llevaran al general Bachelet a la AGA para interrogarlo de nuevo, habíamos estado acompañando y conversando con uno de los presos que estaba muy afectado por algo personal que le había ocurrido. Y en eso, llegó el general Bachelet y nos dijo: “Ya pues chiquillos, terminen con la historia de estarse preocupando de las mujeres. Yo quiero que diga aquí honestamente alguno de ustedes, ¿quién podría asegurar que si fuera al revés, que nuestras mujeres estuvieran presas y nosotros libres, al cabo de un buen tiempo íbamos a continuar siendo absolutamente fieles?”.


-¿Cuánto tiempo compartió usted con el general Bachelet en la cárcel? 
El general Bachelet no estuvo todo el tiempo con nosotros. Llegó a la cárcel en diciembre de 1973, como cuatro ó cinco días antes de Navidad. Y en todo ese tiempo, desde diciembre hasta marzo, cuando fallece, nunca lo vi afectado, tan afectado como la noche antes de que muriera. Tengo la impresión de que su gran pena era el daño que le iban a ocasionar a su mujer. Al día siguiente no hablamos del tema porque nos dedicamos a las tareas domésticas. Siempre he pensado que la tragedia que provocó la muerte o apuró la muerte del general Bachelet, se produjo cuando en la AGA lo quisieron embarcar en un lío sentimental. No fue con el único que lo hicieron. Después, conversando con otros prisioneros en la cárcel, supe que les hicieron lo mismo a otros. Pero eso tiene que contarlo cada uno… Les contaban a sus esposas historias de amantes, verdaderas o falsas. Era la técnica que usaban para intentar obtener otra información o para desmoronar a los más fuertes: creándole situaciones extremas a la gente que interrogaban.

(Vea el relato de Ángela Jeria en el proceso que sigue el juez Carroza, reseñado por La Segunda del 20 de junio de 2012En el expediente que lleva el juez Mario Carroza, figura la declaración de la esposa del general Bachelet, Ángela Jeria, quien testifica que su marido intentó advertirle que trataban de involucrarlo en falsedades y le pide “no creas nada de lo que te digan, no hables con nadie hasta que nos veamos nuevamente”. El mensaje estaba oculto en el cuello de una camisa que Ángela Jeria retiro desde la cárcel entre la ropa para lavar. Ella lo encontró el 8 de marzo de 1974. Pero no volvió a hablar con su esposo. Bachelet murió cuatro días después).

CONSPIRACIÓN PARA MATAR A ALLENDE

-¿Por qué fue detenido usted si no participó de ninguna reunión de opositores al grupo golpista y trabajaba en el Departamento de Inteligencia de la FACH? 
Alamiro Guzmán, Raúl Vergara y otros oficiales de la FACH, sabían que yo estaba en contra de un Golpe, pero lo que influyó fue una situación que me persiguió y que ocurrió apenas Salvador Allende fue elegido el 4 de septiembre de 1970 y antes de que fuera sancionada su elección en el Congreso. Se la voy a relatar.
Un día me llama el que era comandante en jefe de la FACH en ese momento, el general Carlos Guerraty y me dice que me vaya de inmediato a Quintero, que no llegue hasta la Base Aérea, que aterrice en Rodelillo. Y agregó: “Y váyase a conversar con el coronel José Berdichewsky para que le entregue una información que yo acabo de recibir en este momento y que él necesita conversar con alguien de Inteligencia”.

Qué había pasado. Cuando sale Allende elegido, se produce una situación absolutamente anormal en la Fuerza Aérea. Cuando a uno lo quieren mandar de agregado a alguna embajada u organismo internacional en el extranjero, es un proceso normalmente largo porque tiene que salir en el Boletín Oficial, asignarte en el presupuesto y una serie de trámites más. Y cuando sale elegido Salvador Allende, al coronel Mario Jahn lo sacan del Departamento de Contrainteligencia de la FACH en cinco días. Con inusitada velocidad. Se va Jahn a Panamá y yo, que era el segundo en Contrainteligencia, me quedo solo ahí con todo el lío que se armó y con muy poca experiencia. Era capitán y tenía 35 años. Me comí todo ese período entre la elección de Allende el 4 de septiembre de 1970, su corroboración por el Congreso el 24 de octubre y el inicio de su gobierno el 4 de noviembre, solo.
Entonces, ese día, muy poco después del 4 de septiembre, día de la elección de Allende, me voy a Quintero y hablo con el coronel Berdichewsky. Le digo que me ha mandado mi general Guerraty a hablar con él respecto a una información que me tiene que entregar. “Sí”, me dice, “tengo necesidad de hablar con usted porque he tenido conocimiento de que está operando dentro de la Base Aérea una célula comunista” y me da una serie de antecedentes.

-Bueno, mi general, ¿cómo usted obtuvo esta información?
-La recibí…
-Mi coronel, si usted quiere que yo investigue esto, usted comprenderá que debe decirme de quién obtuvo la información. La fuente. Porque de lo contrario no puedo hacer nada. Los antecedentes que me da, que se ha perdido una Tarjeta de Identificación Militar (TIFA) en el casino, que la encontraron abandonada dentro de un avión y otras informaciones sobre personas sobre las que usted tiene dudas o sospechas, ¿quién se las dio?
Y después que le insisto y le digo claramente que si no me da la fuente no podré hacer nada, él dice: “Esta información me la entregó el comandante Montero”. Un oficial de la FACH que se había retirado poco más un año antes.

-¿Dónde puedo hablar con el comandante Montero? -le preguntó.
-… No sé si deba decirle…, no sé –escucho como respuesta.

Y ahí le dije: “O me da la información completa, mi coronel, o me regreso a Santiago”. “Montero vive en Viña del Mar”. Y me da la dirección. Era una calle que desemboca en el Regimiento Coraceros. Partí inmediatamente. Había llegado como a las 10 de la noche a Quintero, por lo que debo haber llegado a la casa de este señor Montero como a las dos de la mañana. Y lo primero que me llamó la atención fue que la casa estaba con muchas luces. Él mismo me salió a abrir la puerta. Y me dijo: “Qué gusto, capitán, de tenerlo aquí, lo estaba esperando”. Y me hace entrar a una especie de biblioteca chica. Vuelve a decirme la alegría que le da que haya venido, que necesitaba urgente hablar conmigo. Y agrega: “Usted sabe que viene el marxista Salvador Allende a Valparaíso el sábado y cuando Mario Jahn se fue me dejó dicho que cualquier cosa que necesitara la hablara con usted, porque podía colaborarnos en los que necesitáramos. Y bueno, aquí en mi casa está el almirante Justiniano (Horacio Justiniano) y el comandante del Regimiento Coraceros porque vamos a asesinar al Presidente (Allende) cuando venga el sábado”.


