Acerca de ‘Una Mujer en Villa Grimaldi’

Acerca de ‘Una Mujer en Villa Grimaldi’

¿Qué puedo escribir acerca de un libro como este?
¿Qué se puede decir de cara a este testimonio?
Mejor sería quedarme callado y hacer un minuto de silencio. Inscribirme como corresponde en este espacio de la tierra. Ubicarme como se debe en este trozo de nuestra historia. En silencio. Mejor sería contemplar la Villa Grimaldi y escuchar sus voces, los susurros, los llantos universales de los inmortales. Siempre he sentido que para re imaginar la izquierda, es fundamental situarse donde alguna vez otros la imaginaron antes.
Entender un lugar político casi inimaginable para mí. Esto es algo tan complejo como lograr mirar con los ojos de otra persona. Es lo que cotidianamente uno no siempre hace. Ponerse en el lugar del otro. ¿Dónde encontrar entonces esos fragmentos, de los que antes que yo imaginaron la izquierda? ¿Dónde buscar los restos de ese proyecto, de ese relato?
Recibo este libro de manos del “Pájaro”, Osvaldo Torres, y cuando me mira con esos ojos brillantes y esa sonrisa sin dientes, que me llamaron la atención desde chico, ni siquiera sospecho lo que se trae entre ceja y ceja. No dimensiono el acto generoso e íntimo de poner este testimonio en mis manos. Es una invitación que uno recibe pocas veces en la vida. Porque es un viaje hacia lo más intimo de su biografía. Una ventanita que me devela su historia de amor con la autora, su historia de horror con la vida. Yo crecí escuchando, entre asados y ensaladas chilenas, las historias de los miristas. “La Keka”, mi madre, y El “Ra”, a quien desde mocoso yo adoptara como padre o el me adoptara como hijo, ya no se, aunque siempre han hablado poco, no pudieron evitar que me inmiscuyera entre sus amigos y sus historias fantásticas de revoluciones y guerrillas.
Recibí mi apodo heredado de uno de ellos, “El Tito”, “Pecho de Buque”, y leyendo este libro me enteré de que se llamaba Agustín, y que su madre lo educó haciendo de las noches día, tocando el piano en los bares de Valparaíso, que tuvo un nieto Noruego, que debe ser un par de años mayor que yo, y que murió sola en una casa surrealista de algún cerro del puerto, con un hijo acribillado, o reventado por una bomba, bien incrustado en la memoria y en mas de algún álbum de fotos. Pero leyendo este texto me enteré también de la inmensa brecha que crece y crece entre la realidad y la ficción mientras más uno las compara. Porque me enteré de la tortura como no me había enterado nunca. Me enteré de Chile. Me enteré de mi pueblo.Novelas como ésta duran cien años y engendran pueblos enteros de hombres y mujeres fantásticos. Árboles genealógicos gigantescos y mágicos. Y ante eso, hasta la muerte se me vuelve minúscula y transparente. Porque los que fueron quedando en el camino se me agigantan en la memoria.
Esa muerte no es de los muertos, les queda chica porque no les pertenece.Con esa imagen en la cabeza, y para sumergirnos con libertad en una reflexión más amplia acerca de este texto, identificando los temas motores de una generación, y así encontrar una concordancia entre mi generación y la de ellos (que son mis padres), entre nuestras políticas y nuestras poéticas de trabajo, se vuelve indispensable muscular un discurso desde el profundo conocimiento del imaginario de los que fueron edificando el camino.
A lo largo de su novela, la autora ha sido capaz de delinear un universo literario inconfundible, tal vez porque proviene de las fauces de la realidad más bestial, en el que elementos como la contemplación, y la radiografía instantánea, una suerte de certero disparo fotográfico hacia nuestras almas, hacia el horror y maravillosamente también hacia la belleza, hacia el amor más genuino, más generoso; operan de oficio en lugares cruzados por la precariedad, los sueños y la sensibilidad ante el mundo.
Su narrativa aparece como proyectada desde un enorme monólogo, es la idea de un diario de vida que nos conduce implosivo, explosivo y acumulativo hacia las más macabras y profundas veredas. De pronto desde una fluidez casi inasible, y luego, instantáneamente, desde lo más espeso y oscuro de nosotros mismos. Su obra, como mecanismo, como artificio, como testimonio, ilumina ciertas zonas oscuras y nos devela sectores ocultos del alma humana. Esto sucede porque al igual que los poetas de nuestro territorio, Nubia Becker Eguiluz, pese a estar hablando desde una memoria personal y colectiva, repentinamente calla y se mueve, casual y libremente en el mundo de las relatividades. Y ahí aparece, a mi modo de ver, su efecto más perturbador, donde la autora no se divorcia jamás, de la perspectiva violenta y dolorosa que ha marcado su existencia y su escritura, aparece un olor a ausencia, un sabor a sangre y tierra, a soledad triste y dolorosa, a enfermedad, hebra por la cual pareciera que todo se destruye, todo se pierde, todo acaba rompiéndose y muriendo, todo queda confinado a la soledad y la ausencia, que por momentos parecieran signos atávicos en la novela.
Pero cada tanto una tregua, algo resucita desde la creatividad, desde la risa, un encuentro, una canción, algo que nos convida a espiar en lo bello de las cosas, algún cuerpo amable, un mensaje secreto, cada tanto, siempre una mano amiga que nos rescate de la angustia. Porque este libro, y en oposición a ciertas posibles lecturas, no es solo enfermedad, no es solo encierro y tortura, no es solo observar a la prisionera contemplando su propia e infinita impotencia, su propio extermino, no es solo todo aquello que se asoma como un sentimiento estremecedor, no es toda esa carne cuesta abajo, viniéndosenos encima como el tiempo, de la mano de una vida que transcurre aceleradamente, que nos atraviesa el cuerpo y se nos escapa a su antojo, instalando una conciencia que permite observar ese presente como una resolución absoluta. Sino que es también la idea de que existe un devenir, una posibilidad, un enclave interior irreductible, un cuerpo que respira y devora la existencia.
Aparece como anestesia en mitad de la tortura, el cuerpo, el propio y el del otro, que se buscan en todos los rincones y la esquinas posibles, en la mosca suspendida en el aire y en el roce, en la figuritas de miga coloreadas con el rouge o el rímel, el contacto más sencillo de la carne con la carne, que aparece como una revancha, en el intencional contacto con el cuerpo del otro, no en el impuesto, sino que en el que uno opta. Porque siempre puedo optar por algo, pareciera decirnos Nubia Becker Eguiluz, la autora resiliente. Recalcitrantemente resiliente. Y eso es un antídoto revolucionario, porque propone un sistema de relaciones distinto entre los individuos, incluso frente a la más gigantesca e inimaginable adversidad.
Al recorrer estas páginas el lector se asoma a temas frente a los cuales se ha vuelto indiferente, como un mensaje duro y explícito, aunque por pasajes también altamente poético, acerca de nuestra mas reciente historia, acerca del miedo a la muerte y al abandono, acerca de la impotencia frente al mundo y su enfermedad, frente al estado de las cosas, como una suerte de declaración de principios que buscan reivindicar una mirada perdida, un contacto con la belleza en medio de la oscuridad, un escudriñar en el abismo espeso y fascinante del alma humana.
Desde cierta perspectiva, intuyo que la gran vigencia de su proclama, se ancla en los problemas del mundo y de la cultura occidental que aún están sin resolver; la revolución, la sexualidad, el amor, la muerte, el desasosiego y la huída. El optimismo neocapitalista actual contrasta fuertemente con la realidad horrorosa de sus personajes, seres huérfanos, abandonados, exterminados, de una identidad difuminada a palos, como bien nos dice Zurita en el prólogo, ya no interesa el lugar, no importa si es un descampado, Auschwitz, Villa Grimaldi, Guantánamo, Latinoamérica o África, es un centro de extermino, es una cicatriz, un tajo en la línea del tiempo.
En este sentido, pareciera que a la autora no le interesa hablar desde un discurso que moralice, o que se acerque a temas coyunturales o transgresores, ni que intente iluminar cierta dirección o alternativa que nos conduzca hacia acá o hacia allá, sino que le interesa contribuir en la escritura que el arte propone sobre estos temas, que son nuestros, y hacerlo desde una mirada no oficial, amoral, como una radiografía de un instante nacional, imagen que no será jamás una fotografía polarizada, congelada y detenida, debido a que debajo de ella existen un sinfín de capas que constituyen esa película, ese momento, ese presente, sin juicios oficiales, simplemente expuesta. Solo desde el arte es posible manifestase con respecto a lo intimo y lo perverso de nuestro espíritu, y es una responsabilidad hacerlo. Aquí se plantea la visión de que el problema de la memoria no es precisamente verse desconectados de ella, sino que sentirse irremediablemente ligados a ella sin encontrar representatividad.
Siempre sentí que pertenecía a una época y a una generación compleja, que encontraba una vía de escape a sus carencias, en la atomización de las relaciones humanas, en respuesta a un modelo social que no los satisfacía, o bien no los contenía, provocando así su desadaptación y marginación. Frente al abandono y la incomunicación que los envuelve, muchos jóvenes parecían tomar la opción (o se veían forzados a tomarla) de emanciparse, de individualizarse en extremo, en respuesta a una sociedad que no los legitimaba. Pero como en todos los grandes procesos sociales de nuestra historia, cuando el estado abandona al sujeto, y en el caso del nuestro sale a validarse frente a los mercados globales, comienzan a gestarse ciertos flujos subterráneos, pluriclasistas, no excluyentes, que bullen bajo la superficie de las cosas hasta que eclosionan y emergen en movimientos de masas tan magníficos como el de los estudiantes chilenos de hoy en día. Y me tapan la boca.
Hay una generación que viene pisándome los talones y que está volviendo a escribir su historia en conjunto. Que está empezando un nuevo relato colectivo. En esa coyuntura, una lectura como la de este libro, contribuye a desempolvarnos a nosotros mismos, para tender un puente entre una generación y otra. Porque Nubia Becker Eguiluz pretende hablar del ser humano y para el ser humano, a través de un método que persigue devolverle al testimonio su protagonismo, alzándolo como el principal soporte narrativo de la literatura. Así nos muestra una patria reciente que convive con las heridas del pasado, con esos fantasmas que intenta olvidar, para que sean invisibles, para que no estén ahí. Intenta, a través de sus páginas, exponer una situación social que somete a grupos humanos a las estructuras de otros más poderosos, y busca abordar la literatura desde un lenguaje que nos permita comunicarnos, en un dialogo abierto y horizontal con el lector.
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Derechos Humanos: ¿hemos avanzado en 50 años? Ana Piquer

