Enfrentamientos en las afueras del homenaje a Pinochet – Terra Chile

Enfrentamientos en las afueras del homenaje a Pinochet – Terra Chile

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Cuestionado Museo de la Memoria y los DD HH Chile

Museo de la Memoria ¿incomprensible?

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Autor:Patricio Olavarria *
Fecha:28/06/2012

El próximo año se cumplirán cuatro décadas del golpe de Estado y pareciera, entre otras cosas, que el debate en torno a la memoria ya comienza a sacar chispas. Por un lado, están quienes justifican el“pronunciamiento militar” de 1973 y sus secuelas, y por otra, quienes lo repudian como una acción inmoral que dejó miles de muertos y víctimas.

Ahora la polémica que está en la palestra es en torno a una serie de cartas que ha publicado El Mercuriosobre el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos(1), obra que fue concebida bajo la administración deMichelle Bachelet y que deja de manifiesto las diferentes visiones que existen en Chile sobre los Derechos Humanos, y la interpretación de los acontecimientos que afectaron al país durante la dictadura militar.

Magdalena Krebs (1)(2), Directora de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Dibam expone en una carta que el Museo debiera contribuir a la armonía en la sociedad, y que sería valioso que los visitantes comprendieran cuales fueron los factores que habrían llevado al colapso de la democracia, como por ejemplo la violencia imperante. Luego en otra carta dice no justificar las violaciones a los DD.HH. y sólo plantea que los museos deben estar abiertos a la reflexión.

Por su parte, en una carta en el mismo medio se plantea que la creación del Museo de la Memoria es un disparate, y Sergio Villalobos afirma que se trataría de un intento por falsificar la historia, en cuanto sería un acontecimiento singular, separado del resto de nuestro relato, y por lo mismo incomprensible.

¿Incomprensible? No deja de llamar la atención la particular afirmación del Sr. Villalobos que muy bien debe saber que en la historia de los últimos años quien triunfó, por escrutinio popular en 1989, le guste o no, bien o mal, que es otro tema, fue la democracia y no la dictadura del general Pinochet que bien sabemos tenía planes para eternizarse en el poder. Por lo mismo, es importante que tanto la señora Krebs como el señor Villalobos entiendan bien que el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, no es un capricho de un grupo de personas que profitan del pasado, muy por el contrario, se trata de un proyecto democrático que es el resultado de las políticas de restauración y reconciliación de este país, que tienen como misión dar a conocer las violaciones a los DD.HH. que se contabilizan en 40 mil víctimas de prisión política, tortura, ejecuciones, y desaparición forzosa.

Estamos hablando de un museo de víctimas, no de victimarios, que lo que hace es profundizar justamente una reflexión en torno a nuestro pasado, que es parte de nuestro testimonio como proyecto de reparación histórica.

Hay que necesariamente sumar al debate el documental sobre Pinochet que fue exhibido hace algunos días en el Teatro Caupolicán(1) que dio cabida a una serie de rencillas político mediáticas, y a un pugilato en las calles mal sano y degradante a estas alturas del partido, como también las trasnochadas confesiones del Ministro Andrés Chadwick, y del ex Presidente Aylwin que abren una brecha no menor en la discusión. Aylwin pone en el tapete la tesis de la crisis institucional por la que atravesaba Salvador Allende(1) que habría dado origen al golpe, y el Ministro vocero de gobierno reafirma por medio de su arrepentimiento, culposamente claro está, la postura ideológica de la UDI en pos de la salvación del país haciendo vista gorda de las violaciones a los derechos humanos.

Tanto Chadwik como Aylwin saben muy bien, por mucho que busquen responsables en desuso, que en Chile existió una dictadura brutal y despiadada. Después de la guerra todos son generales ¿o no?

Si bien el pinochetismo hoy es un movimiento que siguen viejos militares obsoletos, señoras fanáticas, ex damas de no sé qué, y uno que otro personaje marginal, no deja de ser cierto que parte importante de las autoridades que hoy gobiernan, quienes fueron sus más férreos adherentes y defensores, hoy también se desmarcan de su pasado y se reciclaron en la escena democrática con una soltura de cuerpo asombrosa.

Que la señora Krebs afirme que el Museo de la Memoria deba explicar los hechos dieron cabida al golpe de Estado del ’73 es una artimaña ridícula. Sería como explicar porque Stalin ejecutó a miles de personas, los incomprensibles hechos que motivaron a la Alemania nazi a organizar los campos de concentración, o las matanzas en Ruanda. Es fundamental que la directora de la Dibam se sacuda de su relativismo moral puesto que sencillamente es peligroso. Es importante que se conozca la historia como ella plantea, pero el Museo habla por sí solo. No hay nada que explicar ni justificar, y eso es valedero para cualquier parte.

El debate debe ser más amplio, y sería importante y recomendable que a través de la función educativa pudiéramos aproximarnos a conocer experiencias como las del futuro Museo 9/11 que recordará a las víctimas del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York, o el Museo del Holocausto en Alemania para entender que más allá de un contexto histórico, no hay nada que puede justificar la incomprensible violación a los derechos humanos en donde no se discuten procesos, ni se analizan necesariamente épocas.

Finalmente hay que ser claro en que el Museo de la Memoria no es una apología a la Unidad Popular, como tampoco es un hecho aislado como pretende encasillarlo el señor Villalobos. El Museo simplemente es un espacio para abrir la reflexión y hacerse preguntas necesarias, como también para darse la oportunidad de decir “Nunca más” y ver que las víctimas más allá de su condición, ideología o pensamiento fueron víctimas sin juicios justos que tal como lo afirma un titular del diario La Segunda de la época, fueron perseguidos y acribillados como “ratas” ¿Qué tal?

 

*  Periodista. Coordinador Académico Gestión, Patrimonio e Industria Cultural Universidad de Academia de Humanismo Cristiano.

MISIÓN INTERNACIONALISTA. DE UNA POBLACIÓN CHILENA A LA REVOLUCIÓN SANDINISTA. JOSÉ MIGUEL CARRERA CARMONA

MISIÓN INTERNACIONALISTA. DE UNA POBLACIÓN CHILENA A LA REVOLUCIÓN SANDINISTA. JOSÉ MIGUEL CARRERA CARMONA.

José Miguel Carrera
especial para G80

El triunfo sandinista. 19 de julio de 1979

Cuando amaneció el 18 de julio de 1979 en el Frente Sur de Nicaragua, no se escuchaba ningún ruido que no fueran los propios de la naturaleza, que en ese país centroamericano es esplendorosa. Pájaros de todos colores trinando, vegetación intensamente verde, perenne. Clima Impresionante, sobre todo para nosotros habitantes del fin del mundo. No se sentía el ruido de guerra. Estábamos sorprendidos y muy alertas.

Era un silencio extraño: la artillería y los morteros enemigos habían cesado su martillar diario. La aviación no nos acosaba con sus bombas y metralletas como lo hacía desde que había llegado a la zona de guerra. Los cañonazos que eran el pan de cada día, esa mañana no se escuchaban. Tampoco se observaba movimiento enemigo en sus trincheras y no éramos blancos de los disparos de los soldados de la guardia somocista, ni de sus francotiradores.

A través de un radio portátil que nos servía de escucha, nos enteramos de la huida del dictador Anastasio Somoza a Estados Unidos el día anterior. Al anunciar su renuncia, dejó a uno de los suyos como presidente del país – “un tal Urcuyo”, como le decían los propios nicaragüenses, que no alcanzó a durar un par de días en el poder.

Los chilenos, en un grupo mayor a medio centenar, estábamos desplegados en combate en diferentes puntos del territorio liberado por los sandinistas y mantenido también por nuestro esfuerzo. La sangre chilena ya abonaba esa tierra y la añorada libertad del pueblo heroico de Sandino. Intuíamos que algo pasaba ese día de julio en la guerra a la que por solidaridad combatiente estábamos de lleno involucrados.

Era extraño lo que me sucedía. Echaba de menos la tensión que producía cada bombazo o la metralla potente de la aviación enemiga. Intuitivamente, persistíamos en caminar por las orillas de los caminos, protegidos por los árboles para evitar ser vistos por los aviones exploradores y los francotiradores. En esa aparente tranquilidad, era lógico colgarse el fusil FAL al hombro, pero lo seguíamos manteniendo en posición de alerta. Pero, poco a poco nos fuimos  relajando.

