CARTA A UN JOVEN QUE SE VA (I)

CARTA A UN JOVEN QUE SE VA (I)
por Rafael Hernández
Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza… Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

San Pablo, Epístola 1ª a Timoteo, cap 4, vers. 12, 16.

Seguro no recuerdas la caída del muro de Berlín, pues quizás naciste en ese mismo año o cuando más terminabas la primaria. Para ti y tus amigos, la muerte del Che es un acontecimiento tan remoto como lo era la Revolución rusa para los que nos fuimos a alfabetizar en 1961. Tan remoto como el siglo pasado. Aunque celebraste el nacimiento del nuevo milenio, te sientes más del siglo XXI que del XX. Si alguien te dijera que eres un cubano de transición, lo mirarías con extrañeza. (Te comento que esa frase despedía cierto resplandor en los años 60; ahora no tanto). En cambio, si alguien te preguntara si eres un ciudadano del Período especial, quizás te encogerías de hombros o le harías un comentario mordaz, pero en el fondo estarías más de acuerdo. 

La mayor parte de tu infancia y adolescencia han coincidido con ese Periodo especial, que a diferencia de los viejos, a ti no te ha tocado vivir como malos tiempos o incluso derrumbe de ilusiones, sino como único horizonte de vida. En estos 22 años, que vienen siendo como una generación y media, según los expertos, no has recolectado epopeyas como Playa Girón o la Crisis de Octubre, ni siquiera la guerra de Angola. Sientes que la mayor diferencia con los viejos, sin embargo, no ha sido la falta de aquellas gestas, sino de aquellos sueños. Esa épica revolucionaria se aleja más de ti mientras más la televisión vacía sus imágenes repetidas en la pantalla, las has visto tantas veces que no te dicen nada. Pero no es tanto eso lo que te falta, sino los proyectos que otros antes de ti pudieron hacerse. Cuando llegaste, todo estaba hecho, armado, por los que habían demolido lo viejo (lo que para ellos era “el pasado”), construido y reglamentado el orden nuevo. 

Tú, que no llegaste a tiempo para aquellas edificaciones, piensas que aquel país inventado por otros (para ti, “el pasado”) ya no existe, y solo sobrevive un orden viejo, más bien irremediable. Lo peor, sin embargo, no es haber nacido en un orden preestablecido, porque eso le pasa a todo el mundo, sino tus inciertas posibilidades de cambiarlo. En todo caso, no quieres invertir tu vida intentándolo, porque no tienes otra que esta; y aspiras a conseguir un techo propio, un empleo que te guste y te permita lo que puedas con tu capacidad y esfuerzo, sin penurias de transporte y luz, y planear para irte de vacaciones a alguna parte una vez al año, aunque tengas que quitarte de otras cosas. Piensas que la única manera de asegurarte esa vida es saltar por encima de este horizonte y buscar otros.

No sé cuándo lo decidiste –y quizás una parte de ti todavía duda. Puede ser que se te haya ocurrido la primera vez cuando supiste que un amigo tuyo ya no estaba aquí; cuando, en un encuentro con viejos compañeros de clase, se pusieron a inventariar al grupo, y ahí se dieron cuenta de que muchos se habían ido. O porque a tu pareja se le ha metido en la cabeza y no para de hablar de eso el santo día. O porque esa misma pareja se ha hecho ciudadana española, y con ese pasaporte ya pueden irse a vivir a Europa o a cualquier país, hasta los mismos Estados Unidos. O porque tus parientes en Miami, Madrid o Toronto pueden darte una mano. O porque simplemente necesitas respirar otro aire.

Esta carta parte de creer que piensas con tu propia cabeza. Mi intención no es disuadirte, ni hacerte advertencias, ni mucho menos endilgarte un discurso patriótico. No pretendo hablarte como tu padre, consejero o guía espiritual; ni como mensajero de una fe religiosa, verdad revelada, voz de la experiencia o autoridad de maestro. Te invito a pensar entre los dos tus razones, pero sobre todo el contexto y significado de tu decisión de irte del país. A poner en situación tus argumentos, para sacar algo en limpio que, tal vez, pueda servirte. No creas que lo hago solo por ti. Tengo mis propios motivos, porque tu decisión de partir nos implica a todos, y sobre todo a los que no hemos pensado nunca en irnos.

