Chile: La lucha por la justicia después de 39 años | Chile SCDA

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En ingles el original. Traducción google

Chile: La lucha por la justicia después de 39 años

Jueves, 27 de septiembre de 2012, MorningStar

por Kate Clark

Cantante popular chileno Víctor Jara habría sido del 80 mañana.

Sin embargo, cinco días después del brutal golpe militar de 1973 que la democracia aplastada de Chile y mató al presidente del país constitucional Salvador Allende, de Chile, más comprometido y muy querido cantautor fue silenciada para siempre en el Estadio Chile.

El 11 de septiembre 1973 Víctor salió de su casa, su esposa Joan Inglés y sus dos pequeñas hijas para ir a su lugar de trabajo, la Universidad Técnica. La próxima vez que Joan lo vi fue en la morgue – sus manos rotas por culatazos y con 44 balas en su cuerpo.

Conocí a Joan en un soleado día de Santiago en abril pasado fuera de la Fundación Víctor Jara se creó para honrar su memoria y mantener su vida de trabajo en el canto y el teatro vivo.

Ahora, a principios de los ochenta, aunque todavía graciosa y ágil como el bailarín que era, Joan me habla de su frustración de que a pesar de todas las investigaciones sobre la muerte de Víctor nadie ha sido llevado ante la justicia por ello.

“Me siento enojado”, dice ella.

“Víctor vivió sólo la mitad de lo que podría haber sido su vida. ¿Cuántas canciones pudo haber compuesto, ¿cuántos juegos más pudo haber dirigido si hubiera vivido?

“Pudo haber visto a sus hijas muy queridos crecer y podría haber estado a mi lado durante el resto de nuestras vidas”.

¿Por qué la ferocidad del golpe que mató a miles de Victor y muchos de los demás?

Cuando el doctor Allende, un socialista, fue elegido presidente en septiembre de 1970 EE.UU. secretario de Estado Henry Kissinger dijo: “No veo por qué tenemos que esperar y ver un país se vuelve comunista debido a la irresponsabilidad de su pueblo”.

Lo que siguió durante los próximos tres años, con la connivencia de los EE.UU. fue un sabotaje organizado, el acaparamiento de alimentos y bienes para provocar una escasez artificial y la creación de la organización terrorista fascista Patria y Libertad.

También vieron una arremetida mediática contra el gobierno progresista cuyo programa de la Unidad Popular tenía por objeto mejorar la vida de los obreros y campesinos mediante la nacionalización recurso más grande de Chile – cobre – y la reforma de la introducción de la tierra para frenar el poder de los “latifundistas”, los grandes terratenientes.

Victor había usado sus inmensos talentos en apoyo del gobierno popular. Cantó a multitudes en Santiago y otras ciudades y escribió canciones instando a la gente a tomar una posición, no sentarse en la cerca, y luchar por su gobierno.

Él era muy popular entre los jóvenes y entre los millones que apoyaron el objetivo del gobierno de cerrar la brecha entre ricos y pobres.

Fue ese objetivo que llevó a las fuerzas reaccionarias en Chile y los EE.UU., que siempre había visto América Latina como su patio trasero, para decidir extinguir el gobierno de Allende en el golpe brutal.

Y fue el apoyo de Victor como lo que llevó a los soldados a romper los huesos de las manos y entonces burlonamente exigirle que tocar su guitarra.

Entre 40-50.000 personas fueron detenidas en los estadios, campos de concentración y prisiones en los meses y años que siguieron, y alrededor de 1.500 personas “desaparecieron” entre 1973 y 1990. Otros 30.000 fueron enviados al exilio.

Joan ha hecho campaña incansablemente por la justicia para su marido desde su muerte. Pero incluso después de Victor cuerpo fue exhumado en 2009 por orden del juez de instrucción de su caso nadie ha sido juzgado por ello.

“Muchos asesinos y torturadores caminan libremente por las calles”, me dice. “Ellos se acercan a la muerte ahora, después de vivir sus vidas en paz, educar a sus hijos y nietos. Nunca han expresado su arrepentimiento por el sufrimiento que han causado a tantas familias “.

Liderando abogado de derechos humanos Eduardo Contreras, quien en enero de 1998 fue el primero en presentar una demanda contra el general Augusto Pinochet, quien encabezó el golpe de 1973, explica por qué la justicia no se ha hecho, no sólo por Victor, pero para muchos miles de otras víctimas de la dictadura.

“El ritmo lento de los casos legales se debe en gran medida a la denegación total de las fuerzas armadas a cooperar con las investigaciones”, dice Contreras.

“Pero también se debe a la antigua y prolongada fuera del sistema legal de Chile.

“En la actualidad 1.500 juicios penales pendientes. La gran mayoría de estos son los casos presentados por la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP prisioneros) desde 2010, y que incluyen los casos de Allende propio presidente y su ministro de Defensa, general Bachelet, que murió después de tortura en marzo de 1974 después de negarse a apoyar la golpe militar.

“Alrededor de 250 de los perpetradores criminales de la dictadura han sido juzgados y hay 69 en prisión, en su mayoría condenados a cadena perpetua, entre los primeros lugares de la temible DINA -. El brazo de investigación secreta de la dictadura”

Los casos más están en camino. En cuanto al caso de Víctor, el juicio está en curso, pero avanza muy lentamente.

Dos soldados han sido identificados como los asesinos, pero hasta ahora ha sido imposible identificar que en las altas esferas dio la orden de matarlo.

Los abogados valientes que persiguen demandas han sido objeto de todo tipo de amenazas e incluso atentados contra su vida.

En julio de 2000 Contreras y su esposa Rebeca regresaban en automóvil a Santiago en su ruta habitual cuando alguien al lado de la carretera señalada para la ayuda.

Se detuvieron para ofrecer asistencia y un camión enorme de repente llegó en su coche a toda velocidad en dirección contraria.Se estrelló contra el vehículo y lesiones graves Rebeca, que, excepcionalmente, había estado conduciendo.

Contreras está seguro de que fue un intento deliberado contra su vida como sucedió en la víspera de una victoria legal de alto perfil contra Pinochet en los tribunales.

La lucha por la justicia continúa y es parte de la lucha social y política de hoy en Chile.

“La dictadura no ha sido totalmente derrotados”, dice Contreras. “Pero gran parte de la verdad ha salido y algo de justicia se ha hecho.

“El general Pinochet fue detenido y puesto bajo arresto domiciliario durante varios meses y, aunque murió antes de que pudiera ser enviado a prisión, fue condenado en los ojos del mundo como un criminal.

“Tenemos 1.300 procesos judiciales en curso que yo y otros abogados, que trabajan voluntariamente, están llevando a cabo y estamos seguros de que vamos a lograr más justicia en los próximos meses y años.

“También tenemos como objetivo juzgar a los civiles que fueron responsables de crímenes contra nuestro pueblo, al igual que los dueños de los medios de comunicación que, junto con la DINA cocinados historias para justificar sus crímenes.

“Todavía hay mucho que hacer.”

Los lectores pueden gustar Victor Joan Jara autobiografía: una canción sin terminar y la colección recientemente publicado de sus letras, sus manos eran suaves se dispone de los libros Smokestack a £ 8,95.

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Prensa Gráfica Callejera: "El último combate de Miguel 05 de octubre de 1974…

Prensa Gráfica Callejera: “El último combate de Miguel 05 de octubre de 1974….

sábado, 6 de octubre de 2012

“El último combate de Miguel 05 de octubre de 1974”

En un día como hoy muere en combate Miguel Enríquez, defendiendo la democracia, nosotrxs se lo contamos:


♦ Su eterno chaquetón marinero y su risa estruendosa, que contagiaba alegría, es lo primero que recuerdo de Miguel Enríquez.