Al día siguiente, 19 de julio, los guerrilleros nicaragüenses, como despertando de un letargo, comenzaron a disparar, pero no en dirección del enemigo, sino directamente al aire. Se alzaban sobre las trincheras, en la propia carretera Panamericana, o donde sea que se encontraran. Nos abrazaban y nos abrazábamos entre todos y gritaban: “¡Le ganamos al hijo de puta, se acabó la guerra compitas, ganamos!”, “¡Viva el FSLN!”. Gritaban sus famosas consignas de combate “La marcha hacia la victoria no se detiene”, “¡Patria Libre o Morir!”, “¡Patria o Muerte Venceremos!” Y mirándonos a nosotros, ¨los extranjeros¨, nos decían: “¡Chilenos, ahora nos vamos para El Salvador y después con ustedes para Chile!”

Era la victoria, algo que los revolucionarios y los pueblos conocen la mayoría de las veces por los libros. El triunfo, la libertad… palpaba la alegría que sólo habíamos visto en películas. Pasaban por mi mente imágenes que vi en las noticias de cuando los guerrilleros cubanos con Fidel a la cabeza de su extraordinario pueblo entraban a La Habana, o cuando el pueblo ruso expulsó a los alemanes del territorio soviético en su victoria contra el nazismo.

Los compas iban de lado a lado, relatando combates, prometiendo que volverían a encontrarse luego de que ubicaran a sus seres queridos. A algunos los envolvía el dolor, lloraban al recordar a los camaradas caídos. Era la hora del recuento, de los balances, de lo que habían perdido y lo que habían ganado. El triunfo nicaragüense tuvo sin lugar a dudas un alto costo para este querido pueblo.

En el Frente Sur, se comprobó que la Guardia Nacional que estaba en nuestro frente, había huido por la carretera a San Juan del Sur, en la costa del Pacífico. Luego se supo que en barcazas fueron trasladados hasta El Salvador. Comenzaron entonces los preparativos para cumplir la orden de la Comandancia del FSLN de partir hacia la capital, Managua. Los internacionalistas colaboraríamos en organizar las columnas de guerrilleros para la marcha. No teníamos idea cómo era la capital de Nicaragua. Habíamos peleado por la libertad de ese país sin conocerla. Sólo por el mapa sabíamos para dónde debíamos dirigirnos y la dirección que debíamos tomar. El norte era el camino.

Las fuerzas del Frente Sur habían crecido en combatientes, piezas de artillería y morteros, lanzacohetes, ametralladoras ligeras y pesadas y hasta una pieza de artillería anti aérea. Para la marcha había que asegurar la protección aérea y prever posibles emboscadas. No sabíamos de dónde podían venir los ataques enemigos y no teníamos la información completa de la situación de la Guardia luego de la huida de Somoza.

La misión era bien concreta: organizar correctamente la columna para la marcha. Los guerrilleros y el armamento de infantería y artillería debían ser distribuidos en los camiones y otro tipo de vehículos con que se contaba en esos momentos.

Muchos guerrilleros, incluyendo algunos jefes, no estaban muy interesados en llegar en formación a Managua, ni menos meterse en la columna de marcha. Estos muchachos querían partir inmediatamente a la capital. Muchos de estos combatientes, que para siempre pasaron a ser nuestros hermanos de sangre, partieron a Managua por su propia cuenta. Querían ser los primeros en llegar a la capital. Soñaban con volver a ver a sus padres y madres, seguramente los creían muertos y los andarían buscando desesperadamente en cada columna guerrillera que llegara a la capital.

Su urgencia era abrazar a sus amigos, llorar con ellos lágrimas de victoria, hablar de los héroes caídos. Intentar recuperar el tiempo y los besos perdidos de sus novias, o disfrutar de nuevo a sus hijos. El triunfo era todo eso para los nicaragüenses. Para ellos la guerra había terminado, y ahora querían volver a vivir o empezar a vivir de nuevo. Se habían ganado ese derecho. No querían más guerra. Nosotros los mirábamos, yo me decía: Pensar que nosotros estamos recién empezando. Los envidiaba sanamente.

Llegado el atardecer, con los compas que no pudimos ser parte de la columna, había tareas que cumplir todavía en el Frente Sur, nos agrupamos para hacer una gran fogata. Compartimos con ellos esa noche en vigilia. Se encontraban con nosotros varios guerrilleros que fueron designados como policías fronterizos. Estábamos atentos a cualquier rebrote de los somocistas.

Hermosa y linda se veía la noche con la gran llamarada de la fogata. Esa si era una verdadera llama de la libertad. Surgió espontáneamente el canto y no faltaron los que pidieron el “Venceremos” de la Unidad Popular chilena en medio de tantas lindas canciones nicaragüenses. Sus letras mostraban claramente la dura realidad de la lucha. Esta revolución enseñaba al pueblo a combatir con el canto.

Me alejé de la fogata, caminé al sitio donde estaban sepultados los cuerpos de algunos guerrilleros caídos en la guerra. Una de las tumbas tenía vainas de proyectiles de cañones a su alrededor como de adorno. El letrero en forma de cruz que la encabezaba tenía un nombre manuscrito muy familiar: “Gualberto”. El seudónimo que usaba el Teniente Artillero Days Huerta, chileno del puerto de Valparaíso. Me vino su imagen a la memoria. Había muerto en combate apenas unos días, lo enterramos con honores en un cajón de morteros.

Finalmente, las fuerzas del Frente Sur avanzaron hacia Managua. La Guardia Nacional colapsó después de la renuncia del General Anastasio Somoza, igual de criminal que Augusto Pinochet. El último cañonazo de la Guardia Nacional en nuestra zona de guerra se dio como a las cinco de la mañana del 19 de julio. Minutos después, una patrulla de exploración enviada a verificar las posiciones enemigas confirmó su retirada hacia San Juan de Sur. Las tropas sandinistas entraron victoriosas en la capital el 20 de julio de 1979, entre ellos, jóvenes militares chilenos.

El pueblo de Nicaragua y Frente Sandinista de Liberación Nacional, habían triunfado, el FSLN tenía un estratégica de lucha propia, sus combatientes y dirigentes se la jugaron por ella y ganaron.

Construyamos un Chile Digno

José Miguel Carrera
Santiago de Chile, julio de 2012

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Carta de Javiera Parada al Mercurio .Museo de la Memoria y los DD HH

Carta de Javiera Parada

Cartas al Director de “El Mercurio”.
Martes 26 de Junio de 2012

Señor Director:

La carta de la directora de la Dibam publicada en su diario plantea una visión que, desde mi perspectiva, vulnera un principio básico consensuado a nivel internacional: las violaciones a los DD.HH. no son ni pueden ser contextualizables.

Si utilizáramos la premisa de Magdalena Krebs, podríamos contextualizar también las masacres de Stalin, el Holocausto judío en la Alemania Nazi o el genocidio de Ruanda. El contexto o “los antecedentes” como plantea Krebs, podrían explicar, y por lo tanto ayudar a comprender y justificar, la tortura, los asesinatos masivos, los detenidos desaparecidos o cualquier otra forma de violencia contra grupos o personas que se aparten del ideario de quien viola derechos fundamentales.

Mi abuelo, Fernando Ortiz, secuestrado en diciembre de 1976 y desaparecido hasta hace pocos años, fue asesinado en el cuartel Simón Bolívar donde funcionó la Brigada Lautaro. Ahí fue sometido a torturas y golpes que le molieron, literalmente, los huesos. Fue dejado sufrir durante días en el suelo, hasta que murió, después de una lenta agonía. Mi familia recién estos días tiene el dictamen legal que certifica esto.

El secuestro, desde las puertas de mi colegio, y posterior degollamiento de mi padre, José Manuel Parada, son de público conocimiento.

“La violencia imperante”, según plantea Krebs, sería el antecedente de estos crímenes y del resto de las violaciones a los derechos humanos cometidos en dictadura y sería, por tanto, causa o razón para la brutal violencia ejercida por agentes del Estado, de manera sistemática, a partir del 11 de septiembre de 1973.