-¿Montero le dijo que iban a asesinar a Salvador Allende? 
Claro: “Lo vamos a asesinar”. Tal cual. Y me agregó: “Necesito que me entregue armas automáticas y personal para cubrir la retirada de la gente que va a operar”. Me dijo también que estaban al tanto de lo que se iba a hacer el comandante en jefe, general Guerraty, y el comandante del Comando de Combate, el general Toro Mazote. Le respondí que no había venido a hablar con él de eso, sino de una célula comunista que operaba en la FACH y de la que él había tenido conocimiento y de la cual le había informado al coronel Berdichewsky.
-Pero capitán, yo necesitaba hablar con usted y por eso le dije a Berdichewsky lo de la célula comunista.
Bueno, le dije a Montero, yo no le puedo contestar en este momento lo que usted me está pidiendo. Es muy grave y debo meditarlo. Y me fui. Llegué a Santiago en la madrugada y me fui directo a mi oficina, al Departamento de Contrainteligencia que funcionaba en Bulnes con calle Cóndor y escribí un parte escrito de todo lo sucedido. Allí cuento exactamente todo lo que acabo de relatarle. Y lo hice con mucha tranquilidad porque se lo iba a entregar al general César Ruiz Danyau, quien estaba en contacto con Allende y de quien todos sabíamos que iba a ser el próximo comandante en jefe de la Fuerza Aérea.


-¿Qué hizo una vez que tuvo escrito el parte? 
Terminé el parte y me fui al Ministerio de Defensa. Ahí espero que llegue el general Ruiz Danyau. Apenas lo veo le digo: “Mi general, necesito hablar con usted con urgencia”. Me hizo entrar de inmediato y sin preámbulos le entrego el parte escrito. El general empieza a leerlo y recuerdo que en un momento debió acomodarse los anteojos y él dice: “se me llegan a caer los anteojos”. Termina de leer, se queda un rato pensando, luego toma el teléfono y dice: “Alo, mi general Guerraty, hay un informe aquí que creo debe ver de inmediato”. “Suba, capitán Silva, muéstrele el documento”, fue lo último que escuché al salir de la oficina del general Ruiz. Ahí supe que estaba metido en un lío, porque el general Ruiz no me apoyó. En el documento que estoy entregando aparecía el nombre del general Guerraty y ahora el general Ruiz me mandaba a hablar con él… Subo a la comandancia en jefe, entro a la oficina del general Guerraty. Él lee el parte y cuando finaliza me mira y me pregunta: “¿Qué piensa usted?”. “Mi general, este es un crimen político, vulnera y violenta a las Fuerzas Armadas y a la Fuerza Aérea. Imagínese el desprestigio para nosotros”, le digo. Ahí el general Guerraty se da cuenta que yo no estoy en esa historia. Y me ordena que me vista de civil y que vaya nuevamente a Viña del Mar, a la casa de Montero, y le diga que no siga haciendo esos comentarios. No estoy bien seguro de los días, pero creo que esto ocurría un día miércoles y al sábado siguiente Allende iba a Valparaíso. Lo que sí sé es que era en la misma semana.


-¿Y se fue de nuevo a Valparaíso? 
Debo reconocerle que no fui a Valparaíso. Estaba realmente aterrorizado. Conseguí a través de un conducto hablar con el secretario de Salvador Allende, don Miguel Labarca. Y fui con Alamiro Castillo, aquí presente (está escuchando su testimonio), porque pensé que necesitaba un testigo, ya que si pasaba algo yo sería cómplice. Cuando nos encontramos con Miguel Labarca, le conté la historia. Y él dijo que necesitaba que hablara con Allende de inmediato. Nos fuimos a la llamada “Moneda chica”, una casa que era de los profesores y donde funcionaba su comando. Andábamos de uniforme. Ya estaba oscuro al final de ese día interminable, el mismo día que hablé con Guerraty. Llegamos en el auto de don Miguel Labarca. Se baja, vemos movimiento y aparece Allende quien se encarama al auto. Y partimos en el auto camino a Valparaíso. Y le narro exactamente lo que le he contado a usted. Recuerdo que la única interrupción de Allende fue para decir: “¡Y por qué Ruiz Danyau no me informó!”. Y luego dijo: “Porque yo tengo conocimiento de esta información, me la pasó el general Daroch”. Después, nos preguntó qué pensábamos nosotros de Ruiz Danyau. Con Alamiro le dijimos que era un excelente profesional, un líder, que la Fuerza Aérea lo quiere mucho… Y Allende insistía: “¡por qué no me avisó!”. Después Allende me dice: “¿Le importaría que yo dé cuenta públicamente de esto?”. Le respondí que yo no quería ser cómplice de lo que pudiera pasar. Y decide que como él tenía una concentración en avenida Grecia, allí iba a informar. Y lo hizo. Dijo que había un oficial de una rama de las Fuerzas Armadas, de apellido Montero, “que dice que me quiere matar, pero advierto que tengo pleno conocimiento”…


-¿Ustedes detuvieron ese intento de asesinar a Salvador Allende? 
Así parece. Pero quiero ser bien claro, no fue que yo tuviera mucho coraje. Lo que me movió fue que no quería ser cómplice de un asesinato político. Y Alamiro Castillo fue mi testigo, porque me podían matar y yo quería que se supiera que yo no estaba metido en ese asesinato político. Además, como yo era de Contrainteligencia, era posible que se pensara que yo sí estaba metido. Y así se deshizo la historia. Eso creí yo… Más o menos diez días después, me llega una carta por vía diplomática que me envía el comandante Mario Jahn en la que me dice que vaya de civil a la casa del mismo comandante Montero a Viña del Mar, porque se sabe lo que pasó y que retire una munición de guerra que él le entregó a Montero. Obviamente no hice ninguna cosa. No fui. Jahn no era mi amigo, era mi jefe, y teníamos una buena relación porque habíamos estado trabajando años en el Departamento de Contrainteligencia. Y fue ahí que yo cometí un grave error. Porque luego me llama Jahn por teléfono. Y yo convencido de que me estaba llamando de la zona del Canal de Panamá, le digo que cómo está. Y Jahn me dice que me está llamando del Ministerio de Defensa, de la Subsecretaría de Aviación. “Venga de inmediato a hablar conmigo”, dice y corta.