Blog: La Cooperativa
Derechos Humanos: ¿hemos avanzado en 50 años?
Ana Piquer
Amnistía Internacional se creó hace 50 años, cuando Peter Benenson, un abogado inglés, supo del caso de unos jóvenes en Portugal que fueron encarcelados debido a que brindaron por la libertad.
Él sintió la necesidad de hacer algo al respecto y publicó un artículo en un periódico llamando a la gente a actuar. Fue tan masiva la respuesta, que derivó en la formación de un movimiento, que ha ido progresivamente creciendo hasta tener hoy más de 3 millones de miembros y simpatizantes en más de 150 países.
50 años después, me surgen dos reflexiones relevantes.
La primera, es una cierta sorpresa al ver que las violaciones a los derechos humanos siguen tan presentes como antes, en Chile y el mundo.
El caso de Portugal ya quedó en la historia, pero hoy conocemos casos como el de Filep Karma, condenado a 15 años de cárcel en Indonesia por izar una bandera de la independencia papú. Este hombre no cometió ningún acto de violencia ni abogó por la violencia, simplemente expresó su opinión a través de una bandera.
Ahora, pensando en lo que sucede en Chile, aquí ya no se producen violaciones de derechos humanos como las que sucedieron entre 1973 y 1990, pero eso no significa que los derechos humanos sean algo del pasado.
Siguen presentes muchísimos temas que implican vulneraciones a los derechos humanos, como las reclamaciones de pueblos indígenas, las alegaciones persistentes de violencia policial en el contexto de manifestaciones, la discriminación racial o por orientación sexual, siendo la noticia de la niña discriminada en su colegio en Viña del Mar por tener dos madres, uno de los casos más recientes.
Puede que cambien de forma y de énfasis, puede que haya algunos avances y otros retrocesos; pero, en definitiva, hoy no existen países que puedan declararse libres de violaciones o abusos a los derechos humanos. Existe mucho trabajo por delante para obtener el pleno respeto y protección de lo humano en el mundo.
La segunda reflexión es el lado positivo de esta misma historia: el poder de las personas para cambiar el mundo.
Un ejemplo: Amnistía Internacional cada año en diciembre realiza una “Maratón de Cartas” por un grupo de personas víctimas de violaciones a sus derechos humanos en diferentes partes del mundo.
El año 2010, se escribieron más de 636.000 llamamientos y mensajes de apoyo, de personas en más de 50 países. Esto derivó en que en que al menos 7 personas tuvieron mejoras en su situación: fueron liberadas, se sintieron apoyadas, obtuvieron algún tipo de protección para ejercer sus derechos.
Otro ejemplo: el año 2010, con el inicio de la llamada “primavera árabe”, podría recordarse como un año decisivo en que activistas y periodistas usaron las nueva tecnologías para alzar su voz contra el poder y, con ello, ejercieron presión para lograr un mayor respeto a sus derechos humanos.
Como alguna vez me dijo mi padre, la realidad es que las personas se comportan mejor cuando saben que las están mirando. Esto es cierto también para los gobiernos y demuestra el poder que tiene la información, la presión que genera que se conozcan ampliamente las violaciones de derechos que se cometen.
El poder que tiene visibilizarlas, traerlas a la luz. En este sentido, si algo hemos aprendido en 50 años es que en materia de derechos humanos sí es posible hacer que las cosas cambien, pero todavía quedan muchas que necesitan cambiar.