De su carta se entiende que la tensión social previa al golpe de Estado, las tomas de fundos y fábricas, las colas, el desabastecimiento, el inexistente Plan Z, serían antecedentes a ser considerados en la muestra del Museo de la Memoria para explicar por qué se asesinó, violó, torturó, desapareció y exilió a miles de compatriotas luego del golpe.

Su argumento no sólo explicita un grave relativismo moral, sino que es profundamente peligroso. Con él podrían justificarse las mayores atrocidades, ya que los antecedentes previos a la violación de los derechos humanos permitirían explicarlos y eventualmente justificarlos.

No hay nada que justifique la violencia ejercida por el Estado de Chile en contra de ciudadanos inermes. Nada. Menos aún viniendo de agentes del Estado cuya responsabilidad es la mantención del orden público y no su alteración.

El Museo de la Memoria, como bien dice Krebs, tiene una función educativa y esa es justamente educar a las futuras generaciones respecto de lo que no debe ocurrir nunca más en Chile. Sin embargo, como pretende la directora de la Dibam, al considerar las razones o antecedentes de por qué se ejerció tal violencia, pierde su sentido pedagógico y relativiza acciones condenables, dando herramientas a algunos de sus visitantes para argumentar que tal vez esas acciones tenían razón de ser, considerando la situación que se vivía previo al golpe de 1973.

Como nieta, hija y sobrina de víctimas de violaciones a los DD.HH., pero sobre todo como ciudadana chilena, me resulta extraño y profundamente violento que una persona que ostenta un cargo público de tal responsabilidad, tenga a bien manifestar estas posturas justificacionistas que, en mi opinión, son un enorme retroceso en la construcción democrática.

JAVIERA PARADA

119 espacios vivos – Invitación a participar

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Entre 1974 y 1975, organismos de inteligencia del gobierno militar chileno llevaron a cabo la llamadaOperación Colombo.

Se trata de una operación secundada por la prensa escrita chilena y por otras dictaduras latinoamericanas que intentaron explicar la desaparición forzosa de 119 personas como el resultado de riñas internas o de enfrentamientos con la policía argentina.

La obra que estoy realizando busca plantear un camino alternativo a los espacios de memoria actuales, generalmente activados en edificios y memoriales. Aquí, en cambio, se busca hacer de las personas vivas un espacio de memoria. Que en cada persona participante se active el recuerdo de uno de los 119 desaparecidos.

Para eso estoy buscando 119 personas, de nacionalidad chilena, con iguales profesiones u ocupaciones de las 119 personas desaparecidas.
La obra final consistirá en una instalación con las fotografías de los nuevos 119, acompañada con una ficha donde se indique su nombre, su profesión y su fecha de nacimiento.

Muchas de estas profesiones u ocupaciones no existen en la actualidad, por lo que se busca el mayor grado de aproximación posible, o la actualización que cada uno pueda dar, y el grado de identificación que cada participante pueda tener con cada ocupación. Es importante respetar el sexo de la persona desaparecida, es decir, necesito de la participación de 100 hombres y 19 mujeres. Para facilitar la ubicación, en la lista que sigue las mujeres aparecen en color celeste. No es importante la edad del participante.

Para participar:

1. Enviar una fotografía actual, encuadre tipo carnet (lo importante es que se vea la cara), de la mayor resolución posible dentro de los recursos que se tienen a mano, a paula.arrieta@gmail.com

2. En el mail, indicar:
a) Nombre del detenido desaparecido a representar.
b) Nombre completo del participante (Primer y segundo nombre, primer y segundo apellido)
c) Fecha de nacimiento
d) Ocupación

Lista de desaparecidos (se irá actualizando diariamente con los nombres de los participantes)