Llego allá. “¿Recibió usted la carta que le envié pidiéndole que fuera a la casa de Montero?”. “Sí, mi coronel, la recibí”. “¿Dónde está esa carta?, dice. “En mi oficina”, respondo. Y no la tenía. Porque sucede que Miguel Labarca, a quien le conté de la carta, le informó al Presidente Allende. Y el Presidente le pidió que se la prestara porque él quería guardarla como un hecho histórico. Y se la entregué a Labarca. Por eso, cuando Mario Jahn me la pide, yo no la tengo. Y regresé a la Subsecretaría de Aviación y le dije al coronel Jahn que no la tenía, que me la habían sacado. Y ahí Jahn me dice que al día siguiente lo esperaba el Presidente de la República, porque él sí tenía la carta.


-Mario Jahn después del Golpe fue subdirector de la DINA y hombre clave en la Operación Cóndor. ¿Por qué se va tan repentinamente a Panamá cuando sale elegido Allende? 
Mario Jahn fue el primer oficial que partió con la cosa de la Contrainteligencia en la FACH. Pero la Contrainteligencia no fue enfocada desde un punto de vista profesional, del control del espionaje y seguridad nacional, sino que netamente político. Eso fue lo que aprendió Jahn en la Escuela de Las Américas en Estados Unidos. Entonces, se dedicó prácticamente todo el tiempo a la persecución de gente de izquierda, de suboficiales que tuvieran algún pariente o la mujer comunista y él intercedía para que los echaran. Ese era el terror que tenía cuando sale elegido Salvador Allende, porque piensa que van a ver todo el archivo que teníamos nosotros: sólo gente de izquierda. Jahn se aterroriza y se va a Panamá. Y desapareció del mapa ese tiempo. Yo siempre he pensado que Mario Jahn era de la CIA.


-¿Supo lo que pasó al día siguiente en el encuentro entre Salvador Allende y Mario Jahn? 
Lo vine a saber tres años después, cuando estuve preso con Osvaldo Puccio, secretario de Salvador Allende, quien me contó lo que ocurrió. Puccio me dijo que el Presidente hizo entrar a Mario Jahn a su despacho y le mostró la carta. El coronel le habría respondido que efectivamente había estado involucrado en los hechos, pero que estaba muy arrepentido. Y Allende lo perdonó, y se lo dijo ahí mismo. Lo perdonó y le ordenó que volviera a su destinación en Panamá. Y así debe haber sido, porque yo sí supe que Jahn volvió a Panamá y nadie pidió su retiro. En cambio yo, sólo tres meses más estuve en el Departamento de Contrainteligencia. Me sacaron. Por el tremendo pecado de haberle informado al Presidente electo de que intentaban asesinarlo. Por eso después del Golpe a mí casi me mataron, porque nunca entendieron que después de ese terrible episodio yo nunca más hablé con el Presidente Allende y tampoco con su secretario y con nadie de su entorno. No podían entender que no pedí ninguna prebenda y tampoco entregué nunca más información sobre la Fuerza Aérea. Y no tenían ninguna acusación en mi contra, porque nunca asistí a ninguna reunión de los contrarios al Golpe porque sabía que estaban infiltrados.

“CONSTITUCIONALISTAS” INFILTRADOS

-Torturaron a todos los oficiales de la FACH que tomaron prisioneros después del Golpe y ninguno de ellos dice que usted participaba en alguno de los grupos opositores al derrocamiento de Allende. Así se ve en el Consejo de Guerra. ¿Y lo seguían torturando? 
Quedé negro, en realidad. Mi cuerpo estaba entero negro de moretones. Me llevaron a recuperarme a la Academia Politécnica y ahí vi cuando se le escapó un disparo a un centinela que mató a un cabo que estaba detrás de mí. Pasaban cosas kafkianas allí. Se escapa un tiro de un fusil Mauser y mata al cabo Espinoza. Y al cabo Benavides, que también estaba allí, le da una especie de shock y se pone a gritar y a llorar. Lo trato de controlar, incluso le pego una cachetada para tranquilizarlo. Y llega el oficial que estaba a cargo de los prisioneros en la Academia Politécnica y se olvida que yo soy prisionero y me ordena: “capitán, saque a los prisioneros de aquí y ubíquelos en la sala de al lado”. Lo hice. Cierro la puerta, estando yo adentro, y no supe más qué pasó con el muerto. Después de un tiempo, ya en la cárcel, llevaba como diez o quince días allí cuando me llama el alcaide de la cárcel y me dice que tiene un oficio del general Orlando Gutiérrez en el que le dice que se deje inmediatamente en libertad a Jorge Silva por falta de méritos. Y el alcaide me pregunta si tengo algún reclamo contra personal de Gendarmería. “En absoluto”, le digo, “por el contrario”. “Bueno, firme aquí y tome sus cositas, porque se va libre”. Firmo, salgo de la oficina en dirección a la celda para buscar mis cosas cuando me caen dos oficiales encima. Violentamente me ponen una capucha en la cabeza y parto de nuevo en dirección a la AGA. Ahí pensé: “Ahora sí que me fusilan”. Si había firmado el documento en el que me concedían la libertad… Llegué a la AGA y me metieron en un closet. Y estuve encerrado en ese closet el resto del día y la noche. No me sacaron ni siquiera para ir al baño. Y de repente, se abre la puerta. No sabía si era de día o de noche. Me sacan, me tiran arriba de una camioneta y me llevan de regreso a la cárcel. No me interrogaron, no me pegaron, nada. Llego a la cárcel y poco después llegaron las condenas. Allí yo aparecí condenado a 20 años. Nunca supe qué pasó.


-¿Nunca supo qué fue lo que ocurrió con usted en esos momentos? 
Hasta que me convidan a un seminario que hubo sobre las Fuerzas Armadas en México. Y asistí. Y ahí estaban varios dirigentes políticos de la Unidad Popular. En la noche me convidó a comer a su casa la señora Hortensia Bussi viuda de Allende. Yo era un oficial sin ninguna experiencia política. Y esa noche, no sé por qué, les dije de la gran incógnita que no había podido resolver: qué pasó conmigo que me dejan libre por falta de méritos para luego sacarme de la cárcel, encerrarme en un closet de la AGA, para luego llevarme de nuevo a la cárcel y condenarme a 20 años. En la casa de la señora Tencha estaba Jorge Insunza, quien dijo que sabía la otra parte. Y contó que él se había quedado en Chile clandestino y que supo que un abogado habló con el cardenal Raúl Silva Henríquez por mi caso, que el cardenal habló con el general Gustavo Leigh, quien dijo que a mí me iban a fusilar por traición. Que entonces el cardenal había dicho que era pariente mío y que pedía hablar conmigo. Eso habría provocado el fin de mi historia de preso.