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http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2011/11/22/%e2%80%9cnos-tiraron-desnudos-amarrados-a-un-somier-metalico-con-aplicaciones-de-electricidad%e2%80%9d/

2 de Noviembre de 2011Patricio Bustos, director del SML, torturado por Krassnoff:

“Nos tiraron desnudos, amarrados a un somier metálico con aplicaciones de electricidad”

Junto a su pareja fue golpeado y vivió la brutalidad de la dictadura en Villa Grimaldi. El médico escuchó los gritos del militar; órdenes que se transformaron en la cara más nítida de la represión. Aguantó el dolor de ser sometido a la parrilla eléctrica también junto a su compañera. De ser torturados al mismo tiempo. El funcionario público decidió no callar. Si usted todavía no sabe por qué causó indignación el homenaje a Krassnoff, acá tiene una respuesta.
El mediodía del 10 de septiembre de 1975 caía cálido sobre Manuel Montt con Providencia. El doctor Patricio Bustos entonces tenía 24 años, un trabajo en un laboratorio clínico y una compañera odontóloga.
Ambos habían sido militantes del MIR en Concepción; él incluso fue presidente de la Facultad de Medicina.
Fue entonces, esa tarde, cuando la fecha del 10 de septiembre se volvería dolorosa para siempre. Y cuando la cara y el nombre de Miguel Krassnoff se grabaría con sangre en su cabeza, en su cuerpo.
¿Qué puede sentir un hombre torturado por un criminal cuando sabe que 38 años después un puñado de gente lo quiere homenajear?
-Indignación.
Es lo primero que responde el profesional al frente del Servicio Médico Legal, que ve, además, todos los días también temas de Derechos Humanos. Ya no sólo los relacionados con la Dictadura; también la de los presos muertos en la cárcel de San Miguel, los muertos en una carretera o en Juan Fernández.
-Indignación. No cabe otra palabra –repite–. Me indigné como mucha gente. Reviví lo que me pasó a mí y mi compañera y otras personas que estábamos en manos de ese criminal, que no estaba solo. Estaba con Marcelo Moren, con Osvaldo Romo, con los trabajos que hacían Manuel Contreras, que iba a Villa Grimaldi. Reviví lo que eran esos minutos, pero al mismo tiempo la reacción solidaria que hubo de personas que afortunadamente no estuvieron en manos de la represión habló bien de una decencia republicana, ciudadana. Las nuevas generaciones repudiaban a un representante tan conocido de la barbarie dictatorial.

En Chile está la permanencia de un periodismo pinochetista, un cura pinochetista, un parlamentario pinochetista. Se construye esto y se legitima, a diferencia de lo que ocurre en Alemania, donde uno si hace apología al nazismo o a Hitler, va preso. En Chile hay un relativismo que hace que alguien diga que puede hacer todos los homenajes a quien ordenó esta barbarie.