Nombre y Apellidos Actividad Particpante
1 Reyes González Agustín Eduardo Artista-Artesano Jorge Leonardo Villalobos Miranda
2 Cubillos Calvez Carlos Luis Vendedor Ambulante
3 Ziede Gómez Eduardo Humberto Estudiante Sociología
4 Fioraso Chau Albano Agustín Profesor Castellano  Juan Pablo Bustamante
5 Espinoza Méndez Jorge Enrique Estudiante Filosofía
6 Villarroel Gangas Víctor Man Obrero
7 Acuña Castillo Miguel Ángel Estudiante de pedagogía
8 Garay Hermosilla Héctor Marci Estudiante de pedagogía
9 Toro Romero Enrique Segundo Obrero
10 Uribe Tamblay Barbara Gabriela Secretaria
11 Van Yurick Altamirano Edwin Vendedor
12 Buzzio Lorca Jaime Mauricio Estudiante Técnico en Mantención mecánica UTE
13 Alvarado Borgel María Inés Secretaria
14 Contreras González Abundio Alejandro Carpintero
15 Chacón Olivares Juan Rosendo Medico Veterinario Pablo Valdes Donoso
16 Elgüeta Pinto Martín Estudiante Economía
17 Lara Petrovich Eduardo Enrique Mecánico Industrial
18 Moreno Fuenzalida Germán Rodolfo Estudiante Derecho Vicente Aliaga Medina
19 Villagra Astudillo José Caupolicán Obrero
20 Quiñones Lembach Marcos Esteban Empleado Publico del Servicio Nacional de Salud
21 Reyes Pina Daniel Abraham Peluquero
22 Poblete Cordova Pedro Enrique Obrero Metalúrgico
23 Guajardo Zamorano Luis Julio Estudiante Tec. Indus. Y ciclista.
24 Muñoz Andrade Leopoldo Egresado Esc.industrial
25 González Pérez Rodolfo Valen Servicio Militar Fach
26 Ibarra Toledo Juan Ernesto Estudiante Servicio Social
27 Nuñez Espinoza Ramón Osvaldo Estudiante UTE – tecnología
28 Chavez Lobos Ismael Darío Estudiante Facultad Cs. Jurídicas Roberto Andrés Meléndez Tohá
29 Olivares Graindorge Jorge Alejandro Jardinero
30 Machuca Muñoz Zacarías Antonio Técnico topógrafo
31 Alarcon Jara Eduardo Enrique Albañil
32 Lazo Lazo Ofelio de la Cruz Carpintero
33 Chanfreau Oyarce Alfonso Rene Estudiante Filosofía Diego Joaquín Mellado Gómez
34 Montecinos Alfaro Sergio Sebastián Sastre e Interventor
35 Jorquera Encina Mauricio Edmundo Estudiante Sociología
36 Andreoli Bravo María Angélica Estudiante de Nutrición y dietética.
37 Dockendorff Navarrete Muriel Estudiante Economía
38 Espejo Gómez Rodolfo Alejandro Estudiante Secundario Joaquin Eduardo Soto Vargas
39 Gaete Farias Gregorio Antonio Estudiante Secundario
40 González Inostroza Galo Hernán Empleado Particular
41 González Inostroza María Elena Profesora Andrea Paz Vega Arancibia
42 Salcedo Morales Carlos Eladio Comerciante. Estudiante Sociología
43 Cabezas Quijada Antonio Sergio Interventor. Ministerio de Economía.
44 Arevalo Muñoz Víctor Daniel Vendedor de Frutos
45 Arias Vega Alberto Vladimir Mecánico en Radiadores
46 Tello Garrido Teobaldo Antonio Fotógrafo Gab.Identificación (Cristóbal Traslaviña)
47 Espinoza Pozo Modesto Segundo Rondín
48 Aguilera Peñaloza Stalin Artu Maestro Pintor
49 Maturana Pérez Juan Bautista Comerciante
50 Olmos Guzman Gary Nelson Vendedor de zapatos
51 Bravo Nuñez Francisco Javier Mecánico de Automoviles
52 Binfa Contreras Jacqueline Asistente Social Macarena Fritis Olea
53 Barría Araneda Antonio Arturo Profesor de música Ricardo Banda Gutiérrez
54 López Díaz Violeta del Carmen Secretaria Aurora del Rosario Sayes Ibañez
55 Bustos Reyes Sonia de las Merc Cajera casino de investigaciones.
56 Chaer Vasquez Roberto Salomón Empleado Particular. Estudiante Sociología. Andrés Ignacio Pereira Covarrubias
57 Llanca Iturra Monica Chyslaine Empleada Gabinete Central de Identificación (hoy Registro Civil)
58 Morales Chaparro Edgardo Agust Obrero
59 Aedo Carrasco Francisco Eduardo Arquitecto Aníbal Ignacio Fuentes Palacios
60 Retamales Briceño Asrael Leona Mecánico Feria Libre
61 Pérez Vargas Carlos Freddy Publicista José Ramón Cárdenas Maturana.
62 Jara Castro José Hipólito Egresado Química y Farmacia
63 De Castro López Bernardo Dibujante (Francisco Nicolás Caballero García)
64 Duran Rivas Luis Eduardo Estudiante Periodismo
65 Lagos Hidalgo Sergio Hernán Vendedor en editorial.
66 Merino Molina Pedro Juan Sastre
67 Carrasco Díaz Mario Edrulfo Estudiante Contabilidad
68 Palomino Benitez Vicente Segundo Profesor de Química
69 Zuñiga Tapia Héctor Cayetano Estudiante Quim. y Farm
70 Villalobos Díaz Manuel Jesús Vendedor de libros Eliseo Aburto Arenas
71 Gallardo Agüero Néstor Alfonso Contador
72 Gajardo Wolff Carlos Alfredo Arquitecto Juan Carlos Arrieta
73 Fuentes Riquelme Luis Fernando Estudiante de biología
74 López Stewart María Cristina Estudiante Historia  Ana María Vergara Tilleria
75 Calderón Tapia Mario Eduardo Periodista René Jara Reves
76 Salinas Argomedo Ariel Martín Estudiante Sociología
77 Andrónicos Antequera Jorge Elías Egresado ingeniería ejecución eléctrica UTE
78 Andrónicos Antequera Juan Carlos Estudiante de sociología
79 Miranda Lobos Eduardo Francis Topógrafo
80 Martínez Hernández Eugenia Del Carmen Obrera Textil
81 Drouilly Yurich Jacqueline Paul Asistente Social
82 D’orival Briceño Jorge Humberto Medico Veterinario (Sergio López)
83 Salinas Eytel Marcelo Eduardo Técnico eléctrico
84 Reyes Navarrete Sergio Alfonso Egresado de Economía
85 Castro Salvadores Cecilia Gabriela Estudiante Derecho Romina Francisca Ampuero Pérez
86 Pizarro Meniconi Isidro Migue Técnico Maq.escribir
87 Arroyo Padilla Rubén David Artesano
88 Silva Peralta Claudio Guiller Estudiante Biología
89 Silva Camus Fernando Guillermo Decorador de Interior
90 De la Jara Goyeneche Félix Estudiante Pedagogía
91 Bueno Cifuentes Carmen Cecilia Cineasta Manuela Dagmer Piña Lawner
92 Palominos Rojas Luis Jaime Estudiante del Conservatorio de Música
93 Cid Urrutia Washington Estudiante Pedagogía
94 Bustillos Cereceda María Teresa Estudiante Servicio Social
95 Peña Solari Mario Fernando Estudiante Arquitectura
96 Neira Muñoz Marta Silvia Adela Secretaria
97 Peña Solari Nilda Patricia Estudiante Biología
98 Silva Saldivar Gerardo Ernesto Estudiante Estadística Tomás Bralic Muñoz
99 Eltit Contreras María Teresa Estudiante Secretariado
100 Ortiz Moraga Jorge Eduardo Estudiante Medicina
101 Radrigan Plaza Anselmo Osvaldo Estudiante de programación
102 Herrera Cofre Jorge Antonio Estudiante secundario (Mao Rojas Arrieta)
103 Labrador Urrutia Ramón Isidro Comerciante
104 Joui Petersen María Isabel Estudiante Economía Milena Vanessa Vera Riveros
105 Robotham Bravo Jaime Eugenio Estudiante Sociología
106 Martínez Meza Agustín Alamiro Ingeniero Mecánico
107 Marchant Villaseca Rodolfo Ar Técnico Aire Acondicionado
108 Urbina Chamorro Jilberto Patricio Estudiante Medicina Gonzalo Javier Rojas Contreras
109 Contreras Hernández Claudio en Constructor Civil
110 Sandoval Rodríguez M. Angel Sastre
111 Flores Pérez Julio Fidel Estudiante Ingeniería en minas.
112 García Vega Alfredo Gabriel Asistente social Rodolfo Fernando Garrido Suarez
113 Molina Mogollones Juan Enrique Técnico agrícola
114 Ugaz Morales Rodrigo Eduardo Trabajador Independiente Víctor Hugo Cisternas
115 Vasquez Saenz Jaime Enrique Estudiante Const.civil
116 Cortes Joo Manuel Edgardo Del Contador
117 Ríos Videla Hugo Daniel Estudiante Universitario Alonso Ignacio Albornoz Vargas
118 Acuña Reyes Rene Roberto Estudiante pedagogía
119 Perelman Ide Juan Carlos Ingeniero Químico

El asesinato del comandante Arturo Araya Peeters

2012-06-27


Arturo Alejandro Muñoz 
especial para G80Hace 39 años: el asesinato del comandante Arturo Araya Peeters

Se trató de un asesinato planificado para ir sentando al interior de la Marina de Guerra los principios que regirían el sanguinario golpe de Estado del 11 de septiembre. La derecha fascista perpetró el  crimen…Washington lo cobijó y financió. Nuestra memoria sigue viva.

EN LA MEDIANOCHE del día 26 de julio de 1973, el Edecán Naval del Presidente Salvador Allende, comandante Arturo Araya Peeters,  fue asesinado por un francotirador que le disparó a mansalva desde algún  lugar frente a su domicilio.

Poco antes había llegado a su casa, tras asistir –acompañando al mandatario socialista- a una recepción en la embajada de Cuba. Uno de los delincuentes que participó en el delito, Guillermo Claverie Bartet,  fue condenado a tres años de prisión. Sin embargo, no permaneció ni un día en la cárcel purgando esa pena. Incluso, estando prófugo, fue indultado por la dictadura gracias a una decisión del almirante José Toribio Merino Castro.

Se trató de un asesinato planificado para ir sentando al interior de la Marina de Guerra los principios que regirían el sanguinario golpe de Estado del 11 de septiembre, y a la vez un recordatorio de que todo hombre de la Armada que no estuviese de acuerdo con los planes fascistoides del almirante Merino Castro sería considerado traidor y castigado con la muerte. Así ocurrió con Araya, un hombre limpio y leal a la Constitución.

La noche del 26 al 27 de julio de 1973, un francotirador abrió fuego contra el marino, mientras los mercenarios de Patria y Libertad armaban una algazara en la calle frente a su casa, luego de hacer algunos disparos al aire a objeto de lograr que el edecán presidencial saliese al balcón de su domicilio para investigar lo que sucedía. En ese momento, una bala impactó en el pecho del comandante Araya Peters.

El crimen, que en su momento la derecha y los servicios de inteligencia navales intentaron achacar a fantasmales grupos armados de izquierda, fue en realidad la obra de una sórdida conspiración ultraderechista con apoyo de oficiales golpistas de la Marina.

Un total de 32 miembros de Patria y Libertad, cuyo fundador era Pablo Rodríguez Grez, fueron detenidos y procesados por la Fiscalía Naval, pero todos quedaron libres tras algunos tirones de orejas. Sólo uno de ellos, Guillermo Claverie, luego de haber estado un tiempo prófugo, resultó condenado a tres años y un día de prisión como autor material del crimen, pena que tampoco cumplió ya que, al final, todos los conspiradores fueron indultados en 1981 por el asesino y ladrón apellidado Pinochet Ugarte, “por servicios prestados a la Patria”.

En una entrevista publicada por el diario La Nación, Claverie juró que era inocente y aseguró que fue obligado a confesar tras sufrir múltiples torturas efectuadas por oficiales de la Marina y de la Fuerza Aérea, y que al parecer fue elegido como chivo expiatorio por sus jefes de Patria y Libertad, entre ellos Pablo Rodríguez.

Aunque admitió haber estado en el lugar de los hechos, dijo que siempre permaneció en la calle y que la trayectoria de la bala que mató al edecán, que estaba en un balcón, era de arriba hacia abajo. Afirmó además haber disparado su pistola después que vio caer al hombre del balcón y que en ese momento ignoraba de quién se trataba. Las declaraciones de Claverie fueron parte en la Corte de Apelaciones del alegato de Arturo Araya, hijo de la víctima y abogado querellante en el juicio.

