Carta a la Adriana Goñi desde Macondo. Fesal Chaín. Poeta ,narrador y sociólogo

Fesal Chain 
especial para G80                                                                

  … hay cierta epifanía en el olvido, en ese olvido del pueblo, que tu angustiosamente con y en tus palabras tratas de detener, de frenar. 

Carta a la Adriana Goñi desde Macondo

En algunos diálogos que hemos mantenido por facebook con la Adriana Goñi ella dice: «(…) me ha pasado en tantas ocasiones en que diverges un átomo de lo establecido, petrificado en una memoria a veces utilitaria, que mi volcán vasco-judío se llena de hormonas. Me han segregado por No ser: no ser mapuche, no ser rapanui, no ser proleta, no ser flaca, no ser joven, no ser vieja, no ser virgen…que sólo yo sé en que identidad me ubico. Mi temor es qué pasará con nuestra herencia cuando mi generación vapuleada termine de irse…Me aterra el fantasma de los exiliados republicanos, de los judíos asimilados, de los hombres y mujeres del pueblo que no recuerdan. La instalación del olvido es mi fantasma personal. Y que la muerte de tantos y tantas quizás un día no tenga razón de ser».

Pensé escribir algunas notas, como manera de respuesta a tan profunda y esencial reflexión, pero, luego pensé que aquella daba para una «Carta a la Adriana Goñi» y una carta desde acá, desde Macondo. Probablemente la generación de la Adriana, una intermedia y la mía, es decir tres generaciones políticas y culturales, la de los 60, la de los 70 y la de los 80, sepan la importancia casi desmesurada de Cien Años de Soledad, no solamente como Novela o «bella prosa» sino como el libro capital, y permíteme Adriana cierta lírica, acaso más importante que ese viejo y terriblemente profundo libro judío-alemán, Das Kapital. Y ciertamente la comparación no es azarosa.

Nota aparte, esto de nombrarte «la» Adriana, me parece más correcto que sólo Adriana. Y es simple como una de mis manos o de las tuyas. Has realizado desde la sinceridad una reflexión que va más allá, lo desees o no, de una reafirmación meramente ideológica. No soy de aquellos que no entienden la ideología, desde la distinción genial de Marx. Ideología como develación de lo aparente e ideología como falsa consciencia. Cuando me refiero a que hay un más allá de la ideología, me refiero justamente que existe un mundo de los hombres y de las mujeres que va más, mucho más y más allá de la develación o de la velación racional y mental del mundo de los fenómenos sociales y de las cosas.

Es la poesía como método de comprensión y conocimiento. No lo meramente bello, lo emocionantemente bello o lo que nos mueve a reír a o a llorar. Eso es, desde una poética compleja sólo la manifestación del fenómeno de la poesía. La manifestación en los hombres y mujeres. Pero emocionar para comprender el mundo es su objeto y objetivo final.

Así que Adriana esta Carta, es con ternura, es con cariño, es con tremendo respeto por tu reflexión , que es sin lugar a dudas , la reflexión de esta estirpe de cien años de soledad de la que formamos parte, irremediablemente, en el dolor, en el sufrimiento y en la alegría de una vida dura.

El primer dato, Adriana, es justamente la primera frase del narrador en Cien Años de Soledad: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

El recuerdo… pero muchísimos años después Adriana, muchísimos, tantos que aquella tarde ya era remota, y el recuerdo, frente a la muerte… Aureliano recuerda el hielo, recuerda a quien lo llevó al pueblo, a los gitanos… Melquíades Adriana, Melquíades…Adriana…

Segundo dato: «Fue Aureliano quien concibió la fórmula que había de defenderlos durante varios meses de las evasiones de la memoria. (…) Un día estaba buscando el pequeño yunque que utilizaba para laminar los metales y no recordó su nombre. Su padre se lo dijo: «tas». Aureliano escribió el nombre en un papel que pegó con goma en la base del yunquecito: tas. Así estuvo seguro de no olvidarlo en el futuro. No se le ocurrió que fuera aquella la primera manifestación del olvido, porque el objeto tenía un nombre difícil de recordar. Pero pocos días después descubrió que tenía dificultades para recordar casi todas las cosas del laboratorio. Entonces las marcó con el nombre respectivo, de modo que le bastaba con leer la inscripción para identificarlas. Cuando su padre le comunicó la alarma por haber olvidado hasta los hechos mas impresionantes de su niñez, Aureliano le explicó su método, y José Arcadio Buendía lo puso en práctica en toda la casa y más tarde lo impuso a todo el pueblo. Con un hisopo entintado marcó cada cosa con su nombre: mesa, silla, reloj, puerta, pared, cama, cacerola. Fue al corral y marcó los animales y las plantas: vaca, chivo, puerco, gallina, yuca, malanga, guineo. Poco a poco, estudiando las infinitas posibilidades del olvido, se dio cuenta de que podía llegar un día en que se reconocieran las cosas por sus inscripciones, pero no se recordara su utilidad. Entonces fue más explicito. El letrero que colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche. Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaron los valores de la letra escrita».