♦ El optimismo asomaba a sus ojos, a sus gestos, comunicando esa incansable vitalidad que le animaba. Miguel reía con todo el cuerpo, se agitaba y el torrente reventaba con una explosión de alegría.
♦ Después descubrí que también era la forma de reir de su padre, don Edgardo. Miguel era un dinamo, veloz de pensamiento y palabra. Sus frases se precipitaban en ráfagas.
♦ Temible en la polémica, a veces era también -para mi gusto- demasiado duro en la discusión con los compañeros. Abrumaba con argumentos, citaba la historia revolucionaria mundial, especialmente la revolución bolchevique; conocía bien a Lenin (el Pelao, como le llamaba con familiaridad), a Trotsky y Rosa Luxemburgo, se paseaba por la revolución china, conocía en detalle la revolución cubana y sabía mucho de historia de Chile. Por supuesto era carrerino, admiraba a Manuel Rodríguez y se refería con mala voluntad al “guatón O’Higgins”. Dedicaba especial atención al estudio y le gustaba discutir con gente de pensamiento diferente al suyo. 
♦ Matarlo no fue fácil para la DINA. Los sicarios de la dictadura tuvieron que extremar sus torturas con los detenidos que habían contactado a Miguel o a sus enlaces desde que el líder del MIR pasó a la clandestinidad. La crueldad del capitán Miguel Krassnoff Marchenko, jefe de la Agrupación Caupolicán de la Brigada de Inteligencia Metropolitana de la DINA, y de su principal verdugo, Osvaldo Romo, sin embargo, no tenía límites.
♦ “La primera prioridad de la acción represiva de la DINA durante el año 1974 fue la desarticulación del MIR. Esta continuó siendo una prioridad durante 1975. Durante estos dos años se produce el mayor número de víctimas fatales atribuibles a este organismo”. Creada por decreto en junio de 1974, la DINA venía operando desde noviembre de 1973, en dependencia directa de Pinochet. Quinientos oficiales de las FF.AA. y Carabineros dieron origen a esa estructura secreta que más tarde contaría a miles de funcionarios, asesores e informantes a sueldo. 
♦ Matar al secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, un médico de 30 años que había burlado numerosas trampas y emboscadas, se convirtió en una obsesión para la DINA. Destinó para ello a la Agrupación Caupolicán, mientras la Agrupación Purén se dedicaba a perseguir al resto de la Izquierda.
♦ La DINA consiguió datos para localizar el sector de Santiago donde Miguel vivía clandestino. Era en la calle Santa Fe 725, entre Chiloé y San Francisco, en la comuna de San Miguel. Una casa con apariencias de nada con dos portones metálicos que todavía conservan más de treinta impactos de balas. El 5 de octubre de 1974 se libró allí un combate desigual, como el de La Moneda y otros durante 17 años en que hombres y mujeres de la Izquierda chilena dieron lecciones de honor y valentía en combate. 
♦ Miguel era uno de los dirigentes chilenos más prometedores. Tenía rasgos indudables de genialidad política. En él “despuntaba un jefe de revolución”.
♦ La precaria clandestinidad de Miguel, soportó poco más de un año. Había lanzado la desafiante consigna “el MIR no se asila”, y quiso dar el ejemplo permaneciendo en Chile para organizar un movimiento de resistencia que concebía amplio y unitario. Explicó: “Nos quedamos en Chile para reorganizar el movimiento de masas, buscando la unidad de toda la Izquierda y de todos los sectores dispuestos a combatir a la dictadura gorila, preparando una larga guerra revolucionaria a través de la cual la dictadura será derribada, para luego conquistar el poder para los trabajadores e instaurar un gobierno de obreros y campesinos”. 
♦ Desoyó los consejos de muchos camaradas y amigos que le pedían salir del país. Miguel era del tipo de líderes que guían con el ejemplo. No subvaloraba, sin embargo, las tareas de apoyo en el exterior. Encomendó organizarlas a dos miembros de la comisión política, su hermano Edgardo -ingeniero de 34 años, detenido en Buenos Aires en abril de 1976 y desaparecido desde Villa Grimaldi- y René Valenzuela Bejas, hoy preso en España.
♦ La persecución al MIR fue motivo de disputa entre la DINA y el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA), que dirigía el comandante Edgar Ceballos Jones (“Comandante Cabeza”). El SIFA llegó a tener numerosos prisioneros en su cuartel general en la Academia de Guerra Aérea (AGA). Mediante el método de hacer desaparecer a los prisioneros y una brutalidad extrema en la tortura, la DINA consiguió finalmente desplazar al SIFA.
♦ El terrorismo de la DINA se hizo sentir con fuerza a partir de abril de 1974. El recinto secreto de Londres 38, un ex local del PS, se convirtió en centro de torturas y en primera estación del vía crucis de muchos detenidos hacia la muerte y desaparición en Colonia Dignidad, como ocurrió con Alvaro Vallejos Villagrán (el “Loro Matías”), estudiante de Medicina de 25 años, uno de los primeros en ser ejecutados en la colonia alemana de Paul Schäffer. 
♦ La comisión política del MIR, sin embargo, se mantenía más o menos intacta a comienzos del 74. La pérdida más importante había sido la de Bautista Van Schouwen Vasey, en diciembre de 1973, capturado por una delación en el convento de los Capuchinos de Santiago, donde se ocultaba. Van Schouwen, de 30 años, médico, era uno de los fundadores del MIR e íntimo amigo de Miguel Enríquez, con cuya hermana, Inés, estuvo casado.
♦ A partir de julio del 74, la DINA -ahora en posesión de abundante información y con la colaboración de delatores- aumentó la intensidad de sus golpes. Cayeron detenidos y desaparecieron decenas de miristas como Bárbara Uribe y Edwin Van Yurick, su esposo; el periodista Máximo Gedda, Martín Elgueta, Alfonso Chanfreau, María Angélica Andreoli, Muriel Dockendorff, etc. Muchos fueron atrapados en “puntos de contacto” que entregaban los torturados. Otros cayeron en “ratoneras” montadas en casas de militantes detenidos. Muchos fueron reconocidos en las calles por delatores que salían a “porotear” con los agentes de la DINA.
♦ La represión aumentó y en septiembre del 74 la situación se hizo trágica. Casi todos los presos del MIR eran salvajemente torturados y desaparecían para siempre, como el arquitecto Francisco Aedo Carrasco, de 63 años, liberado desde Chacabuco y arrestado de nuevo el 7 de septiembre, los hermanos Carlos y Aldo Pérez Vargas (cuyos otros tres herm
anos, Iván, Mireya y Dagoberto, este último miembro de la comisión política del MIR, morirían en 1975 y 1976), Carlos Gajardo, Vicente Palomino, Manuel Villalobos, etc. Delatores como Marcia Merino (“La Flaca Alejandra”) asesoraban los interrogatorios, señalando a los torturadores lo que debían preguntar, clasificando la información, participando en los allanamientos o en el “poroteo”. 

♦ La situación alcanzó su punto álgido a fines de septiembre y comienzos de octubre con la detención de los dirigentes Sergio Pérez Molina y Lumi Videla Moya (cuyo cadáver terriblemente torturado por Osvaldo Romo lanzaron al interior de la embajada de Italia el 3 de noviembre), María Cristina López Stewart, el sacerdote Antonio Llidó, los hermanos Jorge y Juan Andrónico Antequera, Amelia Bruhn, y una larga lista de mártires. 

♦ La DINA obtuvo nuevas pistas para llegar a Miguel Enríquez: el barrio donde vivía, una descripción de su aspecto físico y de su pareja (Carmen Castillo Echeverría, que hacía de enlace en algunos contactos y que estaba embarazada), una Renoleta roja que usaba Miguel (la reconocieron durante un enfrentamiento a tiros en el sector del Estadio Nacional), etc. 

♦ Desde diciembre de 1973, Miguel vivía clandestino en Santa Fe 725. Un barrio tranquilo, de pequeña burguesía pobre y de obreros, casi todos propietarios de sus viviendas. La mayoría -como la que ocupaba Miguel- son casas de un piso con patio y parrón. Los vecinos se conocen por años. Entonces la mayoría eran de Izquierda, comunistas y socialistas. Frente a la casa de Miguel vivía un viejo obrero comunista, Leyton, “cicerone” del Museo Recabarren. 

♦ La casa de Miguel estaba entre la de un obrero cesante y la de un periodista, Rolando Carrasco, comunista, preso en Chacabuco. Allí vivían la mujer de Carrasco, Anita Klöpping (como actriz de teatro y radio más conocida como Anita Mirlo) y sus hijos, Rolando, de 16 , y Valentina, de 11 años. 

♦ Miguel y su compañera, Carmen Castillo, llegaron a vivir en esa casa a fines del 73, después de la caída de Van Schouwen. Inicialmente los acompañaba otro dirigente del partido, Humberto (Tito) Sotomayor, y su esposa. 

♦ Ocasionalmente iban a pasar unos días con ellos las pequeñas hijas de ambos, Javiera, hija de Miguel (con Alejandra Pizarro), y Camila, hija de Carmen (y de Andrés Pascal Allende, también miembro de la comisión política del MIR, que a su muerte reemplazaría a Miguel en la secretaría general del MIR). El otro hijo de Miguel, Marco Antonio (con la periodista Manuela Gumucio), estaba en Francia y apenas tenía un año cuando mataron a Miguel Enríquez, líder del MIR. 

♦ Una ciudadana británica compró con fondos del MIR la casa de Santa Fe a un dueño de camiones, padre de unas mellizas, a quien en el barrio todos miraban con sospecha porque era opositor al gobierno de la Unidad Popular y porque vendía mercaderías que escaseaban en el mercado.

♦ Miguel, Carmen, Sotomayor y su mujer no lo sabían pero eran objeto de observación en el barrio. Se siente curiosidad por los nuevos vecinos. Se preguntan quiénes son, de dónde vienen, qué hacen, etc. Los jóvenes que viven en Santa Fe 725, parecen gente de desahogada situación económica, se muestran afables y saludan con cortesía pero sin intentar mayores relaciones. Todos observan…y comentan. 

♦ Al dueño del boliche de la esquina le llama la atención que los nuevos propietarios de la casa de Santa Fe 725 dispongan de más dinero que lo común en el vecindario. Compran mayor cantidad y artículos de más calidad. Para el almacenero es un buen negocio pero comunica sus observaciones y el rumor circula…

♦ Miguel y Carmen, Sotomayor y su mujer, entretanto, hacen una vida normal y buscan establecer una relación discreta con los vecinos. Se dan cuenta que en ese barrio hay que trabar amistad con la gente. Miguel y Carmen ayudan al vecino cesante. Se enteran que Anita tiene a su marido preso en Chacabuco y que trabaja como costurera para sostener el hogar. Carmen le ayuda mandándole hacer ropa para Javiera y Camila, luego para ella o para una amiga que inventa. 

♦ Un día el joven Rolando Carrasco (hoy arquitecto, casado, dos hijos) está duchándose, la llama se apaga pero el gas sigue fluyendo, Rolo cae desmayado, como de costumbre ha cerrado con llave la puerta del baño. Anita lo siente caer, intenta abrir la puerta, no puede y corre a la casa de Miguel a pedir ayuda. Humberto Sotomayor acude, echa abajo la puerta, reanima al joven y le da instrucciones a Anita para seguir atendiéndolo. Así ella se entera que es médico. Desde ese día siente por sus vecinos del 725 una enorme gratitud y cariño. Ya no le importa la cortés pero firme discreción con que ellos defienden su privacidad.

♦ MORIR EN OCTUBRE 

Amanece el 5 de octubre de 1974. La DINA está sobre una pista segura para llegar a Miguel. Otras le habían fallado. Por ejemplo, detecta que Javiera, de 5 años, hija de Miguel, vive con su tía, Ana Pizarro, y sus tres hijos. Supone -con razón- que por esa vía existe un vínculo con Miguel. 

♦ La DINA pierde la paciencia y amenaza de muerte a Ana Pizarro y sus hijos, que se asilan en la embajada de Francia. Pero antes Miguel manda a buscar a su hija. En una carta le dice a su ex cuñada que quiere tener a Javiera por un tiempo porque está seguro que va a morir. 

♦ La DINA ya sabe que Miguel vive en la zona sur de Santiago, en un cuadrante enmarcado por Santa Rosa, Gran Avenida, Departamental y Callejón Lo Ovalle. Los esbirros de Krasnoff, capitaneados por Osvaldo Romo que olisquea sangre, “peinan” esa área. Llevan algunos de los presos torturados para que reconozcan calles, ruidos, olores…

♦ Pasan algunos días en esa tarea de rastrear las huellas todavía invisibles de Miguel. Buscan una Renoleta roja y una joven señora embarazada. Van en tres vehículos y llevan armas largas por si acaso. Se detienen a preguntar en almacenes y talleres, interrogan a niños y mujeres, carteros, revisores de medidores de luz y agua, recogedores de basura, etc. 