-¿Nada sabía el alto mando de las reuniones que hacían al interior de la FACH oficiales que no estaban con el Golpe o que claramente apoyaban al gobierno de la Unidad Popular? 
Tengo una serie de dudas. Yo estaba en el Departamento de Contrainteligencia. Y el general César Ruiz Danyau, entonces comandante en jefe de la FACH, sabía de las reuniones que tenía el grupo de los aviadores institucionales, al que pertenecía el capitán Raúl Vergara y Alamiro Castillo; y también del grupo que pertenecía al MIR. Y lo sé porque había un oficial que habiendo asistido a algunas reuniones del grupo de Vergara, el entonces comandante de escuadrilla y después general Patricio Araya -que era muy regalón del general Ruiz-, le pasaba la información al general Ruiz y el comandante en jefe le pasaba la información al jefe del Departamento de Contrainteligencia, el general Mario Jahn. Por eso yo lo sabía y me pregunto hasta hoy por qué si el general Ruiz sabía lo que estaba desarrollándose al interior de la FACH, no intentó atajarlo en ese momento, antes del Golpe.
Incluso, una vez le dije a Raúl Vergara que tuviera cuidado porque se estaba sabiendo de las reuniones que estaba haciendo. Le dije que se cuidara de Araya ya que su padre era el relacionador público de la embajada de Estados Unidos en Chile en ese entonces. No le podía decir más. Esa fue la razón, entre otras, por la que nunca fui a ninguna reunión de ese grupo. Yo estaba en el servicio de Inteligencia y no iba a asistir a reuniones de un grupo que ya estaba detectado. Entonces, a veces, yo me pregunto: ¿no habrá sido una confabulación?, ¿no habrá sido que querían a este grupo de oficiales “infiltrados” en la Fuerza Aérea para después tener una razón válida a utilizar como un elemento para neutralizar a los que podían oponerse al Golpe o a la represión que se hizo más tarde dentro de la misma FACH? ¿No habrá sido algo que manejó la CIA?


-¿Conoció supongo al coronel Carlos Ominami en la FACH y en la cárcel? ¿Qué opinión tenía de él? 
Tengo que decir que el coronel Carlos Ominami no era un hombre de izquierda. Ominami nunca entregó opiniones respecto del gobierno de la Unidad Popular. Recuerdo que me reía mucho de él porque compraba El Mercurio y se sentaba siempre a leerlo en la esquina del patio donde jugaban fútbol. Y lo leía entero. Y nos reíamos porque decíamos que se leía hasta los avisos económicos. ¡Lo trataron muy mal! Lo torturaron mucho. Llegó con marcas en las piernas… Y nos contaba algo de lo que nos reíamos mucho. Lo llevaron a un dormitorio allá en el AGA y llegó un tipo que parece que era hipnotizador. Y lo empezó a hipnotizar. Cuando ya había transcurrido un tiempo, el hipnotizador le dice: “Vamos a traer a tu hijo”. Y contaba Ominami que escucha una voz que dice: “Papá, ¿te recuerdas del plan de defensa que me pasaste?”. Y Ominami dice que replica: “Hijo, no te reconozco, tu voz está muy rara”. Y entonces a punta de patadas lo bajaron de la cama y lo siguieron golpeando mientras gritaban: “¡Éste no está durmiendo, no está hipnotizado!”. Lo que siguió fue duro.


-¿Recuerda algún hecho concreto por el cual lo hayan interrogado con insistencia? 
Me interrogaban y me insistían mucho por el dirigente del MIR Jorge Fuentes (el “Trosko” Fuentes, quien fue detenido en Paraguay por operativo de la Operación Cóndor y asesinado en Chile). Yo lo conocía porque era muy amigo de mi hermano menor. Y un día en la tarde voy llegando a mi departamento en Mac Iver con Agustinas y abajo, en las afueras del edificio, me encuentro con Choche, así le decíamos en mi casa. “Hola Jorge, te hemos andado buscando hace mucho tiempo, menos mal que te encontré”, me dice a modo de saludo. “Subamos”, le dije, “a mi departamento”. Y cuando nos sentamos, me empezó a hablar del reformista de Allende y siguió criticándolo, y luego dijo: “Nosotros queríamos saber si tú nos pudieras facilitar el acceso a la Base de El Bosque (donde yo estaba en servicio entonces), para sacar armamento”. Mi respuesta fue inmediata: “Mira Choche, quiero que te quede muy claro que no estoy en contra del gobierno. Que hay instrumentos constitucionales para acusar al gobierno de lo que ustedes piensan, pero la forma en que tú planteas tu descontento no la comparto en absoluto. Ni pienses que te voy a facilitar el paso para sacar armamento. Es más, si yo estoy a cargo el día en que lo intenten, voy a ordenar disparar si pillamos gente intentando sacar armamento. Olvídate. Eso no lo vas a lograr conmigo”. Nunca más supe de él.

Una de las cosas que me mostraron cuando me interrogaban fue un documento que encontraron en las Torres de San Borja en el que decía que se tomó contacto con el coronel Jorge Silva. Y allí dice exactamente lo que le dije en esa oportunidad: que no estaba de acuerdo con el MIR. Cuando me interrogaban, me pegaban y me volvían a golpear preguntándome si después de esa conversación yo había cambiado de opinión y había colaborado con el MIR. No me creían, lo mismo que nunca más hablé con Allende.

Mi impresión es que mucho después se dieron cuenta en el Consejo de Guerra que no tenían nada para acusarme, aparte de inventarme que yo estuve con el grupo de los “constitucionalistas” (el grupo de Raúl Vergara y Alamiro Guzmán), y me rebajan los 20 años a cinco años por “incumplimiento de deberes militares”. Da la casualidad que estaba de presidente del Consejo de Guerra el general Juan Soler Manfredini. Yo tenía muy buena relación con el general Soler, ya que estuve en la Escuela de Especialidades cuando él era director y el general Soler había sido edecán del Presidente Frei. Y cuando yo llegué a la Escuela de Especialidades conversábamos de política con él. Y él estaba bastante claro respecto de una posición constitucionalista. Pero empezó a cambiar, al punto que se puso golpista. Y recuerdo haber estado en su casa conversando y él tratando de convencerme porque sabía que estaba en contra del Golpe. “¡Imagínese el mando de la Fuerza Aérea a cargo de este país! ¡Con todo lo que lo hemos criticado por cómo ha administrado y dirigido a las Fuerzas Armadas y todos los problemas que hay en la Fuerza Aérea!”, le decía yo.