El planificado crimen cometido contra el Comandante de la Marina y edecán del Presidente Allende, ocurrido en la calle Fidel Oteíza -entre Marchant Pereira y Carlos Antúnez- de la comuna de Providencia, fue en definitiva y claramente una bien montada operación terrorista de inteligencia y desestabilización política, estructurada por la extrema derecha junto a grupos fascistas y ultra nacionalistas insertos en las fuerzas armadas, quienes contaban con apoyo y financiamiento de la Central de Inteligencia Americana (CIA), tal como reconoció muchos años después el gobierno norteamericano al desclasificar sus documentos confidenciales.

Los golpistas del SIN (Servicio de Inteligencia Naval) ya venían ejecutando decenas de atentados y autoatentados con bombas, algunos previamente ‘negociados’,   como el realizado en la casa del Almirante golpista Ismael Huerta a mediados de julio de 1973 en Viña del Mar, con el objetivo de ir construyendo un ambiente favorable al próximo golpe de estado.

La ametralladora “Bataan” con la que el militante del Comando Rolando Matus y agente del SIN infiltrado en la empresa estatal ECON,  Guillermo Claverie Bartet,  disparó al comandante Araya después de hacer explotar una bomba señuelo y balear el frontis de la casa para hacerlo salir al balcón, fue suministrada por el SIN a través del Sr. Jorge  Ehlers Trostel, personaje que después –en plena dictadura-  ocuparía un alto cargo en el área de deportes (DIGEDER).

Claverie Bartet ya había sido detectado disparando contra tropas leales a la Constitución el día del tanquetazo (junio de 1973) desde una terraza de ECOM (el tipo creía que ese día la Marina iniciaba un golpe, eso fue publicado poco antes del golpe por el quincenario dirigido por Marta Harnecker, ‘Chile Hoy’). Fue echado de ECOM, pero no entregado a la Policía… ¡¡increíblemente!!

LOS ASESINOS FRAGUAN COARTADA INDIGNANTE

Al entonces teniente del SIN, Daniel Guimpert Corvalán junto con el capitán de Inteligencia de Carabineros Germán Esquivel Caballero, quien más tarde participaría en múltiples ‘desapariciones’ cometidas por el Comando Conjunto y el SICAR, le cupo realizar uno de los aspectos más sucios y cobardes del complot desestabilizador.

Al otro día del asesinato del edecán naval del Presidente Allende -un sábado- Esquivel y Guimpert recorrieron diversas comisarías buscando un “chivo expiatorio” a quién cargarle el crimen. El elegido fue un preso por ebriedad que trabajaba en una empresa CORFO (SEAM) y portaba un carnet de militante de un partido de la Unidad Popular (el Partido Radical).

Como eso no era muy convincente ni bastaba para completar sus planes, fabricaron un carnet del Partido Socialista  e interrogaron “privadamente” al funcionario que, sometido a salvajes torturas, se auto inculpó de haber participado en el asesinato “junto con un comando del PS-Elenos” y algunos cubanos. El mecánico de SEAM CORFO terminó encargado reo y procesado por la Justicia Naval bajo la dirección del Fiscal Aldo Montagna.

El nombre del mecánico eléctrico de Seam Corfo torturado por Guimpert y Esquivel era José Luis Riquelme Bascuñán y fue interrogado y encargado reo por  el ministro conspirador de la Corte de Apelaciones (Abraham Meerson) y por el Fiscal Militar Joaquín Erlbaum. El desgraciado mecánico tipo fue tan bien torturado que se echaba la culpa de haber participado en el crimen con un grupo de GAP’s y cubanos dirigidos por Bruno (Domingo Blanco) uno de los jefes del GAP.

Al día siguiente, los medios opositores y diversos políticos -entre los que destacaron los senadores derechistas Víctor García Garzena y Fernando Ochagavía, junto al diputado Demócrata Cristiano Claudio Orrego Vicuña  y al director del diario democristiano ‘La Prensa’, Jorge Navarrete- iniciaron una campaña de injurias y acusaciones contra el gobierno de la UP y la representación cubana en Chile.

El problema para los conspiradores de diversos pelajes y militancias que se concertaron en torno al falso hallazgo de los asesinos del comandante Araya fue que, a los pocos días, la Policía de Investigaciones detuvo a casi todos los miembros de la banda conformada por elementos del Comando Rolando Matus (CRM), Partido Nacional (PN), Democracia Radical (DR)  y Patria y Libertad, que habían participado directamente en el asesinato del edecán.

Entre ellos,   destacaban:  el presunto autor de los disparos (Guillermo Claverie), una dirigente de la Juventud del Partido Nacional y del CRM -Uca Eileen Lozano-, el hijo “Patria y Libertad” del conocido empresario panadero Castaño, Odilio Castaño Jiménez; el militante de Patria y Libertad, Luis “Fifo” Palma Ramírez, que dos años después tendría una destacada participación en el SIFA y en las desapariciones del Comando Conjunto, un sobrino CRM del psiquiatra de la DINA, Laihlacar, de apellidos Potin Laihlacar , el dirigente de la DR, Guillermo Schilling, y un militante del CRM, Miguel Sepúlveda Campos, hijo de un conocido almirante retirado. (**)

Los que no fueron detenidos se escondieron en un fundo de la Región de Valparaíso y se entregaron a un comando de la Marina al otro día del golpe. Los que estaban detenidos y procesados en las cárceles de Valparaíso y Santiago fueron sacados de prisión el 12 de septiembre por comandos del SIN e integrados a las actividades represivas. El crimen del comandante Araya quedó impune y con expediente desaparecido.

Cambia, todo cambia.

El teniente Guimpert Corvalán salió de la Marina a fines de los 70´s y se dedicó a regentar un negocio de venta de armas en las cercanías del Edificio de las FFAA en la Plaza Bulnes. Gozaba de libertad bajo fianza hasta que fue nuevamente detenido, inculpado en más de una decena de casos de detenidos desaparecidos, en algunos de los cuales fue incluso indultado a principios de los años 90´s.

Su cómplice en el intento de falsificación del asesinato del comandante Araya  -Guillermo Esquivel- llegó al grado de   coronel de carabineros en la DICOMCAR y fue detenido -por cheques protestados- en 1991. Falleció en extrañas y nunca aclaradas circunstancias en 1993, mientras estaba denunciado en diversos procesos por desapariciones y asesinatos.

Luego de 35 años del asesinato del valeroso edecán del Presidente Allende, la versión oficial que entregó la dictadura comienza a desmoronarse en los tribunales y emerge la verdad: Se trató de un crimen planificado por la derecha en contra del comandante Araya.  La medida, que la familia del oficial había solicitado por primera vez en agosto del año 2003, se aprobó ante la aparición de nuevos antecedentes aportados por Guillermo Claverie. 

El 28 de Abril de 2008, la Corte de Apelaciones de Santiago ordenó reabrir la investigación del asesinato. Por unanimidad, la Octava Sala del tribunal de alzada determinó que el juzgado a cargo del caso proceda a la reapertura de la investigación, tome testimonio a Guillermo Claverie Bartet (hoy tiene 63 años de edad) y realice otras diligencias que de ello se deriven.

El relato que Claverie entregó a los periodistas de ‘La Nación Domingo’, hace pocos años, mueve a la duda. Aseguró que todavía sentía miedo de lo que pueden hacerle los viejos (y nuevos) miembros de las cofradías golpistas.

Nunca pude leer mis declaraciones que me hicieron firmar en la Fiscalía Naval. Y un día que me puse a leer una de ellas, después de un interrogatorio, el secretario del fiscal naval Aldo Montagna, el oficial Jorge Garretón Iturra, se metió la mano a la chaqueta del uniforme y sacó una pistola. Y me dijo: ‘¡Oye, huevón, que leís tanto, agradece que todavía estai vivo y firma ahí!’. Y por supuesto que así siempre firmé todo”.