♦ Está clareando y en la casa de Santa Fe 725 de la comuna de San Miguel, todos duermen: Miguel, Carmen, Humberto Sotomayor y José Bordas Paz (31 años, encargado de la Fuerza Central, rama armada del MIR). El grupo conversó hasta tarde. Quedaron de acuerdo en que al día siguiente, 5 de octubre, Carmen buscará una casa de emergencia. El instinto les decía que la seguridad del escondite se había resquebrajado, sobre todo después del enfrentamiento a tiros en la Avenida Grecia.

♦ Miguel había hecho algunas reuniones en la casa con compañeros que presumiblemente ahora estaban presos. Aunque se habían observado las reglas de la clandestinidad, no se podía descartar que alguno se hubiese dado cuenta del barrio y la calle donde los habían llevado a ciegas. Se iban también a cumplir diez meses viviendo en la misma casa y las normas de clandestinidad prohibían una permanencia tan larga en un mismo lugar. 

♦ En la mañana del 5 de octubre Carmen Castillo salió a buscar una casa para mudarse ese mismo día. Miguel, Sotomayor y José Bordas también salieron de Santa Fe 725 . Acordaron volver a encontrarse en la casa a las tres de la tarde. Sin embargo, Carmen volvió cerca de la una. Encontró a Miguel y a los otros dos compañeros quemando papeles, con la

s armas a la mano y en estado de enorme tensión. Habían detectado tres autos sospechosos que rondaban el barrio y que habían pasado ya dos veces, lentamente, observando la casa. Están seguros que es la DINA y que deben estar tendiendo el cerco. Rápidamente terminaron de recoger en dos bolsos lo más importante. Cuando Miguel y Carmen salían al patio donde estaba la Renoleta roja, se produjo el primer ataque de la DINA. Ellos se replegaron al interior de la casa y comenzaron a responder el fuego junto con Sotomayor y Bordas. 

 

♦ El primer cerco no fue muy efectivo. No habían llegado aún suficientes refuerzos. En los primeros momentos Humberto Sotomayor y Jose Bordas lograron escapar. A uno lo vio Anita, la vecina, saltar al patio de su casa y de ahí a la calle San Francisco; el otro huyó en dirección a Varas Mena, una calle paralela al sur de Santa Fe. 

 

♦ (Sotomayor se asiló después en la embajada de Italia y José Bordas fue emboscado por el SIFA el 5 de diciembre. Cayó herido y murió dos días después en el hospital de la FACH, donde fue torturado). Carmen Castillo fue herida en el interior de la casa. A ratos perdía la conciencia mientras proseguía el tiroteo sostenido por Miguel. Recuerda haberlo oido gritar: “Hay una mujer embarazada, respeten su vida”. 

 

♦ “La casa donde se ocultaba Miguel Enríquez, fue rodeada por un nutrido contingente de agentes de seguridad, el que incluía una tanqueta y un helicóptero, quienes comenzaron a disparar. Entre los ocupantes del inmueble se encontraba una mujer embarazada que resultó herida. Eran cerca de 50 hombres que se aprestaban a atacar al líder del MIR. Sintiéndose desesperado, abrió fuego, siendo inmediatamente replicado por las fuerzas militares (…) Agentes de la Dina arrojaron una granada al interior del hogar. Miguel Enríquez fue herido”.

 

♦ Carmen Castillo (mujer de Miguel Enríquez y protagonista del enfrentamiento), describe: “De pie sobre el muro de adobe, a cien metros de la casa celeste de Santa Fe, los hombres al acecho se irguieron y avanzaron sobre la humilde casa. Miguel saltó el muro y empujó el arma: una ráfaga de metralleta desgarró el aire. De todas partes resonaron balazos. La mujer que lava la ropa lo vio a través de la rendija de los tablones. Miguel disparó una ráfaga, una granada lo alcanzó a los 15 minutos de iniciarse el enfrentamiento, Miguel Enríquez peleó solo, durante más de dos horas…” 
♦ De todas partes resonaban balazos. La mujer que lava la ropa lo vio a través de la rendija de los tablones: “Miguel disparó una ráfaga. Miguel se desplomó sobre la artesa, el lavadero”. 

Miguel Enríquez cayó después de las más de dos horas de enfrentamiento con la bandada de criminales que quisieron acallarle su voz, pero no pudieron acallar la voz de su arma que fue la que acompaño en la lucha a Miguel por esas extensas y tan ensordecedoras horas. Miguel recibió diez impactos de bala que le causaron la muerte”. 

♦ Miguel no se rindió. Una de las diez balas le perforó el cráneo. Su cuerpo lo encontraron en el patio donde se había parapetado para disparar, mientras intentaba saltar a la casa trasera

. La noticia de la muerte de Miguel, que se divulgó esa noche, causó un impacto doloroso en el pueblo. Saber que Miguel estaba en la clandestinidad, intentando reorganizar las fuerzas, fortalecía muchas esperanzas.

Extracto de un seguidor de PGC:

Amigos de Prensa Gráfica Callejera, les dejo esta publicación solo para compartir algo sobre mi viejo.
“5 de octubre, esta fecha me debería decir algo o tal vez debiera provocarme remembranzas sobre la lucha realizada, a lo mejor me debiera impulsar a sacar del baúl de los recuerdos panfletos, revistas, fotos, que se yo, cualquier objeto que evoque algo, mas sin embargo, esa no es la emoción que me provoca, al contrario, siento pena por mi y los iguales a mi que ese 5 de octubre, traicionamos la esperanza y bueno, ya sabemos que vino después, llegamos los Concertados a transformar la patria, a negociar la vida, la verdad y la justicia. Fuimos parte, tanto por acción o por omisión del quilombo que armamos y hoy 24 años mas tarde, sacamos nuestros pañuelos y nos ponemos a llorar como niñitas caprichosas que perdieron su osito favorito en el patio, como queriendo limpiarnos el alma, ya que sabemos muy bien que sucios quedamos con todo esto y que cuando la historia nos descubra nos juzgara con la dureza necesaria.
Hoy 5 de octubre mis recuerdos la verdad son coincidentes con la fecha en la cual fue detenido, torturado y hecho desaparecer mi padre Luis Enrique Rivera Cofre, militante del MIR, que entrego el bien mas preciado que es la vida y lo hizo con la hombría y la dignidad de un persona que siempre estuvo consiente de sus actos y que entiendo que la Revolución se construye sin llorar.
Y aquí parados en este instante de la historia no solamente esta mi madre, mi hermano, sino que también sus nietas Florencia, Matilde y Pabla que sabrán recordar a mi viejo en un día como hoy donde la dictadura se disfrazo de democracia”.

La inteligencia militar en la industria Sumar Nylon S.A. el 11 de septiembre de 1973 | CIPER Chile CIPER Chile » Centro de Investigación e Información Periodística

La inteligencia militar en la industria Sumar Nylon S.A. el 11 de septiembre de 1973 | CIPER Chile CIPER Chile » Centro de Investigación e Información Periodística.

La inteligencia militar en la industria Sumar Nylon S.A. el 11 de septiembre de 1973 | CIPER Chile 39 comentarios de lectores

La inteligencia militar en la industria Sumar Nylon S.A. el 11 de septiembre de 1973 | CIPER Chile CIPER Chile » Centro de Investigación e Información Periodística.

La inteligencia militar en la industria Sumar Nylon S.A. el 11 de septiembre de 1973.

“En junio de 1972 ingresé a trabajar a la empresa Sumar Nylon S.A. Estudiaba simultáneamente -en régimen vespertino- Ingeniería Textil en la entonces Universidad Técnica del Estado (UTE, hoy Universidad de Santiago). Yo tenía 20 años, recién había salido del Servicio Militar, el que cumplí en Iquique en el Regimiento de Infantería Nº 5 Carampangue, lugar donde conocí, por ejemplo, al entonces subteniente Oscar Izurieta Ferrer, actual subsecretario de Defensa, quien fue mi comandante de Compañía.

Sumar Nylon era una industria textil intervenida por el gobierno de la Unidad Popular y pertenecía al llamado “Cordón San Joaquín”. Era una industria de las llamadas “combativas” debido a la gran efervescencia política partidista que se vivía en su interior. Allí los comités de Producción, de Vigilancia, de Bienestar Social, junto a los delegados del Partido Comunista, Partido Socialista, MIR y MAPU que conformaban los sindicatos, mandaban y dirigían la industria. El interventor general era don Hernán Perez de Arce y el interventor de la Planta Nylon era el compañero Iturra (nunca supe su nombre).

Debo decir que yo no milité en ningún partido o movimiento en esa época en la que yo era un lolo de pelo largo que vivía el día a día entre trabajar, estudiar y pololear con quien es mi esposa hasta hoy (el 4 de septiembre cumplimos 37 años de casados).

En la mesa central de teléfonos trabajaba Erna Saba, a la que le decíamos la Turca, una compañera súper solidaria que se encargaba de las colectas, visitaba a los trabajadores enfermos y participaba en todos los paros. Era una compañera de las llamadas “combativas”.

El viernes 7 de septiembre de 1973, como a las 21:00, se realizaba un Campeonato de Brisca en el Casino de Operarios de Sumar Nylon, y como a las 23:00 llegaron efectivos de la FACH y allanaron la industria con mucha violencia, reprimiendo a todos los que allí se encontraban, hiriendo con bayoneta a los militantes más conocidos por su militancia en el Partido Comunista. Esa noche llegaron a la industria a solidarizar, la diputada Gladys Marín, secretaria general del PC y el diputado comunista Jorge Insunza. Eso yo mismo lo vi pues vivía frente a la industria en la Población Sumar 4, la que era habitada por trabajadores de la empresa.

Desde esa noche a mí me pareció sospechosa la actitud del portero de la Planta, el “compañero Zurita”, ya que en los diarios de la época salieron titulares como: “FACH allana industria Sumar: efectivos fueron atacados a balazos desde el interior de la fábrica”. “Camuflado como Campeonato de Brisca: Escuela de Guerrilla del Cordón San Joaquín en estatizada Sumar Nylon”. Y lo que más me llamó la atención fue que el contingente de la FACH se fuera directo al casino donde se realizaba el evento, sin siquiera tocar a los otros trabajadores que se encontraban de turno en las diferentes secciones de la Planta. Como el casino en cuestión se hallaba en el interior de la fábrica, para llegar a esa dependencia había que pasar por las secciones de Pesaje y Empaque, Hilatura, Retorcido y Conos, y es ahí donde muchos vieron al portero, al “compañero Zurita”, indicando dónde estaba reunida la gente del Campeonato de Brisca, quiénes eran los participantes y qué cargos tenían en la Planta.