Soler sabía cuál era la posición mía y como teníamos buena relación el día del Golpe me llama. Él escuchaba los bandos militares y estaba furioso porque nadie le había informado nada de lo que iba a ocurrir. “Bueno, Flaco, ¿Y qué piensas tú?”, me dijo. “Soy un profesional, mi coronel, no piense que voy a hacer una estupidez porque no la voy a hacer, pero le quiero pedir un favor, no quiero salir a la calle a reprimir a la gente, porque no voy a poder cumplir bien esa orden. “Ya, no te preocupes, va a salir el subdirector a cargo de toda la fuerza y tú te quedas aquí a cargo de la logística porque va a venir toda la guarnición de Colina y de Cerrillos que se va a instalar aquí y a esta gente hay que alimentarla y hacerla dormir. Tú te quedas a cargo”, fue su respuesta.

Así lo hice. Vi como iban llegando los camiones cargados de presos a los que dejaban en un hangar rojo en la Escuela de Especialidades (la primera unidad de la Base El Bosque, ubicada en el paradero 32 de la Gran Avenida). El hangar estaba repleto. Ahí fue cuando vi a dos jóvenes, muy jovencitos (los entonces estudiantes universitarios Fernando Villagrán y Felipe Agüero), uno estaba todo mojado con una de esas frazadas grises de la FACH, a cargo de un suboficial. Yo ni siquiera estaba vestido de combate. Me acerco al suboficial y le pregunto: “¿Qué pasa con estos dos muchachos?”. Y el suboficial me dice que los han sorprendido en un auto con un documento en el que se preparaban para enfrentarse a la Junta Militar, por lo que los van a fusilar en la noche.
-Mira, hay un vehículo que va a salir dentro de dos horas al Estadio Nacional. Échalos en ese vehículo -le dije al suboficial
Y el suboficial los mandó al Estadio Nacional. Los sacó esa misma noche con el resto de los prisioneros de La Legua. Y no los fusilaron. Se salvaron.

DETENIDO Y TORTURADO

-¿Cuándo y cómo fue detenido usted?
Yo sabía que iba a caer. Lo presentía. Era todo kafkiano en ese período. Sabía que mi gran amigo Alamiro Castillo estaba asilado en la embajada argentina. Y pasaba en mi auto frente a la embajada para ver si lo veía, para saber lo que pasaba con él. Nunca lo vi. Pero también sabía que Raúl Vergara estaba preso junto a otros oficiales que no eran golpistas. Y pensaba que yo también iba a caer detenido, sobretodo por el problema de la carta de Mario Jahn que nunca me lo tocaron, pero que estaba presente. Yo lo sabía. Ellos lo sabían.

Finalmente caí preso el 9 de octubre de 1973. Y como sabía que se robaban los autos de la gente que caía presa, yo le decía a Nelsa, mi esposa, que me fuera a dejar en el auto temprano y como ella era enfermera de la posta del J.J. Aguirre, se fuera con él. Así, si me detenían, ella se quedaba con el auto. Cada mañana nos íbamos por la Panamericana y veíamos en la esquina del Cementerio Metropolitano los cuerpos de los muertos. Yo sabía que era gente que mataban en la Escuela de Especialidades y luego la iban a tirar allí. Pero a mí no me pasaba nada. Hasta que un día, voy llegando a mi casa como a las 10 de la noche y encuentro a un vehículo de la FACH que me está esperando. Se baja un chofer de mi grupo y me dice: “Mi capitán, me mandó mi coronel Soler a buscarlo. Pero dijo que antes que se fuera lo llamara por teléfono”. Llamé al coronel Soler a su casa. “Oiga capitán, ¿dónde está en este momento?, ¿en la casa de su mamá o en la suya en el centro?”. “Estoy en el centro, mi coronel”. “Ya mi capitán, porque le quiero pedir un favor, ¿pero no tiene un problema para venir hasta acá?”. “No, mi coronel, voy inmediatamente”. “¿Pero está seguro?, porque si no puede lo hablamos mañana”. “No, mi coronel si usted me necesita voy inmediatamente”.

Partí en el mismo vehículo hacia la casa de mi coronel Soler, que estaba al frente de la Escuela de Especialidades. Me llamó la atención que se demoraban en abrir. Y me salió a abrir el chofer. Entré, pasé por el antejardín, y cuando voy llegando a la puerta de la casa, me caen encima dos oficiales. Uno me puso una capucha en la cabeza, otro me saca el arma. Y yo siento que está ahí el coronel Soler. Y lo escucho decir: “Yo sé que va a volver. Yo sé que esto no es verdad. Yo me voy a quedar con la pistola”. Me amarraron, me tiraron adentro de un vehículo y me llevaron directo a la Academia de Guerra Aérea. Y en ese momento dejé de ser capitán de la Fuerza Aérea.