Te propongo primero que miremos juntos lo que tenemos alrededor.

Oyes decir que los jóvenes no tienen valores, reniegan del socialismo, se quieren ir del país y no les interesa la política. Quizás los que así piensan identifican valores con sus valores, la política con movilizaciones y discursos, la defensa del socialismo con determinados mandamientos –entre otros, que este sistema es solo para los revolucionarios comprometidos, que un ciudadano cubano solo lo es mientras resida en la tierra donde nació, o que disponer de otro documento de viaje equivale a ponerse a las órdenes de una potencia extranjera.

Te advierto que los que así razonan no son nada más “algunos funcionarios”, sino muchas otras buenas personas, íntegros ciudadanos, para quienes defender la patria no es una declaración. De hecho, cuando estos hablan de defender las conquistas sociales de la Revolución, la mayoría piensa en educación y salud gratuitas, y –si esa es la medida de la Revolución y el socialismo en el plano social–, es lógico que muchos digan que tú deberías pagarlas, si te quieres mudar a otra parte “donde no vas a defenderlas”.

En cambio, tú crees que esos derechos los conquistó la Revolución para todos, y por eso mismo son tuyos, sin más condiciones que haber nacido en esta isla. Has escuchado que, según la Constitución, los derechos básicos de un cubano están más allá de su manera de pensar; y que la justicia social y la igualdad son precisamente eso: principios y valores que hay que ejercer de verdad, sin sujetarlos a clase, raza, género, orientación sexual, religión o ideología, porque representan la conquista más importante de todas, la de la dignidad plena de la persona. Bueno, si tú estás de acuerdo con eso, quizás te sorprenda escuchar que eres una criatura del socialismo. Si te importan el bienestar de toda la sociedad, la democracia de los ciudadanos, la libertad (incluida la de todos los que te rodean) y la independencia nacional, te advierto que eres un ser más polítizado que muchos habitantes del planeta –incluidos probablemente la mayoría de ese país para donde vas.

También tú tienes, como esos otros buenos ciudadanos que acabo de mencionar, tus propias verdades asumidas, que compartes con tus amigos, y que ustedes tampoco ponen nunca en tela de juicio. Por ejemplo, piensan que son un cero a la izquierda, y que nada pasa por ustedes. Sin embargo, te comento que este sistema nuestro te consulta y te pide que te movilices, porque tu movilización y tus opiniones le son necesarias para que la mayoría de las políticas funcionen—aunque ni tú ni muchos burócratas lo entiendan así. En efecto, aunque ellos sigan pensando que lo decisivo es aceitar la cadena de mando y cumplir el plan, y tú creas que eres una nulidad en el sistema, cuando pides la palabra para criticar los Lineamientos, reclamas tus derechos en cualquier parte, protestas ante desigualdades y privilegios, aplaudes una crítica dicha sin pelos en la lengua, pides que las políticas no solo se enuncien sino tengan resultados –e incluso cuando acudes a la Plaza refunfuñando, para hacer quórum en la misa de Joseph Ratzinger– estás contribuyendo activamente a la política, y a mantener vivo un tejido sin el cual este sistema languidecería, y que los sociólogos llaman consenso.

Por cierto, ese tejido es lo que sostiene también al capitalismo. La diferencia consiste en que este no requiere que participes activamente, basta con que no intentes subvertirlo, tengas la sensación de estar informado y poder decidir quién gobierna, yendo a votar (o no) cada cierto tiempo. Naturalmente que allá puedes expresar muchas opiniones y escuchar otras miles, elegir entre varios candidatos, enterarte de quiénes son y cómo piensan, sus planes y propuestas para los grandes problemas del país, e ir a votar (si eres ciudadano) por el que te parezca. Quizás te hayas preguntado a veces por qué este sistema nuestro, que tiene sus elecciones, no puede darle a la gente que piensa como tú la posibilidad de expresar sus opiniones políticas en la televisión, proponer tantos candidatos como quiera (no solo abajo, sino a todos los niveles), escucharlos, hacerles preguntas y saber lo que tienen en la cabeza, antes de votar por ellos y sus propuestas. Siempre has oído que la confrontación política en la televisión, una lista abierta de candidatos y el debate entre ellos no es otra cosa que la politiquería del capitalismo. Que si abrimos ese espacio, los americanos, la mafia de Miami y los disidentes se van a aprovechar para usar sus dineros y confundir al pueblo. Y al enemigo “no se le puede dar ni tantico así”. Etc.