El “compañero Zurita” era el típico gallo paleteado que participaba en paseos y reuniones del sindicato. Si hasta participo en un festival de la canción (”Los Trabajadores de Sumar Cantan”), y en los campeonatos de fútbol interno jugaba de 10 en el equipo de Hilatura. Recuerdo que a veces hacía la vista gorda en la portería cuando un obrero sacaba algún cono de hilo.

El sábado 8 se hizo una asamblea para discutir la situación de la noche anterior. El “compañero Zurita” fue el primero que pidió la palabra para decir que los efectivos de la FACH lo habían amenazado de muerte y que, apuntado con un fusil, tuvo que indicarles donde estaba el casino. Lo extraño es que nadie observó esa situación en ningún momento cuando los militares iban pasando por las distintas dependencias de la fábrica.

El martes 11 de septiembre, a mí me tocó el primer turno: de 7:30 a 15:30 en el Laboratorio Químico, donde yo trabajaba como analista químico (había otro laboratorio, el Textil). Como a las 8:00, pasó un dirigente avisando que había una reunión en un sector de la Planta. Las cuatro personas que estábamos trabajando en el laboratorio en ese momento, no bajamos. Como una hora más tarde pasaron avisando que ”los milicos habían dado un Golpe”, y que había que bajar urgente a la reunión. A todo esto, y con la ayuda de una pequeña radio portátil, nosotros ya estábamos escuchando los bandos militares donde se le decía a la población que había que mantenerse en sus casas y a los que estaban fuera de ellas, ya sea trabajando o estudiando, que debían irse a sus casas. Antes de las 11:00, en la reunión se acordó que había que defender la fábrica. Otros dijeron que ya no había nada que hacer y que lo mejor era abrir las puertas para que el personal se fuera a sus casas.

Un gran número de trabajadores nos fuimos a la portería mientras los más fanáticos nos gritaban “momios cobardes”. Pero muchos de ellos también salieron arrancando porque un helicóptero pasó volando a baja altura y a través de un altoparlante avisaron que si no nos íbamos a nuestros hogares seriamos atacados con fuego de ametralladora. Una curiosidad: ese día el “compañero Zurita” no fue a trabajar. Fueron otros los porteros que nos dieron la salida.

Yo vivía en un cuarto piso de la Población Sumar 4 con mi padre, quien también trabajaba en la misma industria. Y junto a él observamos los acontecimientos que ocurrieron esa tarde cerca de las Plantas Sumar Nylon, Algodón y Poliéster. También escuchamos las explosiones y balaceras en las poblaciones La Legua, El Pinar, Germán Riesco y Aníbal Pinto, todas ellas ubicadas alrededor de Sumar.

El 19 de septiembre citaron a todos los trabajadores para reiniciar la actividad laborar y para que nos pagaran las platas pendientes: aguinaldo, quincena, etc.: todos estábamos sin ni un peso.

Ese día todos los trabajadores llegamos irreconocibles: afeitaditos, sin barba, pelo cortito, hasta con terno y corbata. Cuando toda la gente estaba reunida en el patio de la industria, encaramado en una tarima, apareció un capitán de Ejército en traje de combate, con tres soldados con fusiles como escolta. ¡Ahí estaba el “compañero Zurita”, quien era ahora el capitán Zurita! Y sin más empezó a nombrar a todos los que tenían que irse al Estadio Nacional y a los que debían quedarse a trabajar. Y los nombraba sin ningún listado: “¡Antivilo! (jefe de Bienestar Social)… ¡Para allá!”. Y le indicaba el camión que se llevaría a los seleccionados al Estadio Nacional. Quien le ayudaba en la identificación de los seleccionados era una mujer de uniforme, una teniente, ante la cual los conscriptos se cuadraban. La teniente Erna Saba, la misma solidaria telefonista de la industria hasta el día 11 de septiembre, con listado en mano, le indicaba al capitán Zurita el nombre de los jefes, supervisores, integrantes de los Comités de Producción y Vigilancia, además de los delegados del sindicato y militantes de partidos y movimientos de izquierda. Todos ellos eran subidos a los camiones a culatazos y llevados al Estadio Nacional.

Como a mí se me había perdido el carnet de identidad, me presenté con la credencial de la empresa. A todos los que no tenían carnet los mandaban a un patio al lado de las oficinas de la gerencia general. Nos juntamos como 25 personas con un soldado vigilándonos. Entre nosotros estaba un trabajador de la sección Retorcido al que le decíamos el Falabella, porque andaba siempre con la ropa exclusiva de esa tienda. Llevábamos más de dos horas de pie en ese sector, cuando vi que elFalabella se sentó en el suelo. El soldado que nos vigilaba le preguntó: ‘‘¿A quién le pediste permiso p’ sentarte gueon?”. ¿Y por qué tengo que estar parao?”, le respondió el Falabella. “¡Ah!, ¿no querispararte?”, le dijo el soldado, quien se dio media vuelta y salió por un costado para volver de inmediato con un teniente y tres militares más. “¡Este es el que no quiere pararse, mi teniente!”, le dijo el soldado al teniente, indicando con el dedo al Falabella, que aún permanecía sentado en el suelo. El teniente les dio una indicación a los soldados y éstos lo levantaron a culatazos y patadas y se lo llevaron detrás de unas bodegas de materiales. Enseguida se escucharon ráfagas de ametralladora y muy luego aparecieron soldados trayendo una carretilla con el cuerpo delFalabella. “¿Alguien más quiere sentarse?”, nos dijo el teniente… Le confieso que fue tal mi impresión, que me oriné. Otros compañeros se defecaron. Ahí me di cuenta de la crueldad con que iban a actuar los militares en adelante. Hasta hoy recuerdo ese triste episodio. Me di cuenta que la vida de un joven y de todos nosotros no valía nada…

Aún no nos reponíamos del drama que habíamos vivido cuando escuchamos nuevamente ráfagas de ametralladoras y poco después nos llegó el rumor de que habían fusilado al Puente Cortao, el baterista del conjunto musical de la empresa que era muy querido y a la vez muy pesado y por eso le decíamosPuente Cortao. Lo fusilaron en un patio trasero y lo acusaron de haber atacado con una bazuca un bus de carabineros el mismo día 11, en Álvarez de Toledo con Las Industrias, en La Legua.

Hay muchos episodios que me quedaron grabados de lo que allí viví en esa jornada… Ese mismo día, como a las 14:00, los militares nos pasaron un brazalete de género el cual debíamos usar en el brazo izquierdo. Era nuestro seguro de vida ya que el que era sorprendido sin ese distintivo dentro de la planta era fusilado en el acto. Esas fueron algunas de las órdenes que impartió el enérgico capitán Zurita, quien resultó para nuestra sorpresa ser el mismo “compañero Zurita”, el portero de la fábrica. A la Turca Erna Saba la vi por ultima vez con su uniforme de teniente de Ejercito, subiendo a un jeep con unos soldados, saliendo de la fábrica con un maletín. Dijeron que en el maletín llevaba los antecedentes de todos los que fueron enviados al Estadio Nacional.

Hago este pequeño relato porque yo lo viví, no me lo contaron. Y porque este año el día 11 de septiembre se vive también un día martes y es imposible no recordar a muchos amigos y compañeros de trabajo de Sumar Nylon que ese día 19 salieron en los camiones que el capitán Zurita y la teniente Saba llenaron con carga humana. A la mayoría nunca más los volví a ver con vida.”

Eduardo Silva Aranda, ingeniero textil.

Recopilado en la Red Virtual Charquican.cl

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Chile: los caminos de la historia y la memoria .2007 Anne Pérotin-Dumon

Chile: los caminos de la historia y la memoria

Introducción

“La conmemoración del trigésimo aniversario del golpe militar del 11 de septiembre de 1973 obligó a todos los chilenos […] a enfrentar una historia que muchos habían preferido ‘olvidar’ o ignorar”, escribe Peter Winn al comienzo de su artículo, “El pasado está presente. Historia y memoria en el Chile contemporáneo”. “Es un momento propicio para preguntar: ¿qué sabemos de esos acontecimientos? ¿Cómo se los recuerda? ¿Y cómo los interpretan los historiadores?”

Winn hace el balance de lo que sabemos sobre el golpe de 1973, la represión, las ejecuciones, los desaparecidos, la tortura. Una buena parte de nuestra información, señala, se obtuvo durante la dictadura gracias a las denuncias hechas por las víctimas y sus familias ante las organizaciones de derechos humanos, y a partir de la transición democrática, por sus declaraciones ante la Comisión de la Verdad y, más recientemente, la Comisión de la Tortura. Se agregaron a ello, con el paso de los años, las indagaciones encaradas por el periodismo de investigación y la justicia.

Persisten muchos puntos ciegos. Winn insiste en la imprecisión de las cifras de que disponemos acerca de los detenidos, desaparecidos y torturados. Señala además otro factor:

Luego del golpe, el régimen militar se embarcó en una campaña masiva de desinformación, inventando complots y acciones izquierdistas como justificativo de su brutal represión y falsificando documentos para “verificar” sus argumentos, a la vez que eliminaba pruebas de su propia violencia y sus violaciones de los derechos humanos. Dentro de Chile, la prensa, censurada, y la justicia, intimidada, no podían impugnar la historia oficial o no tenían la voluntad de hacerlo; fuera del país había una idea general de lo que sucedía en él, pero esa idea cobraba forma en la contrahistoria de los exilados, que con frecuencia sacrificaba la complejidad y la estricta veracidad en el altar de la conveniencia política.
En la insistencia del autor habrá de leerse un llamado a los historiadores que los convoca a cuantificar pero también a rectificar. Será preciso hacer, sin duda, la crítica del Libro blanco del cambio de gobierno en Chile (sin fecha, h. 1974), con sus correspondientes documentos presentados como prueba.