-¿Por qué cree que aún hoy es posible que se realice un homenaje a un criminal?
-Primero, porque el criminal siempre pensó que iba a estar impune. Segundo, porque tiene cómplices como el alcalde Labbé. Y hablo de cómplices no en el sentido metafórico, sino de personas que participaron de las mismas estructuras represivas. Hay al mismo tiempo un relativismo moral que se expresa en la frase de Iván Moreira cuando dice ‘yo homenajeo al mandante, pero no asistiría a un homenaje del ejecutor’. Entonces hay un relativismo moral de parte de un sector de la derecha chilena que da espacio para que ocurran estas cosas, mientras sabemos que hay otro sector de la derecha chilena que repudia estos hechos.
-También demuestra que aún hay cosas que en Chile se esconden bajo la alfombra. 
-Es que hay una ostentación y reivindicación del ícono de la represión más brutal. Entonces es una bofetada no sólo a las víctimas, sino también al tipo de país y democracia que queremos. Esto demuestra que el pinochetismo no ha dejado de existir y aprovecha los espacios que se crean a partir de determinadas situaciones… En Chile está la permanencia de un periodismo pinochetista, un cura pinochetista, un parlamentario pinochetista. Se construye esto y se legitima, a diferencia de lo que ocurre en Alemania, donde uno si hace apología al nazismo o a Hitler, va preso. En Chile hay un relativismo que hace que alguien diga que puede hacer todos los homenajes a quien ordenó esta barbarie. Ese relativismo da paso a estas situaciones.
-¿Y cómo evalúa la reacción del gobierno en la respuesta a la carta?
-La primera reacción, de parte de la encargada, fue pésima. La ignorancia supina, dañina para el mismo gobierno de alguien que no conoce al personaje… O sea, que no conozca a ese personaje, que no pregunte ni googlee qué significa ese periodo del 73 al 78. Cualquier persona que sabe de Derechos Humanos sabe que es el tiempo de retiro de televisores, cuando se exhuman los cuerpos de las víctimas, se dispersan y se arrojan al mar, se dinamitan, se hacen desaparecer. Es un homenaje al periodo más ostentoso de la brutalidad represiva. Entonces, separemos: la ignorancia supina es dañina. Comparto la segunda reacción que fue la renuncia de la misma encargada a su cargo.

Los gritos de Krassnoff

Después de ser detenido en Manuel Montt, Patricio Bustos fue conducido a Villa Grimaldi. Estuvo siete meses desaparecido. Fue torturado en Tres Álamos, Cuatro Álamos, Puchuncaví y el cuartel Almirante Silva Palma, en Valparaíso. También fue operado en la Clínica Santa Lucía, clandestinamente.
-¿De qué lo operaron?
De un hematocele. Es sangre entre el escroto y el testículo. Eso fue producto de los golpes, de las patadas del “guatón Romo”, de Marcelo Moren, y de otros.
-¿Qué recuerda de Krassnoff?
-El tono y su soberbia. Osvaldo Romo y él eran los únicos que usaban su nombre verdadero. La prepotencia de la sensación de la impunidad que ellos infundían. Gritaba y agredía a las personas amarradas, vendadas, de todas las edades. Ahí llegó Carmen Andrade, la ex subsecretaria del Sernam, con uniforme escolar. Ahí llegaban niños de dos años, ancianos de más de 80, maltratados.
-Estuvo en el mismo lugar de tortura con su pareja en Villa Grimaldi. ¿Cómo vivió eso?
-Krassnoff nos torturó juntos. Nos tiraron a la parrilla eléctrica, desnudos, amarrados a un somier metálico con aplicaciones de electricidad. También me desnudaron, me golpearon con pies y manos y me aplicaron electricidad, me quemaron con cigarros.
-¿Usted siempre supo que su torturador era Krassnoff?
-Cuando se elaboró el informe Rettig, a partir de las fotografías, fueron fácilmente reconocibles. Recuerdo su rostro completo. Su presencia y golpizas eran sistemáticas y eran por castigo también. No sólo era búsqueda de información. A veces nos pegaba sin hacer ninguna pregunta para reemplazar la indefensión absoluta por una actitud de dignidad frente a ellos. Ellos torturan para obtener información y para anular a la persona y cuando no consiguen las dos cosas continúan castigando por no colaborar.
La entereza con que Patricio Bustos termina su relato abruma, conmueve. Insiste en que su testimonio ya no es desde la rabia ni desde la pena. Es un gesto para que el país no pierda la memoria.
-¿Puede encender su grabadora de nuevo, por favor? –pregunta– y por primera vez sus ojos azules tiemblan.
“El dolor más grande son los compañeros que me faltan: Jorge Fuentes Alarcón que estuvo conmigo, que fue secuestrado en Paraguay. Lo llevaron a Buenos Aires y en Chile desapareció como parte del operativo de la Operación Cóndor. Me falta Ignacio Ossa Galdames, profesor de la Universidad Católica, a quien asesinaron delante mío. Y Guillermo González de Asís, que también era del MIR y que desapareció en Villa Grimaldi. Esas son las cosas que más me duelen. Por eso desde ayer circula una lista, que yo también firmo y que se llama ‘a mí me torturó Krassnoff”, con personas vivas. Las personas que él mató no pueden hablar, pero quedamos los demás. Y no vamos a callar porque no tenemos nada de qué avergonzarnos. Ellos sí”.