También debes haber oído, sin embargo, que nosotros mismos podemos acabar con esto que tenemos más probablemente que ese enemigo. Y que este y sus planes no pueden ser la causa de que dejemos de hablar de nuestros problemas, porque al final, la verdad se impone. Lo has oído, en la voz de los principales dirigentes, una y otra vez, pero es como si nada, los argumentos de siempre siguen ahí. Estás cansado de escuchar anuncios de cambios que no acaban de llegar, y que no dependen de “factores objetivos”, sino de una “vieja mentalidad” que sigue sujetando las riendas.

(Continuará…)

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(Papo)
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Fuente: La Joven Cuba

ENTRE EL CUARTEL SIMÓN BOLÍVAR Y VILLA GRIMALDI HUBO UN CIRCUITO DE “EMPAQUETADOS”,

Javier Rebolledo, autor de La danza de los cuervos:
ENTRE EL CUARTEL SIMÓN BOLÍVAR Y VILLA GRIMALDI HUBO UN CIRCUITO DE “EMPAQUETADOS”, COMO LLAMABAN A LOS DETENIDOS DESAPARECIDOS

“Todo indica que la Villa Grimaldi fue parte de un circuito de cadáveres que eran trasladados al Cuartel Simón Bolívar. Iban empaquetados o aún con vida como fue el caso del mirista Ángel Gabriel Guerrero Carrillo en junio de 1976” , afirma Javier Rebolledo. 

Fue Carmen Gloria Díaz, “la Peca”, sobreviviente de Villa Grimaldi quien nos interesó en entrevistar a Javier Rebolledo, periodista investigador autor de La danza de los cuervos, de Ceibo Ediciones que será presentado el proximo lunes 25. Rebolledo estudió en la Universidad Finis Terrae. Pero, su escuela-escuela fue Juan Andrés Guzmán, primero en siete más 7 y luego en The Clinic. Luego realizo una segunda escuela, ser parte del equipo de investigación de La Nación Domingo LND, encabezado por Jorge “Gato” Escalante. El 2011 recibió el Premio al Periodismo de Excelencia de la Universidad Alberto Hurtado en la categoría audiovisual por el documental Castilla referido a la termoeléctrica emitido por TVN en la serie ¿Por qué en mi jardín? Este es su primer libro y debiéramos augurar que no sea el último.

El jueves 21 de junio, nos juntamos temprano en Villa Grimaldi y partimos casi de inmediato al 8800 de la calle Simón Bolívar en La Reina, sitio hoy invisibilizado donde ocurrieron los sucesos que relata pormenorizadamente este libro, que luego de la película “El Mocito” de Marcela Said y Jean De-Certeau, retorna sobre Jorgelino Vergara, el joven criado por Manuel Contreras, que poco a poco se ha transformado en uno de los principales testigos de violaciones a los derechos humanos hasta hace muy poco desconocidas.

La relación entre la pelicula “El Mocito” y este libro no es casual. Javier fue investigador y asistente de dirección de la película y fueron Marcela y Jean quienes le alentaron a emprender “algo distinto y propio” como es este libro.

Con Javier nos dirigimos a La Reina alta a re-conocer ese lugar donde alrededor de 250 personas perdieron sus vidas en medio de atroces tormentos, trasladados como “paquetes” desde el Cuartel Terranova (hoy Villa Grimaldi) o desde otros centros de exterminio y también muchas veces directamente desde los lugares de aprehensión. 