-Es decir, Soler lo entregó. 
Me entregó, pero me dio la posibilidad de no ir a su casa. Pero él no podía decirme más pues estaban allí en su casa Edgar Ceballos y Ramón Cáceres. Ellos so lo oficiales que me caen encima y me apresan. Cáceres es un caso muy especial. Yo no lo conocí en la Fuerza Aérea. Una vez voy llegando a la casa de mis padres, ya era suboficial, y me encuentro con un oficial en la casa. Qué raro, me dije, habrá un problema que me mandaron a buscar. Y nada de eso, Cáceres estaba allí porque su novia había sido compañera de colegio de mi hermana. Ahí lo conocí. Después, él estuvo en la Escuela de Especialidades, fuimos oficiales juntos allí, incluso estuvimos mas de una vez en su casa. Pasó por Balmaceda y yo estaba allá. Teníamos una relación amistosa, aunque él no tenía una personalidad que me atrajera. Tal vez él se consideraba amigo mío. Bueno, cuando me torturaban, al final -y me va a perdonar que le cuente esto- yo botaba sangre por todos lados, orinaba sangre, por atrás, por la boca…; y cuando yo estaba muy mal, Ferrada, que también estaba preso ahí, se me acercaba y me decía: “Cuenta todo lo que sabes, estas botando sangre y te estás muriendo, cuenta todo, no te van a mandar al hospital, cuenta todo”. Bueno, una mañana me sacan para el interrogatorio y me mandan un golpe fuerte de corriente. Y no sé por qué razón esa noche se me había acumulado sangre en el estómago y bote mucha sangre ahí mismo. “¡Lo reventamos!”, dijo uno de los que me aplicaba electricidad. Me sacan la capucha y me encuentro con Cáceres que está con un lápiz en la boca y es uno de los que me está torturando. Y le digo: “¡Tú haciendo esto!”. Cáceres se agachó y me dijo: “Es que ustedes querían matar a mi familia”. “Te cabe en la cabeza que íbamos a matar a tu mujer, a tu hijo”. Y él repetía: “¡Querían matar a mi familia!”. Entonces recuerdo que me pasan a un baño que había allí y yo me miré al espejo -porque llevaba ya no sé cuanto tiempo bajo una capucha-, y me asusté. “Dios mío, en lo que me han transformado!”. Tenía manchones amarillos y de todos los colores, barba, el pelo asqueroso con sangre. Y esa fue la última vez que me torturaron. Nunca más lo hicieron. Y fue también la última vez que vi a Cáceres.


-¿Cuándo salió de Chile? 
Salí de Chile en 1977. Estuve en la cárcel tres años y medio. Aunque a los dos años y medio, cuando cumplí la mitad de mi condena, se presentó un documento para que me dieran la libertad. Pero el general Gustavo Leigh personalmente dijo que no, que yo no podía salir en libertad. Tuve la posibilidad de irme a Estados Unidos, Alemania o Inglaterra. Y me fui a Inglaterra, porque me daban la posibilidad de ir a la universidad. Conseguí una beca y terminé con un master en Relaciones Internacionales que al final no me sirvió de nada, porque después me puse a trabajar cuando nació mi hija allá… Todos partimos pensando que esto se acababa en Chile al año siguiente. Y no fue así. Duró 17 años.


-¿Por qué cuenta cada episodio duro de su vida como si se tratara de otra persona, con una tranquilidad y claridad que asombra? 
De qué tranquilidad me habla si me he fumado como tres cigarrillos mientras hemos hablado… ¡Y yo no fumo! Creo que es importante reconstituir la historia tal como pasó. Pero es que siento que a mí no me pasó nada si lo comparo con lo que le pasó a tanta gente que sufrió mucho más. Mucha gente perdió la vida. Hay mucha gente mucho más importante que yo que merece más atención por lo que ocurrió. Hace cuestión de un mes atrás, como mi mujer era muy amiga de una doctora del Hospital J.J. Aguirre, María Elena Prieto, casualmente fuimos a ver la película El regalo y ahí aparece que le dedican la película a la doctora María Elena Prieto. Mi mujer la quería mucho, eran muy amigas, y por e-mail ella preguntó si era la misma doctora. Y una mujer le contestó: “Qué suerte, parece que mi mamita me está ayudando porque nosotros estábamos pensando en hacer una película de los presos de Pisagua, falló, y ahora a lo mejor tu marido quisiera ayudarnos a hacer una película sobre su historia”. Le respondí que no, porque hay mucha gente más importante. Yo sigo muy de cerca lo que está pasando acá, porque creo que hay mucha gente que merece que se la recuerde y que la historia no se pierda.


-¿Qué días son importantes para usted o conmemora en forma especial? 
Creo que cuando salí libre uno se va con un poco de pena. Porque el período en que pasé en la cárcel me sirvió mucho para conocer líderes obreros. Me acuerdo que había un viejo dirigente del salitre que no se había perdido ninguna represión. Conversaba mucho con él y hablábamos de filosofía. A diferencia de los comunistas que siempre eran muy tristones y serios, éste hombre era muy vital. Y un día le pregunté por qué sabía tanto de filosofía y de política y de tantas cosas. Y fue la primera vez que como que se quebró un poco y me dice: “Mire capitán, mi madre era cocinera de una oficina salitrera. Mi madre era prostituta también. Yo nunca fui a la escuela. A mí me enseñaron a leer los líderes que había allí y todo lo que sé lo he sabido por los libros que me han prestado”. Cosas como esa me impresionaban mucho. Me hice muy amigo de Patricio Cariola, un cura jesuita que estuvo preso. Incluso me regaló su Biblia. Se fueron los curas y, al final, había un preso en la misma celda en que estaba yo, un tal Patricio Uribe que había caído preso por un problema de cheques, porque era el encargado de exportaciones de David del Curto. Nos fabricamos una muy buena relación y recuerdo que un día, cuando nos estábamos levantando en la mañana, me estaba mirando fijamente y le digo: “¿Qué te pasa?”. Y me dice: “Yo a ti te veo como Jesucristo, porque tú dejaste tu profesión, tu familia, todo abandonado, preocupado por la gente pobre. Si a esa gente no hay que mirarla, porque no lo vas a cambiar, no vas a arreglar el mundo. Haz como hago yo: no los mires”.


-¿Cuándo salió de Chile? 
Me fui a fines de septiembre de 1977. Salí de la cárcel con pena. Era doloroso, los presos te felicitaban, te aplaudían y eso te daba una carga emocional muy fuerte. Y llegué al aeropuerto y estaba mi padre y mi madre. Me dolía mucho que cuando mi padre me iba a ver lo revisaran entero, lo humillaran. Él nunca se imaginó que su hijo iba a caer en la cárcel. Y debo confesar que yo tampoco tenía dentro de mis posibilidades caer en la cárcel. Yo recibí gran apoyo de mi familia.


-¿Lo ayudó el coronel Juan Soler a salir en libertad? 
Me bajó la condena de 20 a 5 años. Y cuando tú cumples la mitad de la pena puedes irte. El abogado mío, Luis Ortiz Quiroga, se portó muy mal, porque nunca me fue a ver a la cárcel y yo nunca vi mi defensa y sólo la escuché cuando me llevaron, pero me cobró. Me costó el auto que teníamos en la época. Cuando llegamos a Inglaterra, pensé que teníamos la plata de la venta del auto. Y le pregunté a Nelsa. Y ella me dijo “no, no tenemos nada, toda esa plata se la pagamos al abogado”. Y le encontré toda la razón: había que hacer cualquier cosa para salvar la vida del que estaba preso. Pero a Ortiz Quiroga nunca le vi. Ni siquiera he leído mi defensa. Le agradecería si usted la tiene que me facilite una copia.