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LA DINA Y EL PLAN LEOPARDO

25 de enero de 2006

LA DINA Y EL PLAN LEOPARDO

  Arnaldo Pérez Guerra Febrero del 2003. – 25.01.2006 Ernesto Salamanca Morales (20 años). El 11 de septiembre, los pobladores de La Legua organizaron la resistencia al golpe militar. Entre ellos estaban los hermanos Gerardo Rubilar Morales y Ernesto Salamanca Morales, hoy detenidos desaparecidos. Los pobladores de La Legua organizaron casi espontáneamente la resistencia al golpe. El 11 de septiembre de 1973 marcharon por las calles de la población, encontrándose con obreros de Indumet, que se dirigían a Sumar Polyester en donde los esperaban compañeros que venían de Tomás Moro. En conjunto con trabajadores de las industrias Madeco y Mademsa, se organizó una espontánea resistencia. En las calles Comandante Riesle y Toro y Zambrano se produjo un enfrentamiento con Carabineros; uno resultó herido, y los funcionarios del bus policial se rindieron. Los pobladores continuaron hacia la industria Sumar. Más tarde, en nuevos enfrentamientos, varias personas resultaron muertas y heridas. Horas después, y por varios días, La Legua fue cercada por militares. El 16 de septiembre fuerzas combinadas de la FACH, el Ejército y Carabineros allanaron la población. Buscaban las armas con que los pobladores se habían enfrentado a la policía. El día anterior, aviones de la FACH sobrevolaron la población. Durante el operativo, tanques, tanquetas, camiones, Jeeps y helicópteros coparon el sector, resultando detenidos gran número de personas, entre ellos Gerardo Rubilar y su hermano Wladimir Salamanca. Los detenidos fueron trasladados a los talleres sanitarios del Hospital Barros Luco, a la base aérea de El Bosque y, finalmente, al Estadio Nacional, donde fueron torturados. Recién el 8 de octubre, se les puso en libertad, luego de ser interrogados en el velódromo del Estadio Nacional sobre lo ocurrido en la población día del golpe. Gerardo Rubilar se percató, al volver a su hogar, que su familia se había trasladado a San Juan de Lo Gallardo, cerca de San Antonio. En Santiago sólo quedaba su hermano Ernesto Salamanca, y decidieron quedarse en La Legua.  El Plan LeopardoAgentes de la DINA diseñaron una operación que consistió en acercarse a militantes de izquierda y comprometerlos a tomar parte en una supuesta “acción de rescate de prisioneros políticos recluidos en Tejas Verdes”, entre los que se encontraba un gran número de pobladores de La Legua. Ernesto Salamanca y Gerardo Rubilar fueron algunas de las víctimas de ese engaño. A mediados de diciembre los agentes comenzaron a “reclutar” (detener) a militantes del PC y del PS, a quienes les decían que los llevarían a una “escuela de guerrillas” que tenían preparada. Testigos lograron reconocer posteriormente a Marcelo Moren Brito y dos agentes (“Antonio” y “Esteban, el argentino”). Los pobladores engañados eran llevados hasta Londres nº 38. El 19 de septiembre, la DINA detuvo a Margarita Durán, Luis y Sigfrido Orellana Pérez. Margarita Durán relata que en el centro de tortura escuchó las voces de Luis Canales, Carlos Cuevas, Pedro Rojas y Alejandro Gómez, que habían sido detenidos con anterioridad: “Escuchamos como eran torturados e interrogados en relación a unas armas escondidas en La Legua”. “Ya de vuelta en mi casa -continúa el relato- cerca de las 13:00 horas del 22 de diciembre, escuché un comunicado de prensa que daba a conocer la muerte de 5 extremistas”. En ese comunicado el general Sergio Arellano, jefe de la Zona en Estado de Sitio, señalaba: “Anoche, viernes 21, a las 23.30 horas, una patrulla militar que efectuaba labores de control y seguridad en el sector norte de Santiago, sorprendió a un grupo de individuos que en actitud muy sospechosa colocaban o hacían algo en una torre de alta tensión. Al ser requeridos por el jefe de la patrulla para identificarlos e interrogarles, los individuos abrieron fuego contra los medios militares, produciéndose entonces un intenso intercambio de disparos. Una vez terminado el combate, se pudo comprobar que los extremistas usaban dos fusiles AKA rusos, armas cortas y gran cantidad de explosivos. En el bolsillo de uno de los delincuentes se encontró un documento manuscrito denominado ‘Plan Leopardo’, que contiene un completo plan de sabotaje y terrorismo… En las acciones fueron heridos el cabo segundo Juan Alarcón Rosas y el soldado conscripto Sergio Pinto Díaz”. El comunicado concluía: “si queremos que Chile avance en libertad, que alcance sus metas de progreso y bienestar, sin interferencias, debemos limpiarlo totalmente de aquellos malos ciudadanos, que sólo pretenden traer sinsabores y dolor a nuestra patria. ¡Y así lo haremos, cueste lo que cueste!”. Los pobladores asesinados: Pedro Rojas, Luis Orellana Pérez, Alejandro Gómez Vega, Carlos Cuevas y Luis Canales; todos militantes comunistas del Comité Local Galo González de La Legua, fueron detenidos entre el 18 y el 20 de diciembre por la DINA.  La detención de Gerardo y Ernesto Gerardo Rubilar Morales (25 años). Un mes después de los asesinatos, los agentes que habían logrado engañar a los hermanos Gerardo y Ernesto, llegaron en compañía de éstos, la noche del 24 de enero de 1974, hasta la casa de San Juan de Lo Gallardo. Los agentes iban armados y, luego de entrar, conversaron con el padre de los jóvenes, a quien le plantearon que venían a “asaltar el Regimiento de Tejas Verdes”. Más tarde, se marcharon llevándose a Ernesto Salamanca. Gerardo Rubilar se quedó a dormir en la casa, saliendo al otro día para reunirse con su hermano. Esa mañana, los mismos agentes detuvieron al padre y el hermano menor, Wladimir Salamanca. Cerca de las 20:00 horas, Gerardo Rubilar fue a la casa de su novia Nelly Andrade en La Legua. El domingo 27 de enero, dos sujetos de civil llegaron hasta allí. Dijeron ir de parte de Gerardo y le mostraron un papel escrito en el que le pedía que los pusiera en contacto “con algunos compañeros” de la Población. Ella les manifestó no entender lo que sucedía y los sujetos se fueron, regresando a la media hora. La llevaron detenida hasta Londres N° 38. Allí fue torturada, mientras era interrogada sobre Gerardo Rubilar y su familia. Posteriormente la trasladaron hasta Tejas Verdes. El 28 de enero, Jorge Poblete (15 años) fue detenido por los agentes quienes le dijeron que lo buscaban para que se incorporara a la “escuela de guerrillas”. Lo llevaron a Londres Nº 38. Le dijeron que esa era “una casa de resistencia al golpe militar” y que “juntarían a todos los que habían participado en la resistencia en La Legua para llevarlos al campo de entrenamiento en la costa”. Fue amenazado de muerte en caso de que no colaboraba o los traicionara. Poblete permaneció vendado en el centro de tortura y pudo conversar con Ernesto Salamanca y Gerardo Rubilar. Luego lo llevaron a Tejas Verdes. Margarita Durán fue nuevamente detenida el 30 de enero, siendo torturada y vejada. En uno de esos interrogatorios pudo ver al argentino “Esteban”, a Marcelo Moren Brito y al coronel de Ejército Manuel Contreras, director de la DINA. En su testimonio afirma que “el argentino” le dijo que cooperara “si no quería que le pasara lo mismo que a Gerardo Rubilar y Ernesto Salamanca, a quienes habían detenido y muerto”. A fines de enero de 1974, los pobladores de La Legua que permanecían detenidos en Londres N°38, fueron trasladados hasta el campo de prisioneros de Tejas Verdes; entre ellos Ernesto Salamanca Sepúlveda, Wladimir Salamanca, Margarita Durán, Nelly Andrade, Luis Durán y Luis Durán Gajardo, Julio Hernández, Geraldina Garrido, Francisco Garrido, Alfredo Mancilla, Jorge Poblete y Eloy Bustamante. Fueron dejados en libertad a fines de febrero de 1974. Los hermanos Gerardo Rubilar y Ernesto Salamanca permanecen detenidos y desaparecidos hasta hoy. Sólo en 1990 se pudo obtener mayor información respecto de estos hechos. El Informe Rettig señala que “la versión oficial parece inverosímil, dado que está acreditada su detención y reclusión en días previos al momento del supuesto enfrentamiento, además los cuerpos de los que aparecieron ejecutados tenían señas de haber estado amarrados de pies y manos y signos evidentes de tortura. (…) En el informe del Ejército, en que se informa los heridos y muertos de esa Institución y las circunstancias en que estas ocurrieron entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990, no se informa de la existencia del ‘Plan Leopardo’, ni aparecen los nombres de los dos soldados que la versión oficial de esa época señaló como heridos en el enfrentamiento”. En el campo de prisioneros de Tejas Verdes, a cargo de Manuel Contreras, se pierde la huella de Gerardo Rubilar y Ernesto Salamanca.  En enero de 1977, a 3 años de la detención de sus hijos, Herminda Morales denunció su desaparición ante los tribunales. Al mes siguiente, el ministro de Interior, informó que “no se registraban antecedentes de los afectados, como tampoco existía resolución en su contra”. El Segundo Juzgado Militar respondió que en sus Fiscalías “no se tramitaba ninguna causa contra los hermanos Ernesto Salamanca y Gerardo Rubilar”. El Instituto Médico Legal comunicó que “no se registraba el ingreso de sus cadáveres”. Recién en marzo de 1977, el juez citó a comparecer a la madre. Ese mismo mes, Policía Internacional ratificó que “los afectados no registraban salida del país”. En abril, el juez recibió el informe de la orden de investigar encargada a la Policía de Investigaciones, en el que señalaba que se “ratificaron los hechos denunciados al entrevistar a un hermano de los afectados”; además que “las averiguaciones realizadas en cárceles, postas y hospitales no dieron resultados positivos”. El 11 de mayo, Cruz Roja Internacional sugirió que “se consultara directamente a las autoridades chilenas”. El organismo internacional elaboró un informe sobre la situación de los Detenidos Desaparecidos, que entregó a las autoridades y a los tribunales de justicia, sin obtener mayores resultados. Según el informe de Cruz Roja, el general Augusto Pinochet Ugarte les señaló que “las personas por las que se le consultaba ‘seguramente estaban muertas o en el extranjero'”. La Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos (SENDET) informó que “Ernesto Salamanca no figura en el registro de detenidos”, y que “Gerardo Rubilar permaneció detenido en el Estadio Nacional siendo liberado”. Un mes después, sin realizar ninguna diligencia que aclarara esa información, el 26 de agosto de 1977 se declaró cerrado el sumario y, “dado que no quedaba plenamente establecido delito”, se sobreseyó temporalmente la causa. La Corte de Apelaciones aprobó esa resolución al mes siguiente. (*) Fuente: Familia Salamanca Morales.