Es una fría mañana del invierno santiaguino, con cordillera nevada y calle desierta cuando llegamos al número 8800. Ningún monolito, ninguna placa en el piso, ningún rallado en los extensos muros de unas parcelas vecinas. Nada rememora al CSB que funcionó aquí hace 36 años. En este caso la invisibilidad perdura, está activa, funciona. Javier Rebolledo cuenta que los vecinos del condominio le dijeron que no eran felices. Porque están conscientes que sus casas están depreciadas, que cuesta venderlas, que a veces se habla de cosas extrañas, que parece hay yeta. Pero, allí está en el condominio del 8800 de Simón Bolívar, un lugar similar a muchos con un frontis de unos 50 metros y una decena de casas, esta memoria hierve subterráneamente como amenaza latente que podría remover esta bucólica tranquilidad.

Rebolledo nos dice: “para mí, siendo muy franco el Estado a través de Bienes Nacionales debiera expropiar estas casas, botarlas y rehacer el cuartel. Existe una maqueta realizada a la perfección, construida con las declaraciones de los agentes y allí aparecen los casinos, la multicancha, la sala de guardias y los camarines, el sitio de los tormentos y ejecuciones. Sólo falta la voluntad política y si este libro sirve para eso está plenamente justificado. Todos los habitantes actuales saben de esto. También los vecinos que quedan desde esos años. El año 2007 cuando asistí a un velaton organizado por las organizaciones de DDHH muchos vecinos se asomaron y se acordaban del movimiento de esta casa. Me dijeron que al condominio le decían “el condemonio”…”

Hacemos fotos en Simón Bolívar y retornamos a Villa Grimaldi, hoy sitio de memoria y que no fue posible invisibilizar, pese a que hubo serios intentos de hacerlo a fines de los 80. Desde entonces vecinos y sobrevivientes lograron impedirlo. En el muro de los nombres, este joven periodista va recordando uno a uno los trasladados al CSB Uldarico Donaire, Jorge Muñoz, Fernando Ortiz, Reinalda Pereira, Iván Insunza…y decenas de hombres y también algunas mujeres”. En su gran mayoría integrantes de sucesivas direcciones de recambio del PC en la clandestinidad entre 1976 y 1977.

Hoy, ninguno de todos estos nuevos antecedentes podría conocerse sin Jorgelino Vergara. “Él fue descubierto por la BAES –Brigada de Asuntos Especiales y DD.HH de la PDI que trabajando bajo instrucciones del ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago Víctor Montiglio logra ubicarlo el 2007 en enero, indica Rebolledo. Las declaraciones de Jorgelino inician un desfile de cerca de 70 agentes del CSB. El agente Juvenal Piña confiesa que él mató a Víctor Díaz asfixiándolo. Queda revelado Juan Morales Salgado, jefe del CSB “y se empieza a desgranar el choclo”. 

En la actualidad todos los agentes están procesados esperando condenas, pero salvo Juan Morales Salgado, ninguno se encuentra encarcelado. Es muy posible que usted que lee estas líneas con más de alguno haya viajado en metro o coincidido en el mall. 

Retoma la palabra Javier. “La primera vez nos comunicamos con Jorgelino por teléfono desde LND, al comienzo se mostró sorprendido que su nombre se hubiese filtrado desde el cuaderno reservado, luego en mayo viajamos con Marcela Said a Rauco, una localidad al interior de la VII región y nos pidió los carnet de identidad, allí le planteamos la idea del documental…”. Avanzaba la investigación del juez Montiglio, merced el trabajo de la PDI, y simultáneamente avanzaba el trabajo de investigación periodística. Y los nombres de los involucrados y los detalles seguían creciendo y cruzándose dejando a firme muchos temas. Este nuevo libro es un nuevo eslabón de ese largo e inacabado proceso protagonizado por el periodismo de investigación en Chile. 

Este joven periodista es un convencido de que “esta investigación contiene nuevos elementos desconocidos hasta ahora. Por ejemplo, el señalado por Jorgelino en el libro de forma exclusiva, respecto del uso del Aeródromo de Tobalaba donde eran entregados “empaquetados” cadáveres de detenidos desaparecidos en horas de la madrugada a dotaciones de helicópteros de carabineros. O matanzas, donde hasta el momento se desconocen los nombres de las víctimas y sólo está la descripción de Jorgelino limpiando la sangre. O el ensayo de nuevas maquinarias de torturas inventadas por Tonwley o los métodos del brujo Osvaldo Pincetti”. 