Vivir Adriana, en esta realidad escurridiza siempre día a día, mes a mes, año a año, siglo a siglo, capturada momentáneamente por las palabras. Nuestros padres nos dan las palabras Adriana, el método, pero ¿Acaso ha llegado ese fatídico momento en que la humanidad completa ha olvidado el valor de la letra escrita?

Tercer dato fundamental:
«José Arcadio Segundo no habló mientra no terminó de tomar el café.
-Debían ser como tres mil- murmuró.
-¿Qué?
-Los muertos -aclaró él-. Debían ser todos los que estaban en la estación.
La mujer lo midió con una mirada de lástima. «Aquí no ha habido muertos», dijo. «Desde los tiempos de tu tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo.» En tres cocinas donde se detuvo José Arcadio Segundo antes de llegar a la casa le dijeron lo mismo: «No hubo muertos». Pasó por la plazoleta de la estación, y vio las mesas de fritangas amontonadas una encima de otra, y tampoco allí encontró rastro alguno de la masacre.

A Macondo, donde estoy ahora Adriana, fumándome este cigarro y tomándome este café, ha llegado el olvido irremediable, la letra escrita ha perdido todo su valor, mis padres, mis primos mayores me dieron el método y la palabra, pero ya nadie entiende las palabras, ya nadie lee las palabras, ya nadie les da un valor… Melquíades Adriana, Melquíades…

Cuarto dato final, nuestra redención que mata tus miedos y los míos: «Aureliano no había sido más lucido en ningún acto de su vida que cuando olvidó a sus muertos y el dolor de sus muertos y volvió a clavar las puertas y ventanas con las crucetas de Fernanda para no dejarse perturbar por ninguna tentación del mundo, porque entonces sabía que en los pergaminos de Melquíades estaba escrito su destino. Los encontró intactos entre las plantas prehistóricas y los charcos humeantes y los insectos luminosos que habían desterrado del cuarto todo vestigio del paso de los hombres por la tierra, y no tuvo serenidad para sacarlos a la luz, sino que allí mismo, de pie, sin la menor dificultad, como si hubieran estado escritos en castellano, bajo el resplandor deslumbrante del mediodía, empezó a descifrarlos en voz alta. Era la historia de la familia, escrita por Melquíades hasta en sus detalles más triviales, con cien años de anticipación. La había redactado en sánscrito, que era su lengua materna, y había cifrado los versos pares con la clave privada del emperador Augusto, y los impares con claves militares lacedemonias.»

No había sido más lucido que cuando olvido a sus muertos…Qué quiere decir esto Adriana, amiga mía, qué quiere decir…Se me ocurre ahora, con el viento tibio de esta tarde triste y alegre, que hay cierta epifanía en el olvido, en ese olvido del pueblo, que tu angustiosamente con y en tus palabras tratas de detener, de frenar. Si han perdido el valor de esas palabras, si han olvidado las imágenes, las figuras, los hechos, los muertos, entran entonces en un espacio lumínico, donde todas las cosas, los hechos, todas las palabras, todos los muertos, se presentan diáfanos y simultáneamente. Adriana, esto es poesía, pero no es mentira. Que el valor de cambio y el de uso, la ley del valor no responderán jamás a este problema de la vida. Pero sí la poesía, si esta monumental Novela, que no es sino nuestra Biblia, nuestra Torah, nuestro Nuevo Testamento, nuestro Corán…

Hay un pergamino, palabras Adriana, pero en sánscrito, son meros signos, especies de jeroglíficos para un pueblo momentáneamente sin memoria racional, Melquíades, Adriana, Melquíades en el útero…Y es la mamá la que entrega la clave, el padre meramente el método y las palabras, la lengua materna entrega la clave Adriana… Al centro esta la clave materna, a su derecha El Emperador, a su izquierda la Fuerza…

Melquíades, sólo debemos encontrar el pergamino, pero solamente lo encontraremos, justamente después de la pérdida del valor de las palabras, después de todo el olvido de nuestra niñez y de nuestros muertos, después del torbellino. Adriana amiga mía, no temas más, no lo hagas, no sufras sobre el dolor de la vida, porque ella requiere esto: pelotón de fusilamiento, recuerdo, pérdida del valor de las palabras, padre método, olvido de la niñez y de los muertos y un pergamino en lengua materna donde está la verdad y la nueva vida.