Esa es mi historia. El que le puede contar mucho más de lo que pasó antes es Alamiro Castillo, que fue el único que tuvo la visión, o fue su mujer, de asilarse. Él sabe cómo y por qué se organizaron los “institucionalistas”.

OFICIALES Y SUBOFICIALES CONDENADOS POR LA FACH PIDEN
PROCESAR AL GENERAL MATTHEI

No ha dejado de causarnos sorpresa la premura de familiares y amigos en adoptar la defensa del ex Miembro de la Junta Militar, ex Comandante en Jefe y ex Director de la Academia de Guerra Aérea de la Fuerza Aérea de Chile, General Fernando Matthei Aubel.
No parece prudente que mientras la justicia juzga su comportamiento como Director de la Academia de Guerra Aérea se promueva una novelesca campaña comunicacional exculpándole a priori. Este no es problema de amistad y cariño. Este es un problema judicial y de moralidad publica.

Quienes ahora lo defienden, parecen tener una grandeza de alma, de la que nosotros carecemos tal vez porque no tenemos ambiciones políticas. Nos sentimos por tanto, liberados para manifestar sin ambages que el General Matthei ha actuado en el pasado y en el presente con una escasa calidad moral. Distorsiona mañosamente lo que hizo y lo que ocultó en su función de Miembro de la Junta Militar, en su función de Comandante en Jefe de la FACH y muy especialmente como Director de la Academia de Guerra Aérea. Pretende enfatizar su inocencia escudándose en emocionales declaraciones de amistad o las ocasionales expresiones sociales de un personaje de la política.

Nuestros planteamientos están basados en sólidos argumentos y esperamos que el Ministro Sr. Mario Carroza, no solo se limite a investigar de la muerte del General Bachelet, sino que también del asesinato del Cabo Espinoza ocurrido en la Academia Politécnica Aeronáutica. Pudiendo también agregar en su investigación, el asesinato del Sargento Samuel Reyes, perpetrado en los mismos subterráneos de la AGA, sitio al cual naturalmente según manifiesta el general Fernando Matthei, jamás bajó.

Las victimas de los hechos de la AGA lo constituyen, entre otros, Oficiales, Suboficiales y Empleados Civiles de la FACh, los que fueron juzgados en el Proceso caratulado “Aviación Contra Bachelet y Otros 1973”. Este centenar de miembros de la “familia aérea” fue sometido a vejámenes y torturas inenarrables, en los subterráneos de la Academia de Guerra Aérea (AGA) convertida en cárcel en 1973-74. El objetivo de tan sádica conducta institucional no era otra que obtener declaraciones que dieran satisfacción a la preconcebida “verdad” que sostenían el Fiscal y sus torturadores. Pues bien, por largo tiempo, oficialmente “el regente” de esa unidad de la FACH era el entonces Coronel Matthei. Es falso eso de que no podía entrar. Es falso que nunca ejerciera como Director. Indudablemente en algún archivo estarán las inmutables Actas de Recepción y Actas de Entrega de tan importante Centro de Instrucción Aérea y también la reglamentación que le ordena sus obligaciones como su Comandante y Director.

LA ACADEMIA DE GUERRA AEREA.-

1.- El Art. 180 del Código de Justicia Militar establece:” Inmediatamente que la autoridad militar superior correspondiente tuviere noticia por cualquier medio de que se ha cometido un delito de la jurisdicción militar, ordenará instruir el proceso correspondiente al respectivo Fiscal.” Proceso que no podrá extenderse por más de 48 horas.

En el caso que nos ocupa el Fiscal nombrado por la FACH para investigar los supuestos delitos, fue el General Orlando Gutiérrez Bravo, quien se instaló en la AGA, con fecha aproximada del 20 de Setiembre de 1973. Este Fiscal no tiene ninguna facultad administrativa ni de mando en dicha unidad aérea. Las funciones administrativas, logísticas, de personal, de finanzas son de exclusiva competencia del Director/Comandante de la Academia de Guerra Aérea. Es su Comandante/Director quien responde de lo “que se hace o no se hace” en la unidad de su responsabilidad.

2.- El Fiscal Gutiérrez requiere la presencia de los primeros inculpados. Estos (los primeros) están detenidos en la Base Aérea de Colina y los otros son acorralados y secuestrados desde sus unidades de trabajo

3.- El 20 de Septiembre son llevados a la AGA, que es habilitada como lugar de detención. Quien debe cuidar de los reos, es el Comandante de esa Unidad, (la AGA). Además tiene las mismas obligaciones para con los guardias adicionales que se le hayan asignado y para con los funcionarios que habrán de interrogar previamente a los inculpados.

Cabe señalar que, reglamentariamente, en estos interrogatorios los reos NO pueden ser objeto de apremios ilegítimos, como tormentos físicos o psicológicos. En el recinto AGA, el Fiscal y los funcionarios que interrogan, no tienen ninguna atribución de mando, ni administrativa. Esta función siempre será ejercida por el comandante de la unidad (la AGA)

4.- A fines del año 1973, Fernando Matthei es nombrado Director de la AGA. Por aquella fecha los procesados por el Fiscal Gutiérrez alcanzaban a un centenar de Empleados Civiles, Suboficiales, y Oficiales de la FACH, los cuales son enviados posteriormente a la Academia Politécnica Aeronáutica (Base Aérea El Bosque) principalmente, con la intención de que se recuperen de las lesiones sufridas en la AGA y para enviarlos posteriormente sin esas evidencias a la Cárcel Publica a convivir con la población penal por delitos comunes. El General Alberto Bachelet ya no está detenido con el resto de los procesados, sino que bajo arresto domiciliario por razones de salud.

5.- Luego del traslado de los presos a recuperación física en la Base Aérea El Bosque, la Academia de Guerra Aérea continua siendo un lugar de reclusión de los reos que deberán interrogar los Fiscales de turno y se continua con la tortura y aplicando las peores aberraciones físicas a los interrogados.

6.- Durante el año 1974 el Director de la AGA era el entonces Coronel Fernando Matthei. Ejercía, para graficarlo de alguna manera, de “Alcaide de la Cárcel” que era la AGA, donde también funcionaba la Fiscalía de Aviación. Ese año como consta en varios procesos, hubo torturas y muertes en los sótanos de la AGA.