Sus confesiones confirman lo que los hijos del edecán han ido descubriendo en estos últimos años, hurgando en el expediente del juicio iniciado por la justicia naval y que culminó en 1980 con una condena de tres años para Claverie, como único autor material, y con penas inferiores por delitos menores para otros miembros del grupo que actuó esa noche: “Es que esa investigación está plagada de vicios”, sostiene Arturo, el hijo mayor del edecán, que es abogado.

Con estas confesiones de Claverie, los hijos del edecán lograron que la Corte de Apelaciones de Santiago ordenara reabrir el nuevo proceso iniciado a partir de la querella que interpusieron en 2003, pero que en su momento fue sobreseído y archivado por el 18º Juzgado del Crimen de Santiago.

Las preguntas quemantes.

Para hacer salir al comandante Araya al balcón, Juan Zacconi y Guillermo Necochea (miembros de ‘Patria y Libertad’) lanzaron una bomba frente a su casa. La llegada del edecán a su domicilio fue anunciada a éstos por otra bomba que explotó en las cercanías, lanzada por otro grupo. El segundo bombazo, el de Zacconi y Necochea, fue la señal para que el tercer grupo, que debía entrar por la calle Fidel Oteíza, cometiera el asesinato.

Los peritajes balísticos detectaron cinco impactos en los muros de la casa del capitán de navío. Pero las vainillas halladas frente a la casa sólo fueron cuatro. Con el proyectil que hirió de muerte al edecán, y que entró directo sin antes rebotar en parte alguna, los disparos suman seis. Pero nunca se hallaron las otras dos vainillas. Y las pericias balísticas establecieron que las vainillas encontradas en la calle, correspondientes a los disparos hechos por Claverie, no pertenecían al proyectil que perforó el cuerpo del edecán.

Eso significaría que al comandante lo asesinaron con un arma distinta, y le dispararon desde otro lugar -presumiblemente desde el frente de su casa-, ligeramente desde arriba hacia abajo. A pesar de todas estas evidencias, la investigación naval concluyó que el edecán de Allende murió por uno de los disparos de Claverie. Pero este insiste en explicitar muchas preguntas, todas ellas sin respuestas oficiales.

¿Quién hizo los dos disparos que varios testigos, según declararon en el proceso del Juzgado Naval, escucharon inmediatamente antes de que el edecán lanzara su ráfaga hacia el frente y minutos antes de que Claverie hiciera sus cuatro disparos?

Contrató el ex cadete naval Jorge Ehlers Trostel a un francotirador para que asesinara al   comandante Araya Peeters, aprovechando el caos que el mismo Ehlers ordenó crear al grupo de ultraderecha  esa noche en las cercanías de la casa del edecán?

¿Por qué Ehlers literalmente huyó a Alemania días después de que los hijos del edecán interpusieron la querella en septiembre de 2003, refugiándose en ese país hasta hoy?

¿Por qué nadie tomó en cuenta la declaración de dos prostitutas que figura en el expediente de la justicia naval,   quienes afirmaban que, paradas esa noche en la esquina de Pedro de Valdivia con Providencia y segundos después de escuchar disparos, vieron salir de un lugar a dos hombres corriendo, uno de ellos con un fusil en la mano, y que se subieron a una camioneta que tenía un disco que les pareció de vehículo fiscal?

Torturas, presiones y amenazas. 

Detenido preventivamente en la Cárcel Pública de Santiago, una mañana –aún en plena dictadura- los gendarmes sacaron a Claverie y le condujeron a la oficina de la Fiscalía Naval. En ese lugar, contó el mismo Claverie al diario La Nación, lo recibió el oficial naval Germán Arestizábal, quien oficiaba como actuario. “Me hizo subir a un Austin Mini, donde reconocí al oficial de la Fuerza Aérea de apellido Schindler, compañero de colegio”. Le vendaron la vista y lo llevaron a la Academia de Guerra Aérea, en Las Condes.

Ahí me amarraron a un catre y empezaron a golpearme en la planta de los pies con un palo o un fierro. Después me inyectaron en la vena lo que yo creo que fue pentotal, porque todavía no me sacaban mi propia confesión del crimen del edecán, como ellos querían. Nunca supe lo que respondí, pero no puedo haber dicho algo que era falso”, expresa.

Días después, al salir de una oficina donde había comenzado a trabajar, se le acercó un auto desde el cual descendió un  individuo que él conocía, el que le obligó a subir al vehículo.

Era el ‘Fifo’ Palma (Luis Palma Ramírez, que después integró el Comando Conjunto) y en el auto vi como cinco metralletas. El Fifo me dijo. ‘¿Sabís que ahora te podemos matar por andar hablando, huevón? Vos sabís que en esto está metida gente que ahora es muy importante. Que no se te olvide’”.

Esa última frase del tal ‘Fifo’ Palma –suponiendo que Claverie dice la verdad- es la que deberá dilucidar el juzgado a cargo de la reapertura del caso, pues resulta vital establecer la identidad de aquella “gente que ahora es muy importante”.  ¿Qué tan ‘importante’ es hoy esa gente? ¿Parlamentarios? ¿Empresarios? ¿Diplomáticos chilenos en el extranjero?  ¿Oficiales retirados de las Fuerzas Armadas? ¿Oficiales aún activos? ¿Dirigentes políticos? ¿Dirigentes de gremios patronales?  Tarde o temprano el país conocerá sus nombres, los que serán agregados al de Guillermo Claverie, quien sí estuvo en uno de los grupos sediciosos y criminales aquella infausta noche.

(**) LA LISTA DE INTEGRANTES DEL COMANDO ASESINO (publicado por Revista ‘CAUCE’  Nº 15, del 09/07/1984).

René Guillermo Claverie Bartet
Mario Eduardo Rojas Zegers
Guillermo Francisco Necochea Aspillaga
Miguel Víctor Sepúlveda Campos (hijo de un Almirante (r))
Uca Eileen Lozano Jeffs (CRM-JN)
Guillermo Adolfo Schilling Rojas (primo del ‘Mamo’ Schilling, dirigente del Partido Socialista)
José Eduardo Iturriaga Aránguiz
Luis Guillermo Perry González
Luis César “Fifo” Palma Jiménez (posteriormente, fue miembro del Comando Conjunto)
Ricardo Vélez Gómez
Rafael Mardones Saint Jean (primo hermano de José Luis Mardones Santander, Presidente del BancoEstado)
Adolfo Palma Ramírez (hermano del Fifo Palma)
Enrique Quiroz Ruiz
Wilfredo Humberto Perry González
Odilio Castaño Jiménez (actual co-dueño de la cadena de panaderías ‘Castaño’)
Carlos Fernando Farías Corrales
Juan Zacconi Quiroz
Andrés Pablo Potin Lailhacar
Tito Alejandro Figari Verdugo

Arturo Alejandro Muñoz

 

Setenta y dos horas en Londres 38. Patricio Rivas

Revista de Estudios Sociales


rev.estud.soc.  no.25 Bogotá Sep./Dec. 2006

Setenta y dos horas en Londres 38

Patricio Rivas

Sociólogo, Doctor en Filosofía de la Historia. Fue profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Chile y Coordinador General de la División de Cultura del Ministerio de Educación de Chile. Actualmente es el Coordinador del Área de Cultura del Convenio Andrés Bello. Premio Nacional de Ensayo de Chile.


RESUMEN

A partir de referencias directas con su pasado en Chile, durante los años de la dictadura de Augusto Pinochet, el autor presenta un desgarrador testimonio de las torturas y vejaciones de las que fue víctima durante la represión militar.

PALABRAS CLAVE

Chile, memoria, represión, militares, trauma.


Seventy-two hours in London 38

ABSTRACT

Based on direct references to his past in Chile—during Pinochet’s dictatorship—the author presents a heart-rending testimony of the tortures and ill-treats he had to endure during the military repression.

KEYWORDS

Chile, memory, repression, militaries, trauma.