Durante siete días entre la Pascua y Año Nuevo del 2011 Javier Rebolledo grabó a Jorgelino Vergara cerca de 30 horas para precisar diversas materias que en las filmaciones de El Mocito habían quedado apenas insinuadas o simplemente no tratadas. Diversos cafés, restaurantes y bares de Ñuñoa fueron las locaciones de estas nuevas confesiones. 

“Jorgelino Vergara- dice Javier- podría ser un chileno común y corriente que desde su rol de junior observa lo que hacen los importantes, él es el reflejo de un Chile desprovisto de ideas. Llega como adolescente al hogar de los Contreras-Valdebenito y la ex esposa del general se transforma en su madrina. Lo envía a realizar el Servicio Militar en 1975, otros lo instruyen en tiro, tiene clases de defensa personal con instructores de la Academia del guatón Petit, luego tendrá un curso de Paracaidismo impartido por Boinas Negras, donde incluso lo torturan. Llega 1985 y lo retiran o dan de baja y lo mandan al Hospital Psiquiátrico. Pincetti le aplica descargas eléctricas para que pierda la memoria… Ve y escucha demasiado, en el Cajón del Maipo en Casa de Piedra. Ve reunirse a Manuel Contreras con Ricardo Claro, y está convencido que el empresario fue uno de los financistas secretos de la DINA”

Así La danza de los cuervos nos propone nuevos detalles y aristas del Terrorismo de Estado durante los 17 años de dictadura. Hasta ahora y en las últimas semanas ha trascendido el que la CNI en masa se paseó el día del plebiscito del 80 votando múltiples veces. Pero en el CSB seguramente se resumen varias de las mayores atrocidades de la oscuridad del terror de esos años. Prosigue Javier. “ Ellos eran una elite probada, la brigada Lautaro en su origen fue la guardia de Contreras, integrada por infantes de marina, carabineros, del Ejército y de la FACH que en abril de 1976 se fusionó con la Agrupación Delfín…que no se refiere al gracioso cetáceo, sino del..fin del PC”

El mocito es muy locuaz respecto de sus años de joven, en que el ministro lo declaró inimputable. En la medida que crece y pudiera incriminarse enmudece o da respuestas generales, en 1976-1977 era aún menor de edad, una suerte de ahijado del CSB, donde los agentes se transformaron en la familia que no había tenido.

El periodista Javier Rebolledo revela con claridad los propósitos de su libro. “Como historia es la única existente de un centro de exterminio revelada en un 90% desde los agentes, o sea, desde Jorgelino y los cruces con las declaraciones existentes en los procesos. Es la única investigación sobre la Brigada Lautaro de la DINA. Y me motiva demostrar a la gente de derecha como Hermógenes Pérez de Arce que las violaciones a los derechos humanos son indesmentibles. Y por último, también soy un convencido que los jóvenes que han protagonizado movilizaciones en los últimos años, también en lo relativo a verdad y justicia empujarán, las barreras existentes…”

Termina esta historia. El próximo lunes 25 a las 19:30 será el lanzamiento con un panel integrado por Juan Pablo Cárdenas, Director Radio Universidad de Chile, Premio Nacional de Periodismo 2005; el prefecto Abel Lizama Jefe de la Brigada de Derechos Humanos de la PDI; Jorge “Gato” Escalante, periodista de investigación; Nelson Caucoto, abogado de DD.HH y el autor Javier Rebolledo. Desde ese momento quedará escrita otra nueva página de este libro mayor aún por conocer en toda su dimensión, desde los horrores a los intereses que servían.

“El Mocito” estuvo muy poco en cartelera, con la excusa de que el DVD se vendía en kioscos. Es posible que la aparición de La danza de los cuervos lo reinstale, cada obra en su valor y sentido propio. Desde este nuevo momento existirá una nueva oportunidad para que esta sociedad que en Santiago está aún impresionada con un nuevo rascacielo, el Costanera Center, también se atreva a descender a los pozos más profundos de nuestros subterráneos de los que la película y este libro nos quieren hablar. 