El trigésimo aniversario del golpe también permitió apreciar el camino recorrido por la memoria social. La historia de la memoria esbozada por el autor (sobre la base de trabajos como los de Illanes, Garcés, Wilde y Stern) señala el punto de inflexión de 1980, cuando una pregunta disonante comenzó a penetrar en el espacio público: “¿Dónde están?” Este campo de la investigación histórica apenas está empezando, indica Winn. “Los avances se realizarán a través de estudios de casos en profundidad basados en la investigación histórica monográfica de fuentes primarias”. “Es probable”, agrega, “que los próximos avances queden a cargo de una generación más joven de especialistas que, aunque sean chilenos, ya no deberán trascender sus propios recuerdos de ese pasado problemático para historizarlo.” He aquí un desafío lanzado a la generación actual: historizar un tiempo del que uno se acuerda, objetivar un pasado que pertenece a sus recuerdos, ¿no es precisamente hacer la historia del tiempo presente?

“Historia y memoria del 11 de septiembre de 1973 en la población La Legua de Santiago de Chile” es la primera reconstrucción in situ de esa jornada dramática en un barrio popular de Santiago, hecha por un historiador profesional. Mario Garcés nos transporta lejos del escenario que usualmente evoca la memoria de ese día –el palacio presidencial de La Moneda–, a la periferia de la ciudad que entre las décadas de 1930 y 1950 presenció la formación de los barrios de las clases trabajadoras del gran Santiago (las poblaciones), cer ca de las industrias. De ese modo, Garcés introduce en el conocimiento histórico del pasado reciente un sector hasta aquí faltante: los trabajadores y pobladores, protagonistas del proceso de cambios que cristalizó en Chile a lo largo de las décadas del sesenta y el setenta, y objeto de la mayor represión durante la dictadura.

La Legua no es, sin embargo, un barrio como los demás. Las personas en edad de recordar dicen que

allí hubo enfrentamientos, que se atacó a un autobús de carabineros, que se derribó un helicóptero, y que la población fue atacada por aire y tierra. Los relatos, dependiendo del lugar social del interlocutor, se pueden minimizar o magnificar y, en algunos casos, abundan en detalles reales o imaginados de lo que allí ocurrió; por ejemplo, que “todos los carabineros murieron” o que “fueron colgados en los postes del alumbrado público”. […] En la misma población los relatos se han venido recreando de generación en generación, entre los propios pobladores […] que en unos casos afirman con orgullo –“en La Legua se combatió”–, y en otros, con dolor y desesperanza: “son muchos los que murieron o desaparecieron”. Estos relatos y memorias ponen de manifiesto que el día del golpe ocurrió allí algo distinto que en el resto de la ciudad. El pueblo resistió, y ése es el núcleo significativo que preserva la memoria popular.
Al cotejar relatos y fuentes escritas, Garcés ha reconstituido esos incidentes, pero también su origen. Como en una tragedia griega, en La Legua se encontraron en el mismo momento tres tipos de actores: pobladores desconcertados, trabajadores y dirigentes sindicales de la fábrica textil Sumar que habían intentado organizar en vano la resistencia armada en el lugar y, por último, dirigentes socialistas, comunistas y miristas que volvían de la planta de Indumet, donde se habían reunido para tratar de coordinar acciones de resistencia al golpe, pero que debieron levantar la reunión a raíz de la irrupción de los carabineros.

“Romper el silencio ha sido uno de los mayores desafíos de esta investigación”, escribe el autor, que describe una situación característica de la historia del tiempo presente.

Los documentos son escasos y de difícil acceso; la prensa, controlada por los militares, ha omitido la información sobre estos hechos, y las dictaduras, en general, niegan la existencia de archivos de la represión. Por tanto, fue fundamental recurrir al testimonio de los que sobrevivieron o fueron testigos de algunos de los acontecimientos que logramos reconstruir. […] Las razones para el silencio de los que no nos concedieron una entrevista se relacionan en gran medida con […] el miedo que, pegado a la piel, constituye tal vez una de las principales herencias de la experiencia autoritaria.
El trabajo de Garcés, hoy ampliado a las dimensiones de un libro (El golpe en La Legua: los caminos de la historia y la memoria. Santiago de Chile: LOM, 2005), relata el acontecimiento, pero también su supervivencia en las memorias: la tristeza al pensar en quienes perdieron la vida en él, y el miedo, instalado a partir de ese día y durante mucho tiempo en la población. Recordemos que entre los detenidos en el Estadio Nacional luego del golpe, La Legua tuvo el triste récord de ser el barrio con mayor representación de pobladores.
decide convertir en materia de una investigación. En este caso, el historiador, los hechos y los testigos son contemporáneos.

En la Quinta Michita […], vivía gente que había tenido un pasado común; que compartían sueños y experiencias de cambio de la década de 1960; los mismos que fueron sepultados a partir de septiembre de 1973. Eran opositores al régimen militar y habían recreado un mundo especial y protegido para sus hijos, que incluía la casa, el vecindario e incluso la escuela. El mundo de la Quinta era el refugio de sus sueños mutilados, la forma que encontraron para mantener una identidad común frente a los nuevos ideales conservadores que se imponían en el país. Conocer a esta singular generación intelectual, forjada mayormente en la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), y los motivos de su forma de vida en la Michita se convirtió en una pregunta de índole histórica […]. En esa microhistoria, inserta en la “gran historia”, encontramos una generación que intentó cambiar su universidad y su país, pero que finalmente sólo pudo concretar sus sueños […] en su comunidad habitacional, dentro del espacio doméstico.
Gárate esboza la historia de esa generación que, desde la Democracia Cristiana, elaboró su propio camino revolucionario hacia el cambio social en una universidad que repensaba de cabo a rabo su función en la sociedad chilena, a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre el cristianismo comprometido con los problemas sociales. Luego el autor relata la construcción de la comunidad habitacional de la Michita y la vida cotidiana de esas familias de intelectuales progresistas.

A la cabeza de la Universidad Católica, el carismático Fernando Castillo Velasco conduce “la Reforma”. Es la época en que los arquitectos ven en el urbanismo una manera de trabajar por la mejora de la sociedad, y en las viviendas que construyen, el medio de instaurar relaciones más abiertas y libres entre sus miembros. Fernando Castillo, que es uno de ellos, invita a los universitarios que lo rodean para llevar a la práctica un proyecto de vida comunitaria, corolario de los cambios sociales a escala nacional a los que ellos aspiran y por los que trabajan en el marco de la universidad.

Sobreviene el golpe y con él la derrota de los progresistas, tanto en la Universidad Católica como en otros ámbitos. La Michita nacerá, entonces, en circunstancias muy distintas de las previstas. Uno de los puntos de interés del trabajo de Gárate es el lugar que otorga en su estudio al grupo de niños que crecieron bajo la dictadura en el microcosmos protegido de esa comunidad.

“El testimonio de experiencias políticas traumáticas: terapia y denuncia en Chile (1973-1985)”, de Elizabeth Lira, describe el dispositivo de asistencia a las víctimas y sus familias organizado por las iglesias después del golpe, del cual formaba parte la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (FASIC) en la que Lira trabajó. Luz en medio de las tinieblas, se dirá al leer el contenido brutal de los testimonios incorporados por la autora. Su trabajo es también un aporte a la historia de la medicina chilena del siglo XX: muestra que la práctica clínica desarrollada durante la dictadura militar permitió llegar a un nuevo saber sobre lo traumático, en particular su efecto sobre la memoria. (Señalemos que los chilenos, como sus colegas argentinos, son frecuentemente convocados a los lugares del mundo donde la experiencia que han adquirido y los métodos elaborados durante la dictadura pueden, desdichadamente, volver a ser útiles.)

Los primeros casos analizados por Lira corresponden a ex detenidos cuya sentencia de prisión perpetua fue conmutada por el destierro al cabo de varios años de cárcel. Entre la salida de ésta y el camino al exilio, el personal de FASIC disponía de escaso tiempo para ayudarlos. Además, “la psicoterapia para las víctimas de la represión política era un ámbito profesional desconocido. […] Eso hizo necesario rastrear en los trabajos que dieron origen a la investigación clínica y terapéutica sobre el trauma a mediados del siglo XIX”. Ahora bien, esas investigaciones –de Charcot a Freud– se referían a mujeres y traumas ligados a hechos de naturaleza sexual.

En el Chile de la década de 1970 las cosas eran de otra manera. “La tortura, la desaparición de un familiar, así como sobrevivir a la propia ejecución, eran situaciones simultáneamente políticas y personales”, escribe Lira. “La psicoterapia de las víctimas de la represión política […] permitió identificar un hecho central: para muchos de ellos, el compromiso político constituía el eje más significativo de sus vidas.”

El sufrimiento de los ex detenidos que se procuraba aliviar tenía, por lo tanto, una dimensión eminentemente política. “Requerían ser reconocidos como protagonistas y militantes de un proyecto de cambio social y político legítimo y no como gestores de un proyecto criminal.” Para ello, era preciso ante todo confirmar objetivamente su experiencia de la represión, instaurarla como la verdad de muchos de ellos. De allí la idea del personal asistente de hacer de la elaboración del testimonio un elemento central de la terapia, idea que fue recibida con gran interés por los pacientes. La vergüenza y la rabia impotente que los carcomían se canalizaban ahora hacia la denuncia y la exigencia de justicia. “El testimonio articulaba la experiencia individual con el proceso histórico en el que había ocurrido.” De hecho, muchos de esos testimonios fueron enviados por sus autores a organismos internacionales de derechos humanos que recibían las denuncias de Chile.

A fines de la década de 1970, dar un testimonio personal sobre la experiencia represiva era denunciar algo que el gobierno militar negaba lisa y llanamente. Las cosas cambiaron en la década del ochenta: el público comenzó a saber y los relatos de las víctimas se abrieron camino hacia la prensa. Eso “modificó el lugar de la denuncia e hizo menos necesaria la gestión del testimonio en el proceso terapéutico”. La prosecución del trabajo muestra cuáles fueron las nuevas funciones asumidas entonces por la elaboración del testimonio.

En “La superación de los silencios oficiales en el Chile posautoritario” la politólogaKatherine Hite se ocupa de la clase política chilena durante el primer decenio de la Concertación, con especial hincapié en los miembros de izquierda del gobierno. ¿Por qué ese “silencio oficial” en torno del pasado reciente, cuando ese mismo pasado era objeto de diversas publicaciones y estaba presente en la memoria popular?