Desde el primer momento entendí cómo era el mundo de los hombres del coronel Manuel Contreras. Fui arrojado al piso de una camioneta enlodada. Recibí golpes, patadas y puñetazos. El trayecto duró más de media hora; de vez en cuando sentía el ruido de los automóviles y las voces de personas que caminaban sin sospechar que a su lado circulaba una camioneta de la DINA. El vehículo ingresó por una estrecha calle de adoquines. Estaba en Londres 38. Me bajaron al interior de un zaguán, a tientas reconocí una mesa de escritorio donde se controlaba el acceso de los agentes. Preguntaron mi nombre y fecha de nacimiento, me sentaron en una silla de madera y fierro y me esposaron por la espalda. Una especie de coro infernal repletaba el recinto. Oía gritos en distintos tonos, desde distintas bocas, que se mezclaban con las órdenes de los agentes. Eran gritos de espanto que mordían el aire y que al terminar seguían vibrando en el espacio. No eran gritos de miedo, eran de soledad frente a lo incomprensible. Las voces de esos jóvenes quedaron ahí para siempre y luego la certidumbre de que no se esfumaron. Se les vio con sus rostros marchando por la Alameda, frente al palacio de La Moneda, un día del 2004 en que se recordó a los 119 asesinados en la Operación Colombo.

Uno de esos interrogatorios se ha esculpido en mi memoria. Un oficial preguntaba por una casa, después venía la sucesión de bofetadas y golpes, aparentemente de palos, ante cada silencio del torturado. Él lanzaba gemidos sordos en un intento por reprimir el dolor. Al tiempo que escuchaba esa escena, percibía que algunos prisioneros hablaban entre ellos. En el nivel del tormento hay dos juegos, en uno se hacen preguntas singulares, concretas y focalizadas; en otro, más allá de la información perseguida, se busca doblegar al prisionero. Estoy convencido de que el compañero murió ese mismo día. No respondió, sólo se replegó hacia la muerte. Permanecí alrededor de una hora y media sentado en la frágil silla, amordazado y vendado. Pasado ese tiempo me quitaron las esposas y me hicieron subir al tercer piso por una escalera de madera, corta y angosta, que conducía a una especie de buhardilla. Hacía frío y se escuchaba una radio. Los locutores relataban el partido en que la selección chilena abrumaba a goles al equipo de Haití; la noticia alegraba a los guardias y oficiales que celebraban con infantil nacionalismo. Todos se burlaban de los negritos. El dolor agónico de quienes sospechaban su inevitable asesinato se combinaba con la alegría de los torturadores frente a un partido de fútbol. Sus risas, sacadas de contexto, podían provenir de sujetos normales, amistosos, que disfrutaban en las salas de sus casas.

– A ver, a ver ¿a quién tenemos aquí? —dijo uno de ellos.

– A uno de los hijos de puta que está preso en el SIFA. Al Gonzalo—comentó otro.

– ¿Al cabrito que se nos arrancó? A ver si ahora intenta algo. Dejémoslo solito para ver cuánto alcanza a correr.

– Comencemos, que luego van a llamar por teléfono para ver cómo nos va con este muñeco.

Casi sin dar órdenes ni mediar palabras fui llevado a un pequeño cuarto donde fui desnudado y, como un animal aturdido, fui colgado entre dos muebles que logré ver por debajo de la venda. Además de la corriente eléctrica que aplicaban en todas las zonas de mi cuerpo, recibí golpes de puño y patadas en la espalda que casi me hicieron perder la conciencia. Sentí un crujido en la columna vertebral, luego otro. Después sentí muy poco dolor. Todo el tiempo que estuve en Londres 38 permanecí en esa posición.

– ¿Dónde vivías? ¿Dónde está el depósito de armas que controlabas? ¿Cuáles son las casas de reunión del Comité Central en Santiago? ¿Dónde vivías? ¿A qué huevón vas a entregar tu casa?

Las preguntas eran calcadas a las que me habían hecho los agentes del SIFA. Era evidente que la Fuerza Aérea estaba infiltrada por la DINA. En ese momento yo era testigo de la guerra de los servicios de inteligencia; de la disputa por el liderazgo estratégico de la represión. Repitieron el mismo guión durante varias horas. Presentía que la reiteración de mis respuestas era la única posibilidad de que creyeran en mi relato. Había terminado el partido con el triunfo de Chile. Algunos gritos cesaron y hubo un cambio en el equipo de torturadores. Amanecía. A la distancia se escuchaba el ruido de los automóviles. Los nuevos agentes se sentaron, aparentemente, en una habitación contigua. Yo seguía colgado y buscaba acomodarme para descansar. Cuando entró el primero de ellos oí sus pisadas vacilantes, caóticas. Podía oler un rancio olor a vino que se mezclaba con el olor a sudor y cigarrillos. No sabía si me daba más miedo ese olor y la locura que ocultaba o la inminencia de una nueva sesión de tortura. Me preocupaba si el formato de las preguntas se mantendría dentro del programa inicial. Por fin comenzaron. Pasaron segundos, minutos, horas. Lejos se escuchaba una radio… -Ay Rosa, Rosa, tan maravillosa—Sandro cantaba desde el pasado.

– ¿Dónde vives? ¿Cuáles son los recambios de las direcciones regionales? ¿Dónde están las armas? ¿Dónde está el dinero? ¿Dónde está el Tavo y la Gringa? Combinaron nuevas descargas de electricidad con golpes de pie y puño; la mezcla provocaba grandes espasmos y saltos en todo mi cuerpo. En un momento el palo crujió y se dobló hasta romperse. Rodé por el suelo y se desprendió la venda, entonces miré a mis torturadores, con asombro reconocí a Osvaldo Romo Mena, enemigo patológico del MIR.

Romo tenía un resentimiento histórico con los miristas. Desde fines de los años sesenta lo habíamos visto desplazarse como un pequeño mercenario de sus propios intereses. No era alguien en quien pudiéramos confiar. El dirigente Víctor Toro había hecho una radiografía muy certera de su psicología. Éste, por agradar al que tiene poder, está dispuesto a vender su alma. Romo me miró desconcertado, puso la venda en su sitio y me sentó sobre una silla.

– No puedo explicarte qué estoy haciendo aquí, pero no te preocupes—dijo y salió del cuarto. Entraron otros hombres más fétidos y gritones que los anteriores.

Veintinueve años después esperaría a Romo en la sala de un juzgado para declarar en la querella por la desaparición de Jorge Espinoza, el hermano de Juancho. Venía fuertemente custodiado. Su aspecto era repugnante, monstruoso. Todas las miserias de su alma se expresaban en su cuerpo. Intentó ser astuto ante el juez.

– Me acuerdo de Gonzalo, después se llamaba Pablo. Lo torturó Marchenko, yo no tuve que ver con su traslado a Londres.

Con su actitud de víctima parecía un pobre diablo. Su tamaño, su gordura, sus tics, configuraban la silueta de una marioneta desarticulada. Hice ver al juez que sólo mis compañeros, y no sus asesinos, podían decirme Gonzalo. Me miró torva y lastimeramente.

Sonó un teléfono. No alcanzaba a comprender qué hacía un aparato como ése en un lugar de tortura. Asociaba su sonido a conversaciones deseadas, anheladas; aquí servía para que el jefe del grupo se comunicara con su mando superior. Escuché la conversación. Imaginé que al otro lado de la línea un hombre hablaba desde su casa, rodeado de sus hijos. El país oficial a un lado, el real al otro. En uno los que no querían ni saber ni ver esto; en el otro los que tenían la voz y el alma cansada de tanto defender a los suyos.

– Sí, mi capitán…veremos ese tema…no le creo…seguiremos intentando…mandaremos a Ceballos a la mierda. Déjemelo a mí.

El breve descanso reanimó mi cuerpo y ordenó mínimamente mi cabeza. Recibí más electricidad y nuevos golpes, además de una inyección posiblemente de Pentotal, la llamada droga de la verdad. Quedé tendido en el suelo. Me molestaba el olor a suciedad que emanaba de las ranuras de las tablas. Debajo de ellas se escuchaban lamentos. Me quitaron la venda en una habitación más bien larga y baja. En el centro del cuarto pude ver una mesa tosca, cubierta por una tenue luz amarilla. Vi a una hermosa joven desnuda a la que los torturadores llamaban La Socia. Estaba brutalmente golpeada, tenía marcas de quemaduras de plancha en la cara y en la zona de los pechos. Agonizaba. Me miró con unos gigantescos ojos verdes y con actitud de madre.

– No digas nada, no sirve contar nada—susurró.

– Cállate, puta de mierda—gritó uno de los torturadores— ¿o quieres más?