Muy cercano al 8800 de Simón Bolívar hay una casa con un letrero de una empresa de seguridad que dice: “Verisure, alarma con grabación de imágenes. Ver, escuchar, intervenir”. Lo cierto es que hace 36 años nadie vio, escucho ni menos intervino…

Ignacio Vidaurrázaga , periodista.
Luis Arellano, fotógrafo.
Comunicaciones Villa Grimaldi, 22 de junio 2012.

 

ENTRE EL CUARTEL SIMÓN BOLÍVAR Y VILLA GRIMALDI HUBO UN CIRCUITO DE “EMPAQUETADOS”,

Javier Rebolledo, autor de La danza de los cuervos:
ENTRE EL CUARTEL SIMÓN BOLÍVAR Y VILLA GRIMALDI HUBO UN CIRCUITO DE “EMPAQUETADOS”, COMO LLAMABAN A LOS DETENIDOS DESAPARECIDOS

“Todo indica que la Villa Grimaldi fue parte de un circuito de cadáveres que eran trasladados al Cuartel Simón Bolívar. Iban empaquetados o aún con vida como fue el caso del mirista Ángel Gabriel Guerrero Carrillo en junio de 1976” , afirma Javier Rebolledo.

Fue Carmen Gloria Díaz, “la Peca”, sobreviviente de Villa Grimaldi quien nos interesó en entrevistar a Javier Rebolledo, periodista investigador autor de La danza de los cuervos, de Ceibo Ediciones que será presentado el proximo lunes 25. Rebolledo estudió en la Universidad Finis Terrae. Pero, su escuela-escuela fue Juan Andrés Guzmán, primero en siete más 7 y luego en The Clinic. Luego realizo una segunda escuela, ser parte del equipo de investigación de La Nación Domingo LND, encabezado por Jorge “Gato” Escalante. El 2011 recibió el Premio al Periodismo de Excelencia de la Universidad Alberto Hurtado en la categoría audiovisual por el documental Castilla referido a la termoeléctrica emitido por TVN en la serie ¿Por qué en mi jardín? Este es su primer libro y debiéramos augurar que no sea el último.

El jueves 21 de junio, nos juntamos temprano en Villa Grimaldi y partimos casi de inmediato al 8800 de la calle Simón Bolívar en La Reina, sitio hoy invisibilizado donde ocurrieron los sucesos que relata pormenorizadamente este libro, que luego de la película “El Mocito” de Marcela Said y Jean De-Certeau, retorna sobre Jorgelino Vergara, el joven criado por Manuel Contreras, que poco a poco se ha transformado en uno de los principales testigos de violaciones a los derechos humanos hasta hace muy poco desconocidas.

La relación entre la pelicula “El Mocito” y este libro no es casual. Javier fue investigador y asistente de dirección de la película y fueron Marcela y Jean quienes le alentaron a emprender “algo distinto y propio” como es este libro.

Con Javier nos dirigimos a La Reina alta a re-conocer ese lugar donde alrededor de 250 personas perdieron sus vidas en medio de atroces tormentos, trasladados como “paquetes” desde el Cuartel Terranova (hoy Villa Grimaldi) o desde otros centros de exterminio y también muchas veces directamente desde los lugares de aprehensión.

Es una fría mañana del invierno santiaguino, con cordillera nevada y calle desierta cuando llegamos al número 8800. Ningún monolito, ninguna placa en el piso, ningún rallado en los extensos muros de unas parcelas vecinas. Nada rememora al CSB que funcionó aquí hace 36 años. En este caso la invisibilidad perdura, está activa, funciona. Javier Rebolledo cuenta que los vecinos del condominio le dijeron que no eran felices. Porque están conscientes que sus casas están depreciadas, que cuesta venderlas, que a veces se habla de cosas extrañas, que parece hay yeta. Pero, allí está en el condominio del 8800 de Simón Bolívar, un lugar similar a muchos con un frontis de unos 50 metros y una decena de casas, esta memoria hierve subterráneamente como amenaza latente que podría remover esta bucólica tranquilidad.