“Sostengo que ha habido una subestimación de los efectos del trauma como explicación de los silencios de la elite política durante la década de 1990 con respecto a las tres décadas y media pasadas”, escribe Hite.

El interés de la politología y la historia política por las representaciones mentales del pasado que actúan en la clase política proviene, sin lugar a dudas, de la idea de que hay en ellas una clave para entender sus tomas de posición y las políticas que defienden hoy. Parafraseando al filósofo e historiador Reinhard Koselleck, podemos decir que el pasado de los políticos es en parte “el espacio de experiencia” a partir del cual cobra forma su “horizonte de expectativa”.

La autora, por lo tanto, entrevistó en 2002 a una serie de personalidades políticas (el pequeño número de mujeres entre ellas refleja simplemente la híper masculinización del grupo). Y relacionó sus testimonios con los debates parlamentarios del período, en cuyas primeras sesiones la cuestión predominante había sido el pasado.

El trabajo descubre importantes cambios discursivos dentro de las esferas de conducción a lo largo de la década de 1990, con referencia al modo como Chile debe aceptar el pasado. En términos generales, al comienzo de la transición en 1990, el discurso de los dirigentes de la Concertación transmitía euforia por el retorno al poder y confianza en lo que era políticamente posible en relación con la exploración del pasado. Poco después, y durante varios años, la euforia cedió paso a una postura defensiva con respecto a la capacidad de la dirigencia de dictar una condena por los abusos de otrora.
Hite pidió a los políticos entrevistados que reflexionaran en su presencia sobre las razones de ese “silencio oficial”. “En nuestros días, muchos líderes de la izquierda gobernante expresan un fuerte sentimiento de pesar e incluso de cólera acerca de lo que ahora reconocen con franqueza como un silencio principalmente autoimpuesto en lo tocante al pasado traumático de Chile.” El trabajo de Hite constituye una reflexión de dos grados: sobre el peso de la década del sesenta en la política de la década del noventa, y su relectura por los propios interesados diez años después. De esa indagación retrospectiva rescataremos las palabras del senador socialista Ricardo Núñez:

Nosotros sentimos que si hubiéramos revisitado las contradicciones de 1973 no hubiera habido transición. […] Porque aquellos de nosotros que le dimos un impulso a la transición, fuimos los mismos que habíamos sido una parte de 1973, los mismos que fuimos a la cárcel, al exilio, que fuimos torturados. Diría que en el mundo subjetivo de la política, nosotros sentimos que para tener una transición, no podíamos retornar a 1973.
En “Irrupciones de la memoria: la política expresiva en la transición a la democracia en Chile”Alexander Wilde adopta un enfoque innovador para comprender por qué ese pasado reciente fue un problema para los políticos y la población. Aunque Chile hizo un retorno relativamente suave a la democracia en 1990, luego de los diecisiete años de dictadura de Pinochet, su vida pública siguió marcada por las “irrupciones” de personalidades, acontecimientos y símbolos asociados con un pasado todavía vivo en la memoria, pero aún no reconocido o entendido como “historia”.

El autor incorpora explicaciones previas sobre las limitaciones institucionales de la “transición” chilena, pero exhorta a sus colegas de las ciencias políticas a considerar cómo afectan las memorias sociales la calidad de la democracia. En el caso de Chile, señala con originalidad la multiplicidad de factores que están más allá del control gubernamental –como los procesos judiciales y los medios de comunicación libres– y son capaces de desencadenar esos recuerdos y socavar la legitimidad democrática. Wilde comprueba también que los políticos de este período fueron renuentes a distinguir moralmente la democracia de la dictadura previa y a marcar esa diferencia públicamente en sus gestos y palabras –lo que Wilde llama “política expresiva”– para forjar un consenso social compartido sobre los derechos humanos.

La sección final de su trabajo analiza el papel cumplido por los académicos al demostrar la importancia de esas dimensiones cualitativas de la política en la Francia y la Alemania de la posguerra. E invita a los especialistas de Chile a hacer lo mismo:

Las fuentes están disponibles para […] [que] puedan cumplir una función semejante, de modo que esta sociedad, con el tiempo, pueda avenirse a lo que le tocó vivir. El período 1967-1990 ya ofrece abundante material primario publicado, en memorias y relatos en primera persona, además de fuentes secundarias […]. Hay importantes archivos de materiales primarios relativos a violaciones de los derechos humanos […] y gran número de documentos por ahora repartidos entre instituciones y personas, y en peligro de perderse […]. Por último, están los recuerdos vivos de personas, que no están escritos pero que podrían formar parte esencial de una comprensión más plena de la manera como se experimentó este período.
Irrupción: acontecimiento impetuoso e impensado, dice el diccionario. Al centrar su análisis de la transición chilena en esas irrupciones, el politólogo recuerda al historiador la parte de imprevisibilidad inherente a todo proceso político. “‘Irrupciones de la memoria’, en la acepción que se da a aquel término en este artículo”, escribe Wilde,

son hechos públicos que asaltan la conciencia nacional de Chile, espontánea y a veces súbitamente, y evocan asociaciones con símbolos, figuras, causas, estilos de vida, que, en una medida fuera de lo común, se relacionan con un pasado político que todavía está presente en la experiencia vivida de parte importante de la población. Los hechos que se analizan aquí son “públicos”, en el sentido tanto de que están extensamente cubiertos por los medios de comunicación como de que en ellos participa la autoridad de instituciones públicas y de las elites que las dirigen. Ellos se refieren a una etapa de la historia nacional reciente que se destaca por transcurrir en un marco de recuerdos políticos contrapuestos: los actos de figuras destacadas de la dictadura, la culpabilidad de los políticos en las circunstancias que condujeron al golpe militar; sobre todo, la violación masiva de los derechos humanos fundamentales durante la dictadura. En el curso de dichas “irrupciones”, como la que se produjo con la detención de Pinochet, Chile fue presa de un discurso público profundamente escindido, cruzado por representaciones colectivas del pasado, contradictorias y mutuamente excluyentes. Estos hechos controvertidos se encuentran hoy imbricados en la política: se trata de cuestiones simbólicas, externas a las disposiciones institucionales tan bien analizadas por los politólogos, que todavía mantienen la vida política en estado de suspensión.
Este artículo fue uno de los tantos que las revistas académicas y las editoriales chilenas se negaron a publicar en español durante varios años. “No era conveniente”: tal era la explicación dada. Sin embargo, la circulación discreta del artículo permitió que en nuestros días la expresión “irrupciones de la memoria” se incorporara al vocabulario de los estudiosos de la memoria.

Traducción de Horacio Pons

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© Anne Pérotin-Dumon
Primera edición, junio de 2007

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Autorización de reproducción

TEXTOS

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FOTOGRAFÍAS

Dame el rollo. Argentina, s.f., Lucio Solari. Fuente: Memoria Abierta.

Madres en la plaza. Argentina, s.f., Daniel García. Fuente: Memoria Abierta.

Exhumación de cadáveres NN. Argentina, s.f., Daniel Muzio. Fuente: Memoria Abierta.

La plaza con pañuelos en el piso. Argentina, s.f., Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora. Fuente: Memoria Abierta.

Juicio a las Juntas. Argentina, abril de 1985, Daniel Muzio. Fuente: Memoria Abierta.

Nunca más (Ernesto Sábato, presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas-CONADEP, entrega el informe final de la comisión al presidente de la República, Raúl Alfonsín). Argentina, 1984, Alejandro Cherep. Fuente: Memoria Abierta.

Manifestación en Santiago. Chile, marzo de 1973, Marcelo Montecino. Fuente: Marcelo Montecino en www.flickr.com. Tomado de:http://www.flickr.com/photos/marcelo_montecino/sets/99847/.

Chilenos y chilenas. Chile, 1973, Marcelo Montecino. Fuente: Marcelo Montecino enwww.flickr.com.

Detenidos en el Estadio Nacional. Chile, 1973, Marcelo Montecino. Fuente: Marcelo Montecino en www.flickr.com.

Máscaras. Chile, 1986, Nelson Cáceres. Fuente: Exposición “Fragmentos de la Memoria”, Universidad de Chile, Casa Central, 2003.

La Moneda destruida. Chile, 1973, Marcelo Montecino. Fuente: Marcelo Montecino enwww.flickr.com.

La última manifestación de la Unidad Popular. Chile, 4 de septiembre de 1973, Marcelo Montecino. Fuente: Marcelo Montecino en www.flickr.com.

Los huérfanos claman justicia. Perú, Departamento de Junín, noviembre de 2001. Fuente: Archivo fotográfico de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Centro de Información para la Memoria Colectiva y los Derechos Humanos, Defensoría del Pueblo.

Audiencia pública de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Perú, Departamento de Apurímac, agosto de 2002. Fuente: Archivo fotográfico de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Centro de Información para la Memoria Colectiva y los Derechos Humanos, Defensoría del Pueblo.

Mujer peruana, ven tú también a dar tu testimonio. Perú. Fuente: Archivo fotográfico de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Centro de Información para la Memoria Colectiva y los Derechos Humanos, Defensoría del Pueblo. (En Julissa Mantilla Falcón, “‘Sin la verdad de las mujeres, la historia no estará completa’. El reto de incorporar una perspectiva de género en la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú”.)

Agradeceremos enviar cualquier información acerca de las fotos y autores no identificados a http://etica.uahurtado.cl/.

Finalmente, agradecemos el apoyo brindado para la instalación de la publicación en su sitio web propio a Manuel Gárate en el CERMA, École des Hautes Études en Sciences Sociales, a Patricia Ortiz y Cristina Riquelme, de las Bibliotecas de la Universidad Alberto Hurtado, y a todo el equipo de la Dirección de Informática
de la Universidad Alberto Hurtado.

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RECUPERANDO LA MEMORIA EN LA WEB. CARTA DEL PRESIDENTE PERON AL GRAL PRATS. noviembre 1973

Carta al General Prats
Buenos Aires, 20 de noviembre de 1973

Señor Gral. Don Carlos Prats,

Mi estimado amigo: He recibido su grata carta en momentos de hacerme cargo de la presidencia. Con viva y sincera emoción le agradezco sus cálidas felicitaciones y sus buenos deseos de éxito en mi difícil misión. Le ruego me perdone el haber demorado en contestarle, asuntos impostergables me lo impidieron. Hoy con sumo placer me dispongo a reanudar nuestro diálogo.