Y es que ese pergamino, es el ser de las cosas inmutable, su núcleo sagrado, nunca olvidado, más allá de las palabras y de las ideologías como explicación racional, porque el pergamino Adriana, está presente de verdad, y no es magia, es la marca indeleble a sangre y fuego timbrada en nuestra memoria histórica, como inconsciente colectivo, aunque a veces no esté presente en la petit historia, como conciencia personal y social y en un lenguaje que ya no sirve para desentrañarlo.

Los que nos han hecho sufrir en este tiempo y espacio, como aquellos que han hecho sufrir a otros en su tiempo y espacio a nombre de cualquier ideología racional, van perdiendo la memoria y los dominados de siempre, esta estirpe nuestra, condenada a cien años de soledad va expropiando y acumulando la memoria, como un pergamino en sánscrito, escondido en el cuarto de Melquíades, por donde por los siglos de los siglos, no pisará pie humano y en donde crecerán plantas prehistóricas y luminosas y salvajes criaturas. Debemos pasar por la vida con sus sufrimientos y dolores, con sus palabras muertas y olvidos para llegar a la vida verdadera, a la Jerusalén prometida, como novia engalanada.

Siempre tuyo Melquíades, Adriana, Melquíades…

Fesal Chain
Poeta, narrador y sociólogo

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“No tenemos los cuerpos de nuestros familiares, sólo nos queda la edificación de Memoria y seguir buscándolos”

Bertha Oliva de COFADEH de Honduras en Villa Grimaldi: “No tenemos los cuerpos de nuestros familiares, sólo nos queda la edificación de Memoria y seguir buscándolos”

http://villagrimaldi.cl/noticias/bertha-oliva-de-cofadeh-de-honduras-en-villa-grimaldi-%E2%80%9Cno-tenemos-los-cuerpos-de-nuestros-familiares-solo-nos-queda-la-edificacion-de-memoria-y-seguir-buscandolos%E2%80%9D/

28 junio, 2012

Ella es de la Coordinadora General del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Honduras COFADEH y se llama Bertha Oliva. Estuvo en Chile invitada por la AFEP que preside Alicia Lira a participar del Seminario de Derechos Humanos “21 años del Informe Rettig” realizado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile durante la semana pasada.

Posteriormente, invitada por Patricio Vejar, dirigente de comunidades cristianas de base y también participante del Seminario de la AFEP, conoció el 19 de junio el Parque por la Paz Villa Grimaldi.

El año 2010, Bertha Oliva recibió el premio Tulipán de los Derechos Humanos instaurado por los Países Bajos. Al recordar los inicios de su movimientos de familiares tras verdad y justicia ha dicho que la COFADEH “tiene alma de mujer, porque éramos mujeres y a algunas nos temblaban las piernas ante los ataques que enfrentábamos cada día en la búsqueda de nuestros familiares” y con la misma convicción que “si de algo deben estar arrepentidos es de habernos dejado vivas…”.

Hasta el momento la lucha de los familiares en Honduras no ha podido encarcelar culpables, entre otras razones porque el país centroamericano tuvo un evidente retroceso desde el golpe empresarial-militar del 2009. Diversos analistas estiman que allí los políticos y militares de la guerra sucia de los ochenta se han vuelto a reunir. Los triunfos de la COFADEH han ocurrido muchas veces en el exterior, por ejemplo por la Corte Interamericana de DD.HH que le ha dicho al gobierno hondureño “que garanticen las condiciones en que funcionan los defensores de derechos humanos.”.

Bertha, luego de recorrer este museo de sitio, estableció relaciones entre los métodos del terrorismo de Estado en Chile y los conocidos en Honduras. Terminada la visita conversamos con la dirigente de derechos humanos en la sala multiuso de este sitio de memoria.

¿Cómo fueron los inicios de estos más 30 años buscando justicia y verdad?