EL PLAN LEOPARDO


1 de septiembre de 2008

CONTRERAS SUMA UNA NUEVA CONDENA

Corte Suprema ratificó el dictamente de 10 años y un día para el ex director de la DINA por el asesinato del estudiante Carlos Alberto Cuevas Moya, en el marco del llamado “Plan Leopardo”. La Corte Suprema ratificó la condena de 10 años y un día en contra del ex director de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), general (r) Manuel Contreras, por el homicidio calificado del estudiante Carlos Alberto Cuevas Moya. Además de Contreras fueron condenados los ex agentes Marcelo Moren Brito y José Fritz Esparza. Con este nuevo dictamen, “Mamo” Contreras suma más de 50 años ejecutoriados por causas de Derechos Humanos. Se espera que dentro de los próximos días el ministro Joaquín Billard dicte el cúmplase a la sentencia e informe a los tres sentenciados. Cuevas Moya, quien era encargado del comité local del Partido Comunista, fue asesinado el 21 de diciembre de 1973. junto a otros cuatro miembros de la célula comunista del comité local “Galo González”, de la población La Legua. Los ejecutados fueron acusados de idear y planear el llamado “Plan Leopardo”

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Hugo Marchant desde Buenos Aires: Informe sobre la lucha por el fin al destiero