Tiene usted toda la razón cuando afirma que la historia habrá de ofrecernos más de una sorpresa como la de Chile. Una de las causas de la derrota de una revolución radica en que muchas veces los revolucionarios creen que puede realizarse incruentamente. ¡Craso error! Los ejemplos de México, Argentina, Santo Domingo, Bolivia y últimamente Chile demuestran lo contrario. En todos los países mencionados la reacción demostró a los revolucionarios lo caro que debieron pagar por su humanitarismo.

El Presidente Allende me escribía que permanentemente sentía como un contacto físico los tentáculos del imperialismo, que día a día iban paralizando con mayor brutalidad el cuerpo ya enfermizo de la economía nacional, amenazando con asfixiarlo. Esto es corriente en América Latina.

Usted me decía que el destino de un país, como o confirma lo sucedido en Chile, en mucho depende de la coordinación y unidad de las diferentes organizaciones y partidos distantes entre sí por sus idearios políticos. Nada más cierto. Desgraciadamente constatamos en América latina, aunque parezca anacrónico, una abundancia de dirigentes empeñados en un mismo objetivo, que no atinan a ponerse de acuerdo para lograrlo, entran en conflicto entre sí, se pelean, siembran la desunión y la discordia debilitando a sus países en beneficio del imperialismo. Es una pena el que tales dirigentes no quieran o no puedan comprender el carácter popular de la revolución y se dediquen a acciones que perjudican a la misma, provocando al pueblo a manifestaciones que acarrean desórdenes e incidentes sangrientos.

Estoy plenamente de acuerdo con usted que tanto en Chile como en la Argentina no podrá detenerse el movimiento revolucionario si las masas presionan con firmeza y decisión para que asi sea. Se observa algo semejante en otros países del continente, lo que atestiguan numerosas declaraciones de dirigentes políticos y sindicales y los comunicados de los acontecimientos que a diario suceden. En las circunstancias actuales esto no es suficiente, todos sabemos que la lucha depende en mucho de las posibilidades materiales y financieras del movimiento revolucionario y del apoyo moral del exterior. Basta recordar que en 1969 nos dedicamos a la tarea de constituir un fuerte movimiento de solidaridad con la revolución boliviana. Hoy vemos la necesidad de unificar las fuerzas revolucionarias, especialmente las latinoamericanas, en un potente movimiento de solidaridad con la lucha del pueblo chileno, movimiento, que a no dudarlo, aportará una contribución importante al triunfo definitivo de las fuerzas populares en ese país.

Comparto su juicio de que el destino de un país dependerá principalmente de las relaciones del gobierno con las Fuerzas Armadas, en una palabra de la tendencia que predomine dentro de éstas. Es muy justo lo que usted menciona sobre el proyectado plan de los Estados Unidos de modificar el estatuto de la OEA. Si los altos mandos de las Fuerzas Armadas latinoamericanas lo apoyan, tendremos que afrontar duras pruebas, ya que estas modificaciones tienden a la formación de bloques militares en América latina. Traerían como consecuencia la desunión y permitirían a los yanquis instaurar en el hemisferio su anhelado teatro de títeres políticos. Si llegara a suceder, ni imaginarlo quiero. América latina se atrasaría un siglo en el camino de su desarrollo económico y su progreso social. Esta perspectiva debe impulsarnos a poner al descubrimiento los pérfidos planes de los Estados Unidos, sus intenciones inconfesables de “pentagonizarnos”, de convertir nuestros territorios en polígonos destinados a probar armas, en plazas de armas que servirían a sus fines estratégicos.

Es indudable que el verdadero contenido de la política norteamericana en América Latina debe ser analizado a la luz de los fines globales de su gigantesca maquinaria bélica. En realidad todos los planes de ayuda a nuestros países, la política de exportaciones, el sistema de financiación del desarrollo industrial están sometidos a los intereses de los planes estratégicos del Pentágono. Esto explica el gran interés del Pentágono en el perfeccionamiento de nuestro sistema de comunicaciones, en la adquisición de materias primas estratégicas, en el desarrollo acelerado de ciertas industrias, etc.

Reconozcamos que una de las causas principales de los duros reveses sufridos por las fuerzas democráticas de América latina reside en no apreciar debidamente el rol de los Estados Unidos, responsables de la mayoría de los golpes de Estado. Sus manos están manchadas con la sangre de miles y miles de latinoamericanos caídos en la lucha por la libertad y la independencia. No hay un sólo país latinoamericano que no haya sufrido la intromisión descarada de los monopolios norteamericanos, verdaderos ejecutores de la política exterior de su país.
Se equivocan los que afirman que respecto a Estados Unidos estamos viviendo un período de calma. Y qué calma es ésta cuando están realizando toda clase de actividades secretas, soborno de políticos y funcionarios gubernamentales, asesinatos políticos, actos de sabotaje, fomento del mercado negro y penetración en todas las esferas de la vida política, económica y social. Sobre nuestros países vuelan los aviones militares norteamericanos, mientras nuestro suelo permanece en poder de sus monopolios, con bases militares. Y a esto se añaden centenas de establecimientos menores, como estaciones meteorológicas, o sismológicas, capaces de convertirse en centros de terrorismo y agresión.

No estamos suficientemente bien informados de las actividades del imperialismo en el derrocamiento de los regímenes democráticos de Brasil, Chile, Bolivia, Uruguay y otros países. Pero poseo informes detallados de la actual arremetida del imperialismo americano en la Argentina. Los yanquis se preparan para un “nuevo diálogo después de Perón”. Claramente les decimos que les espera el fracaso. La Nación entera se pondrá de pie. Todos los argentinos se levantarán en defensa de la soberanía nacional. Todos los pueblos hermanos de América nos apoyarán.
Un gran abrazo.

Juan Domingo Perón
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

GOLPE DE ESTADO ARGENTINA. Proclama del 24 de marzo de 1976

24 de marzo de 1976

El 24 de marzo de 1976 comienza en el país una dictadura de más de siete años que se cobró la vida de 30.000 personas y desmanteló el aparato productivo del país. A continuación, reproducimos la proclama del 24 de marzo de quienes encabezaron el golpe.

Proclama del 24 de marzo de 1976

“Agotadas todas las instancias de mecanismo constitucionales, superada la posibilidad de rectificaciones dentro del marco de las instituciones y demostrada en forma irrefutable la imposibilidad de la recuperación del proceso por las vías naturales, llega a su término una situación que agravia a la Nación y compromete su futuro. Nuestro pueblo ha sufrido una nueva frustración. Frente a un tremendo vacío de poder, capaz de sumirnos en la disolución y la anarquía, a la falta de capacidad de convocatoria que ha demostrado el gobierno nacional, a las reiteradas y sucesivas contradicciones demostradas en las medidas de toda índole, a la falta de una estrategia global que, conducida por el poder político, enfrentara a la subversión, a la carencia de soluciones para el país, cuya resultante ha sido el incremento permanente de todos los exterminios, a la ausencia total de los ejemplos éticos y morales que deben dar quienes ejercen la conducción del Estado, a la manifiesta irresponsabilidad en el manejo de la economía que ocasionara el agotamiento del aparato productivo, a la especulación y corrupción generalizadas, todo lo cual se traduce en una irreparable pérdida del sentido de grandeza y de fe, las Fuerzas Armadas, en cumplimiento de una obligación irrenunciable, han asumido la conducción del Estado. Una obligación que surge de serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables que podía tener sobre el destino de la Nación, una actitud distinta a la adoptada.

Esta decisión persigue el propósito de terminar con el desgobierno, la corrupción y el flagelo subversivo, y sólo está dirigida contra quienes han delinquido y cometido abusos del poder. Es una decisión por la Patria, y no supone, por lo tanto, discriminaciones contra ninguna militancia cívica ni sector social alguno. Rechaza por consiguiente la acción disociadora de todos los extremismos y el efecto corruptor de cualquier demagogia. Las Fuerzas Armadas desarrollarán, durante la etapa que hoy se inicia, una acción regida por pautas perfectamente determinadas. Por medio del orden, del trabajo, de la observancia plena de los principios éticos y morales, de la justicia, de la realización integral del hombre, del respeto a sus derechos y dignidad. Así la República llegará a la unidad de los argentinos y a la total recuperación del ser nacional, metas irrenunciables, para cuya obtención se convoca a un esfuerzo común a los hombres y mujeres, sin exclusiones, que habitan este suelo, tras estas aspiraciones compartidas, todos los sectores representativos del país deben sentirse claramente identificados y, por ende, comprometidos en la empresa común que conduzca a la grandeza de la Patria.

”Al contraer las Fuerzas Armadas tan trascendente compromiso formulan una firme convocatoria a toda la comunidad nacional. En esta nueva etapa hay un puesto para cada ciudadano. La tarea es ardua y urgente, pero se la emprende con el absoluto convencimiento de que el ejemplo se predicará de arriba hacia abajo y con fe en el futuro argentino.

”La conducción del proceso se ejercitará con absoluta firmeza y vocación de servicio. A partir de este momento, la responsabilidad asumida impone el ejercicio severo de la autoridad para erradicar definitivamente los vicios que afectan al país. Por ello, a la par que se continuará sin tregua combatiendo a la delincuencia subversiva, abierta o encubierta, se desterrará toda demagogia.

”No se tolerará la corrupción o la venalidad bajo ninguna forma o circunstancia, ni tampoco cualquier trasgresión a la ley en oposición al proceso de reparación que se inicia.

Las Fuerzas Armadas han asumido el control de la República. Quiera el país todo comprender el sentido profundo e inequívoco de esta actitud para que la responsabilidad y el esfuerzo colectivo acompañen esta empresa que, persiguiendo el bien común, alcanzará con la ayuda de Dios, la plena recuperación nacional.”

Jorge Rafael Videla, Tte. Gral., Comandante Gral. del Ejército; 
Emilio Eduardo Massera, Almte., Comandante Gral. de la Armada; 
Orlando Ramón Agosti, Brig. Gral., Comandante Gral. de la Fuerza Aérea.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar
 

En el Día del Trabajador Radial: Recuerdos de infancia, Escucha Chile y la voz de Katia

En el Día del Trabajador Radial: Recuerdos de infancia, Escucha Chile y la voz de Katia

En el Día del Trabajador Radial: Recuerdos de infancia, Escucha Chile y la voz de Katia

de Manuel Guerrero, el El Viernes, 21 de Septiembre de 2012 a la(s) 9:09 ·
 

Cuando era pendex, habré tenido 10 años, viajé de la mano de mi viejo (habrá tenido unos 30) a Moscú donde vivían en el exilio mis tíos y primos. A los seis salí de Chile luego que recuperáramos a mi padre de distintos centros de tortura, y viví hasta los 11 en Budapest, Hungría. Parte importante de mi infancia la pasé, por lo tanto, en un país socialista.