-Mi esposo Tomás Nativí Gálvez, siempre lo hablaré en presente, fue un comunista, un revolucionario, él había creado la Unión Revolucionaria del Pueblo, y el Movimiento de Liberación Chinchorrero de Honduras. Tomás estaba en la tarea ideológica, era el coordinador general y estaban abocados a la solidaridad con los pueblos vecinos de Guatemala, El Salvador y Nicaragua.

Al momento de su secuestro, éramos vecinos, recién nos habíamos casado hacía cuatro meses, yo tenía tres meses de embarazo. Habíamos tenido una boda clandestina en marzo de 1981. El día 11 de junio de ese mismo año, él estaba en mi casa, había habido una delación e incluso llevaban a un compañero muerto los comandos armados. A Tomás lo sacaron con vida, era un gran operativo militar, uno de ellos estaba sin máscara, pese a que corrí tras los vehículos, me golpearon y perdí el conocimiento. Creo que sobreviví para buscar verdad y justicia y luchar contra el olvido. Apenas logré quitarme las ataduras iniciamos la búsqueda y estuvimos en la calle y en el sistema judicial.

Todo esto era nuevo para nosotras, jamás imaginamos como sería enfrentarnos a un Estado criminal por tanto tiempo y hacerlo tan desprotegidas. Y nos fuimos encontrando en los pasillos y recovecos de los juzgados con otras mujeres buscando a sus hijos, a sus hermanos, a sus esposos desaparecidos…

¿Qué sucedió después?

-Nos fuimos organizando y logramos darle vida a la COFADEH que fundamos el 30 de noviembre de 1982. Luego, salimos a la calle dispuestas a enfrentar la desaparición forzada con que se castigaba a los opositores políticos. En Honduras era y es difícil dar esta lucha, eran las primeras organizaciones de DD.HH, la gente poco conocía sobre sus derechos y mucho menos como enfrentar la desaparición forzada. Al inicio, el objetivo fue ubicar a los nuestros, pese al trascurso del tiempo aún no hemos conseguido ubicar sus restos, pero hemos logrado la apropiación de derechos en el pueblo. Hemos seguido ubicando cárceles y cementerios clandestinos. Nos han dicho que nada se podría hacer respecto de la desaparición forzada, porque no estaba contemplada en el código penal. Sólo está el habeas corpus y nos han dicho que nuestros familiares probablemente se fueron a Cuba o la ex Unión Soviética.

En plena apogeo de la Doctrina de Seguridad Nacional durante los años 1988-1989 se logró sentar una jurisprudencia en la Corte Interamericana de DD.HH en contra del Estado de Honduras con los casos de Manfredo Velásquez y Saúl Godínez y luego la misma Corte en 1922 por Juan Humberto Sánchez. Hoy ya existen cinco condenas condenatorias

Aún, no tenemos los cuerpos de nuestros familiares, ni los culpables en las cárceles, por ello sólo nos queda la edificación de Memoria y seguir buscándolos…

Hemos buscado lograr procesos de exhumación en los cementerios clandestinos, porque nos han dicho que sin el cuerpo del delito no es posible hacer procesos ¿Pero antes hicieron detenciones y desapariciones sin órdenes y con protección del Estado y ahora es esa misma entidad la que nos enreda en leyes y papeles para exhumar?

En los años 80 los detenidos –desaparecidos reconocidos por el Estado de Honduras eran 184, entre ellos mi esposo Tomás Nativí. Pero, hay otras estimaciones que consideran en 7000 el total de víctimas.

¿Qué significado tiene para ti conocer este sitio de memoria?

-Al estar hoy en Villa Grimaldi, encuentro similitudes con una casa de torturas de Honduras, la “Casa de Amaretecas”, propiedad del coronel Amilcar Zelaya o “casa del terror” y ese es un indicio que esa similitud no es casual, que desde Chile hubo una verdadera “escuela” para los torturadores hondureños. Hoy esa ex casa de tortura y desaparición está abandonada y la vendieron a otra persona. A nosotros nos interesa recuperarla y para ello necesitamos acudir a la solidaridad internacional para que nos traspasen sus experiencias. Es necesario que podamos transformarla en un lugar recordatorio, de reparación del daño y necesitamos que ustedes y otros nos puedan ayudar en ese proceso. Tenemos que reivindicar a los nuestros, a todos los nuestros…

Texto: Ignacio Vidaurrázaga 
Fotos: Luis Arellano, Comunicaciones Villa Grimaldi 21/6.12.