Rebolledo nos dice: “para mí, siendo muy franco el Estado a través de Bienes Nacionales debiera expropiar estas casas, botarlas y rehacer el cuartel. Existe una maqueta realizada a la perfección, construida con las declaraciones de los agentes y allí aparecen los casinos, la multicancha, la sala de guardias y los camarines, el sitio de los tormentos y ejecuciones. Sólo falta la voluntad política y si este libro sirve para eso está plenamente justificado. Todos los habitantes actuales saben de esto. También los vecinos que quedan desde esos años. El año 2007 cuando asistí a un velaton organizado por las organizaciones de DDHH muchos vecinos se asomaron y se acordaban del movimiento de esta casa. Me dijeron que al condominio le decían “el condemonio”…”

Hacemos fotos en Simón Bolívar y retornamos a Villa Grimaldi, hoy sitio de memoria y que no fue posible invisibilizar, pese a que hubo serios intentos de hacerlo a fines de los 80. Desde entonces vecinos y sobrevivientes lograron impedirlo. En el muro de los nombres, este joven periodista va recordando uno a uno los trasladados al CSB Uldarico Donaire, Jorge Muñoz, Fernando Ortiz, Reinalda Pereira, Iván Insunza…y decenas de hombres y también algunas mujeres”. En su gran mayoría integrantes de sucesivas direcciones de recambio del PC en la clandestinidad entre 1976 y 1977.

Hoy, ninguno de todos estos nuevos antecedentes podría conocerse sin Jorgelino Vergara. “Él fue descubierto por la BAES –Brigada de Asuntos Especiales y DD.HH de la PDI que trabajando bajo instrucciones del ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago Víctor Montiglio logra ubicarlo el 2007 en enero, indica Rebolledo. Las declaraciones de Jorgelino inician un desfile de cerca de 70 agentes del CSB. El agente Juvenal Piña confiesa que él mató a Víctor Díaz asfixiándolo. Queda revelado Juan Morales Salgado, jefe del CSB “y se empieza a desgranar el choclo”.

En la actualidad todos los agentes están procesados esperando condenas, pero salvo Juan Morales Salgado, ninguno se encuentra encarcelado. Es muy posible que usted que lee estas líneas con más de alguno haya viajado en metro o coincidido en el mall.

Retoma la palabra Javier. “La primera vez nos comunicamos con Jorgelino por teléfono desde LND, al comienzo se mostró sorprendido que su nombre se hubiese filtrado desde el cuaderno reservado, luego en mayo viajamos con Marcela Said a Rauco, una localidad al interior de la VII región y nos pidió los carnet de identidad, allí le planteamos la idea del documental…”. Avanzaba la investigación del juez Montiglio, merced el trabajo de la PDI, y simultáneamente avanzaba el trabajo de investigación periodística. Y los nombres de los involucrados y los detalles seguían creciendo y cruzándose dejando a firme muchos temas. Este nuevo libro es un nuevo eslabón de ese largo e inacabado proceso protagonizado por el periodismo de investigación en Chile.

Este joven periodista es un convencido de que “esta investigación contiene nuevos elementos desconocidos hasta ahora. Por ejemplo, el señalado por Jorgelino en el libro de forma exclusiva, respecto del uso del Aeródromo de Tobalaba donde eran entregados “empaquetados” cadáveres de detenidos desaparecidos en horas de la madrugada a dotaciones de helicópteros de carabineros. O matanzas, donde hasta el momento se desconocen los nombres de las víctimas y sólo está la descripción de Jorgelino limpiando la sangre. O el ensayo de nuevas maquinarias de torturas inventadas por Tonwley o los métodos del brujo Osvaldo Pincetti”.

Durante siete días entre la Pascua y Año Nuevo del 2011 Javier Rebolledo grabó a Jorgelino Vergara cerca de 30 horas para precisar diversas materias que en las filmaciones de El Mocito habían quedado apenas insinuadas o simplemente no tratadas. Diversos cafés, restaurantes y bares de Ñuñoa fueron las locaciones de estas nuevas confesiones.