 

Fui pionero de pañoleta azul de primero a cuarto básico, y en quinto me pude poner mi pañoleta roja, lo que implicaba un nivel de compromiso social más grande. ¿Con qué indicadores se medía eso? Con participación en trabajos voluntarios, exposición en distintos centros productivos de lo que ocurría en Palestina, Chile, Sudáfrica, Angola, Mozambique  El Salvador, Nicaragua… en fin, una serie de actividades comunitarias, rodeadas de lecturas de Alejandro Dumas, Emilio Salgari, Edmundo de Amicis, los Diarios de Marco Polo, casi todo Julio Verne, desde luego Nicolás Gogol con su Taras Bulba, Mark Twain, La Madre de Gorki y el poema pedagógico de Makarenko… Es decir, toda la Ilustración humanista soñadora de futuros mejores en las cabezas y corazones de la tierna infancia. Nuestras lecturas eran acompañadas por la música de Bela Bartok, Franz Liszt, Rimski Korsakov. Nuestros héroes eran los indios en la películas de cowboy producidas en la República Democrática Alemana, con el rubio cantante folk revolucionario Dean Read y el moreno alemán Gojko Mitic de Apache. Por supuesto yo tenía héroes adicionales, Asterix que traía mi padre de sus viajes donde los chilenos exiliados a Francia y Salvador Allende (de quien yo de niño pensé siempre que era comunista! No podía no serlo jajaja).

 

Con esa infancia paradójica a cuestas, de vivir desterreados con las heridas de la represión en nuestros cuerpos al tiempo que experimentar lo hermoso de Hungría, llegué a Moscú con mi viejo en 1980. Recién se estaban separando la Vero y el Manuel, mis padres. El mundo se derrumbaba para mi viejo y decidió hacer este viaje a la “madre patria”, con su retoño, para que yo conociera al pueblo del gran Yuri Gagarin, cosmonauta que conquistó el espacio (los pilotos capitalistas eran, por su parte, “astronautas”). Llegamos en pleno invierno, con treinta grados bajo cero. Premunidos de un buen shapka, el gorro ruso de invierno, no nos pasaban balas. En el avión le confesé a mi padre (porque era como un rito iniciático lo que estábamos haciendo) que en el colegio le había robado una naranja a una compañera de curso, y llevaba ese peso conmigo durante muchos meses. Mi padre me acarició y sentimos como las ruedas del avión Aeroflot frenaban sobre la fría loza el aeropuerto. Esta es la patria de Lenin, me dijo mi viejo, y estaba muy emocionado.

 

Cómo no iba a estarlo. Si su abuelo, el artesano Manuel Jesús, de la época de don Lucho Recabarren, le hablaba con añoranza del país de los soviet, donde obreros, artesanos, campesinos y soldados se habían tomado por primera vez en la historia el poder para inventar algo diferente, para los trabajadores. Si su padre, el escritor autodidacta Manuel Rodríguez, peleó en la fundación de la Fech porque los estudiantes de Chile tuvieran conciencia de clase y aspiraran a construir una patria socialista, sin diferencias de clase, libres de explotación económica. Si él mismo, de veintitantos años, había visitado al Komsomol (las juventudes comunistas soviéticas) saliendo clandestino de Chile en plena cacería de la Dina, y volvió lleno de ilusiones para aguantar la barbarie, la persecución, la tortura, la desaparición  Y ahora era su turno de mostrarle ese pedazo de tierra e historia a su hijo. Él, Manuel Leonidas, de la mano de su propio Manuelito.

 

Nos golpeó el frío en la cara al bajar del avión y recibimos el abrazo de mi tío Máximo, bautizado así por Gorki por supuesto. Nos llevó a su departamento, sencillo, espartano, como el de todo el pueblo soviético. Pregunté cuándo iríamos a ver a “Lenin Bácsi”, el tío Lenin en húngaro, y me dijo que antes pasaríamos a saludar a buenos amigos.

 

Después de descansar y repartir los regalos que traímos para los primos, partimos al local del Partido. Una oficina llena de afiches llamando a la solidaridad por los presos políticos en Chile, por las causas subsaharianas, por los chipriotas, por la libertad de Mikis Theodorakis, con alusiones a los republicanos de España, en fin: el mundo de la resistencia en afiches. Por supuesto imágenes de Victor Jara, del Chicho acompañado de Fidel en lo que yo ahora sé que era el Estadio Nacional de Santiago de Chile. Mi padre tocó con cariño a una persona canosa, muy bajita que consultaba unos papeles. El se dió vuelta y al reconocerlo abrazó a mi padre como si fuera su hijo. Me lo presentó y yo ví un abuelito de ojos dulces, con cachetes colorados por el cambio de temperatura de la calle y la oficina. Me saludó respetuoso: Hola compañero. Hola, le respondí. ¿Cómo va el colegio? Bien, le dije, pensando de inmediato en la naranja que había sustraido. Tienes que estudiar mucho, no todos los niños tienen el privilegio tuyo de poder estudiar. Otros trabajan desde muy pequeños, sin ellos poder escoger hacerlo. Estudie compañero, me dijo con mucha convicción, casi como un mandato del Antiguo Testamento. Y bueno, no he dejado de estudiar nunca. Le hice caso a ese viejito de canas bajito, que era don Lucho Corvalán.

 

Todo sucedía a mucha velocidad en esa oficina. Llamadas telefónicas, cables de prensa y al medio de todo, una radio con cassetera. Alrededor una personas escuchando el cassette con mucha atención, comentando lo que decían. Revisaban la edición que saldría en unas horas más al aire, con noticias sobre nuevas detenciones en Chile, con acciones de protesta que ya existían, con llamados a aguantar, a no dejarse vencer. Cada vez que ponían el cassette se oía una voz muy dulce, que yo ya traía en mi memoria de niño porque oírla era parte ya de mi vida familiar, desde más pequeño. “Escucha Chile”. Era la voz de aquella compañera soviética, que años más tarde supe se llamaba Katia Olevskaia, quien incansable se las jugó por las causas internacionalistas.

 

La recuerdo con muchas sensaciones de nostalgia, pena, pero también con orgullo. Orgullo por el país de los soviet y por los socialismos reales que no fueron solamente aquello que, con justa razón, se ha denunciado de autoritarismo y burocratismo tecnocrático que se fue alejando del pueblo y de los trabajadores. Tal como Katia, como don Lucho, como todo aquello que pude vivir en forma privilegiada como niño, también era socialismo. Por el cual valía la pena luchar y vale la pena aún. Sobre todo porque la caída de los socialismos del este no ha implicado que las barbaridades del capitalismo hayan desaparecido. Y aún millones de niños no tienen otra opción que trabajar. Que jamás tendrán como libros de cabecera a Tolstoi, Pushkin, Dickens, Hemingway con su viejo y el mar. Que aunque estudien, por la calidad de la educación que reciben según el lugar de residencia, apellido, condición socio económica y etnia, no podrán leer en partituras el Microcosmos de Bartok, algo que todos los niños de quinto básico hacíamos en el país de Joszef Attila y Ady Endre, Hungría.

 

Ese era el sueño de Katia, el de mi viejo, el de su padre, el de su abuelo. No los totalitarismos burocratizantes, pero tampoco los capitalismos de “rostro humano” que no cesan de explotar a las personas y al medioambiente por intereses de lucro privados. Ahora yo le cuento esto a mis hijas. No tengo una Plaza Roja donde llevarlas. Pero me basta con ir a la zona sur de Ñuñoa con ellas, a la población Rosita Renard, o al sur de Chile al acompañar a la infancia mapuche, o a la Plaza de Armas para que juntos nos conmovamos con esta realidad para transformarla. “Escucha Chile” nos dice Katia y habemos muchos que aún la oímos clarito.

 

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    Comentario #1 Esa voz era luminosa era como una hoguera en la noche oscurisima, que viajaba miles de KILÓMETROS para provocar esperanza en los corazones de muchas personas

     
  • Comentario #2 Recuerdo como si fuera ayer cuando mi papá, profesor de la ex escuela República de Checoslovaquia de un cerro en Viña del Mar, llegó con dos nuevos integrantes del mobiliario de nuestra infancia, una litera metálica que en sus tonos cafés intentaba imitar ser de madera, y una radio Silver, que no sólo tenía la maravilla de tocar cassettes y grabar nuestras voces, sino que también tenía (¡oh, maravilla!) una línea más en el dial, la ¡onda corta! Pasé mucho tiempo sintonizando radios en otros idiomas, imaginándome sus rostros y riéndome de sus tonos y cadencias, y cuando fue el momento, sintonicé “Escucha, Chile”, que como decía su conductora de voz saltarina, se transmitía por “Radio Moscú  en la banda de 31, 41 y 49 metros”. Pasé mucho tiempo de esa infancia y adolescencia escuchando a Katya sin saber gran cosa de ella, ya que tan sólo escuchar a Los Jaivas era herético en ese oscuro tiempo de Sábados Gigantes y el Festival de la Una. Muchas cosas me gustaron de esas escaramuzas nocturnas, pero lo que más rescato era que había una voz en la que yo imaginaba la Patria Obrera que sabía de nosotros, que comentaba cosas de nuestro país que no sabíamos y que, entre tanto milico suelto, nos decía que no estábamos solos. Saludos, valiente Katya, aún te escucho a la distancia.
     
  • Comentario#3 Tenemos historias muy parecidas . Los niños y adolescentes de ese tiempo . Gran Compañía En mi clandestinidad en Chile de los 80 ese programa .
  • ANTROPO MEMORIA Les ruego a quienes quieran participar en el rescate de esta memoria de todos, que a la vez es reconstrucción de un espíritu, de una generación, de un proceso histórico único en el mundo, contesten este cuestionario, descargándolo o copia/pega en un Word con o sin su nombre,para así gritar fuerte la historia de lxs hijxs de la primera generación, y de sus nietos.
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