7.- Queremos resaltar que no solo se trata del General Bachelet y el resto de sus camaradas Oficiales y Sub-Oficiales, los que fueron torturados en los sótanos de la “cárcel” que administraba el Coronel Fernando Matthei Aubel, sino que también los centenares hombres, mujeres y niños que pasaron por “su” unidad.

8.- Los miembros de la FACH procesados por el Fiscal Gutiérrez a fines del año 1973 son llevados a la Cárcel Publica, aun sujetos a interrogatorios, a tal punto que muchos son sacados temporalmente de la Cárcel para ser llevados a la AGA para ser sometidos a nuevos interrogatorios bajo tortura (eso era lo habitual).

9.- A mediados de Diciembre de 1973, el General Alberto Bachelet es ingresado a la Cárcel Publica, donde comparte celda con varios compañeros de la FACH, entre ellos se destacan el General Poblete, el Coronel Ominami, el Coronel Miranda, el Comandante Galaz etc. donde están recluidos mas de un centenar de oficiales y suboficiales de la FACH.

10.- Un día de Marzo de 1974 el General Bachelet es sacado de la Cárcel Publica por Orden del General Gutiérrez (FISCAL) y llevado por ultima vez a la AGA para ser interrogado. Después de este interrogatorio el General muere en las circunstancias ya conocidas.

LA JUNTA MILITAR.-

En cuanto a la declaración del senador Letelier habría que aclararle que cuando el General Bachelet murió, el Coronel Matthei no era el Comandante en Jefe de la FACH, sino que era el Director de la Academia de Guerra Aérea en donde el General Bachelet fue interrogado el día anterior a su muerte. Quisiéramos que este senador fuese tan riguroso en averiguar la muerte del General Bachelet, como lo fue en la investigación de la muerte de su padre.

Por otra parte señalemos que el General Matthei en la Junta Militar, era una importante autoridad (según sus propias palabras), y declara públicamente que sabía de la violación de los derechos humanos, pero que nada podía hacer. Enfatiza al respecto, que se le mentía y que él sabía que se le mentía. Elemental: Si sabía que se le mentía, es porque sabía la verdad. Muy livianamente Matthei dice en su entrevista: Pero qué podía hacer yo? Renunciar pues mi general. ¡RENUNCIAR Y DENUNCIAR! Eso es lo que correspondía a un Sr. Oficial y más encima con el grado Jerárquico de General y Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea.

 

Finalmente aclaremos: la AGA siempre existió. Solo cambió su función. En vez de centro de instrucción para la formación del Alto Mando Institucional, se transformó en “Centro de Detención y Tortura”, y asiento de Fiscalías en el ejercicio de la Justicia Militar en Tiempos de Guerra. Estos fiscales solo ocupaban algunas oficinas del amplio recinto de la AGA. Los torturadores de los autoproclamados servicios de inteligencia ocupaban los subterráneos y la capilla.

El jefe administrativo de la AGA era el General Fernando Matthei Aubel, en razón de su nombramiento como Director de esa organización militar. El respondía institucionalmente del funcionamiento de esa organización. Tampoco debemos olvidar la existencia de delitos por omisión, y más aun, si no actuamos siendo testigos de la existencia de delitos como apremios ilegítimos, torturas o asesinatos, nos hacemos cómplices de aquellos hechos deleznables. Esto NO es solo dentro del ámbito militar se extiende igualmente a todo el ámbito civil.

Firmado:

Comandante de Grupo (R) = Ernesto Galaz Guzmán

Capitán de Bandada (R) = Jaime Donoso Parra

Capitán de Bandada (R) = Jorge Silva Ortiz

Capitán de Bandada (R) = Daniel Aycinena

Sargento Segundo (R) = Juan Ramirez

Cabo Primero (R) = Osvaldo Cortez

Cabo Segundo (R) = José Ayala

 

Red Charquican red@charquican.cl
2 ago

memoria y DD HH en listas grupos en Internet
Querido IgnacioTremendo trabajo!!! gracias una vez por mantener esta red de valor intangible. No hace mucho en conversaciones con mi entorno directo en el hogar y mi hijo que emprende rumbos en nuevos ciclos aparacen muchas situaciones que tienen una respuesta en todo este relato. Enviaré el relato a la red personal que debe tenerlo en esta memoria activa de nuestra sociedad. Es relato en que la ética está en la epidermis de esa memoria.

Leopoldo

Red Charquican red@charquican.cl
14 ago (hace 2 días)

Que triste lo de Angela Jeria.Cuando Michelle lo llamó tío – voluntariosamente, al menos desde mi – se pudo interpretar como un téngase presente que no tenemos odio, pero no dudemos que está lejos de NI OLVIDO NI PERDÓN.

Fernando Matthei no llegó a la Junta por impecabilidad con respecto a los DD.HH., sabemos como fue la estructura de la época y que se requería para ser miembro de la Junta Militar (o ser expulsado de esta (Gustavo Leigh, Mendoza…).

Sin duda que la declaración de Angela Jeria está en directa relación con los poderes fácticos de la sociedad chilena en que incluso se puede renegar de las causas y responsabilidades de un ser querido. Valiente la actitud de Eduardo Conterras en decenas y decenas bregando por el esclarecimiento del atropellamiento de los DD.HH. desaparecidos y hoy debe enfrentar el veto de 2 personas (Jeria y Letelier) cuyos intereses personales ponen un velo al esclarecimiento d elas atrocidades de una dictadura…. Townley puede seguir viviendo tranquilo en el anonimato en este contexto.

Fernando Matthei llegó a ser miembro d ela Junta por su fidelidad al obscurantismo y ocultamiento a la represión, tortura, asesinato y desaparecidos…. o llegó a la Junta por desconocimiento. Paradojalmente la declaración de este personaje a la CNN es mucho más transparente que la declaración de Angela Jeria… bueno no es tan distinta su declaración con respecto a los atropellos en la DRA.

Me embarga una sensación de hasta cuando seré ingenuo ante liderazgos que también son parte del poder fáctico de nuestra sociedad.

Triste muy triste!!!!!!!!!!!!!!

Leopoldo.

From: red@charquican.cl
Subject: Ángela Jeria desvinculó a Fernando Matthei de muerte de general Bachelet
Date: Mon, 13 Aug 2012 22:33:04 -0400
 

Me parece el colmo, Señora Angela Jeria y Señor Juan Pablo Letelier,
Ustedes no pueden decidir sobre lo que es verdad, ni menos tratar de influenciar a los Tribunales
Es la justicia es la Justicia la que debe decidir
Carmen Gloria