Hugo Marchant desde Buenos Aires: Informe sobre la lucha por el fin al destiero E-mail
Escrito por Hugo Marchant   
Martes, 06 de Diciembre de 2011 02:15
1.- El dia 29 de noviembre a las 11:30 de la mañana estábamos aterrizando en la loza del aeropuerto Arturo Merino Benítez de Santiago de Chile, y procedimos a continuar con el proceso de ingreso y control policial.
2.- En el momento de presentar mi pasaporte finlandes en la ventanilla de Policía Internacional, comienzo a darme cuenta de su sorpresa y comienza a llamar al comisario al lugar, me doy cuenta que no me estaban esperando.
El comisario sorprendido me pregunta si estoy en conocimiento de “la prohibición de ingreso” , frente a lo cual respondo:
“Se perfectamente lo que usted ve en esa pantalla, yo estoy viajando con mis familiares, mi hija y su pareja además de una amiga de nuestro comité, afuera hay un par de cientos de personas esperándome, un abogado esta esperando al otro lado de esta muralla, y mi otro abogado esta tramitando en los tribunales una autorización de ingreso por razones humanitarias, y además esta próxima semana esta viajando mi esposa y mi hijo para que tengamos un encuentro familiar en Chile.
El comisario de manera gentil me pide que le acompañe al despacho de la guardia. Me explica que no estoy detenido que por favor tome asiento que él debe cumplir de acuerdo a los rigores del caso, facilitando el ingreso de la abogada Alejandra Arriaza. Además el comisario acepta a que yo sea visitado por amigos y familiares. La abogado Margarita Peña ingresa y personalmente me acompaña mientras estoy en esas dependencias.
3.- Una primera dificultad fue que no se encontró al Ministro de Fuero de la Corte en su oficina, pero prometió recibir este caso al día siguiente a las nueve de la mañana.
4.- En el Parlamento el Diputado Hugo Gutiérrez miembro de la Comisión de DDHH convoca a la comisión a reunirse con carácter de urgencia, la cual después de reunirse toma un acuerdo por unanimidad. El acuerdo consistió en solicitar al Ministerio del Interior lo siguiente:
a)Permitir el ingreso de Hugo Marchant al país.
b)De no ser así, que permita que Hugo Marchant espere en el aeropuerto la decisión del Ministro.
El subsecretario respondió a la petición con un rotundo No, y por lo tanto Policía Internacional organizo mi viaje de regreso a Buenos Aires.
5.- Cuando ya estaba arriba del avión, me di cuenta que estaba muy contento y que me sentía con mucha fuerza, a pesar que ya hacia varios días que apenas había dormido apenas cuatro horas debido al trabajo que implicaba esta campaña. Por primera vez después de haber iniciado el viaje al Destierro me estaba enfrentando nuevamente al Estado para exigir el derecho a vivir, luchar y morir en mi país, estábamos exigiendo la legitimidad de una reivindicación como es poner fin al destierro.
Muchos compañeros y compañeras, amigos del comité estaban apoyando esta “acción directa”. Esto estaba claro al próximo día debía volver nuevamente!
6.- A la llegada al aeropuerto de Ezeiza de Buenos Aires, me esperaba un compañero que me llevo a su casa, al día siguiente a las cinco de la mañana estaba comprando un pasaje con destino a Santiago de Chile, y estaría llegando nuevamente a las 11:30.
7.- Cuando el avión aterrizo encendí el teléfono y había un mensaje de mi hija que feliz me comunicaba que el Juez había otorgado 15 días de permiso para permanecer en el país…

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Krassnoff: la porfiada memoria

       Krassnoff: la porfiada memoria

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Periodista. Miembro del directorio de TVN, ex Directora.

Jamás olvidaré ese borrascoso atardecer del 3 de junio de 1975.
 Ni el chirrido de la enorme puerta de hierro deslizándose 
por el suelo de esa tierra maldita.
Apenas un par de horas antes me encontraba ayudando a mis hijos
 a hacer sus tareas escolares, cuando una patrulla de la DINA irrumpió
 violentamente en mi casa y me conminó a subir a un vehículo.
Uno de mis captores me cubrió los ojos con una tela adhesiva 
y un par de anteojos para el sol. Entonces la camioneta de vidrios polarizados
 inició una enloquecida carrera que concluyó frente a un recinto que,
 deduje, por el declive del terreno y el frío que calaba los huesos,
 estaba ubicado a los pies de la cordillera.
Las manos ásperas del conductor me empujaron con violencia hacia afuera. 
Luego, atravesé a tientas el umbral de un portón y me quedé parada,
 tiritando de miedo ante un paisaje invisible, tratando de descifrar
 los misteriosos sonidos que contiene el silencio.

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FIN AL DESTIERRO AHORA: La vida en Europa de los presos condenados a extra…

FIN AL DESTIERRO AHORA: La vida en Europa de los presos condenados a extra…: Llegó la democracia y ellos cambiaron la cárcel por el extrañamiento, sabiendo que si pisan su tierra, quebrantan una pena y pueden ser enca…

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Reparación integral del daño.