Ella irguió con fuerza moral de lo femenino, su rostro destrozado. Ese cuerpo tenía un alma incólume. No importaba si físicamente había sido violada, era éticamente de una sola pieza.

Yo no lograba comprender la situación. De pronto, entre la luz, surgió una voz y un revólver.

– ¿Dónde vives?—me interrogó—Si no hablas, la mato. Miré el rostro impertérrito de la mujer. En su cara había una mueca parecida a una sonrisa. Oí el disparo. Mi pecho y mi rostro quedaron bañados en sangre. Sentí un odio sin límites. Traté de pararme, pero me golpearon hasta quedar semiconsciente.

– Vamos a seguir—amenazó uno de los hombres. Temí que fuese cierto, pero no hicieron nada. Tenía la cabeza en blanco, sólo veía la foto fija de los recuerdos.

La cara de la mujer no ha dejado de estar presente en mi memoria. Tampoco el ruido del disparo ni el breve silencio posterior que inundó el recinto. He tratado de pensar qué sucedió verdaderamente. Algunos me dicen que fue un montaje, una macabra puesta en escena, que no veo con claridad debido al estado de perturbación en el que estaba. Otros me recomiendan traicionar mi recuerdo y contar esta experiencia como un simulacro. No tengo pruebas ni testigos. En el fondo de mí he deseado que esto no hubiese ocurrido, pero al evocar los detalles regreso al dolor de la verdad.

Estuve setenta y dos horas en la casa de Londres 38. En cada uno de los segundos de esas horas sentí el vértigo de la muerte. Mi deteriorada condición física fue un argumento determinante para ser trasladado con urgencia al Hospital de la Fuerza Aérea. No tengo imágenes nítidas de mi paso por ese lugar. Recuerdo figuras fantasmales, enfermeras, luces. Regresé a la Academia de Guerra por el pasillo largo del subterráneo, portado en vilo por dos soldados, observé de refilón las caras de pánico y lástima de la gente que estaba alrededor. Sólo deseaba tomar una taza de té y dormir para siempre. Desde ese momento La Ardilla empezó a cuidarme, me daba la comida en la boca y varias veces me regaló su postre, el más preciado de sus platos. Alguna vez, en Guatemala, Gonzalo habló con Pablo Monsantos sobre el misterio de la tortura. La represión en ese país fue una de las más violentas en la historia latinoamericana. El Informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, redactado en 1999, estimó que los desaparecidos y muertos fueron más de 200 mil; de ellos, 50 mil fueron víctimas de violaciones a los derechos humanos. El caso de Guatemala no sólo le impacta por la envergadura de la represión o porque el Estado o los organismos paramilitares vinculados a él fueron los responsables del 93 por ciento de las violaciones. Lo que le sorprende es la crueldad. Hubo torturadores que tras cortarle la cabeza a un prisionero, abrían el vientre de su compañera y depositaban la cabeza en su interior. El genocidio de pueblos completos fue una práctica habitual en ese país.

– Las personas no hablan o se doblegan producto del dolor. El dolor intenso aturde. Lo que sienten es el pánico a lo desconocido; el pavor a estar completamente sometido a la voluntad de otro. Es la pérdida de humanidad e identidad la que produce el derrumbe.

¿Sabes?, muchos compañeros que aguantan la tortura luego se derrumban por otras cosas, no por el dolor—le decía Pablo. Se desmoronan por miedos básicos, temen que los muerda un perro, pasar frío o hambre. No existe una coherencia unívoca frente al dolor.

Cada vez fuimos quedando menos habitantes en la pieza número 1. Hacia el verano de 1975, La Ardilla, El Pato y yo éramos experimentados prisioneros. La forma en que se expresa la amistad y el cariño en instantes como éstos es maciza. El vínculo es tan intenso que los otros se convierten en tu extensión espiritual. Llegas a conocer las respiraciones, las miradas, la manera de girar la cabeza, el modo de hablar.

La relación que construimos fue puesta a prueba antes de ese verano. A fines de julio de 1974 logré escribir tres cartas a Miguel Enríquez. En la primera le hablaba de los detenidos, le contaba de Ceballos y Oteíza, de las torturas, de la información que creía que ellos manejaban. Una tarde en que leía subrepticiamente su segunda respuesta fui sorprendido por el guardia.

– ¡Entrégueme ese papel!—dijo, amenazante. Estaba seguro de que si lo hacía los tres habitantes de la pieza 1 moriríamos.

– No tengo ningún papel, se equivoca, vio mal—mentí.

– Voy a buscar a mi oficial.

Lancé la carta a las garras de La Ardilla. Cuando el soldado regresó con el oficial de turno no había pruebas. Fui castigado por sospecha, me dejaron de pie en el pasillo, no me dieron comida durante un par de días, pero se salvó la vía de comunicación con Miguel y la vida de mis amigos. Sólo dos personas sabían la trama completa, además del suboficial allendista que había sacado las cartas desde la Academia de Guerra. Por intermedio de un enlace, el suboficial hizo llegar la carta al Tavo, su ex cuñado, quien la entregó a Sergio Pérez, hasta llegar al Secretario General del MIR. Informes completos, redactados en pequeños papeles, partieron hasta la casa de la calle Santa Fe. Miguel respondió en dos ocasiones. La primera vez envió cerca de treinta papeles de cigarro, escritos con letra menuda. Expresaba su afecto y hacía preguntas muy específicas: número y nombre de los prisioneros, formas de interrogatorio y tortura, identidad de algunos oficiales. En la segunda carta entregaba información general del MIR y un análisis de la situación política. Miguel moriría antes de responder por tercera vez.

Las cartas de Gonzalo y la última de Miguel se salvaron y fueron publicadas por la prensa mirista en Europa, mientras él aún estaba detenido en la Penitenciaría. Le preocupa no saber qué ha pasado con quienes lo ayudaron a que circulara esa correspondencia. Decide no desenterrar los detalles sobre ese episodio. No por ahora. Hay un imperativo de cuidar a todos los que han confiado en él; de extender la moral hasta el fin de los tiempos de cada cual. Quizás esa es la identidad de todos los partisanos en las historias de las resistencias. Eventos que no terminan jamás de dialogar con la intimidad.

La DINA era el último infierno del Régimen, el lugar donde morir. Era un descanso, pero también la vitrina de esa dualidad entre seres perdidos en sus miserias disfrazadas de doctrina militar y la humanidad extensa, plural y densa de los prisioneros. El SIFA de 1974 fue un purgatorio sistemático, un juego cruel y experimental de quebrar moralmente al detenido. En el largo plazo, ni en uno ni en otro lugar triunfaron, porque los heridos de todo tipo se reagruparían, no sólo para impedir la amnesia, sino que además para demostrar que los que no están son inmortales.

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11 de septiembre de 1973: trauma, testimonio y liberación a través del cine documental

  • 11 de septiembre de 1973: trauma, testimonio y liberación a través del cine documental
  • The Chilean 9/11: Trauma, Testimony and Liberation through Documentary Film
Carolina Larraín Pulido

Resumen

El artículo examina cómo experiencias de trauma histórico han sido abordadas desde el cine documental por medio de la construcción del testimonio de un evento que muchas veces no cuenta con testigos ni evidencia directa, y que en ocasiones se hace inaccesible debido a la existencia de mecanismos psicológicos post-traumáticos. Se revisará cómo los documentales El Tigre Saltó y Mató, pero Morirá… Morirá… de Santiago Alvarez y Salvador Allende de Patricio Guzmán abordan los hechos ocurridos tras el golpe de estado chileno el 11 de septiembre de 1973, revisando las estructuras y recursos narrativos desplegadas en estas obras para dar cuenta del evento y demostrar el potencial liberador del cine documental.

Abstract

The article examines how historical trauma has been explored through documentary film, considering difficulties such as constituting a witness to an event which sometimes does not have any material evidence or witnesses, and which can be unavailable to its victims due to post-traumatic psychological mechanisms. The Chilean 9/11; trauma, testimony and liberation through documentary film looks at how films such as Santiago Alvarez’s El Tigre Saltó y Mató  and Patricio Guzman’s Salvador Allende confront the events that occurred after the Chilean Coup d’ Etat in 1973, specifically analyzing the narrative structures and resources that were used to give an account of this traumatic event as well as documentary film’s liberating potential.

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