DESDE LA LITERATURA…

LITERATURA CHILENA EN EL EXILIO 1973-1985

Literatura chilena en el exilio (1973-1985) | Presentación
   
 
Chile desde la distancia

Después del golpe de Estado de 1973, la literatura chilena se vio escindida, fraccionada, dividida en su desarrollo; producto de este corte histórico se produjo la diáspora y las manifestaciones literarias quedaron divididas en dos instancias reales, aunque paradójicas, dado que la literatura de un país es siempre una: la que se escribe en el interior (la literatura del “in-xilio” como la ha llamado el crítico Grínor Rojo) y la de los escritores que tuvieron, por unas u otras razones, que partir al exilio, y que en diferentes países, como Suecia, Alemania Oriental, Estados Unidos, México, Francia, España o Canadá continuaron con la producción literaria alterada, que se situaba y veía a Chile desde la distancia y desde una nueva realidad.

La primera etapa de los escritores chilenos exiliados, estuvo definida por una literatura de carácter testimonial de esa nueva realidad, cuya perspectiva fue la del testigo. Cabe aclarar que este tipo de literatura no se inaugura en Chile el año 73: tenemos como un ejemplo paradigmático los poemas del Canto general de Pablo Neruda, escritos en gran parte durante su exilio bajo el Gobierno de Gabriel González Videla. En esta nueva narrativa testimonial se relatan –se hace relación como dirían los primeros cronistas- las experiencias de la tortura, el exterminio, y la no menos traumática experiencia de integrarse en países donde tanto la idiosincrasia como la lengua son otras. A esto se suma la imposibilidad de volver al país por un extenso período, en el que nacen y crecen hijos de exiliados, con una patria ausente e imaginaria, que sólo se conserva en el recuerdo de un pasado y en la literatura que va grabándolo. Otro aspecto de la literatura testimonial fue el intento de determinar cuáles fueron las causas del trance histórico. En una segunda etapa, se desarrolló la reflexión sobre el destino de Chile y sobre el destino de una vida colectiva después de 1973. Entre las obras de este tipo, cabe destacar Una especie de memoria, de Fernando Alegría; El libro negro del imperialismo en Chile, de Armando Uribe y Diario del doble exilio de Osvaldo Rodríguez. Al comienzo, la literatura testimonial tiene un carácter de urgencia y denuncia. Lo más importante es dar cuenta de los sucesos ocurridos durante la represión y sus consecuencias inmediatas, en un lenguaje transparente, más cercano a la crónica que a la ficción. Entre estas obras, podemos mencionar Tejas verdes (1978) de Hernán Valdés, sobre los campos de concentración y tortura en Chile; Genocidio en Chile de Carlos Cerda y Prisión en Chile (1975) de Alejandro Witker.

En una segunda etapa aparecen novelas más preocupadas por desentrañar de la trama el nuevo lenguaje adquirido en el exilio. Son obras más metafóricas y alusivas, como Viudas (1987) de Ariel Dorfmann, No pasó nada y otros relatos (1985) de Antonio Skármeta, Frente a un hombre armado (1981) de Mauricio Wacquez o Casa de campo (1978) de José Donoso. A fines de los años setenta y comienzos de los ochenta, van llegando a Chile, de mano en mano, también libros de poesía editados en el exilio, como La ciudad de Gonzalo Millán, Ínsulas flotantes de Omar Lara, El puente oculto de Waldo Rojas, Notas para una contribución a un estudio materialista sobre los hermosos y horripilantes hechos de la (cabrona) tensa calma (1983) de Mauricio Redolés y Oscuro (1978) de Gonzalo Rojas.

Una de las formas más importantes de divulgación literaria producidas en el exilio, fueron las revistas; las que buscaron reunir la dispersión de autores chilenos repartidos por el mundo y mantener un posible, aunque incierto, diálogo con lo que ocurría dentro de Chile. Estas revistas, además de su valor literario, fueron muy significativas desde una perspectiva política y reunieron en torno a ellas a gran cantidad de chilenos exiliados, escritores y lectores, que encontraron en la escritura y la lectura un punto de referencia común. Las más significativas fueron Literatura chilena en el exilio, la revista Araucaria, y Lar.


 

blogs de hijxs en homenaje a sus padres

A MI PADRE


Ana Ponce        * Ubicación: Lautaro : Novena Region : Chile
  Con orgullo digo que soy la hija de Eligen Ponce Arias este blog se lo dedico con todo mi respeto y admiracion Mis blogs      Miembros del equipo HOMENAJE A ELIGEN PONCE ARIAS

LA POESIA DE MIS COMPAÑEROS

Envío este poema, de mi querido amigo y compañero Jorge Tarride, Ex Prisionero de Villa Grimaldi, 4 Álamos, 3 Álamos y Ritoque.
He vuelto a la poesía, hacia ya mucho tiempo; aquí va uno. Espero que guste.

Jorge
La noche se ha puesto negra cachimbo
Oír que aún hay vida
delante de la oscuridad de mis ojos,
la primavera no ha muerto como vociferaba
el guatón Romo.
La lluvia que cae son trozos de cuerpos dinamitados.
La noche se ha puesto negra cachimbo
Dudas florece tras la venda,
manos aún esposadas son un certificado de vida,
abandono total en los gritos;
cada uno esta solo con su miedo.
La noche se ha puesto negra cachimbo
Huesos incrustados en la carne
buscan su pudrimiento en algún rincón,
solo, el individuo, completamente solo;
hambre, sed, sudores, el corazón se fuga.
La noche se ha puesto negra cachimbo
Mentían, arranco la venda, mentían,
hoy alumbra el sol radiante y majestuoso,
entiendo cada trino de los pájaros,
vuelos con ellos a confines ilusorios de maravillas.
La noche se ha puesto negra cachimbo
Sangre escurre bajo mis pies descalzos,
tendida a mi lado, tranquila, descansa,
un orificio en la frente, los senos quemados,
no quiso decir con que soñaba.
 
 
 
 
La noche se ha puesto negra cachimbo
Camino por los corredores de mi gran casa.
Disfruto de palabras que me brindan mis amigos.
Un golpe en la nuca, caigo,
sosiego abraza la grandeza de los almendros.
La noche se ha puesto negra cachimbo
Vivo sencillo, sin tristeza ni dolores,
respiro el aroma de los rosales de Noviembre,
ingreso desnudo a la nueva vida,
el saco en donde me cargan tiene un agujero.
La mar esta abandona
El ruido es inolvidable,
metales desgarran metales,
el próximo sonido no lo escucho;
Soy libre, más libre aquí dentro que fuera
en donde el hombre enloquece cada día.
 

Cariños
Jorge Tarride

 Santiago Oyarzo Pérez                           

     El primer gesto revolucionario es llamar a las cosas por su nombre
                                                                             Rosa Luxenburg.