Reparación integral del daño 
Valeria Moscoso Urzúa *
Hoy en día en nuestro país, el tema de la reparación en los casos de violaciones a los derechos humanos ha ganado mayor visibilidad, no sólo gracias a las sentencias proferidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre México por diversas violaciones a estos derechos, sino también a partir de las exigencias de los movimientos de víctimas y la ciudadanía en general. Entender lo que significa la reparación, sin embargo, es tremendamente complejo.
Por un lado, antes de hablar de reparación es necesario hablar del daño, es decir, ¿qué es lo que se debe reparar?, frente a esto, entonces, surge una primera afirmación: cualquier violación a los derechos humanos genera un impacto que afecta todos los ámbitos de la vida de las personas extendiéndose, además, no sólo sobre el individuo que la vive directamente sino también en su entorno y la sociedad en su conjunto.
Las violaciones a derechos humanos constituyen para las personas experiencias negativas de carácter traumático que pueden derivar en una serie de dificultades a nivel individual (padecimientos físicos, psíquicos, problemas relacionales, quiebre de las creencias básicas, ruptura de los proyectos vitales, así como en las distintas esferas en que se mueve una persona) y a nivel social (progresiva pérdida de confianza en las instituciones, la consolidación del miedo y la paralización de las respuestas sociales, ruptura de los vínculos, pérdida de la capacidad crítica, la normalización de las dinámicas violentas, etc.); a diferencia de otros crímenes, en este caso es el Estado –la institución encargada de proteger a los ciudadanos– el que no ha respondido adecuadamente, porque ha actuado en calidad de perpetrador o cómplice o por omisión, abandonando a quienes sufren la violación de sus derechos, elementos que funcionan como agravantes del daño.
Frente a lo anterior se aprecia que el impacto provocado por las violaciones a derechos humanos afecta la integralidad de las personas y grupos y que no puede reducirse a meros diagnósticos médicos o psicológicos, aislados de los aspectos políticos, económicos o sociales que los rodean, pues la magnitud real que puede alcanzar es más amplia y comprende situaciones que trascienden las nociones de patología. Estas alteraciones, a su vez, corresponden a reacciones normales frente a condiciones que son anormales, es decir, lo patológico o anormal no son necesariamente las respuestas sintomáticas sino, más bien, las situaciones de violencia y amenaza presentes en el contexto social.
De aquí, entonces, surge una segunda afirmación: frente a este impacto/daño generado por las violaciones a derechos humanos, surge para los Estados la obligación de reparar. Además de la evidente obligación moral de resarcir lo que ha sido dañado, en términos jurídicos toda violación de las obligaciones contempladas en los instrumentos internacionales crea para el Estado el deber de repararla.
Según los estándares internacionales, la reparación se ha llegado a definir desde un concepto amplio cuyos objetivos esenciales apuntan a brindar a las víctimas las herramientas para que logren dar sentido a la experiencia y construir proyectos de vida acordes con sus expectativas; ayudarlas a mejorar su situación y enfrentar las consecuencias de la violencia vivida, restableciendo y reconociendo sus derechos y su dignidad como personas y; construir un camino para restablecer la confianza de las víctimas en la sociedad y las instituciones. A su vez, en términos concretos, las distintas medidas de reparación han sido agrupadas en cinco dimensiones:
Restitución; rehabilitación; indemnización por los daños; garantías de no-repetición, medidas de satisfacción.
Ahora bien, así como el impacto de las violaciones a derechos humanos es integral, la reparación también debe ser asumida desde una perspectiva de integralidad que abarque los diferentes ámbitos en que se desarrollan las personas, que asuma en toda su complejidad los daños individuales y colectivos y cuyo efecto impacte, igualmente, tanto en lo individual como en lo social.
Las características que adopte esta reparación, a su vez, también influirán en el carácter traumático de las violaciones, aportando al alivio de su impacto o contribuyendo a su mantenimiento o profundización; en este sentido, las distintas medidas reparatorias deben seguir una determinada lógica y coherencia entre sí para que desplieguen realmente su potencial reparador y tanto su incumplimiento como el cumplimiento simulado o parcial no sólo anulan dicho potencial sino que pueden resultar, incluso, más dañinos que la violación misma, lo que arraiga su afectación individual, familiar y social.
En el caso mexicano, el actuar del Estado en este tema no sólo ha resultado ineficaz sino que se ha visto agravado por las omisiones e incluso, el accionar del mismo Estado, poniendo constantes trabas, negociando o “regateando” las medidas de reparación frente a las víctimas, cumpliendo estas disposiciones a medias o de forma mecánica, a modo de trámite y sin tomar en cuenta el sentir ni las necesidades de a quienes se debe reparar, dando muestra de una profunda falta de comprensión respecto del sentido complejo y profundo de la reparación. Estas respuestas, a su vez, son parte de los elementos que han configurado un contexto de impunidad en nuestro país, constituyendo uno de los principales factores que permiten la repetición de las violaciones.
Cuando el Estado no condena y, más aún, cuando participa de hechos como los que hoy están en discusión, lo que le transmite a la sociedad es que los aprueba o, por lo menos, los tolera, no reconociéndolos como delitos o, simplemente, dejándolos sin castigo; la impunidad vuelve difusos los límites entre lo permitido y lo prohibido, creando una cultura donde las esperanzas de justicia y equidad se pierden, la credibilidad del estado de derecho decae y se legitiman conductas que desvalorizan la libertad y la vida, recreando relaciones sociales alienadas y deshumanizantes. Igualmente, con la falta de reparación de estos crímenes, el Estado desconoce e invalida el dolor de las víctimas y sus consecuencias, desprotege a la ciudadanía y la despoja de la posibilidad de resignificar los hechos (tanto de forma individual como colectiva), de darles un sentido en el continuo vital, impidiendo su elaboración, así como su inscripción en lo social e histórico.
Con sólo estos pocos elementos queda claro que la “reparación integral” no es un tema sencillo ni lineal, sino que se alimenta de múltiples factores; resulta comprensible cómo ciertas acciones que debieran servir a un objetivo reparador pueden terminar perdiendo este potencial y convertirse en nuevas fuentes de victimización, como ocurrió recientemente en los Actos Públicos de Reconocimiento de Responsabilidad Internacional realizados por el Estado mexicano en las sentencias del Campo Algodonero y del Sr. Rosendo Radilla Pacheco, donde el proceder de las autoridades derivó en que dichos eventos se realizaran sin el acuerdo, la participación y presencia de las víctimas.
En este sentido, pierde su función reparadora el realizar acciones de reconocimiento de responsabilidad y desagravio sin la participación de las víctimas, brindar atención psicológica cuando el contexto general sigue estando marcado por constantes violaciones, entregar indemnizaciones mientras no hay investigación de los hechos ni sanción de los culpables, restituir la situación previa a la violación si no se realizan los esfuerzos institucionales por impedir su repetición y cambiar las estructuras que los hicieron posibles.
En todo esto, sin embargo, no es la sociedad la encargada de comprender el concepto y las implicaciones de la reparación, o no solamente, corresponde a una obligación del Estado –por su condición de responsable del daño y también por su condición de garante de los derechos de quienes habitan su territorio- entenderla, aplicarla y garantizarla propiciando, de esta forma, una verdadera transformación en las relaciones que el Estado establece con las víctimas y la sociedad en general y aportando a la construcción de una sociedad realmente equitativa, democrática y respetuosa de los derechos humanos de todos y todas.
* Coordinadora del Área de Atención Psicosocial de la CMDPDH
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