“Jorgelino Vergara- dice Javier- podría ser un chileno común y corriente que desde su rol de junior observa lo que hacen los importantes, él es el reflejo de un Chile desprovisto de ideas. Llega como adolescente al hogar de los Contreras-Valdebenito y la ex esposa del general se transforma en su madrina. Lo envía a realizar el Servicio Militar en 1975, otros lo instruyen en tiro, tiene clases de defensa personal con instructores de la Academia del guatón Petit, luego tendrá un curso de Paracaidismo impartido por Boinas Negras, donde incluso lo torturan. Llega 1985 y lo retiran o dan de baja y lo mandan al Hospital Psiquiátrico. Pincetti le aplica descargas eléctricas para que pierda la memoria… Ve y escucha demasiado, en el Cajón del Maipo en Casa de Piedra. Ve reunirse a Manuel Contreras con Ricardo Claro, y está convencido que el empresario fue uno de los financistas secretos de la DINA”

Así La danza de los cuervos nos propone nuevos detalles y aristas del Terrorismo de Estado durante los 17 años de dictadura. Hasta ahora y en las últimas semanas ha trascendido el que la CNI en masa se paseó el día del plebiscito del 80 votando múltiples veces. Pero en el CSB seguramente se resumen varias de las mayores atrocidades de la oscuridad del terror de esos años. Prosigue Javier. “ Ellos eran una elite probada, la brigada Lautaro en su origen fue la guardia de Contreras, integrada por infantes de marina, carabineros, del Ejército y de la FACH que en abril de 1976 se fusionó con la Agrupación Delfín…que no se refiere al gracioso cetáceo, sino del..fin del PC”

El mocito es muy locuaz respecto de sus años de joven, en que el ministro lo declaró inimputable. En la medida que crece y pudiera incriminarse enmudece o da respuestas generales, en 1976-1977 era aún menor de edad, una suerte de ahijado del CSB, donde los agentes se transformaron en la familia que no había tenido.

El periodista Javier Rebolledo revela con claridad los propósitos de su libro. “Como historia es la única existente de un centro de exterminio revelada en un 90% desde los agentes, o sea, desde Jorgelino y los cruces con las declaraciones existentes en los procesos. Es la única investigación sobre la Brigada Lautaro de la DINA. Y me motiva demostrar a la gente de derecha como Hermógenes Pérez de Arce que las violaciones a los derechos humanos son indesmentibles. Y por último, también soy un convencido que los jóvenes que han protagonizado movilizaciones en los últimos años, también en lo relativo a verdad y justicia empujarán, las barreras existentes…”

Termina esta historia. El próximo lunes 25 a las 19:30 será el lanzamiento con un panel integrado por Juan Pablo Cárdenas, Director Radio Universidad de Chile, Premio Nacional de Periodismo 2005; el prefecto Abel Lizama Jefe de la Brigada de Derechos Humanos de la PDI; Jorge “Gato” Escalante, periodista de investigación; Nelson Caucoto, abogado de DD.HH y el autor Javier Rebolledo. Desde ese momento quedará escrita otra nueva página de este libro mayor aún por conocer en toda su dimensión, desde los horrores a los intereses que servían.

“El Mocito” estuvo muy poco en cartelera, con la excusa de que el DVD se vendía en kioscos. Es posible que la aparición de La danza de los cuervos lo reinstale, cada obra en su valor y sentido propio. Desde este nuevo momento existirá una nueva oportunidad para que esta sociedad que en Santiago está aún impresionada con un nuevo rascacielo, el Costanera Center, también se atreva a descender a los pozos más profundos de nuestros subterráneos de los que la película y este libro nos quieren hablar.

Muy cercano al 8800 de Simón Bolívar hay una casa con un letrero de una empresa de seguridad que dice: “Verisure, alarma con grabación de imágenes. Ver, escuchar, intervenir”. Lo cierto es que hace 36 años nadie vio, escucho ni menos intervino…

Ignacio Vidaurrázaga , periodista.
Luis Arellano, fotógrafo.
Comunicaciones Villa Grimaldi, 22 de junio 2012.

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